Los profetas del arte nuevo: Bonnard, Vuillard y los nabís revelan su obra en Barcelona
- Los Nabís: de Bonnard a Vuillard puede verse en La Pedrera hasta el 28 de junio
- Paul Sérusier fundó el grupo de artistas que allanó el camino de la modernidad
"Conviene no olvidar que un cuadro, antes de ser un caballo de batalla, una mujer desnuda o cualquier otra anécdota, es esencialmente una superficie plana recubierta de colores dispuestos en un orden determinado", Maurice Denis.
Los nabís (del hebreo neviim, profetas) aspiraban a generar un arte total en sintonía con la vida moderna. Entendían la pintura como un lenguaje expresivo capaz de transmitir sensaciones, recuerdos y atmósferas interiores. Su mirada, alejada del naturalismo, anticipa muchas de las ideas de la modernidad.
Activo entre 1888 y 1900, Paul Sérusier impulsó el grupo junto con alumnos de la Académie Julian: Paul-Élie Ranson, Pierre Bonnard, Édouard Vuillard y Maurice Denis; y pronto se sumaron Henri-Gabriel Ibels, Georges Lacombe, Aristide Maillol, József Rippl-Rónai, Ker-Xavier Roussel, Félix Vallotton y Jan Verkade.
Los Nabís: de Bonnard a Vuillard muestra cerca de 200 piezas de este grupo que transformó el arte a finales del siglo XIX, situando la emoción, la subjetividad y la vida cotidiana en el centro de sus obras. En la exposición de la Fundació Catalunya La Pedrera colabora el Museo d'Orsay.
Los nabís querían devolver a la pintura su carácter decorativo. Practicaron todas las técnicas —pintura, dibujo, grabado, escultura—, diseñaron papeles pintados, tapicerías, biombos y objetos manufacturados, y trabajaron en la decoración de interiores para reconciliar al artista y el artesano.
El movimiento nabí desempeñó un papel clave en la transición entre el impresionismo y las primeras vanguardias del siglo XX. La muestra destaca dos figuras: Bonnard, con su exploración de la luz y el color, y Vuillard, con una obra marcada por la introspección y la dimensión psicológica del espacio doméstico.
La comisaria y conservadora de pintura del Museo d’Orsay, Isabelle Cahn, señala que la exposición "invita a mirar con calma y a redescubrir cómo el color y la forma pueden expresar emociones profundas a partir de gestos aparentemente sencillos".
El simbolismo y lo cotidiano
En la pequeña comunidad de los nabís convivían dos corrientes. La primera, en torno al fundador, se preocupaba más por teorías y principios estéticos, atraídos por el simbolismo, la espiritualidad, la poesía y el esoterismo con cierto escepticismo hacia la ciencia. Sérusier y Ranson se dejaron seducir por la teosofía, mientras que Denis y Verkade bebían del catolicismo. La otra corriente incluía a Pierre Bonnard, Édouard Vuillard, Félix Vallotton y József Rippl-Rónai, interesados en la vida contemporánea.
Influenciados por Gauguin y el arte japonés, los nabís otorgaron preeminencia a los colores intensos, las formas depuradas y una concepción bidimensional del espacio. Una decisión formal que encaja perfectamente en el cartelismo de la época.
Interior de la exposición ‘Los Nabis: De Bonnard a Vuillard’ en Barcelona. EFE/Marta Pérez
La muestra despliega en la Casa Milà, un conjunto significativo de obras procedentes de colecciones particulares y de museos e instituciones como el Museo d’Orsay, el Centro Pompidou, el Petit Palais o el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, entre otros.
El recorrido se organiza en nueve secciones temáticas: el círculo de los nabís; una revolución estética; la vida parisina, teatro, música, espectáculos; simbolismo, entre esoterismo, sueño y misticismo; paisajes y jardines; la decoración moderna, una representación de la vida cotidiana y Mediterráneo.
Mediterráneo
La última parte está consagrada a Aristide Maillol, pintor, grabador, creador de tapices y, poco después, ceramista y escultor. Hacia 1900, tras haber trabajado en un relieve en yeso titulado La vague (La ola), realizó una pequeña escultura femenina encogida que sedujo de inmediato al conde Kessler, su mecenas, quien le encargó una versión en piedra que acabaría convirtiéndose en la estatua Méditerranée (Mediterráneo).
El yeso monumental (ver arriba) del pintor del Roselló se expuso en el Salon d’Automne de 1905. Maillol explicó entonces a un amigo de la infancia sobre ese desnudo de mujer: "Mi intención [...] era crear una figura joven, pura, luminosa y noble. ¿No es eso el espíritu mediterráneo? Pues de ahí viene que le haya dado ese nombre".
'Mediterráneo', Aristide Maillol, c. 1895. FCLP
Ante la falta de modelos, Maillol al principio se inspiró en figuras de obras de Gauguin, pero acabó consolidando un lenguaje personal caracterizado por desnudos hieráticos de formas generosas y robustas.
La exposición podrá visitarse en la sala de exposiciones de La Pedrera hasta el 28 de junio y va acompañada de un programa de visitas guiadas y actividades familiares y educativas.