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Los Premios El Ojo Crítico culminan su trigésimo sexta edición con la ceremonia de entrega hoy, 14 de mayo, en el Museo Reina Sofía. En esta edición, El Ojo Crítico entrega su premio especial al actor Emilio Gutiérrez Caba y subraya las carreras de jóvenes profesionales de la cultura en diez categorías, incluida una nueva, la de innovación digital, que inaugura Albert.DATA. En este reportaje, escuchamos las voces de los premiados y los motivos de los jurados para conceder estos reconocimientos de RNE.

Informa Íñigo Picabea

Francisco Salzillo fue un genio hasta el punto de que tenía la capacidad de parar el tiempo. Hasta el 23 de agosto, parte de su legado puede visitarse gratuitamente en las salas de exposiciones del Palacio de Villena, que pertenece al Museo Nacional de Escultura, con sede en Valladolid.

La muestra es corta, de apenas 26 obras, aunque de una calidad y valor incalculables. Según el comisario de la exposición, Miguel Ángel Marcos, suficiente "para poder disfrutar de Salzillo en todas sus vertientes.

Supone ahora una oportunidad única de disfrutar de imágenes de vestir, tallas procesionales o esculturas pequeñas de carácter devocional, de la última etapa del barroco español.

FOTO: EFE / Nacho Gallego

El artista británico Thomas Houseago defiende el non finito de Miguel Ángel, quien entendió el poder de contemplar la obra sin terminarla y que sea el espectador quien la complete en su mente.

Una fascinación de la que podríamos disfrutar más a menudo si formara parte de nuestros paseos cotidianos, si estuviera más presente en nuestras ciudades. Es otra de las reivindicaciones de este artista.

"Vivimos en un mundo en el que todo está hecho por las máquinas", reflexiona Thomas Houseago, "y el problema de esto, es que no hay espacio para soñar qué es tocar, sentir".

Foto: Eduardo Parra/Europa Press

El Instituto de Crédito Oficial celebra el 30 aniversario de su museo con la exposición ‘Transitar el siglo XX’ que exhibe parte de los fondos de la colección que dio lugar al espacio. La muestra tiene una clara vocación pedagógica: mostrar un siglo a través del arte y guiarnos por los cambios sociales, políticos y estéticos del siglo XX, a través de las obras de 24 creadores, realizadas desde comienzos del siglo XX hasta la década de 1980.

El proceso comienza generando las piezas de escayola, que posteriormente se unirán para crear el molde con el que los alumnos dan forma a sus ideas. Posteriormente, se rellena de un material reflectario y se introduce en el horno. Después de tres horas calentándose, el bronce alcanza los 1.200 grados. Listo para volcar en los cilindros, se deja enfriar hasta que el metal vuelva a su estado sólido. El proceso culmina con la separación de la estatua del molde a través de una fase arqueológica y con la ayuda de martillos y cepillos.