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Pista Mundial

Brasil - Japón: el partido que trae todo lo que se le pide a un Mundial

Dos escenas de celebración de goles en un Mundial: jugadores brasileños sonrientes y jugadores japoneses, como Minamino (10) y Maeda (11), con botas rosas, festejan eufóricos.

El segundo duelo de dieciseisavos de final ofrece todo eso que el espectador espera de una Copa del Mundo: un enfrentamiento entre Brasil y Japón, dos nacionalidades con personalidades muy marcadas, con un lugar propio en el imaginario colectivo, con dos maneras radicalmente opuestas de afrontar la vida y el juego. El de hoy es el partido perfecto para reunir ante la pantalla a los futboleros acérrimos con aquellos que dicen eso de que “de fútbol solo veo el Mundial”.

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Si hay un hombre a seguir en el encuentro es Vinicius, que viene de un partido, el de la fase de grupos ganado a Escocia, en el que se le vio “encendido, pletórico, muy fino”. Allí, escorado en la banda izquierda, es donde se encuentra cómodo el extremo, armando la pierna para lanzar un regate.

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Aunque lo cierto es que Vinicius no está especialmente acertado en el regate: en la fase de grupos ha intentado 23 regates y solo ha salido exitoso de siete. Esos 16 regates fallidos de Vinicius, unidos a otros ocho de Rafinha (de los nueve que ha intentado), tienen gran parte de culpa de que Brasil sea el combinado que más ha regalado el balón después de un intento de regate, lo que ha ocurrido en 39 ocasiones. Ahí es cuando entran en juego el verdadero bloque sobre el que se asienta la canarinha, en el que Ancelotti confía.

En esta pentacampeona de fogonazos de calidad arriba, con Vinicius y Cunha, que recibe ovaciones cuando Neymar salta al campo para 15 minutos, quien se está echando el peso del equipo a cuestas no se encuentra en posiciones tan adelantadas. Los planes del seleccionador Carlo Ancelotti pasaban por crear un bloque infalible atrás y aprovechar los contragolpes, y ha encontrado en los centrales titulares, Marquinhos y Gabriel Magalhaes, a sus socios. Basta con ver el mapa de pases de los partidos más exigentes de la fase de grupos para entender que el peso de la construcción pasa por los centrales. Magalhaes, con 296 toques de balón y Marquinhos, con 276, lideran el toque de su equipo.

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No hay en el medio del campo una figura tan clara de referencia como tienen otras grandes selecciones. Los mediocentros Casemiro y Bruno Guimaraes complementan a los centrales, complicando al rival franquear el muro. De momento, Brasil lleva siete goles a favor y solo uno en contra, el plan de Ancelotti se va cobrando resultados. 

Ese bloque en la medular es el que está permitiendo a la canarinha dejar su portería a cero. Japón se lo pondrá previsiblemente más complicado. No en vano, los asiáticos son la séptima selección que más tiempo dedica a construir el juego de todas las participantes. Los nipones, al contrario de los sudamericanos, no han ejecutado apenas contraataques en lo que va de campeonato. Los goles del combinado nipón han sido grandes elaboraciones, de toque rápido y cambio de banda, auténticos tantos de equipo, con cinco goleadores y siete goles. Ueda y Kamada, del Feyenord y del Crystal Palace, lideran la clasificación de pichichis. Lo que decíamos de dos formas diferentes de afrontar el juego: Japón improvisa menos que ensaya.

Según las previsiones de Opta, la empresa que recopila y analiza al detalle los datos futbolísticos mundiales, Brasil debería ganar, pero no se descarta para nada llegar al final del tiempo reglamentario con un empate en el marcador.

Si Brasil mantiene su contundencia atrás y Japón recurre a la disciplina para guardar la posesión, un empate no es algo descabellado. Es ese punto exacto en el que las eliminatorias que van a ir cayendo estos días traen un extra de emoción, como avisaba mi compañero José Carpio en la previa del inusual Sudáfrica - Canadá. Ese suspense de que llegan las prórrogas. O más aún con los penaltis, si ni la prórroga arregla la situación. 

En la historia de la Copa del Mundo se han lanzado 320 penaltis en las tandas desde 1982: 222 han acabado en gol (70%) y los 98 restantes o los paró el portero o iban fuera.

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Lo que está claro, si Brasil y Japón llegan a ese punto, es que los lanzadores deben intentar apuntar al tercio alto de la portería: ahí todavía no ha habido portero desde hace al menos 34 años que haya amarrado el disparo.