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Las series más vistas: mira todas las temporadas completas

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Cuéntame cómo pasó - T1 - El retorno del fugitivo - Capítulo 1

¿No sabes qué hacer durante sus vacaciones de verano? Es el momento de engancharte a una serie. En RTVE Digital tenemos un catálogo que abarca para todos los gustos: desde juveniles, románticas, thrillers a comedias o históricas ¡Hazte un maratón de series españolas con todas las que te proponemos a continuación! ¡Son las más vistas de la web de RTVE en 2020!

Acacias 38

Desde su estreno el 15 de abril de 2015, Acacias 38 congrega a casi un millón y medio de espectadores a diario. La serie está ambientada entre los años 1899 y 1914 y gira en torno a la vida de los vecinos de la calle Acacias. Amor, secretos, traiciones, amistad son los ingredientes de la ficción vespertina de la La 1 que va camino de convertirse en la sucesora de la añorada Amar en tiempos revueltosPonte al día porque Acacias no para y los capítulos se siguen sumando cada semana A la carta.

No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 0
Transcripción completa

¡Carmen, abre la puerta!

Es tarde, Justo. Estoy fatigada.

Y yo, encendido. ¡Abre!

Esposo, es tarde.

Y en mi estado...

¿Crees que una mísera puerta me detendrá, infeliz?

Justo,

por piedad...

¿Me niegas el derecho de yacer con mi esposa

o simplemente te complace enojarme?

Nunca te he negado nada desde que casamos.

Pero mírame, el médico desaconsejó...

¡Al infierno! ¿Acaso él es tu amo?

No, Justo. ¿Quién es tu amo?

Tú.

¿Cómo tienes el cuajo de rechazarme?

Yo te saqué del fango. No.

Yo tenía casa y tierra que labrar. ¿No te enseñaron a callar?

Reza susurrando

Carmen grita

¡No, Justo, no!

Es nuestro hijo, por favor. Te haré otro.

Para eso servís las hembras. No permitiré que le hagas daño.

Harás lo que me plazca.

Gozaré de ti y te daré una tunda, maldita labriega orgullosa.

No aprendes ni a base de golpes.

¡Ven aquí, zorra!

Reza susurrando

Deberías suplicar por tu vida.

¡Deberías besar por donde piso, desgraciada!

No, mi niño, por favor.

¿Ahora suplicas? Puedo matarte si me place. Como tú hay miles.

No, Justo, por favor. Pídeme perdón, zorra.

¡Que me pidas perdón!

¡Pídeme perdón!

Y no te revuelvas, ¡quieta!

¡No! Pide perdón, zorra.

¡Pide perdón! ¡Perdón!

No, no.

Reza susurrando

¿Qué has hecho, insensata?

¡Por Dios bendito, has labrado nuestra ruina!

Iba a matarme, madre.

Ese hombre era un animal.

No le importaba si mi niño moría. Era tu esposo.

Y persona de poder.

Hemos de avisar a los civiles. ¿Has perdido el oremus?

¿Quieres que nos den garrote?

Solo quería defender a mi criatura.

¿Quién va a creer a una mostrenca que hace dos días vivía de aparcera?

¿No acudieron los criados?

¿Cuándo acudieron a mis súplicas?

¿Cuándo a casa vino usted?

El cuarto está hecho una zarabanda.

Simularemos un robo. Coge dinero.

¿Cree que mi marido compartía conmigo su fortuna?

Mira en su mesilla.

¿Para esto querías el dinero?

¿Para no gastarlo y morir rodeado de miseria?

Ni una mala joya le diste.

¡Maldito seas!

¿Qué hacemos con él?

Ni el cielo nos ha de dar tregua.

¡Niña, espabila!

Vamos.

¡Vamos!

Espera.

Tapémosle con palos y hojas.

Vamos.

¡Apura!

Pudiendo vivir sin apuros, como señoronas,

mira a lo que nos has condenado. No sabía

que a las señoronas las apalizaban

y las tomaban sus esposos por la fuerza.

Eso es el matrimonio. Eso es el infierno.

Menos cháchara y apura, que ya nos alcanzaron las luces del alba.

Niña...

Espabila.

¡Haz algo, demonio!

Ya lo hago.

¡Parir!

Grita

Grita

¡Chist!

Escucha, niña, escucha.

Toma resuello

y empuja. Eso, ahí.

Grita

Empuja.

Empuja con toda tu alma.

Grita

¡Dale!

Grita

Dale.

Banda sonora

Banda sonora

Llora el bebé

¡Mi inocencia!

Truenos

Aviva, que ya llegamos.

Ahí se avista el convento.

Está muy lejos.

Como si está en París, hemos de llegar.

No quiero, madre.

No, por favor, no me haga separarme de mi niña.

¿Quieres que los civiles nos atrapen a ambas?

Tu hija quedaría huérfana y maldita por ser su madre una asesina.

La llevaré conmigo. ¿Adónde? ¿Cómo la cuidarás?

Con amor. De amor no se vive.

Pero se puede morir si te falta. No la abandonaré.

¿En qué mundo vives, desatinada?

Cuando esta te rompa el alma porque le duela el buche de hambre,

háblale con las consejas con las que vuestro padre os llenaba la sesera.

Camina. Hemos de marchar muy lejos de aquí

si queremos vivir. La niña es un estorbo.

Mi niña no lo es.

No todas somos como usted.

Desagradecida. Nunca entendisteis lo que hice.

Acepté que casaras con Justo por ti.

Fue por usted. ¡Entérate, orgullosa! Os di todo.

Entonces me entregó a mí. Tienes la mala sangre de tu padre.

¡Tengo su dignidad!

Pues utilízala para salvar la vida de tu hija.

Si te empeñas en llevarla contigo,

morirá.

Mírala.

Mírala.

Pesa menos que un gato.

No aguantará el frío,

los vaivenes del camino. ¿No lo entiendes? ¿No entiendes?

Morirá en tus brazos.

Ea, no te atortoles y camina. Que aún queda trecho.

No.

Venga, despídete.

No puedo. Madre,

se me desgarra el alma como se me desgarraron las entrañas al parir.

Es lo mejor para ella.

No tenemos nada.

Morirá de frío.

¿Quieres eso?

Mi niña.

La monjas la cuidarán.

¡Mi niña, maldigo a tu padre!

Y a los hombres

como él que nos usan

sin piedad.

Nunca dejaré que ningún otro hombre se acerque a mí, hija.

Basta, basta de melindres.

Basta. Mi niña.

Hijita mía, lo siento.

Lo siento mucho.

Volveré a por ti.

Inocencia, lo juro por Dios.

Aunque tenga que vender mi alma al demonio.

¿Qué haces?

Digo que volveré a por ella.

Las tontadas de vuestro padre.

No son tontadas las letras, madre.

Sirven de mucho.

Sí. A los señoritos sirven.

Con el alba

habrán encontrado al muerto. Vamos.

Hija, vamos.

Te quiero, mi niña. Te quiero tanto...

Serás más feliz con otra familia.

Adiós.

Adiós.

Este va para la ciudad.

¿A qué vamos a ir allí?

A perdernos hasta que esto se olvide.

Pablo nos auxiliará.

Ni por asomo, madre.

No le metamos en esto. O él el garrote. Tú verás.

Silbato de tren

O nos largamos ya o será nuestro fin.

Madre, no creo que tenga las fuerzas.

De entre mí no cesa de manar sangre.

Basta de melindres.

No te voy a dejar aquí a que te pudras. Harás un poder.

No llego ni al tren. Como me llamo Teresa que sí.

A moverse.

Hija, por todos los santos, haz un poder.

Silbato de tren

Aguanta.

Manuela, aguanta.

Aguanta.

¡Hermana!

He hecho algo horrible. Horrible. Bien hecho está.

Ese desgraciado se lo merece.

¿Y mi niña?

Inocencia, Dios mío, la abandoné.

Tan pequeñita. Todo se arreglará.

Que yo estoy aquí.

Hemos de marchar.

Si nos descubren, nos delatarían. Nada cambia.

Su hija se va en sangre.

Pienso en ella. No maté a nadie. Casi. A Carmen.

Vaya hasta Plaza Mayor.

Es fácil. Cuando llegue a la esquina

del barquillero

a la derecha. Nadie le preguntará nada.

Es lugar de prostitutas.

¿A semejante sitio?

Vendió a su hija. No me hables así.

Me gustaría ni hablarle. Vaya.

Y si le preguntan, mienta.

Se le dará bien.

¿Y Carmen? Yo me ocupo. Ya ha hecho bastante.

No te muevas. Enseguida vuelvo.

Bien.

Si no me fuma, se pondrá usted bien.

O no vamos a ningún sitio.

Al cielo, doctor.

Eso sí.

Pablo, ¿qué te trae?

¿Ha pasado algo en mi casa? Es cosa bien distinta.

Es una amiga, don Germán. Creo que está mal.

No es poco lo que sucede. No le molestaría si no.

Vamos.

¡Dios bendito! Pero si es una niña.

Esta muchacha está casi muerta.

No diga eso.

Digo lo que veo.

Algún matarife le hizo un aborto.

¡Malditos sean!

¿Cómo avisas cuando no tiene

gota de sangre? Cuando lo supe.

Tarde.

Tu... lo que sea, no tiene salvación.

No tengo instrumental.

No tengo suficientes medicamentos.

Vamos a la clínica. No, señor, no.

No conviene.

Su familia nada sabe.

¿Quieres que la atienda en el suelo

de un almacén? No, no, yo...

Tengo un lugar donde llevarla.

No está lejos.

Se lo suplico.

Muchacho, mírala.

Este ángel no tiene halito de vida.

Lo tiene, señor.

Ella es fuerte, se lo juro.

Por favor, no deje que se me vaya.

Ella no se merece esto,

por favor.

No la deje morir.

Por tu bien espero que no te equivoques.

Y que esta chiquilla sea fuerte como el roble.

Solo un milagro la salva.

¿Unas viejas cuadras son lugar apropiado?

Me dejan dormir aquí. Nunca viene nadie.

No sabía eso. Los señores no saben de los criados.

Tráeme más agua. ¿Puedes calentarla?

Sí. Tengo un infiernillo.

No, no.

¡No! ¡Suélteme! No me ponga

la mano encima.

Templa, templa. Soy médico.

¿Médico? Hombre.

La misma cosa. Otro me ha traído aquí. Pablo.

Lo mismo me da.

No quiero médicos.

¿Quieres morir entonces?

Pues si no te coso, no verás la luz del día.

Tú decides.

Cosa pues.

No te asustes.

Ya nada me asusta.

Corajuda eres, moza.

Bien te vendrá.

Habrás de intentar estar quieta.

Toma. Aprieta.

O muerde

cuando duela mucho. ¿Estamos?

¡Ah!

¡Ah!

¡Ah!

Ha perdido mucha sangre. Y tenía desgarros.

Su preñez estaría

bien avanzada. No te aseguro que salga de esta.

Haré lo posible.

Parece un ánima

de la poca color. Pero tenías razón.

Esta chiquilla

es de la corteza del roble.

Imagino que no me contarás nada de la historia.

No puedo, don Germán.

Te creí de otra pasta, Pablo.

No es lo que piensa.

No soy quien le hizo esto.

Más no le puedo decir.

Te creo.

Y prefiero no saber nada.

Cuando amanezca te vas a la botica

y me traes esto. Esta noche me quedaré aquí.

Yo quisiera... Si empeora,

¿sabrás qué hacer?

No. Pero a usted en su casa... No me echarán de menos.

Yo creía

que sí.

¿Ves?

Los criados tampoco sabéis de vuestro señores.

Vamos, marcha.

Aquí ya poco puedes hacer.

Espero algún día poder pagarle lo que ha hecho por ella.

No sé cómo se puede vivir en las ciudades, médico.

Todo es gris.

Y sin brillo.

Y yo no sé cómo tienes el cuajo

de levantarte del camastro,

condenada muchacha.

Necesitaba ver el verde.

Y oler este aire limpio

después de tanta fatiga.

Sin duda este paisaje

es digno de contemplar.

Miras en la dirección equivocada.

El sol está por allí.

Y la luz en ti.

Médico y requebrador. Ya.

Cómo sois los hombres de ciudad.

Como los de cualquier otro sitio. Pues lejos os quiero.

No todos somos como el que te hizo eso.

Por ventura.

Pero igual me da.

No te ofendas,

pero no me acero ni al más pinturero.

Lástima. Pocas ventajas me das.

Ninguna.

Descreída te veo.

Tanto como el mayor de los herejes.

No sé qué es seo que dices.

Uno que ya no cree en las bondades de Dios.

Pues eso debo ser.

Porque yo no creo en las bondades de nadie.

Gracias por la parte que me toca. Ea, para ti la perra gorda.

No sé ni tu nombre.

Mejor.

Mira que eres raspa.

Muy bien. Me presentaré yo al menos.

Señorita, mi nombre... Médico.

Con eso me basta.

Cuanto menos conoces a la gente, menos daño pueden hacerte.

Menuda filosofía.

¿Qué te pasa, muchacha?

Eres casi una niña.

Y tienes tristeza en tus ojos.

No quieras saberlo.

Quiero.

Tuve que cumplir con un deber que me acarreó mucho dolor.

Y ahora

he de cargar con las consecuencias.

Tú tampoco pareces muy dichoso.

Veo la misma pena en tus ojos y los míos.

Yo también tomé un camino que no era el mío.

Y ahora vivo un vida amarga.

Que no era la predestinada para mí.

Vaya dos.

Menuda alegría. Como para irnos de verbena.

Como para irnos y no volver.

Estaría bien.

¿Verdad? Huir.

Olvidar quiénes somos.

¡Ay! Niña.

Niña, tienes que volver al catre.

O lo porfiado quedará en agua de borrajas.

Estoy bien.

Confía en mí.

Un poco al menos.

Descreída.

Al fin despiertas.

Me duele hasta el alma. Te dije

que era médico.

Pero no bueno.

Eres rara, muchacha.

Sales de una pesadilla sin perder la sonrisa.

Ojalá todo esto no hubiera sido más que un mal sueño.

No lo es. Tienes edad para soñar.

Y estás penando.

Una ya no cree en cuentos.

Ni en príncipes.

¿Aunque hayan sanado tus heridas? ¿Qué sabrás tú

de mis heridas?

Te digo lo que veo.

Las apariencias engañan.

¿Me lo cuentas o prefieres que adivine?

No quiero que adivines.

Ni que imagines.

Quiero que cada cual

siga su camino. Tú a tu vida en tu palacio

y yo a mis afanes.

Mi vida es tan gris como te parece la ciudad.

Pues cámbiala, médico.

Para eso sirve tener posibles.

Ahora tú hablas de cuentos.

Ojalá pudiera.

Ya no recuerdo ningún final feliz.

Daría todo lo que tengo

por escribirte uno.

El mío ya está escrito.

Y solo yo puedo hacer algo para cambiarlo.

¿Me dejarías ayudarte?

Car...

¡Caramba!

Qué buen aspecto tienes.

Ya le dije, doctor,

que tenía coraje para salvarse.

De eso hablábamos justamente.

Tome usted.

No sé cómo agradecérselo.

Que no vuelva a pasar por lo mismo, por ejemplo.

Ya le digo yo que por lo mismo ni en mientes.

Tómate esto cada tres horas.

Es amargo.

Pero te curará.

Volveré esta noche.

Vete pensando

en la respuesta.

¿La respuesta a qué?

A que si aún creía en cuentos.

En la sastrería ni vieron mis idas y venidas.

Es lo bueno de hacer recados. Vámonos.

¿Cómo?

Nos vamos, Pablo.

No comprometamos más a este hombre.

Y yo he de pensar qué haré. No te puedes mover.

Te pondrías en peligro. Del peligro huyo.

No quiero sufrir más ni arrastrar a nadie conmigo.

Ea.

Ayúdame.

Ayúdame.

Ven.

Puerta

¡Hijos!

Al fin.

Carmen, ¿cómo...? Madre,

cuidado. Ni la miente.

Perdón. La alegría de verla con vida.

A partir de ahora a cambiar de santo.

Hermana, tú...

Tú te llamarás como la abuela.

Manuela.

Y usted... Guadalupe.

Es milagrosa. Falta nos hace un milagro.

¿Se ha enterado de algo? ¿Nos buscan?

Yo he ojeado algún diario, pero me entero de poco.

Algo de una familia de Brihuesca que ha desaparecido.

¿Han encontrado algo? Ni siquiera lo enterramos.

¡Madre! Pensemos qué hacer.

Yo buscaré trabajo.

En tu barrio un mujer como yo encuentra faena.

Eso ni de chanza.

No la quiero cerca de mí ni de ella.

¿Qué? Me abandonarás.

Entregó a mi hermana a ese hombre. Tome un tren

al norte. En un hotel necesitan doncellas.

Tu hermana me necesita.

Mírala.

Está débil como un pajarillo. Madre,

Pablo conoce el paño.

Buscarán a madre e hija.

Si nos separamos, más posibilidades.

Hija, por favor.

Me he visto en agonías por ti. Lo sé.

Y se lo agradezco. Más ahora... Lo mejor

es que tome portante pronto.

Hágase cargo de que no existimos.

Sigues echándome en cara que la casara con Justo.

Fue para que fuéramos felices.

¡Usted quería ser feliz!

¡No me hables así!

¡Basta ya!

Callad los dos.

Hemos destrozado nuestra vida.

Nuestra familia.

He matado a un hombre. He dejado

a mi hija abandonada. Se acabó.

Usted marchará donde dice Pablo.

Y yo faenaré hasta caer rendida.

Para ahorrar hasta el último céntimo y vera mi niña. Punto redondo.

No quiero oír ni una palabra más.

Ni una.

Solo

dormir y olvidar que nuestra vida es un suplicio.

¿Seguro que estás bien? Que sí, pesado.

Hace unos días hecha una compasión

y ahora más fresca que una lechuga.

Gallarda que es una.

Ea, lleguémonos donde esa señora Paciencia.

Ya que me da jornal. Te espera como agua de mayo.

Pero haz mente de tu nombre.

Manuela. No la jeringues con eso.

Estos laureles están anegaditos

de agua. -Porque los riegas cada día.

-No fabules. -Si riegas más,

pasan de planta a pescado.

-¿Cuándo viene el pescadero?

Los martes, ¿no?

Y es martes, ¿verdad?

-Qué paciencia, Señor.

Hola, don Servando y compañía.

-Serán para ti. -Pues cuanto mejores serán

si esta prenda es la fregona.

La misma. La Manuela.

Para servirla a Dios y a Vd.

Qué educadita y qué remona eres.

Paliducha.

Verídicamente te lo digo. Pero eso con el Lorenzo se te quita

en un periquete. Cierto. Bien me vendrá.

Y a mí tu ayuda, hija. Que una tiene ya una edad.

Y los lomos se resienten

de tanto doblarlos. Me dice el Pablillo que haces faena.

Desde chiquilla, doña Paciencia. No me oirá ni un lamento por darle

al cepillo. ¿Has oído?

¿Entonces de acuerdo, señora?

Pues si ella lo está... Dos reales al día y cuarto.

Con lo que sea me apaño.

Pues hale, vente conmigo.

Te enseño los trastos y te avío un mandil.

Y luego subes tus cosas. ¿Dónde están?

-Bueno, ya las traerá, mujer.

Venga, venga, largando. No puedo trabajar.

-El ministro.

Vamos, hija.

Vamos. Ay, ¿qué hago yo con esto?

Mira, esta casa es de muchos posibles.

¿Cómo dijiste que te llamabas?

Don Leandro,

¿cómo está el mundo? Revuelto, hijo.

Desde lo de Cuba

no levantamos cabeza. -Libertinos.

Estos lo que nos han traído

son matrimonios no bendecidos, obreros protestando y mira.

-¿Qué? ¿Sagasta se la quemó?

-Sagasta y sus compinches lo que han traído es poca formalidad.

Y de esos polvos estos lodos.

-Encontraremos otra planchadora. No se apure.

Trabajo es lo que necesita la gente.

-La gente quiere jornal. Pero trabajar... Ay.

Ni un palo al agua.

Desde la Florencia no tenemos

planchadora decente. ¿Le pregunto en el mercado?

Tengo que llevar dos trajes.

Sí, Pablo. Pero ni muy niñas

ni muy frescas.

Ni casaderas. Que se nos van.

Ni muy viejas. No les sale la raya.

-Fácil el encargo. ¿La Virgen de la Paloma le va bien, madre?

-Todo te lo tomas a broma, Leandro. ¿El día que te falte qué será de ti?

-Que descansaré. Vuelvo en nada.

¡Leandro!

-Sí.

Eh, Pablo.

¿Qué? ¿Otra noche dura? Hazme que estuve contigo.

No me gusta mentir. Por no preocuparla.

-Buenos días, Pablo.

Buenas noches, hijo.

-Madre, ¿cómo dice eso? Me deslomo desde el alba

con recados con Pablo.

-Ya. Anda, pasa ayudar con los pedidos.

Venga.

¿Has desayunado ya?

Sí, doña Juliana, gracias. Corro a llevar estos trajes.

Ten. Unas porritas

para el camino. Es usted

pan de Dios.

Ea, señoras.

Que si no me doy aire,

doña Cayetana se vuelve regañona. -La que saca.

Su madame se levanta y se va al sobre regañona.

-Y lo paga con la niña. -Pobre Carlotita.

Fabiana.

¡Fabiana!

¿Cuántas veces te he dicho que no corras?

¿Eh?

Pesada.

Campanilla

Ahí la tengo. -Menuda demonia es.

Le da Dios un angelito

y ni la puede ver.

-Eso me duele. Una hija es un tesoro.

-Ay, mal empezamos, Blasa.

-Ea, ya, mujer.

De plañideras el infierno lleno.

Y templa.

Se soluciona con un paño.

-Mi señor don Felipe no piensa igual.

De inútil me tiene.

-Menos bla, bla y más preñarla a ella.

Una sin hijos es un jardín sin flores.

Que nos ha llamado jardines mustios y se queda tan ancha. ¿No te ondula?

-Mujer, se refiere una a las doñas.

Han nacido

para dar hijos a sus esposos.

Y si el vientre viene seco,

ya tenemos la tragedia. -Buenos días.

-Los modales para mis señores.

-¿Acaso se gastan?

Campanilla

Va, va.

-Tu señora quiere sus aceites.

-Mu señora quiere ir de amanecida al anochecer.

-Más mirar por los dineros.

Ah, aquí estás.

Mira, hombre de la casa.

Que mires.

Segundo arreglo. Segundo.

¿Cómo salgo con esto a la calle?

¿No dices nada? Ay, contenta me tienes.

-Oye, que a mis señores les va de lujo.

-Como a los míos para tener hijos.

-Ea, no se me arruguen.

Tenemos faena.

Menuda criada

le ha tocado a la señorita Trini.

-Eso por querer picar algo.

Que una gallina no puede volar.

-Buenos días, familia.

Gracias, Regina.

Buenos días, mi amor. -Buenos días.

-¿Has dormido bien? -Muy bien.

-Yo también. Hija, Luisi, qué guapa.

-"Y lo peor"

que le puede pasar es que se estampe de morros.

-¿Se puede, mujeres? -Chasco que no.

-Les vengo a presentar

a su nueva comadre. Marta.

Manuela. Ay, eso. Manuela.

Viene a echarme una mano fregando

y aviando portal y descansillo. -Ya era hora.

Que andarse de rodillas hace mal a los huesos.

-Y usted que lo diga, Blasa.

Campanilla

-Ya me llevo el gordo. Que no eres humo.

Quita de en medio.

Perdón. -Casilda.

Para lo que gustes. Gracias.

-Y esta, hija, es Blasa.

Trabaja en casa de los Álvarez Hermoso.

-Y vieja. Por eso no me levanto, prenda.

Y bien que hace.

-Ay, hija. Aquí apéanos

el tratamiento. Somos criadas y sobran los ringo rangos.

Pero sin sacar los pies del tiesto.

Que te ponemos en tu sitio.

Estamos.

Y muy agradecida de estar en su altillo. Es alegre.

Mira esta. Alegre. Espera que llegue el invierno.

Verás lo alegres que se ponen los carámbanos.

-Y nuestros dientes castañeteando. Como para zapatear.

Toma.

Si ha de bailarse, se baila.

Así se habla. Oye, me has caído bien.

Tú dormirás conmigo.

Ven, te enseño tu camastro. -No, ve, ve.

Luego bajas y te doy cubo, cepillos y jabón.

¿De dónde ha salido?

-De la necesidad.

Como todas.

No es grande, pero tiene ventana.

Y las camas gimen más que un gato escaldado.

Pero no tienen chinches.

No te apures.

Yo solo busco faena y jornal. Ya.

Para vacaciones ya te vas a tomar las aguas, ¿no?

Chica, pareciera que te vas en cólicos

o en hambres o fatigas, ¿no?

Ea, mujer.

Que todo lo malo pasa.

Ojalá, Casilda, y que nunca vuelva.

Acabas de llegar y marchas.

-Sí. Marcho donde Ramón.

he de llevarle unos papeles. Ya me tomaré el café con él.

-Verás a Maximiliano. Le gusta pasar la tertulia allí.

-Hace unos meses que no se ve más que achicoria donde los Hidalgo.

Y Ramón tiene el mejor café.

-¿No vienes a la deliciosa?

-¿A escuchar estolideces y cotilleos?

No. Gracias. Eso vosotras lo hacéis bien.

-Las mujeres no somos tan pueriles y sin pesquís como crees.

Muchas tribulaciones hay.

-¿Los tocados para la tarde?

¿El largo del guante?

-El servicio, la casa.

Vosotros.

Los hijos.

-Mucha tormenta para tan linda cabeza.

-Es nuestro afán y nuestra función.

Agasajaros y daros descendencia.

-Cada uno lo suyo. Nosotros traer el pan.

-Y sernos fieles.

-Por descontado.

Vosotras ser decentes y obedientes.

-Y cuidar de vuestros hijos.

Claro,

tras parirlos.

-Celia,

por más vueltas que le des, por más que te amostaces,

eso no va a traernos niños.

No se vive con nubes preñadas de lluvia en casa.

Deja que entre el sol. Sal, diviértete.

Y los bebés vendrán.

-¿Lo crees de veras?

¿De verdad tienes aún fé?

-Tengo fé en nuestro matrimonio.

Y fé en ti.

En que has de ser madre devota,

como esposa adorable.

Pero te pido que no centres cada pensamiento

en llenar tu vientre de vida.

La vida, amor mío, está aquí fuera.

-Tienes razón, Felipe.

Soy una atortolada.

-Eh.

Una atortolada preciosa.

-¿Vendrás pronto? -No lo sé.

Por si acaso, tú haz tus planes.

Me tensa saber que me esperas.

-No me importa esperar. -Celia, querida, sé obediente.

Diviértete en la chocolatería sin prisas.

Adiós.

-Felipe.

-Dime.

-¿Me seguirías queriendo

si es que al final

no logro quedarme encinta?

-Celia,

es obvio que no deseas complacerme.

¿Qué te he dicho?

¿Tanto te cuesta dejar de mencionar el tema a ratos?

-No. Yo lo siento.

Soy una pesada.

-No dejaría de quererte por no darme hijos.

Dejaría de quererte si te convirtieras en una esposa quejicosa.

-Te prometo que no seré así.

-Bien, querida.

Llego tarde.

Pásalo bien.

¿No huele este portal cada vez más a humedad?

Lleva varias noches llovizneando. Eso ya lo sé. ¿Me crees sorda?

Por cierto, hablando de sordas, esa criada tuya cada día está peor.

No sé cómo la aguantas. Blasa es mayor.

Es un incordio. Lo que tú ves como compasión estas lo ven debilidad.

Échala y búscate una criada fuerte. Sí, Cayetana.

Pero había pensado buscarle ayuda. Pamplinas.

Tirar el dinero es mantener a esa risión.

Que se vaya al pueblo.

Vaya horitas de fregar.

¿Dónde está Paciencia?

Holgazanas y sordas.

Ni contesta.

¿No has oído? He oído.

Pero al no saludar no sabía a quién hablaban.

¿Y esta?

Quiere saludación como al Padre. No.

Solo buenas tardes.

Doña Paciencia ha salido al mercado.

¿La nueva fregona?

Ya ve.

A esta hora salimos a merendar.

Otro día ten el portal antes. ¿O quieres que resbalemos

y nos rompamos la crisma. Hay un pasillo

seco para que eso no ocurra, señora. Lo que nos faltaba.

Una fregona que va de darle al magín.

Pedirá aprender a escribir.

Yo no, señora.

Servidora ya sabe.

Pues menos leer y más fregotear.

Vamos, Celia, que llegamos tarde.

Fabiana, lleva a la niña al parque.

Me levanta jaqueca

con su caprichos. Sí.

Carlota,

deja de enseñar esos dientes feos.

Solo las niñas bobas

sonríen sin ton ni son.

Doña Paciencia. Sí.

Esto es de una de las señoras.

El caso es que se me viene a las mientes que sí.

No sé de "cuala".

¿Miro a ver? Recién salieron dos.

Ah, doña Cayetana y doña Celia han de ser.

Sí. Lo más habrán llegado

a los jardines del Príncipe.

El parque que está al final de la calle. Corre.

A ver si les das alcance.

Celia, mujer, date prisa. Es hora de la merienda.

Estos cada día lucen peor.

Y hieden.

Espero que Dios nos recompense por nuestra bondad.

Si no... ¡Ay, Dios!

Celia, me arrancas el brazo. ¿Qué?

Mi limosnera, no la tengo. Ni cabeza.

A lo mejor no te la ha dado Blasa. Esa criada...

No, no, no. La llevaba al salir de casa.

Lo mismo te la ha afanado alguno.

Mira cómo nos miran.

Si trabajaran, no se verían así.

Ni un guardia se ve.

Cómo se va a poner Felipe.

Para lo que para por tu casa...

Ya. El pobre siempre pico y pala.

Picos pardos más bien.

En fin. Desandemos lo andado.

No vaya a ser que se te hay caído.

Dices que estás descompuesta y te pides un agüita. Yo una melisa,

por guardar la figura. -¿Por qué bajar y no merendar?

-Estas pécoras comenzarían a murmurar que no tenemos ni para picatostes.

-No tengo gana de estar aquí fingiendo lo que no soy.

-Esta comedia la hago sobre todo por ti.

¿Quién querría casar con una pobretona?

-¿Y quiero matrimoniar?

-De verdad. Tanta zarandaja te está convirtiendo

en una machorra.

-Quite.

Tengo los papeles que me pidió. Solo fírmelos.

-Es usted un abogado de primera.

-Me halaga usted. Poca cosa era.

-Más Brandy.

-La carne es débil, amigo Ramón.

Y su Brandy ambrosía.

-Suyo es cuando guste de probarlo y darme algo de la palique.

Se agradece tratar de política y de toros. Que con nuestras santas...

No me hable.

Tengo la firme creencia que cuanto menos se hable con ellas, mejor.

-No puedo estar más de acuerdo. Piensan demasiado.

-Y sin costumbre.

De esos polvos estos lodos.

-¿Han leído algo

sobre Faused? Una inglesa.

Aboga porque las mujeres participen elaborando

las leyes. Que como han de cumplirlas

bien pueden redactarlas. -Es que hay que quererlas.

Qué ocurrencias. -Chiquilladas.

Mi Leonor también ha salido peleona.

Gusta de leer y escribir como un Cervantes.

-Adorables, eso es lo que son.

Y hablando de las tales,

mi pequeña. -Padre, señores.

¿Dónde vas tan pizpireta?

-A por la merienda. Que se me antoja un suizo.

-Trini baja a por un chocolate.

-Imposible. Tengo tarea.

-Mi esposa y Leonor estarán en La Deliciosa.

-De guinda. Marcho pues, señores.

¿Es o no es una bendición tener una hija, Maximiliano?

-Gloria bendiga. La alegría del cielo en la tierra.

-Luisi, espera. Atiza.

Digo... Buenas tardes.

Cuánto bueno aquí.

-Señora. -Trini.

-María Luisa salió.

-Qué raro. Le dije que me esperara.

-Esta juventud

está atolondrada.

-Ya. ¡Huy! Coñac.

Qué rico. Me encanta

este bebercio.

Yo bebía aguarrás y lo llamaban coñac.

Qué bueno.

Ramón, me termino de aviar y nos bajamos.

Y a merendar, que tengo gusa.

-Como quieras.

Pues listo.

Señores.

Con Dios.

-Su señora de usted sí que parece no meterse en muchos berenjenales.

-Mi esposa es un ser feliz, amigo Felipe.

Y eso me da la vida.

-Mira que demoran.

-Vámonos. Merendemos en casa.

Pan con azúcar. -Chitón.

Queridas amigas. Ya os extrañábamos.

Siempre tan puntuales.

Un incidente. A Celia le han robado la limosnera.

No. Pero, Celita, qué pavisosa.

-A lo mejor no. A lo mejor los burros

vuelan. Señoras, este barrio va a la debacle.

Los guardias están ojo avizor.

Con suerte pillan al caco y le caiga una.

¿Qué bebes, una melisa?

Ya ves. Mis alifafes. Y la nena está igual.

¿Verdad? Algo hemos debido comer

que no ha caído mal. Sopas de ajo.

Sopas de ajo.

Qué ocurrencia. Ni el servicio come eso en casa.

No era mi intención, mujer.

Pero estáis hechas un escuezo.

El chocolate os haría más que esa agüita

con limón.

Ay, no, no.

Si no nos sientan bien.

A ver. Que nos dan las burras de leche.

-Señoras, cuánto bueno.

No nos haga fiesta.

Que estamos cada tarde.

Por frecuente no dejará de complacerme.

Qué cumplida es usted. ¿No se cansa de tanto almíbar?

¿Teniendo una chocolatería? Necia sería.

¿A usted le amarga un dulce?

Aborrecería ser empalagosa. No tema.

Eso nunca le pasará.

Ahora les envío a Martita.

Viudas. Unas resentidas todas ellas.

-Juliana no me lo parece.

Tu amargura te hace inmune a la de lo demás.

Natural.

-Pronto llegarán niños.

-Dios te oiga.

Qué no daría yo por ser botín solo por sentir el roce de tus manos.

-No seas descarado, Víctor Ferrero.

-Si ahora la sinceridad es frescura, "mea culpa".

¿Adónde vas tan galana?

-A por un suizo a casa de tu madre. -Pues invitada quedas.

-Mi padre no permite que ningún varón me convide.

-Pues entonces déjame ser algo tuyo. -Muy rumboso estás.

-Hombre, yo todo por darte contentura.

-Dale alegrías a tu madre mejor.

La tienes mal con las zarabandas nocturnas.

-Falacias. Me mato estudiar de noche.

-¿Se estudia en las salas de fiesta?

Dicen que es de donde se te ve salir.

-Si yo me doy a los entretenimientos mundanos,

es por olvidarte.

Porque tus desdenes me traen mal.

Pablo. ¿Qué haces? ¿Donde vas con eso?

A buscar a sus dueñas.

A ver qué te crees.

Los guardias te buscan a ti.

No por robar. ¿No?

Por matar. No digas enormidades.

Le he dicho a Paciencia que iría tras de ellas para dárselo.

Que te da caza la policía y te pide la cédula.

Y tus mentiras quedan descubiertas.

¿Quieres eso?

No.

Eres un fugitiva. Compórtate como tal.

Nada de favores, nada de escándalos.

Habrás de ser silenciosa.

Invisible me haría para no sentir

que me hallo así. Pues si no ansías eso,

deshazte de esa limosnera sin tardar.

Dásela a la Paciencia.

Y que las busque ella.

Que las tiene confianza.

Pero tú no te metas.

Sí.

No te apures.

Ahora me llego al portal y digo que no di con ellas.

Arreando.

No. Carlota.

Nena. No.

¿Y ese llanto? Me he ensuciado.

Pero si solo es tierra. No pases fatigas por esto.

Mi madre me castigará. No es de señoritas

ensuciarse. Puede que no de señoritas.

Pero los niños se ensucian.

Y este vestido no lo uses para el parque.

Natural que se manche

jugando en arena. Madre no quiere que juegue.

¿Entonces a qué bajas al parque?

A escuchar los cuentos que me lee Fabiana.

Pero me gusta trepar. Ves todo distinto.

Y nidos con pollitos.

Y las hojas de cerca. Y ver sin ser vista.

¿Verdad?

Te voy a limpiar el vestido. Y al ir

a tu casa ni rastro.

Ea, vamos.

¿Tiene niños?

¿Por qué?

Porque tienen suerte de que seas su madre.

Si los tuviera,

me gustaría que fueran como tú.

Mi madre dice que no soy hermosa.

¿Eso dice?

Vaya con tu madre.

Cuando tu madre era pequeña ni había espejos.

No podía mirarse. ¿Cómo lo va a saber?

Lo mismo era muy fea.

Señoras, buena merienda

están tomando.

¿Te unes? Gracias.

Pero llegaba solo a por un suizo. -Y a por tu enamorado.

Os hemos viso.

-¿Víctor?

Una aspira a hombres, no a niños. Y menos a golfos.

-No es tan fiero el león. Nos conocemos.

Se le va la fuerza por la boca. Sienta, que eres de mi quinta.

Así me veo en inferioridad.

Niña, tengo pocos años más.

-No, marcho porque...

Demasiado tarde.

Ahí viene. -Menuda es.

-Ay.

Ramón, ¿sabes que no tengo hambre? -Trini, no seas tímida.

A ti no te quitan el apetito.

-No quiero entrar. Vayamos a dar un paseo.

-Trini.

Eres mi esposa.

Y como tal has de comportarte.

Entra y demuestra quién es la señora de Palacios.

-Para ellas era Lourdes. -Para mí tú, amor mío.

Vamos, tesoro.

Que no se diga.

¿Qué es eso que lleva? Por eso mis prisas.

Ni cruzarme quiero. Menuda madrastra

te cae. Con lo que era tu madre.

-Amén. (TODAS) Amén.

-Buenas tardes, vecinas. Hola, Luisi.

-María Luisa. Detesto ese diminutivo.

-Ay, hija. Es que eres tan joven

y ese nombre...

En fin. ¿Merendando?

A oír misa vamos a la iglesia.

Ah, sí.

Claro, qué tonta.

-Madre, me ha sobrevenido jaqueca. Y es poca sobreventura.

Como poco. -Guarda la figura.

Estas jovencitas...

Roguemos a Dios que case pronto.

Qué buena eres, Cayetana.

Siempre pensando bondades.

Cristiana nada más. -Que se te alivie la cabeza.

-Gracias, Trini.

Qué fatiga ha de dar no tener.

Trini, ¿te vas a quedar como un pasmarote?

Ah. Perdón.

-¿Ha merendado usted? -No.

Digo no.

Mi ramón... O sea, mi esposo

iba a sacarme a por unas garrapiñadas.

Pero se tuvo que marchar. -Es lástima.

Estos hombres con quehaceres. -Sí

-Si me disculpan...

-Me siento y me... Lástima.

Acabábamos y nos íbamos.

Ah. Vaya por Dios.

-No se mienta al Señor en vano. -Ya. Se me ha escapado.

¿Le pides la cuenta a doña Juliana?

Enseguida. ¿Y tú te tomas

un chocolate? -Tengo labor. Un suizo

para la casa. Con Dios.

-Con Dios, María Luisa.

Trini, ha quedado una mesa libre. No te la quiten.

¿Pero no se iban?

Las prisas nunca son buenas consejeras.

Menuda pelagatos. Y encima cargada de reales por Ramón.

Si Lourdes reviviera...

Se moría de nuevo.

¿Qué haces tú con la limosnera?

Me pidió doña Paciencia que se la retornara.

Pensó que se la robaron.

Pues ya ve usted que no. Anda,

déjate de cabriolas y devuélvela.

Que se cae el pelo. -No.

Un poquito más.

Padre estará al llegar.

-Adoración siente por su padre.

¿No es como su madre?

Qué va.

Pan de oro es don Germán.

-¡Padre!

Mi niña preciosa.

¿Qué tal el día?

¿Has merendado?

No me gustaban las rosquillas.

Ni a mí.

Mira, ve con Fabiana a por un pirulí.

Pero no se lo digas a madre. ¿Estamos?

La fugitiva sin nombre.

Me dejaste sin pañuelo y sin respuestas.

Te dejé el mío a cambio.

Aunque poco te parecería.

¿Y mis respuestas?

Ahí las tienes.

Tú padre y esposo

y yo fregona.

De eso se trataba.

De salirse del camino.

Germán, ¿no?

Don Germán.

No chancees. Fue un bonito momento.

Pero los cuentos no son más que eso, mentiras para chiquillos.

Padre, ya conoce a Manuela.

Manuela.

Bueno, algo vamos avanzando.

Fabiana, lleva a la niña a casa.

Que se lave antes de que la vea su madre.

Vamos, Carlota.

¡Guardias!

Es ella. ¡Tiene mi limosnera!

Esa, esa es. -Tú, muchacha, quieta ahí.

No me muevo.

¿Lo ven? Tiene su limosnera. Señora, dispense.

¿Es tuyo? No, señor.

Lo vi en la escalera.

Trabajo ahí. Vamos, niña, santo y seña.

Manuela. ¿Manuela qué más?

Manzano. Una recién llegada.

Y se iba con el botín. No, señora.

No quería robar.

Nos la llevamos. No.

Calabozo se merece.

No, señores. Señores, sin violencia.

No se lo suplico. Señores, nada malo he hecho.

Lo discutiremos allí. ¡No, no por favor, no!

¡No, por favor!

Aviva.

Hay que llevar a los animales a beber.

La mama necesita los paños para la lumbre.

-Padre.

Un muerto.

-Las ánimas benditas.

Sabe que allí estará mejor que con nosotros. Juntas nos descubrirán.

Sabes que nunca te delataré.

Madre, todo irá bien.

¿Acaso algo nos ha ido bien en la vida?

"Don justo".

"Su esposa esperaba un hijo".

"Y la madre, una tal Teresa".

Difícil será que no los encuentren.

-No íbamos a abandonar a un cristiano.

¿Quién es tu mujer?

-Mi mujer. -Eso es que la ama.

-O que la odia.

¿Alguien te vio con esa ropa? El que me atendió.

"No pudo dejar que lea ese diario". "Defensora de las nuevas".

¿Te sucede algo con ella?

-No me gusta esa moza. Se anda con muchas maniobras.

"No sé qué hace aquí".

Sacrificarme por mis hijos.

Debemos ayudarla. Quiere manejarnos.

Hazlo por mí. He hecho correr

la voz de que necesitamos planchadora.

Y ya la tengo. Estamos perdidos si la descubren.

Manuela no pagará

por el capricho de una sirvienta avariciosa.

Le quitaré el reloj.

Si muere,

su desgracia caerá sobre tu conciencia.

Ven conmigo.

Estoy casado.

Y tengo una hija. Pero nada es como crees.

Te has significado ante quien no debías.

Doña Cayetana. -Dios te pille confesada.

Eres mi esposa. Vayamos a la alcoba.

Bajemos al parque.

Prefiero en casa. Aquí no aparento lo que no soy.

Eso podría pasarle si enreda. ¿Qué hago con ella?

"Verás si usarla para salvar tu matrimonio".

"Mejor no saber".

Una buena esposa mira para otro lado.

-"Ya sentará la cabeza cuando vengan niños".

"¿A quién sale?".

Con lo mona que era yo de su tiempo. ¡Carlota!

No le pongas la mano encima.

No entiendo cómo mi padre ha podido casarse con ella.

Cómo le ha besado.

-Miro a otro lado.

-Los únicos que no le llamaban padre.

Perdón.

-Esta mujer es un caso. -Vaya patochada.

-No hables de tanto de clase y demuéstrala.

Respetando a la señora de Palacios, que soy yo.

-Es mi sueño e iré tras ella.

-La señora soy yo.

Demostraré quién sobra.

-¿No recuerdas las fiestas que dábamos?

-Dices bien.

Que dábamos.

-Yo siempre fui la primera dama de Acacias 38.

Y no me quitarán el puesto.

Son nuevos en el barrio y tienen un hijo.

-Prefiere escuchar mi voz que entender.

Pero proseguiré.

-Es que creo que le da repugnancia.

-De eso depende la supervivencia.

Usted es una dama distinguida y yo un mozo.

Mi madre tiene muchos afanes.

Eres un romántico, Germán de la Serna.

Pero te gusto. Tenemos una charla.

Muchas cosas.

"Estás como arrebolado, con ojos chispeantes".

"No me reconozco".

Pero algo hay.

Y no es como lo que siento por mi esposa.

Si no es por mi madre,

ahora estaría casado con la mujer que amaba.

"No sé qué esperas".

Perdí mi oportunidad.

-De viuda a viuda, no te conviene

ir por las calles hablando con hombres solteros.

"Hemos de condenarnos a la desdicha".

No. Hasta ahora sí lo creí. Pero ya no.

¿Qué ha cambiado?

Te conocí.

Conseguiré dinero.

Y lograré mis sueños. Y me daré puerta.

¿Y qué sueños son esos?

Me los guardo para mí.

¿Soñar en qué?

En que alguien como tú se fijase en alguien como yo.

Quisiera que todo fuese distinto. Las cosas son como son.

"Y nosotros no podemos cambiarlas".

¡Carlota!

¿Vivirá?

¿Respóndeme, por Dios!

¿No podrá tener hijos? -Sería casi

un milagro que quedase encinta.

Ese es tu mundo.

-Un mundo del que tú me has rescatado.

Nuestro mundo no aceptará

a una tullida.

En vez de su salvador

soy su verdugo.

Tú solo haz lo que te dicte tu corazón.

Madre, padre,

por caridad, una limosna.

¡Inocencia, hija!

Padre.

Padre. Sigue sin pulso.

Apenas lo oigo. -Don Justo.

-¡Ramón!

¡Ramón!

Acacias 38 - Capítulo 0

Servir y proteger

Si lo tuyo es la combinación perfecta de melodrama con tintes policiacos debes empezar a ver ya mismo Servir y proteger. Se estrenó en 2017 y el barrio de Distrito Sur no ha parado de recibir a nuevos vecinos y delincuentes que ponen en jaque a la comisaría regentada por Juanjo Artero y Luisa Martín, que se meten en los papeles del Comisario Bremón y la Inspectora Miralles.

Además, en los proximos capítulos regresará Andrea Ocaña, la que fuera la mano derecha de Miralles. Andrea del Río y Luisa Martín protagonizan esta series en las que las mujeres llevan las riendas. No te pierdas sus capítulos, cada tarde es uno más, en RTVE Digital.

No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 1 - ver ahora
Transcripción completa

(Sintonía de móvil)

¿Sí?

(Sonido de los intermitentes)

(MUJER SOLLOZANDO AL TELÉFONO)

(MUJER) "Alicia..." ¿Mamá?

¿Qué hora es?

"Te quiero".

(AGONIZA) "Te quiero, hija".

"¡Mamá!"

(GRITA) "¡Mamá!"

¡Mamá!

¡Mamá!

¡Mamá, papá!

(SOLLOZA)

¡Joder!

Papá, soy Alicia. ¿Dónde estáis?

¡Os llamo al móvil y no contestáis y en casa no hay nadie!

Papá, ¿qué ha pasado?

Joder, apestas a alcohol.

Lo sé... ¿Qué haces aquí? ¿Pasa algo?

¿Dónde está mamá?

No sé. ¿Por qué no estás en la academia?

¿Cuándo hablaste con ella? Esta tarde. ¿Por qué?

Me ha llamado hace unas horas, una llamada muy rara.

¿Qué te dijo? ¡No se le oía bien, joder!

La llamé, pero ya no daba señal. ¿Cómo es posible que no sepas nada?

(GRITA) ¡Bueno, bueno...! Tranquila, no me levantes la voz.

¿Cómo me voy a tranquilizar? Nadie sabe nada de ella.

¡Y no coge el teléfono!

Y tú aquí, borracho.

¿Dónde has estado toda la noche? Por ahí.

(Teléfono)

¿Sí?

Sí, sí, es aquí.

Soy su hija, Alicia Ocaña, ¿quién es?

(SOLLOZA)

¿Policía?

Sí...

(TEMBLANDO) Lo he entendido.

(SOLLOZA) Hija, ¿qué pasa?

Mamá...

Ha...ha... ¿Qué?

(BALBUCEA)

¿Qué? Ha tenido un accidente.

(SOLLOZA)

Ha muerto...

(LLORA)

(Música emocionante)

Vaya por Dios.

¿Sabes que han cerrado la fábrica de plásticos?

Doscientas personas a la calle.

Doscientas familias del barrio afectadas.

En muchas casas era el único sueldo que entraba.

La oyes, ¿no? Sigue en el baño.

¿A qué hora se ha levantado esta niña?

A menos cuarto. Pues así no llega, Antonio.

Levantándose a esas horas, es imposible.

Pobres... Más familias rotas, más depresión.

Me veo todo el día recetando ansiolíticos.

Mañana la saco de la cama a rastras.

Tiene despertador.

No va a estar pendiente de que la despierte su madre.

Es que se comporta como una cría, Antonio,

para lo que quiere.

Para llegar tarde por las noches, para eso, sí es adulta.

Si quieres que se responsabilice,

no puedes estar encima permanentemente, hay que dejarla.

Bueno, no...

Mira, ya está aquí. ¿Qué? ¿Qué desayunas?

Nada, pillaré algo en la máquina del instituto.

¿Te vas a ir en ayunas otra vez?

Ni que fuera grave. A ti no te parece nada grave.

¿Tampoco te parece grave que no hayas aprobado ni un examen?

No empieces, solo he suspendido tres.

Tres de tres.

Sabes que soy una persona que siempre va de menos a más.

Terminaré aprobando alguna. Olga, no estoy para bromas.

Qué pesadita te pones. ¿Por qué no te relajas un poco?

Si yo me pongo pesada, tú te pones muy impertinente.

Vaya por Dios, otro desayuno en paz y armonía.

-Ha empezado ella, ¿eh?

-¿Cómo llevas el examen de mañana?

-Pues bien. Pero al de mates, le da igual.

Si te coge manía, no apruebas. -Ya.

Eso es lo que te ha pasado, ¿no?

Mira...

Para que no os enfadéis porque me voy sin desayunar.

-Mi tostada.

(RÍE)

¿Te has dado cuenta? Solo te besa a ti.

Iba con prisa. Ya.

Pero para darte un beso sí tiene tiempo.

En qué cosas te fijas, Claudia, de verdad...

Es la edad, somos invisibles.

Hoy me ha tocado en suerte. Ya. No...

Lo que pasa es que yo soy la mala, yo soy la que le controla

y es su forma de castigarme.

¿Crees que no lo hace aposta? Es muy manipuladora, Antonio.

¿Y yo me dejo manipular?

Tú sabrás.

Yo estoy harta de tirar del carro y llevarme los palos.

¿Dónde vas?

A vestirme, que tengo prisa.

¿Mi beso?

Más bobo... Dame un beso. Venga, un beso.

¿Vamos a La Parra a tomar un café?

Tú siempre te sales con la tuya, guapo.

No tires la tostada, me la acabo luego.

Vamos.

(Tráfico)

Aún no me explico cómo se te ha ocurrido algo así.

-Y yo qué sé. El cliente me pide un bombón,

pues le he puesto un bombón en un platito. Extrafino, además.

-¿Y no has pensado que era un tipo de café?,

en plena hora de los "cortaos", los carajillos...

¿No te ha dado en la nariz que un bombón podía ir por ahí?

Y no... -Pues no.

Pero, no te preocupes, ahora ya lo sé.

Un bombón es un café con leche condensada.

-Muy bien. ¿Y un belmonte?

-Ah... Es un bombón con un chorrito de coñac.

-Muy bien. Pues a ver si no se te olvida.

Hola, buenos días. Buenos días, pareja.

¿Lo de siempre? ¿Un solo y un té?

Sí. Y ponme un hielo, ¿vale? Te lo pongo.

Otra cosa que tienes que ir controlando,

saber qué toma cada cliente. -Pero hay tantos...

-Claro, chocho, si hubiera pocos, no estarías tú "contratá".

Ve a la cocina a ver cómo van las tostadas.

-Antes siempre desayunábamos en los bares.

Hijo, ni que fuéramos un par de vejestorios.

Tu "solo" y tu té.

Te pongo el "hielito". Gracias, cariño.

¡Ay!

¿Qué tal, Alicia?

Hola, inspectora.

Te presento: Antonio, mi marido,

Alicia Ocaña, la nueva inspectora.

Claudia habla muy bien de ti. Debiste impresionar a la academia,

está deseando trabajar contigo.

Es un honor poder estar en la misma comisaría.

Con las calificaciones que tuvo,

podía haber elegido cualquier destino.

Yo te agradezco que hayas elegido empezar conmigo.

Hay que tener mucha personalidad

para empezar en Kabul. ¡Antonio!

¿Kabul? Sí, bueno... Kabul.

Se llamaba así antes al barrio.

Digamos que era una zona un poco conflictiva.

En los barrios movidos es donde se aprende a ser policía.

No te quepa duda.

Bueno, os dejo, que tengo unos pacientes movidos también.

Bueno.

Adiós, cariño. Hasta luego, cariño.

(CAMARERA) ¡Bote! -Suerte en tu primer día.

Gracias. Chao.

Qué majo, ¿no?

Sí, por eso me casé con él.

Pero tiene lo suyo, no te creas.

¿Y tú, qué? ¿Cómo te suena eso de "inspectora Ocaña"?

Bien, la verdad es que aún no me lo puedo creer.

A veces pienso que aún estoy en la academia.

Pues no, eres inspectora de pleno derecho.

Y en los 10 años que llevo colaborando

con la academia de policía,

no había visto a nadie emplearse tan a fondo.

Estoy muy orgullosa de ti.

Gracias, inspectora Miralles. Significa mucho para mí oír eso

y estoy deseando aprender a su lado.

Pues vas a empezar ahora mismo. Primero: no me llames de usted.

Venga, vamos.

Hasta luego. Hasta luego, chicas.

-¡Dame el puto bolso! -¡Por favor, Fran!

-¡Que me lo des! -¡No te lo voy a dar!

Compórtate, no montemos un espectáculo aquí en la plaza.

-Mamá, ¿me puedes dar el dinero? Sabes que lo necesito.

-No, hijo, no te lo voy a dar. Porque sé para qué lo quieres.

Tienes que hacerme caso y acompañarme a visitar esa clínica.

-¡Que me des el puto bolso! -¡Fran, por favor!

¿Algún problema, doña Remedios?

No... Estaba aquí, charlando con mi hijo.

Tú eres Fran, ¿no? Sí, es el menor de todos.

Y el más rebelde, por lo que veo.

Es que tiene mucho carácter. -No me toques.

Y muchas ganas de quedarse con lo ajeno.

Hay pocas cosas peores que robar a tu propia madre.

(GIME DE DISGUSTO)

Inspectora, él en realidad no quería robarme.

No le justifique.

¡Es que lo está pasando muy mal el pobre!

Y todo por culpa del Chamorro ese que sigue por ahí suelto.

Sí, lo que hace con los chicos del barrio es terrible.

Por culpa de él mi Fran se echó a perder.

Lo sé, lo sé.

Mis otros hijos han salido adelante y tienen su vida,

pero mi Fran... (LLORA)

...el pequeño...

Venga, anímese, ¿eh? No se preocupe.

El culpable pagará por lo que hizo, pero usted debe mirar al futuro,

por la recuperación de Fran. ¿No iba a entrar en una clínica?

Sí, está en lista de espera. Parece ser que están desbordados.

¿Y qué centro es?

El Paular. Ah, es muy bueno.

No se preocupe, que seguro que se arregla todo

y podrá entrar en la clínica.

Muchas gracias.

Por favor, no se olviden de atrapar a ese miserable de Chamorro, ¿eh?

No se preocupe, lo haremos.

Dios la oiga.

Es usted un ángel.

Solo soy una policía. Venga, tranquila, ¿eh?

Gracias.

(SE LAMENTA)

Se la veía muy afectada.

Es normal, su hijo es yonqui por culpa de Chamorro.

¿La conoces bien? No más que a cualquier vecino,

lo que pasa es que en este barrio

cualquier caso se convierte en algo personal.

Hay que darles confianza.

Ojalá algún día pueda resolver conflictos con tu aplomo.

Lo harás, no lo dudes.

Vamos.

Buenos días, inspectora. Buenos días, Espe.

La testigo del robo al supermercado está esperándola.

Tiene en su despacho las diligencias del atraco a la farmacia

y el informe del carterista de Benavides.

Y han llamado los padres del chico que se peleó en el instituto.

Es increíble que niños de 14 se peguen como animales.

Ya echaba yo de menos una mañana tranquilita.

Inspectora, le dejé en su despacho las diligencias

del asunto de los móviles robados. Gracias, Jorge.

Espera un momento.

Quiero que te concentres en otra cosa.

Acabo de ver a la madre de un chico que es yonqui

por culpa de Chamorro y está destrozada.

Y más que la rehabilitación de su hijo,

quiere que atrapemos a ese malnacido.

Hemos estado a punto. No basta con estar a punto.

Hacemos lo que podemos. Hay que hacer más, Jorge.

Cuando te llamé a esta comisaría,

intuí que lo tenías todo para ser un gran policía.

Gracias. Demuéstrame que no me equivoqué.

Sal ahí fuera y empléate a fondo.

Peina la zona del polígono, podría ir por allí.

Lo haré.

Es uno de los agentes más jóvenes, tiene voluntad,

pero está un poquito verde.

No me gustaría que tuvieras esa sensación sobre mí.

No la tendré. Pero ¿qué tal si comenzamos a averiguarlo?

Un poco de atención, por favor.

Se llama Alicia Ocaña, hoy se incorpora como inspectora.

Es un honor tenerla aquí, ha sido la primera de su promoción.

Otra empollona que no va a durar. Decías, ¿Batista?

Que llevamos un rato perdido y tenemos mucho que hacer.

Vaya por Dios, pues vas a perder un poquito más conmigo.

Espérame en mi despacho.

Te has "pasao" de flamenco, ¿eh?

Bueno, a ver cómo le dais la bienvenida a la nueva compañera.

¡A trabajar!

Bienvenida.

-Esto parece más una pasarela que una comisaría.

Adiós, Elías. ¿Cómo estás?

Un poco cortada por lo de "la primera de su promoción".

Van a pensar que soy una estirada. No me refería a eso,

¿te ves preparada para el servicio?

Sí, claro. Estoy deseando empezar.

Ojalá esté a la altura de la confianza que has puesto en mí.

Alicia, escucha una cosa.

Has tenido una pérdida muy grande recientemente.

Si quieres, te dejo en oficinas por el momento.

Te lo agradezco.

Hace... pocos días que ocurrió lo de mi madre.

Pero estoy bien.

Y quiero empezar ya a sentirme policía.

¿Te ves preparada para salir a la calle?

Completamente. Y si no me viera preparada, te lo diría.

Bien. Porque ahí fuera hay que estar al cien por cien.

Y no dudes en pedirme ayuda si lo necesitas.

Por supuesto. Lo que sea, ¿eh?

Venga.

Perdón.

Estate quieto, no toques nada.

Te presento: el oficial Roberto Batista.

Rober, para los amigos. Uno de nuestros mejores agentes.

En la calle; en los interiores se maneja peor.

Malos modales, demasiado individualismo...

Mejor solo que mal "acompañao". Lo dice el refranero.

También dice que en boca cerrada no entran moscas.

Rober cambia con mucha frecuencia de compañero de patrulla.

Me pone a cada tuercebotas... Pues se acabó.

Mañana patrullarás con Alicia,

inspectora de máxima calificación. No tendrás queja.

Os complementáis bien.

Alicia aprenderá a trabajar en la calle,

y tú aprenderás a trabajar en equipo.

Inspectora, ¿cómo se lo explico? ¿Qué tal si no me lo explicas?

¿Y si acatas mis órdenes sin rechistar

y yo me olvido de las quejas que tengo sobre ti, que no son pocas?

¿Qué opinas, Alicia?

Tengo tantas ganas de salir a la calle y empezar a trabajar

que no me importa hacerlo con quién sea.

¿Es todo? ¿Me puedo retirar?

Sí. Pero no rompas nada al salir.

Tiene malos modales, pero es de lo mejorcito que hay por aquí.

Miralles, reunión de jefes en diez minutos.

Te presento a Alicia Ocaña, la nueva inspectora.

Encantado. El comisario Bremón.

Alicia, puedes retirarte.

Hoy quiero que te familiarices con la comisaría, el barrio...

Muy bien.

¿Es la hija de Marcelino Ocaña, el abogado?

Sí, señor. ¿La ves preparada?

La veo muy entera, no sé... Tiene muchas ganas.

Pues con la de dinero que tiene su padre,

vaya ganas de meterse en esto.

Por extraño que parezca, hay gente que es policía por vocación.

Te veo en diez minutos.

¿Qué pasa, Salva? ¿Qué haces tan "concentrao"?

Es un fichero de prostitutas. ¿Entonces para qué preguntas?

¿Tienes alguna amiga ahí? ¿Y tú, tienes alguna amiga ahí?

Tranquilo, es una broma. Estoy harto de tus bromas.

Si tienes que decir algo, háblalo a la cara.

Salva, tengamos la mañana en paz.

Si Miralles te ha echado la charla no es culpa mía.

No es eso. ¿Y por qué has ido a su despacho?

-¿Qué pasa aquí?

-Este, que le echan la charla y la paga con sus compañeros.

¿Tú, compañero mío? Anda, no me hagas reír.

Sí, Batista, todos somos compañeros.

Deberíais guardar las formas, no sois niños de teta.

-Aplícate al cuento.

Que te aproveche la foto de tus amigas.

¡Que te aproveche a ti, compañero!

-A ver.

¿Qué te pasa con él?

-Que es una mosca cojonera,

está todo el día que qué hago, que qué digo. No se fía de mí.

-Salva, ¿no has aprendido nada de estar a mi lado?

-Sí. Lo he aprendido todo y lo sabes.

-Una de las cosas que te enseñé es a mantener la calma.

¡Pues aplícate el cuento!

Perdona, coño.

Martínez. Claro, comisario. Enseguida voy para allá.

Hablando de moscas cojoneras. El comisario quiere que vaya.

-Será para hablarte de la jubilación.

Lo mismo te montan una fiesta.

-No sabes las ganas que tengo de largarme de aquí.

Aunque te confieso que te echaré de menos.

-Y yo a ti.

-Salva, acompáñame al polígono del Charco.

Hay nueva información sobre Chamorro.

-¡Vamos, ya estáis saliendo a por ese "desgraciao"!

En mis tiempos ya estaría "montao" en el coche.

-Alicia se llama la nueva, ¿no?

-Sí, Alicia Ocaña.

-Yo tuve una novia en el cole que se llamaba Alicia.

Era una leona. Y muy inteligente, por cierto.

-Esta tiene que ser lista para ser inspectora.

-Sí, mucha academia, pero luego a la hora de la verdad, se cagan.

Me apuesto 100 pavos que no aguanta ni un mes en Kabul.

-¿Por qué no te callas?

-¿Por qué? ¿Te aburro?

Cuando patrullaba con Martínez hablábamos, así nos distraíamos.

-Preferiría silencio para concentrarme.

-¿Qué vas a hacer, taichí?

-Chamorro no aparecerá hoy, el soplo que te han dado es una mierda.

-Una vez a la semana se reúne con sus matones para pagarles en mano.

-¿Y va a ser hoy? -Eso espero.

-Yo espero que espabiles,

si no, poco futuro te veo en la Policía.

-¿Por qué dices eso?

-Llevas más de un año en Kabul

y te veo igual de pardillo que el primer día.

No te ofendas, pero creo que esto no es lo tuyo.

-Es Chamorro. -Vamos.

-Espera, falta el otro matón.

-¿Qué eres, un gallina, coño?

¡Tú por el otro lado! -Vale.

(SALVA) ¡Alto! ¡Policía!

(Moto acelerando)

-¿Qué coño has hecho?

¿Por qué le has dejado escapar, coño?

¿Estás bien?

(RESOPLA)

¿Estás seguro de eso?

No puedo creerme que Torralba consiga el puesto.

Sé que el nombramiento no se ha producido,

pero por lo que me dices...

¿Qué pasa conmigo?

A ver si te crees que mi sueño es retirarme en esta comisaría.

Por eso te lo digo.

En fin...

Gracias por la información.

Hasta luego.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

Con permiso, comisario.

Pasa, Martínez.

¿Quién le ha dicho que se siente? (RÍE)

La ciática, comisario. Me lo estaba pidiendo a gritos.

¿No oye cómo me crujen los huesos?

No sabe las ganas que tengo de jubilarme.

Me gustaría hablar de su amigo Salva.

Un excelente compañero, un gran muchacho.

Con un carácter fuerte, eso sí.

Pero llegará lejos en el cuerpo.

¿Qué pasa con él?

Se ha convertido en el rey de la noche.

El otro día se corrió una buena juerga en un local de...

dudosa reputación.

Bueno, bueno.

La gente habla mucho.

Hay muchas envidias. Ese comentario huele a eso.

De todas maneras, hable directamente con él.

Me gusta ir paso a paso.

He preferido abordarle primero a usted,

su veterano compañero.

Su mentor.

El espejo al que se mira.

Yo simplemente trato de instruirle. Por edad podría ser mi hijo.

Tenemos una relación muy estrecha.

De todas maneras, no es tan grave si el chico...

Es un conducta indigna de un policía.

Salva está soltero, sin hijos, sin nadie que le espere en casa.

Otra cosa muy diferente sería si estuviese casado

y le pusiera los cuernos a su mujer con alguna compañera.

Comisario, Salva no hace daño a nadie.

Hace daño a la imagen del Cuerpo Nacional de Policía.

No estamos solo para servir y proteger.

Debemos dar ejemplo al ciudadano. ¿Entendido?

Descuide, comisario.

No volverá a pasar. Hablaré con él.

Eso es lo que debe hacer: hablar con él.

Y guiarle por el buen camino. ¿Entendido?

Sí.

-Disculpe, comisario.

Pasa, Lola.

Debe firmar el pedido de las taquillas.

¿Eso no lo había firmado ya?

Han cambiado el presupuesto y debe volver a firmar.

¡Cuánta burocracia!

Es increíble que un comisario pierda el tiempo en esto.

¿Dónde he dejado la pluma?

Aquí.

Perdón. Gracias.

Ahí tiene, Lola.

Muy amable. Gracias.

No hay de qué.

(Se cierra la puerta)

-Esta es tu parte, estos 20 pavos y estos cinco.

-Y otros diez. -No, no.

Quieto parado. ¿Qué tienes en la mano?

Tranquilo, Fiti, es mi hermano. -¿Qué? ¿Este madero?

(CHISTA) Que me enseñes eso.

Mira. -No es "ná", Rober.

Hemos hecho un trabajillo y nos partimos la propina.

¿Qué trabajillo es ese, Jairo? Nada malo.

¿Si no es nada malo por qué él tiene tanto miedo?

Porque vienes avasallando. Siempre se pone nervioso. A que sí.

-"Pos" claro.

-Hemos ayudado a una mujer con las bombonas.

¿Sí? Estaba la pobre en la puerta.

El butanero las ha dejado allí y se las hemos subido. ¿Qué pasa?

Date una vuelta, quiero hablar con él.

¿Te crees que soy tonto?

No. Eres premio Nobel, por eso vas así vestido.

No quiero que pegues ningún palo en el barrio.

No he "pegao" ninguno. Ni en este ni en otro.

Qué "pesao". Suéltame.

Te juro que no he "robao" nada. No me trates de delincuente.

Hemos "mamao" de la misma teta, "brother".

Con el uniforme, te has obsesionado.

(CHASCA LA LENGUA)

-La vacunación no es infalible, más vale prevenir que curar.

-¿Debo preguntar en el mostrador de la entrada?

-Sí, Chelo le dirá el día exacto. -Ay.

Con lo poco que me gustan las agujas.

-Un pinchacito de nada. (ELLA RÍE)

-Usted es valiente. Sacó la casa adelante sola.

¿Le preocupa una inyección?

-En eso tiene razón.

Lo que he sufrido para sacar adelante a mis cuatro hijos.

Lástima que el pequeño...

-No la quiero ver triste.

-De no ser por ese malnacido, mi niño estaría bien.

A lo mejor habría sido enfermero y trabajaba aquí...

Me hubiera gustado.

-Siempre hay tiempo, nunca es tarde. ¿Cuántos años tiene?

-23. -¿Lo ve?

Una vida por delante.

-Gracias, doctor. Pero usted y yo sabemos que eso es imposible.

-Mire. Mi padre era pobre, no tenía estudios.

Vivíamos en un pueblo alejado de la mano de Dios.

Se esforzó mucho para que yo estudiara Medicina.

Echó más horas que un reloj en el campo.

Y siempre dijo una cosa: "En esta vida nada es imposible".

-Muchas gracias, doctor. Gracias por todo, de verdad.

Su mujer y usted son muy buenos. El barrio tiene suerte de tenerles.

-Muy bien, Remedios. Hasta otra. Espero que sea tarde.

No porque no quiera verla, sino porque significará

que está más sana que una manzana. (RÍE)

-Gracias. -Adiós.

-Adiós, doctor.

-¡Un momento! -Papá, soy yo.

-¿Qué haces aquí? Deberías estar en el instituto.

-Ha faltado el profesor y no tengo clase.

-¿Seguro? -Que sí.

No te pongas pesado en plan mamá. He venido a pedirte algo.

-Ya... Pues debe ser muy importante,

si has venido aquí, pudiendo llamarme.

-Quiero quedarme a dormir en casa de Clara.

-¿Y eso? -Tenemos un trabajo

y allí podemos estudiar superbién y seguro que nos sale genial.

-Ya. -¿Quieres que saque buenas notas?

-Hombre, me conformaría con que aprobaras.

-Jooo... Venga, "porfa", papi. Déjame quedarme en casa de Clara.

-Esto se llama chantaje.

-No, se llama "hija que adora a papá".

-Ya, ya, ya.

-Vale, ya hablaré con tu madre. -Vale. Y yo me voy.

-¿Ya? -Sí.

Con la de pacientes que tienes ahí.

Por nada del mundo querría distraerte en tu trabajo.

-Ya...

(Puerta)

-¿De dónde vienes?

-Tenía que hacer cosas.

-Tómate una copa conmigo.

-Por lo que veo, tú llevas unas cuantas.

-Vamos a hablar. -¿Hablar? ¿De qué?

Delante de Alicia no me importa hacer de matrimonio feliz,

pero aquí no tenemos por qué hacer el paripé.

-¿No me dirás de dónde vienes?

-No te tengo que dar explicaciones.

-No necesito explicaciones.

Sé perfectamente lo que pasa.

Tienes un amante, ¿no?

-No sé de qué... (GRITA) -¡Dime la verdad!

Tienes un amante, ¿es eso?

-Me haces daño. ¡Suéltame! Estás haciendo el ridículo.

-Perdóname.

Ya está.

Lamentablemente, tú ya no sientes lo mismo.

-No bebas más.

Anda, ¡no bebas más!

-Es lo único que me alivia.

Si al menos me dijeses la verdad...

Carmen, lo peor de esta situación es la maldita incertidumbre.

Las dudas, las sospechas...

-¿Quieres hablar de esto ahora? -Sí.

-¿En tu estado? -Sí.

Dime la verdad, te lo suplico.

Después de tantos años casados

lo mínimo que merezco es un poco de sinceridad.

¿No?

Dímelo.

¿Hay otro hombre?

-Sí.

Creo que lo mejor para los dos

sería que nos divorciáramos.

-Vete.

-¿Cómo?

-Sal de esta casa.

-No te entiendo.

-Esta es mi casa, Carmen.

Márchate y no vuelvas nunca.

No quiero volver a verte en mi vida.

(GRITA) ¡Desaparece!

(Puerta)

¿Cómo estás, papá?

Pinchas. A ver si te afeitas.

(SUSPIRA)

¿Has cenado ya? ¿Te preparo algo? ¿Qué hora es?

Las 21 h.

¿No has salido de casa? La verdad es que no.

Tampoco tengo adonde ir.

Te podrías vestir.

Con lo guapo que estás con traje y corbata.

Para estar solo todo el día... Será porque quieres.

Como si no tuvieras amigos. No paran de llamarte.

No me apetece hablar con nadie.

Deberías salir y quedar a comer con alguien. Airearte.

A lo mejor mañana salgo un rato. Aunque sea a comprar el periódico.

Eso estaría muy bien.

También podrías acercarte por el bufete.

¿Para qué voy a ir?

Si no doy pie con bola, hija.

No iré a trabajar para tener la cabeza en otro lugar.

Además, no quiero que me vean así. Ya, papá.

Yo tampoco quiero verte así.

Debes hacer un esfuerzo. Es muy fácil decir eso.

¿Cómo que fácil?

No es fácil para ninguno de los dos.

¿Crees que yo no me acuerdo de mamá?

¿Que solo tú sufres por su muerte?

No quería decir eso, cariño.

Papá, todas las noches tengo pesadillas. ¡Todas!

Y al despertar aún pienso en ella. Se fue así, sin avisar.

Sin que pudiera decirle que la quería.

Ya lo sé, hija.

Pero ella no querría vernos así.

Y por eso tenemos que hacer un esfuerzo.

No puedes seguir aquí encerrado reconcomiéndote.

La vida sigue.

La vida sigue de una manera para ti y de otra para mí.

Sé que sufres, cada uno gestiona el dolor como puede.

No entiendes que... Lo entiendo.

Has luchado y has salido adelante.

No, papá. No he salido adelante. Pienso en ella cada día.

La herida sigue abierta.

Se irá cicatrizando porque estás trabajando.

Y eso en el fondo te hace sentirte bien.

Y me alegra verte así.

Pero yo no estoy listo. No insistas más, por favor.

Por favor.

Buenas noches.

¿Te acuestas ya? ¿Sin cenar? No.

No, no tengo hambre.

Pues muy bien, mi primer día.

Gracias por preguntar.

Hola, buenas noches. Hola.

¿Alicia?

¿Sergio? (RÍE)

¿Sergio Mayoral? ¿Cómo estás?

Perdón. Qué pregunta más tonta. Siento mucho lo de tu madre.

Pero ¿qué haces aquí? Busco a tu padre. Trabajo para él.

¿En el bufete? (ASIENTE)

Qué casualidad.

Acaba de ir a acostarse. ¿Le aviso de que estás aquí?

No, no le molestes.

Si le puedes dar esto...

Es de parte de González.

Son para firmar, nada más.

¿Seguro? ¿No le digo que has venido?

No, si, la verdad, ni siquiera nos conocemos.

La entrevista me la hizo González.

Me dijo que tu padre no va por allí desde...

Desde el accidente.

Lo ha puesto todo en manos de González.

De momento, apenas sale de casa.

Bueno, supongo que debería irme.

Te invitaría a tomar algo, pero con mi padre así...

Claro, no te preocupes.

Me alegro mucho de verte.

Ya. Cuánto tiempo.

Sí. Desde la facultad. (RÍE)

Sabía que acabarías de abogado. Trabajando en un gran bufete. (RÍE)

Y yo, que acabarías dejando Derecho.

(RÍE)

Me ha dicho González que eres policía.

Sí. Hoy he empezado como inspectora.

Bueno, señorita inspectora.(RÍE)

Enhorabuena. Me alegro mucho por ti.

Gracias.

No te robo más tiempo.

Le daré esto. Vale.

Bueno.

-¿Terminaste el turno, Jorge? -Sí.

Salimos ahí enfrente, por si te apetece venir.

-No, no. Gracias, Espe.

-¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

-He tenido días mejores.

-¿Quieres hablar?

-Hoy he hecho una cagada de las gordas.

-Vente al bar de María y lo hablamos con calma.

Te vendrá bien desahogarte. -No, déjalo. Me voy a casa.

A mi madre le gusta ver la tele conmigo.

-Vale.

Espe, ¿nos dejas un momento?

No sé qué me ha pasado.

¿Sabes cuánto llevamos detrás de Chamorro?

Claro que lo sé. Año y medio, Jorge.

Año y medio.

¿Cómo se lo explico al comisario? Dígale la verdad, que fue culpa mía.

El fallo de un novato es culpa del superior

por darle un trabajo que le supera.

Me bloqueé. Venía a toda velocidad con la moto y no pude ...

En una situación así hay que actuar con decisión.

Agradece que no figure en las diligencias,

porque Bremón te mandaba a Kabul.

No volverá a ocurrir. Por supuesto que no.

Te saco de la calle y te dejo en oficinas.

No, inspectora.

Yo no soy un cobarde. No he dicho eso.

Dice que no tengo decisión, en mi pueblo eso es ser cobarde.

Tómatelo como quieras,

pero no permitiré que un fallo así se repita.

Buenas noches.

Buenas noches.

(RESOPLA)

Miralles, ¿tienes algo que decirme?

No. ¿Y lo del polígono con Chamorro?

Ah...

(SUSPIRA) Se escapó. Lo leerás en el informe.

Vale ya.

Admiro que defiendas a tus hombres, pero todo tiene un límite.

Bajo presión hay que actuar con contundencia,

sin sentimentalismos.

No sé qué quieres decir.

No nos podemos permitir más errores.

Lo sé. Soy la primera interesada en atrapar a Chamorro,

y resolver todos los casos pendientes en comisaría.

¿Y sabes por qué?

Porque lo único que me mueve es servir y proteger a mis vecinos.

Por ellos voy a encarcelar a Chamorro.

Celebro que tengamos intereses comunes.

Buenas noches.

Buenas noches.

(RESOPLA)

¿Dónde ibas tan deprisa?

-Me largo, que bastante he tenido en el polígono.

-Eso te pasa por ponerme los cuernos.

-No me digas eso,

porque Miralles me ha mandado con el novato.

-¿Se acojonó? -Estaba temblando, como un flan.

-No tiene madera de policía.

-Ya ves. Yo me largo. He quedado con una amiguita

que me tendrá toda la noche danzando.

Guapísima, 22 añitos, rumana, recién llegada a España,

que es cuando mejor están, porque están como perdidas.

¿Me entiendes? -Sí.

-Y ahí entro yo como guía. (MARTÍNEZ RÍE)

-Me piro. -Qué "jodío".

Buenas noches. Hola, Alicia.

¿No te habías ido a casa?

Sí, pero... Fíjate.

La primera de la promoción y ya está haciendo horas extra.

No te lo he dicho antes,

pero si necesitas cualquier cosa, silba.

Se arreglármelas sola, agente. Gracias.

No hay de qué. -Hasta luego, Salva.

¿Puedo hablar con usted? Claro, pero tutéame.

Aunque creo que sé lo que me preguntarás.

Me preguntarás por tu nuevo compañero, por Rober.

Yo, encantado, pero te diré que no hablo mal de ningún policía.

Aunque Rober tiene lo suyo. Menudo carácter.

(RÍE)

Quizá me quieres preguntar por algún confidente del barrio.

Adelante, dispara. Te puedo decir cuáles son los mejores.

No tiene que ver ni con Batista ni con confidentes.

Tiene que ver con mi madre.

No sé si lo sabes, pero hace un par de semanas

murió en un accidente.

Vaya por Dios. Lo siento mucho.

¿No lo sabías?

No, ¿por qué tenía que saberlo?

Porque en el atestado apareces como testigo.

¿El coche que se salió de la carretera hace dos semanas?

Se llamaba Carmen Nieto. Chocó contra un árbol de noche.

Sí, sí, claro que me acuerdo. No sabía que era tu madre.

La encontré de casualidad mientras patrullaba.

Desgraciadamente no pude hacer nada. Cuando llegué ya estaba muerta.

¿Puedes contarme lo que viste? Está en el atestado.

Tu madre estaba al volante, sola, cuando llegué ya había fallecido.

¿Algún detalle que te llamase la atención?

¿En qué sentido?

Si quieres mi opinión,

creo que se quedó dormida y se salió de la carretera.

Ya.

Gracias, Martínez.

No hay de qué.

Te acompaño en el sentimiento.

Muy amable.

Ah, se me olvidaba una cosa.

¿Sí?

Darte oficialmente la bienvenida a Kabul.

Ha habido un atropello en Constitución con Peñalara.

El conductor se ha dado a la fuga.

¿Y esa otra mancha de sangre?

Si hubo otro atropellado, podría ser nuestro testigo clave.

El régimen disciplinario nunca trae buenas noticias.

Estaré unos días por aquí para auditar.

Me preocupa que Asuntos Internos venga a mi comisaría.

Verte así con la pistola... impresiona.

Te queda muy bien. Estás muy... interesante.

-Soy Salva, necesito lo mío y lo necesito ya.

¿Algún caso nuevo? Tan nuevo como que tiene 10 años.

Un violador en serie. ¿En el barrio?

Sí. Actuó seis veces y desapareció.

Si hay que salir detrás de los malos,

no pondré mi vida en manos de una niñata.

Lo que puedas aprender de Elías no se enseña en una academia.

Miralles...

Agota todas las vías antes de quejarte a un superior.

Hola, Sergio. No me digas que tienes un cliente cerca.

La verdad, venía a verte. Perdón, os interrumpo. Soy Sergio.

Roberto Batista. Estamos hablando de trabajo.

No me vas a creer, no te interesa mi versión

¡y no te interesa mi vida! -No hables así, hija.

-Adiós.

Esto no puede seguir así, Antonio.

¿Sí?

Hola. No, hoy tampoco voy a cenar.

Porque tengo mucho trabajo.

Exacto, así es la vida de un comisario.

¿Por qué no te arreglas y vas al bufete?

A mamá no le gustaría verte así.

¿Y qué sabes tú lo que le gustaba?

Servir y proteger - Capítulo 1 - ver ahora

Cuéntame cómo pasó

Cuéntame como pasó es la serie más longeva de la televisión nacional con 20 temporadas y que cada jueves desde 2001 reúne a toda la familia frente a la pequeña pantalla. A lo largo de los 370 episodios, los espectadores han seguido la vida de la familia Alcántara enmarcadas en la realidad sociopolítica de la dictadura Franquista y de la Transición Española. Imanol Arias y Ana Duato, o lo que es lo mismo Antonio y Mercedes, encabezan un reparto extraordinario con María Galiano, Irene Visedo, Pablo Rivero, Carmen Climent, Ana Arias y la voz de Carlos Hipólito que nos narra las historias de los protagonistas. Pero si hay un actor querido por la audiencia es Ricardo Gómez (Carlitos), al que hemos visto crecer en la ficción de Ganga y que se despidió en la 19ª temporada. Disfruta de nuevo con todas las temporadas de Cuétame cómo pasó en RTVE.es.

No recomendado para menores de 7 años Cuéntame cómo pasó - T1 - Capítulo 1  - ver ahora
Transcripción completa

Cuéntame...

..tú que has vivido...

..el despertar de un tiempo que nos cambio.

Volverás...

..a ser un niño,...

..al recordar las largas tardes de sol.

Háblame de lo que has encontrado en tu largo caminar...

..cuéntame cómo te ha ido si has conocido la felicidad.

Cuéntame, cómo te ha ido si has conocido la felicidad.

Sentirás...

..el dulce abrazo...

..de aquellos padres que dieron todo por ti.

El sabor...

..del primer beso,...

..todos los sueños que tú querías cumplir.

Háblame de lo que has encontrado en tu largo caminar...

..cuéntame cómo te ha ido si has conocido la felicidad.

Cuéntame cómo te ha ido si has conocido la felicidad.

Hoy podré,...

Hoy podré,... ..junto a ti,...

..evocar,...

..evocar,... ..nuestro ayer...

..cuéntame,...

..cuéntame,... ..como fue,

..háblame, de aquellos días,...

Háblame, de aquellos días,...

Háblame, de aquellos días,...

Háblame...

Cuéntame cómo te ha ido si has conocido la felicidad.

Cuéntame cómo te ha ido si has conocido la felicidad.

Cuéntame cómo te ha ido...

(En 1968 yo tenía 8 años, ahora dicen que en 1968...

..fue un año revolucionario y lo fue por lo menos para mí).

(En esa época yo no estaba para revoluciones...

..me preocupaban otras cosas, por ejemplo, que el pobre fugitivo

..estuviera siempre huyendo cuando no había matado a nadie).

(También me preocupaba que el televisor que mi padre compró...

..no llegara a tiempo para el Festival de Eurovisión).

(A papá le preocupaba que hubiera trabajo, paz y salud...

..y mamá quería que hubiera salud, paz y trabajo).

(Mis padres habían pasado muchas estrecheces, mi abuela aún más).

(Ahora era una mujer de mucho punto y pocas palabras).

(Toni, mi hermano mayor, a éste lo único que le preocupaba...

..era la música, las chicas y el acné juvenil).

¡A cenar!

Niño, a cenar.

¡Nene, a cenar! (Antes de que tuviéramos televisión

..todavía se hablaba en la mesa, bueno, hablaba mi padre...

..y los demás respondíamos). Y la niña, ¿qué? ¿Viene o no viene?

Se habrá retrasado. Anda, vamos, que se enfría la sopa.

¿Por qué nunca podemos cenar todos juntos?

(Inés, mi hermana mayor, se pasaba la vida despidiéndose del novio).

(No entendía por qué tardaban tanto en despedirse).

Hola. Llego tarde, lo siento. Raro sería que llegaras a la hora.

¿Y esa falda, ha vuelto a encoger? Es la moda.

Hay modas y modas. Abuela, no empieces.

La abuela tiene razón.

¿Cuándo van a traer la televisión? El viernes.

¿Y cómo es, papá? ¿La televisión? Pues es muy hermosa,

..tiene una pantalla gris muy grande 4 botones a la derecha,

..pesa mucho, parece buena. Ah, y tiene UHF.

¿De verdad? Claro, dos canales.

¿Y cuándo van a colocar la antena? Cuando la traigan.

No sé cómo la vais a pagar. La vamos a pagar a plazos.

Las cosas se compran cuando se tiene dinero.

Toni, me estás poniendo nervioso, ¿te has quedado mudo?

Toni quita las noticias y pone música.

No ha acabado el parte. Ya ha acabado.

Todavía no han dado los toros. Ponme el parte y siéntate.

Qué manía de escuchar la crónica taurina en la comida.

Yo siempre escucho los toros. Y yo a Los Bravos.

¿No los puedes escuchar luego? No, que se está acabando...

..y están en el Price en concierto. Toma, escúchalo.

¿Con esto de fondo? ¡Pues no se escucha Los Bravos!

(Así era mi familia en 1968. Al recordar me parece estar hablando

..de otra gente y de otro país y no han pasado tantos años...

..pero todos hemos cambiado tanto en tan poco tiempo...

..que hasta mi familia me parece irreconocible).

(Luis era mi mejor amigo, era miope y casi siempre estaba enfermo...

..Luis y yo éramos los enclenques de la clase...

..pero estábamos a punto de convertirnos en súper hombres...

..a partir de ahora nadie se atrevería a meterse con nosotros)

¿Notas algo? Creo que tengo más volumen.

Estás igual que ayer. No se nota la diferencia...

..hasta dentro de dos semanas. Aquí lo dice: "Gracias a la tensión

..dinámica de la definición del volumen de la musculatura...

..se irá desarrollando progresivamente".

Mira, la señora Felisa. Vamos.

Señora Felisa. -¿Qué pasa?

¿Otra vez el Domund?

Nos las ha dejado D. Venancio para las obras de la parroquia.

No llevo suelto. Podría echar un billete de 500.

Como le caiga la gotera encima luego no se queje.

(Los dos): ¡Roñosa!

¿Qué te pasa?

Me ha dicho que no me la da. ¿Por qué?

Dice que están todas dadas pero es mentira.

Había 4 en su despacho, las he visto y encima me ha dicho...

..que nunca ve a mi madre en misa, peor para él...

..seguro que yo conseguía más dinero que nadie.

Puedes pedir con nosotros. -No, quiero una hucha para mí.

Macho, hacemos músculos. Mira. Que no me da la gana.

Ya no quiero hucha aunque me diga mañana que me la da.

¿Cambiamos repes?

¿Quieres el de Gertru? Sí, pero no le tengo repe...

..porque sale muy poco. Te lo cambio por Gárate.

Está bien. No me importa no tener hucha...

..mejor para mí. Me voy a casa. Prefiero no tener hucha.

(La madre de mi amigo era una madre soltera...

..pero en el barrio, todo el mundo pensaba lo peor).

(Cuando iba al mercado, la gente se apartaba un poco de ella

..pero yo era amigo de su hijo que se llamaba Josete...

..y jugaba mejor que nadie a las chapas).

No le han dado la hucha por lo de su madre.

Las prostitutas no creen en Dios. Las que no creen son las putas...

..pero las prostitutas sí. Mi hermana dice que sólo son...

..cotilleos de la gente.

Mi madre le dijo a mi padre que como volviera a mirarla se iba a acordar.

(Hubiera echado dinero de haberlo tenido con tal de quedar bien...

..con D. Venancio y es que era un cura que imponía respeto a todos)

Pero, Arturo, que pone aquí 3.000 duros de cables.

Hay que cablear toda la iglesia, poner enchufes, instalar la megafonía

Estoy por quitarla aunque me quede afónico.

¿Y va a decir la misa por señas?

¿De dónde salen estos 5.000 duros? -Los materiales, la mano de obra...

..el tejado... Le he hecho precio de coste.

¿Precio de coste? -Le rebajaré las 300.

¿Pero qué porquería de rebaja es ésa? Me tiene que bajar el 10% del total.

¡Me va a llevar a la ruina! -Y no me regatee...

..que no es de buen cristiano. -Su iglesia me va a costar dinero.

¿Mi iglesia? ¿Usted cree que yo soy el Papa?

El 5% y no se hable más, tengo mi familia, dos hijos...

Hecho.

¿Qué pasa? -Nos dijo que viniéramos por la hucha

¡Ah! ¿Chinito o negrito? -Negrito.

Chinito.

¿Adónde vais ahora? -A la calle a pedir.

¿Y por qué no empezáis con este señor tan amable?

¿Pretende llevarme a la ruina? -¿No les va a dar 5 duros a cada una?

Está bien.

Adiós. -Que Dios se lo pague.

Así se ganan el cielo los buenos cristianos.

"La sociedad española de Radiodifusión presenta...

Música.

.."Ama Rosa".

"Con la gran compañía de actores de Radio Madrid...

..y la reaparición en España del popular actor hispanoamericano

..Doroteo Martín".

(En aquella época aún había en los barrios personajes pintorescos

..como el Cervan que oía radionovelas y que soñaba con el día

..que volviera el rey porque era monárquico tremendo).

(La gente contaba que su novia le dejó y se volvió un poco loco).

¡Soy ama Rosa, quiéreme, hijo mío! Sí, te querré siempre.

A ver si tenemos un poquito de respeto.

¿Estás segura? -En el extranjero todas.

¿Y vienen con instrucciones? -Es que estaban en francés.

Igual es peligroso. -¿No te he dicho que en el extranjero

..se las toman todas? Además las venden en la farmacia.

¿Qué hacéis aquí? Para arreglar la iglesia.

Fuera, a pedir a otro lado. -Sólo tengo monedas de 10 céntimos.

Gracias. -De nada.

Se han caído fuera, así que será la voluntad del Señor.

"Antonio se había arrodillado junto a la cama y D Isabel al acercarse...

..creyó que estaba rezando".

"No tardó en advertir que era su mujer..."

¿Le pedimos a Cervan? Es la hora de las radionovelas.

¿No ves que está hipnotizado? Por probar.

Hola, Cervan, dame 4 sacis. Se oye la radionovela.

¿Han llegado los tebeos nuevos? "Necesito llorar y no puedo".

"¡No puedo, Dios mío!". -Hay muchas mujeres...

..ya encontrarás otra y si no mejor para ti, el buey solo bien se lame.

"No creo que pase de esta noche". -La gente no se muere...

..así como así, mucho cuento es lo que tiene ésa.

"Acabo de confesar y comulgar pero no me siento tranquila...

..es tan difícil para una madre llegar a decir ciertas cosas..."

Ahora lloran y al segundo te están haciendo una de las suyas...

..por mí ya puedes llorar lo que quieras.

Se acabó. Ni está mala ni nada y mucho confesarse...

..pero luego hace lo que le da la gana.

Para las obras de la parroquia. Para renovar la iglesia.

¡Venga! ¡Fuera!

Eh, y no casarse. -¡Anda ya!

(Mi padre por las mañanas trabajaba en el Ministerio de Agricultura...

..y por las tardes hacía horas en una imprenta...

..a veces ayudaba a mi madre a coser pantalones por la noche).

(Yo había decidido no hacerme mayor...

..los mayores no hacían más que trabajar).

¿Qué hacéis aquí? ¿Y los deberes? A casa los dos.

Es que no hemos sacado nada. Échame algo.

No, ya te he dado bastante. Mira, quién ha venido a visitarnos.

Como sigáis así, D. Venancio va a construirse una catedral.

Es que nadie nos da nada, somos los últimos de la clase.

No hace falta que les dé nada. Aquí tengo dos duritos para cada uno.

¿Y vosotros qué, no pensáis dar nada? ¿Sabéis lo que pasa?...

..que éstos son rojos y ateos. Ya habéis oído a D. Pablo.

¿No vais a rascaros el bolsillo para las obras de la parroquia?

Venga, niños. Vamos.

Queridos hermanos en nuestro Señor Jesucristo, la homilía de hoy...

(El padre Venancio tenía tres obsesiones...

..la lujuria, el desenfreno y el Real Madrid).

(Yo creía que la lujuria era vivir en un palacio...

..y el desenfreno una avería automovilística...

..cuando el Real Madrid andaba mal nos daba su sermón más incendiario,

..el de los dos caminos). La vida tiene dos caminos...

..hay un camino fácil de recorrer porque es el camino de la perdición

..y hay otro camino angosto, lleno de espinas, de sacrificios...

..pero que lleva a la salvación, un camino donde no caben...

..esos bailes y esas modas que engañan a nuestros jóvenes.

La juventud ya no tiene ejemplos en el hogar y no los tienen...

..porque sus padres están postrados ante el becerro de oro...

..obsesionados por acumular más y más bienes materiales...

..coches, neveras, lavadoras, televisores.

Es una homilía de alerta, una homilía de advertencia.

Es más un homilía de advertencia que de alerta...

1898. Recordad, niños, siempre esta fecha.

(A D. Severiano le tenía sin cuidado los bienes materiales,...

..la lujuría y el desenfreno).

(Para nuestro maestro la culpa de todos los males la tenía la perfidia

..la perfidia de los anglosajones que para colmo son protestantes).

(A los 8 años sabíamos que los protestantes eran culpables de todo

..claro que los ateos y los comunistas eran todavía peores).

1898, no olvidéis nunca esa fecha.

H-4. H-4 agua. F-9.

F-9 agua.

Fue un imperio que tuvo que resistir la perfidia del luteranismo...

..1° con los corsarios ingleses y más tarde con esos malvados americanos

..que dejaron a Cuba huérfana de la madre patria.

H-5.

H-5 tocado. H-6.

H-6 tocado.

Y provocaron una guerra para arrebatarnos nuestro glorioso pasado.

H-7. ¡Hundido!

Alcántara, muy bien, muy bien. Efectivamente, el Maine fue hundido

..por ellos mismos provocando así la pérdida de Cuba para siempre.

(Mi hermana y su novio seguían despediéndose).

(El novio se llamaba Jesús y era pesadísimo, tenía 21 años...

..y trabajaba en Galerías Preciados, sólo hablaba de dinero).

(Yo creo que mi hermana le aguantaba porque era su novio...

..en esa época no se podía cambiar de novio así como así).

¿Se puede saber dónde te has metido? Es que he estado pidiendo limosna.

¿Y has sacado mucho? Regular.

A ver si con esto te apañas. Con eso no da ni para agua bendita.

Mira el niño este. Venga, tira para casa.

¿Le digo a papá que estáis aquí dándoos besos?

(Yo no era una chantajista pero con el novio de mi hermana...

..hacía una excepción. Además era para una buena causa).

¿Qué quieres? La voluntad.

No le des más. Carlos, márchate.

Dios te lo pagará. Ya, ya.

Venga, tira para casa, que estás empapado.

Tose.

Estás ardiendo. ¿Cómo se te ocurre ir por ahí a pedir...

..con la que está cayendo? Es que tengo muy poco.

¿Y qué? Cállate y levanta el brazo. Ponle un parche sor Virginia.

Eso ya no se lleva. Pues yo a ti siempre te lo ponía.

Si están helados. Trae el piramidón que tiene fiebre.

(La abuela no creía en las pastillas lo curaba todo con bicarbonato...

..sopas de ajo y hierbas milagrosas que le traían del pueblo).

(El parche sor Virginia era para casos de extrema gravedad...

..ahora dirían que era una naturista pero en esa época era anticuada).

(En 1968 la gente todavía creía en el progreso).

No encuentro el piramidón. Mira en el cuarto de Inés.

Sí, voy.

¿Eso qué es? -Un televisor.

Menos mal que es para el 1°. -¿Para quién es?

Antonio Alcántara. -Es un televisor y además grande.

No va a tener que coser pantalones ni nada para pagarlo.

Buenas noches. ¿Me dejan pasar? Gracias.

Estaban en la mesilla de la niña. ¿Cómo estás, hijo?

Pues mal porque tiene 39'5. Abrígale, tiene que sudar mucho.

¿No están llamando? Tengo escalofríos.

Ya veremos si no has cogido una pulmonía.

Ya verás como mañana estoy bien. Que te lo has creído tú.

Son los de la televisión. Ah, pues ya voy.

Tú quieto. Ay, Dios mío, qué disgustos.

Tómate la pastilla. Qué ocurrencia empaparte de esa manera.

Yo me quedo aquí contigo, total ese cacharro no pienso ni mirarlo.

Antonio. ¿Qué?

Nos levantamos a ver la televisión. ¿A estas horas?

Venga, hombre. Si no han puesto ni la antena.

Ya, si lo digo por eso, para verla. Para verla dice. Ver, ¿qué?

Duérmete, que yo estoy trillado.

Antonio. ¿Qué?

¿A ti no te emociona que tengamos televisión?

Pues no. ¿Por qué me tiene que emocionar?

Porque es un lujo y nosotros nunca hemos tenido lujos.

¿No te emociona que podamos ver cantantes, toros y películas?

Así, todos juntos en casa.

Antonio. ¡Antonio!

¡Merche! Anda, mírame.

Dame un gusto, hombre, vamos a ver la tele.

(Entre la fiebre y la llegada del televisor, no pude dormir).

(Me parecía magia, ya podría ir al colegio y hablar...

..de los programas de la noche anterior...

..seguir las aventuras del fugitivo...

..y ver el concurso de Eurovisión, ¡ya no era un paria!).

"Mi hijo se ha casado con una andaluza muy simpática...

..y tienen dos hijos, yo sé que con Federico viviría muy bien...

..pero no acabo de dar el paso definitivo...

Muy bien que hace. Yo tampoco debería vivir con vosotros.

¿Dónde vas a estar mejor que aquí? Schsss, que no oigo.

"Tengo más de 50 años y modestamente mi vida resuelta...

..nada tengo contra mi nuera..."

Ni yo contra Antonio pero soy un estorbo.

Tú qué vas a ser un estorbo.

"Le envío un cordial saludo. Una viuda preocupada".

"Mi recomendación es que no deje su casa".

Esta Elena Francis no tiene ni idea. Claro que la tiene.

"Yo creo que aunque sus hijos la quieren..."

No sabéis lo que es estar sola. Tú tienes a tu familia, a tu hija...

..a tus tres nietos que te adoran y a un yerno estupendo.

¿Sabes qué te digo? Que se acabó la señora Francis.

Tengo unas ganas de tener la televisión.

¿Para no hablar en la mesa? Claro que vamos a hablar.

Yo no pienso ni mirarla.

¿Por qué no vas a verla? Porque es un invento del diablo.

¿Y quién ha dicho eso? D. Venancio. ¿Te parece poco?

Lo que no entiendo es por qué no nos ponen la antena.

Pero el primer plazo bien que se lo han cobrado.

El antenista no podía venir.

Como no venga antes del sábado nos quedamos sin Eurovisión.

No viene el antenista, ni el médico ni nadie.

El médico tiene que estar al llegar. Pues la fiebre no le baja.

¿Le has dado el piramidón? Otros dos hace un rato...

..pero como te has empeñado en no ponerle parches sor Virginia.

¿Qué pastillas le habéis dado? Piramidón.

¿Del tubo de mi mesilla? Claro. ¡Huy, debe ser el médico!

A ver si cuando cogéis las medicinas las dejáis en su sitio.

Pues sigue teniendo fiebre. Desde ayer que está así.

Si es que llegó a casa empapado. Será sólo un catarro, ¿verdad?

No le llamé ayer porque creí que con el piramidón le bajaría la fiebre.

Abre la boca y saca la lengua. Ayer la tenía rojísima.

¿Cuántas pastillas se ha tomado? 4; 2 ayer y 2 hoy.

¿No estarán caducadas? Porque las medicinas caducadas hay que tirarlas.

¿Dónde está el tubo, hijo?

Lo habrá dejado la abuela por ahí. ¡Madre!

Que se tome una pastilla de éstas cada 8 horas.

Madre, que te estoy llamando. ¿Qué pasa?

¿Y el piramidón? Lo tengo yo. Le di 2 hace un rato.

¿Están caducadas? ¿Le han dado esto al niño?

¿Por qué, están malas? No. Venga conmigo.

Abrígate.

¿Qué pasa? Son anovulatorios.

¿Qué? Anovulatorios, Mercedes.

¿Qué es eso? Píldoras anticonceptivas.

Lo que se utiliza para no quedarse embarazada.

¿Para no tener...? Sí, para no tener hijos.

D. Vicente, que ya sabe que yo... A mí no me digas nada.

Por lo menos podrías guardarlas en un sitio más seguro.

¿Qué pasa? Nada, madre.

Tú y yo tenemos que hablar. No creo que le pase nada malo...

..pero tendré que consultarlo. ¿Qué tiene que pasarle?

Nada. ¡Ay, si se le cae el pelo o los dientes o se queda estéril...

..o coge cáncer. ¿Cáncer?

¿Que tiene cáncer? ¡No!

Calma, que nadie se queda estéril así como así.

¿Qué es estéril?Todavía te quedan muchos años para tener hijos.

(Yo creía que sólo era una gripe y ahora resulta que tenía cáncer...

..que se me iba a caer el pelo y los dientes y que no tendría hijos

..y todo por unas pastillas).

¿Quién te ha dado esas pastillas? Una amiga, se las trajeron de París.

¡Como si fuera un perfume! Seguro que ha sido una cosa de Pili.

¡Menuda es! No grites.

¡Que no grite! Como se entere tu padre es que te mata.

A papá no se lo digas. Y qué le voy a decir...

..que su hija es una cualquiera que se atiborra de pastillas de esas...

Anticonceptivas. Eso.

Y no me atiborro, se toma una al día. ¡Me vais a volver loca!

Lo que te quiero decir... ¡Que no te casas!

Te quedas soltera y enferma porque esas pastillas dan cáncer.

Pero cómo van a dar cáncer. Cáncer de matriz, que lo he leído.

De eso murió Isabel, seguro que tomaba esas pastillas...

..claro que tampoco era trigo limpio ¡como la Pili esa!

Yo estoy muy sana. Seguro que ya tienes el tumor...

..o te operamos en América o no hay nada que hacer.

¿Y de dónde vamos a sacar dinero para ir a América?

Es que no me dejas explicarte y no grites tanto que nos van a oír.

(Yo me enteré de todo aunque no entendí mucho).

(Comprendí que mi hermana se tomó las mismas pastillas venenosas

..y tenía cáncer y moriría si no la operaban pronto en América).

(Para mí ya era tarde, moriría sin ver el Festival de Eurovisión

..y sin saber cómo acababa El Fugitivo).

¿Estás despierta? Yo lo único que quiero es que seas feliz...

..y todo lo que digo lo digo por tu bien, hija.

Ya lo sé, mamá. Pues no vuelvas a mentirme.

Pero si yo nunca te he mentido. No me habías dicho...

..que tomabas esas pastillas y tenías relaciones con Jesús.

No tomo nada, ni hago nada con Jesús. ¿Cómo que no?

No. ¿Jesús y tú no...?

¿Tampoco has tomado las pastillas? Tampoco.

Ya me dirás para qué las tienes.

Las tengo por si acaso porque lo estoy pensando.

¡Que se lo está pensando! Hija, no entiendo nada.

Imagínate que tienes 18 años. Yo 18 años, hija.

Sí, tú ahora en 1968 y que acabaras de conocer a papá.

No me lo imagino con esas melenas de ahora y esas camisas de flores...

..y yo con minifalda. Cuando yo tenía tu edad...

..tenía unas piernas tan bonitas pero no las podía lucir.

Eran otros tiempos y ahora las cosas están cambiando.

No creas que yo no me doy cuenta pero ¿sabes lo que pasa?...

..que a mí me cuesta hablar de estas cosas contigo.

Con tu edad estas cosas no las hablaba con la abuela...

..y a mí me da no sé qué. ¿Me entiendes?

Claro que te entiendo. A mí me gustaría que habláramos más.

A mí también me gustaría. Es que estoy hecha un lío.

Y yo también.

¿Estás seguro de que te mueres? Pero si ya no tienes fiebre.

No, pero tengo cáncer de matriz. ¿De matriz?

¿Y qué es la matriz? No sé, dame el diccionario.

¿Éste? Sí, el rojo.

Matrimonial, matrimonio, matritense, aquí está matriz...

.."víscera de aparato reproductor de las hembras de los mamíferos".

Lo que te faltaba, tener matriz como las chicas.

Ya no puedo tener hijos. Claro, si eres medio chica.

Es porque el cáncer me ha hecho estéril.

¿Y qué vas a hacer? No sé.

(Sí lo sabía pero no quería decírselo a nadie, tenía un plan...

..un plan digno del capitán Trueno o del Guerrero del antifaz).

(D. Venancio lo comprendería. Quizás por mi culpa...

..no se podría terminar de arreglar la parroquia...

..pero lo de Inés era mucho más importante).

Dile algo que se va a matar. Ten cuidado, a ver si te vas a caer.

Que no me caigo. Ramón, ¿cómo va eso?

Ya casi acabado, coge el cable y enchúfalo.

¿Qué? Que enchufes el cable...

..a ver cómo se ve. ¿La antena?

Eso. Vale. Tira.

Voy a enchufarla.

A ver si se ve algo.

¿Y esto dónde irá?

Sólo se ven rayas.

Ese amigo tuyo sabe de antenas lo que yo.

Ten un poco de paciencia, la está colocando.

Ya se ve algo. ¿Eso es todo lo que se ve?

No pienso ni mirarla. ¿No ves que la está colocando?

Primero te sacan el dinero y luego...

Música. Mira.

Mira qué bien se ve.

Me voy a la imprenta que se me ha hecho tarde.

Ven pronto que vamos a ver todos juntos el festival.

Vendré pronto, hasta D. Pablo querrá verlo también.

No veamos la tele tan de cerca que nos vamos a quedar ciegos.

¿Cómo se ve? Estupendamente.

Pásate luego por el bar que ahora no tengo tiempo y te invito a algo.

Hay que ver la televisión a tres metros y medio.

Déjela encendida un ratito para que se caliente.

Vámonos.

Es de Carlos. Ven.

¿Cómo que se ha ido? ¿Adónde se ha ido?

"Ya sé que con el dinero de la hucha no llega para la operación de Inés...

..en América pero también os dejo mi cartilla con las 475 pesetas.

¡Dios mío, mi niño! "Me voy porque no quiero ser...

..una carga para vosotros. Ya sé que lo mío no tiene remedio...

..y me quedan pocos días de vida". Mamá, es por mi culpa.

Que no, hija, es que a tu hermano le vuela la imaginación...

..con tantos tebeos que lee. Avisa a Toni, hay que encontrarlo...

..antes de que se entere tu padre. Guarda la hucha...

..y ni una palabra a tu abuela. Vamos a buscarle por el barrio.

Tú vete por allí que nosotros vamos por aquí.

Tú tranquilo, Robin de los Bosques también robaba.

Ya, pero no a los curas y encima me voy a morir en pecado mortal.

¿Estás seguro de que te mueres? Ya se me está cayendo el pelo. Mira.

Yo te lo veo igual. Qué va, se me cae a montones. ¡Ay!

¡Joder, qué daño! ¿Ves?, no se te cae.

Me voy a quedar calvo. Qué más te da, si la vas a palmar.

¿Y qué vas a hacer? Huir muy lejos...

..donde no pueda encontrarme la policía.

¿Como El fugitivo? ¿Y dónde vas a dormir?

Esta noche aquí y los demás días por ahí.

Pero te vas a morir de hambre. Qué va.

¿Para qué te traes un rollo de papel?

¿Para qué va a ser? Te vas a perder a Massiel.

Qué mala suerte, nos compramos una televisión y me pongo estéril.

Yo me tengo que ir. -Si quieres me quedo un rato más.

No, márchate.

Ah, espera, toma te lo doy. ¿Para mí?

Acaba la colección por mí. Te la doy por si necesitas cazar.

Tiene de todo, cuchillo, cuchara, tenedor, abrelatas.

¿Es para mí? Es estupenda. Ya me lo devolverá tu madre...

..cuando te mueras.

Si necesitas defenderte de la policía también úsala.

Mañana vengo a verte.

Decidle a mi padre que le quiero mucho y a mi madre y a todos.

¡Eh, venid! No le digáis a nadie dónde estoy. ¿Lo juráis?

¿Y si avisamos a la policía? -Eso y que se entere papá.

¡Que no le haya pasado nada malo!

Vaya lío has armado con las pastillas Si no está en casa de Luis...

..ni en ningún sitio, es que se ha perdido.

Vamos a esperar, cuando tenga hambre seguro que aparece.

Madre mía, ya es de noche. Y si está en casa de Josete.

Voy a ver. Tú a esa casa no subes...

..llamo a su madre por teléfono.

Sigue comunicando. ¿A quién llamas?

Nada, madre, a una vecina.

¿Quién hay ahí?

Venga, no te hagas el tonto y asoma la jeta.

Hola, Cervan. ¿Qué haces ahí?

Nada que me he bajado pero tengo permiso de mi madre.

Desembucha, macho.

Es que no voy a poder tener hijos. ¡No me digas!

Ni uno. Eso sí es un problema.

¿Tú tienes novia? No.

Cuando tengas una menudo disgusto se va a llevar cuando lo sepa.

Tampoco voy a tener novia, es que me voy a morir.

¿Por qué lo sabes? Pues porque lo sé...

..no tengo cura ni aunque me operen tengo hasta la matriz fatal.

¿Y has venido a morirte aquí? Sí.

Si todos los que estamos fastidiados fuéramos a un camión a morirnos...

..no habría camiones en España. Si no puedes tener hijos...

..mejor para ti, menos problemas. ¿También eres estéril?

¿Tengo cara de estéril? Un poco.

Las mujeres se pasan la vida...

..queriendo que las quieran y cuando uno se enamora de una...

..cogen el portante y se marchan, ¿tú las entiendes?

Yo no, bueno, un poco a mi abuela. Te podrías casar con ella.

Qué coño me voy a casar con tu abuela no tengo yo otra cosa que hacer.

Por favor, pregúntele si ha visto a mi chico.

¿No? Sí, estoy un poco nerviosa es que se ha ido con fiebre.

Ya sé que es una chiquillada pero es que va a volver peor.

¿Y ahora qué vas a hacer? Dormir, y mañana marcharme por ahí.

¿Y tus padres qué? Me voy para que no sufran...

..es que a mi hermana la van a operar de cáncer en América.

Caray, cómo estáis en casa. ¿En tu familia no hay ninguno sano?

Bueno, te dejo.

Ya sé que lo tuyo no tiene cura pero si sales de ello...

..yo te voy a guardar todos los tebeos del Jabato, ¿eh?

¿Para qué? Los muertos no leen tebeos.

¿Y tú qué sabes? Si tú nunca te has muerto.

Gracias.

Nada. La madre de Josete no sabe nada. ¿Qué hacemos?

A papá hay que llamarle para que no venga...

..debe de estar en el bar, llámale y que se espere un rato más.

Le va a parecer raro. Que le parezca lo que quiera.

Anda éste y qué no tienen los otros que no tenga Massiel.

Pero cómo vamos a ganar. ¿Por qué no?

Porque esas cosas están dadas. A lo mejor no.

A mí me han dicho que hasta que no muera Franco no ganamos.

¿Pero qué tiene que ver?

¿Qué dice de Franco ahora? Que esas cosas las sabe cualquiera.

Pues si tenemos que esperar a que muera el caudillo para ganar...

..no lo vamos a ganar nunca. Quiero ver el festival. Cóbrame.

Gracias. -Otra ronda.

Que no, mira qué hora es y he quedado en casa. Adiós.

¿Quién es? Sí está. ¡Antonio!

¿Quién es? Tu hija.

¿Pasa algo? Que dice mamá que no hace falta...

..que vengas pronto porque no está hecha la cena...

..así que quédate una hora por lo menos.

¿No dijo tu madre que fuésemos pronto para ver el festival?

Ahora te dice otra cosa. ¿Te pasa algo?

Qué me va a pasar. Que se ponga tu madre.

No puede ponerse. ¿Cómo que no? Que se ponga.

Que no puede, está en el baño.

¿Seguro que no te pasa nada? Segurísimo. Bueno, te dejo.

Espera. ¿Qué hago, me quedo en el bar?

Quédate un rato largo, total para estar aquí sin hacer nada.

¡Me cago en la hospitalera!

¿A que han roto el televisor? ¿A que no? Que no, hombre.

Ay, ay, de la oreja no.

Que se la va a arrancar. ¿Dónde está?

No lo sé. -Que te quedas sin oreja.

¿Quién te ha dado esto? -Lo encontré en la calle.

¿Cuándo te lo dio Carlitos? No puedo decirlo.

Dice que su hijo está estéril que tiene cáncer y se va a morir.

Sí, estéril, tiene cáncer y se va a morir, por eso me ha dado el álbum.

¿Qué está pasando aquí? Papá, ven.

Crisis de pánico, ¿eso qué es? No lo sé, pero le dan muchas...

..por eso te avisé para que no vinieras.

¡Pánico, eso es miedo! No, papá, pánico...

..suena muy raro pero es hereditario, algo así como manía persecutoria.

Piensa que no le quieres. ¿Yo? Si le quiero mucho.

Pues no se nota porque le dan muchas. ¿Por qué no le llevan al médico?

Le han dicho que es crisis de pánico de carencia paternal.

Porque ese niño no tenga padre ¿tiene que venir aquí?

¿Qué quieres que haga? Entiéndelo. Yo no entiendo nada, hija.

Lo importante es que no te vea porque si te ve se pone peor.

Tú quédate aquí que yo ahora vuelvo.

La hermana de Carlos tiene cáncer de matriz.

¿Qué dices? ¿Tiene cáncer? ¡Qué va!

No sé qué voy a hacer con este niño. Es que Carlitos imagina cosas.

Tienes que decirnos dónde está Carlos ¡Mira que te arranco la oreja!

¡Antonio!

¡Antonio!

Asómate, Antonio. ¿Qué gritos son ésos?

Dígale a Antonio que tengo que decirle una cosa.

Aún no ha venido. Es igual, está en el camión.

Acabo de hablar con él. ¿Con Antonio?

El chaval, que está en el camión. ¿De qué está hablando?

¿Quiere subir? No, perdone, no es usted mi tipo.

Acuérdese. El chaval está en el camión.

El chaval en el camión, yo no soy su tipo. ¡Está cada día peor!

¿Cuándo fue la última vez que viste a Carlos?

Lo juro por mi madre que se muera si lo sé. ¡Ay, ay!

El loco de Cervantes dice que ha visto a un chaval en un camión.

¡Ay, que se ha ido en un camión! Claro, el camión de las ruinas.

Así que el niño se va en un camión y yo soy la última que me entero.

¡Soy un cero a la izquierda! Hala, pues buenas noches.

Adiós. Y gracias, ¿eh?

De nada.

¿Y tu padre? En el dormitorio, he dicho que Josete

..tenía crisis de pánico. ¿Y eso qué es?

Le he soltado lo 1° que se me ha venido a la cabeza.

Cierra la puerta.

Antonio. Hola, cariño. Ya me ha contado Inés lo de Josete.

Vaya lío. ¿Y cómo tiene crisis de pánico ese niño?

Pobrecillo. Conmigo.

Sí. ¡Vaya! ¿Se ha ido ya?

Sí. Venga, vamos.

Antonio, ¿dónde vas? A ver la televisión...

..eso tiene que estar a punto de empezar.

No, que le falta mucho todavía. Anda, ven, siéntate...

..que siempre andas con prisa.

¿Te pasa algo? No. Estás guapo hoy.

¿Yo?

Te queda bien ese bigote, estás muy sexy.

¡Merche!

¡Antonio, no seas bruto, hombre! Tan rápido, ¿no?

Ya puede volver a casa, sabemos que es usted inocente.

Ay, Antonio, si es que no podemos. ¿El qué?

Que no nos va a dar tiempo, pero bueno, da igual.

¿Sí o no? Pues lo intentamos.

Espérate que ahora vengo. Sí.

¿Y papá qué ha dicho? No sabe nada. ¿Hablamos tú y yo?

Bueno. A ti no te pasa nada.

No te vas a morir. Lo dirás tú, que no tienes cáncer

..ni estás estéril, ni nada. No se va a morir nadie.

Inés y yo sí, bueno, Inés igual se salva, si la operan en América.

¿Habéis cogido el dinero que dejé? Lo hemos metido en la hucha.

¿Lo habéis metido otra vez? A Inés no le pasa nada...

..se tomaba unas pastillas para no tener hijos.

Si no está casada.

Pues por eso. Como no está casada si se quedara embarazada...

..se armaría un lío, por eso escondía las pastillas...

..para que no las encontraran, ¿entiendes?

(Esa noche mi hermano me inició en los insondables misterios femeninos

..recuerdo que todo lo que Tony me contaba del sexo...

..me parecía complicado y peligrosisímo).

(Ahora, 33 años más tarde, me lo vuelve a parecer).

¿Lo entiendes? O sea que Inés y Jesús...

Ella dice que no pero yo creo que sí.

Como les pille papá... A ti también te gustarán las chicas.

No, si ya me gustan. ¿Ya no estoy enfermo?

Tú sólo has tenido un gripazo. ¡Vamos a casa!

¿Habrá empezado ya lo de Eurovisión? Si nos damos prisa llegamos a verlo.

¿Qué tal se ve la televisión? De miedo. ¡Venga!

Antonio. ¿Qué?

Que va a empezar y mi madre está sola preparando la tortilla.

¿Lo dejamos para otro rato? Sí.

No me des besos ahora porque si me das besos pues no...

Luego, ¿eh? Sí.

Déjame un momentito que se me pase. Te espero fuera.

Pero no tardes. No.

Merche, no te pasa nada, ¿verdad? No.

Pero lo de guapo iba en serio.

Canción de Massiel.

(No podía creer en mi buena suerte, no sólo no me iba a morir...

..es que encima había jamón serrano y mi padre no se enteró de nada).

Ganamos, seguro que ganamos. Ya verás como no...

..hasta que no se muera Franco no ganamos nada.

Cómo va a ganar con esos dientes y las piernas al aire.

A mí me encanta, abuela. -Tú con una minifalda te emocionas.

Pensarán los extranjeros que las españolas somos unas descaradas.

¡Muy bien!

Aplausos.

Ahí está la votación.

Austria, 2 puntos.

Traduce, papá. Que a Inglaterra le han dado 2 votos

28 a 23.

(Spain, 6 points). ¡Spain, Spain!

En estos momentos España va en 1 posición.

¿Vamos los primeros?

Decisivo la votación del jurado yugoslavo.

España en 1 posición, 29 puntos, 28 Inglaterra, 20 Francia.

¿Tú la entiendes? No se oye nada.

¡Irlanda, que no hay más votos!

¡Hemos ganado! Señoras y señores...

..España acaba de vencer en el gran premio de la canción de Eurovisión.

¡Viva España!

Ése es Ibarrier. ¿Y quién es?

El director de orquesta muy bueno.

¡Mírala! ¡Guapa!

Yo canto a la mañana que ve mi juventud...

..y al sol que día a día nos trae nueva inquietud.

Todo en la vida es como una canción.

(Ahora que somos altos, guapos y europeos, todo esto...

..nos parece ridículo pero en aquella época nunca ganábamos nada).

(Mi padre no llegó a saber nada de mi fuga ni de las pastillas de Inés

..entre todos guardamos el secreto. Mi abuela tampoco se enteró...

..pero debía sospechar algo porque miraba con cara rara a mi hermana).

(Mi madre tuvo una temporada que lloraba por todo...

..pero se le fue pasando y yo seguí creciendo sin darme cuenta...

..de que se estaba acabando un mundo y empezaba otro).

Le canto a la tierra...

..que me ha visto crecer...

..y canto el día en que sentí el amor...

..andando por la vida...

..aprendí esta canción.

La, la, la, la.

La, la, la, la.

La, la, la, la.

La, la, la, la.

La, la, la, la.

"El nombre de España, otra vez, como siempre...

..ha saltado al primer plano de la actualidad".

"Tiene muchas cosas que decir España".

"Creo que España y nosotros, somos así y seremos así siempre"

Subtitulación realizada por Paloma Masa.

Cuéntame cómo pasó - T1 - Capítulo 1 - ver ahora

El Ministerio del Tiempo

¡No tienes excusa! Si quieres una serie con la que aprender curiosidades de la Historia de España y viajar en el tiempo, esa es El Ministerio del Tiempo. Además, te adelantamos que disfrutarás de los gags que introducen y los "cameos" de personajes históricos en las aventuras de la patrulla. ¡Conviértete en un ministérico más! Tienes las tres primeras temporadas de la serie A la carta

No recomendado para menores de 12 años El Ministerio del Tiempo - T1 - Capítulo 1: El tiempo es el que es - Ver ahora
Transcripción completa

(Relinchos)

(Graznidos)

(Relinchos)

(Murmullos)

(HOMBRE) (TOSE)

Atacasteis antes de tiempo.

¿Por qué lo hicisteis?

Porque vos lo ordenasteis.

¿Tenéis testigos de lo que decís?

Si los muertos pudieran hablar, los tendría.

Mentís.

Mentís.

¡Mentís!

Yo nunca miento.

¡Prendedlo!

Todos han muerto por vos.

Todos.

(MUJER) (SOLLOZA)

¿Por qué lo atacaste? Era tu superior.

Como si es San Pedro.

A veces un hombre ha de hacer lo que ha de hacer.

Maldito orgullo.

Por él mañana tu capitán estará en su cama y tú en la horca.

Pues de la horca colgará un hombre con honor

y en su cama estará un mamarracho.

(LLORA)

No llores, Blanca.

He tenido una buena vida.

He luchado por mi patria.

He amado.

He visto mundo. No tengo quejas.

Quiero que hagas una cosa por mí.

Lo que sea.

Sigue tu vida.

No mires atrás.

Alonso.

¿Cómo puedes pedirme algo así?

No.

(Puerta abriéndose)

No, por favor, no.

Olvídame, te lo ruego.

No va a ser fácil.

¿Sois Alonso de Entrerríos?

Perdéis el tiempo, padre.

Lo que tenga que hablar con Dios se lo diré mañana en persona.

No vengo a confesaros.

Vengo a sacaros de aquí, si aceptáis mi oferta.

¿Queréis trabajar para un despacho secreto de la Corona?

¿Espiar?

Algo así.

Trabajos especiales en sitios extraños.

Estaréis muerto para todos, incluida Blanca, vuestra esposa.

Debéis de ser muy poderoso.

Con lo que les gustan las ejecuciones,

me extraña que anulen esta. No la anularán.

Tendrán su ejecución.

¿Quién es?

A todos los efectos...

vos.

¿Puedo quedarme a ver el espectáculo?

No tenemos tiempo.

¿Qué es eso? Vámonos.

(HOMBRE) Por lo tanto, niego la influencia de autor alguno

sobre la obra de Lope de Vega,

gloria de las letras españolas.

El primero bebe de fuentes profanas

y Lope en las raíces más profundas de nuestra fe.

Dígame, señorita.

Perdón, la influencia de "Orlando furioso" en Lope es clara,

la locura relacionada con el amor. Tonterías.

Rodamonte o el propio Orlando son tomados como modelo.

¿Me deja continuar con la clase?

El Siglo de Oro muestra la gloria de nuestra literatura,

representada en Calderón, Lope

o el grandioso "El Quijote" de Cervantes;

una literatura...

¿La conozco?

Sígueme.

¿Quién es usted?

Alguien que sabe lo mucho que vales.

¿Me puede explicar de qué trata todo esto?

Soy Irene Larra.

Quería conocer a una de las primeras universitarias del país.

¿Es usted periodista?

Algo parecido.

Cuéntame.

¿Qué te dijo tu madre cuando le dijiste que querías estudiar?

Que había perdido el juicio.

¿Y tus amigas?

Más o menos lo mismo.

Con ellas solo se puede hablar de maridos, hijos o la moda de París.

Es difícil encontrar a una mujer para hablar de cosas importantes.

Pues vaya aburrimiento, ¿no?

A veces pienso que las mujeres somos nuestras peores enemigas,

pero eso tiene que cambiar.

En un futuro las mujeres harán las mismas cosas que los hombres.

Estoy segura.

¿Brindamos por ello?

Si nos viera mi madre...

Está empeñada en buscarme marido. Y tú no quieres.

Yo no necesito a un hombre.

Pues no sabes la alegría que me das.

No lo necesito, pero el caso es que me gustan.

En fin.

A ver si esto te interesa más.

¿Eso qué es?

(Tono de llamada)

Tu mundo se te queda pequeño, querida,

y eso sí lo podemos solucionar.

Angustias,

pásame con el jefe, reina.

(HOMBRE) Hola. Ponme una caña.

Deberías comer algo, Julianillo. No tengo hambre.

¿Vas a hacer algo este puente?

He organizado una fiestuqui en casa guapa, guapa.

Mis suegros se llevan a los niños

y hemos pensado en llamar a unos amigos.

Y amigas. Vente. Te va a molar.

Gracias, pero tengo otros planes.

¿Otros planes? ¿Cuáles? Venir aquí, ¿no?

Pasas más horas en este bar que en tu casa.

(RADIO) "Calle González Abarca, 22.

Acudan las unidades disponibles". Vamos.

No me jodas, Julián. Terminamos turno en diez minutos.

Estamos a tomar por saco.

(Toses)

(Sirena de emergencias)

¿Algún herido? -Han salido todos.

Queda alguien dentro.

Julián, ¿qué haces?

(Sirenas de bomberos)

Queda gente dentro. Que están aquí ya los bomberos, tío.

¡Julián!

¡Julián!

¡Aquí! ¡Lo he encontrado!

Esto no puede seguir así, jefe.

Tarde o temprano tenía que pasar algo.

Los compañeros ya no quieren trabajar con él.

Es que es un peligro,

para los demás y para sí mismo.

(Máquina de monitorización)

Después de lo de su mujer ya no es el mismo.

¿Y quién lo sería?

Puta suerte has tenido, chaval.

(Máquina de monitorización)

(Sirenas de emergencias)

No insistas.

No se abre.

Orden del médico.

¿Creen que voy a tirarme o qué?

Hemos recibido una queja del cuerpo de bomberos.

Varios de sus hombres se jugaron la vida

porque tú desobedeciste una orden del superior al cargo.

Porque quedaba gente dentro. Solo estabas tú, Julián.

No es la primera vez.

Tus compañeros dicen que salir contigo

es como ir con un terrorista suicida.

Mira, da igual. Yo sé lo que vi.

Estás fuera de servicio hasta nueva orden.

Necesitas hablar con un especialista.

Tómatelo como unas vacaciones.

¿No hacías fotografías?

Pues hazlas.

Ya no.

(Timbre de la puerta)

(Golpes en la puerta)

(Timbre de la puerta)

Yo los conozco de algo.

Venimos a hablar de lo que vio en el incendio.

Del hospital, ¿no?

Pues sí que se han dado prisa en mandar a los loqueros.

Supongo que ya sabrán todo sobre mí.

Enfermero de urgencias muy valorado por sus superiores,

felicitado por Protección Civil por su actuación en el 11-M,

casado con su novia Maite,

fallecida hace tres años en accidente de tráfico.

El causante se dio a la fuga. ¿Es ella?

Desde entonces, sufre depresión con tendencias autodestructivas,

pero se niega a ser tratado.

Si ya lo saben todo, ¿qué quieren?

Háblenos de lo que vio en el incendio.

Dijo que vio a un tipo inconsciente

vestido como un soldado de Napoleón.

¿Qué más da, si no me creen?

Vosotros no sois psiquiatras.

¿Le importaría acompañarnos?

(Timbre)

(Apertura de cerrojos)

Tranquilo, aún no lo has visto todo.

¿Nuevo? -Sí.

Nos espera el subsecretario.

Por aquí.

Es él.

¿Qué venía, de una fiesta de disfraces?

(VOZ MASCULINA) No.

De 1808.

¿Julián Martínez?

Salvador Martín. Encantado de conocerlo.

No sé si estoy en condiciones de decir lo mismo.

Dicen que viene de 1808.

¿Y se ha conservado así de bien

desde hace dos siglos? No.

Murió anteanoche por inhalación de humo.

Creemos que vino de 1808 como mucho 24 horas antes.

Ahora sabemos que no lo hizo solo.

Encontramos este mapa entre sus ropas.

-Quizá las marcas indiquen por qué vinieron del siglo XIX.

Un momento. ¿Esto qué es?

¿Una broma o algún nuevo método psicológico de mierda o qué?

Venga conmigo.

Le enseñaré algo.

Diez horas más al mes y nos acortan el sueldo.

Ganas dan de volverse al siglo XVI.

Todos los gobiernos tienen secretos.

El nuestro tiene solo uno, pero es muy antiguo.

Buenos días. -Buenos días.

Nuestro secreto es este ministerio.

¿Y qué ministerio es este?

El Ministerio del Tiempo.

Sígame.

Tenga cuidado, no se resbale.

La caída es impresionante.

Aquí trabajan funcionarios españoles de distintas épocas

con la misión de que la historia no cambie.

Nuestros funcionarios viajan a la época

donde se ha producido una alteración del tiempo y la corrigen.

Por aquí. Ya.

O sea, que la máquina del tiempo existe y además es española.

Pero ¿cómo va a existir la máquina del tiempo?

Por favor, no diga tonterías.

La máquina del tiempo no existe.

Lo que existe son las puertas del tiempo.

(Martillazos)

Vamos.

El origen del Ministerio se remonta a los Reyes Católicos.

Un rabino judío, a cambio de no ser expulsado,

les reveló el secreto de una red de puertas

que conectaban con el pasado de los reinos españoles.

La historia no es muy edificante.

El rabino no fue expulsado, pero...

la Inquisición lo quemó por brujo.

(CHISTA)

Velázquez siempre se retrasa.

Estas puertas están bajo el control del Ministerio,

son las oficiales, pero hay otras clandestinas.

Los tipos del incendio. Ajá.

Hay quienes quieren trastocar el tiempo en su beneficio

y eso podría ser terrible.

¿Imagina que los romanos tuvieran acceso a las ametralladoras

o que Al Qaeda pudiera conectar con móvil?

Ahora puedo imaginarme cualquier cosa.

¿Se puede viajar al futuro?

No. El tiempo es el que es.

Entonces, al poder viajar al pasado,

¿se podría mejorar nuestro presente?

Eso sería peligroso.

Nuestra historia puede que no sea la mejor posible,

pero podía ser peor.

Por eso necesitamos su ayuda.

Dos hombres del siglo XIX andan sueltos por Madrid,

no sabemos en busca de qué,

y usted es el único que los ha visto.

Tenía poco pelo, así, como con entradas,

y...

ojos saltones

y los labios así... finos.

El otro... tenía los ojos grandes,

la mandíbula así, como cuadrada,

y...

No recuerdo más. Lo siento.

Ajá. ¿Suficiente, Diego? -Despreocupaos, subsecretario.

-Bien.

Empezaremos la búsqueda de inmediato.

Usted, Julián, se incorpora mañana.

¿Me incorporo mañana dónde? Aquí.

Bienvenido al Ministerio del Tiempo.

No. A ver, no... no puede ser.

Lo siento, pero es imposible.

Verá, su examen psicológico especifica claramente

que no está capacitado para seguir como enfermero.

Aún no me han hecho las pruebas.

Aquí están.

Lea.

(LEE) "Debido a sus tendencias autodestructivas,

es un peligro para sí mismo y los que lo rodean,

por lo que se aconseja...

que interne en un centro especializado".

¿Quién ha escrito esto? Yo.

Verá, a menudo las cosas no son como queremos.

Y usted lo sabe bien, ¿no?

No vive la vida que le gustaría vivir

ni con quien le gustaría vivirla.

Nosotros le ofrecemos otra,

poco común, sí,

pero otra.

Entonces, o trabajo para ustedes... O ingresa en un psiquiátrico.

-Aquí tenéis. -Gracias.

Son ellos.

Son exactamente ellos.

Es muy bueno.

No va a ser bueno el "jodío", es Velázquez.

Es increíble.

(ACENTO FRANCÉS) He luchado en Austerlitz,

he cruzado los Alpes nevados y el desierto de Egipto

y nunca tuve tanto miedo como ahora.

(Tráfico intenso, sirenas)

-¿Qué pasa? ¿Te conozco de algo? -No, no, no.

Ruego me disculpe, caballero.

¿Sabe de algún sitio donde podamos encontrar libros?

En la librería.

Disculpe.

¿Disponen de algún volumen

que trate un conflicto entre Francia y España

allá por 1808?

"Guerra de la Independencia". Historia. En la segunda planta.

¿"Guerra de la Independencia"?

Mal empezamos.

(Pasos acercándose)

No, gracias. Pues deberías probarla.

Ya no hay naranjas así.

Nos las traen de una huerta valenciana de 1887.

Luego en casa.

No se saca del Ministerio nada de otra época.

-Los primeros días son los peores.

Uno se acaba acostumbrando, ¿no, Irene?

Yo vi el cielo abierto. Mujer y nacida en 1930,

¿a qué podía aspirar? ¿1930?

Mi abuela es de ese año

y tú aparentas... Menos de los que tengo.

Yo me incorporé como viuda de funcionario al morir mi Ramón.

¿Y cuándo fue eso? En la Guerra.

En la Civil. No, hijo, en la de Cuba.

A ver, si vienen de tan lejos... Ya.

¿Cómo puedo aparentar 50 años cuando tengo más de 100?

Por las puertas no pasa el tiempo.

Si no, ¿cómo iba a estar esta naranja tan fresca,

si es más vieja que yo? A ver,

a Velázquez lo recluté hace dos años, en 1634.

Pisó el Ministerio por primera vez en 2013, con 35 años.

Ahora tiene 37, en 1636 y en 2015. Tu vida es tu vida.

Vas de una época a otra, pero envejeces como cualquiera.

Ajá. El Ministerio no es la pócima

de la eterna juventud. Ojalá lo fuera.

Somos simples funcionarios, no superhéroes.

Pero al poder viajar al pasado, podrían saber...

qué fue de sus vidas y...

y cómo murieron.

Yo no lo sé ni quiero saberlo.

Eso se lo dejo a los famosos que salen en los libros de Historia.

Ahí está el jefe con los nuevos.

Julián, voy a presentarle a sus nuevos compañeros.

Hoy es mi día de suerte,

primero conozco a Velázquez y ahora al Capitán Alatriste.

Vuestra merced me confunde con otro.

Don Julián Martínez, la señorita Emilia Folch.

Encantado.

(CARRASPEA)

Don Alonso de Entrerríos.

Bueno, yo los dejo para que se vayan conociendo, ¿eh?

Señor, ¿puedo haceros una pregunta?

¿Quién es ese Alatriste con el que todos me confunden aquí?

¿Estás seguro de ponerlos juntos?

Son muy distintos. -Ahí está la gracia.

Alonso es un veterano de los Tercios de Flandes,

es el soldado perfecto.

Lo pones ante un marine cuerpo a cuerpo con solo un cuchillo

y no le dura ni medio minuto.

Le costará trabajar con mujeres. Sus valores son antiguos,

pero tiene su lado bueno.

Su sentido del honor y de la palabra ya no se encuentran.

Y es un patriota.

Amelia sin embargo es el cerebro.

Es moderna, inteligente... Ve lo que los demás no ven.

De haber nacido en el siglo XXI sería lo que quisiera.

Ahora tiene esa posibilidad.

Si en este país todos fueran nobles como Alonso y avanzados como Amelia,

otro gallo nos cantaría.

-No es de ellos de quien dudo.

¿Julián?

No tiene nada que perder y eso también tiene su lado bueno.

Además, alguien que trabaja en Urgencias en Madrid hoy en día...

es un salvoconducto para cualquier viaje al pasado.

Seis años de guerra.

Y la perdimos.

Pero ¿cómo es posible?

Yo organicé el mejor ejército de la historia.

Después perdimos en Rusia.

Y en todas partes.

Oh, escucha lo que dijo Napoleón:

"La culpa de todo fue de esa maldita guerra española".

Hay que volver.

(Alarma de robo)

Son ellos.

Mi padre me llevó a un teatro en París.

Proyectaban imágenes, pero esto...

Vamos a la librería.

Señorita Folch, señor De Entrerríos,

es hora de que conozcan el siglo XXI.

Me cago en la leche. ¿Qué pasa, imbécil?

Será gilipollas el tío...

Joder.

(Tráfico intenso, cláxones)

Ya hemos llegado.

No sabes nada de lo que cuentan esos libros, claro.

En el Ministerio hay biblioteca e Internet.

¿"Inter" qué? A ver cómo le explicas eso.

Aprenden rápido. El problema es que se enganchan a las redes sociales.

Se han llevado libros relacionados con la Guerra de la Independencia.

Uno de ellos hablaba con acento francés.

Quieren saber qué pasó antes de que pase

y adelantarse a los acontecimientos.

Como en la primera de "Terminator", ¿no?

¿Quieren impedir que España gane la Guerra de la Independencia?

Exacto. ¿Se imaginan lo que pasaría si lo consiguieran?

Perdonen vuestras mercedes,

¿qué independencia? La nuestra.

¿El imperio español luchando por su independencia?

Hombre, imperio, imperio...

Dos siglos después de usted nos invadió Francia.

No, no puede ser.

El mundo era nuestro.

¿Ahora somos soberanos o rendimos pleitesía?

Sí, al Banco Central Europeo.

Volvemos al Ministerio.

Va a ser una masacre para nada. Francia perderá la Guerra

y solo será el principio del fin del sueño revolucionario.

Nadie gana. Vosotros perderéis todo

y nosotros volveremos al absolutismo, a la oscuridad.

Tranquilo, "mon amie".

Nada de eso tiene por qué ocurrir.

Para eso hemos venido a este siglo.

(TV) "Mátalo, tío, mátalo".

Qué vergüenza, Dios mío. Tranquila, me pasa lo mismo.

En cuanto cambio de época se me descontrola la regla.

Pero está prohibido sacar cosas de otra época del Ministerio.

Tú te llevas unos cuantos y si alguien te dice algo, me lo mandas.

Te explico cómo se pone esto.

Estamos localizando por la zona. Pueden volver a sus casas.

Mañana, reunión a las 10:00.

En ese caso, señores.

¿Alatriste y ella viven aquí ahora? No.

Cada uno vive en su tiempo

y en su casa. -Alonso no.

Tuvo que dejar Sevilla.

Cierto, ahora vive en Madrid, a 100 metros de aquí,

pero seguro que llega antes andando al siglo XVI

que usted en metro a su casa.

(VOZ FEMENINA) Amelia, la cena está servida.

Ya voy, madre.

¿Lo lees todos los días desde el 96?

Pero si ganasteis la Liga el año pasado.

Ya, pero es que aquel partido lo vi con mi padre, que en paz descanse.

¿Qué pasa? ¿Eres del Atleti? No, no me gusta el fútbol.

Pero me acuerdo de ese día como si fuera ayer.

Para mí sí que fue ayer.

O mañana.

Hay una puerta, ¿eh?, la 58, que da directamente

a los servicios del Galerías Preciados de Callao

Pues a las 10:00 de la mañana de aquel día, que era...

Sábado. Sábado, exacto.

Desde entonces, cada vez que tengo un mal día

en el trabajo o en casa o volvemos a perder con el Madrid,

cojo el petate, puerta 58...

y hale, al estadio.

40 veces he visto el partido y cada vez me lo paso mejor.

(Pasos bajando escaleras)

(Moto alejándose)

(Tráfico intenso)

¿Qué le pongo? Un cortado.

(Máquina de expreso funcionando)

¿Qué desea la señorita?

Un café con leche en vaso corto de café.

-Muy bien.

Gracias.

¿Qué tal? Hola.

¿Es para mí?

Felicidades.

Gracias.

¿Es...?

¿Qué es? Mira a ver.

Pero, tío, cómo te has pasado.

Oh. Oh.

Ten cuidado que está cargada.

Una foto juntos, venga. Venga.

A ver.

Ahí va.

Como tuviera que estar esperando a que tú te decidieras...

-¿Todo bien, jefe?

Todo bien. Todo bien, gracias.

¿Cuánto es? ¿Un cortado? Poco dinero.

80 pesetas.

(Sirena policial)

(ACENTO FRANCÉS) ¡Socorro! ¡Socorro!

-¡Llama a un SAMUR!

¿Qué ha hecho?

El plan era quitarles las armas, no matarlos.

-Según el informe forense los municipales fueron abatidos

por disparo de arma de coleccionista.

¿De mil ochocientos y poco? Ajá.

Es uno de ellos. ¿Él?

Murió por un disparo de un arma de la Policía Municipal.

¿Se defendieron?

No había pólvora en los dedos de los policías

y un arma había desaparecido.

Probablemente el que la robó disparó contra su compañero

y huyó. ¿A su época?

Señores, señorita,

este es su primer trabajo en el Ministerio.

Deben ir a 1808.

Puerta 21.

-Deben localizar la puerta clandestina

e impedir que esa arma robada pueda cambiar el curso de la historia.

¿Cornejo? Te envío dos hombres y una mujer.

Ropa de principios del siglo XIX. Avisa a Antoñita de peluquería.

La señal pertenecerá al sitio donde está la puerta que eligieron

para venir al siglo XXI. Toma.

¿Por qué le dais el mapa a ella? Porque está al mando.

¿Cómo, una mujer? Esto es de locos.

Pero ¿cuál es el plan?

Somos españoles, ¿no?

Improvisen.

Por el amor de Dios, parezco mi abuela.

Eso decimos todos en nuestra primera misión.

No estoy preparada. También lo decimos todos

en nuestra primera misión. Alonso, acompáñeme.

Te veo muy tranquilo para ser tu primer viaje.

Si necesitáis algo, el número está en la agenda. Toma.

¿Hay cobertura en el siglo XIX? Con esto sí.

Marcas el número, almohadilla y la fecha a la que llamas.

Hora, asterisco, día, asterisco, mes, asterisco, año, almohadilla.

¿Tiene cámara? Y juegos.

Pero no lo uses cuando cruces una puerta porque se vuelve loco

y de vez en cuando se bloquea. ¿Y qué hago?

Apagas y enciendes.

Os estará esperando un funcionario, Carrasco.

Dale este sobre.

Suerte.

(Ladridos)

¡Ay!

(Ladridos y relinchos)

¿Todo bien?

Las veces que le habré dicho al Ministerio que pongan escalera.

Cualquier día tendremos un disgusto.

¿Carrasco?

Tenemos que llegar...

aquí.

La fonda del Oso. No está lejos, ¿eh?

A caballo llegáis en media hora.

No pretenderéis que la dama monte a caballo.

Yo sé montar a caballo. Pues lo siento, pero yo no.

¿No sabéis montar a caballo?

Pues para ir andando sí está un poco lejos.

Tome, esto es para usted.

Venga, al hipódromo.

Pero... ¿cómo que nos quitan la extra de Navidad?

Pero ¿esto qué es?

(Ladridos)

(Graznidos)

Por aquí ya han pasado los franceses.

Esto en mi época sería impensable.

Si cumplimos con nuestra misión, Francia no ganará esta guerra, ¿no?

¡Pues vamos!

Pero ¿adónde va este tipo tan rápido?

¿Más vino?

(Murmullo)

Deberíamos pedir habitaciones.

No puede ser, siempre tienes el mismo problema.

¿Tiene alojamiento? Me queda una alcoba y un chiscón.

La alcoba para usted y su mujer y el chiscón para su criado.

De acuerdo.

Necesito sus nombres.

Me obligan.

Amelia Folch.

Alonso de Entrerríos.

Curro Jiménez.

Tomen algo mientras les preparan los cuartos.

(HABLAN EN FRANCÉS)

Tener que aguantar esto de unos extranjeros...

Ante todo no hay que llamar la atención.

Les dejo esto para matar el rato.

(CONTESTA EN FRANCÉS)

Ahora vuelvo, "monsieur", que tengo...

Cuando una dama dice "no", es no aquí y en París.

¿Eso es no llamar la atención?

Dos franceses son muy pocos para un español.

Aquí morimos.

Dos para dos me parece más justo.

Si le parece bien, claro.

Será un honor.

Este hombre ha pegado a una dama y va a pagar por ello.

No hará falta. Ya me ocupo yo.

(HABLA EN FRANCÉS)

(Disparo de cámara)

Alonso de Entrerríos.

Para serviros.

Eusebio Castañeda.

Igualmente.

Es él, el tipo que vi en el incendio.

Mi mejor tinto, don Curro.

Invita la casa. Muchas gracias.

¿Qué pasa?

Yo he visto antes a ese hombre.

Pero ¿cómo puede ser, si no nazco hasta dentro de 50 años?

Ha dicho que es Eusebio Castañeda.

¿Estás segura de que es él?

Sí, lo estoy.

(SUSPIRA)

¿Qué ocurre? ¿En qué estás pensando?

En Benito.

Era un buen hombre.

Sí, una gran pérdida.

Pero en la guerra mueren muchos hombres.

Quizá demasiados.

Debimos entrar en la alcoba del francés mientras estaba abajo.

Mañana mejor, cuando salga. Tendremos más tiempo.

Es la que manda.

Me retiro a mis aposentos.

Con Dios. Buenas noches.

Buenas noches.

(Suelo de madera crujiendo)

Tranquilo, que no te hace falta el puñal.

Pero ¿qué hacéis aquí, señora?

Me encanta cómo hablas,

como un caballero de los de antes.

La Virgen, qué ardor.

¿Tanto tiempo hace que no estás con una mujer?

Siglos.

Si me viera mi madre durmiendo con un hombre le daba un aire.

Vas a dormir como a cuatro metros de un hombre.

Te debo de parecer muy antigua.

Naciste un siglo antes que yo, ya me dirás.

Pues soy muy moderna, no te creas.

Soy la única mujer en la universidad y sigo soltera.

A mi edad todas mis amigas están casadas y con hijos.

¿Y tú, estás casado?

Lo estuve.

Murió.

Lo siento.

No pasa nada.

La vida es muy extraña.

Hace unos días pensaba que nada merecía la pena,

y cuando me obligaron a trabajar en el Ministerio...

creí que era una locura.

No fuiste el único.

Sin embargo ahora sé que me ha dado la vida.

Buenas noches. Buenas noches.

(Canto del gallo)

Sé cuáles son los aposentos del francés.

Thibault se llama. Es un alto mando de los invasores.

Ella es su amante, lo que parece.

Dolores de Villamejor,

una aristócrata que vivía en las Indias.

¿Las Indias? ¿Qué es eso? América.

Tiene a su disposición una alcoba todo el año,

la ocupe o no la ocupe.

Y de todo eso te has enterado esta noche.

Mientras otros duermen, yo me dedico a servir a la patria.

Espero que dejases a la patria satisfecha,

porque necesito a tu amiga para entrar en la alcoba del francés.

Vale, usted a lo suyo

y yo, ya que estoy, voy a hacerle la cama.

Que... no es que quiera meter las narices donde no me importa, ¿eh?,

pero ¿qué busca?

Una puerta.

Pues aquí no hay más puerta que por la que hemos entrado.

Ya.

Qué libro más raro.

Es que es francés.

Yo es que no sé leer. Las letras nada más.

¿Para qué? Total...

Para fregar y tener hijos...

Es él.

(VOZ FRANCESA MASCULINA FUERA)

Ojito, que hay moros en la costa.

Me ha visto en la cantina. ¿Qué hago?

Pero dale brío, que no tenemos todo el día.

Hale, ya ha venido el "monsieur" y nos ha pillado aquí.

Perdone, "monsieur", que la nueva no se entera de "na".

Anda, dale "to" tieso "p'al" pasillo.

(SUSURRA) Es "el Empecinado".

¿Quién?

Tú sí sabes quién es, ¿no?

Sí, sí. Cuéntaselo tú mejor.

Él fue... Es...

Será el que entendió cómo combatir a los franceses,

no con una guerra convencional, sino de guerrilla.

El ejército francés es muy superior,

así que en vez de en batallas, lo pelea en todas partes,

sin avisar, no lo deja respirar. Ataca y se va rápidamente.

O sea, que el francés sabe que en un futuro

"el Empecinado" organizará la guerrilla

y quiere cargárselo antes. Exacto.

De verdad, deberías ver la primera de "Terminator".

Tenemos que hablar con él.

¿La puedo ayudar en algo, señorita?

Necesito hablar con usted. ¿Podemos salir unos minutos fuera?

Le digo que se equivoca. Mi nombre es Eusebio Castañeda.

Es Juan Martín Díez el Empecinado. Y corre un grave peligro.

Insisto. Me confunden.

Sé perfectamente quién es usted.

Sé que combatió en el Rosellón,

que vive en el pueblo de su esposa, que se levantó contra el invasor

cuando soldados franceses violaron a una chica,

que Goya le hizo un retrato.

¿Quién me hizo qué?

Es que igual Goya no lo ha pintado todavía.

Lo importante es que su vida corre peligro.

Déjeme que les haga una pregunta. ¿Son ustedes españoles?

Por supuesto que soy español, como el que más.

Entonces sabrán que la vida de todos corre peligro, no solo la mía.

Pero puede que ganemos esta guerra pronto.

Muy pronto.

Tengo una cita a la que no puedo faltar.

Si me disculpan.

Tranquila, no le quitaré ojo.

Buenos días, don Eusebio. -Buenos días.

¿De quién es ese cuarto?

De doña Lola, la marquesa.

(Disparo)

Disparos.

Ruego me disculpe, "monsieur",

pero no domino estas armas modernas.

(Disparo)

Yo sí.

Lola, Lola. Esa arpía os ha vendido.

Es una patriota.

Me dijo que...

(Ruidos en la habitación)

(Mujer, grito ahogado con mordaza)

Se enteró de que quería hablar con Juan.

¿Está muerto? No, pero está muy mal.

Necesita un médico.

De mi época.

Lleváoslo a nuestra alcoba.

Yo me encargo de ella.

Deberían haber dado señales de vida. Cálmate, que va a ir todo bien.

(Móvil)

Son ellos.

¿Qué ocurre? ¿Sabe quién es "el Empecinado"?

Claro. Pues aquí lo tengo,

con herida de bala de una pistola que se fabricará en 200 años.

¿Puede traerlo? No. Ha perdido mucha sangre.

No aguanta el trayecto en carro hasta la puerta.

Activa un dispositivo UVI al 1808.

¿Ha caído uno de los nuestros? No, uno del XIX.

Sin tarjeta sanitaria.

Hecho.

(Golpes en la puerta)

Soy el doctor Morales. ¿Situación?

Herida de bala con orificio de salida.

No parecen afectados órganos vitales. Ha perdido mucha sangre.

¿Consciente? Ve bien. Delira.

Muy bien. Ya nos ocupamos nosotros.

Tranquilo, sale de esta.

Por vos, no por mí.

(Golpes en la puerta)

¿Está bien Lola?

Dice que sí, pero prefiero que la veas.

Le he dicho que eres médico.

Ojalá te oyera mi madre.

(Marcación de móvil)

(Señal de llamada)

(LOLA) (SUSURRA) Ha habido un problema.

Ahora no puedo hablar más.

Seguro.

Ya no puede ser.

Tengo que salir de aquí.

Te lo puedo explicar.

¿Cómo?

Julián. Julián.

Lola no es quien dice ser.

Aquí está.

Yo he estado aquí antes.

En 2015. Y en 2015 estamos.

Quedaos aquí hasta que vengan del Ministerio a recogeros.

Vestidos así no podéis ir por la calle.

¿Y la puerta? Hay que sellarla.

De la puerta ya me encargo yo.

O el móvil se inventó antes de lo que yo creía

o esa mujer viaja en el tiempo como nosotros.

Va ser más bien lo segundo.

Ernesto, que venga Velázquez.

Necesitamos un retrato robot para los funcionarios.

Tengo una foto aquí en el móvil. Vaya.

Veo que has retomado viejas aficiones.

Lola.

¿La conocen?

Lola Mendieta. Creíamos que había muerto

en una misión en las Guerras Carlistas.

¿Qué pretendía?

Dinero, es evidente.

Le vendió el secreto a los franceses.

"El Empecinado" antes de desmayarse

nos dijo de que fue a avisarlo de que huyera.

Que se hagan copias de esta foto y se envíen a todas las oficinas.

Muy bien.

-Señores.

Buen trabajo.

¿Os puedo preguntar por la salud del que dicen "el Empecinado"?

Está recuperándose en un hospital.

¿Y no se da cuenta de que no está en 1808?

No, la mitad del tiempo está sedado.

Además en el hospital hay una zona solo para nosotros

y nadie sabe lo que pasa allí.

¿En qué hospital se puede hacer eso?

En el 12 de Octubre.

Por eso siempre hay zonas cerradas por obras.

Se va a salvar y echará a los franceses de suelo español.

¿No es así? Sí.

Su rey estará orgulloso de él.

¿Por qué ponéis esa cara?

Su rey lo mandó ejecutar,

a él y a muchos otros que lucharon por España.

¿En vuestra época aún se lee

"El cantar del mío Cid"? Claro.

Nada ha cambiado desde entonces.

Dios, qué buen vasallo si hubiera buen señor.

Oye.

¿Hay alguna lista de las puertas y adónde lleva cada una?

El listín. Va cambiando cada semana.

También hay una aplicación para móvil muy útil,

porque no hay que hacer cálculos.

El tiempo pasa aquí y en el pasado, en cada puerta,

cada día, cada minuto.

Quédatelo. Yo me apaño con el de Ernesto.

Gracias.

¿Qué hacéis aquí?

No podéis volver aquí con ella. Dejadme en paz, anda.

Vais a venir con nosotros

y vais a venir de buen grado.

Es mejor que ella no se entere y lo sabes, ¿verdad?

Estáis loco.

¿Y si os hubierais encontrado con vos?

Imposible. Esa noche estaba de guardia.

Fue una mala noche y la mañana siguiente no fue mejor.

Discutí con Maite.

En fin.

¿Cuándo murió tu esposa?

Mañana, 23 de octubre de 2012, poco antes de mediodía.

Atropellada por un coche.

Yo estaba con la ambulancia por la zona.

Es más,

fui el primero en llegar a socorrerla.

No entiendo.

¿Por qué no puedo avisarla?

Todos tenemos que morir.

Esa mañana discutimos y no volvimos a hablarnos nunca.

15 años juntos y lo último que hicimos fue gritarnos.

No es justo, joder.

(Móvil)

(Móvil)

Sí, mujer, ya voy para casa,

en cuanto eche de aquí a unos pesados.

Julián.

El artilugio ese que te dio Irene...

¿Estáis locos?

(Móvil)

(Móvil)

(Móvil)

(Móvil)

¿Sí?

¿Diga?

¿Diga?

Maite.

Ah, Julián. ¿Desde qué número llamas?

Nos lo han dado para la ambulancia. Lo pasan por centralita.

Oye, que...

que me perdones por lo de esta mañana, ¿vale?

Joder, es que...

Me repatea la habilidad que tienes para darle la vuelta a las cosas.

¿Julián?

¿Me oyes?

¿Me oyes?

Julián.

Te quiero, Maite.

Te quiero más que a nada en este mundo.

¿Sabes? A veces...

A veces uno lo da por sobreentendido y...

por lo que sea no lo dice, pero...

quiero que no se te olvide, Maite.

Que no se te olvide nunca.

Tú y yo tendríamos que discutir más a menudo.

¿Dónde estás?

Se oye mucho jaleo. En la Gran Vía.

Oye, ¿no estarás comprando nada para mí?

Habíamos quedado en que este aniversario nada de regalos.

Tranquila, nada de regalos.

Lope de Vega no va en el San Juan. ¿Y eso qué quiere decir?

Morirá antes de lo que dicen los libros.

Deben ir a Lisboa a 1588. Piensen que apenas tenía 26 años

y toda su obra por escribir.

-Necesitamos encontrar a Lope y reubicarlo.

Quédate preñada. Quédate preñada y a ver cómo lo explicas.

No, que el padre es Lope de Vega.

(Ladridos)

(HABLA EN FRANCÉS)

Llamada urgente del Ministerio. Repito, llamada urgente.

¿Preparados?

-Tienen que impedir que España entre en la Segunda Guerra Mundial.

Necesitaremos refuerzos.

-¿Qué queréis, Abraham? -Protección para mi familia.

A cambio os ofrezco el libro de las puertas.

-La reina prometió que lo protegería,

a él y a su familia.

Cinco días, ni uno más.

Al día siguiente, este ministerio dejará de ser un secreto.

¿Y qué vamos a hacer?

(SALVADOR) Deben viajar a 1491 para salvar al rabino de la hoguera.

¡Marrano!

Qué ambientazo.

Así no tendrán nada que reclamarnos.

Fijaos. No puede ser.

Pues lo parece.

...que ahora deben ustedes hallar, el recibo del "Guernica".

Es un cuadro de Picasso, quizá sea el más importante del siglo XX.

Puerta 864.

Según nuestros datos, la valija llegará a Madrid mañana a la mañana,

al Madrid de 1981, claro.

(LOLA) El Ministerio os tiene engañados, Amelia.

¿Preservar el pasado?

(ERNESTO) He arriesgado mi vida más veces que tú por este Ministerio.

¿Sabe qué es lo que más me molesta en esta vida?

Que me tomen por tonto.

El Ministerio del Tiempo - T1 - Capítulo 1: El tiempo es el que es - Ver ahora

Mercado Central

Otra serie diaria y de actualidad es Mercado Central. Cuenta las historias que se aglutinan en un mercado. Sus comerciantes y familiares de estos son los protagonistas de esta serie que se estrenó hace casi un año. Tienes todos sus capítulo a lacarta en RTVE. 

No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 1 - ver ahora
Transcripción completa

(VOZ EN OFF CHICO) "Tres pescaderías, cuatro pollerías, siete carnicerías,

tres fruterías, ocho puestos de alimentación, un bar

y una pizzería.

En 1985 había 87 personas trabajando en el Mercado Central de Madrid.

Ahora trabajan 61.

En 1985 pasaban por el mercado una media de 1300 personas diarias.

Eso significa que el Central pierde 26,31 clientes al día.

Las posibilidades de que el mercado sea destruido por un incendio

son de un 14,7 por ciento.

Inundación, un 8,2 por ciento.

Terremoto, 5,2 por ciento.

Colapso del edificio, 24,6 por ciento.

Meteorito, 0,8 por ciento. Desastre nuclear, 6,2 por ciento.

Y otras causas, 40,3 por ciento.

Y aun así, más del 80 por ciento de los trabajadores del Central

afirma sentirse bastante o muy satisfecho

con su puesto de trabajo. La gente es muy rara".

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

¿Qué vestido?

¿El blanco? No, el de tirantes.

El que me puse para la inauguración de la galería de arte.

¿No era blanco ese? Era marfil.

Coño, blanco.

Elías, el marfil es marfil. No tiene que ver con el blanco.

Adela, el blanco es blanco. Blanco de toda la vida.

No sé por qué tenéis esa manía de complicar tanto las cosas.

¿Qué le pasa al dichoso vestido? La cremallera, que se encalla.

Llévalo a la costurera de la calle San Matías, que te la cambie

y ya está. No lo estarás diciendo en serio.

¡Con lo que me ha costado! No, no.

Voy a ir a la tienda y pobres de ellos

como no me lo cambien por uno nuevo.

¡Eh, eh!

Que no es por ahí.

Desde mi piso puedes salir directamente, guapa.

-Perdón.

Manda huevos, ¿eh? Cada día más jóvenes.

A mí eso me da igual, Elías.

Lo que no es plan es estar desayunando aquí en familia

y que un ligue de tu padre se plante en mitad del salón.

Que ya me dirás

qué le ven a tu padre.

Qué le van a ver, hija.

Qué le van a ver.

Venga, nos vemos pronto, Dolores.

-Adiós, llámame.

-Sí, claro.

(Beso)

(Puerta)

¡Buenos días!

¿Se puede saber quién era esa?

Se llama Dolores.

No me lo puedo creer.

Y yo tampoco.

¿Te parece normal que tengamos que desayunar todos los días

con tus conquistas paseándose por el salón?

No exageres, hijo, tampoco pasa todos los días.

¿Queda café?

El descafeinado hay que hacerlo. Este me vale.

Bueno, mira, se acabó. ¡No me toques la moral!

Yo tengo la tensión mejor que tú.

Estoy hablando de las chicas, papá.

De tus conquistas,

de tus fiestecitas en mitad de la noche,

de que te creas que tienes veinte años.

¡Te comportas peor que Germán!

Oye, que está durmiendo.

Pues que se despierte de dormir la mona.

¡Estoy hasta las narices de que se haga en esta casa

lo que les sale de los cojones! Querrás decir en mi casa.

Aquí vivimos todos.

Que yo sepa nadie te obliga. Si no te gusta, puedes irte cuando quieras.

Eso te encantaría, ¿verdad? Te encantaría.

¡Estar solo, que nadie te controle y montar bacanales!

Elías, no te exaltes.

Pero ¿a ti te parece normal?

¿Te parece normal esto? A ver,

estoy segura de que, de ahora en adelante,

Jesús tendrá en cuenta las molestias que pueda causar

su comportamiento, ¿verdad que sí, Jesús?

Mira, voy a abrir yo hoy el puesto.

Así...

podéis desayunar tranquilamente.

¡Jesús! Ah,

y dadle un toque al proveedor de peras,

están más duras que una piedra.

Buenos días, Jesús. (JESÚS) Buenos días, Samu.

-Qué temprano has amanecido hoy. -Todos los días.

No pierdo el tiempo durmiendo.

-Dime tu secreto, cada día se me pegan más las sábanas.

-Tres piezas de fruta al día

y una mujer nueva cada semana. -Eso no te lo crees ni tú.

-Tampoco que te cueste levantarte por las mañanas,

si te pasas el día sentado.

-Porque algunos sentados trabajamos el triple que otros de pie.

-No lo dirás por mí. -Yo no digo nada.

Solo que te pasas el día paseándote en el descapotable

y no en el puesto con tu familia.

Qué lástima tener un coche tan bueno solo para pasearse a 30 por hora.

Claro, a tu edad imagino que no te dejan ir más rápido.

-Por cierto, todavía estoy esperando a que tu padre

me arregle el enchufe de la báscula.

Se me estropea cada dos por tres

y tengo que volver a pesar la compra. -Se lo he dicho tres veces.

-A la cuarta se lo diré yo. Te aseguro que no le va a gustar.

-No te preocupes, me encargo.

-Ya te vale. -Que tengas un buen día.

¡Buenos días!

Buenos días, Cristina.

(CRISTINA) Hola, Samu. -Aquí te dejo el correo.

Quiero que me vendas una rosa.

-¿Una? ¿No prefieres un ramo?

-Una bastará. -Cierto.

¿Quién quiere uno teniendo esa sonrisa?

-¿Qué te debo? -Nada.

Solo prométeme que no le vas a destrozar el corazón a nadie.

No quiero que una chica sufra por mis flores.

-Esta es especial.

-¡Uh! Eso se lo dices a todas.

-Eres la mejor, bonita.

(MUJER) ¿Qué haces con esa camisa? Te he dejado una planchada en casa.

-¡Esa me queda grande!

-¿Cómo que grande? Es tu talla.

Como el señorito quiere ir marcando músculo...

-Abuela, ¿crees que me queda mal esta camisa?

-Si a ti te gusta.

-¡A mí me gusta verte sonreír!

Se van a poner malos los chuletones

y no hay quien los venda. Mejor así.

Mamá, ha llegado este certificado. -A ver.

-¿Y papá? -En los almacenes o en el despacho.

-Gracias por tu ayuda, eso lo habría adivinado yo.

-Entonces, ¿para qué preguntas?

-Ya le buscaré. ¡Abuela!

La sonrisa.

Flora, el correo.

¿Cómo está la mujer más bonita de todo el Mercado Central?

-No lo sé. Cuando la encuentres, se lo preguntas.

-La encontré. -¿Y esta rosa?

¿A santo de qué?

-Serafina, vengo a pedirle la mano.

-¡Ay, Samuel!

¡Ay, Samuel, por Dios! Pensaba que no me lo ibas a pedir nunca.

-Lo sé, estas decisiones hay que madurarlas bien.

-Ya era hora. Llegas a tardar un poquito más

y me tienes que llevar la rosa al funeral.

Te lo digo. -En realidad es para celebrar

que hoy hace justo 20 años que llegó al Mercado Central.

-¿Veinte años ya?

¿Veinte? Pero ¿y tú cómo lo sabes?

-Los archivos de entrada de gerencia.

-¡Ay!

-Siento si te he roto el corazón. -Hijo, no seas bobo.

¡Ay!

-Que tenga un feliz aniversario, Serafina.

-Gracias, hijo. -¿Dónde vas con eso?

(HOMBRE) ¡Buah!

Han vuelto a joder la cerradura del acceso sur.

-Jesús me ha vuelto a repetir lo de la báscula.

-¡Qué manía, hombre!

¡Ni que se le estuviera cayendo abajo el puesto!

-Yo solo informo.

-Perdona, hijo. Desde que Lola está de baja,

todo esto es un caos.

-¿Y si organizo yo el servicio de limpieza?

-Eso es cosa de la gerente.

-Si Lola no está, alguien tendrá que hacerlo.

-Está bien, pero solo por esta vez.

No quiero que se aprovechen de tu buena fe.

-Que sí. Rosa, han llamado del Ayuntamiento.

-¿Qué querían? -Ni idea.

Querían hablar con la presidenta de la asociación de comerciantes.

-¿Por qué no me llaman directamente?

Tienen mi móvil, el fijo de casa, el del bar...

(SAMUEL) ¿"Tutto bene", Paolo?

(PAOLO) "Beníssimo". ¿Y tú, Samu?

-No digo nada, pero tu mujer acaba de regalarme una rosa.

-Eso es que quiere algo contigo. -¿Verdad?

Eso he pensado, así que imaginé que debías saberlo.

Lo siento mucho, tu matrimonio está acabado, espagueti.

(PAOLO HABLA EN ITALIANO)

Tómate un café. -¿Estás loco?

Paro cinco minutos y esto se hunde.

-Lo más jodido es que tienes razón.

Esto sin ti no sería lo mismo.

(SAMUEL) ¡"Ciao, bello"! (PAOLO) "Ciao".

¿No has dormido bien?

Como siempre.

Eso explica las bolsas de los ojos.

Buenos días a ti también, Asunción.

¿Tienes algún plan para hoy al menos?

¿Qué es esto?

Información sobre la clínica nueva esa.

No. Ya te dije que no me gusta esta clínica para David.

Pero ¡si ni siquiera lo has mirado!

Mira qué instalaciones. No sabes lo solicitada que está,

pero la doctora Álvarez

se ha comprometido a hacernos un hueco.

No, ya hemos hablado de esto, de verdad.

No lo hemos hablado. Solo te has cerrado

en banda y no entiendo por qué.

Porque David lleva media vida con el doctor Alejo,

y ahora que se va a jubilar

le va a costar adaptarse a un nuevo psicólogo.

No creo que tengamos que ir a la primera que pasa.

Conozco personalmente a la doctora Álvarez

desde la universidad y te aseguro que tiene mi confianza.

Ya, ese es el problema.

Tiene tu confianza, pero no tiene la de tu nieto.

¿Cómo la va a tener si no aceptas una visita?

A ver, ¿cuántos años tiene tu amiga?

¿Qué importancia tiene eso? Mucha.

Si habéis ido juntas a la universidad

es porque tiene tu edad. Eso quiere decir que dentro de poco

se va a jubilar. David no puede asumir tantos cambios.

¿No será peor dejarle en manos de un desconocido

que a saber cómo le trata?

Por lo pronto van a tener mucho tiempo por delante.

Va a ser alguien joven, que conecte con él

y puesto en las últimas terapias de aspérger.

Pero Celia... Que no, Asunción.

De verdad, no me insistas. Yo me ocupo. ¿Sí?

Ya veo lo bien que lo has estado haciendo

estos últimos meses.

Buenos días, Rosa.

¿Café con leche y cruasán? No, gracias, ya he desayunado.

¿Te sientas un rato conmigo?

Tengo clientes y estoy sola.

Los clientes ya están servidos.

Anda, siéntate, porfa.

Oye, ¿tú le dijiste a Sorio que te pusiera un ayudante?

Se pasa por el forro cualquier cosa

que signifique un gasto extra, es un rata.

Hablo con él, no va a haber que apretarle mucho

para que entre en razón. No, ya me apaño yo, ¿eh?

Voy hasta arriba, pero yo qué sé, trabajo a mi manera, ¿sabes?

Además, no tengo que darle explicaciones a nadie.

No tienes que trabajar aquí si no quieres.

Los De la Cruz tenemos un sitio para ti.

Elías, hemos hablado de este tema muchas veces.

Sí, sí. Sí.

Sí, lo sé.

Y, sinceramente, no termino de entender

por qué no quieres trabajar con la familia.

Y más teniendo en cuenta cómo te tienen aquí explotada.

Mejor eso que tener tiempo para pensar.

¿Te has fijado que ya no queda casi ningún cartel de los que colgué?

Alguien los ha arrancado. Hay que ser mala persona, ¿no?

Ahora, que te juro que como pille a ese gamberro...

Rosa, Rosa, vamos a hacer una cosa.

Hablo con Nicolás y le digo que esté pendiente, ¿de acuerdo?

Gracias.

Había pensado comentarlo en la reunión de esta tarde.

¿Hoy hay reunión de comerciantes?

Sí, la acabo de organizar.

El Ayuntamiento nos ha convocado a una reunión urgente.

Fíjate, todo este tiempo

dándonos largas y ahora resulta que les entran las prisas.

¿Y te han dicho qué querían?

No, supongo que serán temas pendientes.

(MUJER) ¿Me pones un zumo de naranja? (ROSA) Enseguida.

Pero me he hecho una lista.

Para empezar, las obras de la calle San Matías.

Van con retraso, ¿sabes?

Y están entorpeciendo la entrada norte.

¿Y has visto como están las farolas?

Dejan la plaza completamente oscura.

Pobrecillos, no saben la que se les viene encima.

Ya te digo yo que no.

Voy a poner firmes a todos esos burócratas

como que me llamo Rosa de la Cruz.

(HOMBRE) ¿Dónde está la cinta aislante?

(SAMUEL) ¡Atención al pase! (HOMBRE) ¡Samu, por favor!

No es uno de tus partidos de baloncesto, hombre.

¿Quieres que me descalabre? -Pierdes reflejos, ¿eh, viejo?

-¿A qué hora jugáis este domingo? ¿A las diez o a las doce?

-Ni idea, no me acuerdo. -¡Pues míralo!

Tu móvil sirve para algo más que ligar con las aplicaciones esas.

-Papá, ¿no quieres hacer algo distinto ese fin de semana?

Vete con mamá y llévatela por ahí de compras, hace buen día.

-Prefiero estar en la grada animándote.

-Yo te lo agradezco, pero no sé...

No hace falta que vengas a todos los partidos.

-Caramba, Samu.

Cualquiera diría que no quieres que vaya a verte.

No es eso, ¿verdad? -No, no es eso.

Pero, hombre, reconóceme que a veces...

muy discreto no eres.

-Me meto en el partido, como todos.

-¡Les gritas al árbitro y al entrenador!

-No tienen ni idea. -¿Tú sí?

Antes de mi accidente no sabías ni de qué color era la pelota.

-Eso es verdad.

Pero ¿quién te puso una

en las manos por primera vez?

¿Quién te estuvo dando la turra para que entraras en el equipo?

Si no llega a ser por tu padre,

aún estarías lloriqueando

por no poder seguir jugando al fútbol. Pero ¿qué te dije?

-No cuentes lo de la piedra, no hace falta.

-La vida siempre se puede ver de otra manera,

solo hay que saber...

(A LA VEZ) Por donde mirar.

¿Aún la llevas contigo?

-Siempre.

¡Atención al pase! -¡Samu!

-Es broma.

Oye, papá.

Nunca dices de dónde la sacaste.

-Me la encontré tirada en el suelo del despacho de gerencia.

A saber de dónde salió.

Samu, no hay que...

preguntarse de dónde vienen los regalos de la vida.

Basta con aceptarlos.

(MUJER) Pero, ¿aún estáis aquí?

Nicolás, llevo media hora esperándote.

-Cariño, estaba con esto. Se me ha ido el santo al cielo.

(MUJER) No quiero que se marche el transportista, habla con su jefe.

Nos quiere cobrar lo que no es. (NICOLÁS) ¿No estaba arreglado?

(MUJER) No me hace ni caso. Habla con él, que sois amigos.

¡Y tú, Samu! -¿Qué?

-Ven también, que la abuela necesita ayuda en el muelle.

-Pero ¿ahora?

-¿Tienes algo mejor que hacer?

Tienes razón con lo de las peras. Están verdes.

Es lo malo de la fruta de hoy en día.

Muy bonita por fuera, pero luego no hay quien se la coma.

En mis tiempos, la más sabrosa siempre era la más fea.

Mira, afortunadamente todo evoluciona.

Sí, para peor.

Es verdad, se están perdiendo los valores de toda la vida.

Antes, por ejemplo, nadie hubiera puesto reparos

a que un hombre de tu edad pagara por tener

relaciones sexuales con una chica que podría ser su nieta.

Dolores es mayor de edad y es libre de hacer lo que le plazca.

Permíteme que lo dude. Que sea libre, digo.

Ya me perdonarás, Jesús, pero esas cosas

no se hacen por gusto. Está claro que va a por tu dinero.

No te hacía tan mojigata.

No, no te confundas, que no es mojigatería.

Es solo que me parece cutre y degradante, para ella y para ti.

Por no hablar de las consecuencias que te puede acarrear.

No te preocupes, que ya tomo mis precauciones.

No necesito detalles. Y no me refiero solo al sexo.

Bebes como un descosido, fumas puros, llegas a las tantas...

Sí, y aun así,

estoy más sano que tu marido. Sí.

Hasta que dejes de estarlo. Ya vendrán los lloros.

Adela, te agradezco que te preocupes tanto por mi salud,

pero yo ya he estado muchos años portándome bien

cuando estuve casado con tu suegra.

No creo que le haga mal a nadie

si recupero el tiempo perdido.

No. Solo te lo haces a ti mismo.

Bienvenido sea.

Me lo estoy pasando de puta madre.

Así no. Lo haces mal.

¿Mal por qué?

Primero va el libro de matemáticas, después la libreta grande,

después el libro de estadística y después el bloc negro.

Si no, está mal.

Vale.

¿También tienes los bolígrafos? Sí.

Tengo uno negro, uno verde, uno rojo y dos azules.

Tengo dos azules porque es el que más uso

y es más probable que se quede sin tinta

antes que el verde, el negro o el rojo.

El verde no lo uso, pero nunca sabes cuándo lo puedes necesitar,

así que prefiero estar preparado.

Tienes razón, cariño. Hay que estar preparado para todo.

¿Sabías que un bolígrafo estándar da para pintar

una línea de dos kilómetros exactos? ¿Sí?

La doctora Álvarez me dijo

que esos son 232 páginas de DIN A4 exactamente.

Y eso son muchas páginas.

¿Has dicho la doctora Álvarez? ¿Quién es la doctora Álvarez?

Es una amiga de la abuela, pero no es tan vieja como ella.

Yo creo que se ha hecho la cirugía plástica,

pero no se lo pregunté.

La próxima vez que la vea se lo preguntaré.

¿La vas a volver a ver?

No me cayó mal aunque se haya hecho la cirugía plástica.

Vale.

Venga, coge la merienda y espérame en el coche,

que te llevo al instituto.

(CHICO) Sí, tío, mucho desfase anoche.

Ahora no quieras saber los detalles. Oye, por largarte sin avisar.

¿Qué pasa, mamá? Hombre.

Cállate. Esta noche te cuento, ¿vale? Chao.

Buenos días. (JESÚS) Buenos días.

Mira quién se ha levantado de entre los muertos.

¿Tú has visto la hora que es?

Qué pasa, hoy no tengo clase. (JESÚS) Eso da igual.

Las noches entre semana no son para salir hasta las quinientas.

(CHICO) ¿Tú me vas a dar lecciones?

Tu habitación está al lado de la mía,

abuelo. (JESÚS) ¿Y qué?

(CHICO) Te montas cada fiesta que flipas.

(JESÚS) Haré lo que quieras, pero a las 07:00 estoy aquí

y no tiro medio día a la basura.

(CHICO) Ya, a tu edad ya no pegas ojo.

¡Germán, ya está bien! Tu abuelo tiene razón, no puedes seguir así.

(JESÚS) Muchas gracias. Tú tampoco.

Me tenéis hasta el moño los dos. ¡No sé quién es peor, de verdad!

Mentira, sí lo sé. Él tiene 20 años,

pero tú deberías... Mira, Adela

no te enfades tanto, que te van a salir arrugas.

Vas a vivir mucho mejor si no te tomas las cosas tan a pecho.

Te lo digo por experiencia.

¡Ah! Y cóbrale el plátano a este, que aquí no regalamos el género.

(GERMÁN) Vale, tienes razón. No debería haber salido anoche,

pero quedé con unos colegas para tomar unas cañas

y se acabó liando.

Vaya novedad.

Lo siento, no volverá a ocurrir.

A ver si es verdad.

Anda, y tira para casa,

que enseguida voy y comemos. Vale.

Necesito 50 pavos.

¡Germán! ¿Qué?

No los quiero para salir, son para el regalo del abuelo.

¿Aún no le has comprado nada? ¡La fiesta de cumpleaños es ya!

Ya lo sé, pero entre una cosa y otra...

Sí, te acabas liando. Ya me suena.

Toma, cómprale algo bonito.

No se cumplen 70 todos los días.

Será el mejor regalo de toda la fiesta.

Gracias, mamá.

(CHISTA) No me hagas la pelota y tira para casa.

¡Y no te pierdas! Venga.

Asunción.

¿Puedo preguntarte por qué has llevado a David

a la clínica sin preguntarme?

La doctora ha hecho un gran esfuerzo para hacerle hueco

y no me he atrevido a decirle que no. Dirás que no te ha dado la gana.

¿Qué tiene de malo? Se han conocido, se han caído bien

y David ha salido encantado. Ya, pero esa no es la cuestión.

Habíamos quedado que me encargaba de buscarle un psicólogo...

Ya. ¿Cuándo ibas a buscarlo? Bueno.

Te pasas el día sin mover un dedo.

Si no te ocupas de sus necesidades, alguien deberá hacerlo.

Oye. Yo nunca jamás he desatendido a David.

Porque desde que faltó Manuel me has tenido a mí.

Vale.

Asunción, las dos sabemos que si mis padres estuvieran vivos,

las cosas serían distintas.

Soy consciente de que has recurrido a mí

porque era tu única opción, Celia.

Los meses que he cuidado de vosotros lo he hecho de corazón.

Ni una vez me has oído quejarme.

Y yo lo sé.

Y estoy muy agradecida por todo lo que has hecho

por nosotros, pero no te equivoques.

Yo soy la madre de David y aquí las cosas se hacen a mi manera.

Las dos queremos lo mejor para él.

Exacto.

Y eso incluye respetar mi decisión.

¿Aunque no puedas saber qué es lo mejor?

¿El qué? Mira.

Perdona que sea tan dura.

Sé que para ti es muy difícil

tirar adelante después de perder a tu marido,

pero también he perdido a mi hijo y no dejo que me arrastre.

Y lo más importante, no voy a permitir

que eso perjudique a David aún más. ¿Y crees que yo sí?

Ya no sé qué pensar.

Para empezar, evitas que tenga una de las mejores especialistas

de aspérger de Madrid. Por favor.

Mira, tú serás su madre,

pero hasta que no te comportes como tal,

seguiré siendo yo quien tome las decisiones.

Vale.

Vale, no te preocupes, Asunción.

A partir de ahora no vas a tener que tomar ninguna decisión más.

Ahora hago las maletas y nos vamos. ¡No digas tonterías!

¡No es ninguna tontería! ¡Tienes razón!

¡Es hora de que tome las riendas

de mi vida y la de mi hijo! Gracias.

Hubo un colapso de camiones todos ocupando la entrada...

Y Paolo montó una.

Ya. No me extraña,

está justo la terraza. (ROSA) Aquí tenéis.

¿Cuál es el de leche de soja?

Ninguno, los dos son normales.

-El suyo con leche de soja, el mío con semi.

Uy, estás en Babia hoy.

-Venga, que os los vuelvo a hacer.

-Anda, que a este paso echamos aquí

la tarde. (ROSA) No te quejes, Carmen.

Así tienes una excusa para descansar

mientras que Jonathan está en el puesto, ¿no?

Oye, ¿qué tal se las arregla?

Genial. El primer día se sabía ya el precio de todas las mercancías.

Bueno, y sabe camelarse a las clientas.

Ya. Lo importante es que sea de fiar y no le asuste el trabajo.

Si trabajador es, pero como todos los jóvenes, hay que marcarle.

Si no, acaban vete tú... -Semi.

Y soja. Gracias, guapa.

Nada.

Ya te vale.

Rosa, ¿me preparas un bocata de tortilla para llevar, por favor?

Ahora mismo, Jorge.

Qué jaleo hay montado ahí fuera.

(CARMEN) ¿Por? ¿Qué ha pasado?

¿No os habéis enterado?

No, ¿de qué?

(SUSURRA) Han encontrado el cadáver de una chica.

¿Qué dices? ¿Aquí, en el mercado?

En el bloque de enfrente.

El edificio abandonado de la imprenta Astorga.

Está el juez, policía... Qué horror.

Al parecer la chica llevaba varios días ahí metida.

(CARMEN RESOPLA)

No quiero ni pensar en qué estado habrán encontrado el cadáver.

¿De qué estáis hablando?

No, de nada.

¿Te importaría ponerle un poquito de tomate al pan, por favor?

Has dicho que han encontrado un cadáver. Te he oído perfectamente.

¡Joder, Jorge!

A ver, Rosa. Será una okupa que ha entrado en la imprenta.

No te preocupes.

¡Mierda!

¡Rosa, Rosa! ¡Rosa!

Ya te vale a ti también, ¿no?

Pero, bueno, ¿qué querías que hiciera?

No sé, chica.

¡Nacho! Nacho, soy Jorge.

Oye, es tu mujer.

Sí, sí, vente.

Pasa, cariño.

(DAVID) ¿Por qué estamos aquí y no en el cole?

Bueno, ya te lo he dicho antes.

A partir de ahora vamos a vivir en casa.

Pero a mí me gustaba la casa de la abuela.

Y a mí también, cariño, mucho,

pero siempre hemos sabido que era algo provisional.

Pero aquí no están mis libros ni...

ni las libretas, ni las zapatillas a cuadros.

No te preocupes, ya verás como mañana

vuelves a tenerlo todo aquí.

Además, antes de marcharte,

dejaste un montón de cosas en tu habitación, ¿te acuerdas?

No.

No me gusta.

No me gusta, quiero volver. David, tranquilo. Tranquilo.

Mira, vamos a hacer una cosa.

Vas a ir a tu habitación

y vas a coger una libreta. Y me vas a hacer dos listas.

En una vas a poner las cosas que tienes

y en otra me vas a poner las cosas que te faltan.

Ya verás como mañana lo tienes todo aquí. ¿De acuerdo?

¿Dos listas? Exacto.

Si ya verás, antes de que te des cuenta

todo volverá a ser como antes.

Todo no.

Seguirá faltando papá.

Hola, bonita.

¿Es Gouda?

-¿Perdona?

-El queso.

-Boreankaas.

-Joder, me has hecho polvo.

-¿Por qué?

-Si me hubieras dicho que es Gouda, habría dicho:

"Vaya, qué decisión más 'peliagouda'".

¿Eh? No, te podría haber dicho:

"¿No tendrás por ahí una esquina un poquito más 'puntiagouda'?

Te hubieras reído

porque hacer una broma tan... -"Agouda".

-Tan "agouda". (CHICO) Me encargo del bar.

-Prueba con el "Borenkaas" a ver si hay suerte.

¿Vas a probar los quesos o no?

-Joder, dicen que las holandesas sois más simpáticas.

-Seguro que lo son, pero yo soy de Getafe, ¿sabes?

-Ah, ¿Getafe? -Sí.

-¿Qué pasa?

-¿Qué pasa? ¿Para casa ya o qué?

-Qué va, me ha pedido Nacho que me encargue del bar.

¿Tú qué, eh? ¿Qué hacías con esa?

-Picar piedra.

Pero va vestida de holandesa

y podría ir perfectamente de siberiana.

Hermano, pasa de ella. Además,

si tampoco está tan buena, ¿no?

-¿Qué? ¿Tú estás tonto?

¿A que me la ligo en una semana?

-Pero ¿no me has dicho que no te ha hecho ni puñetero caso?

-Bueno, torres más altas han caído. -Ya. ¿Y Sandra?

-¿Qué Sandra? -¿Cómo que "qué Sandra"?

¿La entrenadora de natación del polideportivo?

¿También conocida como tu novia? ¿Te suena esa Sandra?

-¡Ah! Sandra. -¡Sandra!

(SAMUEL MURMURA) (JONATHAN) ¡Esa, esa!

-Sandra y yo somos amigos. -¿Amigos?

No creo que piense lo mismo.

-Da igual. ¿Qué te apuestas? En una semana cae.

-Yo que tú pasaba de ella, tío.

Además, si tampoco es tu tipo, ¿no?

-Eso ya lo veremos. Que empiece la campaña holandesa.

-¡Anda!

(SUSPIRA)

¿Qué es esto?

¡Hola! Hola, soy Celia Mendoza.

¿Podría hablar con Claudio, por favor?

El director de la sucursal, sí.

No espera mi llamada, pero es urgente, si no te...

Claro, espero. Gracias.

Claudio.

Hola, ¿qué tal? Gracias por atenderme.

Ya, pues no, porque acabo de ver

que una de mis cuentas está en números rojos.

Sí, he estado fuera unos meses, pero de todas formas no lo entiendo,

porque esta cuenta me da ingresos todos los meses.

¿Cuál? ¿La del puesto 23 del Mercado Central?

Si lo tengo alquilado desde hace años.

¿Cómo que no están pagando el alquiler?

¿Desde cuándo no están pagando el alquiler?

No me lo...

(PAOLO) ¡Oye!

Si sigues fregando ese plato así le vas a hacer un agujero.

-¿Quieres hacerlo tú mejor?

-"Oggi siamo di pessimo umore".

-¿Y cómo estarías si te tocara fregar platos en tu tarde libre?

Y visto lo visto, fijo que me va a tocar cerrar el bar.

-¿Rosa no ha dado señales de vida? -Pues no.

Lo peor es que se cree que estoy a su disposición.

Si quiere un sustituto, ¡que llame a otro!

Ya tengo un trabajo, joder. (PAOLO) Jonathan,

tienes que tener más paciencia con ella.

Rosa es una buena mujer. Lo está pasando fatal.

Además, ¿acaso no te pagan?

-Hombre, faltaría más. (PAOLO) Es decir,

tú tienes dos trabajos, te pagan el doble que a cualquiera,

haces una buena obra, te pasas el día conociendo a gente nueva en un bar...

¡"È un vero affare"!

-La verdad que visto así... -Los jóvenes

os quejáis antes de pensar

y se os olvida que siempre, en todas las cosas,

hay un lado bueno.

¡Hola!

¿Está rosa? (JONATHAN NIEGA)

Sigue trabajando aquí, ¿no?

-Sí, sí.

-¿Va a venir hoy?

-Luego viene. -¿Luego?

¿Y más o menos a qué hora va a venir?

-Dentro de un rato, ¿por?

La puedes esperar aquí si quieres, pero yo no te aseguro nada.

-Dale esto, por favor.

¡David!

¿Qué haces?

Calculando.

¿Calculando qué, cariño?

Las probabilidades de que esto se venga abajo.

Son bastantes.

Mira tú qué bien.

Espero que no sea antes de que yo pueda cobrar lo mío.

¿Quieres venir o me esperas aquí?

Me espero. Vale.

Pero no te muevas, ¿eh?

Hola, buenas tardes. ¿Serafina Romerales?

¿Celia? Sí.

No me lo puedo creer, ¡qué alegría verte!

Ah.

Vaya, lo siento, ¿nos conocemos?

No nos han presentado en la vida, pero, vamos, es como si te conociera

de toda la vida. ¿Y eso por qué?

Mi Manuel, que me enseñaba fotos

de su familia y me contaba mil y una historias

de todos vosotros.

Qué lástima lo que le pasó.

Pobrecito, te acompaño en el sentimiento, hija.

Gracias, gracias.

¿Tú sabes que yo lo conocí

desde que era chico? Ah.

Mira, antes era muy distinto a lo que es ahora.

Antes era un saco de huesos a los cinco años,

pero gracias a mí creció sano y fuerte.

No sabía que estabais tan unidos.

Yo no sé qué habría sido de mí sin él.

Siempre me cuidó mucho,

como el hijo que nunca tuve.

De no ser por vosotros, yo no sé cómo habría terminado.

La suerte fue tener esta tienda.

Aunque el negocio ya no es lo que era,

a mí me da para ir tirando. La gente ya no viene al mercado

a comprar fajas. Precisamente...

¡Ay, las fajas! ¡Las fajas! Quería hablar del puesto.

Cariño, que te tengo que dejar.

Tengo al muchacho de la furgoneta en el muelle...

Serafina, un segundo... Un momento.

Jorge, hijo... ¡Uf!

Échame un vistazo al puesto, que tengo que salir unos minutos.

Vaya tranquila, me quedo vigilando el fuerte.

Oye, cariño... Escúcheme.

Me alegro mucho de haberte conocido por fin y dale un beso grandísimo

a tu David. Hasta luego, hija.

¡Hola!

¿Te apetece un vino? ¿Qué?

Hoy estamos dando a probar un Rivera buenísimo.

Es un tinto joven, ligero pero intenso.

Tiene aromas acentuados de bayas silvestres

y muy amplio en boca.

Y como curiosidad, si lo miras a contraluz,

podrás ver ribetes azulados.

De nada.

(JONATHAN CHISTA) Eh...

¿Qué coño haces aquí?

-Tranquilo, a mí me hace tanta gracia como a ti.

-Ya veo lo que te cuesta pasearte por el mercado como si nada.

-Necesito el curro. -¿Y qué pasa?

No hay mercados en Madrid y tienes que venir a este.

-Yo voy donde me mandan.

-Que te manden a otro sitio. -¿Crees que no me gustaría?

¿Piensas que es fácil para mí disfrazarme como una gilipollas

y plantarme aquí como si nada?

He estado a punto de no venir, sabía que os encontraría,

pero por desgracia no me lo puedo permitir.

-¿Y cuánto tiempo te piensas quedar?

-Aún no lo saben. -¿Que aún no lo saben? Hostias.

-Tu colega no sabe quién soy, ¿no?

-No, y así tiene que seguir. -Por mí no lo va a saber.

-Eso espero. -Pero dile que me deje en paz.

Invéntate cualquier chorrada, pero que no se acerque.

Cuanto antes se termine esto,

antes podremos continuar con nuestras vidas.

A ver si empezamos, vamos con media hora de retraso.

Vamos a esperar a que venga Rosa. ¿Dónde se ha metido?

La llamo y no lo coge. ¿Seguro que ha ido a la reunión?

Tal y como estaba hoy... -¿Qué le ha pasado?

-Ha salido a toda prisa del bar y lo ha dejado todo colgado.

Igual se le ha ido el santo al cielo.

Rosa no está pasando por el mejor momento,

pero es responsable con los asuntos que afectan a todos.

Sí, bueno.

¿"Sí, bueno" qué quiere decir?

No es por criticar, pero tu hermana no está centrada, Elías.

Hay asuntos urgentes

que la asociación de comerciantes no está atendiendo.

Entre eso y que la gerente sigue de baja,

¡todo esto es un caos!

(CARMEN) Por no decir de que es presidenta sin ser propietaria.

Mi hermana tiene el voto delegado de Sorio.

Es la presidenta de la asociación porque la votamos todos,

es la que sabe más de administración y nadie más lo quería ser.

¿Estamos? (MUJER) Eso es verdad.

Ni que ahora fuera todo culpa de la pobre Rosa.

Si nos ponemos a señalar, cada uno tenemos lo nuestro.

¿Qué pasa con los enchufes de las neveras?

Oye, yo hago lo que puedo.

Está visto que no es suficiente.

¡Ah! ¿Encima?

¡Mi hijo y yo nos pasamos todo el día en el mercado!

¡Entramos los primeros y salimos los últimos!

¡Venga, vale, no discutáis!

Estamos en el mismo barco, ¿no?

Un barco con los enchufes estropeados, pero un barco

(NICOLÁS) ¡Ya los arreglaremos, coño!

(PAOLO) Señoras y señores, un poco de atención, por favor.

Vengo de la reunión con el Ayuntamiento.

¿Con Rosa? No, ella no estaba en condiciones.

Hemos pedido un aplazamiento,

pero el tema era tan urgente que no podían esperar.

¿Urgente? ¿Por? ¿Qué querían?

El Ayuntamiento ha recibido una oferta de compra por el mercado.

(ROSA) Cuando he oído decir que había una chica muerta,

creía que la que me moría era yo.

(NACHO) Tienes que tranquilizarte. (ROSA) No puedo.

Nuestra hija sigue desaparecida.

Solo de pensar que esa pobre criatura podría haber sido Noa...

-¿Quieres tomártela con una tila?

-No, no quiero. -Rosa, el médico...

-No me gustan esas pastillas, me aturden, no me dejan sentir.

Cuando las tomo es como si no fuera yo.

-Lo sé, pero te ayudan a sufrir menos.

-Me quitan el sufrimiento de aquí, pero no de aquí.

Aquí sigue estando, Nacho.

Y la veo. ¡Cierro los ojos y veo a Noa!

Y cuando me han dicho que habían encontrado un cuerpo

en la imprenta... es que te juro que he sentido

que era ella, estaba completamente segura.

-Pero no era ella, no era nuestra hija.

-Hoy no, pero ¿y mañana? ¿Y la semana que viene?

¿Sabes? Me da miedo pensar que un día va a sonar el teléfono

y que será la policía. Y yo creo que no lo voy a poder soportar.

¿Quieren comprar? ¿Quién? (PAOLO) No me lo han dicho,

pero...

han dicho algo de un centro comercial.

-¿Eso qué significa? ¿Nos van a echar?

No pueden hacer eso, ¿no?

Técnicamente podrían hacerlo, sí.

El edificio es de propiedad municipal.

Si el ayuntamiento decidiera vender,

el nuevo propietario podría hacer lo que quisiera.

-Los puestos son nuestros, no nos lo pueden quitar

así como así. No son nuestros, son una concesión.

Nos quedarán diez años como mucho.

(PAOLO) Justamente por esta razón,

el Ayuntamiento solo seguirá adelante

si todos los comerciantes estamos de acuerdo.

-Seguro que pagarían un buen precio.

Claro, pan para hoy y hambre para mañana.

¿Y han dicho la cantidad que ofrecen? -No.

Antes quieren saber nuestra opinión.

¿Cómo vamos a decidir nada si no sabemos qué ofrecen?

Jorge, ¿estás interesado en vender?

Seguramente mi negocio funcionaría igual en un local a pie de calle,

pero da igual la oferta, no vendo.

Yo tampoco quiero vender.

Con lo que nos ha costado levantar el puesto a mi madre y a mí.

-Entonces ¿qué hacemos? ¿Votamos? No hay nada que votar.

La frutería De la Cruz lleva aquí toda la vida y va a seguir aquí.

Yo creo que debemos tomar la decisión en frío. Ahora es muy precipitado.

Además, la presidenta de la asociación no está presente.

-Si hay que estar pendientes de Rosa...

(PAOLO) ¡Eh!

Rosa está haciendo un gran trabajo para todos.

Lo de hoy ha sido un contratiempo puntual.

Ahora lo importante es que cada uno reflexione

y en la próxima reunión procederemos a la votación.

Y recordad que el Ayuntamiento no hará nada si no vamos todos a una.

"Grazie a tutti".

-Perdón.

¿Está cerrado el mercado?

(NICOLÁS) Estamos a punto, ¿qué quería usted?

-Chuletones.

-¡Ah! Acaban de llegarme unos de Ávila

que están de muerte. (HOMBRE) No quiero molestar.

-No, no, si no es molestia.

Venga conmigo, todo sea por vender.

-Y, perdonen,

pueden continuar con la reunión. (PAOLO) Tranquilo, hemos acabado.

Si vinieran más clientes como este al mercado, otro gallo nos cantaría.

Yo creo que lo primero es averiguar cuánto ofrecen por cada puesto

y luego ya decidir.

¡Que no hay nada que decidir, Adela! No hay nada que decidir.

Eso sería como vender la gallina de los huevos de oro.

Todo lo que tenemos se lo debemos

a ese puesto del Mercado Central. ¡Todo!

Antes quizás sí, pero ¿ahora?

Ahora también, Adela. Ese puesto es importante.

Pero ¡si apenas tiene beneficios!

Sabes perfectamente que lo que de verdad funciona

es la distribución de género, las franquicias

y la empresa de transporte de furgonetas.

Es decir, todos esos negocios que no tendríamos

si hace 50 años mi padre no hubiese invertido todo su dinero

en ese puesto del Mercado Central. Elías, ¿me estás diciendo

que vas a renunciar a un buen trato por un brote de nostalgia?

No solo es nostalgia.

Vamos a ver,

¿qué es lo más importante de una fruta?

Yo qué sé. La pulpa, supongo.

Error, la semilla.

La pulpa te la comes o se pudre.

La semilla no. La semilla que germina, crece.

Ese puesto del Mercado Central es nuestra semilla.

¡Uy, qué bonito! No parece tuyo. Como que no lo es, es de mi padre.

Ya me parecía a mí.

Lo mejor es no vender, Adela. Ni queremos ni lo necesitamos.

Elías, lo que tú digas.

Pero cuando lleguen las vacas flacas,

ya verás que pronto te olvidas de tanta semillita y tanta metáfora,

que ya nos conocemos.

¿Sabes que se ha presentado a última hora

en el Mercado Central Ginés Hortuño?

¿El empresario? Sí.

Decía que venía a comprar unos chuletones.

¿Y qué tiene de raro? ¿Es vegetariano o qué?

Ese qué va a ser vegetariano, hombre. Es un depredador.

Como tú. No, como yo no. Este es grande.

Ya. Y crees que anda detrás de la oferta del Ayuntamiento, ¿no?

No sé, ya me enteraré.

Venga, no seas tonto.

Vamos a la cama.

Adela.

Ya sabes que yo no puedo. Ay, que no estaba insinuando nada.

Solamente decía de ir a la cama a dormir.

No sabes cómo lo siento.

¡Que no te preocupes! Sí, sí, sí me preocupo.

Estás teniendo mucha paciencia conmigo.

Claro, porque te quiero.

Y porque sé que solamente es una etapa.

Si, además, nunca has tenido ese tipo de problemas.

¿A que no? No, más bien al contrario.

Venga, vamos la cama.

Quién me lo iba a decir a mí, ¿eh? Con lo...

Ay, Elías, ¡venga!

¡Elías!

Rosa, de verdad. Sé que Noa está bien.

-Si estuviera bien, lo habría hecho saber.

-Sabes que se fue porque quiso.

Tienes que aceptarlo. -Noa nunca nos haría sufrir así.

Nos lo dejó claro en su nota de despedida.

-¡Esa nota! Alguien la obligó a escribirla.

Estoy convencida. No solo lo pienso yo,

el vidente también lo cree.

-Era un farsante. -¿Y si no?

Lo decía para sacarte el dinero.

-Mira, podemos consultarle a otro, solo para estar seguros.

-¡Rosa! Rosa, por favor. La policía nos lo dejó bien claro.

La desaparición de Noa fue voluntaria.

Ni ellos pueden buscarla ni el detective dio con ella.

Eso solo significa una cosa.

-La peor de todas, ¿no? -Nadie le ha hecho daño

ni se la ha llevado.

Simplemente se fue y no quiere ser encontrada,

¡nada más!

Sé que es duro, cariño,

pero es la verdad.

Y cuanto antes lo asumas, antes dejarás de sufrir.

-No me pidas eso, por favor.

Asumirlo sería como si la matara yo misma.

Mira, si tú quieres rendirte, allá tú,

pero no me pidas algo que no voy a poder hacer.

-Vale.

Pero tómate la pastilla al menos.

Te hará bien.

-Necesito descansar, de verdad.

Quiero estar sola.

(NOA VOZ EN OFF) "Me he marchado de casa y no voy a volver.

No podía aguantar más. Os pido por favor que no me busquéis.

Estaré bien. Noa".

Come algo, te traigo un ibuprofeno. No es...

-¡Déjame en paz! No quiero comer,

¡no quiero nada! Lo único que quiero es descansar.

¡Yo lo que necesito es rehacer mi vida!

¡Y lo que no necesito es que tú vengas a decirme a mi casa

lo que puedo o no puedo hacer! Si no llega a ser por mí,

ni tu hijo ni tú habríais salido adelante. ¡Desagradecida!

Mira, Asunción, esta es mi casa y David es mi hijo.

¡A partir de ahora, aquí las cosas se hacen a mi manera!

¿Dices que esa chica le entró a dos clientas mías?

Me pareció un detalle feísimo.

Y tan feo, como que tiene nombre. Se llama robar la clientela.

Hombre, tanto como robar...

No tiene la culpa, hará lo que le dice Fermín.

Me da igual quien se lo diga, es una falta de respeto.

Quiero dejar la carrera.

-¿Qué? No, de eso ni hablar.

-Aún no se lo he dicho a mi padre, estoy buscando el momento oportuno

para enfocar el tema.

-Te va a matar.

-¿Y qué está haciendo aquí?

-Ya ves, Nicolás, casualidades del destino.

-Yo no creo en las casualidades.

-Dice que la mandan a distintos mercados a hacer promociones

y que le ha tocado en este. -¡Pues ya es mala suerte!

-Ya ves. -¿Cuánto dura la promoción?

-Dice que no lo sabe.

-No me hace gracia tenerla aquí.

-Samu tampoco sabe quién es.

No hay de qué preocuparse, Nicolás.

-¡Que le pongas en su lugar! Que tú mucho ladrar y poco morder.

¿Y qué, lo despido? Tiene una familia.

A eso me refiero, que te toman todos por el pito de un sereno.

¿Sabes por qué? Porque a la hora de la verdad,

te tiembla el pulso.

No te equivoques, papá, aquí todo el mundo sabe quién es el jefe.

Ya está bien de robar clientes.

Yo no le estoy robando clientes a nadie.

¿Crees que me chupo el dedo?

Lárgate con tu "burgkash" de pacotilla al puesto de Fermín

y deja de merodear por el mío, bonita.

Una de las cosas para salir de este bache

es que se ponga al día con el alquiler.

¿Con el alquiler de la tienda?

¡Claro! Si lleva meses sin hacerme ningún ingreso.

Pero, hija, mira cómo está esto.

¡Si no se ha acercado un cliente en toda la mañana!

Ya, pero es que eso... eso no es culpa mía, Serafina.

Ayer una mujer dejó esta nota para Rosa.

-¿Una mujer?

-Sí, insistió en saber cuándo volvería.

(NACHO) ¿Preguntó por Rosa? (JONATHAN) Sí.

-Devuélveme el dinero que te he dado de más.

-¿Qué? -Vuelves a tener la tarde libre.

-A ver, ¿no te tenías que ir pitando a la oficina?

-Tenía, tú lo has dicho. Se acabó la demanda. Suelta la pasta.

-A ver si os aclaráis, colega.

No hay Dios que os entienda, vaya mareo.

¿Cómo he podido estar tan ciego? ¿Qué pasa?

A ver, Elías, ¿no estarás pensando en comprar otro piso ahora?

No, hija, no.

Hortuño, Adela.

Hortuño es el que está detrás de la compra del Mercado Central.

¿Tú crees?

Ha comprado medio barrio y ahora va a por la joya de la corona.

¿Qué vas a hacer? Vamos a salir de dudas ahora mismo.

Lo siento, ha pasado más de un segundo y tenemos que comer.

¿Te importa callarte un momentito?

¿Y a ti te importa no meterte donde no te llaman?

Vamos, hijo. ¿Qué pasa, no tienes corazón?

¿Qué? ¿Vas a arrebatarle a esa mujer

su único medio de vida?

Pero, vamos a ver, ¿tú quién eres para hablarme a mí así?

Hola, Nacho.

-Vaya, estás igual.

-Vaya, gracias.

-Y han pasado años, ¿no? ¿Cuántos?

-Demasiados. -¿A qué has venido?

-Aprendería desde abajo.

Tú tienes que terminar la carrera.

Podría compaginar ambas cosas. Con lo disperso que eres, ¿no?

O también podría dejar la carrera.

Eso voy a hacer como que no lo he escuchado.

Mercado Central - Capítulo 1 - ver ahora

Amar en tiempos revueltos

Si en su día no pudiste verla, ahora tienes la oportunidad de engancharte a Amar en tiempos revueltosProtagonizada por Rodolfo Sancho y Ana Turpin, la serie nos traslada a los años de la Guerra Civil Española y hace un fiel retrato de la España de la posguerra, relatando la historia de sus personajes que viven las secuelas de la guerra. Su primera temporada arrancó en septiembre de 2005 y estuvo durante seis años en emisión logrando una media de casi tres millones de espectadores. En 2020, se cuela en el top de las series más vistas de RTVE A la carta. Sumérgete en esta historia con todos los capítulos disponibles online. 

No recomendado para menores de 7 años Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 0 - ver ahora
Transcripción completa

Antonio.

-¡Alto a la Guardia Civil!

¡Alto a la Guardia Civil!

¡Antonio!

Aplausos.

Himno republicano.

-¡Viva la República!

(GRITAN DE ALEGRÍA)

-¡Viva la República!

(TOCAN EL HIMNO REPUBLICANO) (HABLAN ENTRE SÍ)

-¡Antonio!

(TARAREAN EL HIMNO REPUBLICANO)

-Salud, compañeras.

Salud. -¡Que hemos ganado las elecciones!

¡Viva el Frente Popular! (TODOS) ¡Viva!

-¿Qué haces? No sé, pero están tan contentos.

-¿Ese no es tu vecino?

Menudo lanzado.

¿Adónde vais con tanta prisa? -A que nos dé el aire.

Pues tenemos agua fresca en el botijo.

Yo prefiero la de mi casa. Gracias.

Ah, que les gusta que les sirvan en copas de cristal de Bohemia.

-Ignóralo, Andrea. Sólo quiere provocar.

¿Eso os enseñan, a no hablar con los obreros?

Sólo cuando son maleducados.

¿Qué pasa, que a las burguesas...

...no las quieren besar y por eso se enfadan?

Pues no te disgustó la vez que te besó un obrero.

-¡Viva el Frente Popular! (TODOS) ¡Viva!

Hubo que aprender a llevar y a tener...

...el corazón y el alma heridos.

Días de avidez, de hambre y escasez,...

...de vencedores y vencidos.

Amar en tiempos revueltos.

Tiempos de ruina y lamento.

Amar en tiempos revueltos...

...por vientos que trajo un mar.

De batallas por contar.

Música.

(RADIO) De acuerdo con los votos escrutados,...

...se confirma el triunfo del Frente Popular...

...en las elecciones del domingo.

Unas elecciones que, como da cuenta el diario inglés "The Times",...

...han sido generalmente ejemplares.

Habida cuenta... (APAGA LA RADIO)

-Para ejemplaridades estoy yo.

¿Y dónde está Andrea?

-Ha salido un momento con su amiga Consuelo.

-¿Cómo se te ocurre dejarla salir en un día así?

-Ay, niñas, menos mal que ya estáis aquí.

-Hemos venido derechito de la tienda, madre.

-Y con escolta.

Andrea, si quieres subir un rato a acompañarnos.

No, gracias, doña Pura. Mis padres me esperan.

-Bueno, bueno. Vamos, Consuelo, es muy tarde.

Espera. Vamos al mismo sitio. Podemos ir juntos.

Yo te llevo el paquete.

Gracias, pero puedo yo sola.

(SILBA)

Veo que no te gusta la música.

¿Quién te ha dicho que no? No sé.

Como nunca has bajado a las verbenas de la plaza.

Pues yo, desde mi balcón, te he visto bajar a todas.

Es que algunas se matan porque las saque a bailar.

Yo tengo cosas más importantes que hacer.

Tú primero.

Cuánta galantería. No, es que tú vas al principal.

-¡Antonio? ¿Dónde estabas? Te busqué y habías desaparecido.

¿No te sabes? Han nombrado a Azaña jefe del Gobierno.

¿Qué me dices? ¡Pues vamos a celebrarlo!

Coge una botella, pero de las buenas, ¿eh?

Timbre.

-Menos mal que llegaste. Tu padre está que trina.

Hola, padre.

-Ya tienen el poder. No tienen vergüenza.

No han esperado ni a que se constituyan las Cortes.

Esto es lo que traen tantas libertades.

¿Qué libertades ni qué niño muerto?

El libertinaje y la disolución es el futuro que nos espera.

Hasta hay gente de bien a la que no le importa...

...mezclarse con la chusma.

Padre, sé que no quería que saliera,...

...pero fui a hacer un encargo.

-Esto es lo que le has enseñado a tu hija, a responderme.

Pero si no le respondo. Procuro siempre obedecerle,...

...incluso cuando no tiene razón.

-¿Ah, sí? ¿Y en qué cosas no tengo yo razón?

Padre, quiero ir a la universidad.

-Te dije que no quería volver a hablar de eso.

Pero llevo cinco meses cruzada de brazos...

...desde que acabé el Bachillerato. -¿Otra vez con lo mismo?

Hice bastante dejándote hacer el bachillerato.

Y maldita falta te hacía.

-Tu padre quiere decir que lo normal es...

...que una señorita aprenda cosas útiles.

Labores, cultura general, a llevar una casa...

A tocar el piano.

Si son conocimientos útiles,...

...no sé por qué no los estudian Rodrigo y Sito.

-Porque tus hermanos son hombres, Andrea, hombres.

Y por eso pueden estudiar y salir cuando les venga en gana.

Pero seguro que ninguno de ellos puede pintar un retrato a su padre.

Ni se le ocurre llevarlo a enmarcar para regalárselo por su cumpleaños.

-Y yo, qué sabía, Loreto, qué sabía.

-Calamares, otra ronda para todos.

Los patrones van a saber lo que es bueno.

Se acabaron los despidos.

(TODOS) Sí.

-Si quitan el servicio militar, me doy por satisfecho.

-Espera sentado.

Nos tienen que dejar decidir sobre la marcha de las fábricas.

-Sí. Sobre los salarios.

(TODOS) Sí. Para eso damos el callo.

Deja de mirar a la tendera que tienes novia.

(RÍEN)

-Dime si no hay motivo, Antonio.

Te has queda'o atonta'o.

-Está muy rica, ¿eh? Pero que muy rica.

-Andrea no está hecha para estar sin hacer nada.

-Que te ayude en las cosas de la casa.

-Ya lo hace.

A todas las chicas les pasa lo mismo.

Hasta que tienen novio, entonces todo cambia.

-Y según tú, ¿qué deberíamos hacer, eh?

-Dejarla que haga... algo... fuera de casa, que la entretenga.

-¿Sí? ¿Y que vaya sola arriba y abajo tal como están las cosas?

-No va sola. Va siempre con su amiga Consuelo.

La que iba con ella a las monjas.

Su madre es viuda. De buena familia.

Desde que es viuda...

...están con una mano por delante y otra por detrás.

-Loreto...

¿Por qué me cuentas todo esto?

-Consuelo trabaja en el colegio.

Y parece ser que los sindicatos han puesto clases...

...por las tardes para adultos.

De música, idiomas, máquina de escribir...

De dibujo.

-De dibujo.

-Y ya que Andrea tiene tan buena mano...

¿Por qué no permitirle que asista?

Así está entretenida y no piensa en cosas peores.

Toque de tambor.

-No entiendo la circular de José Antonio.

Nos pide que no tomemos actitudes hostiles...

...contra el Gobierno.

-Son cosas que se dicen porque hay que decirlas.

Tú hazme caso.

Hay que estar listos para entrar en acción.

-Este y yo no estamos esperando otra cosa.

-Con eso ya no es suficiente.

Territorio de la República. (TODOS) Sí.

Tendrán que inclinar la cabeza. (TODOS) Sí.

Aunque les joda. -Y les joda.

-Esto es un insulto.

En mi propia casa.

-Calma, Rodrigo, no hay que actuar precipitadamente.

Cada cosa a su tiempo.

(CONTINÚAN LOS VÍTORES)

-¿Quién es ese?

-Un obrero que trabaja en la fábrica de mi padre.

Se la tengo jurada desde que éramos niños.

Por una patada suya, me falta una muela.

-Pues va siendo hora de cobrarse agravios.

Arriba parias de la Tierra.

En pie, famélica legión.

Atruena la razón en marcha,...

...es el fin de la opresión.

-¿Se puede saber qué vas a hacer con esa bandera?

Los que viven en esta casa son republicanos leales. ¿O no?

-Lo que seamos es cosa nuestra. Eso es lo que tú crees.

-Antonio, no me provoques.

No sabes con quién te juegas los cuartos.

Los cuartos.

Los cuartos, compañeros. (RÍEN)

Quieres decir los cuartos que tú y tu padre nos habéis robado.

-Si vuelves a llamar ladrón a mi padre...

¿Qué vas a hacer, valiente, eh? ¿Qué vas a hacer?

¿Llamar a papá? ¿Como cuando éramos niños?

(RÍEN) -Arranca.

-Me las vas a pagar. Te lo prometo.

Vete a llorarle a mamá, corre.

-¿Qué hacemos con la bandera? Colgarla, Tocho, súbeme.

Dámela.

¡Viva la República! (TODOS) ¡Viva!

-Bang, bang, bang.

Toma, malvado. Soy un legionario en guerra contra los moros.

-Sito, por el amor de Dios. ¿Quieres dejar en paz esa pistola?

-Pero qué bonita es.

Parece de verdad.

-¿En serio? -En serio.

-Con todo lo que estamos viviendo, hijo.

¿Qué va a pasar, Rodrigo?

¿Qué va a pasar? -Nada, que les vamos a dar...

...una lección a esos rojos de mierda.

-No sé de qué hablabais.

Ya te he dicho que no te metas en líos.

-Por no meternos en sus líos, nos vemos ahora como nos vemos.

-Eres demasiado joven.

-Los jóvenes somos los únicos capaces de despertar al país.

Hacerle gritar: basta ya. -Rodrigo.

-Si vais a discutir de política, como siempre, me voy a la cocina.

Vamos, Sito.

-Los militares intervendrán tarde o temprano.

Ahora lo importante es capear el temporal...

...y prepararse para el mañana. -Suponiendo que lo haya.

Como están las cosas...

-Tú no abandones los estudios.

Algún día te harás cargo de la fábrica.

Si algún día me encargo yo, lo primero que haré es...

...echar a esa gentuza que trabaja para usted.

-Es el hijo del amo, ¿por qué has tenido que provocarle?

No le he provocado, siempre hemos tenido problemas, desde niños.

No soporto la soberbia de Rodrigo.

Cómo nos mira y nos trata a todos.

-Pero es el hijo del amo. Acuérdate de aquella pelea con él.

¿Otra vez con eso, no hace ya mucho tiempo?

-Nunca olvidaré la vergüenza que tuve que pasar...

...pidiéndole disculpas al amo.

Pues yo sólo me defendía.

Las veces que me pegó y no salí corriendo a contártelo.

¿Para qué? Si era el hijo del amo.

-Hijo, no hables así.

-Los obreros lo que deben hacer es trabajar...

...y dejarse de historias.

Como lo de ir al ateneo o estudiar inglés.

¿Para qué le sirve eso a un obrero?

¿Usted piensa que estoy perdiendo el tiempo?

-Hijo, yo sólo soy una ignorante, pero creo que...

Que querer saber algo más no puede ser nada malo.

Y quítate esa barba.

Golpean la puerta y se abre.

-No deberías romper unos dibujos tan bonitos.

Venga, hermanita, conmigo no hace falta que disimules.

Papá se ha puesto fuera de sí sin ningún motivo.

-Me lo ha contado todo.

Y reconoce que te has puesto un poco impertinente.

Dices eso porque eres un hombre y papá a ti te lo consiente todo.

-No le gusta que le lleves la contraria,...

...eres la niña de sus ojos.

Preferiría que no me quisiera tanto y que me dejara respirar.

-Tiene miedo de que venga algún moscón y te separe de él.

Para eso aún falta mucho.

-Sé de sobra que hay muchos que beben los vientos por ti.

No digas tonterías. -Y más que van a haber,...

...todos persiguiéndote por la calle, a por Andrea.

¿Y tú me salvarás de ellos? -No, ya no.

Tuve que quitarte uno de encima cuando éramos pequeños.

Ahora ya eres grande, te los vas a tener que quitar sola.

Es que papá no me deja hacer nada.

Sí, quiere tenerme todo el día encerrada en esta casa.

-No seas exagerada.

Tú búrlate, la de veces que papá te castigaba sin salir.

No sé cómo te las arreglabas; pero terminabas escapándote.

-Bueno, tengo poderes especiales como el gran Houdini.

Incluso cerraba la puerta con llave...

...y en los cinco minutos ya estabas en la calle.

-El milagro del corazón de Jesús. Anda ya.

-¿No me puedo creer que aún no sepas dónde guarda...

...mamá la llave de repuesto?

Se abre la puerta. -Andrea, hija, una buena noticia.

Le he explicado a tu padre que te gusta la pintura...

...y está de acuerdo en que vayas a la academia con Consuelo.

Ya sé que no es todo lo que querías...

-Pero... es más de lo que esperabas.

¿A qué sí?

-Don Fabián, aquí tiene el estudio de costes...

...y los albaranes que me pidió. -Gracias, Isidro.

-¿Manda usted alguna cosa más?

-Sí, dígale a Pepe que venga, por favor.

-Sí, señor.

Gritos en la calle.

-Ahí siguen, no sé por qué es usted...

...tan tolerantes con ellos, don Fabián.

Si de mí dependiera, ahora mismo iban todos a la calle.

-Nuestra fuerza, compañeros, es la unidad,...

...unidos somos los más fuertes. (TODOS) Muy bien.

-El amo nos ha pedido tiempo, pero todos sabemos que no es...

...más que una estrategia para no readmitir...

...a los compañeros.

-Queríais la República y esto es lo que ha traído.

Ya podéis estar contentos. -No diga eso, don Fabián.

Uno puede ser republicano de corazón y estar a favor...

...de la propiedad privada y del orden.

Y eso por encima de todo significa defender la fábrica.

-Don Fabián, ¿da usted su permiso? -Pasa, pasa, Pepe.

Déjanos solos, Rafael.

-Como mande.

(DON FABIÁN CARRASPEA)

Pepe...

Eres el encargado del almacén, un hombre de mi confianza.

Elpidia, tu mujer, ayuda en casa cuando hay necesidad.

Y buenas pesetas se gana, ¿no?

Yo mismo fui tu aval para que pudieras vivir...

...en la casa en la que vives y siempre me he preocupado mucho...

...porque os tengo afecto.

Pero el camino que está tomando Antonio, tu hijo,...

...no va a traeros más que problemas.

Le admití en la fábrica por hacerte un favor.

Apenas era un chaval y no sabía hacer nada de nada.

Y ya ves cómo me lo paga, siguiendo a los que agitan...

...a los obreros en mi contra. -Lo lamento, pero Antonio es...

...un hombre y no tengo ninguna influencia sobre él.

-Está bien, Pepe, tú verás lo que haces.

Pero si Antonio no rectifica, aún sintiéndolo mucho,...

...tendré que tomar contra él las mismas medidas...

...que con los agitadores.

Puedes marcharte.

Hola, buenas.

-Hola. ¿Eres la nueva?

Sí. Hoy es mi primer día.

Me llamo Andrea. -Yo Eduardo. Encantado.

¿Hace mucho que vienes a la academia?

-Bueno, lo que va de curso.

¿Y es cierto lo que me han dicho de los profesores?

-¿Y qué te han dicho? Que la mayoría son unos carcamales.

-Bueno, todos no... Seguro que nos ponen a pintar...

...bodegones de esos aburridísimos.

-Si vas a Bellas Artes, no creas que te propondrán...

...nada mejor. Allí es donde debería ir.

A la universidad, pero mis padres no me dejan.

Así que tendré que conformarme con asistir...

...a las clases de algún artista del tres al cuarto.

-Hola. Hola, Consuelo.

-Vengo de administración. Andrea, deja que te presente.

Ya nos conocemos. -No te preocupes.

Él es Eduardo Ayala, es nuestro... profesor de dibujo.

Un pintor con mucha trayectoria y, bueno, en fin...

Lo siento, discúlpeme, no lo sabía.

-¿Así que eres una pintora que estás en contra...

...de la tradición? ¿Eso quiere decir...

...que habrás estudiado a los clásicos?

Los he leído. -Los has leído.

Ahora veré cómo pintas. Y si te parece,...

...el viernes te daré una clase práctica en el Prado.

A la que está invitada Consuelo,...

...la persona más eficaz de esta casa.

Del transporte se ocupará mi hermano Mario.

Un tipo aburrido, pero buena persona.

¿No os importará trabajar fuera de horas?

Por supuesto que no.

¡Madre! ¿Está la comida?

-Chis, Antonio, no grites que tu padre está en la cama...

...porque se encuentra mal.

Yo creo que esta tarde no va a poder ir a trabajar.

¿Qué le pasa? -Pues...

Pues nada, que habrá cogido un mal aire.

¿Un mal aire?

Ayer estaba bien. -¿Y qué quieres que te diga?

Quiero que me diga la verdad, que ya no soy un niño.

-Pero eres tan cabezota como si lo fueras.

Pasa que tu padre sufre por ti porque don Fabián le ha pedido...

...que te apriete para que no te hagas...

...de notar en la fábrica. Pues no me ha dicho nada.

-Pero ¿y qué te va a decir?

Él te quiere y le da miedo de que te hagan daño.

Y el obligarse a callar es...

...lo que le tiene reconcomido por dentro.

Madre, están sucediendo cosas muy importantes.

Y no puedo comportarme como si no tuviera nada que ver conmigo.

Lo siento por mi padre, pero no puedo.

No puedo.

-Mira, Antonio, yo...

Yo sólo sé que os quiero a los dos y que sufro mucho.

Con lo de tu padre casi no me ha dado tiempo a hacer nada.

¿No hay vino?

-Fíjate qué cabeza la mía.

Me he dejado casi la mitad de la compra en la tienda.

Hola, Paloma. ¿Qué te debe mi madre?

-Hola, Antonio.

No te preocupes, tu madre es buena clienta.

Va pagando poco a poco, cuando puede.

Ya, ¿pero ahora cuánto te debe?

-Pues son...

Siete pesetas con 50 céntimos.

Toma.

Vale, gracias.

-No te vayas aún, que tengo una cosa para tu madre.

Dile que pruebe este arroz, que es muy bueno.

No, gracias, ya tenemos.

-Cógelo, hombre, que es un regalo. Y esto para ti.

A ver si te afeitas esa barba, que parece que la llevas muy dura.

De momento me arreglo bien con la que tengo.

-Olerías muy bien con ese.

Me lo quedo para darte el gusto.

Me voy a la fábrica, que llego tarde.

-Hala, ya sabes, aquí me tienes, para lo que gustes mandar.

Vale, hasta luego.

-Si viera mamá qué guapo es Eduardo.

-¿A ti también te lo parece, Andrea?

Sí, la verdad que Consuelo tiene razón.

Ay, ¿me dejas un poco de colorete, de ese del tuyo?

-Y no veas cómo te mira. ¿A mí?

(RÍEN)

-Pero si durante las clases no te quita los ojos de encima.

Le gustas, Andrea.

Y menudo partido.

Los Ayala de la Torre son una familia de la nobleza.

Eduardo ganó una medalla de oro en un certamen de pintura.

Y si él es de familia monárquica,...

...¿por qué el comité de la escuela lo ha aceptado como profesor?

-Los monárquicos son los padres.

Pero él es un libertario.

-Te lo he dicho mil veces, Consuelo.

No quiero que en mi casa se hable de política.

Eso decía siempre tu pobre padre que en paz descanse.

Y sabía lo que se decía.

Llaman al timbre.

-Ya están aquí. Vamos.

Adiós, doña Pura.

-Adiós.

-Vuelvo pronto.

-Consuelo, la amiga de Andrea es un encanto, ya verás.

Ya están aquí.

Dejadme que os presente.

Consuelo y Andrea, él es mi hermano Mario.

-Hola. Encantada.

-Me ha costado mucho sacarlo de casa, no creáis.

-Pues con un día tan bonito y encerrado en casa...

-Sí, tenía asuntos pendientes que resolver,...

...pero Eduardo ha insistido.

Seguro que nos lo pasamos muy bien.

¿Le gusta la pintura? -Trátame de tú, por favor.

Sí y aunque no me gustara, he aprendido a convivir con ella.

-Lo dice porque vivimos juntos. -Ah, ¿vivís solos?

¿Y vuestro padres?

-Ellos nunca están en casa. Viajan mucho.

-Aquí donde le veis tan formal, es todo un licenciado en leyes.

-¿Eres abogado? -Sí.

-Acaba de terminar la carrera y tiene un futuro brillante.

Yo soy todo lo contrario.

Soy bohemio, agitador, un artista.

(RÍEN)

Él es aliado de los reaccionaros. -No, eso no es verdad.

Sólo pienso que este estado de agitación no es lo mejor...

...para solucionar los problemas.

-lo que yo digo, un conservador.

Bueno, ¿nos vamos ya?

Es que me muero de ganas por ver lo cuadros del Prado.

Y de escuchar las explicaciones de Eduardo.

-Las dará Marcial Aguirre.

Un crítico de arte importante, amigo de la familia.

Es consejero del museo.

Ah, qué bien.

Bueno, pues ya está.

-Me están soliviantando a los obreros,...

...y más Antonio, hijo de Pepe, que en mala hora entró.

-Ahora no puede mostrarse débil. Hay que darles un escarmiento.

-No es fácil, la chusma anda envalentonada.

-Pronto les pararemos los pies.

-Sí, los tuyos mucho hablar, pero no hacen nada.

-Se equivoca, padre.

Cada vez somos más militantes, se apuntan a millares.

Y no se quedan con los brazos cruzados.

-Yo lo único que sé es que se pasean en sus automóviles...

...armados, gritando y riendo como si fueran a un desfile.

-Hay que desconcertar al enemigo.

Aumentar el desorden.

-No, no es más desorden lo que necesitamos, sino orden.

El orden se impone con la fuerza.

Eso es lo que necesitan sus trabajadores:

una demostración práctica.

-Rodrigo, ¿qué estás pensando? ¡No te metas en mis asuntos!

Ya tengo bastantes problemas.

-No se preocupe, padre. Usted no me ha pedido nada.

Soy yo.

No quiero que piense que no me preocupo por la fábrica.

(SUSPIRA)

-Gracias, Marcial, ha sido una visita muy instructiva.

Y apasionante, señor Aguirre. Una maravilla.

-Gracias, es usted muy amable. Le agradezco sus explicaciones.

Me ha hecho ver los cuadros bajo una nueva luz.

-Eso me llena de orgullo. (RÍEN)

Buenas tardes, señoritas, amigos.

-Buenas tardes. Gracias.

-Vamos, yo también tengo algo que enseñaros.

¿Qué?

-Que el arte es múltiple.

Que todos los caminos son válidos si el artista pone su genio.

¿Por qué no venís a mi estudio?

-Yo debo irme.

Tengo trabajo.

-¿Tú no me dirás que no, verdad, Andrea?

A Mario no le importa acompañar a Consuelo.

-Claro que no. Si a Consuelo no le importa.

-Por mí no, encantada.

Vamos.

-Ahora ya conoces mi secreto.

Aquí la cueva de Alí Babá.

¿Todos los has pintado tú? -Sí.

Si pintas como siempre he querido pintar.

Es lo que he estado buscando desde hace tanto tiempo...

...sin saber muy bien lo que era.

Pero, si haces esto, ¿por qué defiendes a los clásicos?

-Pues porque para llegar a esto, hay que pasar por Velázquez.

Bueno, y entonces, ¿qué opinas de mí?

-Que eres una chica muy guapa y muy inteligente.

No, de mi pintura.

-En unos días no me ha dado tiempo a ver tu trabajo, pero...

Diría que tu trazo es firme.

Y si te lo propones puedes ser una gran pintora.

¿De verdad piensas eso?

-Tienes intuición.

Y te apasionas por lo que haces.

No, tú sí que eres bueno.

Lo que no entiendo es qué haces de profesor en una academia.

Ese no es tu sitio.

Tu sitio sería,... (AMBOS) París.

Sí.

-Mira.

Una carta de recomendación de un escritor muy conocido:

para Pablo Picasso.

¿Entiendes? Pablo Picasso, el arte en estado puro.

¿Y piensas marcharte pronto? -Lo tenía todo preparado, pero...

De repente algo ha cambiado en mi vida.

¿Qué?

-No sé, se trata de una impresión.

Quizá algo precipitada, pero...

Algo me hace pensar que estoy en el momento adecuado.

En el lugar exacto.

Mucha gente quiere irse de Madrid...

...por la situación política y los disturbios.

Yo no entiendo bien por qué anda todo el mundo...

...tan crispado de repente.

Pero si tuviera la oportunidad de irme, no lo pensaría.

-Seguro que dejarías detrás de ti muchos corazones rotos.

Porque una chica tan bonita tendrá algún pretendiente interesante.

Hay momentos en que pienso que las cosas serían más fáciles...

...si siguiésemos siendo niños.

Siempre. -¿Niños?

Sí, cuando eres pequeña, no te das cuenta...

...de las diferencias sociales, pero las diferencias existen.

-No exageres. No estamos en la Edad Media.

En el mundo que intentamos hacer, todos tienen que ser...

...dueños de sus actos y decidir con libertad.

Ya, para ti es fácil decirlo porque eres un hombre,...

...mayor de edad y seguramente rico.

-No, no, Andrea. Absolutamente todo es posible.

Sólo hace falta valor para enfrentar los obstáculos...

...y voluntad para creer en uno mismo.

¿Sabes? Nunca le había hablado a ningún hombre con tanta sinceridad.

-Quizá has encontrado un alma gemela.

Quizá ella te ha reconocido a ti también.

Pero aunque una mujer rompiera las barreras...

...que las separan del hombre al que ama...

...y le dijera "te quiero"...

...y "no me importa que seas, no sé, por ejemplo, un obrero",...

...tal vez él no fuera capaz de aceptarlo.

-Así que ese corazoncito tuyo suspira por alguien.

No, no. Era solamente un ejemplo, un suponer.

-Andrea...

Eres un diamante en bruto.

Si tú me dejas, pulirlo será un inmenso placer.

Se me hace tarde y mis padres estarán preocupados.

-Te acompañaré a casa, pero piensa en lo que te he dicho.

Nada que merezca la pena, es fácil de conseguir.

-¡Rojo de mierda!

¿Qué pasa? -¡Eres una mierda!

Venga, ya está bien. ¡Vámonos, deprisa!

-Hola, hija. Hola, padre.

-Esperaba que entraras a darme un beso, como siempre.

Creí que no estaba en casa.

-Ya no me cuentas nada.

¿Qué tal la academia?

Bueno, poco a poco.

-Muy bonito, sí.

La verdad es que cada día dibujas mejor.

Si parece casi casi una fotografía.

¿Le gusta? -Mucho.

Debes controlar tu temperamento.

No sé a quién le habrás sacado ese carácter, a tu madre no.

¿De verdad le gusta lo que pinto?

-Pero lo que más me gusta es que, al final, comprendieras...

...que tu madre y yo queremos lo mejor para ti.

¡Ah!

-¡Antonio!

¿Qué te han hecho?

¡Ay! Sube. Vamos. Venga.

¡Ay! Ven.

Hijos de puta.

-Pasa.

-¿Pero qué te...?

Voy a ver qué te han hecho.

A ver.

¿Te duele mucho?

Con sólo mirarte, ya me estoy poniendo bien.

-Antonio...

Y mejor que te vas a poner.

Gente hablando a la vez.

-Tú, pisaverde, ¿sabes para qué nos llamó el amo?

-Parece que está enfadado por lo de la huelga.

-La culpa es de esos fachas...

...que le pegaron a Antonio por cuenta del amo.

-Bueno, bueno, eso tampoco está probado.

Aunque personalmente, estoy con vosotros.

Que yo soy un asalariado, un obrero.

-Los obreros no llevan corbata.

Tú estás con los explotadores.

Eres de la misma calaña. -¿Qué dices?

Pertenezco a la clase obrera. Soy un trabajador como vosotros.

¿Por qué han hecho venir a mi padre?

Él no hizo huelga. -Porque es un esquirol.

Vuelve a llamar eso a mi padre y te mato.

-Pepe, vuelve al almacén.

A los demás prepárales la liquidación. Están despedidos.

-Le juro que se arrepentirá de esta.

Vamos.

-Permítame decirle que hizo bien despidiendo a los que le dije.

Aunque perdonó a Pepe y no sé por qué.

-Porque no ha hecho nada.

Y porque si sigue trabajando aquí, quizá contenga a su hijo.

Me he quedado sin trabajo. Me han echado a la calle.

-¿Creías que podías jugar a líder obrero...

...y no sufrir consecuencias?

Se trataba de forzar la situación para que D. Fabián...

...se viera obligado a aceptar alguna de las reivincadiciones.

-Ya ves cómo las ha aceptado. ¿Y ahora qué hago?

¿Qué le voy a decir a mi padre?

No he ido a casa. No soportaría ver llorar a mi madre.

-Toma, bebe. Te sentirás mejor.

Antonio, digo yo que mientras encuentras otra cosa,...

...podías echarme una mano aquí, en la tienda.

No podría pagarte mucho,...

...pero mejor que estar todo el día en el bar.

Un momento. Oye, no tienes que hacer esto por el hecho...

...de que nos hayamos acostado.

-No seas burro. Burro no, soy sincero.

-Por esa sinceridad tuya debería mandarte a paseo.

Pero en fin, quien con niños se acuesta...

¿Eso soy para ti? ¿Un niño?

-No, tonto.

Un hombre que me tiene loca.

Ay.

¿Esto significa que aceptas el trabajo?

Sí.

-Muy bien.

Pues hala.

Pues hala. ¿Dónde vamos?

-A celebrar que te acabo de contratar.

Para que veas que soy una buena patrona,...

...nos vamos a ir de fiesta unas horitas.

De fiesta. -Ajá.

-Mi madre escribió de Canarias.

Allí el Gobierno tiene alejado a Franco.

Dice que él, Mola y otros generales preparan algo gordo.

¿Cómo? ¿Por qué no me has dicho nada?

Somos amigos. Creía que confiabas en mí.

-No podemos hacer caso a lo que se rumorea.

Y no quería asustarte.

-No son rumores. Ayudadme a convencerlo.

Debe irse como tenía pensado.

-París puede esperar. Ahora no puedo marcharme.

Es imposible.

-¿Y por qué has cambiado de opinión?

-Me debo a la causa de la república.

-Me atacas los nervios cuando te pones cabezota.

Dejémosles solos, a ver si Andrea le convence.

No os mováis de aquí. Damos un garbeo y volvemos.

-Ni caso. Andrea está muy preocupada por ti.

Tu hermano tiene razón. No debes correr riesgos.

-No insistas. ¿No comprendes que ya no puedo marcharme?

Pues no. La verdad que no lo entiendo.

-Andrea, si ya no concibo marcharme es porque...

Me he enamorado de ti, Andrea.

París ya no tiene sentido si tú no vienes conmigo.

Eduardo... No sé qué decirte.

-No digas nada. Te parecerá todo muy precipitado.

Pero estoy dispuesto a hacer lo que sea para conseguir...

...que me quieras.

Ya verás, dame algo de tiempo y llegarás a quererme.

Y entonces, tú y yo nos marcharemos juntos.

Aunque quisiera irme contigo a París, no podría.

Nunca me darían el pasaporte.

-Pasaríamos la frontera clandestinamente,...

...a través de los Pirineos y juntos.

Huiríamos hacia la libertad.

-Le daremos su merecido al amo.

Que aprenda que no puede burlarse. -Le ajustaremos las cuentas.

-Los que estéis conmigo, subid. (TODOS) ¡Vamos!

(TODOS) Le vamos a dar para el pelo.

Para el pelo al explotador.

¡Le vamos a dar para el pelo! ¡Para el pelo al explotador!

¡Le vamos a dar para el pelo...!

-Deberías hacer algo.

Deberías avisarlo.

-¿Tú has oído algo?

Pues yo tampoco.

-Antonio, ¿dónde vas? Déjame.

¿Qué haces aquí? ¿Celebrando que tu padre nos ha jodido?

No sé de qué hablas. -No sé quién eres. Déjanos en paz.

¿Por qué te metes? ¿Quién te preguntó?

-Antonio, por favor. Espérate.

-No tolero que le hables a Andrea así.

Contigo no hablo, señorito.

-Señorito no. Estoy en contra del explotador y a favor del obrero.

¿Aunque el explotador sea el padre de tu amiga?

¿Aunque nos haya echado a muchos compañeros?

¿Qué estás diciendo?

-Ya sé quién eres. Te digo que la dejes tranquila.

Eduardo, por favor. No te creo.

No creo que mi padre haya sido capaz de hacer lo que tú dices.

¿Ah, no? No. No lo creo.

-Pero ¿dónde vas?

A preguntarle a mi padre si es verdad.

¿Qué? -Antonio.

Antonio.

¡Le vamos a dar para el pelo! ¡Para el pelo al explotador!

-Tú, ¿sabes dónde vive Fabián Robles?

¿Don Fabián? -Sí.

No, aquí no vive. Quizá en la finca de al lado.

-Vamos, compañeros.

-Procura que no queden arrugas en el embozo.

-Sí, señora.

-Aquí tienes el dinero. -Gra...

Doña Loreto, se ha equivocado. Hay más de la cuenta.

-No, no me he equivocado. Imagino los apuros que pasaréis.

-Señora, no haga esto. Si nos podemos arreglar.

-Cógelo, que un sueldo menos se tiene que notar.

-Antonio ya está trabajando en la tienda de Paloma.

-Antonio es muy buen muchacho y muy trabajador.

La de veces que venía a merendar con Rodrigo...

...hasta que se enfadaron.

-Sí. Cuando eran niños eran muy buenos amigos.

En fin, se lo cojo por no hacerle un desprecio.

-Dijiste que me ibas a dar las sábanas viejas para hacer...

...una tienda de campaña.

Timbre.

No sé de dónde saca tanta imaginación.

¿Y papá? -En el salón.

¿Está en casa? Debe esconderse. -¿Qué pasa?

-¿Qué? Unos obreros vienen a por usted.

Los envié a la casa de al lado, pero no tardarán en volver.

Tiene que esconderse. -¿Dónde quieres que vaya?

No sé. Suba a la azotea. Allí estará seguro.

-No, la azotea no. Mejor en mi casa.

Sí. Vamos, don Fabián.

Vamos. -Allí nadie le va a buscar.

Estará seguro. Vamos. -Corre, Fabián.

-¡Es aquí, compañeros!

Esa mosquita muerta ha intentado engañarnos.

Tranquila, mamá, no va a pasar nada. Ya lo verás.

-Hijo, tú no te separes de mí.

Golpes en la puerta.

Golpes en la puerta. -Sagrado Corazón de Jesús...

-A ti te estaba buscando yo, mentirosa.

¿Dónde está don Fabián? ¡Venga, hable!

-Yo... no sé, no está aquí.

-Tú no lo sabes, pero el crío sí. Y se lo vamos a sacar.

¡No! Se ha ido antes de que llegarais.

-Venga, buscad a ese tío.

Para eso nos has engañado, para que ese tipo se escondiese.

¿Y tú qué haces aquí? Eso mismo te pregunto yo.

Buscan a mi padre, pero ya les dije que no está.

¿Os habéis vuelto completamente locos?

¿Queréis que os metan en la cárcel? Anda, marchaos.

-Si lo hacemos por ti, imbécil.

Y a mí no me pone la mano encima ni Dios.

-Aquí no hay nadie. Pues muchas gracias.

Pero no necesito que hagáis nada. ¿De acuerdo?

¡Tomemos unos vinos! Yo invito y aquí no ha pasado nada.

-Antonio tiene razón. A por esos vinos, compañeros.

-Algún día te partiré el alma.

Sí. Pero vamos a remojar el gaznate que tengo sed.

-Gracias a ti no le han partido la cara.

Debería readmitirte en la fábrica.

Pensará que con mantener a mi padre y no echarnos del piso es bastante.

-Bueno, de momento trabajas aquí.

No ganas tanto como en la fábrica, pero tienes otras compensaciones.

Perdón.

Antonio, ¿tienes un momento?

Sí. Sí, claro.

Quería hablar contigo.

Pero en serio.

Quería decirte que siento mucho todo lo que ha pasado contigo.

Y quiero que sepas que no estoy de acuerdo con las ideas de mi padre.

Ya le he dado las gracias a tu madre. Y ahora quería dártelas...

...a ti personalmente por todo lo que has hecho.

Cualquiera hubiese hecho lo mismo.

Si le hubieran tratado como te ha tratado mi padre seguro que no.

Bueno, eso es todo lo que tenía que decirte.

Adiós. Y gracias otra vez.

-Despierta. ¿Qué pasa?

-Que a este paso vas a ser el último en darte cuenta.

¿De qué?

-De lo mucho que te gusta esa chica.

Tonterías, tonterías.

Yo sólo tengo ojos para ti, para ti y nadie más.

-A mí los hombres me miran mucho.

Pero cómo tú acabas de mirar a esa niña...

Hace tiempo que nadie me mira.

-Y me contaba Mario que su familia tiene un cortijo en Extremadura.

Un cortijo con muchas tierras.

¿Tú te imaginas? Pero que no van casi.

Bueno, su padre sí, pasa allí mucho tiempo.

Porque a él el campo parece que sí le tira.

Y que su madre viaja mucho.

Pues la verdad no lo entiendo.

Vaya un matrimonio raro, cada uno por su lado.

¿Andrea?

¿Qué?

-Te estoy hablando.

Perdona, tenía la cabeza en otro sitio.

-Ya. Es que no sé qué te pasa últimamente.

Hija, no sé, te veo como alelada.

El otro día le pregunté a Mario que qué pensaba Eduardo.

¿Que qué pensaba Eduardo de qué?

-¿De qué va a ser, mujer? Pues de lo vuestro.

¿Cuántas veces te tengo que decir que entre nosotros no hay nada?

-Bueno, no es eso lo que él cree.

Él sigue teniendo esperanzas de que a lo mejor con el tiempo...

Eduardo es un artista y yo le admiro.

Es un gran profesor y...

Y... me gusta.

Sólo eso.

Bueno, no sé, me siento bien a su lado, me enseña, me divierte...

-Está siempre pendiente de ti.

¿No me digas que no te gusta? ¿Aunque sea un poquito?

Bueno, está bien, un poquito sí.

-Pues ponle dedicación, todo es cuestión de proponérselo.

Claro, como si fuera tan fácil.

-Bueno, pues para eso debes olvidarte del otro.

¿Qué otro? ¿De qué estás hablando ahora?

-Andrea, no soy tonta.

Te estoy hablando de Antonio.

Es que no sé qué capricho te ha entrado con el obrerito ese.

Cuanto antes te lo saques de la cabeza mejor.

¿Por qué dices eso?

-Andrea, porque la vida no es como una película.

Sois tan diferentes.

Venís de dos mundos tan distintos como el agua y aceite,...

...que no pueden mezclarse.

Andrea, ¿tú te imaginas casada con un obrero?

Con tu educación, con el tipo de vida que has llevado hasta ahora.

¿Eh? Además, sabes perfectamente...

...que tus padres no aprobarían esa relación.

Bueno, las cosas están cambiando y...

Ya no son como antes, tan cerradas.

-Las leyes cambian, no digo que no, Andrea,...

...pero las personas...

Las personas no cambian nunca.

Además, me han dicho que la dueña del ultramarinos...

...de enfrente de tu casa lo tiene de querido.

Bueno, ¿qué tal te ves?

-Qué suerte tienen algunos. ¿Y suerte por qué?

-Porque no sólo te dan trabajo. También te dejan probar el género.

Es para pasar el rato.

-¿Para pasar el rato? Si te cansas, se lo dices a mi padre y cambiamos.

Yo encantado. Sin que se entere mi novia, claro.

Quiero decir que lo de la tienda es provisional.

Hasta que encuentre algo mejor.

-Mejor que eso no lo encuentras.

O sea, que me ves toda la vida despachando.

-Pues no sé. Mira.

Desde luego, trabajemos donde trabajemos,...

...nunca podremos comprar un coche como ese.

-Antonio.

Me acabo esto y voy. -Joder, Antonio, cómo te controla.

Ya ves. A mí me gusta mantener un poco las distancias.

-Pues en la tienda, las distancias será difícil mantenerlas.

Sobre todo con este calor.

Anda, pero si resulta que han venido a por tu vecina.

Pues va a ser verdad que se ha echado por novio a un pintor.

¿Y a mí qué? Como si se va con el sereno.

-Antonio, ¿vienes o qué? ¡He dicho que cuando acabe el vino!

-¡Ay! Qué calor.

Ay, sí. -Este verano va a ser insoportable.

-¿Os apetece un helado?

Vale.

-Pues sí. De fresa.

-O de nata. -Vale. Enseguida.

-Muy bien.

Bueno, ¿ya sabes lo que harás este verano?

Lo de siempre, irme a El Escorial con la familia.

-No parece que te haga mucha ilusión.

¡Ay! Menudo aburrimiento, Consuelo.

-Tú te quejas, pero algunas no tenemos ni eso.

¿Vas a continuar en el colegio?

-Las monjas me han pedido que las ayude.

Ya sabes que, en casa, cualquier dinero es poco.

Pero si te pagan una miseria. -Ya, pero no lo hago sólo por eso.

Me dan pena las pobres hermanas.

Hasta se han quitado los hábitos...

...para no llamar la atención. Pobres.

Bueno, míralo por el lado positivo.

Si te quedas en Madrid y Mario también...

-Me parece que a Mario no le intereso tanto como quisiera.

Aunque quizá son figuraciones mías. Seguro.

-Bueno, ¿y tú qué? ¿Sigues dándole largas a Eduardo?

No hay prisa.

-Puestos a casarse, cuanto antes mejor.

¿Casarse? ¿Tú estás loca?

Si aún soy muy joven.

-Que vienen.

-No había de fresa. Todo es de nata.

Bueno. -¿Vamos a la rosaleda? ¿eh?

-Bueno, estupendo. Vale.

-Hacen buena pareja, ¿verdad? Son tal para cual.

-Como nosotros.

¿Te gustaría posar para mí?

Necesito desesperadamente pintar esa sonrisa.

Llaman a la puerta.

-Don Fabián, ¿se puede? -Pasa, Pepe. Adelante.

-Con su permiso.

Quería decirle que lo del almacén estará listo mañana,...

...pero para poner orden en la fábrica, nos faltan brazos.

-Tú ocúpate de lo tuyo y céntrate en el inventario.

¿Algo más? -Sí, si usted me lo permite.

Le ruego que le diga a su señora que no le dé más dinero a Elpidia.

Con el debido respeto, nosotros sólo queremos trabajar...

...y vivir en paz.

-Entiendo.

Pepe, estoy muy agradecido a tu hijo y a tu mujer...

...por lo que hicieron por mí,...

...pero no puedo hacer excepciones.

Si readmitiera a Antonio, me tacharían de blando.

En cuanto a ti, mientras la fábrica siga en marcha,...

...tu puesto está asegurado.

Y si mi mujer le da dinero a la tuya, ella sabrá...

...a cambio de qué lo hace.

-No estará pensando en cerrar, Don Fabián.

-Espero no verme obligado a ello. Puedes irte.

¿Averiguaste?

-Sí, señor.

Su hija se ve fuera de la academia con su profesor,...

...don Eduardo Ayala de la Torre, y su hermano Mario.

-¿Gente de orden? -Aristócratas.

Mario es de lo mejorcito,...

...pero Eduardo, el profesor de Andrea, tiene fama de bohemio.

Ignoro cuáles pueden ser sus intenciones.

-Tonterías. Mi hija no tiene edad para pretendientes...

...y menos para hacer cosas a escondidas.

Se va a enterar.

Échale una mano a Isidro. Quiero ese balance ya.

-Como usted mande.

¡Uh! Qué bien hueles.

-Quita, que puede entrar alguien.

Bueno, ya es hora de cerrar, ¿no?

-Oye, ¿cuántas latas de sardinas quedan?

¿Latas de sardinas? Bastantes.

Podríamos salir luego a tomar el aire luego, ¿no?

-Ve tú. Yo me quedo.

¿Pasa algo?

-Nada. ¿Qué va a pasar?

Toma. No puedo pagarte más.

Ya cierro yo.

¿No quieres que nos veamos luego?

-Antonio, no tengo ganas.

Además, tengo que pasar a recoger un vestido.

Déjalo estar, anda. Marcha.

¿Vengo mañana? -Claro.

-Sito, deja de pensar en las musarañas y termina.

-Es que no sé por qué los curas no pueden tener novia.

-Porque hemos hecho voto de castidad. Ya te lo dije.

Además, así podemos concentrarnos más en amar al prójimo.

-¿Y no se puede amar al prójimo y tener novia?

-Sí, pero sin ser cura.

Además, eres muy pequeño para pensar en esas cosas.

Cuando seas mayor, comerás huevos.

-A mí no me gustan los huevos.

Yo quiero tener novia, como mi hermana. Tiene novio.

¡Ay! -Sito, no se dicen mentiras.

-Es verdad. Me lo ha dicho un amigo del colegio.

La vio paseando del brazo de un chico.

-¿Qué sucede? -Nada, doña Loreto.

Este niño, que tiene la cabeza llena de pájaros.

-Anda, Sito, vete a la cocina a merendar.

-Yo no digo mentiras.

-Buenas tardes. -Buenas. ¿Qué tal?

-Me alegro de verle. -Igualmente.

-¿Ha vuelto ya Andrea? -Debe estar al caer.

-Cuando llegue, dile que quiero hablar con ella.

Si me disculpa, padre. -Por supuesto.

-¿Quiere que le prepare un café antes de marcharse?

-Se lo agradezco mucho, pero es que me están esperando...

...en la parroquia. ¿Va todo bien con su hija?

-Sinceramente, estamos preocupados.

Desde que comenzó las clases de pintura no para en casa.

Y no están los tiempos para que una señorita ande...

...por la calle a todas horas. -Andrea está en edad de merecer.

-Pero habrá que vigilarla, padre. -Sí, pero no ahogarla.

-Le acompaño hasta la puerta.

-Lo siento; pero han debido informarle mal.

Es cierto que tengo el título de abogado, pero no ejerzo todavía.

-Ya. Es una lástima, me habían encarecido mucho...

...su nombre unos amigos comunes.

-¿Puedo saber de quién está hablando?

-Me temo que no.

Pido discreción.

Sabe muy bien que estamos viviendo situaciones difíciles.

-Ya... Aún así no sé por qué han acudido a mí.

Para el caso que me solicitan es mejor recurran...

...a un colega más experimentado.

-Compréndalo, es una situación delicada.

Estos jóvenes pertenecen a buenas familias...

...y están siendo procesados por delitos de opinión,...

...lo que es una represalia política.

Es lógico que nosotros queramos solicitar el concurso...

...de personas afines.

No sé ni quiero saber a quién se refiere...

...cuando habla de nosotros. Y esa afinidad que ustedes creen...

...encontrar conmigo. -Cuestión de matices si lo desea.

Podremos discrepar en los detalles; pero estamos de acuerdo...

...en que la República ha traído caos en este país.

-Es posible que coincidamos en algunas apreciaciones;...

...pero me temo que tenemos serias discrepancias...

...en cuando al método para corregirla.

-Comprendo sus escrúpulos y es lógico que tome precauciones...

...teniendo el hermano que tiene.

-No sé qué pinta mi hermano en todo esto.

-Bueno, todos sabemos que su hermano simpatiza...

...con el bando contrario.

Y eso, imagino, está creando ciertas incomodidades...

...entre ustedes. -No, Eduardo y yo procuramos...

...no interferir en las ideas del otro porque somos hermanos.

-Ya que lo dice, convendría que aconsejase...

...a su hermano que deje en paz a mi hermana...

...o se comporte como es debido. -¿Perdón?

-Me refiero a Andrea.

Si su hermano tiene interés en mi hermana,...

...que se mantenga en su sitio y dé la cara con mis padres.

Si usted fuese el pretendiente, imagino que habría hecho...

...las cosas como hay que hacerlas.

Y esta situación sería tratada de modo muy distinto.

-¿Ah, sí?

¿Y puedo preguntarle por qué?

-Señor Ayala, España está revuelta;...

...pero al final el orden se restablecerá.

-¿Sí? -Usted es uno de los nuestros...

...y estoy convencido de que podemos llegar a acuerdos.

Pero, bueno, no molesto más.

Ha sido un placer conocerle.

No hace falta que me acompañe, conozco la salida.

-¿Tenías visita? ¿Quién era?

-Nadie, un antiguo compañero de estudios.

-¿Qué quería?

-Si le podía recomendar para unas oposiciones.

-Pero ¿crees que con todo lo que está pasando van a seguir...

...habiendo oposiciones en España? -¿Quién sabe?

-Quien no sabe la hora que es eres tú,...

...hemos quedado con Andrea y Consuelo, llegaremos tarde.

-¿No sé si tengo ganas de seguir haciendo de carabina?

-¿No te has fijado cómo te mira Consuelo?

Qué suerte tienes.

A mí, sin embargo, Andrea se me resiste;...

...pero se acabará rindiendo.

-Unos chatos. Por el triunfo de la clase obrera.

Salud.

-Ten cuidado con Pedro.

Habla mal de ti a tus espaldas. Es lo malo de que te despidan,...

...que no tienes otra cosa que hacer que cotorrear.

-Se ha tomado a mal eso de que defendieras...

...a don Fabián.

-Lo que tenemos que hacer es ocupar la fábrica,...

...echar al patrón y socializarla.

-¿A qué estamos esperando? A que la ley lo permita.

Cuando el Gobierno haya abolido la propiedad privada,...

...tomaremos las fábricas; pero con la ley de la mano.

-¿Quién te ha dado vela en este entierro?

Me han despedido. -Pero yo no me he puesto...

...de parte del amo, ni soy hijo de un esquirol.

Mi padre es mi padre y yo soy yo.

En cuanto a don Fabián, os he demostrado de qué lado estoy.

Pero las cosas no se arreglan dándole el pasaporte a nadie.

-¿Y cómo se arreglan? ¿Vendiéndose a los explotadores?

La gente como tú es la vergüenza de la clase obrera.

-Lárgate antes de que te demos lo que mereces.

Soy más hombre que tú. -¿Estáis todos locos?

Él es de los nuestros. -¡Ya no!

-¿Vendrás mañana a la exposición de mi amigo?

Lo intentaré; pero no te prometo nada.

-Déjalo de mi cuenta.

Si no quiere venir, la llevaré a rastras.

-Le hablé de tus cuadros y tiene interés en conocerte.

Y piénsate lo de posar para mí.

La Gioconda llora la sonrisa de Andrea.

-Piénsalo, Andrea, el que yo te hice era horroroso.

-Andrea, adiós.

Hasta mañana. -Adiós.

Ese novio tuyo es un lechuguino.

¿Ah, sí? Pues que sepas que como pintor,...

...y no de paredes, me parece muy interesante.

Y como lechuguino puede presumir de una cultura que ni te cuento.

Más cultura tendría que él si hubiese podido estudiar.

No, si un señorito me parece lo más adecuado para ti.

Lo malo es que cuando te des cuenta de que busca...

...lo que busca será tarde.

¿Nunca te han dicho que eres insoportable?

Sí, pero procura posar vestida.

Timbre.

-¿Qué hora de llegar son estas?

Me entretuve con Consuelo, me voy a cambiar.

-¡Andrea!

¿Ocurre algo?

-Dime dónde has estado.

Fui a casa de Consuelo a doblar ropa vieja para la parroquia.

-No mientas. Sé con quién andas y no me gusta nada.

¿Me ha estado espiando? -No me hables en ese tono.

Si te permití estudiar dibujo fue para no contradecir a tu madre;...

...pero se acabó la academia y todas esas niñerías.

Pero ¿qué he hecho? -Lo sabes.

Te han visto del brazo del pintor, subir y bajar del coche.

Padre, no sea antiguo.

Es mi profesor de pintura y no he hecho nada vergonzante.

-Ni lo harás. Porque no lo volverás a ver.

Pero no lo comprende.

Puedo llegar a ser una gran pintora.

Eduardo me ha abierto los ojos.

Pero tiene razón, está visto que aquí no podré realizarme.

Tendré que irme a París. -¿A París? ¿Te has vuelto loca?

No, no puede impedir que trate de conseguir lo que deseo.

-¿Qué deseos ni deseos?

Eres mi hija y te comportarás como tal.

Y te olvidarás de esas sandeces de dedicarte a la pintura.

Desde este momento te prohibo que salgas sola de esta casa...

...y que cojas un pincel. Pero...

-Te repito que no saldrás si no es bajo mi vigilancia.

No soy una monja y puedo ir donde quiera.

-¿Te atreves a enfrentarte a la cara de tu padre?

¡A tu cuarto antes de que me quite la correa!

-Estoy desesperada.

Desde que su padre la castigó, se ha encerrado en su habitación.

Andrea, hija, abre. Tienes visita.

-Soy Consuelo.

Abre. No seas testaruda.

Pasa, Consuelo.

-Hija, ¿necesitas algo?

No, mamá, estoy bien.

-¿Qué pasa?

Me ha dicho tu madre que os vais en unos días.

No pienso irme a la sierra a pudrirme bordando.

No pienso ir, Consuelo. -Ya está.

-Rodrigo, hijo, ¿de dónde vienes así?

-No pregunte, madre. Vengo a asearme y a comer.

-Te calentaré un plato.

-¿Está mi padre? -No, está en la fábrica.

Creo que quiere cerrar antes de irnos.

-Si todo va bien, no tendrá que cerrar mucho tiempo.

-Hijo, ¿en qué estás metido? -Tengo mis obligaciones.

Sólo dígale a mi padre que muy pronto,...

...los rojos tendrán que esconderse.

¿Y ese pollo? -¿Quién? Ah, ¿Paco? El del carbón.

¿Y qué hacíais los dos con la puerta cerrada?

-Nada que sea de tu incumbencia. ¿Queda claro?

No. Creí que lo nuestro iba en serio.

-¿Lo nuestro? Mira, Antonio.

Tengo algún año más que tú.

Me gustas, lo pasamos bien, pero nada más.

Si quieres algo más, te buscas una novia.

Búscate a quien te convenga.

-Queridísima Andrea, qué difícil te está resultando...

...sacar a la luz la gran artista que llevas dentro.

Consuelo me informó de tu encierro y lo siento en carne propia.

Justo cuando la vida iba a darnos su mejor regalo,...

...nos priva de disfrutarlo.

Y ese regalo no era otro que el amor correspondido,...

...el que siento por ti y el que veo, día a día,...

...crecer en ti.

Por eso, ahora que me faltas,...

...veo lo mucho que necesito de este amor tan joven,...

...tan dulce, tan lleno de alegría.

Y de que no podré vivir sin ti.

Andrea, si me amas al menos la décima parte que yo a ti,...

...haz lo que sea y reúnete conmigo, inmediatamente.

No dejaremos que tu padre intente impedir tus sueños.

Está claro que aquí no podrás hacerlo realidad.

Ha llegado el momento de huir juntos y marchar a París.

Como ya te expliqué, está todo dispuesto.

Si no puedes escapar, dime cómo puedo rescatarte y lo haré.

Pero no me prives más de tu compañía.

Como sea, huye.

Tuyo siempre, Eduardo.

¿Mamá?

¿Rodrigo?

¿Hay alguien en casa?

(RECUERDA) Incluso cerraron con llave.

Y a los cinco minutos, ya estabas en la calle.

-El milagro del Corazón de Jesús.

(RADIO) Los últimos datos indican que una parte...

...del ejército de Marruecos se ha levantado en armas...

...contra la República.

Heroicos núcleos de elementos leales resisten a los sediciosos...

...en las plazas del protectorado.

Nadie, absolutamente nadie, se ha sumado en la península...

...a este absurdo empeño.

En estos momentos de confusión para la patria,...

...el gobierno de la República quiere llamar a la calma...

...ante lo que no pasará de ser una sonada más...

...que será pronto derrocada por el ejército y el pueblo español.

Gritos.

(GRITAN)

-¡Compañeros, esto es un golpe de estado!

Tenemos que defender la República de los militares.

(TODOS) ¡Sí! -El Gobierno nos niega las armas.

-Salgamos a tomar las calles. (TODOS) ¡Viva la revolución!

-¡Viva la clase obrera!

Arriba, parias de la tierra.

Empieza... ¡Pedro, Pedro!

Necesitamos estar unidos en esto.

-Juntos acabaremos con ellos. Vamos.

-¿Qué es esto, Dios mío?

¡Andrea! ¡Andrea! -¿Qué ha pasado, mamá?

¿Han entrado ladrones? -¡Andrea!

¿Qué has hecho, hija? -¡Viva la revolución!

-¡Arriba, hijos del pueblo! -La victoria es nuestra.

(TODOS) ¡La victoria! ¡Victoria! ¡Victoria!

Eduardo. -¡Andrea!

He recibido tu carta.

¿De verdad me llevarás contigo? -Claro que sí, princesa.

Ya nada podrá detenernos.

-¿Has traído la munición? -Toda la que cabía.

-Perfecto.

-Esa gentuza se dirige a las Cortes para pedir armas.

-Tenemos que evitarlo.

-Esas son las órdenes.

Darles fuerte en las esquinas para que vuelvan a sus casas.

-Si nos adelantamos, podemos evitarlo.

-Por fin, esos rojos se enterarán de con quién han estado jugando.

Venga, tira.

Entonces, ¿qué va a pasar ahora? Están pidiendo armas.

-Puede pasar cualquier cosa.

Durante unas semanas, habrá jaleo, pero todo se arreglará. Tranquila.

¿Cuándo nos vamos a París? -Enseguida.

Lo tengo todo listo, pero no contaba con esto.

Esperaremos unos días. Pero yo no puedo esperar.

Si mis padres me encuentran, me llevarán lejos.

-¿No lo ves? Un grupo militar se ha levantado...

...contra la República.

Habrá controles en las carreteras, trenes y fronteras.

En tu carta decías que estaba todo listo.

-Y lo está. El levantamiento se sofocar en unos días.

Después nos marcharemos. Como te prometí.

Te doy mi palabra de honor. Pero es que yo he huido de mi casa.

Mis padres me buscarán.

Me obligarán a regresar con ellos.

-Yo cuidaré de ti. Ten paciencia.

¿Y dónde voy a vivir hasta que nos marchemos?

-Aquí, conmigo.

Te amo, Andrea.

No permitiré que vuelvan a separarnos.

Lo siento, no puedo.

-Te deseo tanto.

Tranquila.

¿Es la primera vez?

No estoy preparada, Eduardo.

-¿Por qué no? Somos libres.

¿O es que aún no me amas lo suficiente?

Esto es una locura.

-No me has respondido, Andrea.

Yo te amo.

Quiero que seamos compañeros, amantes,...

Pero si tú no estás segura, no tiene sentido.

Perdóname, Eduardo.

Tú eres la persona que más admiro en este mundo.

-Me admiras. Sí.

Y quiero irme contigo a París.

Y llevar a cabo todos esos sueños tan maravillosos.

-Pero no me amas.

Dame tiempo.

Todavía no estoy preparada. -¿Y cuándo lo estarás?

¿Esta noche?

¿Mañana, en París? ¿Dentro de un año?

Estoy aquí.

He venido a buscarte. ¿No es eso lo más importante?

Eduardo, vamos a París y dejemos lo demás...

...para cuando tenga que llegar. -No, Andrea.

Cómo he podido ser tan ingenuo.

Tú misma me lo dijiste. Amabas a otro hombre.

¿Es Antonio, verdad?

No, Eduardo. Te quiero a ti. -No te engañes.

Pensé que ese amor era una niñería.

Un recuerdo de juventud.

Pero me equivocaba.

Para ti no soy más que un profesor de pintura.

Y lo seguiré siendo siempre.

Eduardo, por favor, no te vayas.

-Necesito pensar.

Necesito estar con los míos. No me dejes sola, por favor.

¿Cómo vas a defender la República?

-Demostremos de qué lado estamos. -¿Dónde vais?

El Gobierno reparte armas en los cuarteles leales.

-Voy con vosotros. -¡Viva la República!

(TODOS) Viva la República. -Ahí vienen.

-Démosles una lección.

Venga, Rodrigo, qué esperas.

Tira.

Aguanta, señorito, aguanta, eres todo un hombre.

-Acabar así sin poder ver lo que pasará...

¿Y Andrea? No te canses, no te canses.

Te llevaré a la casa de socorro, no te canses.

-Antonio... cuida... de Andrea. No, señorito.

Señorito.

Toma, bebe un poco.

Aquí ya no hacemos nada, Andrea.

Sería mejor que te fueras a casa.

Mi casa.

¿Te acompaño?

No quiero irme.

No puedo.

Todo ha sido culpa mía. ¿El qué?

Lo que le ha pasado a Eduardo.

¿Pero qué estás diciendo, Andrea?

El me hablaba de pintura,...

...de libertad,...

Quería que nos fuésemos a París.

A París. Pero yo no estaba segura...

...de estar enamorada de él.

Yo creía que...

No estaba segura, Antonio.

Por eso se fue a la calle.

Y le dispararon. No, Andrea, no.

No es así.

Y esas balas no sólo buscaban acabar con él.

Disparaban contra todos nosotros. Contra lo que representamos.

Libertad, un mundo más justo.

Yo no lo supe ver a tiempo,...

...pero Eduardo era uno de los nuestros.

Por eso lo mataron.

Por eso lo mataron, Andrea.

-Andrea.

¿Qué ha pasado?

¿Qué ha pasado?

Lo intenté.

Pero no se puede querer a alguien cuando tienes...

...otros pensamientos por dentro.

Otras ilusiones.

Yo también tengo cosas de las que arrepentirme.

¿Tú... de qué?

He sido un animal, Andrea.

Me he portado contigo como un chiquillo malcriado.

Como cuando te tiraba de las tranzas, ¿te acuerdas?

¿Me das uno? ¿Qué?

Un cigarrillo.

¿Tú fumas?

No, es por hacer algo.

Mi padre me había prohibido salir de casa, ¿sabes?

¿Y eso por qué?

Por que no quería que me fuera con Eduardo.

Decía que es... que era un republicano.

Sólo quería estar con él porque me hacía ver la vida...

...de una manera distinta.

Hacía que yo misma me viera de otra manera.

¿Comprendes?

Sí. Bueno, no sé, supongo.

Si tu padre no te dejaba salir, ¿cómo has hecho?

Me he escapado.

¿Tú estás loca, Andrea? ¿Y ahora qué vas a hacer?

Vas a volver a casa, ¿no?

-Eduardo Ayala de la Torre, descansa en paz.

(TOCA EL HIMNO REPUBLICANO)

-¿Qué hacen aquí esos desarrapados?

-Madre, a su manera, honran la memoria de Eduardo.

-Que se vayan. Por su culpa, ha muerto mi hijo.

-Dicen que los nuestros le mataron. -Fueron todos.

¡Malditos los unos y los otros!

(SUSURRA ALGO)

-Andrea, ¿te acuerdas de Marcial?

Claro.

-Eduardo me confesó hace unos días que estaba muy enamorado de ti.

Todos le echaremos en falta.

-¿Qué piensas hacer?

No sé. No quiero volver con mi familia.

-Piénsalo bien, Andrea. Ellos te perdonarán.

Te llevarán adonde haya triunfado la sublevación.

¿Cómo puedes decir eso después de lo que pasó?

-No puedes renunciar a tu clase.

Tu sitio está junto a la gente como nosotros.

Eduardo creía en la República, en la libertad.

Sus asesinos serán siempre mis enemigos.

-Está bien, no puedo obligarte.

Marcial también se queda en Madrid.

Tenemos nuestras diferencias, pero seguimos siendo amigos.

-Si necesitas trabajo, en el Prado hay muchas vacantes.

Gracias, pero necesito pensar.

(SUSURRA)

-Papá, mamá, os presento a Andrea.

Era la novia de Eduardo.

No sé qué decir. -Pues no digas nada.

Y deja de llorar, mujer.

Los sentimientos de verdad se llevan por dentro.

Se guardan para fortalecerse.

Las lágrimas son para gente común.

-Mamá, Eduardo estaba enamorado de Andrea.

-Mi hijo era un gran chico y un buen artista,...

...pero no tenía ojos para ver el mundo como es.

¿Qué digo? Eduardo no sabía ni dónde tenía la cabeza.

¿Pero cómo puede hablar así de su propio hijo?

-Porque yo le parí y nadie le conocía mejor.

Pero tú no eras lo suficientemente buena para él.

Si no, le habrías protegido de esas ideas que le mataron.

-Mamá, Andrea no tiene ninguna culpa.

-Cállate. Estoy cansada de escuchar tonterías.

¿Dónde está mi coche? -Allí.

-Vámonos a casa.

-Lo siento.

-Perdónala, ¿eh? Está trastornada por el dolor.

-¡Mario! Vámonos.

-Lo siento, me tengo que ir.

-¿Qué? -Ya está en su habitación.

Le dije que Sito estaba durmiendo y que tú no habías llegado.

-Esa costumbre tuya de no enfrentarte a los problemas.

-Fabián, tu hija está destrozada. Tiene los nervios deshechos.

-Ya.

-¿Hablarás con ella mañana?

De día, las cosas no parecen tan terribles.

Anda, vámonos a dormir.

Nosotros también estamos cansados. Vamos.

¿Qué haces aquí?

No podía dormir.

Yo tampoco pasé buena noche.

Hacía mucho que no subía aquí.

Está todo igual que cuando...

¿Quieres decir igual que cuando tú y Rodrigo subíais a jugar conmigo?

Está igual, sí.

Muchas veces subía a escondidas,...

...procurando que mi madre no se enterase.

No le gustaba que sus hijos se mezclaran con clases inferiores.

¿Qué nos ha pasado, Antonio?

¿Por qué Rodrigo, tú y yo no podemos ser como antes?

Supongo que porque la vida nos puso a cada uno en su sitio.

No voy a dejar nunca más que me digan lo que debo hacer.

¿De verdad crees que el futuro que nos espera será mejor?

Si nos lo proponemos entre todos, hay un mundo más libre, más justo.

Está luchando por nacer.

El mundo viejo hace lo posible por impedirlo.

Si luchamos para que todos seamos más libres,...

...iguales.

Para que no haya diferencias entre nosotros.

Que no haya diferencias nunca.

Iguales, Antonio.

Iguales, Andrea.

-¿Pero te has vuelto loco? ¿Cómo se te ocurre besar a Andrea?

Ella me ha correspondido.

-Ay, Antoñito, qué sola me vas a dejar.

(CARRASPEA) -Hola, Andrea.

Os he visto abrazados, y no sólo hoy.

-Lo que haya habido entre él y yo es agua pasada.

No significa nada para él.

Él te quiere, niña, desde siempre.

-¿Es Eduardo? No, no es nadie. Es sólo un boceto.

-Ya sabes que no le tenía mucha simpatía,...

...pero siento mucho que haya muerto.

Ha sido una muerte horrible. -Quizá fue un accidente.

-¿Dónde vive Rodrigo Robles? -En el principal.

-Como todos los señoritos de mierda.

-Don Fabián. -Pasa, pasa, Isidro.

¿Y los obreros?

-Vienen hacia aquí. La fábrica ha sido confiscada.

-Te buscan. Tu padre intenta detenerles.

-Subiré a la azotea y saltaré al otro edificio.

-No, no te arriesgues. Métete en el lavadero.

Atranca la puerta desde dentro. ¡Corre!

-Me marcho de Madrid.

Hasta que yo vuelva, Rafael es el máximo responsable.

¿Entendido? -Sí, señor.

-Espera un minuto.

Oye, ¿podéis parar? -¿Estás loco?

Ya sabes cómo se las gastan.

Tenemos que llegar a Francia antes de que amanezca. Pisa fuerte.

Madrid, febrero de 1936. Mientras Antonio y muchos compañeros, de clases populares, celebran, en una verbena improvisada en la calle, el triunfo del Frente Popular, Andrea regresa a casa en compañía de su amiga Consuelo. Allí le está esperando su padre, Don Fabián, dueño de una empresa de materiales de construcción a quien, Andrea, se enfrenta continuamente porque no le permite estudiar en la Universidad. Doña Loreto, su madre, logra convencerle de que le permita asistir a una academia de dibujo. Allí conoce a Eduardo, un joven pintor de ideas progresistas, aunque de familia aristocrática, con quien descubre un mundo de libertad que sus padres no sospechan y de quien cree estar enamorada. Los hechos se precipitan. Llegan noticias del alzamiento militar y mientras los partidarios de la República salen a la calle dispuestos a defenderla, Rodrigo, hermano de Andrea, prepara con los suyos la neutralización de los rojos.

Néboa

Néboa es la mejor opción para los amantes del suspense y del género "quién mató a quién". Emma Suárez protagoniza esta producción ambientada en una ficticia isla gallega donde tratará de resolver la misteriosa muerte de una adolescente durante la celebración del carnaval local. Todos los vecinos guardan secretos y los investigadores irán descartando sospechosos hasta dar con el asesino. Sin embargo todas las pistas apuntan a un culpable: el Urco, un animal mitológico. ¿Te apetece jugar al Cluedo a través de la pantalla de la televisión? Tienes los ocho capítulos de Néboa gratis en A la carta.

No recomendado para menores de 16 años Néboa - Capítulo 1 - ver ahora
Transcripción completa

(Mar)

(Gaviotas)

(Música siniestra)

(Cuernos y cencerros)

(Bullicio y gritos)

(Rugidos)

(Cadenas)

(Tambores)

(Rugidos)

(TODOS GRITAN) -¡Urco! ¡Urco! ¡Urco!

(Gaitas)

-Ana. Tienes a tus padres ahí.

Mira qué bonita es mi ahijada...

-¿Cómo tardaste tanto? -Estaba estudiando.

Y qué aplicada... (IRÓNICA) Igual que mi hijo.

-¿Cómo llevas el examen? -Mamá...

Déjala vivir, mujer...

Escapa, Ana. Los chicos están por allí.

-¡Esconde eso! Está ahí Carmela.

-No me di cuenta. Vamos.

Vuelvo ahora.

-Todo listo. -¿Seguro?

(MOLESTA) -Sí, Roi, seguro.

-A las doce y media, ¿vale?

-¿Estás de coña? No hables con él aquí.

-Vamos a pillar provisiones.

(Gaitas y panderetas)

Ya está, tenemos de sobra. -Pues venga, vamos.

Oye... creo que paso. -¿Cómo?

Esto va a acabar mal.

Ni de coña te achantas ahora.

¿Vamos o qué? -Os veo en la puerta.

-Muchas gracias por invitarnos, Don Alejandro...

-Faltaba más, hombre.

-Papá. Nos piramos. -Sentidiño, Roi.

Qué pasa, Coruxo...

(BURLÓN) -Uhhh... el Urco...

Ana.

¡Ana!

(Música siniestra)

(ANA GRITA ATERRADA) -¡¡¡Por favor, ayuda!!!

¡¡¡Me va a matar...!!!

(GRITA ATERRADA) ¡¡¡Ayuda!!!

(Rugidos)

(GRITA HORRORIZADA)

(Móvil)

-¿Sí?

(Música de tensión)

(Vibración móvil)

-¿Sí?

Sí...

(Sigue música)

-¡Rosa!

-(ROSA LLORA DESCONSOLADA)

-Por favor, para atrás.

-(AMBOS LLORAN DESCONSOLADOS)

(Música de suspense)

(Música suave)

(Sigue música)

-Teniente Ferro. Teniente Ortiz.

Vega, mi hija. Hola.

No sabía que venía acompañada.

Ha sido una decisión de última hora.

Tenemos el coche en el puerto.

Muy bien. ¿Me permite?

No, gracias, puedo yo.

Tenemos reservada una habitación en el hotel del faro.

(Música de acordeón)

Yo me cojo un taxi.

¿Segura?

Sí, tranquila.

Avísame cuando llegues. Vale.

¿Está muy lejos? Aquí nada está lejos.

Aparte del pueblo, está el bosque del castro,

el faro y poco más. La isla se cruza en veinte minutos.

(GRABACIÓN ININTELIGIBLE) -¡Me persigue...! ¡Me va a matar...!

¡Por favor, ayuda! ¡Está aquí!

La llamada fue a las dos treinta y dos.

Pensaron que era una broma. Pasa mucho durante el Entroido.

El carnaval.

Sus padres no la vieron por la mañana,

pero no se preocuparon, la fiesta suele durar...

hasta el día siguiente.

(Frenazo)

(Cencerro)

(CABREADO) Ai, Aberilda, ¡un día quedas sin vaca!

(Mugido)

¿Cuándo descubrieron el cadáver?

Unos percebeiros llamaron a las seis y cuarto de la mañana...

diciendo que vieran algo extraño en el fondo do "Burato do Demo".

"El hoyo del Diablo"

Es parte de una leyenda de la isla.

(Disparos cámara)

Los amigos de Ana. De la víctima.

Anoche salieron de fiesta con ella.

(Gaviotas)

Tiene heridas defensivas en brazos y piernas.

¿Causa de la muerte?

-Aparentemente... un corte profundo en la nuca.

No hay sangre.

No la mataron aquí.

¿Teléfono móvil?

Aún no lo encontramos.

-Teniente Ortiz, sargento Souto.

Carmela.

Hay que localizar el teléfono.

¿Y esa máscara..?

El Urco.

El ogro.

Un hombre enorme con cabeza de lobo.

La leyenda dice que sale del mar. De aquí, do "Burato do Demo".

Anda cargado de cadenas y se lleva el alma de los vivos.

¿Me estoy perdiendo algo?

No es la primera vez que aparece un cadáver así.

En los años veinte hubo cinco asesinatos.

No se encontró el asesino, pero se le llamó el Urco...

porque atacaba las noches de niebla,

como el gigante de la leyenda.

Ya.

Y volvió a pasar en 1989.

Cuatro víctimas.

Mismas heridas, mismas máscaras.

¿Todas con un corte en la nuca?

Hechas con una lanzadera. Es una aguja para coser redes.

-(COMBA LLORA DESCONSOLADA)

Me gustaría hablar con los chicos.

Es su hijo.

Gracias. -Gracias a usted.

(Gaviotas)

(Música siniestra)

Hola. -Buenos días.

Tengo una reserva a nombre de mi madre:

Mónica Ortiz.

Así que tu madre es la nueva de la Guardia Civil.

(HABLA EN GALLEGO) -El primer día de Entroido...

y en "O Burato do Demo". Es el Urco, Moncho.

(HABLA EN GALLEGO) -¿Qué carallo dices?

(ALTERADO) -¡Es el Urco, hazme caso!

(CENSORA) -¡Coruxo!

Sólo había una habitación reservada,

vais a tener que compartirla. No importa.

Aquí tienes la llave.

Está en el segundo piso, no tiene pérdida.

Gracias.

(Mensaje móvil)

(Ruido)

¿Mamá?

(Música de suspense)

¿Mamá?

(Golpe de tensión)

Él es Roque, mi marido.

La teniente Ortiz.

Hola. Mónica. (ROQUE) -Encantado.

Llegó esta mañana para hacerse cargo del caso.

Lo siento mucho. (ROQUE) Gracias.

¿Cómo están los padres?

(ROQUE) Está siendo muy duro.

Lo siento.

Hola.

Soy Mónica.

Me gustaría transmitirles nuestra solidaridad...

y decirles que estamos aquí para ayudarles.

(ROTO) -Tenemos que llamar a los abuelos.

Ni siquiera avisé a la...

funeraria.

-Voy yo.

¿Cuándo vieron a Ana por última vez?

-Ayer, en la cena de la Cofradía.

Se marchó con Gael y con los otros.

¿Saben si había algo que le preocupara...?

¿Algún chico...? -No.

No estaba con nadie últimamente.

¿Alguna pelea?

No. Es muy buena niña...

Nunca...

(LLORA ROTA) No puedo...

¿Hay algo que...

algo que me quieras contar que me pueda ayudar?

Ayer llamó.

Normalmente en Entroido no sabemos nada de ella...

hasta el día siguiente.

Pero ayer llamó de madrugada.

¿Recuerdan a qué hora?

-Serían las dos.

(LLORA ROTO) No vi la llamada hasta esta mañana.

-(ROSA SUSPIRA DESOLADA)

Me gustaría ver el cuarto de Ana.

¿Puedo?

-¿Eres policía?

Guardia Civil.

Sé quién mató a mi hermana.

(AFABLE) ¿Sí?

¿Lo sabes?

Fue el Urco.

¿Cómo te llamas? Brais.

Brais...

(CÓMPLICE) Hazme caso, Brais, que yo sé de esto:

los monstruos no existen.

Ya sé que los monstruos no existen.

Pero el Urco sí.

Tenemos que llevárnoslo.

Pueden llamarme a cualquier hora.

En cualquier momento que lo necesiten.

Lo siento.

-¿No oíste la llamada porque estabas durmiendo?

¿Eh?

-(LLORA)

-Buh... Esta estaba en el caso de Sanabria.

-¿Caso Sanabria? -Un asesinato.

Colocaron pruebas falsas y los pillaron.

El caso se fue al carallo, claro.

(LEE) La teniente Ortiz, de la Guardia Civil:

"Hemos conseguido lo que buscábamos".

(BUFA) Con dos cojones.

(ALEJANDRO) -Ferro.

-¿Hay que llamar a un abogado?

-Tranquilidad.

Soy la teniente Ortiz.

Estoy aquí para dirigir la investigación...

del asesinato de Ana Galmán.

Sé que algunos de vosotros la conocíais.

Siento mucho lo que ha pasado.

Necesitaré los informes de los casos del Urco.

Cuento con vuestra ayuda para resolver esto.

Gracias a todos.

Gracias.

(ANA OFF) -Dentro de mes y medio cumplo 18 años.

¡Qué fuerte!

Dieciocho, ¡madre mía!

No te imaginas las ganas que tengo de largarme de aquí.

Casi tantas como tú.

Oye... Sabes que te quiero, ¿verdad?

-Salimos juntos...

un par de meses. Un par de meses.

¿Ahora no salía con nadie?

Bueno, pues cuéntame...

¿qué hicisteis anoche?

Salimos de la cofradía... sobre las diez y media.

-Cogimos unas cervezas por el camino...

y fuimos directos a la fábrica.

¿Sólo cervezas?

-Sí.

Pues ya me explicarás de donde salió esto.

No tengo ni idea. Estaba en la habitación de Ana.

-Yo no sabía que Ana tomaba drogas.

¿No tenías ni idea? -Nunca me lo contó.

Estoy diciendo la verdad, joder.

Di la verdad, Gael.

¿Mamá, qué haces?

¿Qué tomasteis?

Éxtasis.

¿No será que la cosa se puso intensa con las pastillas...

y terminasteis discutiendo?

-No digas nada hasta que llegue el abogado.

-Bueno, yo creo que esto se acabó.

¿Sabes quién se lo pudo vender?

-Cascudo.

-Cascudo.

-Cascudo.

¿Cascudo?

Cascudo y Ana siempre acababan discutiendo.

¿Y discutieron? Estaba con nosotros en la fiesta.

Discutió con Ana y después se piró.

-Necesito la ficha de Mario Castro.

¿Por qué no me contó lo de las pastillas?

Se supone que me tiene que informar.

(Moto)

Roi Ulloa, el que salía con Ana...

Es el macho alfa, ¿verdad?

Lo de mandar le viene de familia.

(FERRO OFF) Su padre es Alejandro Ulloa,

el dueño de la conservera.

La mitad de la isla trabaja para él.

Los hombres pescando y las mujeres enlatando.

Los Ulloa son prácticamente los dueños de Néboa...

desde hace más de cien años.

-¡Roi!

-Roi...

Sabes que estoy contigo, ¿no?

Estoy contigo pase lo que pase,

¿de acuerdo?

Mira,

te voy a hacer una pregunta,

y si me mientes, no te voy a poder ayudar.

¿Lo entiendes?

¿Ayer pasó algo...

algo entre Ana y tú...

qué yo deba saber?

(OFENDIDO) ¿Lo dices en serio?

-Ahora resulta que tomas...

¿qué era, eh?

Éxtasis...

Éxtasis...

¿Desde cuándo?

Sólo fue ayer por la noche...

y... puede que una o dos veces más.

¿Piensas qué somos idiotas?

Desde cuándo, Gael... ¡No sé, joder!

Hace dos años más o menos.

La madre que me parió.

Supongo que no hace falta que te digamos que se acabó.

¿A dónde vas? Al curro. Llego tarde.

1919.

Cinco víctimas, todas en los ocho días del Entroido.

Todas con la máscara de Urco y con un corte en la nuca...

producido por una lanzadera.

En el 89...

vuelven a aparecer víctimas,

otra vez durante el carnaval.

(LE) Y otra vez la máscara,

y la misma herida en la nuca...

(EXTRAÑADA) Pero esta vez... la quinta víctima sobrevivió.

(CONFUSA) No entiendo... Mi padre.

El superviviente fue mi padre.

En el 89 era el teniente de este cuartel.

Investigaba los asesinatos del Urco.

¿Consiguió verlo?

-El asesino le atravesó el cráneo con la lanzadera.

No responde a ningún estímulo desde entonces.

Lo siento.

¿Quién fabrica las máscaras?

Hay gente que las hace en casa, otros las heredan,

hay talleres que las venden...

Aquí... casi todo el mundo tiene una o dos en casa.

Ya.

Esto de aquí... es un número uno.

El primero de cinco.

-Volvió.

¿Perdón?

El Urco volvió a matar.

¿Cómo se llama usted..?

Viqueira, mi teniente.

Viqueira,

no pensará que buscamos a un asesino de 120 años, ¿no?

No buscamos a una leyenda.

Buscamos a una persona.

Tengo las fotos de las redes sociales de Ana.

Esa mochila, ¿de quién era? Era de Ana.

¿Y no ha aparecido? No.

¿Dónde está el lugar de la fiesta?

Aquí. Vale.

A las dos de la mañana... Ana se marcha a su casa por el monte

¿Su casa está...?

Aquí.

Tuvieron que matarla en este lugar y después...

trasladaron el cadáver... hasta donde lo hemos encontrado.

Que está en el...

"Burato do Demo". En el "Burato do Demo".

El asesino la eligió. Buscó el momento de matarla...

y trasladó el cadáver...

hasta el lado opuesto de la isla.

Que peinen toda esta zona.

(AGOBIADA) No puedo seguir en el caso.

Ana era mi ahijada. -Venga, Carmela...

Ana era mi ahijada y Gael es...

es un testigo del caso.

Es volver a lo que pasó hace treinta años...

No puedo.

Carmeliña...

No puedo y no debo, mi teniente.

Lo siento.

La ficha de Mario Castro.

O Cascudo.

Habrá que ir a hacerle una visita.

(VIQUEIRA) -Parece que no hay nadie.

(Golpe puerta)

Llame a criminalística, Viqueira. A la orden, mi teniente.

(MOSCA) ¿Qué acaba de hacer, Ferro?

Vimos algo sospechoso y entramos.

Déjese de hostias.

Podríamos haber conseguido una orden.

Que se ponga exquisita precisamente usted...

Como esto joda el caso,

usted y yo nos veremos en Comandancia.

(Moto)

(FERRO) ¡Vamos, vamos!

(Sirenas)

(Música de acción)

(Música y gritos de fiesta)

(RESPIRA FATIGADA)

(Móvil)

(FATIGADA) Dime. ¿Qué tal?

(IRÓNICA) Bien. Un día redondo.

¿Tú qué tal? Bien.

He salido a hacer unas fotos. La isla es flipante.

Sí. Y muy tranquila también.

Oye, te llamo luego, estoy un poco liada, cariño.

Te quiero, ¿vale?

Oye, ¿alguna llamada?

No, no he sabido nada de él.

Vale.

Te quiero. Y yo.

(Música y gritos de fiesta)

(CABREADA) Joder. Perfecto.

Ferro, que vigilen el puerto y cualquier barco...

en el que pueda salir ese tío. Es lo que acabo de hacer.

Tenemos el informe de criminalística sobre la escena del crimen.

Tradición do Entroido.

(Moto)

(ROI) -Yo por lo menos hice algo, ¿vale?

(TURCO) -Tienes unos huevos... (ROI) -¿Qué coño dices?

¡Que te reviento la cara! (TURCO) -¿Qué dices, pijo de mierda?

(COMBA) -¡Para...! (GAEL) ¡Roi, para!

(MARINA GRITA) -¡Liscade de aquí! ¡Xa!

¿Qué haces aquí? Tenía turno.

Hoy no estás para trabajar. Marcha para casa.

Eres la hija de la teniente, ¿no?

(SORPRENDIDA) Sí. Aquí se sabe todo muy rápido.

Mi madre trabaja con la tuya, es sargento.

Ahá. "Paso corto, mirada larga...

...y mala leche. ...y mala leche."

Hace mucho que no lo dice. Mi madre igual.

Pero se me quedó.

¿Conocías a Ana?

Sí, era amiga mía.

Lo siento mucho.

Soy Vega.

Gael. Encantada.

(ROI GRITA CABREADO) -¡Gael! ¿Qué?

Nos vemos, Vega. Chao.

(MOSQUEADO) ¿Qué coño hacéis?

¿Estás gilipollas o qué?

Ana no fue asesinada en el "Burato do Demo":

la herida de la lanzadera es post-mortem.

¿Se puede ir en lancha?

-Si sabes navegar, sí.

(SEGURA) Fue en lancha.

Estos son, de momento, los sospechosos.

Mario Castro, el camello.

Antón Galmán, el padre de la víctima.

(SORPRENDIDO) ¿Antón? Es imposible que fuera él.

Es sospechoso. Hay algo que no nos cuenta.

(OFENDIDO) ¿Se lo dice su instinto femenino?

¿Tiene algo contra el instinto femenino?

No, Dios me libre.

...Y Roi Ulloa.

El ex novio.

Él y el resto de la pandilla, mienten.

Hay algo que no nos cuentan.

(ANA OFF) -Va a ser una risa.

Lo primero, sacar el carné.

Lo segundo, comprar el coche, que a ver cómo lo pago.

Aunque...

No sé, a lo mejor... me puedes dejar el tuyo...

(Tic tac reloj)

(CARMELA SOLLOZA)

-¿Estás bien?

Tienes las maletas hechas.

Las hice esta mañana,

antes de... saber lo de Ana.

Pero no es el mejor momento.

Decírselo ahora a Gael...

Igual me quedo unos días más.

Haz lo que veas. Claro.

(FERRO POR TELÉFONO) -Nos hacen falta refuerzos del continente.

Es urgente.

(SUSURRA) Roi Ulloa... Esta foto es de las doce y diez.

Esta un poco después, antes de acostarse.

(Música de suspense)

Se cambió de ropa.

(FERRO) Teniente...

(SUSURRA ENSIMISMADA) Se cambió de ropa...

Teniente...

¡Teniente! Tiene que ver esto.

La autopsia.

(ATÓNITA)No puede ser.

Yo también pensé que era un error.

No puede ser.

(Pájaros)

Carmela...

Ha llegado la autopsia.

No estoy en el caso.

El arma es la misma que en 19 y en 89.

Es imposible.

Ha dejado la misma herida en la nuca,idéntica.

¿Huellas? Muchas.

Pero ninguna que nos sirva.

Y hay otra cosa. ¿Qué?

Antes de matarla, el asesino intentó violarla.

(EN SHOCK) No puede ser...

No, no puede ser...

Pero el cabrón no consiguió consumar la violación:

la mató antes.

Seguramente...

golpeó su cabeza contra una roca.

La herida de la lanzadera es post-mortem.

En los casos anteriores no hubo agresión sexual.

Nunca.

Lo siento.

He leído el informe del 89.

Sé que viste al hombre que atacó a tu padre.

(Ruido)

(Tormenta)

Sólo vi un hombre con unas botas y un traje de aguas.

No valió de nada entonces y no va a valer de nada ahora.

Tengo algo para ti.

(LEE EN GALLEGO) Nadie me dice, pongo por caso,

para que sirven las estrellas, ni donde mueren los pájaros.

Antes de nacer yo, ya había sol y rocas...

Son cosas que mi padre guardó cuando llevaba el caso del Urco.

Recortes de prensa, anotaciones...

Por si te son de ayuda.

Carmela...

Tienes más razones que nadie para estar en el caso.

Llevo toda mi vida siendo la niña que vio al Urco.

No sabes lo que es eso.

No sabes lo que es el Urco en esta isla:

el miedo...

las sospechas de todos...

Es como tocar un nervio al aire.

Necesito tu ayuda.

(BRAIS) -Mamá, tengo hambre.

(ANTÓN) -Toma.

(Llaman a la puerta)

-Cascudo.

Piensan que fue él.

(Música de tensión)

-Ei...

(CASCUDO OFF) -¿Me puedes conseguir una lancha?

-Creo que sí.

-Nos vemos en Area Morta.

(Sigue música)

(ALEJANDRO) -La Guardia Civil no tiene bastante gente...

para controlar las calas. Pinche tiene una lista de playas.

Las quiero todas vigiladas.

-Hacen falta más. -Haz llamadas.

Di de mi parte que quién no arrime el hombro

se puede ir olvidando de venderme pescado.

-(SUSPIRA PREOCUPADA)

-¿Sí? -Tu hija acaba de salir.

-¿Cómo?

Y cogió las llaves de la "Ulloa 3".

-Ya me encargo yo.

Mi hija fue a buscar a Cascudo.

Vamos a coger a ese cabrón.

(Música de tensión)

-¡Venga, rápido!

¿Qué está pasando, Ferro?

(MOSCA) ¡Ferro, coño! -Localizaron a Cascudo.

¿Localizaron? ¿Quién? Alejandro Ulloa.

-Podemos seguir hablando o podemos ir a por él.

-¡Teniente, suba aquí!

(Sirenas)

(NERVIOSO) -Olalla, contesta, por favor.

¿Dónde coño estás?

-¡Mario!

(ANGUSTIADO) -Olalla, ¿dónde cojones estás?

-¡Estoy llegando!

(OLALLA) ¡Estoy llegando, espera!

(MARIO GRITA) -¡Olalla!

(MARIO GRITA) -¡¡¡Olalla!!!

(GRITA) -¡¡¡Mario!!!

-Yo no la maté.

(ROQUE) -Antón, tranquilo...

-(MARIO GRITA DOLORIDO)

(MARIO GRITA DOLORIDO)

(ROQUE) -¡¡¡Para!!!

¡¡¡Alejandro, para esto!!!

-¿Qué harías si fuera tu hija?

-(MARIO GRITA DOLORIDO)

(ROQUE) -¡Antón!

¡Suelta, coño!

-(ANTÓN GRITA FURIOSO)

(ANTÓN LLORA)

(Sirenas)

(Disparos)

¿Vas a decirme dónde estabas anoche,

entre las doce y media y las tres de la madrugada?

-Quiero un abogado.

Te juro por Dios que soy inocente.

Pues lo disimulas muy bien.

-La huella que encontramos no "Burato do Demo"...

no coincide con las botas de Cascudo.

¿La policía judicial ha localizado el teléfono de Ana?

Todavía no.

Hasta nueva orden, Mario Castro sigue siendo sospechoso...

(OFF) Por lo menos, hasta que aclaremos qué hizo anoche.

Pero hay otros.

Roi Ulloa.

La última relación conocida de la víctima.

Se cambió de ropa poco después del asesinato.

Todo lo que cuenta... es falso.

No es el único que miente.

Antón, el padre,

oculta algo.

-No oíste la llamada porque no estabas en casa.

Saliste de madrugada.

(OFF) Ahora mismo, es sospechoso cualquiera que haya formado parte

de la vida de Ana.

(OFF) Las personas con las que trabajaba,

sus vecinos, sus amigos.

¿Qué pasó antes de que la asesinaran?

¿A quién vio? ¿Con quién se cruzó?

Responder a estas preguntas nos dará sospechosos.

Y también, posibles testigos.

Ha sido un asesinato calculado...

y el motivo era personal.

(Mensaje)

El asesino que buscamos es inteligente y manipulador.

(GRABACIÓN ANA) -No te imaginas las ganas que tengo de largarme.

Casi tantas como tú.

Oye, sabes que te quiero, ¿verdad?

Nadie comete un asesinato así...

si no sabe que nos puede engañar a todos.

Y ahora, a descansar.

Nos esperan días complicados.

Gracias a todos.

Hola.

Qué sorpresa... He traído la cena.

¿Qué lleva esto?

Lechuga,... pepino,...

tomate,...

Oye,...

¿tú te drogas?

¿Qué?

Bueno, quiero saberlo...

Si tomas... pastillas.

Éxtasis.

(DIVERTIDA) ¿Crees que tomo éxtasis?

Sólo pregunto.

Venir a Galicia y comer esta mierda, Vega...

Lechuga gallega.

Está buena.

(IRÓNICA) Buenísima.

(Teléfono)

-¿Sí?

Sí.

Vale.

No, yo mismo. Mándeme la ubicación.

De acuerdo.

¿Y eso qué es? Sal.

¿Para qué?

Para ahuyentar a brujas y demonios.

Y mira esto.

Parece la semilla del diablo.

¿La semilla de qué?

Qué asco das, Vega. Qué joven eres.

Uf, qué hambre tengo.

Ummm... Mira ¿En serio?

¿Qué? Son vegetales, ¿no?

Y esto es una figa.

¿Una qué? Una figa.

Te veo muy puesta, eh. Lo he buscado en internet.

-Son amuletos.

Protegen contra supersticiones y estas cosas...

Ya.

¿Ya te vas? Me voy a la cama.

Buenas noches. Chao.

¿Y funcionan? Supongo que sí,

porque nunca vi una bruja por aquí.

Yo soy Gonzalo.

Y tú eres Mónica.

Te veo muy bien informado. Este es un sitio pequeño.

Estaba tomando un whisky, ¿te apetece uno?

Venga.

¿Tu vives aquí?

¿En el faro? No. Yo soy amigo de los dueños.

Ah.

Salud, Gonzalo.

Salud, Mónica.

Mmm...

(CONFIDENTE) Oye,

¿tú... no tendrás...

un cigarro?

Ya, que pena,

con lo bien que me estabas cayendo...

(Música de suspense y tensión)

(Aullido)

Si la cosa va como en el 19 y el 89,...

nuestro asesino matará tres veces más.

Así que no tenemos mucho tiempo.

-Mi hija estaba con un tío casado.

Quiero que me ayudes a encontrarlo.

-Que te ayude, ¿cómo?

Ayer, cuando estaba cerrado,

había un hombre de unos... 40 años aquí,

¿quién es? -No sé.

¿Siempre vas con ella cuándo tiene algún caso?

Esta vez no quería dejarme sola.

¿Qué haces con Gael? Es un testigo.

Ya lo sé, mamá... No pasa nada, de verdad.

-Quiere cambiar su declaración.

-¿Qué les dijiste?

Lo suficiente para que te dejen en paz.

-Si quieres salir de esta, por Dios, no hagas el imbécil.

El Urco no va a dejar un testigo suelto.

Porque no me dices quién es y acabamos con esto.

-Tenemos que marcharnos. -¿Cuándo?

-Hoy por la noche.

-Estaba todo en orden.

-¿Seguro?

-Antón mintió.

Dijo que no oyera la llamada de Ana

porque estaba dormido, pero no es verdad.

Está cerca.

Que no se nos escape.

Néboa - Capítulo 1 - ver ahora

Águila Roja

David Jenner tiene la difícil tarea de interpretar a dos personajes: el maestro y padre humilde de la villa y al héroe que quiere vengar la muerte de su mujer, el Águila Roja. Se trata de una serie de aventuras e intigra sobre el valor, la nobleza, la amistad y el amor ambientada en el siglo XVII. Javier Gutiérrez en el papel de Sátur será el fiel escudero de Gonzalo. Águila Roja conta de 116 capítulos repartidos en 9 temporadas que tienes disponibles completas A la carta. ¡No te las pierdas! El Águila Roja será tu nuevo héroe. 

No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T1 - Capítulo 1 - Ver ahora
Transcripción completa

El cuarto era semejante a un águila volando.

Muy bien, Daniel. Muy bien leído.

Puedes sentarte. Juanillo, adelante. Te toca.

(TODOS LOS NIÑOS RÍEN)

¡Silencio! ¿Estás bien, Juanillo?

Risas de los niños. ¿Estás bien?

¡Silencio he dicho!

No está bien reírse de un compañero.

Campanadas. -¡Feliz Navidad!

(TODOS LOS NIÑOS CANTURREAN)

¡Venga, todos a casa!

Venga, demonios.

Quieto ahí. -Déjeme, padre.

Que se van sin mí. Tú te quedas conmigo.

Tenemos que comprar e ir a ver a tu madre.

-Padre, eso es de mujeres. ¿Mujeres?

(ALONSO RÍE)

-A ver, a cuánto está el lechazo. -A 30 maravedíes la pieza.

-Subiendo los precios, ¿eh? Como es Navidad.

Bueno, pues me va a poner... ¿Me pone...?

-Perdone, estaba yo primero. Perdone.

-Cuatro lechazos, me va a poner también...

...7 libras de manitas de cerdo y...

¿Tiene conejo? Sin ofender.

Pues... Cuatro, cuatro pueden valer.

Es que vienen los Medici a cenar. No sabe lo que tragan.

-¡Hay pan recién hecho! -¡Es él! ¡Mi capa!

¡Al ladrón! ¡Guardias! ¡Guardias!

-¡¿Dónde vas, chaval?! -¡Cuidado, loco!

-¿Por dónde se ha ido? Creo que...

-Se ha ido por las escaleras hacia arriba.

Le pago yo el conejo.

-Serán cortadas de hoy, ¿no?

-Sí, señora. -Bien.

Ay, Dios...

-La marquesa quiere que le lleven fruta.

-Ahora fruta. -¿Quiere que se la lleve yo?

-¿Cuántos años tienes? -13.

-¿Y ya has conocido varón?

¿Que si te han desflorado? -No, por Dios.

-Déjate. Ya se la llevo yo.

¿Da su permiso la señora marquesa?

Adelante.

El galeón quiere cruzar el estrecho.

¿Me lo permites, marquesa? Permiso concedido, señor comisario.

Catalina, déjala aquí sobre la cama.

(RÍE) Ah... -Sí, señora.

Claro, perdone. Perdone.

¿En qué estaría yo pensando? La fruta en la cama.

Perdón.

Cata, cógela.

Catalina, hija, que es para hoy.

Puedes retirarte.

Y feliz Navidad. -Feliz Navidad, señora.

Por cierto, todavía no me has dicho que quieres por Navidad.

Pues muy fácil. Oh, oh, oh.

Lo quiero todo, todo.

Todo. ¿Quieres uvas?

-No, por favor... No me haga nada.

No, por favor. No, por favor. No me haga nada.

Vendrán tiempos de llanto y crujir de dientes.

-¿Estás listo? Vale, ya. Sí.

-Una, dos... y tres.

-Tachán. ¡Un alfabeto!

-Sí. ¿No necesitabas uno? ¿Quién lo he hecho?

-Nosotros. -No lo hemos comprado.

Vosotros no habéis hecho esto. -¡Sí, sí!

Y tú lo has pintado. Artista que eres un artista.

-Murillo nos ha ayudado con los dibujos.

Murillo. -Un poco.

Me extraña. -¡Ah...!

-Días, ¿eh? ¿Días?

-¿Te gusta de verdad?

Ay... No te animes tanto que tienes que ir a por el cordero.

No... -Sí...

Te quiero. -Corre.

-Madre, ¿este año la tía Margarita va a venir?

-Ya sabes que no puede. -¿Por qué?

Hace mucho que no la vemos. -Chis.

Los niños no hacen preguntas.

-Sólo por la sangre perecerá lo corrupto.

Somos los elegidos del nuevo orden.

Que así sea. (TODOS) Que así sea.

-Estamos todos, podemos empezar.

Ululatos.

-¡Alto! La bolsa o la vida. Hola, Floro. Adiós, Floro.

Tengo mucha prisa. -Espera.

Esas no son formas de saludar. Tengo que buscar un cordero asado.

-Si está asado, no puede ir lejos.

Vamos a lo del Cipri a tomar unas jarras.

¿Cuántas te has tomado? -Una nada más. Si es Navidad.

-No me mires con esos ojos. Ya sabes que te tengo que comer.

¿Eh? Así es la vida, compañero.

(SUSPIRA)

Mira, te voy a cocinar con esas velas, ¿eh?

Vamos. No, no, no.

-Nuestros planes están llegando a su fin.

El rey tiene los días contados.

-Estamos yendo demasiado lejos. No seré cómplice de alta traición.

-Te recuerdo que debes obediencia a esta sociedad.

-Estáis hablando de asesinar a un rey.

¿No será que os falta valor?

-¡Basta ya!

Nadie llama cobarde al capitán Rodrigo.

Cobarde.

-Tengo pruebas que os incriminan a todos.

-Eso es imposible. -Y pienso usarlas.

No sin antes probar mi espada.

-Será un placer.

¡Ah!

-¡Apresadle!

-Voy a ver qué pasa con tu padre y el cordero.

Tú quédate aquí, ¿vale? -No, yo quiero ir contigo.

-Ya voy yo. -Que no me quiero quedar solo.

-¿Tienes miedo? ¿El valiente tiene miedo?

Es un momento, ¿vale? -Vale.

-Adiós.

-Al maestro y al barbero ponles lo que quieran.

-Buenas. ¿Qué os ofrezco? -Pues...

Me ofreces un paisaje de impresión.

Cuidado. -Una jarra de clarete.

-Como te pille Catalina si que te va a dejar clarete.

-Vaya mujer que tienes, Cipri.

Demasiada jaca para tan poco jinete.

-Vaya. Gracias, hombre. Toma, a mi salud.

Toma ahí golpe, Cipriano. -Eso es un puñetazo.

(JADEA) -Dios...

(JADEA)

Debéis ayudarme. -¿Qué ha pasado?

-Debéis entregar este libro al rey. -¡Alto a la guardia!

-¡Huid por vuestra vida!

-¡Ah! Ah...

¡No! ¡Por favor, yo no he hecho nada!

-Alto en nombre del comisario. -No he hecho nada.

-¡Silencio! -¡Yo iba a por mi marido, señor!

-¡Cállese! ¡Silencio! -¡Por favor...!

-¡Eh, eh, eh!

No, no, no... -¡Huy!

-Yo sólo quería cogerle el conejo.

Perdón. A su señora no, a uno que yo tenía...

-¡Aparta, escoria!

-Sin casa, sin abrigo, sin comida...

(SUSPIRA)

Joder. Se me está haciendo de largo este siglo XVII.

(RESOPLA)

Latigazos y gritos.

Llanto de una mujer.

Gritos desesperados.

Llanto de una mujer.

Latigazos y gritos. (UNA MUJER) ¡Por favor, por favor!

¡Por favor, yo no he hecho nada, yo no he hecho nada!

(LLORANDO) ¡Por favor, por favor!

¡Sáquenme de aquí, por favor!

Qué poco me gustan estas cosas...

...y menos en Nochebuena. -Yo no he hecho nada.

¡Yo no he hecho nada, por favor, sáquenme de aquí!

A usted lo que le gustaría es estar en su casa celebrando...

...la Nochebuena con su familia. -Sí.

Pues es muy fácil, sólo tiene que decirme...

...de qué conoce a la persona con la que se citó.

-Yo no conozco a nadie.

¡Por favor, yo no me cité con nadie!

(LLORANDO) No. Pasa una vez más.

-¡Aaah!

-¿Eso qué es? -Sirve para espantar...

...de un soplido a la madre de mi señora. ¡Mira!

-Floro... ¡Floro! -¿Qué?

-¿Qué estás hablando de mi madre? Yo de tu madre nunca hablo.

-¿Qué es eso? -Eso es una trompetilla. Mira.

-Anda, tira para la casa y vamos a cenar.

-Bueno, hasta luego. -Feliz Navidad.

-Adiós, feliz Navidad. ¡El cordero!

Camina, Floro. Feliz Navidad. -Adiós. Hasta luego.

-A más ver.

-Yo no he hecho nada, yo no he hecho nada, por favor.

¡Oh! (LLORA)

Por favor,¡por favor! ¡Que yo no sé nada, por favor!

Esto me va a doler a mí mucho más que a usted.

(GRITA) ¡Aaaah!

¡Aaah!

Familia, todos a la mesa, el cordero ya está aquí.

Bueno, no sabéis la cogorza... ¿Qué haces aquí?

No sabéis la cogorza que lleva Floro.

Catalina le ha soltado un guantazo.

¿Dónde está mami?

-No sé, salió a buscarte, como tardabas tanto.

Vamos a buscarla.

-¡Madre!

¡Cristina!

¡Cristina!

-Donde no va a mirar es cerca del corral de comedias.

Podríamos acercarnos. -¿Tú crees?

-¡Cristina!

¡Cristina!

-¡Madre!

¡Cristina!

-¡Cristina!

-Cristina.

Cristina. -¿Madre?

¡Cristina!

¿La habéis encontrado? -Ni un alma en la calle.

-Ni en el asador ni en la iglesia.

¿Habéis mirado en la plaza de Comendadoras?

-Todo desierto. A lo mejor ha vuelto a casa...

...por Cuchillero y nos hemos cruzado con ella.

De acuerdo. Vamos. -¡Madre!

Alonso, tranquilo seguramente está...

... en casa comiéndose el cordero. Vamos, hijo.

Venga, daos prisa. -La esperanza es...

Callaos. Chis.

-Padre, ¿no es el mantón de madre, verdad?

¡Cristina, Cristina!

¿Quién te ha hecho esto?

-Cuídate mucho, mi amor, ¿sí?

Y cuida de Alonso. Sí.

-Sí.

¿Eh?

Es como tú,...

...pero en niño.

(EXPIRA) Oh...

Cristina... ¡Cristina!

-¿Mamá?

¡¿Mamá?!

Alonso... ¡Catalina, llévatelo! -¡No, no!

¡Mamá!

¡No me dejes, por favor!

¡Madre!

(ALONSO LLORANDO) ¡No, por favor, mamá!

¡Noooo!

¡Madre! (GRITA DESESPERADO) ¡No!

(LLORA) No te la lleves.

No te la lleves.

(LLORA)

Campanadas.

Llanto de un bebé.

-Vamos a comer. (EL BEBÉ LLORA)

-Ha entrado por aquí.

Ladrona, ¿qué más te has llevado?

-Piedad, mi niño se muere.

Sólo es un poco de leche, tenemos hambre.

Tenemos hambre. -¿Sabes lo que pasa por robar?

Vamos, la horca te espera. (LA MUJER LLORA)

-Piedad.

-¿Quién sois?

-Pero ¿habéis visto cómo me han dejado el carro?

-Pero ¿qué ha pasado, hombre de Dios?

-Nada, no pasa nada.

-Os echo una mano. -A ver.

-Quite eso de ahí que tengo que circular.

-No, iba yo primero aquí. (DISCUTEN)

¿Por qué hemos tenido que venir por estas calles...

...que están siempre atascadas?

-Y con broncas, señora marquesa. ¡Gañanes, apartad ese carro!

¡Dejad paso a la señora marquesa!

-¿Eso es todo?

Hay gente que no tiene ni eso.

Toma, anda, yo no tengo hambre.

-He dibujado al Águila Roja.

Anda, déjate de fantasías y come.

-Es verdad, nadie lo ha visto.

Dice que ayuda a la gente,...

...a lo mejor sabe quién mató a madre.

Alonso, basta ya, ¿de acuerdo?

Termina de desayunar deprisa.

Nos vamos a la escuela.

Cómetelo todo.

-Cipri. -Buenas, Floro.

-Dame un poco de aguardiente que le acabo de cortar...

...la oreja a uno, no veas cómo se ha puesto, oye.

-Te tengo dicho que no te pongas a trabajar...

...antes de tomarte dos vasos, te tiembla mucho el pulso.

-¿Estará fuerte esto, no?

-Es aguardiente. -¿Es bueno?

-Yo creo que va a servir.

-¡Ah!

-Oh, no, no, no.

Que no vengo a por eso, vengo a por esto.

-¡Cipriano!

(GRITA) ¡Cipriano!

Vamos a hacer un dictado sobre el Apocalipsis.

Id copiando. Empieza por ahí.

(UN NIÑO LEE) Vendrá entonces...

...el día del juicio final.

(ALONSO) Querida tía Margarita, te escribo de nuevo.

Desde que murió madre padre está muy mal.

Yo sé que está triste y enfadado por lo que pasó en Navidad,...

...pero yo también he perdido a mi madre.

Padre necesita alguien que le ayude.

Madre siempre hablaba cosas buenas de ti.

Por favor, ven, te necesitamos.

(UN ALUMNO LEE) Trompetas y se abrirán...

Gran crujido. ...el cielo y la...

Risas.

(NIÑOS) ¡El Apocalipsis, el Apocalipsis!

-¡El fin del mundo! -Esto es el fin del mundo.

¡No ha pasado nada! ¡Gabriel!

¡Eso no tiene gracia, Gabriel! Siéntate, Murillo.

¡No hemos acabado el dictado!

¿Por dónde íbamos, Alonso?

-Padre, no es lo que parece.

"¿Te necesitamos?".

No necesitamos a nadie, Alonso.

¿Lo entiendes?

¿Me escuchas cuando hablo?

¿Eh?

Alonso, mírame cuando te hablo.

Te prohíbo que escribas de nuevo a tu tía.

¿Entiendes?

La clase ha terminado, iros.

Alonso, hijo...

Alonso, espera, hijo...

Ruido.

Mierda.

¡Mierda!

-¡Soooo!

¿Qué pasa? ¿Nunca ha visto una pierna?

(TITUBEA) -No...No... Yo no...

Venga, aire, que así se le fermentará la uva.

-Oiga, yo voy pa la villa, si quiere que le acerque...

Sí... A la villa...

Esto ya me lo sé yo.

Que si conozco un atajo, que si por aquí, por allá...

Y al final acabamos retozando en la era, ¿no?

-Oiga, señorita, que estoy casao con la Pascuala y bien casao.

Bueno, perdone usted. Es que llevo mucho viaje ya.

Que vengo desde Sevilla.

Que me dicen de to, con la de sinvergüenzas que hay.

Pero vamos, de todas formas, muchas gracias.

Pero ya si eso me voy yo dando un paseo.

-Pues nada, que usted lo disfrute, que a pie hay más de dos días.

¿Qué?

¡Oiga, pare! ¡Pare, pare!

¡Pare... Pare!

-Pues claro, mujer, vamos.

Ahí tiene.

Gracias.

-¡Vamos, eh... Vamos!

¿Qué tal con...? -Pascuala.

Eso, ¿tienen hijos? -Bien, muy bien.

Ocho hembras, ahí es nada.

¿Y usted, cuántos?

No, no, yo no tengo hijos.

Pero tengo alguien en la villa que me necesita mucho.

Murmullos.

-¡¡¡Eh, que hay comida!!!

Gritos.

(SILBA)

-¿Has encontrado algo? -Nada.

Ni rastro del libro.

-Tenemos que dejar la ciudad.

Creo que empiezan a sospechar de mí.

No podemos volver a vernos.

Te acusan de matar a la mujer del maestro.

-Con el libro, la conjura contra el rey se destaparía.

-Han pasado tres meses, nunca lo vas a encontrar.

-¿No irás a abandonarme?

-No.

Pero se nos está acabando el tiempo.

-¿Habéis encontrado al capitán Rodrigo?

Aún no.

-Hace tres meses que escapó.

Sabe demasiado, tenemos que encontrarle y acabar con él.

Uno de los nuestros le ayuda y conoce su paradero.

-Quien ose traicionarnos, que se levante.

Él, él es quien sabe dónde está el capitán Rodrigo.

-Joder, las desgracias nunca vienen solas.

-¿Qué pasa? -Se derrumbó la escuela.

-¡Ay, mi Murillo! -Tranquila, que están bien.

El perjudicado fue Gonzalo.

-Hagamos algo con este hombre. Sale de una y se mete en otra.

-¿Y qué hacemos?

-Desde lo de su mujer, no levanta cabeza.

Creo que tiene mal de ojo.

-Calla, mujer, ni lo mientes.

-Posadero...

Más albóndigas y vino...

-Oye, pues lo de mal de ojo no es raro, ¿eh?

-Floro, por el Altísimo, las vergüenzas que me haces pasar.

Lo que tenéis que hacer como amigos suyos que sois...

...es arremangaros y echarle una mano.

Huevones, que sois unos huevones. Voy a por el aguador, ¿vienes?

-Sí.

-Puede que tu mujer tenga razón. -No, el huevón aquí eres tú.

-No, digo de ayudar a Gonzalo. -Ah, sí.

-¡Sí! -¡Entrégate, Águila Roja!

-¡Nunca, vas a morir!

Yo soy Águila Roja. -¡Ah!

-¡Moriste!

-Me has herido...

Eh, espera, aquí hay algo.

-¿Un libro? -¡Hala!

-Alonso, mira, papel para mis dibujos.

-Venga, vamos a jugar a subirle la falda a las monjas.

-Déjame, por favor.

-¿Te acuerdas de tu madre, verdad?

-Tendría que haberla acompañado a buscar a mi padre.

-Pues no estarías aquí con nosotros jugando, estarías en...

-¿En el cementerio? -No, el cielo.

Seguro que tu madre nos ve desde ahí arriba.

-No, a mi madre se la comen los gusanos.

-Bueno, al menos tienes padre.

-No.

Tampoco, mi padre es como si no estuviera.

Creo que ya no me quiere.

-Tú, al menos, tienes uno.

A mí me gustaría tener uno...

Aunque fuera malo.

-Es que ya... Casi no me acuerdo de su cara.

¿Crees que algún día me olvidaré de ella?

-Si quieres te la dibujo.

Ahora tengo papel de sobra.

-Estas albóndigas no están buenas. A ver esas.

-Es que ya van cinco, cuando pague les daré estas, son seis reales.

-Verá es que hay algo que...

Es que yo soy el Águila Roja.

-Encantado, Águila Roja, son seis reales.

-No, no, no... Esto no va así.

Mire, se supone que ayudo a los pobres.

Anoche salvé a unos cuantos y luego ellos me ayudan.

Así que... Nada, muy agradecido.

-¡Ni se te ocurra moverte! ¡Quieto ahí! ¡Floro, el jarabe!

-Aquí está.

-Quieto, ni te muevas, primero págame, luego come lo que quieras.

-Vale, vale... No soy el Águila Roja.

Pero tengo mucha hambre... Y estoy loco.

¡¡¡Ah!!!

¡Estoy muy loco!

(RÍE)

Esta noche probarás el sabor de la soga.

-No, gracias.

He comido mucho, no quiero postre.

Esta es tu última gracia.

-Qué hostia. -Gracias, comisario.

¡¡¡Ah!!!

-Nada, tú sigue así...

Que te beberás el agua en los orinales.

Si parece esto Lepanto después de la batalla.

Déjame, Catalina, tengo trabajo.

-Sí, aún puedes romper unos vasos.

Dale fuerte que es madera provenzal.

(LLORA) No puedo más.

-¡¡¡Ah!!! Pues tendrás que poder porque sino pillaréis la peste.

¡¿Crees que no lo intento?! -¡Pues inténtalo más!

Que esto parece una cueva y tu hijo un alma en pena.

Tú no sabes cómo la quería. -Claro que sí.

¿No voy a saberlo?

Gonzalo, hiciste muy feliz a Cristina.

-No deberíamos entrar aquí.

-No te consiento que me repliques.

Tengo hambre y el palacio queda lejos.

Palmadas.

Es un honor tenerle en mi posada, señor marqués.

Si puedo hacer algo por vos.

-Mejor si esto no oliera a cuadra, pero me conformaré...

...con una taza de chocolate y pestiños.

-Lo siento, suecencia, pero chocolate no nos queda.

Sufrimos escasez de alimentos, hay problemas de abastecimiento...

-No he venido a oír tus problemas, ¿qué tienes que calme mi apetito?

-Por su puesto, señor marqués.

Tengo los mejores choricitos de la villa...

...y unos torreznos para chuparse los dedos.

-Doy fe que no ha probado nada más sabroso en su vida.

-Guárdate estas porquerías para tus gorrinos o para ti.

No hay mucha diferencia. -Yo...

No sé qué más puedo ofreceros.

-¿Cómo dices? ¿Te niegas...

....a darle comida al marqués de Santillana, patán?

-Señor, por favor...

-Puedo matar a este plebeyo si se me antoja.

Deja esa espada, Nuño.

Obedece.

-Lo siento, señora marquesa,...

...no pude controlarlo... No lo controla desde el primer día.

¿Cómo se le ocurre traer a mi hijo a este antro? Acérquese.

Está despedido, no quiero volver a verlo.

-Gracias, madre, ese tutor... ¿Te he dado permiso para hablar?

Vámonos... ahora tendré que buscar otro tutor.

Por las molestias.

-Gracias, señora marquesa, vuelva cuando guste.

A sus pies, señora marquesa.

Ese infante... ese infante necesita mano dura, está malcriado.

Alguien que le eduque con mano firme.

(MERCADER) ¡Tengo... tengo los tomates, tengo!

-¡Padre, padre! Un regalo, te va a encantar.

Martilleo en la herrería. -Gracias.

-Es madre, la ha dibujado Murillo para que esté entre nosotros.

¿Qué pasa que no te gusta?

Yo también la echo de menos, hijo...

Pero un dibujo no nos la va a devolver.

-Pero, padre... Tenemos que vivir sin ella, Alonso.

¿Eh..?

Tambores.

-Ustedes no saben a quién van a colgar.

Os va a caer la del pulpo.

-¡Por orden del comisario, por acto de latrocinio...

...y rapiña serán colgados por el cuello hasta que dejen de...

...respirar para escarnio público y ejemplo de comportamiento,...

...Alejandro de Valencia, César Ruiz de Diego...

...y el hombre que no quiso darnos su nombre.

-¿Qué les van a hacer, les van a matar?

¿Es que nadie les va a ayudar?

-Verdugo... si me la dejas un poco floja, la cuerda...

Sabré recompensarte, soy hombre de posibles. ¡Cabrón!

El pueblo murmura y reza.

(EL PÚBLICO GRITA ASUSTADO) ¡¡¡Ah!!!

Abucheos y gritos del pueblo. ¡Hacedle caer!

(EL PÚBLICO ABUCHEA Y GRITA) ¡Apresadlo!

Gritos del pueblo.

Gritos del pueblo. -¡Pájaro, sálvame a mí!

¡Sálvame a mí! ¡Que me matan! ¡Estoy aquí, pájaro!

-¡Viva Águila Roja! (TODOS) ¡Viva!

Llévalo al calabazo,...

...lo mataremos allí de un modo lento y doloroso.

-Yo lo digo por usted, vivir con la muerte...

...de un inocente sobre los hombros le va a ser duro.

Si no tiene aprecio por la vida ajena, pues no lo tiene,...

...qué se le va a hacer, todos tenemos nuestras cosas.

Está bien... pero ¿no me va a negar la última cena? ¿Eh...?

-Cállate, escoria... ¡Cállate, sigue adelante!

-Ese derecho no me lo va a negar, la última cena.

-¡Ahí! -El protocolo del ajusticiado.

La última cena antes de... palmar. ¿Eh...?

Apunte... mis deseos son unos percebiños gallegos.

De la Costa da Morte, es que soy de allí, ¿sabe?

-Que te vamos a matar mañana, desgraciado.

-¡Ah! Pues tampoco me voy a poner melindroso,...

...tiene usted razón.

Si tardan unas semanitas en hacer la gestión...

Pues unas semanas me espero, faltaría más.

Unos percebiños... (EL CARCELERO RÍE)

-Que no hay tutía. -No hay nada.

Ni tía ni nada... ¡al suelo! ¡Vamos!

(RIENDO) ¡Percebitos...!

Gritos.

-Madre... te echo de menos.

¿Sabes qué voy a hacer?

Voy a ir a Sevilla a buscar a la tía.

Necesitamos ayuda,...

...él está muy triste y no podemos seguir así.

Sólo te pido una cosa... que me des fuerzas.

No te preocupes, yo iré con cuidado.

No hablaré con desconocidos y todo eso;...

...pero tú ayúdame, ¿vale?

Soplido del viento.

Gracias, madre.

Padre, he pecado.

He vuelto a matar.

-Pero has salvado a unos inocentes y le has devuelto...

...la esperanza al pueblo.

Al casarme con Cristina juré que nunca más usaría la violencia.

-¿Ya no recuerdas cómo estabas la primera vez que viniste?

Ahora tienes una misión, la gente necesita creer en algo.

¿Para eso no está la Iglesia? -La Iglesia no quita el hambre.

Además, ni tú ni yo confiamos en ella.

Yo ya no confía en nadie, salvo en ti.

Mi mujer está muerta y yo no sé el por qué.

-Controla tu ira.

Y úsala para ayudarme.

Hay fuerzas oscuras conspirando para hacerse el poder.

¿Qué tiene que ver eso con la muerte de Cristina?

-Sospecho que está relacionado, como no es casualidad....

...que escaseen los alimentos.

Busca a los que mercadean...

Ellos te llevarán a sus amos.

-Padre, quiero confesión.

-Dime... hija.

-¿Tú estás segura de lo que estás haciendo?

-Yo... de lo que estoy segura es que esta noche dejo...

...de ser doncella en palacio.

-¿Por qué vas a perder tú tu trabajo en palacio, mujer?

¿Quién es la mujer de confianza de la marquesa? Pues tú.

Además, le estás haciendo un favor, ¿no ves...

...que el marquesito ese ha salido medio lelo...

...y Gonzalo lo va a espabilar? -Ya me estás liando otra vez.

-¿Cómo te voy a liar yo si tú eres más lista?

-Te está liando. -Ya lo sé, hija, ya lo sé.

-Somos hombres de mundo, hemos viajado.

Y bueno, pues, si la cosa se pone fea,...

...le cantamos a la marquesa la coplilla esa,...

...la de la marquesa esa con las... esas en la mesa. Verás cómo se ríe.

Que es broma.

-Como pierda el puesto de trabajo por vuestra culpa, mira.

Floro, por estas.

-Tranquila, mujer, no te preocupes. En peores plazas hemos toreao.

-¡Ay! ¿Qué habremos visto en estos para casarnos?

-Pues hija mía, dinero no tienen y guapos no son...

Lo mismo nos hacen gracia.

Campanadas.

-Hola.

-Sólo te he podido traer esto para el viaje.

-Gracias. -Y yo esto

-¿Tú estás seguro de que te quieres escapar a Sevilla?

-Tan seguro como que eso de tu cabeza son piojos.

-¿Te has ido sin despedirte? -Sí.

-Pero tu tía te va a querer, ¿no? A ver si llegas y te vende.

-¿Venderme? Pero si mi tía es más rica que el Sultán de Damasco.

Pero yo no. Si yo tuviera dinero...

-Pues mira, un viejo con zurrón abierto. Perfecto para ti.

-¿Quieres que robe?

-No, sólo que coja dinero prestado.

Si de verdad quieres ir a Sevilla, muy fácil no lo vas a tener.

-¿Pero si me pillan? -Te cubrimos.

(SUSURRAN)

-Lo que es nadar en la opulencia. ¡Qué lujos!

¡Qué bonitas las pinturas estas! -Son frescos.

Hace más de 200 años que decoran así las paredes de los palacios...

...de casi toda Europa.

-Paredes pintadas, eso sí es decorar.

-¿Hay dinero? -Ven aquí, perro.

-¡No, por favor! -Tenga, buen hombre.

-¡Yo no he robado! -Vamos, ven aquí, ¡vamos!

(GRITANDO) -¡Ayuda! ¡Que me han obligado

¡Murillo, sácame de aquí, por favor!

-Se lo contaré a mi madre para que avise a tu padre.

-Vale. ¡Pero corre, corre!

-¿Y tú cómo sabes tantas cosas? -Porque leo mucho.

-¿Y no te duele la cabeza? (CARRASPEA)

-¿Qué te pasa, Cipri? -¿Por qué?

¿Y bien?

-Señora marquesa, "tanto monta monta tanto".

Tienen una propuesta que hacerme, ¿no?

-Sí, bueno, sobre todo por su hijo. Como presenciamos la disputa...

...con el tutor, entendemos que el puesto está vacante.

Nosotros tenemos un conocido que podría ocupar el cargo.

-Es maestro. Es el candidato perfecto, si usted lo precisa.

Lo preciso, pero necesito referencias.

Habladme de vuestro amigo, ¿es buen profesor?

-Es el mejor. Es una persona que sabe leer, sabe latín,...

...sabe griego, sabe aritmética.

Y ha viajado mucho. Ha estado incluso en China.

¿A la China? ¿Y debo fiarme de un barbero y un...?

-Posadero. En cierta ocasión, el conde-duque de Olivares vino...

Basta ya.

Supongo que no pierdo nada en conocerle.

Decidle que venga inmediatamente.

-Suecencia, estará aquí en menos que canta un gallo.

Y si usted lo precisa.

Por allí.

-Vamos allá. ¡Que me empalan!

¡Que me empalan! ¿Pero cómo es posible? ¡11 cruces seguidas!

¿Cómo es posible?

-¡Eh, entra!

-¡Pero qué país! ¡Qué país, que ya ni se respeta a los niños!

¿Por qué te han trincado, muchacho?

-Robé una bolsa con dinero.

-Noble oficio el de ladrón. Sí, señor.

Aunque más te valdría haberlo aprendido mejor.

Que la pena por robar es la amputación de una mano.

Pero eso en el peor de los casos.

Con un poco de suerte, sólo te mandan un año a galeras.

-¿Un año a galeras? -Allí sólo tienes que remar.

Latigazo y grito.

-¿Qué pasa? -Nada, están...

Están torturando a un hombre.

Pero es como digo yo: mejor a él que a nosotros, ¿no?

Latigazo y grito.

-Por los mejores amigos del reino. Nosotros.

-Pues no ha sido tan difícil, los nobles son como nosotros.

A ellos les explicas las cosas y las entienden

Si es que todos los hombres somos iguales.

-Sí, unos más que otros; la marquesa tiene joyas pa parar...

...un carro y yo, mira, esta medallita.

De mi abuela, que si no...

-Lo contento que se va a poner Gonzalo cuando se lo digáis.

-Bueno, saltos va a dar.

¿Habéis visto a Alonso?

-Estará jugando con mi Murillo.

Si lo veis, mandadlo a la escuela.

-Espera, no te vayas, ven. ¿Qué?

-No tienes que arreglar nada.

¿Me vais a ayudar? -Sí... no.

Sí, bueno, que ya te hemos ayudado.

Vas a cambiar la cabaña por un palacio

A ver. -Bueno, contádselo vosotras.

-Que te hemos conseguido trabajo en el palacio.

-Como mi señora marquesa no tiene tutor para su hijo...

...y tú no tienes escuela, pues...

¿Cómo me propones esto, Catalina?

Muchas gracias, Catalina. A más ver.

Si veis a Alonso, lo mandáis.

-Catalina. -Mira...

¡El jolgorio que ha montao pa celebrarlo!

¡Le teníais que haber preguntao! Hacéis las cosas al tuntún.

-¡Aaaah!

Teniente, ¿dónde está el capitán Rodrigo?

-Hace meses que no sé nada de él.

No me mientas. Os han visto juntos.

¿Dónde escondéis el libro?

-No sé de qué me habla.

¿Tampoco conoces a esa mujer? -¿Qué mujer?

Me refiero a la mujer que murió en Navidad.

La mujer del maestro.

La mujer del maestro.

-¡¡¡¡Aaah!!!

¡Aaah! -Ayúdame, debo ver lo que pasa.

-Chico. Chico, que lo que hacen ahí no es bonito de ver.

¡Demonio de crío!

Como veas una tortura, no duermes en tres meses. ¡Baja de ahí!

¿Dónde está el capitán?

(GRITANDO) ¿Dónde está el capitán?

¿Esa mujer, la conocía?

-¡Le digo que no conocía a esa mujer!

Nadie la conocía.

Teniente, quizás el capitán la conocía.

-¡Aaah!

Hola, Lucrecia. Esto empieza mal.

Tienes que saber que mandé azotar al último criado que me tuteó

Soy Gonzalo.

¡Gonzalo! ¡Cuánto tiempo ha pasado!

Mucho. Éramos casi unos niños.

Pude retirarse.

Dime. ¿Dónde has estado escondido todos estos años?

He viajado mucho. Conocí a mi mujer, me hice maestro,...

...tuve un hijo.

Debes ser un hombre feliz entonces.

Mi mujer murió hace unos meses.

Lo siento. Yo también soy viuda.

Gonzalo y yo crecimos juntos.

-Madre, no me recuerdes que fuiste plebeya.

¿Ves cómo necesita un tutor?

Soy maestro. Si quieres que tu hijo aprenda,...

...puede asistir a mi escuela.

-No pienso ir a una escuelucha de pobres.

Ser noble no te da derecho a ser insolente.

Perdóname.

No hay nada que perdonar, es un malcriado.

En fin, contratado. Vendrás aquí a darle clases,...

...enseñarle las letras, los números...

Y griego. Pero creo que no... Tranquilo, pienso pagarte.

No, no es una cuestión de dinero. Es una cuestión de honradez.

Mi oficio es maestro no tutor.

Sabes que no me gusta nada que me digan que no.

No te lo tomes como un no. Estaré en mi escuela.

Ha sido un placer volver a verte, Lucrecia.

Está bien, volvemos a empezar. Vamos, niño

Dame la espada.

Que alguien quite esta silla.

-Deja de escuchar, que con ese ya han terminado por hoy.

Hace rato que ni gime ni grita. -Tengo que saber quién es.

-Hijo mío, bastantes problemas tienes ya para preguntar por nadie.

Aquí todos tenemos el porvenir muy negro.

-Le preguntaron por mi madre. A lo mejor sabe por qué murió.

-¡Alonso de Montalvo!

-Muy pronto vienen a por ti, muchacho.

-¡Alonso de Montalvo!

-¡Qué me van a hacer? ¿Me van a ejecutar?

¡No, por favor! ¿Que me vas...? ¡No, no, no!

-Fortuna, muchacho.

-¡Al suelo! ¡Quieto ahí!

-¡Padre, padre, ha llegado allí un hombre...!

Alonso. Espero que tengas una buena explicación para esto.

-Sí, sí, que ahí hay un hombre que...

Es que había un hombre que habló de madre y le preguntaron por ella.

Tenía un tatuaje. ¡Eso no es lo que te he preguntado!

¿Eres consciente de que te podían haber ahorcado, eh?

¿Sabes lo que he tenido que hacer para que te soltaran?

He vendido el caballo, ¡ya no nos queda nada, nada!

¿Y por qué te ibas a Sevilla? -Quería ver a tía Margarita.

¿Qué pasa, aquí no se vive bien?

-Así no.

¿Tan malo soy? -No, pero estamos muy solos.

La tía Margarita nos puede ayudar, ella...

Se va a quedar, somos una familia y solucionaremos lo que sea.

-Ella también es de la familia. Alonso...

-Vale, lo siento, no me he portado bien.

Había un hombre en la cárcel, al que estaban torturando,...

...y habló de madre.

Da igual, la Justicia se encargará de él, hijo.

-¿Qué te pasa, no me oyes? Hay un hombre que sabe...

...lo que le pasó a madre. ¡Te he oído,...

...no hace falta que me lo repitas!

-¿No vas a hacer nada?

¿No te importa lo que le pasó a madre?

Tú eres un cobarde. ¡Cobarde!

Yo me enteraré de quién es el asesino de madre.

-¡So, bestia! A ver...

-Dese prisa en encontrar cobijo, no es bueno que le coja...

...la noche por estos andurriales.

Y deje ya de preocuparse tanto, ya verá como el crío...

...en cuanto la vea... se la va a comer a besos.

No, si no me preocupa el niño, me preocupa el padre.

-Ale, con Dios. Con Dios.

¡Y gracias!

Aullidos.

-¡Me duele! ¡Ah! -¡Teniente!

Murmullo. ¡Teniente!

¡Aah! ¡Suélteme!

No me mate, por favor,...

...sólo soy un niño. ¿Qué hace un niño como tú...

...asomado en un muro en mitad de la noche?

-¡Aa... Águila Roja!

Tú... Tú puedes ayudarme.

A mi madre la mataron y allí... allí dentro...

...hay un hombre que sabe algo.

Vuelve a tu casa.

-¿No vas a hacer nada?

Este no es sitio para ti.

-Pero es que tengo que entrar en la cárcel.

¿Quieres que te maten?

-Me da igual, yo no soy un cobarde como mi padre.

¿Tú eres el hijo del maestro, no?

-¿Cómo sabes eso?

Yo lo sé todo.

-Entonces, ¿quién mató a mi madre?

Bueno... Lo sé casi todo, pero voy a descubrir quién fue.

Con una condición: tienes que hacer caso...

...a todo lo que diga tu padre, ¿de acuerdo?

Ahora vuelve a tu casa.

-¿Cómo? Eso es cosa mía.

¿Listo? -Sí.

Corre, y recuerda todo lo que te he dicho.

-Dicen que cuando te ahorcan se te pone dura.

Eso que se lleva uno al Cielo...

Si es que te dejan entrar con calentura, que no sé yo.

-¡Silencio en las celdas!

-Aquí poco tiene que hacer, padre, estos dos tienen...

...ya un pie en el Infierno.

-¡Ayúdeme, padre! Ayúdeme que yo he sido monaguillo.

Iba tanto a misa que casi me hacen cardenal, obispo...

...y una vez hasta papa.

Yo siempre he estado muy cerca de Dios.

Ayúdeme. Si no quieres que te mande...

...con Él, cállate. -Sí, perdón.

-¿Tú quién eres? ¿Qué sabes de la mujer del maestro?

-¿Por qué iba a decirte nada? Porque soy el único...

...que puede sacarte de aquí. (TOSE)

-Ella murió porque tropezó con algo muy serio.

El Capitán sabe toda la historia.

¿De qué capitán me hablas? -El capitán Rodrigo.

Les he dicho que estaba muerto, pero no es verdad, está vivo.

Dime cómo es, ¿cómo puedo reconocerlo?

-Tiene... un tatuaje... como el mío en la nuca.

Ellos... quieren matar a...

¿Quién? ¿A quién quieren matar?

¿Dónde puedo encontrar al capitán Rodrigo? ¡Dime!

-A ese por mucho que le menees no le vas a sacar nada más.

Está más tieso que la suela de mis sandalias.

¡Guardias! -Si te has quedado con ganas...

...de salvar a alguien, a mí me vendría bien salir.

Yo aguanto muy mal la tortura. Puedo servirte.

¡Chis! -Sé limpiar, cocinar,...

...criar animales,... molestar a quien está robando...

...la comida de la ciudad. Eso me interesa.

-A mí me interesa el negocio de las cuerdas...

¿Eh?

Hay hambre... porque están guardando... la comida...

...para que suban los precios...

Yo seré un ladrón, pero... los que roban de verdad...

...son de más alta alcurnia que la mía.

Vendrá la guardia, date prisa.

-Ave María purísima. -¡Sin pecado concebida!

(RÍE) ¿Ves cómo soy útil?

A la paz de Dios, hermanos.

¿Ha visto? Se lo han tragado.

Yo es que fui actor en Verona... Bah, menudo éxito tuvimos...

Si no llegan a ahorcar al director de la obra por sodomita...

...nos habríamos hecho ricos. ¡Cállate y anda!

-Si me hubiera quitado las cadenas...

Antes dejaría a mi hijo con un pirata berberisco.

-¡Alto, se escapan los impostores!

-¡Ah!

-¡Ah!

-Yo he visto antes esa forma de luchar.

Pero entonces...

¡Eh!

¡Tú el que me ha salvado de la horca!

¡Tú eres el que salva a la gente!

Sí, claro... ¡Tú eres el Águila Roja ese! ¿Eh?

(RÍE)

Me has visto la cara,...

...ahora tendré que matarte.

-¿Matarme por qué?

Pero si acabas de liberarme. Para eso me hubieras dejado...

...dentro que yo aguanto mejor tortura que muerte.

Chis. -Un momento, puedo ser tu siervo.

Puedo ser tu criado, tu postillón,...

...tu paje de alcoba, tu mayordomo.

Cascos de caballos. ¡Corre!

(GRITA) ¡Corre!

-¡Ya me has salvado cuatro veces!

(RÍE) ¡Voy a ser su sirviente para los restos!

¡Porque otra cosa no, pero agradecido!

Campanadas. (SATUR RONCA)

(RONCA)

(SATUR RONCA)

(RONCA)

-¡Padre, un ladrón!

¡Padre, padre, que se escapa! (SATUR GRITA)

-¡Chico! Tranquilo, hijo.

Es Satur, nuestro criado.

-¡Tenemos un criado!

-Decir criado es simplificar mi condición.

Yo te diría más bien que sólo...

Oh, un paje, un postillón, un cocinero.

Vamos, que... ordeno a las cosas...

...y también a las personas.

Se podría decir que soy un ordenador personal.

-Pero ¿tú eres el de la cárcel? -No.

Sí, bueno, era un error, ya me han soltado.

Anda ve a lavarte... que apestas.

-¿A lavarme? Pero ¿qué estamos en verano?

-Habrá sido el chiquillo que habrá cenado algo...

Tienes el agua ahí fuera.

¡Tira! -Venga, iré a lavarme,...

...qué se le va a hacer.

Pero que no he sido yo, que conste.

-Padre.

Quería decirte una cosa.

Te he dado muy mala vida y...

Y a partir de ahora prometo hacer todo lo que me digas.

Sorprendente, Alonso.

-Y que no... que pienso que seas un cobarde...

...porque... cuidas a una familia,...

...una escuela...

Y dime una cosa.

¿Esto se te ha ocurrido a ti solo?

Porque parece que has tenido, no sé, una aparición.

-¿Una aparición? ¡No, no, no!

Qué va, esto lo... lo he pensado yo con mi cabeza.

Como dices que tengo que pensar, mira, ya he empezado.

Y que...

Que... puedes parecer injusto, pero...

Que eres bueno.

Anda, ven aquí.

Te quiero, Alonso. -Y yo.

-Menuda joya el chaval, eh.

Portazo. -¡Ha de la guardia!

-Ya me han trincado. Chis.

-Qué poco dura la alegría en la casa del pobre.

-Gonzalo de Montalvo.

-Sabía que iba a traer problemas. Tranquilos.

Soy yo, ¿qué queréis de mí? -Tenéis que acompañarnos.

Tranquilo, hijo, enseguida vuelvo.

Satur, ocúpate de él.

-Vamos.

-Chaval, ¿dónde vas?

Que no, que no, que son amigos de tu padre,...

...que enseguida vuelven, ¿eh?

Vamos tú y yo a jugar por ahí.

Vamos a jugar y ahora me cuentas qué has cenado anoche.

El capitán Rodrigo ha muerto sin decirnos nada.

-Comisario, es usted más mortífero que la peste.

Si fuera igual de eficaz consiguiendo información.

Puede ser muy fácil desde el lujo de sus alcobas...

...mientras yo me ocupo de despedazar a los reos.

-No está usted para bravuconadas, no hace más que cometer errores.

¿Qué sabemos del capitán?

Mis hombres lo están buscando, pero tienen mucho trabajo.

Hay revueltas, robos, ese Águila Roja.

-Encuentra al capitán y acabe con Águila Roja...

...por nuestro bien y especialmente por el suyo.

Voy a considerarlo una sugerencia en vez de una amenaza.

Llaman a la puerta. (LA MARQUESA TARAREA)

¿Sabes que por desplantes menores que el tuyo hay gente...

...que viaja a las Indias remando?

¿Siempre tienes que recurrir a las cadenas...

...para contratar a tus sirvientes?

Hace 10 años no eras un sirviente.

Ni tú una marquesa.

En parte te lo debo a ti. Gracias.

Si no te hubieras ido no me habría casado...

...con el señor marqués.

Ya tienes algo que agradecerme.

En realidad nos parecemos bastante.

Los dos somos viudos...

...y los dos nos necesitamos el uno al otro.

Lo único que yo necesito es que me desates y me dejes ir.

¿Y quién va a educar a mi hijo?

Tengo grandes planes para él y quiero que tú seas su tutor.

Ya me negué una vez.

Nunca te había tenido tan a mi merced.

¿Qué vas a hacer?

¿Mandar que me encarcelen?

¿Por qué eres tan terco?

Puedo darte lo que quieras si me sirves.

¿Puedes darme dignidad? ¿Puedes comer de ella?

Ya no te queda ni tu escuela.

La reconstruiré.

Hace años te dejé escapar,...

...no voy a cometer ese error otra vez.

Acompañad al maestro a la puerta y...

Que le quiten las cuerdas.

-La marquesa ha recibido a Gonzalo...

...mientras tomaba su baño de leche de burra.

-¿Desnuda? -Como un pescado.

-Huy, cielo santo, qué desvergüenza.

-Además me han dicho que estuvo con él casi una hora.

-¿Una hora?

Pues qué envidia. -Yo no tengo tanto tiempo.

-No, esos son habladurías de comadres,...

...ni la que marquesa fuese Cleopatra.

-¿Y después del baño qué hace con la leche? ¿Se la bebe?

¿Se beben qué?

-¿Qué tal con la marquesa?

Nos tenías preocupados. -Cuenta, cuenta.

¿Con la marquesa? Bien. -Ajá.

Ha insistido en que sea el tutor de su hijo y le he dicho que no.

-Pero si no tienes dinero ni escuela.

Hay cosas más importantes que el dinero.

La escuela es la última cosa que me queda de Cristina...

...y la levantaré cueste lo que me cueste.

-Ya. Pues en oro van a ser años. El tiempo que haga falta.

-Si lo llego a saber no hablo con nadie.

-Claro, es que nos metes y...

-Me juego el puesto de trabajo y ahora le dice que no.

-¿Tú...? -Este es...

-No, no creo porque es la primera vez que vengo a esta posada.

-No, tú eres... -Tú eres el de los chorizos.

Él es mi siervo, una especie de esclavo.

-Bueno, llamarme esclavo es simplificar mi condición,...

...yo diría más que bien que soy un... asistente,...

...un ayudante de cámara, un postillón...

-¿Que te ha regalado la marquesa un esclavo?

-Quien calla otorga, la marquesa le ha regalado un esclavo.

-12 años con ella y no me regala ni una cebolla.

¿Y a ti te regala un esclavo? -Ni los buenos días me ha regalado.

-Es que no me lo puedo creer.

-Señor, deberíais saber algo de...

Adiós, señores. -Con Dios.

-Catalina. -Todos los días entran...

...en la venta de Los Carabancheles más de cinco carros.

Tiene que haber miles de fanegas de trigo en el almacén.

¿Y sabes el camino que siguen? -Todas las mañanas atraviesan...

...la ciudad por el camino de Alcalá, muy tapados.

El comisario manda a sus hombres...

...para que nadie se acerque. ¿El comisario está metido en esto?

-El comisario está metido en todo.

Oye, ¿y nadie más que yo lo sabe?

¿Sabe el qué?

-Pues...

Lo tuyo.

Que tú eres...

Vamos, que el maestro y el aguilucho...

¡Misma cosa!

Saca la lengua.

Más.

(SATUR) Que no lo voy a decir, se lo juro.

Que te quede claro: Si quieres seguir conservando...

...la lengua que nadie nadie se entere de esto.

¿De acuerdo? -Oh, oh...

Ay... ¡Ay!

Balidos.

Relinchos.

(SILBA)

-¡Eh, mirad!

¡Es el Águila Roja que nos trae comida!

¡Quiere decirnos algo!

Esta es la comida que os han robado.

Si queréis saciar el hambre...

...id a los Carabancheles que hay para todos.

Gritos.

-¡Águila Roja nos trae comida!

-¡La guarida, que viene la guardia!

¡Cogedlo todo, yo los detendré!

-Un tatuaje... Como en mío.

¡Capitán Rodrigo!

¡Capitán Rodrigo, deteneos!

¡Capitán Rodrigo!

Capitán Rodrigo, tenemos que hablar.

-Te equivocas de hombre, él está más cerca de lo que imaginas.

¡Ah!

A ver si te manejas en el suelo como por los tejados.

¿Sigues ahí?

Creí que desaparecerías con una cabriola.

Relincho.

Así que tenías un as en la manga, ¿no?

Yo también tengo los míos.

Disparo.

¡Ah!

(SILBA)

Relincho.

-Perdimos todo el cargamento. Le pido disculpas, comisario.

Disculpas aceptadas.

¿Qué hacéis aquí?

-Si hay que reconstruir esto habrá que empezar, ¿no?

-Espera que te ayudo. -Gonzalo...

El único hueco que no encontramos es ese de ahí, no lo vemos.

¿Es en estas ruinas donde quieres que mi hijo de clases?

-Nosotros nos vamos a otro sitio. Antes sí era un sitio...

...para nosotros, pero... -Ahora nos vamos.

Floro, Cipri.

Gracias.

En un tiempo, esta escuela volverá a ser como era.

Y si es digna para mi hijo, también para el tuyo.

-Necesitarás más que tiempo para que esto no se caiga...

...en la cabeza de tus alumnos.

Te dije que no estaba en venta.

¿Qué? No te estoy comprando. Considéralo tu primer sueldo.

No recordaba lo tozuda que eras.

¿Te das cuenta qué es que un noble estudie donde plebeyos?

¿Qué dirán en la corte?

Pienso que es lo mejor para él.

Vale, vendrá a clase, pero si hay problemas irás a palacio.

Entiendo que sólo hablamos de su educación.

Eso te quedó claro cuando estuviste en mis aposentos.

Una cosa más.

Tienes que saber que soy una mujer paciente.

Muy paciente.

Buenas noches, Satur. -Un minuto y cena lista, ¿eh?

Hola, hijo.

-Tres sacos de trigo que me han dado.

Nos vamos a poner de gachas que ni Carlos V.

Y gracias al Águila Roja.

¿Alonso, qué estás haciendo?

Te dije que no volvieras a escribir a tu tía.

-Pero sólo hacía cuentas, como no hay clase...

Lo siento, hijo.

Tuve un día muy duro, anda ve a buscar agua para la cena.

-Bueno.

-Difícil misión os habéis asignado.

Padre y héroe a un mismo tiempo.

¡Alonsillo!

-Majestad.

-Dime que traes buenas noticias.

-Así es, majestad. El problema de la comida...

...para el pueblo se soluciona. En unos días,...

...los almacenes clandestinos los desmantelarán los ciudadanos.

-Bien.

-Tuve que... -No quiero saber cómo lo hiciste.

Pero el pueblo no debe pasar hambre.

¿Algo más?

-No, majestad.

Puedes retirarte.

Agustín...

-¿Sí, majestad?

¿Sigues cuidando de mis hijos?

-Como si fueran los míos, majestad.

-Gracias.

Gonzalo...

Gonzalo, despierta.

¿Qué haces aquí, Margarita?

He recibido las cartas de Alonso pidiendo ayuda, vine cuando pude.

Sabes que no eres bienvenida.

Sé, perfectamente, lo que piensas de mí.

Pero mi sobrino me necesita y estoy aquí solo por él.

Tonterías.

Podemos valernos por nosotros mismos.

Alonso me envió más de diez cartas.

No puedes con esto solo, necesitas ayuda.

¿Tu ayuda?

No puedes estar aquí después de lo que nos pasó.

Han pasado muchos años, no puedes tenérmelo en cuenta.

Márchate. ¿Es que nunca me vas a perdonar?

Por lo menos déjame ver al niño que acabo de llegar de Sevilla.

Cierra la puerta al salir.

-Un lugar confortable, buen fuego...

Ay, Satur, cómo has prosperado.

Pagarán por lo que hicieron.

Águila Roja - T1 - Capítulo 1 - Ver ahora

Isabel

Isabel cuenta la apasionante lucha de una mujer por llegar a ser reina. Michelle Jenner se mete en la piel de Isabel La Católica, una mujer adelantada a su tiempo, con defectos y virtudes, que rechazó ser figura decorativa y moneda de cambio.

Cada una de las tres temporadas trata tres etapas diferentes de la reina. Una primera en la que conocemos a una Isabel sin infancia con su madre enferma y obligada a vivir en la Corte. Aceptaba cualquier orden, menos la imposición de boda. Terminó defendiendo su postura de elegir esposo haciéndolo con Fernando de Aragón, interpretado por Rodolfo Sancho. Juntos conseguirán que sea Reina de Castilla. Tienes la serie completa con los 33 capítulos en RTVE.es

No recomendado para menores de 12 años Capítulo 1 de Isabel
Transcripción completa

(Agoniza).

Majestad, majestad.

¡El rey ha muerto!

¡El rey ha muerto!

¿Qué ha ocurrido? ¿A qué viene tanta prisa, caballeros?

Lo siento, alcaide,

traemos un mensaje para doña Isabel, infanta de Castilla.

¿Sabéis si antes de morir mi hermano dijo algo

o firmó algún documento sobre quién heredaría su corona?

No, alteza.

¿Daréis fe de vuestras palabras?

No tengáis duda de ello.

No hay tiempo que perder; Chacón, preparadlo todo.

Perdón, alteza, hay algo que debéis saber.

Diego Hurtado de Mendoza ha convocado una junta

para dilucidar quién es heredera de la corona:

vos o doña Juana, la hija del difunto rey Enrique.

No hay nada que dilucidar.

Se acabó tener paciencia; ya he tenido bastante.

Alteza, tal vez deberíais esperar la decisión de esa junta.

Al contario, razón de más para darse prisa.

Muchas cosas hemos pedido los Mendoza

y apenas nos dieron migajas.

Pero... No esperaré, Cabrera.

Os ruego que deis a estos caballeros ropa secay comida caliente.

Luego, convocad al comendador, a jueces y a regidores.

Ese es el protocolo, ¿no es cierto?

Portazo

¿Qué os preocupa?

Vuestro marido,

¿qué opinará de no estar presente en la proclamación?

Fernando lo entenderá,

él también ha luchado para que llegara este momento.

¿Y si no lo entiende? ¿No tiene menos carácter que vos?

Entonces, aprenderá algo importante: él mandará en Aragón,

pero quien manda en Castilla soy yo.

¿Malas noticias? El rey Enrique ha muerto.

¿Y a qué viene tanta seriedad? Todo va con nuestros planes.

Hemos ganado la batalla y vos seréis rey de Castilla,

como lo seréis de Aragón.

¿Qué más os cuenta vuestra esposa?

La carta no me la envía Isabel, sino su cronista,

mi amigo Alonso de Palencia.

Ya, ¿y qué os preocupa?

Que quiera proclamarse reina sin mí a su lado.

Dios quiera que no cometa ese error.

Don Rodrigo de Ulloa, contador mayor del reino.

Don Garci Franco, miembro del Consejo Real.

¿Juráis por Dios que el rey, don Enrique,

ha fallecido, que estuvisteis allí para saberlo.

(Los dos): Juro.

¿Dijo el rey en sus últimas palabras, o dejó escrito alguno

que fijara legítimo heredero que reinase en estos reinos?

Juro que ni habló ni escribió sobre el tema.

Así también lo juro.

Apelo al derecho de la infanta Isabel

a suceder en la Corona al rey Enrique como hermana legítima

y heredera universal que es por los Pactos de Guisando.

Y puesto que aquí se halla su alteza

aquí debe ser proclamada, según las leyes de estos reinos.

¿Alguien se opone a ello?

Que así sea.

Bullicio

¡Viva la reina! -(Todos): ¡Viva!

¿Está todo preparado?

Sí, majestad.

Vos id a mi lado, que bien merecido lo tenéis.

Por fin vais a tener vuestra Corona. Y vos vuestra venganza.

¿En que pensáis?

En una niña con la que jugaba al ajedrez.

Isabel,

Isabel, os toca mover pieza.

Pero hay algo que no entiendo de este juego.

¿El qué?

Ser reina es algo muy importante, ¿verdad?

Lo es.

Entonces, ¿por qué solo se mueve de cuadro en cuadro,

si hasta los alfiles y las torres tienen más lustre y movimiento?

Buena pregunta.

¡Mamá!

Hola preciosa.

¿Mi hija juega bien al ajedrez, don Gonzalo?

Aprende rápido, alteza. Ojalá hiciera lo mismo con el latín.

Es hora de ir a rezar.

¿Qué tal ha pasado la noche?

Bien, aunque con ella nunca se sabe.

Está tan feliz, y de repente...

De repente, llama a don Álvaro.

Sí, es como si le viera, como si pudiera hablar con él.

La gente del pueblo ya lo comenta en la plaza.

¿Puedo preguntaros una cosa?

¿Por qué recuerda a don Álvaro y no a su marido?

En todos estos años no la he oído nombrar al rey Juan,

que en paz descanse. Es una larga historia.

¿Se puede saber qué haces cosiendo?

Porque no hay dinero ni para costureras.

El rey Enrique ni responde a mis cartas,

acabo de mandar mensaje de ello al arzobispo Carrillo,

a ver si consigue algo con su influencia.

Pero si Isabel y Alfonso son sus hermanos.

Será que tiene cosas más importantes que hacer.

¿Estáis seguro que este artilugio puede funcionar?

Tendréis un hijo, ya lo veréis, majestad,

he rezado para que así sea.

Mal asunto que la ciencia necesite de oraciones.

No os desaniméis, majestad.

Vuestro problema es el ayuntamiento, nada más.

Si fuese otro, esta cánula no tendría vuestra semilla.

Ahora solo se trata de simular la... -¡Queréis dejar de hablar

y hacer lo que tengáis que hacer, por Dios!

Sí, majestad.

Tranquila, Juana.

Bien parece que dedicáis más tiempo al combate que a los rezos.

Y vos más tiempo a las intrigas que a la espada.

Bien sé que os basta con la palabra

para manejar las cosas a vuestro antojo.

No creáis, ya no tanto, todo va de mal en peor en palacio.

Enrique solo tiene ojos para el advenedizo de Beltrán,

y aún no ha nacido heredero.

Eso me preocupa más, Pacheco.

Si con la segunda esposa tampoco puede,

ya no podrá decir que es víctima de un embrujo.

Hasta la gente del pueblo hace chanzas con eso.

Dicen que es cien veces más fácil estafar a un judío

que el rey tenga un hijo.

Y si no tiene hijos, ya sabemos quién heredaría la Corona.

El infante don Alfonso.

Por supuesto, no iba a ser su hermana Isabel.

¿Una mujer reina de Castilla?

Ruego a Dios que no permita tal barbaridad.

Las mujeres no están hechas para gobernar reinos,

sino para casarse y tener hijos.

Cuando Isabel crezca la casaremos con un príncipe o rey extranjero,

como es costumbre.

Don Alfonso será el heredero.

¿A cazar a Madrid?

¿No podéis hacerme compañía en momentos tan difíciles?

(Alterada): No, claro, preferís ir a vuestra reserva

a hacer compañía a vuestros animales.

Calma, el médico recomendó reposo.

(Grita): No hago más que reposar, Enrique.

Por favor, no quiero estar sola.

No lo estaréis: están vuestras damas.

Y cualquier cosa que necesitéis, Juana, cualquier cosa,

llamad a don Beltrán,

que como mayordomo de la casa real os la conseguirá.

Hay asuntos en los que solo puede ayudar un esposo.

¡No me sigáis, no quiero más sombra que la mía!

Disfrutad de vuestros animales, parece que os place más que yo.

Lo siento, majestad, no os merecéis esas palabras.

Bueno, no le falta razón.

¿Sabéis por qué me gustan más los animales que las personas?

Porque son leales cuando acompañan y nobles cuando luchan;

ellos jamás te traicionan ni te exigen nada.

(Gemidos).

¡Seguid!

Llaman a la puerta

Podéis pasar.

Buenas noches, majestad.

Estáis sola.

Sois muy perspicaz, Beltrán.

Me habéis hecho llamar, ¿en qué puedo serviros?

Majestad, por favor.

El rey ha ordenado que os llamara si necesitaba algo.

¿Me rechazáis?

Jamás haré nada que el rey no me ordene.

Buenas noches, majestad.

¡Qué flores tan bonitas, cómo huelen!

Pues no se hable más.

Beatriz, ¿qué hacéis arrancándolas?

Para vos, majestad.

No me deis ese trato, ya no soy reina.

Para mi lo seréis siempre, señora. -Y para la gente de Arévalo.

Yo no debí ser reina nunca, ¡entendéis!

¡Nunca!

¿Qué le pasa?

(Alucina): Don Álvaro...,

por favor..., tenéis que perdonarme.

(Susurra): Don Álvaro.

(Las dos): Señora, ¿estáis bien?

¡Señora!

Yo solo he cazado uno.

No te quejes, que de latín sabes más que yo.

Pues en la Corte es más útil el latín que cazar conejos.

Ya me gustaría conocer la Corte.

¿Es verdad que ahí se escucha música a todas horas?

¿Y se representan obras de teatro y los poetas leen sus rimas?

Cierto, vuestro hermano en eso es igual que vuestro padre.

Podría invitarnos a visitarla. Todo a su tiempo, Isabel.

¡Mirad!

Esperad aquí.

¿Qué habrá pasado, hermana? No lo sé.

Tenemos que volver a palacio. ¿Qué ocurre?

Nada, pero quiero que cuando lleguemos

os quedéis en vuestros aposentos.

Habéis hecho lo que teníais que hacer.

Estábamos tan asustadas...

(Llora): Hablaba con don Álvaro, como si lo tuviera delante

y nosotras no veíamos a nadie..., de repente se desmayó.

Tranquila, Beatriz, tranquila.

Isabel, ¿qué haces aquí? Es mi madre.

Señora, ahora está descansando... Quiero estar con ella.

Haced lo que os he dicho. Pero...

¡Ahora mismo!

Las órdenes son para obedecerlas.

Pasad, pasad.

Por favor, don Juan, comed con nosotros.

Gracias, señor.

Sabéis que no soy de costumbres morunas.

¿Qué queréis? Hablar con vos.

A solas.

Quieto.

(Suspira): Pacheco, si tenéis que decir algo,

decidlo delante de don Beltrán de la Cueva.

No hablaré delante de este advenedizo.

¿Os atrevéis a insultarme? -¿Acaso no lo sois?

Ocupáis cargos que por linaje, otros merecerían más que vos.

Retiraos, retiraos, retiraos.

Desnudad el torso.

Majestad.

Obedeced a vuestro rey.

¿Veis...

esta cicatriz?

Sí, la veo.

Pero no visteis el espadazo que la causó,

no estabais allí.

Yo sí,

a punto de morir en la frontera mora

y ningún noble hizo nada por evitar mi muerte segura.

Solo Beltrán lo hizo

y estuvo a punto de perder la suya.

Miradla bien, Pacheco, miradla bien,

miradla bien.

Y cada vez que no entendáis porqué le quiero a mi lado,

recordadla.

La recordaré,

pero vos recordad otras muchas cosas.

Hum.

¿Puedo retirarme, majestad?

Por supuesto.

Y vos podéis vestiros.

Con vuestro permiso, majestad.

Sabéis que Pacheco no es santo de mi devoción,

ni yo de la suya,

pero toda Castilla sabe que os ha acompañado hasta el trono.

Pero no sé si lo ha hecho para quedarse con él.

Es una época nueva, Beltrán,

y Castilla necesita hombres nuevos y leales.

Los necesita tanto como yo un hijo, para que cesen rumores y chanzas.

(Indignado): ¿Cómo se atreve a faltarme así?

Y más delante de ese afeminado,

seguro que le gusta más que su esposa, por eso no la preña.

No os creáis los rumores que vos mismo lanzáis.

Recordad que vuestros enemigos decían lo mismo de vos y el rey.

¡No me cambiéis de tema!

He educado a Enrique y he eliminado a todo aquel

que se interponía entre él y la Corona.

(Grita): ¿Y ahora así me paga?

Calmaos, os lo ruego. -¿Por qué habría de hacerlo?

Maldita la necesidad que tenemos de reyes

si son como este.

No le gusta su cargo, todo lo tengo que hacer yo

porque el señor prefiere tocar el laúd,

hablar con poetas

y poblar sus reservas de animales exóticos.

¿Sabéis que le ha regalado el embajador de la India?

¿Oro, especias? No, para qué.

Un leopardo. -¿Un qué?

(Grita): Un leopardo,

una especie de lince pero con menos bigotes.

¿Esto se hunde y a vos os da por reíros?

Tranquilo, aún nos queda una baza importante.

¿Recordáis cuando hablamos de su posible heredero,

el infante Alfonso? -Perfectamente.

He recibido una carta de su tutor, don Gonzalo Chacón, al que conocéis.

De ella se deduce que el rey Enrique no cumple con la retribución pactada

a la muerte de su padre, Juan II,

y que tiene a su madrastra y a sus hermanos Isabel y Alfonso

a dos velas.

Por si algo le pasara a nuestro rey,

tal vez deberíamos ir pensado en el siguiente.

¿Qué planeáis?

He pensado que si vos colaborarais con algún dinero que añadir al mío,

el infante Alfonso y su preceptor Chacón

nos lo agradecerían cara al futuro.

Me parece buena idea.

Yo mismo se lo llevaré. -Preferiría hacerlo yo,

vuestras relaciones con Chacón no son buenas;

no se habrá olvidado de lo que le hicisteis

a su buen amigo don Álvaro de Luna.

El tiempo lo cura casi todo,

y lo que no, lo cura el dinero.

Sí, pero...

Vos sois experto en rezos y con la espada,

dejadme a mí las negociaciones.

Gracias por vuestras atenciones,

hacéis que nuestro viaje sea doblemente agradable.

Primero, porque es grato encontrar a personas tan queridas.

No tenéis nada que agradecer, excelencia,

en esta casa se atiende bien hasta a los mendigos.

¿Qué no íbamos a hacer con quien viene de la Corte?

Gracias, alteza.

Veo que vuestra hija es digna heredera

de la belleza de su madre.

Y vuestro hijo guarda los modales exigidos

a todo maestre de la Orden de Santiago.

Así lo quiso su padre, el rey, en su lecho de muerte.

Y Alfonso hará honor a tal cargo.

Un cargo de riquezas inigualables.

Lástima que esas riquezas tengan que pasar antes por la Corte,

porque aquí no nos llega ninguna.

Me ha informado el arzobispo Carrillo.

He venido a solucionar el problema.

Muy bien, pues sabiendo ya la buena nueva,

creo que será mejor que negocien los hombres.

Hijos, es hora de ir a dormir.

Don Gonzalo, ya sabéis que gozáis de toda mi confianza.

Creo que yo también os dejaré; soy hombre de acción

y las palabras me marean más que el vino.

La de vueltas que da la vida;

otra vez frente a frente.

Espero llevarme mejor recuerdo de esta ocasión

que de la última vez que nos vimos.

Seré sincero con vos:

sé que hay cosas que jamás me perdonaréis.

Es difícil perdonar

a quien instigó la muerte de don Álvaro de Luna,

mi maestro y amigo.

¿Habéis disfrutado del poder que conseguisteis con ello?

El pasado es como la leche derramada,

ya no se puede recoger.

Hay que pensar en el presente, en el bien de Castilla.

Para mí lo primero es el bien de los infantes

y lucharé por ellos, sin que me duela el pasado.

Me alegra oír esas palabras,

puede que nuestros intereses sean pronto los mismos.

Perdonad que os importune, señora.

¿Qué hacéis vos aquí? -Solo quería hablar con vos.

Sé de vuestros problemas económicos,

sé que yo no soy de sangre regia como vos...

Os ruego me dejéis entrar a mi alcoba.

Escuchadme: yo os podría ofrecer seguridad,

no os faltaría de nada, ni a vos ni a vuestros hijos.

Sois tan hermosa... -¡Os ordeno que os retiréis!

¿Por qué chilláis? No os voy a hacer ningún mal.

(Forcejeos).

Retiraos.

Mi tío, el arzobispo de Toledo, y yo hemos dispuesto adelantaros

todo lo que os debe el rey.

Espero que sea suficiente.

Lo es, y sobra.

¿Queréis decir que este dinero no viene del rey Enrique?

No, el rey tiene otras tribulaciones que espero no perjudiquen al reino.

Supongo que querréis algo a cambio.

Que sigáis cuidando de los infantes

y que les hagáis saber a ellos y a su madre

quién les defiende en la Corte.

(Angustiada): Ayuda, ayuda, por favor.

Ya no sois reina, y si lo fuisteis

fue porque os metieron en la cama de un rey como una furcia.

¡Dejadla en paz!

Vaya, la infanta ha salido mandona.

Hija, vuelve a tus aposentos, por favor.

No hasta que se vaya.

¿Y me vas a obligar tú? No, os voy a obligar yo.

¿Qué hacéis, malnacido?

Nadie que me haya dicho eso ha seguido viviendo.

¡Deteneos!

Guardad la espada, hermano.

Ahora mismo.

Señora, siento esta afrenta.

Será mejor que descanséis, señora.

Y vosotros retiraos, os lo ruego.

Si queréis que colaboremos, atad bien corto a vuestro mastín.

¡Se puede saber qué intentabas!

Nada, lo juro, solo estaba siendo amable.

Pero me despreció, me miraba con asco.

¿Quién se cree esta gente que es, Juan?

No son mejores que tú ni que yo.

Tienes que hacer solo que yo te diga.

¿Entiendes, hermano?

Solo lo que yo te diga.

¿Tres faltas ya? Mi artilugio ha funcionado.

¿Es verdad lo que decís?

Que caiga muerto ahora mismo si no es así, majestad.

La reina está embarazada.

Esto abre un nuevo camino para la medicina

y nadie podrá decir que lo ha conseguido un médico judío.

Podéis marcharos,

os aseguro que seréis pagado con creces.

Gracias, majestad.

(Emocionado): Vamos a tener un hijo.

¿No os alegráis?

Claro, tanto como vos.

Fue la razón por la que me trajisteis a Castilla

y jamás hubiera sido feliz si no os hubiera ayudado él.

Gracias, Juana.

Por eso, me atrevo a pediros un deseo.

¿Cual es?

El futuro de Castilla lo llevo en mi vientre

y nada ha de interponerse entre nuestro hijo y la Corona.

Os he convocado con urgencia, como mis principales que sois,

porque quiero que seáis los primeros en saber la noticia:

la reina está embarazada.

Murmullos

Maravillosa noticia, majestad.

Vuestra felicidad es la nuestra, señor.

Deberíamos festejarlo con el pueblo. No, ya habrá tiempo cuando nazca.

Pero encargaos de difundir la noticia,

estoy harto de rumores e intrigas. Así se hará.

También ordeno otra cosa:

quiero que los infantes Alfonso e Isabel

sean traídos de inmediato; mi esposa así lo desea,

y yo también.

Pero, majestad, la salud de su madre es débil

y apartarles de ella podría traer consecuencias funestas.

Peores consecuencias para ellos y para mi hijo

serían que alguien les quisiera utilizar contra mi persona...

y mi reino.

Me parece una sabia decisión, majestad.

¿Opináis vos lo mismo, Beltrán?

No opino sobre lo que dice mi rey: obedezco.

Curiosa manera de ocultar vuestra falta de ideas.

Rogaría al marqués de Villena que delante de un Mendoza

nadie sea vilipendiado por su fidelidad al rey.

Seguro que no lo ha hecho con esa intención,

¿verdad, Pacheco?

Por supuesto que no, majestad. Menos mal.

Por un momento he llegado a pensar que ni en días tan felices como este

iba a librarme de vuestras disputas.

Os pido la palabra, majestad. Hablad.

Me gustaría ser yo quien traiga a los infantes

doña Isabel y don Alfonso. Concedido.

Señora.

No os llevéis a mis hijos, eminencia, el rey va a tener el hijo que quería,

¿por qué me quita a mí los míos?

Poneos en pie, señora, os lo ruego, poneos en pie.

Ya está todo preparado.

No estés triste, madre.

Solo es un viaje, y por fin vamos a conocer la Corte.

¿Y si no queremos ir?

Si el rey lo manda, tendremos que ir.

Las órdenes hay que obedecerlas, Alfonso.

Estad tranquila, madre.

No sé que va a ser de mí sin vosotros, hija.

Vendremos a veros.

Tenéis que estar contenta; por fin se acuerdan de nosotros.

Si no les importáramos, ¿nos llamarían?

Eso es lo que me preocupa: que les importéis demasiado.

No os preocupéis, seremos cuidadosos y educados

y nunca dejaremos que nadie nos falte a la dignidad y al orgullo

porque somos hijos de reyes

y porque vos nos habéis educado para serlo.

Y dejad de llorar, os lo ruego.

Que no quiero acordarme de mi madre llorando por sus hijos.

Juradme que cuidaréis de ellos.

Con mi vida si fuera necesario, creedme.

Música y bullicio

¡Qué pequeño era Arévalo!

Aquí están.

Isabel, Alfonso, bienvenidos a la Corte.

Gracias, majestad.

Gracias, majestad.

Os presento a don Beltrán de la Cueva,

mayordomo de la casa real, estará atento a vuestras peticiones.

Será un placer serviros, altezas.

¿Dónde está mi hermano, el rey? ¿No viene a recibirnos?

Seguro que su majestad está atendiendo asuntos de gobierno

que no pueden esperar. -Así es, en efecto.

Me han dicho que eres muy piadosa.

Me he permitido colocar

un pequeño altar y un reclinatorio en tu alcoba.

Os lo agradezco de corazón,

así podré rezar por mi madre y me sentiré menos sola.

Estad tranquila,

vuestra alcoba no está lejos de la mía,

por si necesitáis algo a cualquier hora.

Pues, no hay más que decir:

Beltrán, vamos a enseñarles sus aposentos.

Por supuesto, majestad.

Aunque antes pasaremos por la cocina,

seguros que estáis hambrientos del viaje; por aquí.

Golpes

Gemidos

Gemidos

(Reza): "Pater Noster, qui es in caelis,

sanctificétur nomen Tuum,

fiat volúntas tua, sicut in caelo et in terra.

Panem nostrum cotidiánum da nobis hódie,

et dimitte nobis débita nostra".

Gemidos

Gemidos

¡Eminencia!

Eminencia, por favor, abridme.

¡Eminencia!

¿Qué sucede, alteza?

¡Isabel, esperad!

(Solloza).

Isabel, querida, tienes mala cara, ¿dormiste mal anoche?

Me costó un poco al principio,

pero luego pude dormir sin problema.

Buenos días, majestad, ¿puedo pasar?

¿No tenéis que oficiar misa, eminencia?

Venía precisamente para invitar a los infantes a ella.

Señora.

Perdón.

¡No! Que lo limpie él.

Ni se te ocurra hacerlo, Alfonso.

Recuerda lo que nos han enseñado. ¡Limpia lo que has tirado!

Somos hijos de reyes, y mi hermano no va a limpiar nada.

Gracias, pero no es la limpieza tarea de un arzobispo.

Pido permiso para salir de la sala. Lo que gustes.

Así me evitas tener que aguantarte, niña insolente.

Vamos, Alfonso.

¿Sabéis dónde está el rey?

Llevadme donde esté, os lo ruego. Esperadme fuera.

Comprendo vuestra impaciencia por tener un hijo, majestad,

pero todo esto es innecesario.

¿Quién sois vos para decirme lo que es necesario o no, eminencia?

La historia da muchas vueltas, majestad,

y no conviene sembrar vientos porque se recogen tempestades.

¡Ja! ¡Ja, ja, ja, ja!

¡Vino!

Mirad, el rey está practicando con arco.

Sí, estos deben de ser los asuntos de Estado

que le impedían recibirnos.

Ruego perdón por interrumpir vuestra tarea, majestad.

¡Hermanos, qué alegría me da el veros!

No, perdonadme vosotros a mí

por no haberos recibido personalmente

ayer tuve un día muy atareado y hoy..., hoy iba a saludaros...

después de tirar con arco.

¿Qué tal vuestra estancia en la Corte?

Precisamente de eso quería hablaros.

Pues hacedlo con toda confianza, Isabel.

Ruego nos deis permiso

para volver a Arévalo con nuestra madre.

No..., no es tan fácil, hermana.

Entonces, dejad que ella venga a la Corte.

Ella ya reinó la Corte; no es su sitio, Isabel.

¿Por qué nos habéis hecho venir?

Isabel, un rey no tiene por qué dar razones de sus órdenes.

Tranquilo, es mi hermana quien me lo pregunta.

Estáis aquí por vuestra propia seguridad.

Son tiempos convulsos

y cualquier noble sin escrúpulos puede utilizaros de bandera

para intereses mezquinos en contra de la Corona.

Pero nosotros siempre os seremos leales.

Sois muy joven para explicaros todo con detalle,

con el tiempo entenderéis lo que hago.

Y cuando nazca mi hijo podréis volver tranquilos a Arévalo.

¿De verdad? Por supuesto.

Ejercer el poder es muy complicado, tiene sus responsabilidades

y vosotros, como familia del rey,

tenéis que empezar a aprender las vuestras.

Vos, Isabel, sin ir más lejos,

pronto deberéis casaros con quien se os proponga.

Perdonadme, pero yo me casaré con quien quiera.

Cuando llegue ese día, Isabel,

tendréis que mirar por el bien de Castilla

antes que por el vuestro.

Tranquilo, dejadla soñar ahora que puede.

Os voy a proponer algo que creo os gustará.

¿Queréis ser la madrina de mi hijo?

¿Yo la madrina?

Será un honor, Enrique.

Y vos, por la cara que ponéis mirando las dianas,

seguro que estáis deseoso de probar con el arco.

¿Puedo?

¡Por fin habló! (Ríe).

Empezaba a temer que fuerais mudo; claro que podéis.

Tomad. ¡Arco!

Este Enrique nunca dejará de sorprenderme,

es como si fuera dos personas en una.

No recibe a sus hermanos, permite que la reina les humille

y luego les trata con un cariño que emociona verlo.

El rey es capaz de no saludaros un lunes

y acordarse del cumpleaños de vuestros hijos

el miércoles siguiente.

Es peligroso, a veces pienso que algo le falla en su cabeza.

Es el rey.

Esperemos que ahora, con la descendencia, todo se calme.

Por cierto, vos que tenéis tratos con Dios,

preguntadle si el Espíritu Santo ha obrado el milagro

de que se le pusiera dura.

Porque que lo haya logrado

un viejo médico castellano con su ciencia...,

¿quién va a creerse eso?

Prefiero cree en milagros

que en los rumores que por ahí circulan.

Supongo que los conocéis. -¿Que el padre es Beltrán?

Los conozco bien.

Los he propagado yo, ¿quién si no puede haber sido?

Viaja con la reina, la visita en sus aposentos...

Es su obligación: es mayordomo de palacio.

Y al parecer, también el semental.

Y bien pagado.

El rey le ha duplicado sus bienes desde el embarazo de la reina.

Vos seguid de cerca a Alfonso, protegedle.

A él y a su hermana, que sepan que estamos a su lado.

¿Seguís pensando en Alfonso como futuro heredero?

Nunca se sabe.

Si el rey no cambia; algo tendremos que hacer.

(Suspira): Pobres, solo piensan en volver a Arévalo con su madre.

El rey les ha prometido que les dejará partir

en cuanto nazca su hijo.

Exacto:

su hijo.

Porque como sea niña,

que Alfonso e Isabel salgan de esta Corte

será otro milagro.

Tranquila, un poco más.

Un poco más.

Llanto de niño

¿Qué ha sido?

Niña, majestad.

Dejadme que la vea, dejádmela.

Mi niña.

Hola, mi amor.

¿No os acercáis?

¿Acaso la vais a querer menos por ser una niña?

Ya tenéis lo que tanto queríais,

¿podremos volver ahora con nuestra madre?

No es momento de hablar de eso, Isabel.

Laman a la Puerta

Podéis pasar.

¡Hermana!

Tenemos que hablar con Enrique,

tenemos que recordarle su promesa de que en cuanto fuera padre...

¿Qué ocurre?

Que no volveremos a casa, Alfonso.

Pero..., ¿por qué?

Porque es una niña, don Gonzalo, por eso mis hijos no volverán.

Y vos lo sabéis tan bien como yo: un hijo habría asegurado la sucesión.

Una hija casada con un rey extranjero pondría Castilla en manos extrañas.

La vida de mis hijos ya no será la misma

con el nacimiento de esa niña.

No os preocupéis:

moveré Roma con Santiago para protegerles.

Sé que lo haréis,

y que lucharéis, aún sabiendo que tenéis la batalla perdida.

Tengo tanto que agradeceros, don Gonzalo...

Por favor, señora.

Dejadme hablar, por si mañana no puedo.

Vos en vez de odiarme por promover la muerte de don Álvaro,

vuestro maestro,

habéis educado a mis hijos como si fueran vuestros.

Vos no firmasteis su sentencia.

Pero yo... intrigué para que el rey la firmara.

Lo siento tanto.

Por eso... Dios me castiga, don Gonzalo, lo sé.

Por eso hace que me visite el espíritu de don Álvaro,

para recordarme mi pecado.

¿Puedo pediros un favor?

Visitad a mis hijos.

Hacedles saber que su madre los quiere

y los querrá siempre.

Y volved con noticias suyas.

Os juro que lo haré, alteza,

pero antes haré lo que pueda para que vengan a visitaros.

¿Y cómo lo vais a conseguir? Hablaré con los Mendoza.

Solo ellos pueden convencer al rey de que les deje volver.

¿Os gusta?

Temo hablar de arte con su excelencia;

sabéis mucho más que yo.

Siempre tan prudente, Chacón, y hacéis bien

porque esta pintura es peor que el estiércol en una ensalada.

¿Sabéis quién la ha pintado?

No, excelencia. Yo mismo.

Dios mío, soy un pintor desastroso.

Probablemente por eso pago a los buenos pintores,

para que ellos trabajen a su libre albedrío.

Es una forma de equilibrar la balanza, supongo.

Ya sabéis que los Mendoza siempre buscamos el equilibrio.

Y la justicia:

el honor de vuestra familia no admite duda en el reino.

Por eso he acudido a vos.

Gracias por vuestras palabras, pero vuestro esfuerzo es en vano.

¿No vais a hacer nada por los infantes?

No debo.

Vos sois un buen cristiano

y tenéis que saber que su madre está gravemente enferma.

No insistáis,

el rey ha decidido y nuestra misión es obedecer.

No soy un intrigante como Pacheco, que se mueve como una veleta.

Ni queremos ser más reyes que el propio rey,

como quiso serlo vuestro amigo, don Álvaro de Luna.

Nosotros, los Mendoza, debemos ser estables

y no admitimos otras influencias que las del rey.

Y más ahora, que ha tenido a bien

casar a don Beltrán de la Cueva con mi hija Mencía.

Lo siento, don Gonzalo.

Bien,

solo me queda daros las gracias por vuestro tiempo.

No hay de qué,

siempre es un placer hablar con alguien tan culto como vos.

Por cierto,

en unas horas salgo para la Corte a jurar lealtad a la princesa Juana:

si queréis acompañarme...

Iría, pero solo para ver a Isabel y Alfonso

y sé que eso no es posible.

Ya he escrito al rey varias veces sin respuesta.

Eso le pierde a veces a nuestro querido rey:

su falta de elegancia y de cuidado por el detalle.

No os preocupéis, venid conmigo, yo me encargaré de que les veáis.

Os doy mi palabra.

Eso me es suficiente,

nada vale más que la palabra de un Mendoza.

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