Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

Según un informe tras una inspección municipal, en el mercado tiene que haber una reconversión y no se considera viable que continúe con su actividad. Tras esa decisión se encuentra un importante fondo de inversores que quiere convertirlo en un lujoso centro comercial. La asociación de comerciantes del mercado consigue que el consistorio aplace la decisión: tendrán un año para modernizar el recinto. Pero no todas las familias tienen la misma opinión, y prefieren aprovechar la oportunidad y obtener alguna ganancia.

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No recomendado para menores de 7 años Mercado Central - Capítulo 106 - ver ahora
Transcripción completa

El Código Civil.

Madre mía, está lleno de notas.

Se hizo la carrera con esto.

¿Era abogado? Sí.

Le gustaba mucho su trabajo.

Cuando estábamos recién casados,

se fue a hacer la especialización fuera,

por eso empezamos con las cartas.

(RÍE) Escucha.

"Manuel, cariño".

"No sabes lo largos que se me hacen los días sin ti".

"Hoy he soñado contigo".

"Era de noche y estábamos en la Piazza Maiore de Bolonia,

cerca de la estatua de Neptuno,

y me decías: '¿Quieres dar un paseo?'".

"Entonces me cogías en volandas y me paseabas por toda la ciudad".

"Yo estaba preocupada por si te cansabas,

pero miraba tus pies y veía que no tocaban el suelo,

y no me sorprendía ni me asustaban, al contrario,

me sentía en calma, segura y feliz,

tan feliz contigo".

Qué bonito y qué cursi.

¿Qué quieres? Éramos dos idiotas

enamorados hasta las trancas. Sí.

Ya veo que estabais a tope, como que no tocabais el suelo.

No te metas con mi yo del pasado, gracias.

Ya te va a tocar y me voy a reír.

Oye ¿y por qué no os llamabais? Las cartas llegarían supertarde.

Ya, pero de aquella empezaban a salir los primeros móviles.

Además, las llamadas internacionales eran carísimas.

Y en la residencia de Manuel había muy poca intimidad.

Ya. Ahora, aunque la gente esté superlejos,

siguen chateando como si nada.

Ya, pero el día de mañana no vais a tener cartas tan bonitas como estas.

Eso es verdad.

Yo en mi vida he escrito una carta en papel, y menos como esa.

Anda, ¿y este móvil?

El de Manuel.

¿Funcionará?

¿Te sabes el código pin?

A ver.

Déjame.

Ay...

Ay, no me acuerdo.

Ah... Bueno, da igual, ya lo pensaré luego.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Qué trabajador era.

¿Qué lees?

Pues las citas y las reuniones que tenía.

Debí darme cuenta

de que no era normal su obsesión con el trabajo.

La mayoría de la gente trabaja demasiado,

es como una epidemia, si no trabajas mucho, no eres nadie.

Es que en esta época

fue cuando empezó con el insomnio, con el estrés.

No se relajaba ni de vacaciones.

Tenía que haber estado más atenta.

Mira, igual estuviste más atenta de lo que ahora mismo recuerdas.

No le di importancia.

Pensé que iba a ser algo pasajero.

No sé.

No podemos cambiar a la gente como si tuviéramos una varita mágica,

por mucho amor que le pongamos.

¿Y estas... estas llaves son de aquí?

No, son de la casa de mi suegra.

Eran las llaves de Manuel cuando nos separamos.

¿Estuvisteis separados?

Sí.

Cuando David era muy pequeño.

A veces, el carácter de Manuel

era muy complicado para la convivencia,

así que, por David, se instaló un tiempo con su madre.

Seguro que fue duro quedarte sola con un niño pequeño.

Fue horrible.

Sobre todo, el sentirte tan frustrado.

Éramos jóvenes, estábamos enamorados,

recién casados, teníamos un niño pequeño

y, sin embargo,

estábamos perdidos completamente, no sabíamos ni adónde íbamos.

En fin, no sé qué me esperaba encontrar en la caja,

pero aquí no está.

Mira, yo, con todo lo de mi hermana,

al final he acabado aceptando

que... que no voy a encontrar ninguna explicación.

Pero ¿no te quedarías más tranquila si encontraras una explicación?

Mira, cuantas más cosas he ido descubriendo del accidente,

menos paz he encontrado.

Así que si ahora reviso los "e-mails" y los mensajes de Laura

es para sentirla más cerca,

no para comprender nada, porque todo esto es incomprensible.

Ya.

(DAVID) Hola.

Hola, cariño.

¿Y esa caja?

Trastos.

Voy a ver si recojo y nos ponemos a comer.

¿Me ayudas? -Sí, claro.

Pues venga.

A ver, ¿qué pasa, hija? Me has sacado de una reunión.

-Acabo de saber algo muy importante y lo tenemos que solucionar ya.

-¿Qué pasa? ¿Es tu madre, está peor? ¿No tendrías que estar cuidándola?

-Sí, pero esto no quiero contarlo delante de ella.

-A ver, me estás preocupando más.

-Mamá no quiere que te diga nada, ¿vale?

Le he prometido que no te diría nada, pero debes saberlo.

-¿Qué pasa?

-No quiero crear ninguna movida ni ninguna discusión familiar

ni nada por el estilo. -Ve al grano, por favor.

-Adela me contó que el otro día fue con mamá a un naturista

de estos de... -Sí, ya lo sé, ¿y?

-Ah, ¿ya lo sabes?

Ah, ¿y te parece bien?

-Vamos a ver, me preocupó un poco al principio, como a ti,

pero hablé con tu madre y se convenció

de que debe seguir el tratamiento con los antibióticos.

-Pues me parece que no, papá.

Quiere seguir con el tratamiento alternativo.

-(SUSPIRA) Bueno, tampoco es tan grave, ¿no?

Quiero decir, que esas gotas para infusiones no son nada.

Mientras siga con los antibióticos, todo irá bien.

-Ya, es que ese es el problema.

Si te cuento esto, es por el bien de mamá.

No le vayas con rollos de los tuyos.

Así que prométeme que no te cabrearás y que serás agradable con ella.

-¿Qué ha pasado?

-Pues que ha dejado los antibióticos.

-No, eso no puede ser.

Yo he estado pendiente de cada toma, tu madre no se ha saltado ninguna.

-Sí, puede que diga que se los toma, pero no se los toma.

Me lo acaba de contar.

De verdad, papá, yo ya no sé qué hacer.

A saber la mierda que le ha metido ese tío en la cabeza.

Dice que los antibióticos la estaban envenenando.

No sé en qué estaba pensando Adela cuando la llevó a ver a ese tío.

-Tranquila, hija, ¿vale? Yo me encargaré de solucionarlo.

Has hecho bien en contármelo.

Paco, ¿todo bien?

Sigue la ruta bien, ¿no?

Ya estás llegando a Lisboa.

Vale.

No, pues, a partir de ahora, cualquier cambio me lo consultas...

¡Pues, si no me localizas, no te mueves del sitio!

Bueno, llámame con lo que sea. Adiós.

¿Ha habido algún problema con los camiones?

¿Eh?

No, el... el camión de Paco,

que se ha quedado tirado en la carretera.

Ha tenido que ir otro, se han retrasado los dos.

¿Qué haces comiendo un bocadillo aquí?

¿Por qué no has ido a comer a casa?

Ya ves, alguien tiene que vigilar el fuerte.

¿Y Lorena?

¿Mi hermana?

No me hables de mi hermana.

Me ha montado un pollo, me ha tirado el mandil,

se ha ido sin explicar nada.

Bueno, a ver, ¿qué pasa con Lorena?

Lorena se ha marchado.

¿Se ha marchado? Sí, se ha ido.

Me he cruzado con ella

cuando salía del portal con una mochila.

Pero ¿adónde?

No lo sé, no me ha dicho nada.

Ni caso, papá.

Esta es otra de sus ventoleras, ya vendrá, no te preocupes.

Pero...

¿De qué has discutido con Lorena esta vez?

Tonterías.

Lorena estaba muy cansada

y le ha pedido ayuda con el bar a Elías

y se la ha negado.

Vamos a ver,

mi hermana no le hacía ascos a trabajar en el bar

hasta que te has metido por en medio, ¿estamos?

Yo creo que está disgustada con otras cosas,

como su relación de pareja.

Puede que mi relación con ella no pase por el mejor momento,

pero, si no estuviera tan presionada en el bar,

hubiera aguantado un poco más, ¿no?

Mira, no te engañes.

Se ha ido porque no quiere ni verte, no quiere saber nada de ti.

Se ha ido huyendo.

A ver, a ver, a ver, que yo me aclare.

¿Lorena se ha ido de vacaciones o se ha ido para no volver?

Pues no lo sé, pero no pinta muy bien.

Lorena no podía más.

Y está claro que Elías no la valora,

porque, por ahorrar cuatro perras, ha conseguido quemar a tu hija.

Ahora me vas a decir tú a mí

cómo tengo que yo llevar mi negocio, ¿verdad?

Tú no estabas a la altura de la relación.

Y tú no valoras a mi hermana. No.

Su hermano no tiene ningún tipo de escrúpulo

en llevarla al límite, ese es el problema.

¿Al límite?

A mí no me des lecciones de moral, ¿eh?

Si no tienes nada que ver, ¿por qué se ha ido sin decirte nada?

Mi relación con ella es asunto mío,

lo que diga o no diga no te incumbe, ¿estamos?

Eso te pasa a ti, mucho "digo" y se te va la fuerza por la boca.

El gran sumiller, el gran chef.

¡Vete a la mierda! ¡Elías, Jorge!

¡Estaos quietos ya, hombre!

Dejad esta pelea de gallitos, que estáis haciendo el ridículo.

El problema no es ese.

Echándoos la culpa el uno al otro no solucionamos nada.

Adela.

¡Hola, Nacho!

Mira, he recibido tulipanes y a Rosa le encantan.

Te preparo una docena y se los llevas de mi parte.

De tu parte, me parece que mejor no le llevo nada, ¿eh?

¿A qué viene ese tonito? ¿Cómo puedes ser

tan inconsciente?

¿Lo de tu divorcio te ha afectado y no piensas?

Oye, no hace falta que insultes, ¿eh?

Estás jugando con la salud de mi mujer.

Si deja de tomar los antibióticos, la infección irá a más.

¿No se los está tomando?

Le dije que no dejara los antibióticos.

No sé qué idea le habrá metido en la cabeza ese médico,

pero ha dejado el tratamiento.

Vimos a ese médico porque ella me lo pidió,

pero le dejé muy claro que lo mío, una alergia,

no tenía que ver con lo suyo.

¿Y por qué no toma los antibióticos? Alguien le ha dicho que la envenenan.

Yo desde luego no y el médico tampoco.

Quedó muy claro que debía combinar

las terapias naturales con su medicación.

No tenías que haberla llevado. La llevé porque me insistió.

¿Querías que le dijera que no?

Escúchame, Nacho, tu mujer está muy desesperada

porque lleva mucho enferma y no ve mejoría.

Está buscando soluciones, ¿qué querías?

Tenías que haber avisado.

Pensé que quería

una segunda opinión para aliviar su malestar,

no que pasaría esto.

Se puede morir, ¿comprendes?, si no toma la medicación.

Nacho, ¿quieres que vaya a verla? No.

No te quiero ver por mi casa. ¿Cómo?

No. De Rosa, me ocupo yo, los demás no tenéis ni idea.

Oye, yo solo quería ayudar.

¿Crees que la hubiera puesto en peligro adrede?

Es justamente lo que has conseguido.

Muchas gracias por nada, Adela.

¡Nacho...!

(SUSPIRA)

Llámala tú, Jorge, que a ti te hará más caso.

Mira, Jesús, si se ha ido es por algo, ¿eh?

No quiero agobiarla,

le quiero dar su tiempo y que se tranquilice.

Como si le fuera a coger el teléfono.

Tú nunca tienes bastante, ¿no?

Vamos a ver, quietos, quietos.

Se ha ido porque le habéis puesto la cabeza como un bombo,

así que solucionad esto de una vez.

Y llámala tú, Elías.

Que no nos va a coger el teléfono, papá.

Para una vez que tiene razón Jorge.

No te preocupes, cuando acabe el dinero, vuelve.

¡Te he dicho que la llames!

Pues la llamo.

Menuda habéis liado.

(SUSPIRA)

¡No me coge el teléfono, os lo he dicho!

¿Ahora qué?

¡A contratar a Noa, que eche horas extras

hasta que a Lorena se le pase! Bueno.

Pero que no le diga nada a Rosa.

No quiero que se preocupe

y se ponga peor. Jesús.

No va a hacer falta.

Lorena va a volver en cuanto descanse un poco

y se sosiegue. O no.

La última vez estuvimos casi cinco años

sin saber nada de ella.

Y no quiero que vuelva a pasar. Ahora es diferente.

Lorena está más centrada, será solo un enfado.

Que sí, hombre, que sí.

Esto es una pataleta de mi hermana, ¿eh?

No voy a mover ni un dedo buscándola esta vez.

Paso del chantaje emocional.

Lo que me faltaba por oír.

No sabes el daño que estás haciendo con tu egoísmo.

¡Aquí todo el mundo va a lo suyo sin pensar lo que tiene alrededor!

Me tenéis harto.

¡Muy harto!

Hola.

-Hola.

-Hola, cariño, me he preparado una infusión.

¿Quieres un trozo de bizcocho? -¿Lo has hecho tú?

-Sí.

Es de manzana, el que te gusta.

Pero es que este lo he hecho

con harina integral y los limones son orgánicos.

Me lo han traído de la tienda ecológica.

Porque el médico dice que tengo que tener

mucho cuidado y mucha atención con la alimentación

para poder fortalecer las defensas.

-¿Te encuentras mejor entonces?

-Sí, cielo.

Y, como tu padre no me deja que salga de aquí,

pues tendré que hacer algo para entretenerme, ¿no?

Venga, siéntate.

¿Te preparo un café?

Yo no puedo tomarlo, cariño.

Porque es muy ácido, ¿sabes?

Y, por lo visto, altera el equilibrio alcalino.

No sé, tengo que tener cuidado con eso.

-Eh... No, mamá, si es que no me puedo quedar.

Me ha llamado el tío Elías y tengo que ir esta tarde al bar.

-¿Y Lorena? -Pues no sé.

Se habrá tomado la tarde libre.

-Pues vete tranquila, yo me encuentro muy bien.

Cuando mi cuerpo empiece a eliminar el antibiótico,

voy a estar mucho mejor.

Estas infusiones

son maravillosas, noto cómo me depuran, hija.

¿Qué ha pasado?

He visto el puesto cerrado y me he preocupado.

¿Estás bien?

Estoy, que no es poco.

Lorena se ha marchado.

¿Cómo que se ha marchado?

¿Dónde?

Pues no lo sé.

Creo que no lo sabe ni ella.

Pero ¿habéis discutido?

Eso parece.

(SUSPIRA)

Creo que he vuelto a decepcionar a Lorena

y se ha largado.

A ver, a ver, me he perdido.

Dice que no estoy comprometido con la relación

y ha decidido romper con todo,

con... con su familia, con su trabajo, conmigo.

Bueno, tendrá sus razones, tampoco se lo has puesto fácil.

¿Cómo que no, Javi?

¿Qué pasa?

-Eh... Hola.

-Hola, Íngrid, ¿qué tal? ¿Puedo ayudarte en algo?

¿Algún papel para tramitar la baja?

-No, está todo bien, muchas gracias, Javier.

He venido a hablar con Jorge.

-Mmm, vale, pues, nada, os dejo, que tengo que hacer unas llamadas.

Luego seguimos hablando, Jorge.

Que te vaya todo bien. -Gracias.

Íngrid, eh...

Mira, no tengo ni ganas ni cuerpo para discutir, por favor, ¿eh?

Tranquilo, he venido solo por la carpeta de currículos,

la que me dejé el otro día, creo, no sé si la tienes por ahí.

(SUSPIRA) A ver, mamá.

Yo entiendo que estés desesperada

y que estar tanto tiempo enferma hace que se te agote la paciencia.

Pero es que las hierbas y la comida, por muy sanas que sean, no curan.

-Mira, las hierbas han servido para curar... ¿desde hace siglos?

¿En qué te crees que se basa la medicina china?

-Pues, mira, no tengo ni idea de medicina china,

pero sé que estamos en Occidente

y tenemos un sistema sanitario muy bueno.

¿No te fías de tu médico?

-Hombre, es que este hombre no sabe lo que me pasa.

En cambio, el otro señor, sí.

-No, este señor tampoco te ha dado un diagnóstico.

Solo te ha dado unos remedios para aliviar unos síntomas.

Pero te curan los antibióticos. -Los antibióticos

me estaban debilitando.

-Ay, bueno, mira, no voy a volver a entrar en esta discusión.

Pero, por favor, mamá, vuelve al tratamiento.

Dale una oportunidad a los nuevos antibióticos.

-A ver, cariño, si no te importa, ¿eh?,

seré yo quien tome las decisiones sobre lo que debo o no debo tomar.

Porque yo soy la que está enferma.

Mi cuerpo me dice que todo esto

me sienta muy bien. -Pero vamos a ver.

¿No has leído todos los artículos acerca de terapias alternativas?

¡Que no tienes una simple alergia!

¡Que una neumonía no se cura con un bizcocho orgánico!

-Vale, tranquila, ¿eh?

Y no me trates de tonta.

-Lo siento, me pones muy nerviosa.

-Este tema es un poco complicado, es muy controvertido, cielo.

Y, además, hay muchos intereses de por medio.

¿Quién te crees que está detrás

de las críticas que se hacen a la medicina natural, eh?

¿Quién?

Pues los laboratorios farmacéuticos, cariño.

Que no quieren competencia.

-Vamos a ver, mamá.

No te digo que te dejes de tomar las infusiones

o lo que sea que te haya mandado, pero que te tomes los antibióticos.

-Buah.

-Hola.

¿Por qué discutís? Se os oye desde el descansillo.

-Ay, perdona, cariño,

no me daba cuenta de que levantaba la voz.

Aquí lo tienes.

Pues... He seleccionado algunos.

Y he hecho unas llamadas

para comprobar las referencias de una cocinera.

Yo la contrataría.

Te lo he dejado todo ahí anotado.

Muchas gracias.

De nada.

Bueno, ¿qué?

¿Amigos?

Claro. Vale.

Pero he venido a por algo más que los currículos.

Ya. ¿Qué pasa?

Quería pedirte perdón por mi reacción del otro día,

no tenía que haberme comportado así.

No fue para tanto. Bueno, te mandé a la mierda.

Y, en el fondo, tú solo estabas preocupándote por mí como amigo, ¿no?

Sí, bueno, esa era la intención,

pero yo tampoco medí mis palabras, lo siento.

Bueno, ¿sabes lo que pasa?

Cuando me dicen cosas que no son agradables de escuchar,

pues, ya sabes cómo soy,

me pongo a la defensiva y salto. Ya.

Yo no debí meterme donde no me llamaban.

Hablar de tu vida amorosa.

Que no, que me gusta que te preocupes por mí, como amigo.

Sí, pero eres mayorcita para acostarte con quien quieras.

Ya. No debí soltarte aquel sermón.

No me acosté con él.

Bueno, íbamos a acostarnos, pero no pudimos.

Bueno, en realidad, no pudo él.

Le dio como un ataque de...

¿Un ataque? Sí, como un amago

de ataque al corazón o...

O algo así. Sí. No sabía que tenía problemas.

Se lo provocó él mismo

al tomarse una pastilla para tener una erección.

Espera, o sea, ¿me estás diciendo

que Elías toma pastillas para...? Sí.

Pero, en cualquier caso, imagínate que le da un infarto ahí.

¿Y qué...? ¿Me estás diciendo

que el gran Elías de la Cruz necesita pastillas para funcionar?

Sí, dime de qué presumes y te diré de qué careces, ¿no?

(SUSPIRA)

Con el historial de mujeres que tiene.

Ya ves, ese historial es gracias a la química.

Como ves, todos tenemos nuestras cosas.

Ya. Y las guardamos como podemos.

Bueno, que muchas gracias. De nada.

Y... hablamos.

Claro. Chao.

Chao.

¿Por qué levantabas la voz, Noa?

-Pues porque estoy preocupada.

Es que me parece muy peligroso

que mamá haya decidido dejar los antibióticos.

-Ah... -Ya.

Bueno, tu madre es una persona adulta.

Ella sabrá lo que hace.

Sí, no me mires así.

Le dimos su oportunidad a la medicina convencional

y el tratamiento no funcionó.

No la ha curado.

Si este nuevo plan hace que se sienta mejor,

no veo por qué no lo vamos a seguir. -Porque es una locura.

Si deja los antibióticos, la enfermedad se hará más fuerte.

No se puede dejar un ciclo de antibióticos a medias.

-Que no, es todo lo contrario.

La medicina natural me va a poner fuerte,

y eso es lo que necesita mi cuerpo para combatir la infección.

-Así es como ibas a solucionarlo tú, ¿no?

Mmm.

Mira, me parece que se os ha ido la olla pero por completo.

(ROSA SUSPIRA)

(Portazo)

Ay...

¿No vas para casa?

-No me apetece ir a casa.

-¿Y qué te apetece?

-Estar aquí sentado y ver a la gente pasar.

-¡Vaya planazo!

-Pues no, pero no me apetece hacer nada más.

-Hola, chicos.

¿Os apetece tomar algo?

-No, Carla está trabajando.

-No, no, espera, sí.

Nos tomaremos algo y luego continúo.

Yo quiero un café con leche. -Perfecto. ¿Y tú, David?

Mira.

Te invito a un capuchino moka, mitad café, mitad chocolate.

-Yo también quiero uno de estos. -Perfecto.

Y a ver si animas un poco a David,

que lleva toda la tarde así, que parece una seta.

Os dejo solos.

-David, ¿qué te pasa?

-No parezco una seta.

Y las setas no tienen nada malo, son criaturas muy complejas.

Pero no sabe de biología.

-Ya, Paolo solo sabe de las setas que mete dentro de la pizza.

¿Qué has hecho esta tarde?

-Pensar.

-¿Pensar en qué?

-En esta pulsera.

-Muy bonita.

-Me la ha regalado mi abuela.

-Pues tienes una abuela muy moderna.

-No, muy moderno mi padre, porque era de mi padre.

-Es un recuerdo muy bonito.

-Me contó que se la compró cuando tenía mi edad,

en un viaje a Italia con amigos.

-Y, si tiene una buena historia, es todavía mejor.

-Parece que no tenían dinero apenas ni para comer,

pero se encaprichó con ella y se la compró.

-No me puedo creer que tu padre pasara de los "tortellini".

-Le encantaban los "tortellini", eran muy típicos en su ciudad.

-No sabía que eran típicos de Bolonia.

-¿Cómo sabes que mi padre vivió en Bolonia?

-Me lo contó tu madre.

-¿Cuándo?

-Un día.

-Pero ¿mi madre y tú habláis de mi padre?

-A veces, solo a veces.

Somos amigas, las amigas hablan.

-Una amistad tarda más en hacerse.

-Bueno, pero, cuando dos personas comparten piso,

todo ese proceso se acelera.

Y tu madre me cae muy bien.

-Me parece raro que habléis de cosas privadas.

-Bueno, es como tú y Andrea, te has hecho amigo de él, ¿no?

Y tampoco hace mucho que os conocéis, en plan, máximo, un año.

Y ahora me hablas de la pulsera y de tu padre,

y es algo muy privado, lo que hacen los amigos.

Y hace el mismo tiempo que vivo contigo

que el que vivo con tu madre.

-Tiene sentido.

-Aquí tenéis vuestros capuchinos.

-Pero, Paolo, esto parece un café normal.

No lleva chocolate, ¿le has puesto? -Ay, lo siento.

(RESOPLA) Es que hoy tengo la cabeza en otro sitio, perdón.

-¡No, no! Da igual, ¿no?

-¿De verdad? -Claro.

-Muchas gracias.

-David.

Está muy bien que guardes eso.

Que tengas la pulsera, es un buen recuerdo.

-Si mi padre estuviera vivo, la llevaría él y no yo.

-Ya.

Hola.

-No puedo hablar, entro a currar.

-No te preocupes, te acompaño.

Mira, si seré muy breve.

Deja de meterte en mi vida, ¿vale?

-Sí, no tengo otra cosa que hacer que meterme en tu vida.

(LUCÍA RÍE) Mira, guapa, Jona estará ciego,

pero yo ya te he calado.

-A ver, ¿qué quieres?

No tengo tiempo para tus idioteces.

-Pues que estarás contenta, ¿no? Te ha salido la jugada redonda.

Tu padre sabe que estoy con Jonathan y me hace la vida imposible.

-Si no te gusta trabajar con mi padre, ¿qué me cuentas?

Quéjate a quien te contrató.

-¿Cómo se ha enterado? -¿De qué? ¿De qué me hablas?

-Hija, no te hagas la tonta. Que por qué se lo has dicho.

-Qué pelmaza eres, de verdad. No he dicho nada, y menos de ti.

-Pero ¿por qué te empeñas en amargarme la vida, eh?

¿Yo qué te he hecho?

-Que a mí tu vida me la suda,

¿cuántas veces te lo tengo que repetir?

-Bueno, pues no te la sudará tanto cuando se lo has contado a tu padre.

-No le he dicho nada a mi padre.

Tengo asuntos más importantes en los que pensar.

-Como boicotear mi relación con Jonathan, ¿no?

Como no te caigo muy bien...

-Mira, sí, igual por ahí vas teniendo más razón, sí.

-Ah, no, espera, igual lo que te ha pasado

es que te has quedado pillada de Jonathan.

Con este paripé de los celos, igual te has enamorado.

-Mira, a mí lo que tengas con Jonathan me da igual.

Mientras no le hagas daño, claro.

Jonathan es mi amigo, y eso sí que me importa.

Y me parece que no eres tan guay como él cree.

-¿Cómo? ¿Me estás amenazando?

-Mmm... Sí.

Sé que Jonathan para ti es un pasatiempo,

cuando te aburras, le dejarás tirado.

-Claro, y ahí estarás tú para consolarle, ¿no?

-Disfruta mientras puedas.

Espero que Jonathan vea qué trepa eres.

Venga, dime, ¿dónde te irías de vacaciones?

A ver.

A ver, queda fuera Canadá,

por la posibilidad de un ataque de oso.

El oeste de Estados Unidos, por un posible terremoto.

Y Asia, porque te siente mal la comida.

Hijo, si sigues por ese camino, necesitas un sitio donde irte.

-No sé por qué te imaginas cosas que no van a pasará.

-David, es un juego, no pasa nada.

Además, soñar es gratis.

-Ya, pero ir a esos sitios no lo es y no tenemos el dinero.

-Ya.

-Y, por mucho que sueñes, las cosas no se harán realidad.

Yo muchas veces he soñado que podía volar

o que respiraba debajo del agua o que mi padre estaba vivo.

-Ya, esos sueños son recurrentes.

¿Te has enterado de que Lorena ha dejado el bar

para irse, pirarse a descansar?

-No lo sabía. -Te lo juro.

Si pudiera hacer algo así,

te prometo que me iría a Hawái o... o yo qué sé.

-Yo me iría a Bolonia.

-Bolonia seguro que es un sitio precioso.

Y sería un viaje bastante barato, o sea que...

-¿Qué hacíais mi madre y tú cuando he llegado a casa?

-¿Cuándo?

-Esta tarde, cuando he llegado, había una caja grande en la mesa.

Mi madre la cerró y se la llevó a su cuarto.

-Estaba ordenando y yo la estaba ayudando.

-Hablabais de mi padre, ¿no?

-Bueno, me ha enseñado... algún recuerdo.

-¿Qué recuerdo?

-Cosas sin importancia.

-Bueno, sin importancia para ti.

-Sí, perdona, tienes razón.

-¿Por eso sabías lo de Bolonia?

-Mira, a tu madre le daba miedo

abrir esa caja y... y ponerse muy triste, ¿sabes?

Así que decidí quedarme allí para ayudarla.

-¿Y por qué no me lo ha pedido a mí?

-Igual le daba miedo ponerse triste delante de ti.

-Pero la caja era de mi padre, debería pedírmelo a mí.

-No te enfades. -No digas que no me enfade.

¿Por qué te lo dice a ti y no a mí?

-Tranquilízate, igual... -No tienes derecho

a decirme que me tranquilice.

Me escondéis la caja y dices que estabais ordenando.

Yo tengo derecho a saber.

-Oye, David, simplemente tu madre...

Igual estaba esperando el momento indicado para mostrártela.

-El momento era antes.

-Mira, los adultos a veces necesitan

que les ayuden en los momentos más difíciles.

¿Sabes? Y a veces es mejor que te ayude alguien

que no le afecte tanto el tema,

para poder apoyarte más en esa persona.

-Si no te afecta, no te importa,

y no deberías haber tocado la caja, son cosas de mi padre.

-Tu madre no te ha dicho nada de esto

porque le daba miedo abrir la caja y encontrar algo que os hiciera daño.

-Me hace daño que me mintáis.

Me ocultáis la información y soy un adulto.

Yo puedo ayudar más a mi madre que tú.

Se acuesta con el marido de Adela.

Y me oculta las cosas de mi padre. Cada vez me cuesta más entenderla.

-David.

Sabe lo de Bolonia.

¿El qué? ¿A ella y a mí no? No tiene sentido.

A ver, David, ¿de qué me hablas?

Le has enseñado las cosas de papá, no tiene ningún sentido.

Bueno, baja la voz.

Hablamos en casa, ¿te parece? No.

No es de la familia, no es nadie. Bueno.

Tranquilo, cariño. No me quiero tranquilizar.

¿Escondiste la caja para que no la viera?

Hijo, yo no he escondido nada.

Recuperé la caja de casa de tu abuela.

La estaba mirando y le pedí a Carla que me ayudara.

¿Y por qué no me lo pediste a mí? Papá era mi padre, no el suyo.

Son cosas de hace un montón de años, si es que tú no habías nacido.

Me da igual, vamos a casa.

¡Ay! ¡David!

¡Me haces daño! ¿Por qué no me lo enseñas?

Porque son cosas muy íntimas de pareja,

de tu padre y mías, eso no te va a ayudar en nada.

¿Y tú qué sabes? La abuela seguro que me lo enseña,

no es como tú.

Sí, es verdad, tu abuela es mucho más discreta que yo.

¿Te ha dicho de dónde ha sacado su pulsera?

No, me la dio ella. La sacó de la misma caja.

Y tu abuela piensa lo mismo que yo, no hay nada en ella que te interese.

¿Y por qué la llevo puesta? Bueno, pues porque pensaba

que te haría ilusión, nada más. Hay algo más, mentirosa.

Tendré que esperar a que os muráis para ver la caja.

Pues, mira, sí.

Y así haces lo que quieras.

Pero, de momento, estoy yo aquí y soy la que toma las decisiones.

¿Te queda claro?

Vete para casa.

(SUSPIRA) -Lo siento, he hablado demasiado.

Ay, ¿en qué momento traje la caja?

Lo siento. No, no te preocupes, ya está.

Ay, Adela, mil gracias.

¿A qué viene esta urgencia?

Yo tengo un puesto que atender. Ya.

Ya lo sé, lo siento, pero es el pedido de la señora Pazos.

Hace horas que tenía que estar preparado,

pero... pero Jesús no lo ha hecho.

¿Y qué me cuentas? Habla con él. Es que no está.

Me ha dicho en un mensaje que llegaría más tarde,

pero ¿tú lo ves?, porque no aparece.

Pues llámalo al móvil. No lo coge.

Si no está en diez minutos, el repartidor se va.

Échame una mano, tú sabes cómo va.

Yo no tengo ni idea. Es que yo no trabajo ya aquí.

Llama a Elías.

¿A Elías? Sí.

Le he llamado, pero ha dicho que no tenía ni idea.

¿Qué va a saber? Si siempre lo he hecho yo todo aquí.

Claro, claro, Adela.

Por eso te he llamado a ti, sé que tú controlas.

No, en serio, échame una mano, que el que va a recibir soy yo.

Venga. ¿Esta señora qué se llevaba?

¿Naranjas? Sí.

Solo si son de temporada.

Es una clienta de toda la vida y confía en nosotros

si le damos buena calidad.

Así que, venga, vamos.

Coge plátanos, pero que no sean bananas.

Y los tomates, en rama.

Y melocotones no le pongas.

La nieta tiene alergia.

Y es la última vez que entro en el puesto.

Vale, Adela.

No te vuelvo a molestar, ¿eh?

¿Adónde vas con eso, Paolo?

-Espera, sirvo la pizza y estoy contigo.

-No, si espero lo que tú quieras.

Ese beicon está más crudo que el futuro de un quiosco.

-Oh, Jesús, se me ha olvidado de meterla en el horno.

-Devuélvela si no quieres que te lo tiren por la cabeza.

-Es que hoy no doy ni una.

-Es por Vanesa, ¿no?

(PAOLO SUSPIRA)

-¿Qué pasa? ¿No le ha sentado bien que le dieras boleto?

-Verás, Nicolás, es que...

Todavía no he sido capaz de cortar con ella.

-Pero ¿no te gustaba más la otra chica? ¿Cómo se llama?

-Marta. -Eso.

-Sí, Marta me gusta más, pero...

Pero es que Vanesa... es mucha Vanesa.

Me ha hecho una oferta en la que no puedo parar de pensar.

-Pero ¿cómo una oferta?

¿Te ha ofrecido ser tu socia

aquí en la pizzería o qué? -No, no.

Ella, más que en la pizza, está interesada en los bocadillos.

Que me ha ofrecido...

de ser como... como el embutido de un "panino".

-¿El embutido? -Sí.

Pan, embutido, pan.

¿"Capisci"?

-"Non capisci" nada, Paolo. -Que me ha propuesto hacer un trío.

-¿Un trío? -¡Chist!

(SUSURRA) Discreción máxima.

-No veas tú el órdago que te ha echado la tía, ¿eh?

-Ya.

Me ha pillado un poco de sorpresa.

Pero... pero lo he estado pensando todo el día y...

Yo creo que la voy a llamar para decirle que...

que no quiero nada con ella, bueno, con ellas.

Es más honesto, ¿no?

-No, no, no, tú, quieto y parado, tú no llamas a nadie, Paolo.

Una cosa es la honestidad, que está muy bien,

y otra cosa es un trío, que está mucho mejor.

-¿Me estás hablando en serio?

-¿Tengo yo cara de cachondeo?

(CARMEN) Huy.

¿Qué haces ahí dentro? ¿Me he perdido algo?

¿Tú? Lo dudo. Hombre, como te veo trabajan...

¿Lo has arreglado con Elías?

Carmen, lo tuyo sí que no tiene arreglo.

Hija, perdona, solo me preocupo

por una amiga.

-Menudo morro le echa la Pacheca, ¿eh?

No se le pasa una.

Mira a ver el apio.

Si está fresco, ponle unas ramitas.

Vale.

¡Hombre!

¡Jesús! Tú no tengas prisas, ¿eh?

Solo te he hecho como 200 llamadas. -Eh.

Eh, eh, menos prisas y menos llamadas, ¿eh?

Que aquí el jefe soy yo.

-¿Sí, jefe? Cuéntale a la señora Pazos,

que lleva horas esperando su pedido.

-La madre que me....

¡Se me ha pasado totalmente! -Si no me ayuda Adela, vamos.

Oye, Jesús, ¿tú estás bien? Porque te veo sudando.

Vengo del campo, de dar una vuelta.

A ver, a ver, una... Bueno.

Una coliflor mediana. Os dejo aquí.

-Gracias, Adela. -Dame un manojo, o dos,

de ajos tiernos.

Otro manojo de zanahorias.

¿Esto son ajos tiernos?

Anda, toma, venga, anda. -Vale, vale, vale.

-Y calabacines, un kilo de calabacines.

A ver, hay aquí...

Buenas. -Buenas.

-A ver si lo entiendo, ¿eh?

Porque antes me echas la bronca porque no cuido mi pizzería.

Y cuando te hablo de un "panino"...

-Hombre, Paolo,

pero es que un "panino" así no se da todos los días, por Dios.

Además, si pierdes ese tren,

lo mismo no pasa delante de ti otra vez, hombre, en tu vida.

-Eso lo he pensado yo. -Ah.

-Pero... -No, pero nada.

Tú le dices que sí y punto.

Además, que te lo mereces, Paolo.

Con todo lo que has sufrido tú.

-Eso sí.

-Y, por cierto, luego quiero

la crónica del "panino", ¿eh? -(CHASQUEA LA LENGUA)

-Nos lo debes

a todos los que no vamos a pasar de ser una triste rebanada de pan.

¿"Va bene", socio?

-No, Nicolás, no va bien, no.

Porque, sobre el papel, todo bien,

pero, cuando estás allí, en el momento de la verdad...

-Pero ¿ahora te va a dar miedo escénico?

-¿Si no estoy a la altura?

-Pero ¿cómo no va a estar a la altura un italiano, por Dios?

Hombre, no digas eso.

Mira, tú reparte juego, ¿eh?, a partes iguales.

Utiliza el "catenaccio".

Tú marea la perdiz, bueno, las perdices, ¿eh?

Y, sobre todo, ¿eh?, tú no tengas prisa

en entrar en el área. -Ah, Nicolás.

Contigo de entrenador, me expulsan a los 5 minutos.

-Sí, a lo mejor no soy bueno dando ejemplo, pero...

Espérate, ya lo tengo.

Haz lo que haces con tu agenda.

Organización, Paolo.

Organización.

-Eso está bien, ¿eh? -¿Eh?

-Sí, sí, tienes razón.

Esa es la clave, organización.

-Exactamente, eso. -Un poco una, un poco otra.

Un poco yo. -Exactamente.

Eso, tú parar, mandar y templar.

-Eso. -Buah.

Vas a ser

el César del triunvirato, macho.

-Bueno, ya te contaré, ¿eh?

-Y detalles, ¿eh?, quiero todos los detalles.

Si hace falta, tú graba notas de voz, ¿eh?

Vas a tener lío, se te olvidará algo.

-Que sí, que sí.

-Oye, y...

¿Qué vas a hacer con la chica que te gusta?

-¿Con quién? ¿Con Marta? -Sí, ¿qué pasa con ella?

Porque... un cuarteto igual es mucha matraca ya, ¿no?

Por muy italiano que seas. -Deja, deja.

Voy a trabajar, va. -Venga.

Suerte, campeón.

Ya me ha contado mi madre que se te ha escapado la novia, ¿no?

Claro, si es que Lorena... Lorena es una jipi.

Pero es una jipi de alto "standing".

Así que tú no te preocupes, ¿sabes?

En cuanto a esta se le acabe la pasta,

verás, vuelve para acá y te vuelve a reclamar amor.

Tengo mucho lío, hablamos en otro momento.

¿Eh? Ah, vale.

¿Vas a dejar eso ahí?

Sí.

¿Hay algún problema?

Eh... No, aparte de que está en medio del pasillo

y dificulta el acceso al puesto, ningún problema, no.

Bueno, tampoco es para tanto.

Está dentro de los límites de mi puesto también, ¿no?

Perdón, no es por meterme donde no me llaman, pero...

Todo lo que sobresalga de los mostradores

es considerado zonas comunes.

Otros puestos lo tienen y nadie ha dicho nada.

Pero es que ninguno es

tan grande y tan feo como este. Bueno, a ver.

Eso ahí

no se puede quedar.

Más feo o más bonito me ha costado lo mío, se queda.

Si alguien tiene algún problema,

que vaya a poner una queja a la Asociación de Comerciantes.

A Elías, ¿no?

Que eres muy lista tú, ¿no?

El que te estás tirando te va a llevar la contraria.

Mira, para tu información, no necesito que nadie me proteja.

Bueno. Y me gano el pan con mi trabajo.

Ya te digo yo cómo te lo ganas. ¿Qué has dicho?

Lo que has oído. No.

¿Qué has dicho? Oye, chicas, por favor.

Carmen.

Se va a quedar ahí.

Ya os podéis hacer a la idea.

Ya veremos. Vale.

Muy bien, mejor, vete.

Es increíble.

Así que ahora estás con el enemigo.

No sabía que había una guerra.

Da igual.

Pensaba que podía contar con tu apoyo.

¿Con mi apoyo para qué?

¿Para dejar ese trasto en medio?

No me refiero a eso, Jorge.

En este mercado, todo el mundo me odia, ya has visto.

Y, sinceramente,

soy libre para tomar mis propias decisiones

y nadie tiene que juzgarme.

Sí, sí, tienes razón.

Y no te juzgo por ello.

Pero ¿de qué te sirve ser libre si luego coges el peor camino?

Celia, tenías opciones.

Y decidiste lanzarte a los brazos de Elías, genial.

Mira, me equivoqué.

No sé dónde tenía la cabeza, pero ya está hecho.

Y lo hecho hecho está.

Ya. ¿Sabes lo más curioso?

Que ese carácter del que presume no es más que fachada.

¿A qué te refieres?

Pues que parece que, en la cama, sin pastillas no hay Elías.

Sí, ya lo sé, me lo dijo él mismo.

Lo que pasa es que...

Bueno, conmigo nunca las necesitó.

Nunca.

¡Hola! ¿Tiene un minuto?

¿Sabe cuánto se invierte... -No.

-...en el medio ambiente?

-Toma, para ti, por las molestias.

Y vete, que está la señora Pazos esperando.

¡Venga!

-Lleva esperando toda la tarde.

Lo mismo se la encuentra momificada.

-Niño, un poco de respeto por los clientes, ¿no?

-Sí, respeto, sí.

Justo el que has tenido tú

cuando te has ido tres horas y has venido sudado, ¿no?

A saber qué estarías haciendo. -Cosas mías.

-Cosas tuyas y de tu novia, querrás decir.

Que ya tienes una edad

para andar haciendo el salto del tigre, ¿no?

Te me vas a quedar en el sitio.

-¿Tú qué sabrás? (JONA RÍE)

-Te sorprenderías de lo bien que funciono todavía.

-Uh... -No estaba con Valeria, estaba solo.

Pero iba pensando en ella. -Bueno.

Tampoco hace falta que me des detalles, ¿eh?

-Estaba por el campo, "atontao". -Ya.

¿Y qué se te ha perdido por el campo? -Bueno.

Tenía que pensar.

Y caminando se me ha echado la tarde encima.

-Ya, y por eso has llegado así sudado, ¿no?

Cansado de pensar, imagino.

-Pero he llegado a una conclusión.

-¿A qué conclusión?

A que los lichis no tienen salida. Si te lo había dicho yo.

-Te daba yo a ti lichis.

No, de que estoy harto de que mis hijos solo vayan a lo suyo

y no piensen en su padre.

Bueno, ni en su padre ni en nadie.

-Ya.

¿Qué tiene que ver eso con Valeria?

-Pues tiene que ver que es la única que no me ha fallado.

Le voy a pedir que se case conmigo.

Jorge.

Han llamado del Ayuntamiento, van a inspeccionar la cubierta.

Venga ya.

En cuanto vean cómo está el tejado, se acabó.

Nos meterán una multa, y espera que no clausuren el Mercado.

(JONA) "¿Qué dices, Jesús?".

Es un notición, enhorabuena.

Son palabras mayores. -¡Eh! Ya lo sé.

-El capo De la Cruz con la madre de las Pachecas.

La que se va a liar.

-¿Te callas? Se van a enterar todos antes que ella.

-Pero ¿todavía no se lo has dicho? ¿Cuándo se lo piensas decir?

Le habrás comprado un buen anillo, digo yo, ¿no?

-Pues la verdad es que no le he comprado nada.

-¿En serio, Jesús?

¿Y cómo se lo vas a decir, por carta?

Anda, anda, tira para la joyería

y cómprale un buen pedrusco. -Eh...

Déjame, déjame, que no sé para qué te cuento nada, ¿eh?

Y, como te vayas de la lengua, te la corto

y hago una brocheta con ella. -Tranquilo, no diré nada, pero...

Mantenme al día de las negociaciones.

Lo digo por si me tengo que pedir el día libre y tal.

Pirata. -Una leche te daba yo.

-Sí, y dos. (RÍE)

¿Paolo?

Como tú también pases de mí hoy, dimito ahora mismo.

-¡Marta!

¿Qué tal?

-Pues entre mal y horrible.

En lo que va de tarde, cero socios.

-Ay, lo siento.

Es una pena que nadie entienda vuestro trabajo.

Para mí, sois héroes, ¿eh?

-Gracias, eres un encanto.

-Es que, de verdad,

me parece muy admirable

vuestra lucha por salvar el medio ambiente.

-Ya. Da gusto encontrarse a alguien tan concienciado.

-Eh... De verdad que...

Yo no entiendo cómo la gente no entiende eso,

que nos estamos cargando el planeta, porque, bueno, solo tenemos uno.

Y eso es lo más importante, ¿o no?

¿Esto qué es? -La documentación para hacerte socio.

Me dijiste que te lo tenías que pensar,

pero, escuchándote, veo que lo tienes más que claro.

-Sí, sí.

Pues... Dame el boli, va.

Qué desastre.

Nos estafan con la cubierta.

Y ahora que tenemos financiación para pagar las nuevas obras,

nos atacan con esto.

¿Sabes cuándo vendrán? No.

Con la mala suerte que tenemos, estarán de camino.

Parece que nos han echado un mal de ojo.

¿Y si no fuese mala suerte?

¿Hortuño?

Quiere acabar con el Mercado.

Todo están siendo buenas noticias para él.

Solo falta encajar una pieza.

¿A qué te refieres?

¿Cómo pudo enterarse tan rápido de la estafa del tejado?

Alguien con esa información tuvo que irle con el cuento

Alguien del Mercado, está claro.

Demasiadas casualidades, ¿no?

Qué coincidencia que justo cuando hacemos el contrato con Quiñón

salgan a la luz todos sus trapos sucios.

Y la filtración de lo del dinero de Íngrid.

Si no me hubiera llevado por el miedo,

ahora la tendríamos

y tendríamos una buena manera

de superar esto. Javier.

No te castigues.

Has hecho lo que se ha hecho otras veces,

pero esta vez se ha vuelto en nuestra contra.

Vale, y lo de la inspección ¿qué?

Muchos palos en tan poco tiempo.

Llámame paranoico, pero creo

que todo esto está coordinado.

Hortuño.

Hortuño y alguien más.

¿Cómo ha podido enterarse tan rápido de todos nuestros movimientos?

Por muchos amigos que tenga en los medios, en el Ayuntamiento,

alguien con esa información de primera mano

tiene que estar ayudándole.

Sí, sé por dónde vas y no me va a gustar nada.

Tenemos un topo dentro.

A veces, la explicación más sencilla suele ser la más acertada.

El primer nombre que se te viene a la cabeza es tu topo.

Elías.

¿Quién sino? Ya lo pensamos, pero lo descartamos.

Si el Mercado se va a pique, él es el más perjudicado.

No si alguien por otro lado le está llenando los bolsillos.

(SUSPIRA) No sé.

Estamos acusando a alguien solo con suposiciones.

Y da la casualidad de que ese alguien es Elías,

a quien no soportas.

¿Qué pasa? ¿Ahora te cae bien?

¿Lo ves? Es nombrarlo y ya te pones a la defensiva.

Mira, necesito un poquito de aire, ¿eh?

¿Damos una vuelta?

Algo se nos ocurrirá.

He estado dándole vueltas a la cabeza.

Y creo que podríamos hacer

algo como lo de las frutas, pero con flores.

Y que la gente pueda hacerme encargos

en la web de la floristería.

Me parece muy guay. ¿Sí?

Sí. ¿Entonces me vas a ayudar?

Me gusta verlo con perspectiva.

Prefiero reflexionar. No.

Lo que tú haces no es reflexionar, lo que tú haces es dimitir.

No luchas por lo que te gusta, te quedas en la barrera.

Y no lo haces por prudencia,

lo haces porque eres... Cobarde.

-Que yo tengo como principio de no salir con nadie del Mercado.

-Mira, si no te gusto,

me lo dices. -No, que me gustas.

-Esa excusa me parece chorra. -No es excusa.

-La semana que viene estaré en Santa Isabel, ¿te llamo?

-Tu madre va a seguir tomando los antibióticos.

Aunque no lo sepa.

-Certificado literal de nacimiento.

No, te has confundido de sobre, esto es para tu gestor.

-¿Cómo va a ser para el gestor?

Aquí tienes todo lo que necesitas para casarte.

-¿Casarme? ¿Con quién?

-Nacho, ahora, cuando te has dado la vuelta,

te ha dado un repasito.

-¿Nacho? ¿Qué dices? -Sí.

-Jonathan, por favor. -Que lo he visto.

No me lo imagino. -Si pasa de mí, Jonathan.

Me quiere quitar de en medio, a la presentación no me deja ir.

Oye, ¿y tu amiga? -¿Qué amiga?

-¿No estamos esperando...? ¿Cómo se llama?

-¡Hola! Ya estás aquí. -Hola.

Mercado Central - Capítulo 106

24 feb 2020

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