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El laborismo lleva a Starmer al borde del precipicio tras pedir su dimisión una quinta parte de los diputados

  • Los estatutos del partido marca la celebración de primarias si un 20% de los diputados pide la dimisión
  • La debacle electoral de los laboristas en las elecciones locales elevó la presión dentro del partido
Starmer, en la cuerda floja: más de 80 diputados laboristas piden su dimisión

La presión ejercida por los laboristas ha situado al primer ministro británico, Keir Starmer, al borde del precipicio después de que al menos 82 diputados hayan pedido su dimisión. Tras la debacle electoral en las elecciones locales y regionales, el jefe del Ejecutivo se había negado a dejar el cargo, pero los estatutos del partido indican que basta superar el umbral del 20% de las solicitudes —81 parlamentarios— para forzar la celebración de primarias. Eso sí, tiene que haber alguien dispuesto a disputarle el cargo y, de momento, ningún laborista ha dado ese paso, si bien el ministro de Energía, Ed Miliband, ha comunicado a sus compañeros que está preparado para hacerlo, según informa el diario The Times.

Durante una reunión con su gabinete celebrada por la mañana, Starmer ha insistido en no dimitir, aunque para entonces ya habían solicitado su salida 78 parlamentarios. Tras meses en el alambre, los resultados del pasado jueves —cuando la ultraderecha de Reform UK se alzó como la gran vencedora— elevaron aún más la presión sobre el mandatario, que quiere evitar repetir la inestabilidad que generaron los múltiples cambios de liderazgo en el Partido Conservador.

"El país espera que sigamos gobernando", ha sostenido Starmer ante los miembros de su gabinete y ha explicado que el Partido Laborista no había puesto en marcha el citado mecanismo para contestar su autoridad. Sin embargo, cada vez son más las voces que piden al primer ministro que prepare su salida, entre ellas, las de algunas de sus principales ministros. Además, aunque por ahora no en la primera línea del Gobierno, ya se han producido las primeras dimisiones en el Ejecutivo.

La crisis en el seno del partido del Gobierno se produce a pocas horas del Discurso del Trono del rey Carlos III ante el Parlamento británico, una alocución redactada por el Ejecutivo que sirve para exponer su agenda legislativa de cara al nuevo curso parlamentario.

Dimisiones dentro del Gobierno

Starmer resiste, pero la presión no ha cesado desde el pasado viernes, con dimisiones incluidas. La última ha sido la del secretario de Estado de sanidad Zubir Ahmed, que ha anunciado su renuncia en un mensaje en X en el que ha criticado la "falta de un liderazgo basado en valores en el centro".

Antes, ha anunciado su salida la secretaria de Estado Jess Phillips, encargada de cuestiones de género e infancia en el Ministerio del Interior, que ha señalado en una carta enviada al primer ministro que "los hechos cuentan más que las palabras". Según recogen medios británicos, la diputada ha lamentado que, aunque Starmer "se preocupe" por determinadas cuestiones, "eso no es suficiente".

También ha anunciado su retirada la secretaria de Estado de Vivienda, Comunidades y Gobierno Local, Miatta Fahnbulleh, quien ha pedido al primer ministro que haga "lo correcto" y establezca "un calendario para una transición ordenada".

Una "transición ordenada"

Sus palabras recuerdan a las pronunciadas el lunes por el 'número dos' de Starmer, el viceprimer ministro David Lammy, que también animó al líder laborista a fijar un calendario para abandonar el cargo, según recoge ITV News. Hasta entonces, Lammy había defendido la continuidad de Starmer y, de hecho, tras conocer los resultados el viernes, argumentó que "no hay que cambiar al comandante en pleno vuelo". 

Starmer ya había descartado dimitir en sus dos apariciones públicas tras los comicios, pero no es ajeno a las críticas. "Tengo detractores, incluso en mi propio partido. [...] Tengo que demostrarles que están equivocados. Y lo haré", dijo el lunes en una rueda de prensa en la que anunció el camino a seguir tras el batacazo electoral.

Ese día también se produjeron varias dimisiones de asesores ministeriales, como la del asesor del Ministerio de Salud Joe Morris, o la del secretario privado de la ministra de Medio Ambiente, que alegaron no "confiar" en Starmer. También las ministras de Exteriores e Interior, Yvette Cooper y Shabana Mahmood, han solicitado a Starmer iniciar una transición ordenada para salir el poder, según medios como The Guardian.

Esa "transición ordenada" podría allanar el camino para que el alcalde de Mánchester, Andy Burnham, vuelva al Parlamento y sustituya a Starmer como líder laborista. Actualmente Burnham —apodado 'el rey del Norte'— no puede presentarse a ninguna contienda al no ser parlamentario, ya que abandonó su escaño en 2017 para convertirse en alcalde. El lunes, Starmer afirmó que correspondería al Comité Ejecutivo Nacional del partido decidir si se permitirá su regreso en una futura elección.

En enero, el partido —con el voto del primer ministro— impidió a Burnham presentarse a las elecciones parlamentarias, alegando la dificultad que supondría sustituirle en la alcaldía de Mánchester. Los nombres del ministro de Sanidad, Wes Streeting, o de la ex vice primera ministra Angela Rayner también suenan como posibles sustitutos de Starmer en el cargo.

Evitar el "caos" que provocaron los tories

Starmer llegó a Downing Street hace apenas dos años, pero su continuidad en el cargo lleva meses cuestionada y los comicios de la semana pasada fueron interpretados como una suerte de examen que el primer ministro no superó. Muy lejos de la contundente victoria cosechada en las elecciones generales de 2024, el laborismo perdió cerca de 1.500 escaños en Inglaterra y pasó a ser tercera fuerza política en Gales, un histórico feudo laborista.

Para justificar su permanencia, Starmer aludió el lunes al constante cambio de líderes del Partido Conservador en los últimos años y dijo "asumir la responsabilidad" de no marcharse. Con cuatro primeros ministros en apenas cinco años, el primer ministro acusa a los 'tories' de conducir a un "caos que causó un daño duradero" en el Reino Unido. "Los laboristas no le haremos eso al país", dijo el jefe del Gobierno.

Ese día, Starmer también cargó contra el Brexit, apostó por una relación más cercana a la Unión Europea y anunció otras medidas como la nacionalización de British Steel, la mayor siderúrgica de las que sobreviven en Reino Unido. Sin embargo, su discurso no sirvió para aplacar la rebelión que se organizaba en las filas de su formación.

El primer ministro laborista llegó al poder con el principal reto de atajar la crisis del coste de vida en el Reino, pero la mayoría de los británicos no apoya su gestión en estos dos años de mandato y el líder laborista ha visto caer su popularidad. Según la última encuesta de YouGov, el 70% de los encuestados valora su gestión al frente del Ejecutivo como "mala".