Gafas, telescopios o un agujero en una cartulina: cómo ver el eclipse de manera segura
España se prepara para asistir a un hito único, el primer eclipse total en nuestro país en un siglo. Se prevé el desplazamiento de millones de personas para poder observar un fenómeno cósmico excepcional, pero para presenciar el oscurecimiento del sol sin dañar nuestra visión de manera irreversible es fundamental proteger nuestros ojos.
Además de la luz visible, la que solemos percibir del sol y que nos provoca automáticamente rechazo, el astro rey emite también luz ultravioleta y luz infrarroja, ambas imperceptibles para el ojo humano.
“El problema de esa luz es que nuestro ojo no la detecta, pero es súper nociva”, explica a RTVE Noticias Elena Salobrar, profesora de la Facultad de Óptica y Optometría de la Universidad Complutense de Madrid. “La luz ultravioleta genera radicales libres y nos destroza las neuronas de la retina, y la infrarroja lo que hace es cocinarla”.
El ojo funciona como una lente fotográfica: a través de la córnea, el cristalino y el iris se recibe la luz, que se concentra en la retina. “Y esto es lo peligroso, al concentrar la luz del sol estamos metiendo una gran cantidad de energía”, apunta el astrofísico Javier Armentia, exdirector del Planetario de Pamplona.
Lo que ocurre en un eclipse es que la luz visible “baja muchísimo de intensidad” y podemos creer que es seguro mirar, según Salobrar. Pero mucho cuidado, porque nuestro ojo “no tiene receptores del dolor”. Cuando miramos directamente a la luz del sol durante el ocultamiento del sol tras la luna, entran la luz ultravioleta y la infrarroja sin que lo notemos, lo que “nos va a generar una quemadura en una zona muy especial de nuestra retina -una retinopatía-, que es justo donde tenemos la máxima visión”.
El resultado son unas manchas negras que nos harán perder parte de la visión, una lesión que por lo general es irreversible. Al no tener terminaciones nerviosas del dolor, no nos daremos cuenta de ello hasta pasadas unas horas o unos días, cuando ya es tarde.
No hay evidencia clara de cuánto tiempo de exposición al sol es suficiente para dañar nuestra retina, pero “es una potencia tan inmensa la que tiene la luz del sol” que unos segundos pueden ser suficientes, insiste esta experta, también coordinadora del Máster de Optometría Clínica Hospitalaria de la UCM. Además, podemos pensar que es inofensivo echar un vistazo de unos segundos al sol y al cabo de un rato otro, pero el daño es “acumulativo”, advierte Armentia.
“Tienen que ser especialmente cuidadosas las personas con menores a su cargo”, que deben vigilar que los niños usen correctamente las gafas de protección, recomienda este divulgador.
¿Podemos mirar sin gafas durante la fase de totalidad?
En este momento, “la Luna nos está tapando completamente la fotosfera, el disco solar” y por tanto lo único que vemos es la luz de la corona, un millón de veces más débil, con un brillo similar al de la Luna llena, apunta el exdirector del Planetario de Pamplona. En cuanto aparezca el primer rayo de luz tras la fase total, cuando veamos las perlas de Baily y el llamado anillo de diamantes, es cuando debemos volvernos a poner las gafas inmediatamente.
En todo caso, Saobrar recuerda que incluso alrededor de la franja de totalidad, antes y después, hay una “zona de incertidumbre” en la que todavía es visible el sol, por lo que ella recomienda “no arriesgarse” y usar en todo momento las gafas de eclipse.
Gafas que rebajan el brillo del sol al de un cuarto creciente lunar
Pero, ¿de qué manera protegen estas gafas de la luz solar? Se venden habitualmente -ya sea por internet o en cualquier óptica- con una montura de cartón, pero lo importante es el filtro que llevan, con una protección de factor 30.000. Es decir, de cada 30.000 fotones, solo dejan pasar uno, explica Armentia. O lo que es lo mismo, lo que veremos con las gafas tendrá un brillo similar al de un cuarto creciente lunar.
Son muchísimo más potentes que unas gafas de sol normales. Disponen de un filtro de polímeros, unas láminas llamadas Mylar, que según la norma deben dejar pasar como máximo un 0,0032% de la luz visible, y como mínimo un 0,000061%, además de bloquear la luz ultravioleta e infrarroja.
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Antes de ponérselas en el eclipse, conviene probarlas antes, mirando indirectamente la luz solar o una bombilla. “Y no se tiene que ver nada, solo se percibe el halo solar”, señala la doctora en Ciencias de la Visión.
Si estuvieran rayadas, con el filtro suelto o doblado, con zonas más claras o con algún defecto visible, no debemos usarlas. “Un solo punto débil puede dejar pasar suficiente luz como para dañar la vista”, alerta la página oficial del Trío de eclipses del Ministerio de Ciencia.
Es especialmente peligroso mirar hacia el sol con prismáticos o telescopio desprovistos de filtro solar, porque “lo que hacen es focalizar todos esos rayos en un punto todavía más concentrado”, según Salobrar, de la misma manera que la luz concentrada a través de una lupa puede quemar un papel. Tampoco valen métodos caseros como radiografías, gafas de soldar o cristales ahumados. El único mecanismo de protección seguro son estas gafas, que además tienen que estar homologadas con la norma ISO 12312-2.
Maneras alternativas de ver el eclipse. Observación indirecta
Sí que hay otros métodos de observación que se pueden combinar con las gafas a lo largo de todo el eclipse -incluyendo la fase parcial y la total se alargará casi dos horas como máximo-.
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Una variante de este método se consigue proyectando sobre una pared la imagen del sol con un espejo de mano enteramente cubierto con un papel al que se ha recortado un agujero de medio centímetro de diámetro. No importa la forma de este agujero, de hecho es interesante hacer varias formas para ver a través de ellas la luz del eclipse, pero sí el tamaño: cuanto más grande, más luminosa pero más borrosa será la imagen proyectada.
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El astrofísico Javier Armentia recomienda estos métodos de observación indirecta porque “convertimos el eclipse en una circunstancia social, y es muy bonito disfrutarlo con gente”. Esto mismo se puede hacer con un telescopio -siempre con filtro- que proyecte esta visión del eclipse a una pared o una pantalla, maximizando la visión para todos.
Y otra versión, todavía más sencilla, es dejar pasar la luz del sol a través de una espumadera, las hojas de los árboles o simplemente nuestras manos juntando los dedos. “Esa imagen del sol es muy bonita durante el eclipse parcial, porque en vez de ver circulitos, lo que vamos a ver es como uñas”, apunta Armentia. Es fundamental recordar que si elegimos este método hay que ponerse de espaldas al sol, no apuntar la espumadera o nuestras manos hacia el eclipse.
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Escalando en complejidad encontramos el “embudo solar”, una solución casera para verlo a través de un telescopio, pero dirigida más bien a aficionados de la astronomía. También existen pequeños telescopios solares como el Sunspotter o el Solarscope, que se pueden comprar por internet, aunque a un elevado precio -hasta más de 500 euros-. Algunas instituciones, como el Museo de la Ciencia y el Cosmos de Tenerife, lo prestan gratuitamente.
Para Armentia, la solución ideal es combinar distintos tipos de observación, puesto que “es muy aburrido” mirar todo el eclipse con las gafas. “Es mucho más interesante lo que sucede alrededor: cómo va cambiando la luz, el viento, todos esos fenómenos que se ven perfectamente sin gafas”. Disfrutar, en definitiva, de un evento social único junto a amigos, familiares o simplemente aficionados a ver el cielo. Pero eso sí, siempre con precaución.
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Créditos
Diseño: Pedro Jiménez (InfografíaRTVE - Hiberus) | Infografías: Pedro Jiménez y Jorge Moreno (InfografíaRTVE - Hiberus) | Maquetación:José Javier Ramos (InfografíaRTVE - Hiberus) | Desarrollo: Nacho Díaz y Nicolas Schmidt (InfografíaRTVE - Hiberus)