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El fiscal ha calificado los altercados como actos de guerrilla urbana. Que no se haya detenido a ninguno de los 150 hooligans rusos implicados en los disturbios de Marsella cuestiona, como poco, la previsión. El Fiscal ha reconocido que se trata de grupos extremadamente entrenados, y preparados para operaciones híper rápidas e híper violentas, dice. Términos que ya distancian el fenómeno, del clásico grupo alcoholizado fuera de control. Quienes lo estudian señalan un fallo: juzgarlo con criterios de hace 20 años. Ahora, dicen, hooligans como los rusos están entrenados en deportes de combate, no son particularmente bebedores, y en Marsella habrían pretendido echar un pulso a los ingleses, todavía en el imaginario colectivo, a la cabeza en este tipo de incidentes. De hecho, casi todos los 35 heridos del fin de semana son británicos. Desde Londres arrecian las críticas por que las autoridades francesas no hayan sabido gestionar a los ultras del este. La UEFA amenaza a las dos Federaciones con la expulsión, si se repiten los enfrentamientos, y ha abierto un procedimiento disciplinar contra Rusia, duro golpe a la imagen de Moscú, próxima anfitriona del Mundial 2018. El gobierno francés apuesta por reforzar la presencia policial, prohibir el alcohol y cerrar bares del entorno de los estadios, expectante ante la alerta de los próximos partidos que disputarán, Rusia el miércoles en Lille, y los ingleses, al día siguiente en Lens, a sólo 40 km.