Las 'Españas' de los papas: de la caída de la religiosidad al repunte de la fe en los hombres jóvenes
- El proceso de secularización comenzó a gestarse en los 80, pero se aceleró a partir de los 2000
- Los creyentes crecen entre varones de 18 a 24 años, pero todavía es pronto para saber si es un cambio de tendencia
Juan Pablo II visitó España por primera vez en octubre de 1982. Llegó el 31 y dos días antes, el 28, el PSOE de Felipe González arrasó en las elecciones generales con una inmensa mayoría absoluta que nadie ha sido capaz de repetir, 202 de 350 diputados. En 1982, ETA mató a 40 personas, el paro era del 16,6% y la inflación estaba en el 13,2%. Un año antes, Tejero había irrumpido en el Congreso al grito de "¡Quieto todo el mundo!" y en la televisión solo existían dos canales: TVE y UHF.
Hoy, 44 años después, la España que conocerá León XIV poco tiene que ver con aquella. Paradójicamente, a pesar del terrorismo, de la intentona fallida del golpe de Estado, la polarización y la inestabilidad política ahora son mucho mayores. Varias crisis económicas y una pandemia después, la tasa de paro está en el 10,8%. En 2025, 48 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas —de los 80 no hay estadísticas—, y la IA amenaza con cambiar por completo el mercado laboral.
Desde el punto de vista religioso, la principal clave que explica la evolución de España en estos años es la secularización del país, un fenómeno constante desde la Transición hasta la actualidad. Entonces, la inmensa mayoría de la población se declaraba católica; hoy en día, lo hace algo más de la mitad, mientras que cerca del 40% se considera atea, agnóstica o directamente indiferente y los creyentes en otra religión son una minoría, según los últimos barómetros del CIS.
Y aunque la secularización fue un proceso que comenzó a gestarse entre los 70 y los 80, terminó de eclosionar con el cambio de siglo, como explica Rafael Ruiz, doctor en Ciencias de las Religiones y profesor de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid. "En los años 80 gran parte de los españoles ya estaba transformando su posición hacia lo religioso, pero la inmensa mayoría seguía declarándose católica y seguía imbuida de ese imaginario cultural, social e identitario que es el catolicismo", explica el profesor.
En los 2000 se registra un punto de inflexión. Es a partir de entonces cuando varios de los indicadores que permiten medir el grado de religiosidad de España comienzan a dibujar una tendencia claramente descendente y el motivo hay que buscarlo en los adolescentes de los 80, ya convertidos en adultos en el cambio de siglo.
"A partir del año 2000 nos encontramos con un proceso mucho más acelerado de secularización porque los adultos son esos católicos no practicantes, son el resultado de las primeras oleadas de secularización. Y esos católicos no practicantes transmiten con menor fuerza el elemento religioso a las siguientes generaciones. A partir del año 2000, esa cultura católica que había permanecido viva a pesar de la secularización empieza a erosionarse", precisa Ruiz.
Así, actualmente, solo un 12% de las personas que se declaran creyentes, según el CIS, acude a misa todos los domingos y festivos, mientras que alrededor del 5% acude más de una vez a la semana.
Pero más allá de lo que declaran los españoles en el CIS, hay otros indicadores objetivos que hablan de la secularización de la sociedad. Uno de ellos, contemplado por los investigadores de Funcas en Notas de Coyuntura Social hace un año, es el número de matrimonios religiosos frente al de matrimonios civiles entre población de distinto sexo. Hace ya más de 17 años que los civiles superan a las uniones por la Iglesia.
También ha caído de forma significativa la proporción entre los recién nacidos y el número de bautizos celebrados cada año en España. El sacramento con el que la Iglesia da la bienvenida a la comunidad a un nuevo miembro no alcanza ni a la mitad de los bebés. En 2024 nacieron unos 318.000 niños, pero solo se celebraron unos 146.000 bautismos.
La secularización también tiene su reflejo en las aulas. Los matriculados en la asignatura de Religión han descendido en todos los niveles educativos. Hace casi dos décadas, nueve de cada diez alumnos de Primaria optaban por ella frente a los seis de cada diez de ahora, según datos de la Conferencia Episcopal.
Pero si solo se tienen en cuenta los alumnos de Primaria matriculados en Religión en colegios públicos —no en concertados ni privados, que, en España, suelen tener una orientación católica—, la proporción ha bajado del 88% al 44% en los últimos 30 años.
Ruiz, además, señala que a partir de los 2000 se registra otro hecho diferencial: el catolicismo, aunque sigue siendo la principal fe profesada, empieza a perder peso y emerge un nuevo fenómeno: el pluralismo religioso. "En España, en los años 80, el número de personas que estaban adheridas a una confesión que no fuera la católica era muy reducido, a día de hoy, las cifras han subido y hay datos que apuntan a un 8%, aunque intuimos que son más las personas que pertenecen a confesiones como la islámica o la protestante evangélica", ilustra el profesor.
Los jóvenes y la fe
Si Juan Pablo II se refería a España como "tierra de santos" o "tierra de María" por la vinculación histórica del país con la religión católica, tal vez León XIV sea el papa que vea cómo vuelve a florecer esa fe. A pesar de todos los indicadores que dibujan una tendencia claramente descendente, hay otros que apuntan a una estabilización e incluso un repunte de creyentes entre los más jóvenes.
¿Es cierto, entonces, que se está produciendo un repunte de religiosidad entre ellos? En el último barómetro de mayo, difundido el pasado viernes, se declaraba católico el 46,7% de los jóvenes de 19 a 24 años; el 38%, si se tiene en cuenta la media de los estudios del último año. Estas cifras están por debajo del 54% de media en la población en su conjunto y muy alejada del 78% de los más jóvenes que se declaraba creyente en el año 2000.
Esta es la conclusión a la que llegó el sociólogo Juan Carlos Rodríguez, investigador senior de Funcas, que ya detectó hace un año analizando los datos del CIS, que la religiosidad entre los varones más jóvenes había pasado "grosso modo" del 33% en 2020 al 41% a finales de 2025, mientras que entre las mujeres de su edad se había pasado del 36% al 34%. En el caso de la práctica religiosa también se da un aumento —incluso entre chicas, aunque no está tan claro, en su opinión—.
En declaraciones a RTVE Noticias, desgrana algunas hipótesis sobre este aumento de la religiosidad entre los jóvenes. Una de ellas podría tener que ver "con la creciente identificación con posiciones de derechas de la gente joven" —un movimiento más claro entre los varones que en mujeres— pero "no puede ser solamente eso", apostilla, ya que al cruzar los datos con la autoidentificación ideológica en una escala donde el 1 significa ‘lo más a la izquierda’ y 10 ‘lo más a la derecha’, la autodefinición como católico sube entre los jóvenes varones en todas las escalas menos en los del 1 y 2, los que se sitúan más a la izquierda.
También podría estar influyendo el aumento de posturas machistas entre los más jóvenes que ya se ha detectado en algunos estudios sobre violencia de género. En un mundo donde "la consideración cultural de las mujeres ha mejorado" algunos jóvenes varones podrían estar reaccionando "alejándose de los tópicos al uso de que los jóvenes son de izquierdas y ateos: 'Pues yo me alejo de eso y digo que soy de derechas y soy católico'. Podría ser algo así en parte", añade Rodríguez, que recuerda que el CIS no ofrece ninguna escala sobre posición respecto al feminismo o el machismo para poder hacer esos cruces.
Por último, apunta a otras dos posibles causas: al aumento de la sensación de inseguridad -"El mundo es más inseguro y busco seguridad en la religión"- y a la existencia de movimientos católicos y parroquias más activas que "estarían teniendo más éxito en chicos".
"Decir si va a ser algo coyuntural o estructural todavía es precipitado", apunta Ruiz cuando se le pregunta sobre cómo se puede interpretar ese repunte de creyentes entre los más jóvenes. No obstante, considera que indudablemente "algo está pasando. Está resurgiendo un cierto interés por lo religioso, por lo espiritual, que en algunos casos está conduciendo al catolicismo, pero necesitamos más perspectiva temporal".
El profesor atribuye el fenómeno a varios motivos. El primero, a una sensación de "mayor fragilidad" derivada de la pandemia, también, aunque pueda parecer contraintuitivo, al proceso de secularización. "Jóvenes que están muy secularizados se interesan por lo religioso porque no lo han vivido como una imposición o como algo negativo. No han tenido una vivencia religiosa y eso puede situarlos, o muy lejos de la religión o despertar en ellos un interés", aclara.
Y que los datos muestren una mayor predisposición en los chicos que en las chicas puede responder al discurso de las religiones predominantes sobre la igualdad o el género. Porque si tradicionalmente en España las mujeres eran más religiosas que los hombres, puntualiza Ruiz, los datos disponibles rompen ese dogma. El experto señala que podría estar pesando la "sensibilidad" hacia las mujeres.
Así, aunque ellas se consideren "más espirituales", ese sentimiento no lo estarían canalizando a través de las religiones tradicionales por la postura histórica de estas hacia el feminismo, según apuntan estudios realizados en Estados Unidos, precisa Ruiz.
De la España ilusionada a la indignada
Pero más allá de la evolución del número de creyentes, la España de 2026, la que conocerá León XIV, difiere en muchísimos otros aspectos de la de 1982, 1993, 2006 o 2011, años en los que Juan Pablo II y Benedicto XVI visitaron el país —ambos vinieron en más ocasiones, pero se han seleccionado esas fechas para tener una representación de diferentes décadas o momentos más significativos—.
"La España de 1982 era una España ilusionada, con una democracia tremendamente frágil y con bastantes heridas del pasado", describe Carlos Hernández, sociólogo. "Son heridas que entonces se quedan dormidas, pero que ahora han vuelto a salir. La España que se va a encontrar León XIV está bastante polarizada, pero en 1982, el país estaba precisamente aprendiendo a curar esa polarización".
Los primeros 80 son los de la normalización democrática, de ahí la "ilusión" con la que Hernández describe el país, pero también se vivía cierta "incertidumbre" por el golpe de Estado frustrado de Tejero o el terrorismo, moneda común aquellos días.
Eran también años de efervescencia cultural, con la Movida como máximo exponente. "La juventud era capaz de romper moldes en la estética, en el arte, en lo visual y también en lo identitario. Pero al mismo tiempo es una España todavía muy conservadora, muy católica, donde el modelo de familia es el tradicional", añade Hernández.
10 años después, en 1993, Juan Pablo II regresó al país. Fue una década en la que España entró en la modernidad. Miembro de pleno derecho de la UE, un año antes, todo el mundo giró su mirada hacia la península con la celebración de los Juegos Olímpicos de Barcelona, la Exposición Universal de Sevilla y la Capital Europea de la Cultura de Madrid.
"Es una España confiada, despreocupada, que empieza a viajar, en la que todas las familias al menos tienen un coche propio, vivienda en propiedad, en la que se normalizan las vacaciones, en la que empieza a descender la natalidad y en la que la mujer se incorpora al mundo laboral", enumera Hernández, pero también es un país con una tasa de paro del 22,2% y donde los problemas económicos, como muestra el CIS, abundan.
De ahí que Hernández también ponga el foco en los "contrastes" que atraviesan España. "Yo oí hablar por primera vez del programa Erasmus en 1992 y esa posibilidad de poder enviar a tus hijos a estudiar al extranjero o a trabajar a otro país hace que podamos decir que es una España por primera vez europea o internacional después de todo el aislamiento que nos había marcado durante el franquismo", ahonda el experto.
Con el cambio de siglo llegó Benedicto XVI. El pontífice alemán conoció la España pre y posburbuja inmobiliaria. Desembarcó en Valencia el 8 de julio de 2006, tan solo cinco días después del accidente de Metro que se saldó con la muerte de 43 personas en la ciudad. Dos años antes, el atentado del 11-M, con más de 200 fallecidos, sacudió el país.
Aun así, Hernández escoge el adjetivo "optimista" para describir ese país. La economía iba viento en popa y todo parecía posible. Según los datos del CIS (gráfico 1), la inmigración se cuela entre los tres primeros problemas. Como ahora, es un periodo en el que España se convierte en un país receptor al calor del crecimiento económico que tan solo dos años después, en 2008, se iría al traste con la caída de Leman Brothers.
"Empiezan a cambiar muchos los valores. Tenemos mucha más libertad y normalizamos las políticas de igualdad, en favor de la homosexualidad o los diferentes tipos de familias", recuerda Hernández. En el plano negativo, aparece otro tipo de terrorismo, el islamista, y crecen entre los españoles las preocupaciones geopolíticas.
En 2011, Benedicto XVI vuelve y la España que se encuentra es la de la indignación. El papa celebra en Madrid la Jornada Mundial de la Juventud en agosto, tres meses después del estallido del 15-M. "Es una España triste y desilusionada, con una juventud mileurista, que ya no se come el mundo y que necesita reaccionar de alguna manera", describe Hernández.
El sociólogo destaca que son años en los que la familia vuelve a ocupar un lugar fundamental, pilar imprescindible de la sociedad: "Los abuelos sostenían a todos". Y las redes sociales comienzan a tener un papel destacado en la forma de comunicarse. La manifestación del 15-M se convocó a través de ellas y se convirtieron en una herramienta para canalizar las quejas y las protestas.
Y ahora, en 2026, la palabra que escoge Hernández para describir el país es "polarización". "Se nota en las calles, tenemos una España muy polarizada y no solo en lo político", destaca. También alude a otras realidades, la del envejecimiento, la de la diversidad o el problema de la salud mental.
"Desde hace 2-3 años hemos empezado a hablar de salud mental, para bien y para mal. Para bien porque lo estamos normalizando y para mal porque seguimos siendo una España y una Europa pospandemia. Seguimos con ese duelo y cuando hablas con los psicólogos, ves que las cifras de suicidios en adolescentes son alarmantes", apunta.
Hernández sostiene que esa realidad podría estar detrás, en parte, del repunte de fe entre los jóvenes. "Responde muy posiblemente a la necesidad de encontrar un grupo social, una comunidad, que es algo muy característico de los 80 y los 90. Encontrábamos nuestra comunidad en la parroquia, en el grupo de confirmación, en los campamentos, la mayoría, por cierto, vinculados al colegio o a la iglesia…", sostiene. El experto cuenta una anécdota personal para describir la España de una parte de la juventud. Muchos de sus estudiantes, cuando se presentan, cuentan sin tapujos que van a terapia y que son católicos. Es algo que hasta ahora no había vivido. "No sé si León XIV se va a encontrar una España más católica, pero sí con un catolicismo más orgulloso", zanja.