Los satélites se concentran en unas pocas manos privadas: un 'cohete' para la innovación, un riesgo para los Estados
- Así lo advierte la OCDE en un informe sobre la nueva economía del espacio y recomienda más regulación
- El despliegue masivo en la órbita aumenta también el peligro de colisiones entre objetos espaciales
Les ha podido pasar este verano: una noche oscura y clara, perfecta para ver estrellas y, de pronto, una sucesión de puntos brillantes dibuja una línea recta en el cielo. No son perseidas ni una invasión extraterrestre, son los satélites de Starlink. La compañía de Elon Musk, dentro del grupo SpaceX, provee internet en todo el mundo y es la punta de lanza de este sector de la nueva economía espacial, cada vez más en manos de capital privado.
El paso de los satélites Starlink de SpaceX en los cielos de Sanliurfa, Turquía, el 4 de mayo de 2023 Arda Kucukkaya/Anadolu Agency via Getty Images
En 2025, los operadores privados lanzaron el 88% de los satélites, frente al 23% de 2010, según revela un informe publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que advierte a las administraciones públicas de los riesgos de la saturación de la órbita, del exceso de desechos espaciales y de la concentración de la tecnología en unas pocas empresas con intereses particulares.
Esto último es importante en tanto que hablamos de servicios que no pueden sustituirse fácilmente y participan en necesidades críticas para la sociedad, como la energía, las comunicaciones o la producción de alimentos.
Así, cerca del 20% del producto interior bruto de algunas economías avanzadas, como Reino Unido, está respaldado por servicios habilitados por satélite, apunta la OCDE, sin olvidar la observación espacial para las predicciones meteorológicas y, cada vez más, para la prevención y control de los incendios, para monitorear los efectos del cambio climático, etc.
Cuatro empresas y dos países dominan la economía espacial
Pero antes de entrar en los riesgos, ¿de qué hablamos cuando hablamos de "concentración"? Detrás de la amplia mayoría de los lanzamientos orbitales cada año están solo cuatro empresas y dos países.
En 2025, las compañías SpaceX, China Aerospace Science and Technology Corporation (CASC), Rocket Lab y Roscosmos representaron conjuntamente más de cuatro quintas partes de los lanzamientos mundiales, con la de Elon Musk acaparando aproximadamente la mitad. Su constelación Starlink supone alrededor del 60% de los satélites activos en órbita en 2025, con una rápida expansión que continúa este año.
En consecuencia, Estados Unidos se anota más de la mitad de los lanzamientos anuales y casi nueve de cada 10 de los objetos puestos en órbita, muy por delante del siguiente en cabeza, China (con el 28% y el 8,4% en cada estadística).
Con todo, los gobiernos siguen siendo el motor fundamental de la economía del espacio, por sus inversiones civiles y, crecientemente, militares. Por ejemplo, Estados Unidos ya dedicó a seguridad y defensa casi la mitad de su presupuesto espacial en 2025.
Además, cada vez más países promulgan normativas espaciales para regular la comercialización, como recomienda la OCDE. Pero, ¿qué deben tener en cuenta esas leyes?
El economista Chris Doyle, profesor visitante en la London School of Economics y director asociado de KPMG en Reino Unido, concluye en un artículo académico que demasiados incentivos a la industria pueden llevar a un "despliegue excesivo de satélites", al tiempo que algunos desincentivos no mejoran los problemas de competencia.
La saturación del espacio y el riesgo de colisiones
En ese sentido, el informe de la OCDE describe una tendencia a fusiones de empresas que, aunque aumenta la concentración del mercado, también facilita la innovación del sector. Por ejemplo, señala, son precisamente las empresas estadounidenses y chinas las únicas que han conseguido desarrollar cohetes reutilizables, que permiten a las naves aterrizar de forma segura y reducen sustancialmente los costes de los lanzamientos.
Este tipo de innovaciones que reducen los costes están permitiendo un despliegue masivo de satélites, de hasta casi 15.000 en órbita a mediados de 2026. Pero, además, existen proyectos que elevan potencialmente esa cifra hasta más de dos millones. "Es probable que solo una fracción llegue" a lanzarse, reconoce, no obstante, la OCDE.
En todo caso, "con un número cada vez mayor de satélites en el espacio, especialmente las megaconstelaciones en órbita terrestre baja, los riesgos de colisión están aumentando", advierte el economista Doyle, que explica que los dispositivos incorporan programas informáticos que anticipan los choques y maniobran para evitarlos.
No obstante, añade, esa gestión es costosa y exige una "cuidadosa coordinación entre los operadores que compiten": "No gestionar estos riesgos puede conducir a una reacción en cadena de desechos, lo que podría hacer que el espacio sea peligroso y desencadenar el síndrome de Kessler", concluye, en referencia a la teoría que apunta a una cascada de choques, como en efecto dominó, de los objetos espaciales.
Según el informe de la OCDE, se monitorean regularmente cerca de 46.000 objetos de basura especial y existen más de 140 millones de fragmentos demasiado pequeños para ser rastreados.
Las empresas pioneras prosperan con la falta de competencia
En la otra cara de la moneda, como avanzábamos, están los problemas de competencia y el excesivo poder de unas cuantas empresas privadas en una industria estratégica para las comunicaciones, la defensa, etc.
De acuerdo con los investigadores Alessandra Vecchi y Louis Brennan, esto no es un 'daño colateral' para las empresas pioneras, sino una "estrategia deliberada" para afianzar su ventaja e impedir que surjan rivales. "Una vez que los gobiernos, las agencias de defensa o los operadores de aviación adoptan Starlink, resulta cada vez más difícil migrar a proveedores alternativos sin incurrir en riesgos o costos inaceptables", ejemplifican en un artículo académico publicado en el Journal of Industrial and Business Economics.
Para corregirlo, la OCDE pide vigilar las dependencias y las decisiones de contratación pública y aboga por la interoperabilidad o la diversificación de proveedores. "Los países seguirán compitiendo en el espacio, pero también comparten un interés común en preservar un acceso seguro, sostenible y fiable al espacio en beneficio de la economía, la ciencia y la sociedad", concluye.