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En el 25 aniversario de los atentados del 11S en Nueva York, en 24 horas RNE hablamos con Reed Brody, abogado especializado en crímenes de lesa humanidad y exfiscal adjunto del Estado de Nueva York. Su último libro es se titula Atrapar a un dictador (Debate, 2025). Brody señala que, tras los atentados, "nos dijeron que los derechos humanos eran un impedimento a la seguridad nacional e internacional. Estamos todavía viviendo con ese paradigma, que nos derechos humanos están en contra de la seguridad. Las políticas que fueron aplicadas para hacer los Estados Unidos más seguros, en realidad eran todo lo contrario".

Casi 3.000 personas murieron en esos ataques que supusieron un cambio en la geopolítica mundial, en la política de seguridad y marcaron un antes y un después para los derechos humanos. Brody señala que poco después de los atentados el Gobierno estadounidense lanzó una guerra "sin límite geográfico" contra un enemigo "mal definido" como la llamada "guerra contra el terror": "Destruyó cientos de miles de vidas, pisoteó leyes nacionales e internacionales, arruinó la reputación de EE.UU. en buena parte del mundo y terminó favoreciendo el terrorismo". El abogado analiza algunas de las torturas que la administración Bush cometió, unas prácticas que el mismo Brody pudo documentar y plasmar en un informe de Human Rights Watch: "Fueron políticas aprobadas hasta el más alto nivel", denuncia.

Escucha la entrevista completa con Lara Hermoso en RNE Audio.

En el laboratorio forense de Nueva York, todavía intentan extraer ADN de los restos recuperados hace veinticinco años. En 2001 se retiró la humedad de 22.000 fragmentos para evitar que se degradaran y así poder conservarlos para conseguir mejores resultados a medida que la ciencia avanzara.

Pero extraer el ADN no basta. Para saber a quién pertenece, deben compararlo con el de un familiar. Entre las víctimas había personas de 80 países y localizar a algunos de sus parientes sigue formando parte de la investigación.

En 2025, gracias a nuevas técnicas consiguieron identificar a tres víctimas. Y este agosto fueron más allá. Por primera vez, partieron del ADN extraído de uno de los restos para reconstruir relaciones familiares, localizar a los parientes de otra víctima y confirmar su identidad. 25 años después, casi 1.100 víctimas siguen sin identificar.

Foto: Adam Gray/AP Photo — Monumento Conmemorativo del 11-S

Los distintos profesionales de Televisión Española que estaban trabajando cuando se produjo el atentado del 11S recuerdan, 25 años después, cómo lo vivieron.

"Eran casi las tres de la tarde cuando empezamos a recibir por monitores la imagen un avión chocando contra de una de las Torres Gemelas que estaba ardiendo", recuerda Juan Seoane, quien fuera editor del TD1 de Televisión Española: "Ya sabíamos que de cabecera íbamos a ir a esa imagen", añade.

Vicenç Sanclemente, quien fuera corresponsal de Televisión Española en Nueva York cuenta que "en ese momento supimos que empezábamos un trabajo que no sabíamos cuando iba a terminar". Él acabó haciendo 111 directos esa semana.

"Se notaba que había mucho estrés, una imagen te llegaba por un lado, otra por el otro..." recuerda Antonio Casado, realizador del TD2: "Con los recursos que había, yo creo que se hizo bastante bien", cuenta.

"Se cumplió con la obligación de servicio público", añade Jenaro Castro, quien editaba el TD2.

Fotografía: Catherine Leblanc

Ha pasado un cuarto de siglo y los que lo vieron o vivieron en directo, nunca podrán olvidarlo. Aquel 11 de septiembre muchos se preguntaban quién estaba detrás, pero pocos apuntaban a un millonario saudí llamado Osama Bin Laden. Y pocos pensaban en un terrorismo global. El yihadismo ya existía, pero entonces no parecía una amenaza tan grande. Los atentados de grupos como Yihad Islámica egipcia o La Vanguardia Combatiente de Siria, se habían dirigido contra los líderes locales, como el presidente egipcio, Anwar Al Sadat, o el sirio, Hafez Al Asad. Parecía una amenaza local o nacional.

Las primeras señales las envió Al Qaeda con los ataques a las embajadas estadounidenses de Tanzania y Kenia, o contra el portaviones USS COLE. Pero con el 11S, de repente, todo cambió. Pocos conocen tan bien un fenómeno que ha ido adaptándose como el general en la Reserva y exsecretario de Seguridad Nacional, Miguel Ángel Ballesteros, quien cree que el terrorismo yihadista está más cerca de España que nunca: en el Sahel.

Foto: Combatientes anti-talibanes en Afganistán en diciembre de 2001. ROMEO GACAD / AFP

Carlos Galtier estaba en el piso 45 del edificio Chrysler cuando los dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas aquel 11 de septiembre de 2001.

No es periodista, pero se encargó de ser los ojos de millones de personas, narrando lo que sucedía, informando de la caída de la primera torre y de todo lo que pudo ver desde su ventana.

Para él, narrar lo que iba ocurriendo de manera precisa, contando todo lo que pudo saber, era una forma de poder lidiar con el miedo que sintió, era su forma de estar tranquilo.

Todavía observa el lugar en el que estuvieron las Torres Gemelas desde el piso 45. Cada día que mira, no puede evitar recordar lo ocurrido.

Fotografía: Getty Images / Massimo Pizzotti

El 11-S los responsables de inteligencia de Estados Unidos vieron en sus televisores las Torres Gemelas cayendo. En cuestión de horas tenían los nombres de los secuestradores, sus pasaportes, ya sabían que era Al Qaeda. Y se preguntaban por qué no habían sido capaces de conectar antes toda esa información. En la investigación posterior apareció un documento que había sido depositado sobre la mesa del presidente de EE.UU., George W. Bush, un mes antes de los atentados, donde le advertían de que Osama bin Laden estaba decidido a atacar EE.UU.

La gran conclusión fue que tenían que coordinarse mejor. Antes del 11-S, el FBI y la CIA no compartían información. Pero también que se necesitan aliados, y una buena reputación como país.

Foto: Jeenah Moon / POOL / AFP

Emilio Cassinello, cónsul general de España en Nueva York durante el 11-S explica cómo se vivió el atentado en Las Mañanas de RNE. "Realmente se había atacado al mundo, no solo a Nueva York", decía. "Todo empezó con unas noticias que rebajaban mucho la gravedad. Cuando me fui al coche oficial el chófer me dijo que una avioneta se había estrellado en una de las Torres Gemelas", relata.

"Decían que Nueva York era la ciudad de las segundas oportunidades, los nuevos comienzos y la redención y la verdad que la ciudad fue recuperando el pulso con cierta rapidez", cuenta el excónsul. "Mi pregunta al comienzo era si estaba abierto el observatorio que había en la Torre Norte porque si lo estaba, habrían españoles allí. Por fortuna estaba cerrado". Cassinello expresa la urgencia de comunicación que existía con España y cómo sucedieron los siguientes días. "A la 1 de la tarde había 300 personas en el consulado. Hicimos guardias todos porque había mucha exigencia de información inmediata".

El 11-S provocó un aumento sin precedentes de las medidas de seguridad en España -al igual que en muchos otros países-, pero aquello no fue suficiente para evitar tres años después que el país sufriera el peor atentado terrorista de su historia, el 11-M.

Foto: Lalo Yasky/WireImage

El derrumbe de las Torres Gemelas tras los atentados del 11-S dejaron 1,8 toneladas de escombros y sepultó la ciudad de Manhattan en una nube de polvo que realmente contenía cemento pulverizado, vidrio, amianto, metales y otras sustancias tóxicas.

Más de 60.000 personas sufren las consecuencias de haber respirado esas sustancias. Han desarrollado problemas respiratorios, bronquitis, asma y más de 52.000 han desarrollado algún tipo de cáncer. Muchos de ellos fueron bomberos que acudieron a la zona del atentado. 343 bomberos fallecieron durante el ataque y, desde entonces, más de 450 han perdido la vida por problemas de salud relacionados con la exposición en la zona cero.

Fotografía: Ted S. Warren / POOL / POOL