Enlaces accesibilidad

Elon Musk, el más excéntrico de los tecnoligarcas está a punto de convertirse en el primer trillonario

  • La salida a bolsa de Space X puede hacer que su fortuna, la mayor del planeta hoy, escale hasta el billón de dólares
  • Fundó PayPal con Peter Thiel, exponente de la facción ultraconservadora de Silicon Valley y figura clave en su biografía
Elon Musk celebra el lanzamiento de un cohete de Space X
Elon Musk celebra el lanzamiento de un cohete de Space X EP/ Paul Hennessy
I. P. Chávarri

Elon Musk es desde 2022 la persona más rica del mundo. Tiene una fortuna de 800.000 millones de dólares que con la salida a bolsa de SpaceX, también la mayor de la historia, podría escalar y situarse en un billón. Si se cumple el pronóstico, el también dueño de Tesla y de la red social X, se convertirá en el primer trillonario del planeta, pero más allá de las cifras y de los hitos, el gran poder de Musk reside en lo que encarna: paradigma de los tecnoligarcas de Silicon Valley que consideran que el mundo está (o debería estarlo) a su merced.

Protestas a las puertas del Nasdaq contra la salida a bolsa de Space X

Protestas a las puertas del Nasdaq contra la salida a bolsa de Space X EFE/EPA/OLGA FEDOROVA

Describir la figura de Musk no es sencillo. Es una figura camaleónica, como lo describe Quinn Slobodian, historiador y coautor del libro Muskismo: Elon Musk y la nueva era posliberal (Editorial Taurus), en un artículo publicado en The New Statesman. Capaz de hablar con “dulzura” e “ingenuidad” de cuestiones técnicas y al instante encadenar varios mensajes en X para acusar al primer ministro de Reino Unido, Keir Starmer, de ser cómplice de una violación o lanzar proclamas racistas. 

La historia de Musk se podría resumir como la de un emprendedor que a finales de los 90 consiguió hacerse un hueco en las empresas de tecnología de Estados Unidos y que con el estallido de la pandemia y tras una serie de vivencias personales decidió saltar a la política de la mano de Donald Trump, pero sería simplificar mucho. Muchísimo. 

Musk, de 56 años, nació y vivió en la Sudáfrica del Apartheid hasta los 17. Su infancia no fue nada sencilla. Su padre le maltrató. En más de una ocasión, según cuenta su biógrafo,Walter Isaacson, le obligó a ponerse de pie, enfrente de él, mientras le insultaba y gritaba. Podía tenerlo así una hora. También fue víctima de acoso escolar.

Estudió Economía y Física en la Universidad de Pensilvania, uno de los centros de la Ivy League, la red que agrupa a las universidades más prestigiosas y elitistas de Estados Unidos. Con el inicio del siglo XXI y al calor de la burbuja de las puntocom, entró en el mundo tecnológico con la creación de dos empresas. Una de ellas era X, un banco en línea y germen de PayPal, compañía que fundó con Peter Thiel.

Donald Trump y Elon Musk en un mitin de la campaña del presidente de EE. UU.

Donald Trump y Elon Musk en un mitin de la campaña del presidente de EE. UU. EFE/EPA/WILL OLIVER

Thiel, dueño del gigante militar Palantir, es una figura clave tanto en la biografía de Musk como en la de otros muchos tecnoligarcas. Está considerado el ideólogo del tecnoautoritarismo y representa la facción ultraconservadora de Silicon Valley. El empresario está convencido de que la democracia y la libertad son incompatibles y propugna que tendría que ser una élite la que gobernase sin someterse a los resultados de unas elecciones. Thiel fue el primero en apoyar a Trump. Lo hizo en 2016, cuando muy pocos en las grandes firmas tecnológicas estaban dispuestos a significarse del lado del republicano. 

Musk siguió emprendiendo y fundó SpaceX en 2002 y compró Tesla en 2004. Sus excentricidades le empujaron, entre otras cosas, a lanzar en 2018 uno de sus coches al espacio. Pero la adquisición más cuestionada fue la de Twitter. Se hizo con la red social en 2022 y la rebautizó como X. Cambió el algoritmo para la promoción de contenidos alineados con sus ideas, suprimió a los moderadores que luchaban contra la desinformación y creó Grok, la IA que más escándalos ha acumulado, pero lo más polémico acabaron siendo los mensajes que, a veces con ritmo frenético, ha publicado. Sobre todo aquellos destinados a desestabilizar los gobiernos y las democracias europeas. 

Javier Milei entrega una motosierra a Musk, símbolo de los recortes en Argentina y EE. UU.

Javier Milei entrega una motosierra a Musk, símbolo de los recortes en Argentina y EE. UU. EFE/EPA/WILL OLIVER

El desembarco de Musk en la política estadounidense (y mundial) se coció durante la pandemia. Si hasta entonces él mismo se había definido con un ambiguo “demócrata moderado”, las restricciones que la mayoría de gobiernos adoptaron para frenar los contagios de covid provocaron en él una fuerte animadversión. El empresario no dudó en tachar de “fascistas” el cierre de los colegios y otras medidas, y su discurso se fue radicalizando. En 2022, uno de sus 14 hijos transicionó y cambió su nombre al de Vivian Jenna Wilson. Musk asegura desde entonces que el “virus woke” le arrebató a uno de sus vástagos. 

Ese cóctel le hizo virar y el atentado que Trump sufrió en el verano de 2024, cuando un francotirador intentó asesinarle mientras daba un mitin en Butler, Pensilvania, le empujó a apoyar sin ambages al republicano. Musk donó un total de 277 millones de dólares a la campaña del presidente de EE. UU. No sólo eso, usó X para favorecer a Trump y este le agradeció todo su apoyo con un cargo de confianza en su Administración, responsable del Departamento de Eficacia Gubernamental (DOGE). El empresario realizó un saludo fascista en el discurso que pronunció para celebrar la investidura de Trump.

Durante los primeros meses del segundo mandato del dirigente estadounidense, Musk se dedicó a, acompañado de uno de sus hijos y de la niñera de este, visitar algunas de las agencias federales del Gobierno de Estados Unidos para despedir sin ningún miramiento a los funcionarios. Irónicamente, tenía la misión de supervisar varias de las agencias que debían vigilar a sus empresas. 

De esos meses son las fotos de él y su hijo en el Despacho Oval, junto a Trump. También la instantánea del Tesla que se compró el presidente de Estados Unidos, aparcado en la Casa Blanca. Otro ejemplo más de que en entre el republicado y su exasesor no hubo nunca ninguna frontera que separase el cargo público y el interés propio. 

Elon Musk y uno de sus hijos

Elon Musk sale del Capitolio acompañado de su hijo EFE/EPA/WILL OLIVER

A finales de mayo de 2025, tras cinco meses de aventura en la política estadounidense, Musk, que ha reconocido que consume ketamina, dejó su cargo al frente del DOGE. Hubo algún tira y afloja entre él y Trump, con cruce de reproches incluido por los archivos de Epstein, aunque finalmente firmaron la paz. Ahora, si se cumplen los pronósticos con la salida de Space X a bolsa se convertirá en el primer trillonario del planeta. Según cálculos de Oxfam Intermón, con un billón de dólares, aunque se gastase un millón al día, tardaría 2.740 años en agotar toda su fortuna.

Pero Musk no sólo concentra una inmensa fortuna, gracias a sus empresas y aunque ya no forme parte de la Administración de EE. UU., su poder es incontestable. Por ejemplo, la red de satélites de Starlink, una de las divisiones de SpaceX, se ha convertido en una infraestructura clave en la guerra que libran Rusia y Ucrania. Gracias a estos el Ejército ucranio tiene asegurada la tecnología necesaria para desarrollar operaciones con drones. Así es como un empresario privado se ha transformado en un actor crucial de la geopolítica.