Keir Starmer, el líder laborista que se alejó del laborismo
- Keir Starmer anuncia su dimisión como primer ministro y líder de Laborismo tras las presiones dentro de su partido
- No ha sabido llenar las expectativas de una mayoría social que depositó en él sus esperanzas de salir de la crisis
Keir Starmer llegó al poder en 2024, poniendo fin a 14 años de gobiernos conservadores y con una de las mayorías parlamentarias más amplias de la historia reciente del Reino Unido. Pero, menos de dos años después, ha anunciado este lunes su dimisión como primer ministro del Reino Unido.
Starmer permanecerá en el cargo hasta que su sucesor al frente del Partido Laborista sea elegido, lo que en cualquier caso sucederá antes de que el Parlamento reanude sus sesiones en septiembre. Su renuncia coincide, además, con el décimo aniversario de referédum del Brexit, que ha sumido a la política británica en una especie de caos que se ha traducido en una sucesión de hasta seis primeros ministros. Su sucesor será el séptimo.
Las presiones para que renunciara se acentuaron tras la debacle laborista en las elecciones locales y regionales del 7 de mayo, en las que los de Starmer perdieron más de 1.400 concejales en Inglaterra, mientras que pasaron a ser la tercera fuerza en el Parlamento de Gales —considerado un feudo laborista— y perdieron cuatro escaños en Escocia, empatando en asientos con los populistas de Reform UK, grandes vencedores de los comicios.
Y, sobre todo, se agudizaron desde el pasado viernes, tras la victoria de Andy Burnham en una elección parcial en el distrito de Makerfield, al norte de Inglaterra, que le permitió lograr un escaño que, a su vez, lo habilitaba para desafiar el liderazgo de Starmer —ser miembro del Parlamento es una condición necesaria para activar un proceso de primarias—.
"La pregunta que mi partido se está haciendo ahora es si estoy en el mejor lugar para liderarlo hacia la próxima elección general. He oído la respuesta de mi grupo parlamentario a esa cuestión y la acepto de buen grado. Renunciaré como líder del Partido Laborista", ha dicho Starmer este lunes, frente al número 10 de Downing Street, al anunciar su decisión.
Y es que al contrario de lo que ocurre con Starmer, cuya popularidad se ha desplomado y sólo un 15% de los británicos apoyaba su gestión, según una encuesta de YouGov, los laboristas ven en Burnham a alguien capaz de derrotar a Reform -como hizo en Markerfield- y recuperar la confianza en el partido.
Detrás de esta caída de su popularidad está, entre otros factores, la falta de respuestas para las clases trabajadoras, que vieron en Starmer una salida a su situación. "La llegada al poder de Starmer levantó grandes expectativas en un contexto de estancamiento económico", explica a RTVE Noticias Ruth Ferrero, profesora de Ciencias Políticas y Estudios Europeos en la Universidad Complutense de Madrid. "Sin embargo, no ha habido ninguna gran reforma en términos de servicios públicos, ha mantenido una presión fiscal muy elevada y el británico de a pie no ha notado cambios sustantivos en el coste de la vida", agrega.
El propio Starmer reconoció en un discurso el 11 de mayo que sabía que alguna gente estaba "frustrada" con él. "Sé que necesito demostrarles que se equivocan y lo haré", admitió en ese discurso, un intento de aplacar a los críticos de su partido que, sin embargo, no fue suficiente.
El tiempo de Starmer en el número 10 de Downing Street se ha caracterizado, además, por una aproximación al centro —y a la derecha en cuestiones como la inmigración—, que ha culminado en una pérdida de identidad del propio laborismo.
Al analizar su figura, expertos coinciden en que Starmer, con una gran trayectoria como abogado y fiscal, ha carecido del carisma propio de los líderes políticos en tiempos de crisis.
El abogado de derechos humanos que dio el salto a la política
Keir Starmer nació en 1962 en el seno de una familia obrera en Londres, pero se crió en la pequeña población de Oxted, en el condado de Surrey. Sus padres le pusieron ese nombre en recuerdo del primer líder parlamentario laborista, Keir Hardie.
Keir Starmer junto a su esposa Victoria, saliendo de Downing Street este 13 de mayo para asistir al discurso del tey Carlos III en el Parlamento. Zeynep Demir Aslim / Zuma Press / Europa Press / ContactoPhoto Zeynep Demir Aslim / Europa Press
Su padre era empleado de una fábrica de herramientas y su madre, quien era enfermera del Servicio Nacional de Salud (NHS, por sus siglas en inglés), estaba afectada por la enfermedad de Still, una afección autoinmune. Esta situación inoculó en él una profunda gratitud a la sanidad pública.
Starmer se convirtió en el primer miembro de su familia en obtener una titulación universitaria. Se graduó en Derecho en la Universidad de Leeds y obtuvo un postgrado en Oxford. En 1987 empezó a trabajar como abogado.
La carrera de Starmer, quien está casado y tiene dos hijos, estuvo dedicada al derecho laboral y a los derechos humanos. Posteriormente pasó a desempeñarse como fiscal, llegando a ser fiscal jefe para Inglaterra y Gales entre 2008 y 2013.
Tuvo que lidiar con casos polémicos como el de las acusaciones de abusos sexuales contra el presentador de la BBC Jimmy Saville, y fue responsable de introducir varios cambios en los procedimientos en casos de abusos y agresiones sexuales para evitar los casos de impunidad y la revictimización de las denunciantes. Su trabajo en la Fiscalía le valió el nombramiento en 2014 como Caballero del Imperio británico, aunque él ha preferido no utilizar ese título.
Cercano al Partido Laborista desde su juventud, 2014 fue también el año que dio el salto a la política y uno después fue elegido diputado por la circunscripción de Holborn y Saint Pancras. Se convirtió en "ministro" para temas de inmigración en el "gobierno en la sombra" (shadow cabinet, una especie de gobierno alternativo de la oposición) de Jeremy Corbyn.
En 2016 renunció como protesta por la postura del líder del partido ante el Brexit; sin embargo, Corbyn volvió a confiar en él y le nombró precisamente ministro en la sombra para el Brexit. Starmer apoyaba la convocatoria de un segundo referéndum sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea, en el que debía considerarse la opción de "permanecer", y era contrario a una salida "dura" sin acuerdo con la UE.
Giro al mando del Partido Laborista
Corbyn anunció su dimisión como líder del partido en 2019 tras el peor resultado para los laboristas en unas elecciones en 80 años, y entre acusaciones de haber permitido las opiniones antisemitas en el partido. En abril de 2020, en plena pandemia y unos meses después de hacerse efectivo el Brexit, Starmer ganó las primarias y se puso al frente del partido y de la oposición al primer ministro conservador Boris Johnson.
Es en este momento cuando para algunos analistas se produce un giro en su manera de guiar a los laboristas. "Starmer había empezado con Corbyn y el ala más izquierdista, pero cuando se hace con el liderazgo empieza a desplazar el partido más hacia el centro", explica Ferrero.
Mientras los tories se hundían en medio de numerosos problemas –desde los escándalos de Johnson por la pandemia (el llamado partygate), la inflación, las dificultades de abastecimiento tras el Brexit, la crisis migratoria con la llegada de barcas a través del Canal y los problemas en el NHS— y los cambios de primer ministro –Boris Johnson, Liz Truss y Rishi Sunak entre 2019 y 2024— los laboristas avanzaban en cada elección parcial o local.
Una tendencia que culminó con la contundente victoria de Starmer en 2024, en la que muchos británicos depositaron sus esperanzas de que el Reino Unido pudiera reaccionar después del shock del Brexit.
Un líder sin respuestas
Pero las esperanzas depositadas en Starmer no se vieron materializadas. Y esto se debe a varios factores. Primero, porque 14 años de gobiernos conservadores "habían dejado al país en una situación económica, financiera y política muy delicada", apunta el franco-británico Francis Ghilès, investigador sénior no residente del Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB).
En medio de la crisis post-Brexit y post-Covid, los conservadores habían impuesto medidas de austeridad y una severa rigidez fiscal que estaban deteriorando la capacidad económica de los británicos. Sin embargo, Starmer optó por no reducir esa presión fiscal y por no ampliar la inversión pública. De hecho, incorporó un controvertido programa de recortes a las ayudas sociales por discapacidad y enfermedad. "Lo que ha pasado con Starmer es que en lugar de adoptar políticas netamente de izquierdas y progresistas en el plano económico, se ha subido al carro de la ola más conservadora europea", explica Ferrero.
Por su parte, el experto del CIDOB señala que, a pesar de resultar elegido con esa amplia mayoría, a Starmer "le faltó coraje" para anunciar ciertas medidas que eran muy esperadas, como por ejemplo las sociales, pero no sólo estas. El primer ministro, que había sido defensor de un segundo referéndum sobre Europa, "no tuvo el valor de decir 'queremos volver a entrar en la Unión Europea'".
A Starmer "le faltó ambición" en estos temas y también para posicionarse sobre la guerra en Gaza, algo que el analista achaca a la "falta de carisma" del líder laborista. "Starmer es un fiscal, un hombre honesto, sí, pero no un líder político". Según Ghilès, no fue capaz de tomar ningún riesgo político y "en momentos de crisis, un líder tiene que mandar mensajes fuertes y dar un poco de esperanza para el futuro".
Ferrero coincide en que ha presentado carencias evidentes en el ámbito de la comunicación y del propio liderazgo, y que en muchas cuestiones, como la relación con Europa o la situación en Gaza, Starmer "no se ha mojado", en un intento de no alejarse de posiciones centristas. Pero dicha aproximación al centro carecía de un relato propio y culminó en "una pérdida de identidad del propio Partido Laborista".
Una pérdida de identidad acentuada, si cabe, por el endurecimiento del discurso migratorio, tratando de recuperar el voto más obrerista que se ha ido a la ultraderecha populista de Reform UK, con Nigel Farage a la cabeza.
La estrategia, sin embargo, no funcionó, como se ha visto en las elecciones locales y regionales, en las que los de Farage cosecharon grandes victorias. "Por un lado, no iba a convencer nunca a los votantes de Farage, porque estos quieren algo más duro y, por otro lado, esta estrategia desmoviliza y aleja al votante progresista, que quiere una propuesta política diferenciada de la extrema derecha", considera Ruth Ferrero. Provocó fugas de voto por los dos lados, por la derecha hacia Reform UK y por la izquierda hacia los verdes y los liberales".
Y al final esto le costó su puesto. Ahora está por ver si el próximo líder británico sigue la senda centrista de Starmer o trata de recuperar a los desencantados con una propuesta más propia del laborismo.