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¿Cómo se esculpe el bronce? Nos lo enseñan en el grado de Fundición Artística de Salamanca

  • Primero en el taller y después en la forja recrean un proceso que apenas ha variado en cinco mil años
  • Spoiler: la temperatura juega un papel esencial. El metal tiene que cambiar de estado dos veces
La Fundición Artística de Salamanca nos enseña el proceso para esculpir una pieza de bronce
Javier Laso (RTVE Castilla y León)

El proceso para esculpir una pieza de bronce comienza en el taller, donde el alumnado se esfuerza para generar el molde de la que será su estatua, “algo así como el negativo del resultado final” explica Adolfo Castaño, el maestro de forja.

En función del tamaño y la complejidad del proyecto, el molde se realiza con silicona, en una sola pieza, o formando una especie de puzle en tres dimensiones con escayola. En ese caso, como nos explica Rubén Castaño Nogales, alumno de segundo curso, “tienes que averiguarla para ir haciendo piecitas y que al terminar puedas ir retirándolas”.

Cada pieza se pincela con cera, proporcionando un grosor uniforme, y se dispone, junto a otras, en un “árbol de fundición”. Se dispone, rodeado de un material refractario, en un cilindro, del tamaño de un barril de gasolina y equipado con bocas de llenado y salidas de aire. El metal tiene que respirar para no cuajarse antes de tiempo.

En esa parte germinal, es importante asegurarse de crear unos canales para que el bronce fundido inunde el molde hasta el fondo.

Entra en juego el calor

Con la ayuda de una grúa, cada cilindro se introduce en la mufla, un horno especial, donde alcanza la temperatura idónea… y está preparado para recibir el bronce. El metal lleva tres horas calentándose con la potencia del gas, para subir hasta los 1.200 grados necesarios para que alcance el estado líquido. Cuando llega a ese punto, el bronce genera una capa de cristal, algo así como la nata del metal.

Dos personas, con el adecuado equipo de protección, manejan unas tenazas y extraen del horno el cubo que contiene el metal fundido, lo depositan en el suelo y cambian de herramienta. Ahora sí, llega el momento de la verdad. Inclinando el cubo, la lava de bronce se vuelca dentro de los cilindros, donde se enfriará para recuperar el estado sólido.

“Viertes el bronce, pero no sabes qué es lo que va a salir hasta que picas la pieza” nos cuenta Lidia Mateos Calvo. Lleva tiempo deseando completar esta fase del proceso: “tengo dos piezas geométricas: una construcción de volúmenes, a partir de planos, jugando con el espacio vacío, y dos relieves, para hacer un contraste”.

Martillo y cincel en mano para terminar

Cuando transcurre el tiempo necesario, las prisas no son recomendables, se alcanza la fase “arqueológica”. Con paciencia, extremando el cuidado para no dañar la escultura, se va retirando la capa exterior, el molde que se realizó en el taller.

Culmina así un proceso que se ha mantenido prácticamente inalterado desde hace cinco mil años. La única variable es la fuente de calor empleada. Los sumerios y las culturas del valle del Indo no conocían el gas.