Marruecos, entre las ausencias de Mohamed VI, rumores de transición y el malestar social
- La crisis en Ceuta coincide con las vísperas de las elecciones legislativas
- En el país reinan los rumores de transición y un descontento popular sofocado esporádicamente por la represión policial
Los fotogramas que hace una semana surgieron en Ceuta, con decenas de miles de personas llegando a la ciudad autónoma, abren un roto a la narrativa que Mohamed VI ha construido durante más de un cuarto de siglo. Cuando accedió al trono en 1999, el monarca se presentó como una ruptura generacional con los años de plomo de su padre Hasán II. La propaganda oficial lo bautizó como el 'rey de los pobres' y proyectó la imagen de un soberano joven, próximo a los sectores desfavorecidos y dispuesto a modernizar el país.
Hicham Mansouri, periodista de investigación marroquí exiliado en Francia, considera que la crisis migratoria de los últimos días ha desbaratado por completo ese relato: "Los daños son inmensos y, en muchos sentidos, irreversibles, tanto para la imagen del reino como para la del rey. Las imágenes hablan por sí solas: niños, ancianos, menores e incluso bebés quedaron expuestos a esta situación. Eso redujo a la nada toda la propaganda del régimen difundida por sus medios, incluidos los éxitos recientes de la selección nacional en el Mundial".
"Hoy puede decirse que ha conservado ese estatus a su manera: es un rey rico que reina sobre los pobres", detalla. La crisis coincide, además, con un debate soterrado sobre el futuro de la monarquía. La salud del soberano —que cumple 63 años este mes de agosto—, sus prolongadas ausencias y la creciente visibilidad del príncipe heredero Mulay Hasán alimentan las especulaciones sobre una transición cada vez más cercana.
Un régimen en transición
Mansouri interpreta la avalancha que llegó hasta la ciudad autónoma como una respuesta social al último discurso del Trono. "Estos acontecimientos aparecen también como una respuesta directa al discurso del Trono, en el que el rey parecía completamente desconectado de la realidad del país. Además de su enfermedad, se encuentra a menudo fuera de Marruecos por estancias privadas o tratamientos. El primer ministro también estaba en España en aquel momento. Se tiene, por tanto, la sensación de que cada uno trata de huir del país a su manera". Y agrega: "Es cierto que Marruecos atraviesa una grave crisis económica y social, pero resulta difícil imaginar que lo sucedido no fuera, como mínimo, alentado o instrumentalizado por el aparato del Estado profundo, empezando por la DGST (Dirección General de Vigilancia del Territorio, el servicio de inteligencia interior de Marruecos) e incluso por el propio Palacio".
El reportero añade un matiz clave: "Parece que las cosas superaron aquello que el régimen quería provocar inicialmente, hasta el punto de escapársele de las manos". La nueva crisis con España se produce a las puertas de las elecciones legislativas, previstas para el 23 de septiembre. La campaña electoral arranca el 10 de septiembre. Los comicios de hace cinco años acabaron con el nombramiento como primer ministro por Mohamed VI del magnate Aziz Akhannouch, una de las mayores fortunas de África y una figura impopular que la población vincula a la corrupción.
"Lo de Ceuta es una manifestación masiva contra un sistema socioeconómico extremadamente corrupto y un régimen elitista, autoritario y que desprecia al pueblo llano", denuncia desde Rabat Maati Monjib, historiador y profesor universitario. "Aziz Akhannouch ha presidido el Gobierno más oligárquico desde los años 80. Se trata de un gabinete que ha convertido las rentas, las prebendas públicas y los tratos de favor en un sistema de gobierno. Las elecciones de las que salió elegido fueron las más viciadas por la intervención del Ministerio del Interior durante el reinado de Mohamed VI, marcadas en gran medida por el uso ilegal de dinero sucio y 'limpio'", añade.
El rey Mohammed VI de Marruecos en Rabat Carlos Alvarez/Getty Images
Fouad Abdelmoumni, economista marroquí, recomienda evitar conclusiones definitivas sobre las consecuencias del asalto a la ciudad autónoma. "La batalla de las interpretaciones está lejos de terminar. A los marroquíes se les venderá la ilusión de una incertidumbre sobre la responsabilidad de su Estado en esta tragedia humana y se minimizará su alcance. Se defenderán grandes diseños estratégicos, como la preparación de las condiciones para obligar a España a abandonar los enclaves y las islas vecinas. También se destacará el beneficio de apaciguar a Trump y, en ciertos círculos, a Israel, decididos a desalojar a Sánchez".
La tragedia ha dejado también un silencio institucional que las fuentes consultadas consideran revelador. Ni el Palacio ni el Gobierno marroquí presentaron inicialmente condolencias públicas a las familias de los fallecidos. Para el periodista marroquí Ali Lmrabet, afincado en Barcelona, esa ausencia resume la relación del sistema con sus ciudadanos: "Un centenar de jóvenes ciudadanos muertos y como si nada. Aparte de rarísimas y bienvenidas excepciones, en Marruecos hay un silencio escandaloso sobre lo ocurrido en Ceuta. ¿Qué vale la vida de un súbdito en Marruecos? Nada. Cero", replica con amargura.
Mansouri califica ese mutismo institucional de "irresponsable y escandaloso". La indiferencia aparente resulta especialmente perjudicial para un régimen cuya legitimidad se apoya en la figura paternal del monarca, su condición religiosa de comendador de los creyentes y su supuesta capacidad para garantizar una estabilidad cada vez más cuestionada.
Una sociedad en ebullición y con ansias de emigrar
La frontera no produjo la desesperación. Solo le proporcionó una dirección. Una parte significativa de la juventud no confía en que el mercado laboral, las instituciones o las reformas prometidas le proporcionen un futuro. El progreso macroeconómico y las grandes infraestructuras conviven con el desempleo juvenil, la desigualdad territorial, el clasismo y la percepción de corrupción y ausencia de oportunidades.
Abdelmoumni subraya que Ceuta sirve como radiografía del malestar: "Este acontecimiento pone de relieve el desasosiego social en Marruecos y la imprevisibilidad del régimen marroquí". Sin embargo, desliza que la frustración no conduce automáticamente a una transformación política: "Convertir semejante cambio en una acción política pertinente y eficaz dependerá principalmente de las condiciones objetivas del futuro próximo —las lluvias, la inflación, la creación de empleo— y, aun más, de la aparición de fuerzas organizadas influyentes capaces de traducir el descontento social en programas políticos y alianzas convincentes".
Migrantes en la playa ‘El trampolín ‘ en Ceuta, casi una semana después del paso masivo a través del espigón del Tarajal EFE / Reduán
La protesta social marroquí ha adoptado formas distintas durante la última década: desde el Hirak del Rif hasta las movilizaciones de profesores, sanitarios, desempleados y jóvenes. El último desafío en las calles del reino se produjo en septiembre de 2025 bajo el nombre de GenZ212. Convocado por la Generación Z, el movimiento se organizó a través de Discord y otras redes sociales. Movilizó a cientos de miles de jóvenes bajo el lema Menos estadios y más hospitales. Sus reivindicaciones se centraban en el deterioro de la sanidad y la educación públicas, el desempleo juvenil, la corrupción y el gasto destinado a las infraestructuras del Mundial de 2030 frente a las necesidades sociales.
Las autoridades lanzaron una intensa represión: cerca de 6.000 personas fueron detenidas, más de 2.000 condenadas a penas de prisión y decenas de jóvenes continúan procesados. Esa mano dura acabó desarticulando las movilizaciones en la calle, pero no desactivó el malestar de una generación que sigue viendo la emigración como una de sus pocas salidas.
Abdelmoumni opina que la misma dinámica se está aplicando a la interpretación de Ceuta: "La batalla de las percepciones se librará en el terreno del sometimiento y la manipulación de las élites. Pocos partidos y organizaciones en Marruecos han expresado posición alguna. Sin embargo, la represión ya afecta a las informaciones y opiniones disidentes mediante bloqueos, difamación y, potencialmente, detenciones y juicios".
La salida hacia Europa funciona, en ese contexto, como una válvula de escape. Reduce la presión interna, alimenta las remesas y desplaza fuera del país a una parte de la población más joven y frustrada. Pero la escena de decenas de miles de personas huyendo al mismo tiempo transforma esa solución silenciosa en una impugnación pública. Lmrabet coloca el foco en el más de centenar que murieron en el intento. "Eran jóvenes marroquíes incrédulos y engañados que pensaban resolver su futuro arriesgando su vida". Extiende su crítica a la reacción europea: "Para España y la UE, la vida de jóvenes marroquíes incrédulos y engañados que pensaban resolver su futuro arriesgando su vida tampoco vale nada. Si esto no es racismo oportunista y estructural —y no paternalismo, porque aquí hablamos seguramente de más de cien muertos—, ¿qué es entonces?".
El proyecto del Gran Marruecos
Las reivindicaciones territoriales marroquíes no se limitan a Ceuta y Melilla. Forman parte de una tradición nacionalista que, en sus versiones más expansivas, ha imaginado un 'Gran Marruecos' extendido sobre el Sáhara Occidental y territorios de los actuales Argelia, Mauritania e incluso Malí. Sus elementos sobreviven en el discurso político, los mapas, los manuales escolares y la concepción de las fronteras heredadas del colonialismo.
Ceuta y Melilla ocupan otro lugar en esa cartografía simbólica. Rabat evita generalmente convertirlas en una exigencia inmediata porque necesita mantener su cooperación con España. Sin embargo, su reivindicación reaparece en momentos de tensión y recuerda que Marruecos no considera cerrada la configuración territorial del norte de África. De hecho, el giro español en el contencioso del Sáhara Occidental no trajo aparejada una renuncia escrita de Rabat a lanzar reclamaciones sobre ambas ciudades. Desde entonces, altos funcionarios del reino la han seguido lanzando y —como enésima prueba— las aduanas de Ceuta y Melilla no han llegado a funcionar jamás con normalidad, a pesar de lo pactado por España y Marruecos en abril de 2022.
La utilidad interna del discurso que repite la reclamación de Ceuta y Melilla o la supuesta marroquinidad del Sáhara resulta evidente. Frente al desempleo, la desigualdad o la falta de libertades, la reivindicación territorial ofrece una causa nacional capaz de agrupar a la población alrededor del monarca. La política exterior se transforma en una fuente de legitimidad doméstica. Pero también encierra riesgos regionales. La carrera armamentística entre Marruecos y Argelia, la ruptura de relaciones diplomáticas entre ambos países y la ausencia de integración magrebí convierten cada avance diplomático de Rabat en el Sáhara en una nueva fuente de tensión.
Abdulah Arabi, delegado del Frente Polisario en España, acusa directamente a España y a la UE de proteger a Rabat. "Tanto la Unión Europea como España han evitado responsabilizar a Marruecos de manera directa. Sin embargo, aunque hubiese sido lo propio considerando la gravedad de lo acontecido, no ha sido necesario, dado que desde todos los espacios se ha llegado a la misma y única conclusión posible", explica. "Sostener que una movilización de tal magnitud es posible en Marruecos sin contar con la colaboración de las autoridades marroquíes es no conocer en absoluto el sistema político y social marroquí. Las relaciones de buena vecindad defendidas por la Unión Europea y España no pueden convertirse en una licencia en blanco para Marruecos", opina.
Refugiados saharauis celebran el 50.º aniversario de la proclamación de la República Saharaui con una bandera del Sáhara Occidental en Aousserd, Tinduf APP Billel Bensalem/APP
El Sáhara Occidental, telón de fondo
En el centro de la relación permanece el Sáhara Occidental. Es el expediente que conecta la crisis de Ceuta de 2021 con las tensiones diplomáticas posteriores, la política de España hacia Argelia y el esfuerzo de Marruecos por obtener reconocimientos internacionales de su soberanía. En marzo de 2022, el Gobierno español respaldó la propuesta marroquí de autonomía como la base "más seria, realista y creíble" para resolver el conflicto. La decisión puso fin a la crisis diplomática con Rabat, pero abrió otra con Argelia y modificó una posición española mantenida durante décadas.
Marruecos controla hoy la mayor parte de la excolonia española, un territorio no autónomo pendiente de descolonización, tal y como establece la ONU. El Frente Polisario reclama el derecho de autodeterminación de la última colonia de África y la celebración del referéndum pendiente desde hace décadas.
Precisamente, en las semanas previas a los sucesos de Ceuta se habían escenificado avances en la reconciliación con Argelia: Pedro Sánchez visitó Argel el 20 de julio y se reunió con el presidente argelino, Abdelmajid Tebboune. Ambos acordaron la celebración en otoño de la VIII Reunión de Alto Nivel (RAN) y se comprometieron a reforzar la cooperación en migración, lucha antiterrorista, energía y relaciones económicas. A finales de junio se desbloqueó en el Congreso la ley de nacionalidad para los saharauis, una iniciativa de Sumar congelada durante meses por el rechazo de su socio de coalición. El 23 de julio, la Comisión de Justicia aprobó el dictamen con una amplia mayoría, por lo que la iniciativa quedó lista para su votación definitiva en el Pleno tras el receso del verano.
Rabat, que se disputa con Argelia la hegemonía del Magreb, considera hostil a sus intereses cualquier acercamiento a Argel tras una sucesión de reveses judiciales. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha dictado sucesivas resoluciones sobre la aplicación en el Sáhara Occidental de acuerdos comerciales y pesqueros entre la UE y Marruecos. La cuestión jurídica central ha sido que el territorio posee un estatus separado y distinto de Marruecos y que los acuerdos no pueden aplicarse sin el consentimiento del pueblo saharaui.
La respuesta política europea ha tratado, no obstante, de preservar a toda costa la relación económica con Rabat, especialmente la agrícola. Cada revés judicial ha sido seguido por nuevos intentos de acomodar los acuerdos a las exigencias legales sin romper la asociación.