Realidad, mito y polémicas de la diplomacia vaticana
- La Santa Sede tiene una red de embajadas, las nunciaturas, comparable a las de China o los Estados Unidos
- Visita del papa León XIV a Madrid, en directo hoy en vídeo
Relaciones diplomáticas con 184 países y embajadas (nunciaturas) en 128. El Estado vaticano, la Iglesia católica, tiene una red internacional comparable a la de las dos grandes potencias del momento, Estados Unidos y China. Y mucha más experiencia. Solo hay una docena de países en el mundo sin relación diplomática con la Santa Sede, entre ellos China, Arabia Saudí, Afganistán, Corea del Norte o Vietnam. El poder terrenal del pontífice ha oscilado a lo largo de los siglos, pero, por su larga historia y con una comunidad de más de 1.400 millones de fieles por todo el mundo, el Vaticano es una de las potencias diplomáticas del planeta, a pesar de ser el estado más pequeño.
En palabras de William Casey, director de la CIA durante la presidencia de Ronald Reagan, el servicio secreto del Vaticano es la red de espionaje mejor formada del mundo. ¿Son las relaciones exteriores y los servicios de información de la Santa Sede los mejores del mundo? ¿Qué hay de verdad y qué hay de mito en ello? "No se exagera su importancia, no por su poder, sino porque la Iglesia y el Vaticano en particular, además de las legaciones diplomáticas al uso, tiene la capacidad de conectar con las redes eclesiales en cada país, y eso le permite a la nunciatura tener una información que una embajada habitualmente no tiene", explica Diego Alonso Lasheras, profesor de relaciones internacionales de la Universidad Pontificia Comillas y jesuita. Cada iglesia, cada congregación local, es una fuente de información, una delegación de la nunciatura.
Los viajes como instrumento apostólico y político
Los viajes papales como los conocemos hoy son una creación reciente, de Pablo VI en 1964, y son uno de los muchos instrumentos en la política exterior de la Iglesia católica. Pero, según narra la propia Nunciatura (embajada) en España, la práctica viene de lejos.
"Ya en el siglo IV, mucho antes del establecimiento del Estado papal, los Romanos Pontífices como cabeza de la Santa Sede, y por lo tanto de la Iglesia Católica, solían enviar a sus emisarios, no sólo a otras autoridades locales de la Iglesia y a los Concilios Ecuménicos o locales, sino también a las autoridades civiles (754 d.C.) De hecho, varios autores datan los primeros apocrisarios (enviados) de los Romanos Pontífices a la corte de Constantinopla entre los siglos cuarto y sexto. Aunque su misión era predominantemente de carácter eclesiástico, no puede considerarse como totalmente exenta de aspectos políticos".
El Estado vaticano moderno
Durante un paréntesis de 59 años, el papado no tuvo soberanía territorial; la perdió en 1870 cuando la unificación de Italia acabó con más de mil años de Estados Pontificios. La Santa Sede recuperó soberanía territorial con la creación del Estado Ciudad del Vaticano, dentro de Roma, en 1929. Durante el paréntesis, la actividad diplomática se mantuvo.
La Santa Sede llegó a la I Guerra Mundial con acuerdos bilaterales, concordatos, con 47 países. Fue después de la Gran Guerra, con la aparición de nuevos estados en Europa, cuando estos proliferaron y son la base de la relación con los gobiernos. Desde 1964 el Estado vaticano tiene estatus de observador en la ONU.
Poder blando y polémicas recientes de la diplomacia vaticana
El poder de las relaciones internacionales del Vaticano, comparado con el del resto de estados, contrasta porque no es solo un estado minúsculo en territorio, sino que además no tiene ejército y no opera con amenazas militares o sanciones económicas. Su forma de influir es a través del llamado poder blando: apelando a los valores que defiende y sirviéndose de su red de iglesias, escuelas y organizaciones sociales.
Según Diego Alonso Lasheras, "hay una política exterior común desde el último siglo y medio, abogar por la paz". "Ya Benedicto XV en los inicios de la I Guerra Mundial hasta hoy, los papas siempre han hablado a favor de la paz. A partir de los años 60 del siglo XX se han expresado a favor de los derechos humanos", subraya. Su objetivo diplomático es mantener principios como la neutralidad y a la vez defender sus intereses, lo cual no siempre es fácil de conciliar. El silencio de la Iglesia católica o su apoyo a regímenes que violan los derechos humanos le han valido críticas.
En el siglo XX, es especialmente polémico el papado de Pío XII por su relación con Hitler y el nazismo alemán. Acusado por unos de connivencia y de mantener el antisemitismo de la Iglesia; y defendido por otros, que argumentan la ayuda del Vaticano a algunos judíos para huir, y que si el pontífice no criticó el nazismo ni el fascismo italiano, fue para no emporar las cosas. Está atestiguado que, gracias a su red privilegiada de información, el Vaticano sabía de las matanzas de judíos, y hay un cierto consenso entre los historiadores en que Pío XII quiso mantener una política de no agresión con el alemán Hitler y el italiano Mussolini. Hay que tener en cuenta el contexto histórico, dicen los defensores de Pío XII, en una Europa donde crecía el dominio de regímenes totalitarios, Hitler y Mussolini eran, para el Vaticano, un mal menor comparado con el comunismo soviético.
Franco y cuatro papas: Pío XI, Pío XII, Juan XXIII y Pablo VI
El bando que se alzó contra la II República en 1936 en España buscó desde el inicio el reconocimiento por parte del Vaticano del gobierno de los sublevados en Burgos durante la Guerra Civil. Argumentaban su lucha contra el comunismo y el anticlericalismo, definieron la suya como una cruzada nacionalcatólica. El papa Pío XI evitó inmiscuirse en la guerra fratricida hasta 1938. Y en 1953, ya con Pío XII, se firmó el Concordato por el que el régimen cedió el control de parte de la vida civil a la Iglesia católica, y el Papa otorgó voz a Franco la hora de nombrar obispos. Según varios historiadores, el papa dio el paso sincronizado con el gobierno de Eisenhower en Estados Unidos, para que casi al unísono Washington firmara el acuerdo para establecer bases militares en España, como parte de su despliegue militar contra el bloque soviético. Washington y Roma en sintonía y por interés bendijeron la dictadura. Pío XII le concedió a Francisco Franco, el dictador, el honor de entrar en las iglesias bajo palio.
Juan XXIII celebró la construcción del denominado Valle de los Caídos, hoy Valle de Cuelgamuros, y su enorme cruz, la obra faraónica de Franco a mayor gloria de su pretendida cruzada nacional-católica. El papa mantuvo buenas relaciones con la dictadura, pero la relación se fue distanciando paulatinamente, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II, con el que la Iglesia católica se acercó a la realidad social de los años sesenta del siglo XX, una puesta al día, un aggiornamento como se conoció en su día. El concilio lo convocó Juan XIII, pero quien lo cerró y puso en práctica fue su sucesor Pablo VI.
Con los modos suaves y los tiempos pausados de la diplomacia vaticana, sin estridencias, Pablo VI incrementó la distancia entre la dictadura y Roma, y apoyó a los clérigos españoles que discrepaban del régimen. Siendo aún arzobispo, en 1962 Montini ya se había expresado contra la pena de muerte y pedido clemencia para condenados en España, lo cual enfureció a los acólitos de la dictadura. Hay consenso en considerar que, a través de los nombramientos en España, en especial del Cardenal Tarancón al frente de la Conferencia Episcopal, y el apoyo a la democracia cristiana, Pablo VI contribuyó a la transición española.
Juan Pablo II, "el papa viajero" que acabó con el comunismo
Karol Wojtyla fue el primer papa no italiano en cinco siglos y tuvo el segundo papado más largo de la historia, 26 años, 5 meses y 18 días. Ha sido uno de los papas con mayor trascendencia política mundial, además del más mediático hasta la llegada del argentino Francisco.
Lo de viajero se lo ganó a golpe de avión y de tiempo, 129 países a lo largo de sus casi 27 años de pontificado. Ningún otro papa lo ha podido igualar. Tal vez Francisco lo habría logrado de haber tenido un pontificado igual de largo; visitó 66 países en 12 años. Lo de acabar con el comunismo es una exageración, pero solo parcialmente. Juan Pablo II formó parte, junto a Ronald Reagan y Margaret Thatcher, de un triunvirato que contribuyó al hundimiento del bloque comunista en Europa. San Juan Pablo II es sin duda el mayor exponente de papa que usó los viajes como instrumento apostólico tanto como político.
Los astilleros de Gdansk son historia del siglo XX, de la lucha contra el comunismo en Polonia y, como inspiración, en el resto de países que estuvieron bajo el control de la Unión Soviética. La extensión enorme que ocupaban los astilleros está hoy en fase de reurbanización; acoge bloques de viviendas, empresas y un gran museo dedicado a la lucha de aquellos trabajadores y al sindicato que fundaron, que fue el símbolo de la lucha contra el comunismo: Solidaridad (Solidarnosc). El museo conserva la garita y la valla de la antigua entrada, y en ella cuelgan una pancarta de Solidarnosc, la bandera del Vaticano y una foto de Juan Pablo II. Dentro del museo de la lucha sindical hay una sección dedicada a los viajes del papa Wojtyla a Polonia y un papamóvil.
Astileros de Gdansk Anna Bosch
Para Juan Pablo II la lucha contra el comunismo no era una cuestión solo pastoral e ideológica, era también personal. Él era polaco. Su elección en octubre de 1978 fue acogida como una adversidad tanto entre las autoridades comunistas polacas como en Moscú. Pronto sus temores se confirmaron: el nuevo pontífice quería visitar Polonia y recorrer el país como jefe supremo de la Iglesia católica. Y así fue, del 2 al 10 de junio de 1979. Fue un auténtico terremoto, una catarsis política de masas. Para algunos estudiosos ahí empezó el derrumbe del bloque soviético que se produciría diez años después.
Decir que el papa Wojtyla acabó con el comunismo en Europa es una exageración, pero hay consenso en que fue parte de su derrumbamiento. En palabras del historiador y periodista británico Timoty Garton Ash, recientemente galardonado con el Premio Princesa de Asturias, "sin el papa, no habría habido Solidaridad; sin Solidaridad, no habría habido Gorbachov; y sin Gorbachov, no habría caído el comunismo". El sindicato Solidaridad contó con el apoyo también financiero del Vaticano. Wojtyla visitó dos veces más su país natal estando tras el telón de acero, en 1983 y 1987. En total viajó a Polonia como papa en nueve ocasiones.
Francisco: la invasión de Ucrania y la ofensiva sobre Gaza
En sus 12 años de papado, el argentino Jorge Bergoglio usó los viajes para atraer la atención a países lejanos de Roma y a lugares donde llevar el foco mediático era en sí mismo una declaración política, como fue el caso de su visita a Lampedusa, la isla italiana testigo de tantos naufragios en el Mediterráneo y en muchos casos, primer puerto de la Unión Europea para miles de migrantes. Ese fue su primer viaje fuera de Roma.
Francisco fue también un papa viajero y muy locuaz, nada tímido sobre los problemas terrenales. Sus partidarios loan su defensa de la justicia social, su denuncia de los excesos capitalistas y la guerra. En política internacional, sus críticos señalan un sesgo antiestadounidense y tibieza a la hora de condenar la invasión rusa de Ucrania. Francisco puso la negociación como valor supremo, un rechazo de la guerra, sin hablar de culpables y víctimas, hasta el punto de invitar a Ucrania a alzar la bandera blanca, a rendirse. Como mediador, el Vaticano de Francisco logró la repatriación de niños ucranianos que habían sido deportados a Rusia.
Otros logros de la diplomacia de Francisco fueron un acercamiento de la Iglesia Católica oficial al gobierno de China y, muy significativo con la perspectiva de hoy, el deshielo entre el régimen de Cuba y los Estados Unidos en tiempos del presidente Barack Obama.
Además de Ucrania, el otro conflicto armado que marcó los últimos años del papado de Francisco fue la matanza de Hamás en Israel y la represalia israelí sobre Gaza. El papa pidió repetidamente la liberación de los rehenes en poder de Hamás y un alto el fuego. Hasta sus últimos días, y a pesar de la enfermedad, llamó a diario a la parroquia católica de Gaza.
León XIV, el papa que es estadounidense y peruano, lleva apenas un año al frente del Vaticano. Los conocedores afirman que su elección fue fruto de la conciliación entre los sectores más progresistas de la Iglesia católica, afines a Francisco, y los conservadores que estaban más en línea con Benedicto XVI y Juan Pablo II. Su próxima visita a Canarias evoca la de Francisco a Lampedusa, y muy significativas han sido sus críticas a las políticas del gobierno de Trump, pero es pronto para hacer balance de su papel e influencia en la geopolítica mundial.
Con las gafas de Anna Bosch