Nuevo Orden Mundial: Trump, tres imperios y menos democracia
- Donald Trump ha roto el bloque occidental y acelerado el cambio en el orden internacional
- Se esboza un mundo dividido entre potencias, con sus zonas de influencia, y menos democracia
Este martes próximo, 20 de enero, se cumplirá un año de la vuelta de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos y, desde nuestra perspectiva occidental, el año se salda dando por terminado el llamado orden mundial en el que hemos vivido los últimos 80 años, desde el final de la 2ª Guerra Mundial. El presidente de los EE.UU. está liquidando el orden internacional del que los propios Estados Unidos fueron arquitectos.
El mundo en el que hemos crecido ya no existe y no sabemos exactamente si ya estamos en un nuevo orden mundial o en una transición, casi nadie cree que sea un paréntesis. No volveremos al mundo que conocíamos.
Trump acaba con 80 años de alianza occidental
Cuando aún no llevaba un mes de vuelta a la Casa Blanca, el 12 de febrero de 2025, Donald Trump hizo una llamada que por el mero hecho de producirse rompió el bloque occidental y la política exterior de los Estados Unidos. Donald Trump llamó a Vladímir Putin. Con esa conversación Trump rescató al presidente Putin del ostracismo diplomático al que lo habían condenado el gobierno de Washington y sus aliados europeos como castigo por haber invadido Ucrania.
Según contaron la Casa Blanca y el Kremlin, en esa conversación de habló de reanudar la relación y de acabar con la guerra en Ucrania. Para hablar de Ucrania el nuevo presidente de los Estados Unidos llamó primero a Moscú, el invasor, antes que a Kiev, el invadido, o a ningún socio europeo. Con ese gesto Donald Trump adoptaba la misma perspectiva que Vladímir Putin, el futuro de Ucrania depende prioritariamente de la relación entre Rusia y Estados Unidos, los ucranianos son sujetos pacientes y los europeos unos vecinos reducidos a observadores ninguneados. Una perspectiva imperial como lo fue la Guerra Fría, el mundo repartido entre las dos potencias vencedoras de la 2ª Guerra Mundial, los Estados Unidos y la Unión Soviética.
Estados Unidos abandona los organismos internacionales
Donald Trump no es un ideólogo, pero en su equipo sí hay personas muy ideologizadas y todos comparten el desprecio por el sistema de acuerdos, alianzas y organismos de cooperación internacional, el caso más flagrante es el de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Los acusan de ser ineficaces y, sobre todo, combaten la idea de cooperación e invocan el principio de los intereses propios, nacionales, como único motor político.
America First (los Estados Unidos, primero) es eso, promover y avanzar exclusivamente en los intereses de EE.UU., aún cuando algunos de los problemas que afectan o afectarán al país, como el cambio climático, sean de naturaleza global y requieran, en consecuencia, remedios globales. Otro argumento para abandonar decenas de instituciones internacionales es el ahorro, ya que los Estados Unidos son los principales financiadores, la visión al respeto ha pasado de considerarlo una inversión a verlo como un gasto que no compensa.
Estados Unidos ha abandonado unas 70 organismos o acuerdos multilaterales: La Organización Mundial de la Salud, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA), el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), los Acuerdos climáticos de París, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, de 31 organismos más de la ONU y de otras 35 organizaciones desvinculadas de Naciones Unidas. Los Estados Unidos de Trump abandonan el multilateralismo y van por libre.
Trump no ha sacado a los Estados Unidos de la OTAN, pero la está erosionando desde dentro con su empeño de ocupar o comprar Groenlandia, un socio de soberanía danesa. En un mensaje en Truth Social Trump exhorta a la Alianza, de la que forma parte, a entregarle Groenlandia, otro miembro, con el argumento de la seguridad nacional de los EE.UU. frente a Rusia y China. "La OTAN no tendría fuerza ni capacidad disuasoria, ¡ni de lejos! La OTAN será más formidable y efectiva con Groenlandia en manos de los ESTADOS UNIDOS". Siguiendo esa lógica cabe preguntarse para qué sirve la Alianza, si lo único que da fuerza y capacidad disuasoria es pertenecer a los Estados Unidos.
La fuerza por encima de las alianzas y el derecho internacional
Stephen Miller, subdirector de Gabinete de Donald Trump, es uno de los principales ideólogos de la presidencia Trump. En una entrevista sobre la intervención en Venezuela en la cadena CNN fue así de explícito: "Se puede hablar tanto como quieran de los detalles internacionales, pero vivimos en un mundo, en el mundo real, que se gobierna por la fuerza, por el poder. Los Estados Unidos usan su poder militar para garantizar sin complejos nuestros intereses en nuestro hemisferio. Somos una superpotencia y con el presidente Trump vamos a comportarnos como tales. Es absurdo que vayamos a permitirle a un país en nuestro patio trasero que provea de recursos a nuestros adversarios, y no a nosotros".
En una conversación con el periódico The New York Times el presidente de los EE.UU. también despreció los límites que impone el derecho internacional. A la pregunta de si había algo que pudiera frenarlo en el mundo respondió: "Sí, hay algo. Mi moralidad. Mi pensamiento. Es lo único que me puede detener". Y sobre el derecho internacional: "No lo necesito porque no pretendo hacerle daño a nadie, no pretendo matar a nadie".
Tres imperios: Estados Unidos, China y Rusia
No se puede hablar de potencias mundiales actualmente sin tener en cuenta a China, país que compite con Estados Unidos en la carrera para liderar la economía y la tecnología.
A juzgar por las acciones y las palabras de Donald Trump, Estados Unidos asumen que no son el poder hegemónico que pareció cuando cayó la Unión Soviética en 1991, abandona la idea de ser el policía del mundo, y se centra en perseguir sus intereses económicos y estratégicos, y controlar el continente americano, lo que denominan hemisferio occidental, su zona de interés, su patio trasero.
No gusta el multilateralismo a los ideólogos que acompañan a Trump, prefieren un mundo repartido entre grandes potencias, entre los fuertes con derecho a su zona de interés, e impunidad en el método para conseguirlo. Esa es la lógica detrás del planteamiento sobre la invasión de Ucrania, y ese es el mensaje que emite Donald Trump cuando bombardea Venezuela y secuestra a su presidente o cuando insiste en anexionar Groenlandia o propone hacerlo con Canadá.
Si los Estados Unidos tienen derecho a su zona de influencia, Rusia tiene derecho a hacer lo mismo con Ucrania y otros países que considera su zona de interés, Georgia o Moldavia, es la lectura que con lógica hace Vladímir Putin, con la influencia muy erosionada en América Latina y Oriente Próximo, y es la lectura que puede hacer Xi Jinping en Pekín.
Oriente Próximo
"El derrumbamiento del orden liberal internacional basado en reglas y en instituciones multilaterales afecta al orden regional de Oriente Medio, porque en los países y sociedades que hasta ahora comprometían fuerzas y recursos para mantener el orden anterior se ha erosionado la voluntad de seguir haciéndolo", escribe esta semana Félix Arteaga, investigador del Real Instituto Elcano. "La incertidumbre geopolítica alienta el retraimiento hacia los intereses nacionales y relega los compromisos de seguridad a lideres y períodos concretos, sin garantías de continuidad, lo que afecta a la credibilidad de las alianzas, incluso a las más resilientes como la de EEUU e Israel".
En ese orden mundial cambiante en Oriente Próximo han emergido, potenciados por Donald Trump y su entorno más cercano, Arabia Saudí y los emiratos, sobre todo Catar, como mediadores internacionales. La primera reunión entre una delegación estadounidense y otra rusa para hablar negociar el futuro de Ucrania tuvo lugar en Arabia Saudí. Según una investigación de The Wall Street Journal, fue el príncipe Mohamed Bin Salman, gobernante de facto, quien se ofreció para interceder y propició que el interlocutor fuera el empresario Steve Witkoff y no un diplomático. Una mediación en la que coinciden diplomacia y negocios de Rusia, Arabia Saudí y los mediadores estadounidenses.
Europa
¿Y Europa? ¿Y la Unión Europea? ¿Qué papel tiene en ese nuevo orden internacional? En el tecnológico va rezagada respecto a China y EE.UU., energéticamente es dependiente, políticamente se debilita a medida que aumentan las fuerzas nacionalistas, "soberanistas", en los estados miembros, fuerzas disgregadoras que la "doctrina Trump" anuncia que fomentará. Y Europa militarmente no está unida, salvo por la pertenencia a la OTAN de 23 de los27 miembros de la UE, 24, si hablamos de Europa y contamos al Reino Unido. Pero si fallan los Estados Unidos, falla la OTAN y Europa se queda a la intemperie. Una vulnerabilidad que se ve claramente en la guerra que tiene en sus fronteras desde hace prácticamente cuatro años, si los Estados Unidos dejan de apoyar militarmente a Ucrania, Europa no tiene capacidad para llenar el hueco.
"La defensa europea es probablemente la política más sobrediagnosticada y la más infraejecutada de todas las de la UE", considera Pol Morillas, Director del CIDOB y autor del ensayo En el patio de los mayores. Europa ante un mundo hostil , un título que retrata la situación del viejo continente cuando desaparece el mundo en el que nació y prosperó el invento supraestatal de la Unión Europea. Europa se encuentra, en palabras de Morillas, desubicada.
Las grandes empresas
Los gobiernos, los países, ya no son los únicos jugadores en el tablero internacional. La guerras ya no se hacen sólo con ejércitos y sanciones económicas, también se hacen con tecnología y en el ciberespacio. Desde 2016, con el referéndum del Brexit en el Reino Unido y las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, nos consta cómo el análisis de nuestro comportamiento en las redes sociales, entonces Facebook, permite manipularnos a base de llenar nuestro espacio virtual de determinados contenidos de consumo comercial o político.
"Amazon, Apple, Facebook, Google, y Twitter ya no son meramente grandes empresas de EE.UU., han tomado el control de ciertos aspectos de la sociedad, la economía y la seguridad nacional que han sido hasta ahora exclusiva de los Estados, lo mismo ocurre con las tecnológicas chinas como Alibaba, ByteDance y Tencet", escribió en 2021 Ian Bremer, analista y presidente de Grupo Eurasia. Y advertía, "a pesar de que Europa quiere entrar en el juego, sus empresas no tienen el tamaño ni la influencia geopolítica para competir con las empresas estadounidenses o chinas. Estas últimas están conformando el entorno en el que operan los gobiernos. Tienen mucha influencia en las tecnologías y los servicios que guiarán la próxima revolución industrial, determinará cómo proyectan los países su poder económico y militar, reformarán el trabajo y redefinirán los contratos sociales".
Desde que se publicó el artículo hasta hoy hemos tenido varios ejemplos del peso y la trascendencia de las grandes empresas, su poder tecnológico, político y transnacional. Elon Musk compró twitter, desmanteló su sistema de moderación y filtros de contención del debate y ha favorecido la divulgación de desinformación y se ha alineado con el presidente Trump. La china TikTok se ha convertido en cuestión de Estado para Donald Trump y también para Benjamín Netanyahu, el primer ministro de Israel. El primero amenazó con bloquear la red, si no pasaba a propiedad estadounidense. Hace apenas un mes ByteDance, el propietario chino de TikTok, firmó acuerdos para vender algo más del 80% de los activos en EE.UU. a inversores estadounidenses y globales.
Se da la circunstancia de que los magnates de esas grandes empresas tecnológicas estadounidenses se han aliado con el presidente. La influencia geopolítica de estas redes sociales y quien las dirige la explicitó también el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, en septiembre ante un grupo de jóvenes proisraelíes en Nueva York: "Las armas cambian con el tiempo y tenemos que combatirlas en el nuevo terreno: las redes sociales. La compra más importante que se está produciendo es Tik Tok y espero que se realice porque puede tener consecuencias, y el otro arma importante es X, así que tendremos que hablar con Elon [Musk], que no es un enemigo, es un amigo. Si logramos ambas cosas será muy importante".
Democracia, a la baja
En los últimos 20 años se ha reducido el número de democracias en el mundo, hemos pasado de 91 a 88 países. Las democracias liberales son una rareza, sólo un 12% de la población mundial vivimos en ese tipo de democracia.
En el caso de la democracia con mayor trascendencia, la de Estados Unidos, sufre una erosión desde la vuelta de Donald Trump a la presidencia. Se ve en la menguante separación de poderes, en la instrumentalización del departamento de Justicia para perseguir abiertamente a rivales políticos, el acoso económico a los medios de comunicación que se consideran críticos, el rescate del concepto "antiamericano" para quien se oponga a las políticas del gobierno, la militarización del orden público y la impunidad que se está dando al uso indiscriminado de las armas de fuego contra población civil desarmada en nombre de la lucha contra la inmigración. Y la democracia ha desaparecido de la justificación pública de las intervenciones, reales o eventuales, fuera del país como se ha visto en Venezuela. Estados Unidos ya no invoca la democracia, sino, crudamente, sus intereses.
El poder creciente de China tiene como consecuencia el blanqueamiento del totalitarismo como eficiente. Para legitimarse la Rusia de Putin alimenta la idea de que las democracias liberales son inestables e hipócritas, frente a la estabilidad rusa, y logra que ese mensaje se acepte dentro y en algunos sectores de fuera. En España, a raíz de los 50 años de la muerte del general Francisco Franco, y según una encuesta del CIS, el 21% de la población, una quinta parte, considera que la dictadura de Franco fue buena o muy buena.
Con las gafas de Anna Bosch