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Pista Mundial

Suiza - Bosnia, duelo de equilibrio y competitividad en la mejor tradición europea

Kolasinac y Buchanan disputan un balón suelto
Bosnia y Suiza buscan desanudar uno de los grupos más igualados del Mundial 2026 AFP

Lejos de la exuberancia de Canadá o el exotismo de Qatar, sus rivales del grupo B en este Mundial 2026, Suiza y Bosnia exhiben este jueves en Los Ángeles la mejor tradición futbolística europea: dos equipos competitivos y correosos, que llevan siempre al límite al contrario, conceden muy poco y aprovechan al máximo sus virtudes futbolísticas. De hecho, Bosnia y Herzegovina encadena nueve partidos invicta en todas las competiciones, aunque los últimos seis hayan sido empates, mientras que Suiza cerró sin derrotas la fase de clasificación.

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Por si fuera poco atractivo, el premio que ofrece el partido es muy jugoso: los dos empates a uno registrados en la primera jornada de este grupo hacen que una victoria sea suficiente para garantizar la clasificación a la fase de eliminatorias (RTVE, a las 21:00 horas).

Bosnia y Herzegovina estuvo muy cerca de amargarle el debut mundialista a Canadá gracias a la cabeza de Jovo Lukic, un espigado delantero centro al que sus compañeros buscaban en largo con insistencia y que anotó tras un córner peinado en el primer palo. Y es que el juego aéreo es una de las principales armas de los bosnios, que cuentan con la plantilla de mayor altura de todo el mundial, con 1,87 metros de media, aunque les siguen de cerca noruegos y suecos.

Además de Lukic, que mide 1,90 metros, los bosnios cuentan en la delantera con el incombustible Edin Džeko, que levanta 1,93 metros, y con Haris Tabaković, otra torre que alcanza los 1,96 metros. En cualquier caso, Suiza también está entre las selecciones más altas del torneo y podría alinear a Aurèle Amenda, un joven central de 1,94 que no tuvo minutos en el primer partido, pero que seguro sería una buena forma de contrarrestar la amenaza aérea bosnia.

El seleccionador suizo, Murat Yakin, parece apostar por el momento por alinear a jugadores más contrastados, en un plantel que cuenta con sobrada experiencia: hasta 17 de los 26 jugadores de Suiza ya estuvieron en el anterior mundial y la media de edad del once titular contra Qatar fue de 29,6 años, con solo tres jugadores por debajo de ese umbral de los 29 años: Dan Ndioye (25 años), Rubén Vargas (27) y el portero, Gregor Kobel (28).

Por el contrario, Bosnia es una de las selecciones más jóvenes del torneo, con una plantilla que promedia 25,9 años. Si a eso se le suma que tan sólo dos jugadores, Edin Džeko y Sead Kolašinac, estuvieron en su hasta ahora única participación en un mundial, allá por 2014 en Brasil, y que no se clasificaron tampoco para la última Eurocopa, el resultado es un equipo con poco recorrido previo en grandes competiciones internacionales.

La experiencia, con todo, no le sirvió a Suiza para conservar la ventaja contra Qatar en su primer partido del Mundial: el resultado fue un empate algo decepcionante, reflejo de la falta de ambición y de juego de los suizos. Yakin quiso blindar el centro del campo y apostó por Remo Freuler junto al capitán Granit Xhaka, cuando muchos aficionados esperaban a Johan Manzambi, la última gran promesa del fútbol suizo. Con 20 años, ha llevado en volandas a su equipo, el Friburgo, hasta la final de la última Europa League, torneo en el que ha sido nombrado como mejor jugador joven.

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Aunque lleva el dorsal 9, Manzambi no es un nueve, ni siquiera un falso nueve, sino un volante de enorme dinamismo, normalmente volcado hacia la izquierda, desde donde es capaz de cubrir una gran cantidad de terreno y de llegar con solvencia al área: esta temporada ha acabado con siete goles y nueve asistencias en 47 partidos. Contra Qatar apenas tuvo media hora y dejó algunos detalles, como un par de regates y un 90% de precisión en el pase. Quizás contra Bosnia, en un partido en el que todo lo que no sea ganar complicaría la clasificación de Suiza, tenga más tiempo para mostrar lo que ya ha apuntado con su club.

Y es que la inexperiencia se puede suplir con entusiasmo y sentido de pertenencia. Aunque pocas selecciones igualan en eso a las balcánicas, en las que el sentimiento nacionalista que abona una independencia reciente y violenta suele inflamar a los jugadores. El veterano Edin Džeko, natural de Sarajevo, recordaba hace unos días en una carta abierta publicada en The Players Tribune y dirigida a los niños bosnios como, con seis años, jugaba con sus primos al Monopoly durante el aterrador sitio de la ciudad, mientras afuera explotaban las bombas y los francotiradores merodeaban. "Juego para mi gente. Juego para los niños y niñas de las calles de Sarajevo. Juego para todas las culturas y religiones que hacen de nuestro país un lugar tan hermoso, aunque algunos sigan intentando dividirnos. Nunca lo conseguirán", se juramentaba en ese texto.

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Džeko también recuerda la emoción con que vivió desde el banquillo la tanda de penaltis de la repesca contra Italia y, en concreto, el último lanzamiento, el que supuso la clasificación al Mundial 2026, anotado por Esmir Bajraktarevic, un chaval de 21 años nacido en Appleton, una pequeña ciudad de Wisconsin. Bajraktarevic no vivió la guerra de Bosnia, pero conoce la historia de primera mano: sus padres escaparon de la masacre de Sbrebrenica, el asesinato en masa de bosnios musulmanes a manos de serbios ortodoxos en 1995, que es la mayor matanza en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial. Su hijo llegó incluso a debutar en un amistoso con la selección estadounidense, pero en 2024 decidió jugar con Bosnia y Herzegovina: “Mis padres perdieron a muchos familiares [...]. Srebrenica es algo que jamás olvidaré. Forma parte de mí, de quien soy. Lo llevo en la sangre. Es una parte esencial de mi identidad”, declaraba entonces a The Blazing Musket.

Pese a compartir confederación de fútbol, sólo hay un precedente entre ambos países, un amistoso de 2016 en el que vencieron los bosnios con goles de Džeko -uno más en su larga carrera- y de Miralem Pjanić. Este, en cambio, es un partido oficial y de primerísimo nivel, al que se ha reservado un escenario acorde, el espectacular SoFi Stadium de Los Ángeles, que albergará la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de 2028, tal como explica desde Los Ángeles el enviado especial de RTVE.es, Rubén Heras.

Como muchas de las sedes ubicadas en Estados Unidos en este mundial, es un estadio pensado para el fútbol americano: allí ejercen como locales dos equipos de la NFL, Los Ángeles Rams y Los Ángeles Chargers. Pero es un recinto versátil y este mes será uno de los templos futbolísticos para el Mundial 2026, con ocho partidos en total, incluido uno de los cuartos de final. Y dentro de dos años se convertirá en el mayor recinto de la historia en acoger las pruebas olímpicas de natación.

Justo cuando acabe el encuentro entre suizos y bosnios, Canadá y Qatar disputarán el otro partido de un grupo B que está muy igualado y en el que todos van a tener opciones hasta la última jornada. Los anfitriones, que juegan en su feudo fetiche de Vancouver, son favoritos ante el combinado que dirige el español Julen Lopetegui, pero los cataríes ya mostraron contra Suiza que saben competir, así que todo está muy abierto.