Inglaterra - R. D. del Congo, las figuras inglesas se miden contra la solidez africana
- Más dominadores que nunca en el juego, los ingleses se la juegan contra el veloz contraataque congoleño
- Inglaterra - R.D. del Congo, en directo en La 1, Teledeporte Play, La 2 Cat, RNE y RTVE.es, a las 18:00 horas
Una selección histórica, campeona del mundo aunque habituada a la frustración en los últimos mundiales, contra un equipo que pisa por primera vez las eliminatorias. El cruce entre Inglaterra y la República Democrática del Congo, como otros enfrentamientos de la nueva ronda de dieciseisavos de final, parecería a priori un choque desigual, si no fuera porque el Mundial 2026 ha demostrado que, a lomos de la globalización del fútbol, incluso las selecciones con menos vuelo internacional tienen ya una disciplina táctica y una preparación física capaz de reducir al mínimo las diferencias de calidad. Esa baza de la solidez, que ya le dio réditos contra Portugal y estuvo a punto de amargar a Colombia, es la que jugará el combinado congoleño contra las figuras inglesas (RTVE, a las 18:00 horas).
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En principio, es difícil imaginar otro escenario que no sea el de una Inglaterra dominante contra una República Democrática del Congo replegada. No sólo por el peso de la historia y por la diferencia entre ambas plantillas -según el portal especializado Transfermarkt, el valor de mercado de los ingleses es de 1.360 millones de euros, por los 144 millones en los que tasa a los jugadores congoleños-, sino por convicción: desde que el alemán Thomas Tuchel se hizo cargo de los Three Lions, el equipo inglés dejó atrás la cautela que exhibía con Gareth Southgate, su predecesor en el banquillo, y apuesta por presionar arriba, robar cuanto antes la pelota al rival y dominar el juego para atacar el área.
Así lo hizo en la clasificación para el mundial, en la que ganó sus ocho partidos sin encajar ni un solo gol, por lo que en ningún momento estuvo por detrás en el marcador. Y lo sigue haciendo ya en el mundial: si se tienen en cuenta los tres partidos de la fase de grupos, Inglaterra es el tercer equipo que más rápido recupera el balón, con menos de 35 segundos de media, solo por detrás de Turquía y de España, y también es el tercero con más posesión de los 48 participantes. Congo, en cambio, tarda cerca del doble en hacerse con la pelota, casi 63 segundos, y no alcanza el 40% de posesión, porque ese no es su plan. De inicio, el dominio inglés se da por descontado.
Más allá del control, Inglaterra aprendió en su empate contra Ghana que no basta con tener el balón, sino que hay que saber que hacer con él. Y una de sus mejores opciones, en este sentido, está siendo la de buscar a Jude Bellingham, revitalizado en el torneo mundialista tras dos temporadas grises en el Real Madrid. Hasta el punto que Tuchel, que no tenía claro que fuera a ser indiscutible -"Sabe que es uno de los titulares, pero tenemos 14 o 15 posibles titulares", deslizaba antes del primer partido-, ahora elogia su despliegue, visible tanto en la recuperación como en la construcción del juego: Bellingham es el jugador que más se ofrece para recibir la pelota del equipo inglés, hasta 198 veces en los tres primeros partidos, según las estadísticas de FIFA. Y especialmente entre líneas, con 102 movimientos para ofrecer líneas de pase a sus compañeros, el cuarto en esta métrica de todo el campeonato.
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Con Inglaterra, Bellingham se escora más hacia la derecha del ataque y tiene más presencia tanto en la base de la jugada como en el área, donde es verdaderamente diferencial: en este mundial ha anotado ya dos goles, los dos decisivos para poner en ventaja a su selección contra Croacia y contra Panamá, y también dio la asistencia para que Harry Kane sentenciara con los panameños. Esa libertad para pisar el área es la que está elevando su juego, tal como explicaba el propio Bellingham tras el encuentro: "Con Inglaterra juego un poco más como diez u ocho más alto. Pero a mí me da igual dónde juego en el campo, yo quiero jugar bien para mi equipo". Y su equipo lo agradece.
Si Inglaterra no quiere pasar apuros, le conviene ser efectivo de cara a puerta, porque la R. D. del Congo se ha demostrado letal hasta el momento: según la empresa de estadísticas deportivas Opta, los congoleños han convertido tres de las cuatro ocasiones claras que ha tenido, un 75% que contrasta con el 30,8% de los ingleses, que han necesitado 13 oportunidades claras para marcar seis goles. Si se analizan los remates totales, la diferencia se mantiene: aunque ha disparado menos a portería, Congo ha marcado el 30% de sus remates, mientras que Inglaterra, que genera mucho más, no alcanza el 18%.
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Esa efectividad congoleña se encarna en Yoanne Wissa, el delantero del Newcastle, que también viene de un año irregular -solo tres goles en todas las competiciones, cuando el curso anterior llegó a los 20 en el Brentford- y está aprovechando el mundial para reivindicarse: marcó el tanto que sirvió para empatar contra Portugal, el penalti para igualar a Uzbekistán y el tercero que redondeó la victoria contra los uzbekos. Lo que significa que en tres partidos ha marcado los mismos goles que en 28 encuentros con las urracas y que está al nivel de los goleadores más acreditados del torneo, como el propio Harry Kane, que también lleva tres goles. Muy veloz al espacio, será una de las principales amenazas de Congo contra los defensores ingleses, que le conocen bien de la Premier League.
Otros cuatro jugadores congoleños juegan en equipos ingleses, entre ellos Noah Sadiki, un centrocampista de 21 años que milita en el Sunderland y que está emergiendo como una de las principales promesas del fútbol africano. Nacido en Bruselas, Sadiki se formó en el Anderlecht, fichó después por el Union Saint-Gilloise, donde ganó los principales títulos de Bélgica, y el año pasado dio el salto a la Premier League, consolidándose en un equipo que ha terminado séptimo en la liga más competitiva de Europa. Su estilo de juego, e incluso su físico, recuerdan al del francés N'Golo Kanté: intenso, agresivo en los duelos -en el mundial ha ganado el 71%, más que cualquier otro mediocampista de su selección- y no exento de buen pie.
Sadiki fue internacional en prácticamente todas las categorías inferiores con Bélgica, aunque hace tres años decidió jugar para el país de sus padres, la República Democrática del Congo. En el mundial partía como suplente, pero el seleccionador congoleño, el francés Sébastien Desabre, ya recurrió a él en las segundas partes contra Portugal y Colombia. Su desempeño fue tan convincente que se ganó la titularidad en el partido decisivo, contra Uzbekistán, en el que fue uno de los mejores: fue el segundo jugador con más pases completados (52) y con más pases completados en el último tercio del campo (13), sólo por detrás de Arthur Masuaku, el omnipresente lateral derecho, y creó dos ocasiones. Un desempeño que puede valer una nueva titularidad ante Inglaterra, el partido más importante de la selección congoleña en una Copa del Mundo.
R.D. del Congo solo había disputado un mundial antes del actual, el de Alemania 1974, cuando el país se denominaba Zaire -el nombre que impuso el dictador Mobutu Sese Seko- y fue una de las cenicientas: se marchó con tres derrotas, sin conseguir ni un sólo gol y con una humillante goleada por 9-0 frente a Yugoslavia. Ahora es una selección competitiva, que ha llenado de orgullo a los congoleños aunque sea en la distancia, porque Estados Unidos ha restringido la entrada a sus ciudadanos a causa del brote de ébola que sufre el país africano. Entre ellos, el aficionado más famoso de la hinchada congoleña, Michel Kuka Mboladinga, más conocido como Lumumba Vea, quien solo pudo estar presente en el segundo partido de la fase de grupos, contra Colombia, que se jugó en México.
Michel Kuka Mboladinga, más conocido como Lumumba Vea, en el partido entre Colombia y República Democrática del Congo AFP
Aunque lleva siguiendo puntualmente a su selección desde hace más de una década, Kuka Mboladinga se hizo célebre durante la última Copa Africana de Naciones, cuando llamó la atención mediática su atuendo y su comportamiento en la grada: se viste con un traje rojo azul y amarilo -los colores de la bandera nacional-, se coloca de pie con el brazo en alto y no se mueve durante el transcurso del partido. La postura repite la de la estatua de Patrice Lumumba, héroe de la descolonización asesinado en los años sesenta, en Kinsasa, aunque en el estadio de Zapopan, contra Colombia, Lumumba Vea presentó momentáneamente otra versión, con una mano sobre la boca y la otra apuntándose a la sien, aparentemente un gesto de protesta contra los conflictos armados enquistados en el este del país. Sea como sea, este miércoles no estará en Atlanta, ya que las autoridades estadounidenses le han negado el visado, pero seguro que estará pendiente de si los leopardos logran, contra pronóstico, eliminar a Inglaterra.