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La Unión Europea y Australia sellan un acuerdo comercial presionados por la agresividad de Trump

  • Bruselas trata de evitar una nueva revuelta del campo con cuotas a la entrada de más productos agrícolas australianos
  • Europa tendrá un mejor acceso a las materias primas que necesita frente a las restricciones de China
La Unión Europea y Australia sellan un acuerdo comercial, firmado por Anthony Albanese y Ursula von der Leyen en Canberra
El primer ministro australiano, Anthony Albanese, y la presidenta de la UE, Ursula von der Leyen, este martes en Camberra. REUTERS / LUKAS COCH /AAP
DAVID VIDUEIRO (CORRESPONSAL DE RNE EN BRUSELAS)

En octubre de 2023, las conversaciones entre la Unión Europea y Australia naufragaron. Este país exigía colocar más toneladas de carne de ternera en el mercado europeo. Sin embargo, el año pasado las dos partes retomaron las conversaciones empujadas por los impredecibles vaivenes comerciales de Donald Trump. Dos territorios en las antípodas se han acercado para capear mejor un contexto mundial más agresivo y la visita a Camberra de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha permitido sellar un pacto comercial cuyas primeras negociaciones se remontan a 2018, durante la primera presidencia de Trump.

El pacto supone eliminar los aranceles a casi la totalidad de los productos europeos, con la destacada excepción del acero. Bruselas calcula que las empresas de la UE se ahorrarán unos mil millones de euros al año y, en una década, sus exportaciones aumentarán en un tercio. La industria química, de la alimentación y de los automóviles estarán entre los principales beneficiados de este acuerdo. Por ejemplo, vino y bebidas espirituosas, azúcar, chocolate, alimentos procesados, algunas frutas y vegetales verán cómo sus aranceles se reducen a cero desde el primer momento en que el pacto comercial entre en vigor. Para el queso, la retirada de aranceles será gradual y habrá que esperar tres años.

Bruselas no ha podido eliminar el impuesto a los vehículos de lujo vigente en Australia y que afecta a varias marcas europeas, pero sí se elevará el umbral y se espera que esto permita un crecimiento de las exportaciones de coches eléctricos europeos. El apretón de manos con Australia también se notará en la inversión, que se incrementará en un 87%, según Bruselas. El acuerdo facilitará que las empresas europeas presten servicios en aquel país e incorpora cláusulas para dificultar su discriminación en licitaciones y concesiones.

Salvaguardas y cuotas para tranquilizar al campo

La Comisión es consciente de que este acuerdo no va a gustar a buena parte del sector primario europeo. Entre muchos agricultores y ganaderos cunde la sensación de que ellos son sacrificados para lograr que la industria aumente sus exportaciones. Unas críticas que se exteriorizaron durante sus protestas contra el acuerdo con los países de Mercosur y que la Comisión pretende neutralizar ofreciendo desde el principio cuotas a la entrada de productos agrícolas australianos. La carne de ternera provocó el fracaso de las anteriores negociaciones.

Esta vez, el acuerdo permite la entrada en Europa de hasta 30.600 toneladas, a medio camino entre lo que quería Australia y la Comisión. Apenas un 0,5% del consumo de ternera en Europa. También habrá límites similares para el arroz, los productos lácteos y el cordero.

En paralelo, Bruselas intenta tranquilizar al campo europeo recordando que podrá introducir medidas de salvaguarda durante los siete primeros años de aplicación del acuerdo si se produce un aumento significativo de la entrada de productos australianos que dañe a los sectores locales. La Comisión pretende así sortear una tortuosa negociación para aprobar este acuerdo, que aún debe lograr el visto bueno del Parlamento y de los gobiernos. Aquellos países con un mayor peso del sector primario, caso de Francia, Polonia o Irlanda, podrían dificultar su aprobación, como ya ha ocurrido con el pacto comercial con Mercosur.

Un capítulo aparte es el de las indicaciones geográficas protegidas, motivo de controversia en las negociaciones ya que en Australia viven muchos descendientes de europeos y se han consolidado muchas de las denominaciones comunes en el Viejo Continente. Las empresas australianas podrán seguir usando muchas de ellas, pero Europa ha logrado blindar 261 denominaciones de bebidas y 165 de alimentos, entre los que se encuentran el queso manchego y el vino de Jerez.

Un acuerdo comercial... y geopolítico

La supresión de aranceles es el elemento más visible de este acuerdo comercial con Australia, pero Europa también se ha acercado a este país para garantizarse un mejor acceso a sus materias primas críticas. Traerlas al continente será más barato gracias a la bajada de aranceles y el texto también prohíbe que el Gobierno australiano apruebe restricciones a su exportación, lo que dará la estabilidad y predictibilidad que busca Europa frente a las recientes limitaciones que ha impuesto China.

En definitiva, la UE busca en Australia un aliado fiel que le garantice nuevos mercados frente a los problemas que encuentran las empresas europeas en Estados Unidos y todo esto intentando no caer en el abrazo del oso de China. "Aunque la UE y Australia estén geográficamente muy alejadas, no podríamos estar más cerca en cuanto a nuestra visión del mundo", ha afirmado Von der Leyen al presentar este acuerdo junto al primer ministro australiano, Anthony Albanese.

El documento sellado con Australia sigue la estela de los firmados recientemente con la India y los países latinoamericanos de Mercosur. Von der Leyen insiste en que este es el modelo de Europa, que contrapone (sin decirlo) a la agresividad comercial de Trump y Albanese comparte esta visión: "Esto manda al mundo el mensaje de que es posible seguir las reglas y comprometerse de tal manera que las dos partes salgan ganando".

Las dos partes han iniciado negociaciones para que Australia pueda participar en el programa de investigación Horizon Europe a partir de 2027 y han firmado un pacto para colaborar en defensa, tecnología, seguridad marítima y amenazas híbridas. "Europa y Australia comparten una responsabilidad más allá de sus fronteras. Sabemos que la seguridad de Europa y la estabilidad del Indopacífico no son conversaciones separadas", concluye Von der Leyen.