Tres décadas desde que una riada convirtió las vacaciones en Biescas en una tragedia imborrable
- El desastre natural que arrasó el camping de Biescas dejó 87 muertos y 183 heridos
- Una catástrofe que tres décadas después sigue sobrecogiendo el corazón de todos los que estuvieron presentes
Hace 30 años, más de 600 personas veraneaban en el camping de nuestra señora de Las Nieves, en Biescas, sin ser conscientes de la tragedia que estaba a punto de suceder y que dejó 87 muertos y más de 180 heridos. Para los campistas, era una simple tormenta de verano en pleno agosto en los Pirineos, nada extraño, algunos decidieron irse de excursión, otros prefirieron refugiarse del agua en la cafetería, y los más afectados, simplemente se decantaron por echarse una siesta en sus caravanas o tiendas de campaña.
Pasaron 11 meses hasta que la tierra devolvió el último cuerpo perteneciente a un niño de 7 años. En total, 27 de las víctimas fueron niños, el más pequeño de 10 meses. La persona más mayor en perder la vida tenía 70 años.
El 7 de agosto de 1996, en torno a las 17.30 horas, empezó la tormenta. La Agencia Estatal de Meteorología había avisado por la mañana que Aragón era una de las regiones amenazada por el riesgo de fuertes lluvias. Lo que empezó como un granizo, terminó descargando en tan solo 45 minutos más de 170 litros de agua por metro cuadrado. Una ola gigante recorrió el barranco de Arás llevando a su paso más de 20 toneladas de rocas, árboles, lodo y fango, que impactaron y destruyeron por completo el camping. "En tres minutos se ha llevado el camping, lo ha arrasado", detallaba entonces una de las campistas a TVE.
La maravillosa puesta en escena de una acampada en mitad de los Pirineos pasó a ser una escena desgarradora llena de desastre y violencia. Multitud de coches, ramas, ropa, cuerpos, cables e instalaciones fueron desplazados por el agua kilómetros y kilómetros. Muchas personas intentaron agarrarse a cualquier cosa, otras acabaron con niños desconocidos de tan solo tres años en sus brazos mientras que buscaban a los suyos propios. “Llegó un momento que eras tú o nadie”, comentaba a micrófonos de TVE un campista. Otro confesaba no saber cómo saco una persona de debajo de la rueda de un coche mientras veía a niños y adultos ser arrastrados por el agua.
Una situación tan incrédula como excepcional que conmovió a todo un país, pero que no se puede explicar a menos que seas un superviviente: “Es horrible, ves la muerte tan de cerca, con tu hijo al lado”, lo resume una de ellas entre lágrimas.
El pueblo salva al pueblo
Las primeras personas en llegar, una vez más, no fueron los servicios de emergencia, sino los residentes de los municipios cercanos que, tras escuchar lo ocurrido, se acercaron a la zona cargados de mantas, comida y con la esperanza y el foco puesto en sacar a gente con vida.
“Yo pienso que cuando hay una catástrofe de este calibre, lo que hay que hacer es todo lo que humanamente esté en tus manos”, comentaba una vecina de Biescas en TVE que acogió en su casa tres familias.
La noche fue complicada, la mañana siguiente aún más. Los helicópteros, Guardia Civil y servicios de emergencia no pararon de sacar cuerpos vestidos de lodo y castigados por el agua. Las ambulancias se llevaban a fallecidos por traumatismos y a otros asfixiados por el lodo. La búsqueda de cuerpos se centró en el pantano de Sabiñanigo, a 13 kilómetros del camping. El jefe de bomberos de Huesca, Luis Zapatero, señalaba en declaraciones a TVE que sin el peso de la ropa, “los cuerpos empezarían a flotar”.
Aspecto que presentaba el camping "Las Nieves" en Biescas tras la tragedia EFE/Javier Belver
Los reyes de entonces, don Juan Carlos I y doña Sofía visitaron el lugar y el presidente del Gobierno del momento, José María Aznar, también, pero no había consuelo para las víctimas.
Vivir, o más bien sobrevivir, después de lo ocurrido
La gente que sobrevivió a la riada se encontraba helada de frío. Estaban traumatizados y sin palabras que explicarán lo que acababan de vivir.
Desde el hospital, uno de los heridos relataba su experiencia: “La roulotte de la calle 6 flotaba, y vino hacia nuestra caravana, nos estrella, y una tienda de campaña me enreda las piernas, me intentó agarrar a unos cables, una farola, me doy cuenta del ímpetu del agua cuando choco con la carretera”.
Una familia se salvó siendo arrastrada dentro de su caravana hasta la carretera, pero la conmoción por lo vivido daba paso al llanto. “Pensaba que perdíamos a las niñas” contaba la madre a TVE el día después de la tragedia. “Nosotros estamos bien, pero hemos venido con unos amigos que han perdido a la madre”, añadió.
Esa era la batalla más dura, la de los heridos y familiares que tenían que encontrar al resto de sus familiares con o sin vida. Lo más devastador era acudir al tanatorio situado en el Palacio de hielo de Jaca donde la gente acudía a identificar cadáveres.
Sergio Murillo tenía 16 años en el momento de la tragedia, perdió a sus padres y sus dos hermanos. Tras salvarse agarrado entre ramas, perdió el conocimiento y se levantó en el hospital sin asimilar lo que había ocurrido. Rechaza la idea de que el dolor pueda borrarse. “Se aprende a vivir con él. No puedes pretender que desaparezcan las experiencias que te han modelado y las que hacen ser quién eres. A lo que puedes aspirar es a que no condicionen tu futuro”, resume en conversaciones con EFE.
La compañía de sus tíos y sus primos fue fundamental para él, contaba Murillo hace 13 años en el programa Tenemos que Hablar de TVE. Ahora Sergio es padre de tres hijos que para su tía son tres nietos más.
La terapia psicológica también fue fundamental para él y para cientos de víctimas. Marta Roche, psicóloga general sanitaria experta en traumas y miembro del Equipo de Respuesta Inmediata en Emergencias psicosocial (ERIE) de la Cruz Roja en la provincia de Huesca, explica a EFE que que la tragedia de Biescas evidenció que la asistencia emocional debía formar parte de la respuesta desde los primeros momentos de una emergencia. La psicóloga sostiene que perder a toda una familia es una experiencia de la que “no se vuelve siendo la misma persona” y la recuperación no consiste en borrar lo ocurrido, sino en aprender a convivir con ello.
Otra batalla judicial que deja desamparadas a las víctimas
El camping de Las Nieves estaba catalogado de primera categoría y había recibido varios premios por la calidad y mantenimiento de sus servicios. Su propietario, Luis Bardají, estuvo acusado pero fue absuelto ya que tenía todos los permisos en regla. La causa penal fue archivada por la Audiencia de Huesca al argumentar que la riada fue "excepcional e imprevisible".
Sin embargo, en 2005, la Audiencia Nacional condenó al Gobierno de Aragón y al Ministerio de Medio Ambiente a indemnizar solidariamente con 11,2 millones de euros a 63 de las 87 víctimas mortales, ya que el resto no se personó en el proceso. El Ejecutivo regional acordó años después con las familias de estos afectados abonarles su parte de indemnización pero no así la Administración central, que negó esa posibilidad.
Uno de los abogados que representó a varios afectados en el procedimiento, Ricardo Orús, recuerda a EFE que el caso fue un "calvario judicial". “Tenías que explicar a una persona que lo había perdido todo por qué el proceso encontraba tantos obstáculos. Para mí era difícil entenderlo y después era imposible que lo entendieran ellos”, afirma el letrado. “No tuvimos apoyo del juez, ni de la Fiscalía. Hubo que luchar contra todos los obstáculos”, apunta.
Sin duda, la parte positiva es que el camping de Las Nieves marcó un antes y un después en la historia reciente de España. “Cambió la legislación de los campines en Aragón. Ahora se hacen unos estudios de riesgos naturales. Se visualizó que era una infraestructura muy vulnerable. También que una caravana da una falsa sensación de seguridad, como que estás en tu casa", explica el entonces alcalde Luis Estaún al periódico Heraldo de Aragón. "La principal lección fue que hay que ser más riguroso a la hora de analizar en qué zona se puede instalar o no un camping".
Recuerdos que marcan para siempre
Las víctimas jamás olvidarán las horas y días de angustia que vivieron en aquel lugar.
Ander Zubillaga tenía 6 años cuando estaba de vacaciones en el camping, ahora ha compuesto una canción titulada "Biescas" un "pequeño homenaje a todas las personas fallecidas y a todas las familias afectadas por la riada", como relata en su canal de YouTube.
Ander estaba pasando una mañana tranquila con juegos y piscina, más tarde con la lluvia su padre le cogió en brazos y entre el lodo consiguieron llegar hasta la zona de los baños, situada en alto. La canción cuenta a través de su guitarra, y sin letra, su historia: "La calma de un día cualquiera, el caos repentino, el miedo, la protección, la memoria y ese silencio que queda después de la tormenta".
La escultora Teresa Pueyo inauguró el 7 de agosto de 2016 un memorial formado por tres piezas verticales colocadas de forma radial, en representación cada una de ellas, de la memoria de los fallecidos y heridos, de la solidaridad de todos los que intervinieron en las operaciones de rescate y ayuda, y de los sentimientos de quienes lo vivieron en primera persona. En la placa se pueden leer los nombres de los 87 fallecidos.
Este viernes, 30 años después, la memoria de aquellas 87 personas vuelve a ser recordada.
*Este contenido ha sido escrito por la estudiante en prácticas Carla Alonso González bajo la supervisión de la responsable Carmen Campos.