Vidas fantasiosas en Marte, negocio lucrativo y destrucción de la Tierra
Noticia
- New Space podría desplegar más de 100.000 satélites de aquí a 2030 con el consiguiente daño a los ecosistemas
- Este miércoles, “Los nuevos cowboys del espacio”, a las 20:00 en RTVE Play y a las 00:15 en La 2 de TVE
La nueva industria privada espacial, New Space, ve el espacio como la próxima frontera de la humanidad y una solución rentable ante los recursos limitados del planeta. En este documental de Documentos TV, “Los nuevos cowboys del espacio” prometen vidas placenteras en otros planetas con el fin de enmascarar el objetivo que persiguen, que no es otro que la industrialización del espacio. Científicos y activistas denuncian esta colonización espacial que se lucra amparando una gran paradoja: vende la idea de la supervivencia interplanetaria de la humanidad, mientras destruye el único planeta habitable que se conoce.
El cebo del negocio: ¡Todos a Marte!
Desde sus orígenes, los relatos siempre han venido acompañando a la conquista del espacio. En el siglo XXI, la colonización privada del espacio y la industria que la lleva a cabo alimentan la narrativa apocalíptica que acelera la destrucción de la Tierra. Esta industria tiene un nombre: New Space e inversores globales, startups tecnológicas y empresarios adinerados como Elon Musk o Jeff Bezos que operan con sus compañías SpaceX y Blue Origin, respectivamente.
SpaceX presenta la ciudad de Starbase, en Texas, como la puerta de entrada a Marte ©RTBF, ARTE GEIE, Les Films de la Passerelle, Découpages
Todos promueven desde New Space la idea de que, para finales de siglo, la humanidad se habrá convertido en una civilización interplanetaria con millones de personas viviendo en colonias autónomas en la Luna, Marte y en enormes estaciones espaciales en órbita. “Queremos que “Star Trek” se haga realidad”, dice Elon Musk a un público entregado a su discurso que, para cualquiera, hasta hace poco tiempo, hubiera sido pura ciencia ficción.
Los expertos coinciden en que gran parte de esta narrativa no es más que una fantasía perpetuada por los defensores de la colonización espacial que esconde una realidad inmediata, la de capitalizar la órbita terrestre.
“La revolución espacial está impulsada por dos fenómenos: la disminución del coste de acceso al espacio y la hiperconectividad de nuestras sociedades que cada vez demandan más datos”, explica el físico y especialista de New Space, Raphaël Chevrier.
En aras de esa conectividad rápida y global, New Space, a través de Starlink, la red de satélites de Elon Musk, está desplegando ya miles de satélites. Y ponerlos en órbita exige un auge en la producción de cohetes, así como un crecimiento en las plataformas de lanzamiento, según expone el especialista en Política Espacial de la Universidad de Ámsterdam, Enrike Van Wingerden.
Es un mercado muy lucrativo. Estados Unidos ha autorizado a SpaceX a realizar hasta 25 lanzamientos de su cohete Starship al año, cinco veces más que antes. A principios de 2026, la empresa también revisó al alza sus ambiciones orbitales con el fin, según afirma la compañía, de apoyar el desarrollo de la inteligencia artificial. Para ello, desplegará un millón de satélites.
“SpaceX y Elon Musk han decidido que crear vida en un planeta muerto justifica destruir la vida que tenemos aquí“
“SpaceX y Elon Musk han decidido que crear vida en un planeta muerto justifica destruir la vida que tenemos aquí”, denuncia Bekah Hinojosa, activista medioambiental y residente de Brownsville. En esta pequeña ciudad, al sur de Texas, se ha instalado una de las plataformas de SpaceX que ha cambiado, en los últimos diez años, la vida de sus habitantes y sus espacios naturales para siempre. “Cada lanzamiento de cohete es una catástrofe”, cuenta Hinojosa. Brownsville se ha convertido en la zona de prueba de una plataforma de lanzamiento de grandes cohetes de una potencia enorme.
La presencia de SpaceX supone una amenaza para la fauna y la flora del sur de Texas ©RTBF, ARTE GEIE, Les Films de la Passerelle, Découpages
Daños colaterales
Esta nueva y ambiciosa conquista espacial no para. Si en 2005 se llevaron a cabo 50 lanzamientos de cohetes, en 2025, se lanzaron más de 320, impulsados por SpaceX, pero también por China, el gran rival espacial de Estados Unidos. La contaminación generada por este frenesí espacial sin precedentes altera directamente la atmósfera, la capa de ozono y el clima. También y, especialmente, afecta a la propia humanidad. “Starlink vino con esta idea de poder desarrollar una megaconstelación de satélites en órbita de alrededor de 42.000”, subraya Ángel Otarola, investigador del Observatorio Europeo Austral.
Desde el Observatorio del Cerro Paranal, en Chile, Otarola alerta de la gran contaminación lumínica que provocan estos satélites y cómo pueden alterar las observaciones astronómicas. “Mantener los cielos oscuros, mantener la posibilidad de observar a simple vista el universo, es un bien común”, reclama el científico.
Las constelaciones de satélites suponen una amenaza para la astronomía ©RTBF, ARTE GEIE, Les Films de la Passerelle, Découpages
Contaminación lumínica, aumento significativo de la basura espacial por el exponencial crecimiento de satélites orbitando, contaminación atmosférica debido a la proliferación de lanzamientos de cohetes y amenazas y riesgos continuados para la población próxima a los lugares de lanzamiento no son más que un puñado de razones para frenar esta colonización espacial.
“Creo que la actual carrera espacial no responde a una verdadera necesidad humana, sino más bien al deseo de algunos por ganar cada vez más dinero”, sentencia el criador sami de renos, Ol-Johan Sikku, desde Kiruna, la localidad más septentrional de Suecia. Hace un par de años se instaló aquí la primera base de lanzamiento orbital en el continente europeo y, desde entonces, Ol-Johan y sus vecinos han perdido la paz que se respiraba en estas tierras samis al borde del círculo polar ártico.