Carmen Laffón desvela la magia de lo cotidiano del realismo a la abstracción
- Carmen Laffón. Variaciones puede verse en el Museo Thyssen hasta el 27 de septiembre
- 77 obras en la primera gran retrospectiva de la artista sevillana, tras su muerte en 2021
Los cuadros de Carmen Laffón (1934-2021) transmiten calma y serenidad, pero los que la conocieron hablan de una mujer valiente, intrépida como un tifón, a la que no le asustaban los retos y que supo labrarse una carrera artística en pleno franquismo.
La pintora y escultora sevillana poseía su propio mundo figurativo y sus lienzos tienen un estilo "muy reconocible", según Paula Luengo, comisaria de la exposición Carmen Laffón. Variaciones, que puede verse hasta el 27 de septiembre en el Museo Thyssen-Bornemisza.
La segunda mujer en ingresar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid (la primera fue la mezzosoprano Teresa Berganza) protagoniza una gran retrospectiva que incluye 77 obras, entre óleos, carboncillos y esculturas en los que sus motivos se repiten a lo largo de más de sesenta años.
'Sanlucar de Barrameda', Carmen Laffón, 1977-1978. FOTO: CLAUDIA IHREK
Para esta gran muestra monográfica, la primera tras su fallecimiento, se han restaurado dos lienzos de Laffón La terraza. Madrid, 1973-1975 y Máquina de coser al uso, 1966-1967, que presentaba un hundimiento en el lado izquierdo de la tela.
Naturalezas muertas y paisajes se suceden desde 1956 a 2021. Hay nueve secciones dedicadas a la muñeca Marcelina, la cuna, los cestos, los armarios, el Coto de Doñana, las viñas, la cal y las salinas, temas recurrentes que permiten comparar piezas tempranas con otras más tardías.
Laffón parte de un realismo casi mágico, pero se interesa cada vez más por la pintura en sí misma hasta rozar la abstracción. Pinta con veladuras y manchas difuminadas por lo que las reproducciones se quedan muy lejos del original, para apreciar su arte hay que ver los cuadros en persona, señala la comisaria.
'Coto de Sanlúcar XII' de Carmen Laffón, 2013-2014. FOTO: CLAUDIO DEL CAMPO
Luengo apunta a TVE que "ella era todo sentimiento y emoción" y que su trabajo, cargado de poesía, sigue siendo difícil de clasificar.
Cestos, máquinas de coser y armarios pueblan sus interiores mientras que plasma su vida en Sevilla y Sanlúcar de Barrameda en azoteas, vistas urbanas y paisajes. Laffón hace variaciones con distintas técnicas y, a partir de mediados de 1990, también esculpe. En sus últimos años, se siente más libre y acomete "sus obras más ambiciosas", según el director del Thyssen-Bornemisza, Guillermo Solana.
Trabajo en la viña
Laffón cuidaba a diario una pequeña viña aledaña a su estudio de Sanlúcar que plasmó entre 2006 y 2007 en La viña. Las piezas de esta serie se escapan de la sala de exposiciones temporales y conquistan el hall del museo.
'Vista de la viña I', Carmen Laffón, 2006-2007. Foto: Claudio del Campo
El visitante se encuentra con cuatro paneles de madera y una monumental instalación, con más de 20 cestos de tamaño natural llenos de racimos de uva en bronce.
La muñeca Marcelina
Marcelina viaja es el primer cuadro de la exposición, un óleo sobre lienzo, pintado en 1965, al que la artista perdió la pista durante muchos años. El cuadro había viajado hasta Cuba y volvió enrollado en manos de un piloto que lo vendió a un galerista.
La muñeca Marcelina evoca el realismo mágico de la infancia y fue un préstamo de su amiga pintora Teresa Duclós. Este espacio se completa con dos cunas que representan la fragilidad de los recién nacidos.
Detalle de 'Inés Laffón en la cuna', Carmen Laffón, 1995. FOTO: CLAUDIO DEL CAMPO
Las naturalezas muertas le permiten probar formatos y técnicas. Sus bodegones suelen ser horizontales y están divididos en dos planos: en la parte superior, la superficie de la mesa, y en la inferior, la caída del mantel. Los objetos aparecen en el centro más detallados y difumina el entorno.
Tres dimensiones
A partir de la década de 1990 comienza a introducir el paisaje como fondo, como en Mesa con flores en el jardín (1991-1992), y más adelante incorpora también composiciones verticales. Repisa improvisada (2002-2003) es una obra híbrida a medio camino entre la pintura y la escultura.
'Repisa improvisada' de Carmen Laffón, 2002-2003. FOTO: CLAUDIO DEL CAMPO
Laffón explora la belleza de las cosas sencillas: canastas, pequeños muebles, máquinas de coser, que van ganando protagonismo en sus lienzos. Tres máquinas de coser reflejan la esfera íntima femenina, el trabajo doméstico; dos están cubiertas por una tela, e introducen un juego entre lo visible y lo invisible.
En las décadas de 1960 y 1970, Laffón pinta paisajes urbanos de azoteas (La terraza. Madrid, 1973-1975) y lo que se ve desde ellas. Luego la azotea pierde protagonismo en favor del perfil de la ciudad y del cielo, que ocupa casi la mitad superior, anticipando sus vistas del Coto.
Doñana
Hacia 1978, inicia sus pinturas de Doñana desde Sanlúcar, unas vistas horizontales en tonos pastel, con una clara línea divisoria entre el cielo y el mar. De 2011 a 2014, retoma esta serie y plasma los cambios de la luz a lo largo del día, de las estaciones y las mareas de la desembocadura del Guadalquivir.
El armario es una constante desde 1973 hasta 2018, una pequeña alacena de madera, pintada en blanco, en negro o en color, y que, desde 1995, realiza en bronce. Las puertas puede estar cerrados, entreabiertas o abiertas del todo. Laffón incorpora el lenguaje contemporáneo con un fondo neutro difuminado, en el que el mueble sin sombra parece flotar.
Una de cal
La artista se fija en paisajes humildes y de extraña belleza. Entre 2011 y 2015, dedica grandes tablas al óleo, témpera y carboncillo a los utensilios y herramientas de los encaladores que trabajan en un cortijo andaluz, como bidones, carretillas, cubos y mesas.
Laffón elige presentar el espacio sin figuras humanas, con los objetos a tamaño real y desde diferentes ángulos, lo que confiere a estas obras un nuevo valor, una relevancia y una belleza que las eleva a la categoría de arte, como puede verse en La cal. Bidón y mesa azul (2013).
La sal
La última de sus series, elaborada entre 2017 y 2020, es la que dedica a las blancas salinas de Bonanza, próximas a su casa y su taller de La Jara en Sanlúcar. Un proyecto ambicioso, por el número de piezas y su gran formato.
'La sal. Salinas de Bonanza (montaña horadada)' de Carmen Laffón, 2020. FOTO: CLAUDIO DEL CAMPO
En la última sala se incluyen siete óleos, un delicado bajorrelieve en escayola (La sal, 2019) y una pequeña escultura (La sal. Montaña de sal, 2020), sus piezas de fecha más reciente en las que culmina su viaje hacia la abstracción.
El recorrido concluye con un audiovisual sobre la artista, realizado con motivo de la exposición, y que cuenta con la participación de historiadores, artistas y galeristas, como Jordi Teixidor, Estrella de Diego, Jacobo Cortínez, Íñigo Navarro y Juan Suárez.
Antes de irse el visitante puede asomarse a la vista de Sevilla desde el río en la que la Torre del Oro está perfectamente alineada con la Giralda. La exposición Carmen Laffón. Variaciones puede verse en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid hasta el 27 de septiembre.