El almacenamiento, la asignatura pendiente en la apuesta por las energías renovables que lidera España
- Almacenar energía eólica o solar asegura el suministro, lo abarata y regula el sistema
- Hacerlo rentable para los productores es un primer paso para incentivar la transición a la energía verde
La energía solar fotovoltaica se ha multiplicado en los últimos años en España. Desde 2020 a 2025 hablamos del triple de gigavatios/hora generados al año, hasta los 50.188 del año pasado, un 18% del total. Pero este éxito colectivo tiene por delante un reto: su almacenamiento.
Las energías renovables, como la solar o la eólica, se generan en momentos del día y en función de condiciones meteorológicas que no tienen por qué coincidir con los picos de consumo. Tener un sistema que guarde esa energía es necesario no solo para poder usarla después, también "ese almacenamiento puede ayudar a reducir situaciones de sobrecarga y a prevenir interrupciones del suministro", señala una comunicación de Iberdrola, que resuena con el apagón masivo en la península del 28 de abril de 2025.
El almacenamiento forma así parte de la eficiencia y la seguridad del sistema. "La generación de energía solar es casi mayor que el consumo instantáneo y, con el exceso, solo hay dos opciones: cortar la producción de la planta, lo que se llama curtailment o restricciones técnicas, o desviar el excedente", apunta el fundador de la consultora SunAdvisors y profesor del máster de Energías Renovables de la Escuela de Organización Industrial (EOI), Alejandro Diego Rosell, en una entrevista con RTVE Noticias por el Día Mundial del Almacenamiento de Energía que se celebra este martes.
¿Cómo se almacena la energía?
La energía captada del sol o el viento puede convertirse finalmente en electricidad, pero se guarda en forma de energía mecánica o química. Esto puede hacerse a gran escala en centrales hidroeléctricas de bombeo, pero también más repartido en grandes baterías (las llamadas BESS, siglas de "sistemas de almacenamiento de energía en baterías" en inglés) y otras tecnologías de almacenamiento térmico, hidrógeno verde, aire comprimido, según enumera Iberdrola.
Sistema de almacenamiento de energía en baterías (BESS) en Eslovenia, en una imagen de archivo GETTY
El empresario y experto de la EOI explica que el sistema de bombeo reversible, muy implantado en España, funciona de forma que se "bombea agua de unos embalses preparados para ello y luego se vierte durante la noche cuando hay más demanda o cuando el precio es más atractivo para el productor".
Esta cuestión del precio que se paga al productor es central para entender la situación del almacenamiento en España. El aumento de las fuentes renovables ha llevado a que el mercado eléctrico no pague al productor en determinadas horas de exceso de oferta y baja demanda.
"La solución es tratar de desplazarlo a horas en las que hay más demanda", apunta Diego Rosell, esto es, entre las 20:00 y las 23:00 horas, cuando llegamos a casa, encendemos la televisión y las luces, ponemos lavadoras y empezamos a cocinar. Es también precisamente cuando la electricidad nos cuesta más cara.
Así, las tecnologías de almacenamiento permiten que el productor vierta la electricidad en un momento en el que sí vaya a obtener réditos por ello y, a la vez, eso abarate el precio para el consumidor.
Crear un mercado para pagar a quienes almacenan
Para ordenar esto, el Gobierno acaba de publicar en el Boletín Oficial del Estado la nueva regulación del mercado de capacidad, que recibió el visto bueno de Bruselas. "Es una manera de que las baterías también tengan ingresos. La tecnología ya existe, lo que pasa es que hasta ahora en España no estaba muy claro cómo hacer dinero con ellas", explica el Alejandro Diego Rosell, de SunAdvisors.
Además del citado arbitraje (acumular en horas baratas para vender en horas más caras), el nuevo mecanismo pagará a los agentes que tengan capacidad de almacenamiento simplemente para que estén preparados para cuando hagan falta. "Es como los bomberos. Les pagas por apagar incendios, pero también para estar disponibles", compara. "La energía solar y la eólica son baratas, pero puede ocurrir que caiga la producción, o que haya un fallo en la red, o que aumente el consumo y en un momento no haya suficiente electricidad en el corto plazo. Este mercado de capacidad permite que el almacenamiento participe de la gestión de la red".
El plan del Ejecutivo está dotado de 9.000 millones de euros y busca garantizar el suministro eléctrico en todo momento a través de subastas, en las que pueden participar las centrales hidroeléctricas, las BESS y demás, pero también los grandes consumidores, que pueden reducir puntualmente su demanda para equilibrar el sistema a cambio también de una remuneración.
El caso australiano
El uso de energías renovables en Australia se señala a menudo como el camino a seguir. Allí, ya ha habido momentos en que las baterías han determinado el precio de la electricidad, desplazando al gas como fuente dominante, y han permitido rebajar hasta un 10% el precio a los consumidores en algunas zonas del país.
Allí, la mayor parte de la generación renovable se produce en campos solares y eólicos a gran escala, pero se ha apostado también por las redes domésticas. "Los programas para hogares siempre fueron extremadamente populares y, en esencia, intocables: la energía solar en tejados estaba fuertemente subvencionada. A veces en exceso (la ‘montaña rusa solar’), pero, en última instancia, ayudó a que la idea de la tecnología limpia doméstica calara en la conciencia colectiva", explica a RTVE Noticias el experto australiano en energía y clima Ketan Joshi.
Este plan se sustenta en el hecho de que Australia cuenta con muchas casas unifamiliares con terrenos amplios, lo que lo hace difícil de replicar en Europa, pero el efecto en los precios sí puede ser similar. "Todavía hay mucho carbón y gas en el sistema, lo que significa que los precios pueden ser elevados en las horas punta debido a la inaccesibilidad de los combustibles fósiles. Por lo tanto, trasladar la energía solar diurna a la hora punta de la tarde sigue siendo lucrativo", continúa Joshi, aunque advierte: "No lo será para siempre".
Mirando también hacia Australia, el experto Alejandro Diego Rosell recuerda que allí el Gobierno ha impulsado un programa para regalar tres horas de electricidad gratis gracias al exceso de producción de energía solar en determinados momentos del día. Dice que las compañías eléctricas también podrían usarlo como un "reclamo comercial" y aprovechar lo que era una desventaja como una oportunidad para atraer clientes.