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Las voces de todas

Las mujeres cobran menos al jubilarse y los complementos contra la brecha de género pueden agravarlo

Las mujeres cobran pensiones más bajas y los complementos de brecha de género no lo corrigen.
Una mujer jubilada, examinando unos papeles. GETTY
CARMEN MORALES PUISEGUR

Descanso, cambio de rutinas y, aseguran muchos, un maremoto de emociones. La jubilación, cuando llega, abre una etapa nueva en la vida que, sin duda, se afronta mejor con tranquilidad económica.

Las mujeres, con los datos en la mano, tienen más probabilidades de vivir preocupadas por el dinero en esta fase. Cifras de principios de 2025 apuntan que ellas ingresan unos 400 euros menos de media al mes en sus pensiones. Y medidas como los complementos contra la brecha de género pueden empezar a desviarse de su propósito: más de la mitad de las nuevas asignaciones terminan en bolsillo de los hombres.

El 55% de nuevos pluses, para ellos

Así lo asegura el Comisiones Obreras (CCOO). El sindicato ha analizado el destino de este complemento y ha concluido que más de la mitad -el 55%- de las nuevas solicitudes de noviembre de 2025 se sumaron a las pensiones masculinas. Del total de 37.000 generadas por este concepto, más de 15.324 tienen como destino a un varón.

Para entender este aumento de titularidades masculinas, acudiremos al calendario. En mayo de 2025, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) dictaminó que los hombres podían acceder en igualdad de condiciones a las mujeres a ese plus. Negarse a ello, considera la justicia europea, los perjudica.

El complemento contra la brecha de género en las pensiones se creó en 2021 para compensar a las mujeres que habían interrumpido su vida laboral -y, por lo tanto, sus cotizaciones- al convertirse en madres. En 2025, la cuantía fue de 35,90 euros al mes por cada hijo, con un tope de cuatro. En 2026, ha subido a 36,90 euros, un 2,7% más.

La ley asigna por defecto a ellas esta reparación. No excluía a los padres, pero sí exigía que demostrase que la crianza había perjudicado su carrera profesional. Este requisito lo han considerado discriminatorio los jueces europeos.

Por tanto, tras esa sentencia, la Seguridad Social ha empezado a otorgar de manera automática el complemento a los hombres que lo solicitan en el último tramo de 2025.

Una pareja de personas mayores charla en su dormitorio. Están en edad de cobrar la pensión y puede que la de ella sea más baja.

Una pareja charla en su dormitorio. GETTY

En diciembre de 2025, un total de 1,23 millones de pensiones han incluido este plus por hijo. La mayoría beneficia a mujeres ya que, de momento, lo cobran 18,3% de los hombres.

Pero, alerta CCOO, esas nuevas altas que han empezado a registrarse pueden agrandar la brecha económica que ya existe. Los datos, otra vez, ayudan a reflexionar sobre el asunto. Desde la sentencia europea de mayo de 2025, las pensiones de los hombres que reciben este plus casi se han duplicado: de unos 115.000 en el mes anteriores al fallo, saltan a casi 227.000 en diciembre de 2025. En ese periodo de tiempo, solo un 12% de mujeres lo ha solicitado en su pensión.

Ahora mismo, el ritmo de hombres que incorpora esta compensación supera al de las mujeres. Por tanto, el complemento se arriesga a incumplir su razón de ser y precisa “una fórmula equitativa”, advierte la secretaria confederal de Mujeres, Igualdad y Condiciones de Trabajo de CCOO, Carolina Vidal. También considera que “tener complementos que al final no benefician a las mujeres más vulnerables, no es un complemento”.

Carlos Bravo, también de CCOO, ha reivindicado que “el complemento de brecha de género sea reconocido de oficio por la Seguridad Social a la pensión de menor cuantía cuando exista concurrencia entre progenitores” para que garantice "su función protectora”.

Espejo de la vida laboral

“Las pensiones son la consecuencia de la trayectoria profesional de una persona”, resume Gloria Alarcón, profesora de Economía Aplicada en la Universidad de Murcia. En enero de 2025, el Instituto de las Mujeres establecía la pensión media de los hombres en 1.564 euros y la de las ellas, en 1.071,76. Unos 400 euros menos al mes para ir al supermercado, pagar un arreglo en la vivienda o el cuidado personal, por ejemplo. La diferencia es del 31%.

La explicación es lógica. Si ellas cobran menos al retirarse se debe a que también han cobrado menos cuando trabajaban. Sí, otra brecha más de género en nuestro país: ellos perciben 5.000 euros más de media de salario al año, un 20% más que las mujeres. Hay más probabilidad de que una mujer detenga o suspenda su carrera para entregarse a su prole o cuidar a sus padres.

Un “uso del tiempo”, especifica Alarcón, que dificulta a las mujeres “el acceso a los pluses que compensan el salario base”. Esas menos horas que ellas dedican a sus profesiones propician la aparición de “lagunas de cotización que marcan el final de la vida laboral”, subraya la matemática María Pazos.

Le consta a Ana López. A sus 71 años, cobra una pensión de unos 900 euros aunque empezó a trabajar con 14 en la huerta murciana, a finales de la década de los sesenta. “Echaba melones en banco con una azada”, rememora.

Cuenta que se casó joven y pronto nacieron sus dos primeros hijos. Ella siempre se mantuvo firme y se empeñó en tener su propio dinero “porque a mí no me gusta estar dependiendo de nadie”.

Por eso, en cuanto pudo, a los 30 años consiguió empleo en un almacén, pero con una novedad: era la primera vez que se daba de alta en la Seguridad Social.

Quedan detrás de aquel hito más de diez años sin cotizar para alguien que, asegura, nunca ha estado parada. Sus otros dos embarazos ya los vivió con cobertura social, pero también recuerda que solicitó la baja en el almacén “a los siete meses”.

Con cuatros hijos, insistió en retomar su empleo. “En cuanto se cumplió el tiempo de maternidad, volví al trabajo”, relata. También fue pionera en “hacerse seguro en el campo, aunque la gente era a veces reacia”. Poco o a poco, “fue sumando mesecitos de allá y mesecitos de acá”.

López cobra una pensión más baja que su marido, “albañil toda su vida”. “Lógicamente, recibe más que yo porque él ha estado cotizando siempre”, aclara. Ella acusa las interrupciones en el cuidado de los hijos y las sucesivas altas y bajas propias del sector agrario al que se dedicó tras el cierre del almacén.

La brecha de género en salarios y pensiones propicia que haya “más pobreza en las mujeres mayores”, aclara Pazos porque, recuerda, también son ellas las que ingresan “más pensiones no contributivas, mucho más bajas e incompatibles con otro tipo de rentas”.

Posibles soluciones

La apuesta por un sistema público de cuidados será el inicio del fin de esta desigualdad para Alarcón. La experta defiende que la existencia de una red sólida de “residencias de personas mayores, centros de atención de día o guarderías” será un punto de partida para romper con esta “herencia antropológica" de los cuidados que recae a las mujeres. ¿Algo imposible? "En el siglo XIX, era imposible que todo el mundo estudiara”, apostilla.

Pazos coincide en afrontar este reto e insiste “en una reforma del sistema de atención a la dependencia”. Señala la necesidad de unos horarios laborales “que cada vez precarizan más el empleo” y “lo vuelven incompatible con la vida personal y familiar”. Cree también necesaria una reforma que eleve las cuantías de las pensiones no contributivas.

Porque, concluye Alarcón, "sin igualdad económica y financiera, nunca habrá igualdad real”. Coincide Ana López, testigo de la evolución de las mujeres en la España del siglo XX y XXI. “Seguimos siendo vulnerables, aunque es verdad que se ha adelantado mucho", admite. Bien lo sabe quien lo ha vivido.