España, Marruecos y la geopolítica de la crisis migratoria en Ceuta
- Expertos sostienen que era imposible que Rabat no supiese que miles de personas estaban llegando al paso fronterizo
- El siguiente paso del país podría pasar por lograr que EE.UU. defienda un cambio de soberanía en los enclaves
¿Qué pasó el jueves en Ceuta? La versión del Gobierno sostiene que miles de marroquíes, en su mayoría jóvenes, pero también familias con niños en brazos, cruzaron a nado y a pie la frontera del Tarajal espoleados por las mafias. Es la misma hipótesis que esboza el Ejecutivo de Marruecos, pero el parecer de algunos expertos difiere. En primer lugar, porque el episodio tiene muchos ingredientes de lo que se denomina ataque de guerra híbrida, segundo, porque Marruecos no es un vecino más ni se puede comparar a ningún otro por su reclamación histórica sobre la soberanía de Ceuta y Melilla y tercero, porque en el episodio han confluido muchos intereses geoestratégicos como para achacarlo todo a un supuesto movimiento sin ninguna finalidad política azuzado por las redes sociales.
"Fue una confluencia de factores, la situación de la juventud, las noticias publicadas por los medios, los mensajes en redes… de la que se aprovechó Rabat", apunta el catedrático de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales en la Universidad de Cádiz Alejandro del Valle. Juan Rodríguez Garat, almirante retirado y autor del libro Tambores de Guerra, coincide al señalar que fue un cóctel con diversos ingredientes: "La inmigración es un fenómeno natural, siempre espoleado por las regularizaciones, que dan esperanza a los migrantes y, en este caso, avivada también por la sentencia del Supremo. Pero las dimensiones solo se justifican porque, cuando le conviene, Marruecos presiona a España mirando para otro lado".
"Es una operación híbrida que combina desinformación con el uso de migrantes como un arma. La combinación de ambos busca forzar una contrapartida por parte de España", defiende Natalia Sancha, investigadora sénior del Real Instituto Elcano. La experta sostiene que, aunque no se puede responsabilizar a Marruecos de la misma, contó con la "connivencia" del régimen, que no frenó el flujo de personas. ¿Cómo consiguieron cruzar la frontera esas 50.000 personas? Imposible sin el conocimiento del poder marroquí, coincide el periodista disidente Ali Lmrabet
"Marruecos no es un Estado comunista, pero vigila al país como lo hacía la antigua Unión Soviética y mejor que la antigua Unión Soviética", ilustra el también escritor, para sentenciar que no es posible que se movilice tal cantidad de gente sin que el régimen marroquí "lo sepa de antemano". "Marruecos es un Estado policial, no es como España, con unas libertades que se respetan", añade en referencia al control férreo de las redes sociales y las capacidades tecnológicas del país para la localización e identificación, cuando interesa, de los autores de determinados mensajes.
¿Por qué?
Los motivos a los que apuntan los expertos son diversos. Lmrabet pone el foco en que la Comisión de Justicia del Congreso avalase el pasado 23 de julio la ley que concede la nacionalidad española a los saharauis nacidos cuando el territorio era todavía una colonia y a sus descendientes. El número total de beneficiarios oscila, según los promotores de la iniciativa, entre los 100.000 y 200.000. Es una bolsa importante de personas "con derecho a voto y la mayoría pro Frente Polisario y proindependencia. Imagínate la fuerza electoral de esa gente", remarca el periodista.
Para Rodríguez Garat, el fin último de la actuación de Rabat es "condicionar" la política exterior de España en cuestiones como el Sáhara o Argelia, también en las negociaciones sobre los espacios de soberanía. Es una idea similar a la que defiende el director ejecutivo del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC), Haizam Amirah Fernández. "La lógica de suma cero en Rabat es que si España se acerca a Argelia es malo y tiene que mostrar su enfado usando vías y métodos de presión con elementos de ambigüedad. No es nuevo. Ocurrió en 2021 y en 2022, cuando consiguió que el Gobierno cambiara la posición tradicional de neutralidad hacia el Sáhara", recordaba el especialista este lunes en una entrevista en el Canal 24 Horas.
La razón de fondo que late, remarca Del Valle, es la exigencia por parte del reino alauí de que Ceuta y Melilla pasen a formar parte de su territorio. "Marruecos nos considera un adversario estratégico a abatir porque en su ADN nacional tiene el cuestionamiento de las fronteras de Ceuta y Melilla, por lo tanto, siempre nos va a considerar un adversario", advierte el profesor. Es la idea, la de que las dos ciudades autónomas no debería formar parte de España, en la que ha estado insistiendo estos días el periódico oficialista Le 360, que en un artículo aseguró: "La cuestión no es saber si estos enclaves retornarán a su entorno natural, Marruecos, sino en cuánto tiempo y después de cuántos dramas".
El triángulo Estados Unidos, Israel, Marruecos
La investigadora del Real Instituto Elcano añade más datos a la tesis del catedrático de la Universidad de Cádiz: el fortalecimiento de las relaciones entre Estados Unidos, Israel y Marruecos. La experta matiza que tampoco se puede achacar la posible operación híbrida ni a Washington ni a Tel Aviv, ni determinar su grado de participación si es que lo hubiesen tenido, pero la buena relación entre los tres influye en las consecuencias futuras de lo sucedido. En 2020, el régimen marroquí firmó los Acuerdos de Abraham. El movimiento supuso la normalización de relaciones con Israel y la asunción por parte de Washington del postulado de Marruecos sobre el Sáhara, recuerda Sancha.
"Desde entonces se van produciendo una suerte de acuerdos tripartitos entre los tres en los que hay intercambios de armamento militar, de redes sofisticadas de espionaje, como el programa Pegasus, y, por supuesto, de unas relaciones diplomáticas que se están capitalizando ahora en Washington", enumera la especialista. Sancha se refiere, entre otros, al documento del Congreso Estadounidense que definía a Ceuta y Melilla como territorio de Marruecos "bajo administración española". También al papel que está jugando Mario Díaz-Balart, congresista y miembro del caucus marroquí que defiende los intereses del país en la Cámara Baja estadounidense y que propuso que el Frente Polisario fuera considerado una organización terrorista. De una u otra forma, "Estados Unidos e Israel han aprovechado para sumarse a la narrativa contra el Gobierno de Sánchez, con el que mantienen una relación tensa".
Y ni para Sancha ni para Del Valle es descabellado pensar que el siguiente paso que intente orquestar Marruecos pase por que Estados Unidos defienda que Ceuta y Melilla pasen a formar parte de su territorio. "Marruecos lo puede intentar ahora porque está envalentonado y tiene dos aliados fuertes, que son Israel y Estados Unidos. Van a intentar sacar el máximo rédito", explica Sancha, y añade: "En Washington, los globos sonda suelen preceder a los estallidos de las declaraciones maximalistas de Trump. Y lo de Ceuta y Melilla y la cuestión de a quién pertenecen lleva rondando las mesas desde abril".
Otro elemento que importa es la reconfiguración de los tráficos marinos tras el estrecho de Ormuz. La importancia de Gibraltar se ha revalorizado como llave del Mediterráneo y paso clave de las rutas comerciales. "De todos estos elementos es más consciente Marruecos que España", se lamenta Del Valle, que censura la política del Ejecutivo por no tener en cuenta la singularidad del reino alauí —es el único vecino, remarca, que persigue "romper el espacio democrático español"—, y no tener una estrategia clara respecto a este.
El papel de España y el de la UE
El catedrático de Derecho Internacional no entiende cómo España no se ha apoyado en Europa. "Marruecos es el primer interesado en que esto sea algo España-Marruecos. Y yo creo que el interés de España tendría que estar en que sea algo Marruecos-Unión Europea", explica Del Valle. El experto sostiene que, si hubiera habido una misión Frontex desplegada en Ceuta, el régimen marroquí no habría permitido la entrada de miles de personas por el Tarajal, pero para eso "hace falta que el Gobierno pida ayuda y no quiere hacerlo".
Del Valle defiende que la UE, al igual que ha establecido un eje estratégico defensivo y de seguridad en Ucrania, tendría que hacer lo mismo en Gibraltar, pero lo cierto es que la respuesta a la crisis de Ceuta, contrapone Sancha, no ha sido la misma que se ha dado con episodios similares en el flanco este de la Unión. Sancha se refiere a cuando en 2021 Bielorrusia llevó a decenas de inmigrantes a la frontera con Polonia. "La respuesta fue condenar los hechos, ahora ha sido la estampida. Hemos visto a países como Italia o Finlandia con reacciones poco solidarias. ¿Por qué? Porque al alineamiento entre Trump e Israel con Marruecos se suma un cuarto elemento, la extrema derecha, y la intención de provocar un cambio en las elecciones", zanja la investigadora de Elcano.