Felix Gonzalez-Torres, un infiltrado y su "dulce venganza" en el Museo Reina Sofía
- La exposición Dulce venganza puede verse hasta el 12 de octubre en Madrid
- El MNCARS dedica una retrospectiva al estadounidense de origen cubano
"Una cosa es mudarse y otra cosa es ser un refugiado, ¿sabes? La primera vez no me mudé, era un refugiado, porque mi familia no estaba de acuerdo con el Gobierno… De modo que a mi hermana y a mí nos enviaron a España, solos, a vivir con los curas en 1971". Con estas palabras, el artista estadounidense de origen cubano Felix Gonzalez-Torres (1957-1996) relata la traumática experiencia vivida con 14 años.
Madrid fue un lugar emocionalmente complejo para Gonzalez-Torres. En 1971 fue recluido en un orfanato en la capital con su hermana Gloria como parte de un programa destinado a trasladar a niños fuera de Cuba. Tras un breve periodo, "nos enviaron, como quien despacha un paquete, de Madrid a Puerto Rico, a vivir con mi tío". Más tarde se mudaría a Nueva York, donde viviría la mayor parte de su vida adulta.
Veinte años después regresó a Madrid, con motivo de una exposición colectiva en 1991. En esa ocasión presentó por primera vez Sin título (Venganza), una instalación de caramelos azul cristalino. Al recordar ese primer regreso, escribió: "He vuelto a Madrid después de casi veinte años: dulce venganza". Esa obra vuelve ahora en la retrospectiva que le dedica el Museo Reina Sofía Dulce venganza y que puede verse hasta el 12 de octubre.
En 'Sin título' (Madrid, 1971), Felix Gonzalez-Torres convierte en dos puzles sus recuerdos. RTVE.es
La herida del exilio forzado le acompañaría toda su vida, en una entrevista inédita de 1994 reconocía que "nunca he afrontado realmente ese momento, el haber vivido con ese problema, que fue muy dramático y que, a pesar de negármelo y a pesar de borrarlo, ha sido muy influyente". La comisaria Nancy Spector explica que Gonzalez-Torres decidió eliminar las tildes y unir con un guion sus apellidos porque se consideraba "plenamente estadounidense" y no quería encasillarse como artista cubano, homosexual o activista.
La práctica totalidad de sus piezas se titulan Sin título y es un concepto entre parentésis el que las define. La idea de "dulce venganza" es una aproximación a la diferencia, la contradicción y la paradoja de su trabajo. La belleza de su vocabulario estético se ve a menudo matizada por asuntos tan diversos como el romance, la guerra o la enfermedad, así como a narrativas sociales y políticas complejas, que no siempre se manifiestan de forma explícita.
Spector apunta que ve el trabajo de Gonzalez-Torres como "un caballo de Troya, seductor en su belleza, pero subversivo en su contenido", mientras que el comisario Alejandro Cesarco describe su labor como "una forma de infiltración, como si fuera un virus o un espía operando dentro de las estructuras institucionales. En lugar de confrontar el poder desde afuera, trabajaba desde dentro de los sistemas existentes, reorganizando sutilmente sus términos emocionales y simbólicos".
'Sin título' (Venganza), de Felix Gonzalez-Torres en el MNCARS. MNCARS
La obra sale del museo
Los protocolos que rigen sus pilas de papel y sus montones de caramelos, concebidos para reponerse indefinidamente a medida que el público se los lleve, así como la instalación de sus cortinas, vallas publicitarias y guirnaldas de luces (ejemplos que se pueden ver en la exposición) combinan estructura y flexibilidad. Dispersar la obra más allá de los límites del museo es un gesto no solo "benevolente o metafórico".
"La obra se entrega, pero también exige algo a cambio. Interpela a espectadores, coleccionistas, comisarios e instituciones para que asuman la responsabilidad en la producción y circulación del significado. Lo mismo ocurre con las guirnaldas de luces, los retratos escritos y las vallas publicitarias distribuidas por la ciudad", indica Cesarco.
El director del MNCARS, Manuel Segade, ha explicado en la presentación de la muestra que las piezas de Gonzalez-Torres saldrán al paso de los viajeros del metro en las estaciones de Cuzco, Guzmán el Bueno, Retiro, O'Donell, Legazpi y Tirso de Molina, gracias a la colaboración de la empresa JCDecaux.
Una obra de Felix Gonzalez-Torres en el metro de Madrid. MNCARS
Su obra deja espacio a la contingencia, la transformación y la reinterpretación. El marco central de Dulce venganza consiste en mostrar cómo la obra de Gonzalez-Torres sostiene simultáneamente múltiples condiciones, a menudo aparentemente opuestas. La tensión entre estos términos no es circunstancial, sino constitutiva de la obra, y es lo que activa su capacidad de generar reflexión crítica.
Cesarco elogia la estrategia del artista "en un momento saturado de visibilidad y de declaraciones absolutistas, donde muchas veces se espera que las posiciones políticas se anuncien de manera instantánea e inequívoca. Gonzalez-Torres propuso otra posibilidad, un arte de la implicación más que de la programación. Un arte que requiere participación activa, que se infiltra lentamente, que resiste la certeza".
Gonzalez-Torres trabajó durante los años más duros de la crisis del sida, en un contexto político estadounidense marcado por la derecha conservadora, y desarrolló un lenguaje visual deliberadamente inestable, participativo y profundamente personal como las cortinas de cuentas de cristal que los visitantes deben atravesar y reproducen datos biomédicos, umbral de paso entre salas o estados físicos.
Vista de sala de la exposición de Felix Gonzalez-Torres en el MNCARS. MNCARS
En su obra elegíaca, fue clave la muerte de su pareja Ross Laycock a causa del sida en 1991. El artista articula el duelo y la celebración del amor de manera inseparable. Consciente de la inminencia de su propia muerte por esa misma enfermedad, Gonzalez-Torres anticipó el futuro de su obra y dejó un influyente legado en el que las formas estéticas se convierten en vehículos de resonancia emocional y urgencia política.
Rompiendo las reglas
A menudo, Gonzalez-Torres subvertía sus propias reglas con una valla publicitaria que solo puede instalarse una vez, pilas de papel cuyas láminas no está permitido llevarse u otras que son de doble cara. Además colaboró con otros artistas para difundir su trabajo en láminas de libre circulación.
Segade ha recordado que hace exactamente 40 años, el 26 de mayo de 1986, la Reina Sofía, acompañada por el ministro de Cultura, Javier Solana, inauguró el Centro de Arte Reina Sofía. Y dos días después, el 28 de mayo, se abrió al público de verdad. Un "feliz aniversario" que coincide con la apertura de ventanas en las salas de la exposición que "es muy metafórica y espero que sea por muchos años".
Esta tarde a las 19 horas el director del MNCARS conversa con los comisarios de la exposición sobre las nociones de identidad, ciudadanía y autoridad, junto a experiencias vinculadas a la crisis del sida y a emociones como el amor, la pérdida, el duelo o el optimismo. El diálogo se centra en la forma en que Gonzalez-Torres desplaza lenguajes asociados al arte povera, el conceptualismo y el minimalismo hacia estructuras abiertas, participativas y profundamente personales.
"Al final, por encima de todo, se trata de dejar una marca de que he vivido: he estado aquí. He pasado hambre. He sido derrotado. He sido feliz. He sido desdichado. He estado enamorado. He tenido miedo. He tenido esperanza. He tenido ideas y buenas intenciones y por eso he hecho obras de arte", Felix Gonzalez-Torres.