Los laboristas británicos se arriesgan y abren el melón del Brexit
- La carrera por sustituir a Keir Starmer al frente del Gobierno y del Partido Laborista ha reabierto el debate sobre la UE
- Los laboristas intentan combatir el crecimiento de Reform vinculando a Nigel Farage con el descontento por el Brexit
Wes Streeting es la persona que encarna el golpe de estado al primer ministro británico, Keir Starmer, desde dentro del propio partido, es más, desde dentro del propio gobierno. Streeting era ministro de Sanidad hasta que dimitió la semana pasada, la dimisión más sonada de las varias que hubo y desencadenó de facto un período de primarias en el partido del gobierno. La razón de ese desafío al primer ministro, algo que no es extraño en la política británica, fueron los resultados catastróficos de las elecciones locales y regionales del 7 de mayo.
Streeting no se anduvo con rodeos en su carta de dimisión al primer ministro: "Habiendo perdido la confianza en tu liderazgo, he llegado a la conclusión de que sería deshonorable y carente de principios seguir en el cargo. Los resultados de la semana pasada no tienen precedente, tanto por la dimensión de la derrota como por las consecuencias de este fracaso. Por primera vez en la historia de nuestro país los nacionalistas tienen el poder en todos los rincones del Reino Unido, incluido un peligroso nacionalismo inglés representado por Nigel Farage y Reform UK. (...) No hay duda de que la impopularidad del Gobierno fue un gran factor común en nuestra derrota en Inglaterra, Escocia y Gales. (...) Ha quedado claro que tú no vas a liderar el Partido Laborista en las próximas elecciones, y que los diputados y los sindicatos laboristas quieren que el debate que viene ahora sea de ideas y no de personalismos o facciones".
Como si eso no fuera bastante, a los dos días el exministro provocó otra sacudida en el Partido Laborista, mencionó abiertamente el tabú: volver a la Unión Europea.
Rejoiner, nueva palabra del argot político británico
Hace diez años, durante el debate del referéndum sobre si seguir o salir de la UE, nos familiarizamos con los sustantivos remainer, partidario de permanecer en la Unión, y brexiteer, partidario de salir, del Brexit. Ahora toca hacerlo con rejoiner. De rejoin (reingresar), rejoiner, algo así como reingresante. Así definen en el Reino Unido a quien aboga por volver a la Unión Europea, incluso existe un partido que se llama así, The Rejopin EU Party.
Wes Streeting, ministro dimisionario y candidato a relevar a Keir Starmer al frente del Gobierno, ha osado explicitar esa posibilidad, lo hizo cuando lanzó su campaña de unas primarias que aún no han sido oficialmente anunciada: "Necesitamos una nueva relación especial con la UE. Porque el futuro británico depende de Europa, y un día, de nuevo en la Unión Europea". ¡Boom! Lo dijo.
Streeting ha roto un tabú en el Partido Laborista, aunque lo ha hecho con precaución, "un día", en un futuro impreciso. Al mentar un posible reingreso en la UE ha reabierto un debate que dividió y polarizó la sociedad británica, también a los dos principales partidos, el Conservador y el Laborista.
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Transcripción completa
Laborista. En poco más de un mes se cumple una
década de estas imágenes
Un
referéndum en el que la mayoría de los británicos
votó salir de la Unión Europea.
Diez años después, el Brexit sigue siendo un asunto polémico en Reino
Unido y se ha
colado de lleno en la actual crisis del Partido Laborista, al frente del
gobierno británico
Heredamos un acuerdo de Brexit realmente malo, asegura Starmer, cuyo
liderazgo está en la cuerda floja tras una gran derrota en las elecciones
locales.
Decenas de miembros de su partido han pedido
su dimisión y que dé paso a unos comicios para elegir a un nuevo líder
de la forma.
Los aspirantes a suceder a
Starmer han puesto el Brexit sobre la mesa.
El exsecretario de Salud lo califica como..
un error catastrófico, pero el alcalde de Manchester, por el contrario,
asegura..
que lo último que deberían hacer los británicos es poner de nuevo sobre la
mesa el asunto
una postura la de ir paso a paso que comparten los diplomáticos que vivieron
el divorcio desde la primera línea de la diplomacia
comunitaria. Más que plantearnos una hipotética
negociación para que el Reino Unido
ingrese en la Unión Europea, hay un proceso paulatino de negociaciones en
que se va paso
a paso, son negociaciones complicadas...
...porque los británicos saben lo que quieren...
...pero también tienen dificultades..
para poner sobre la mesa las concesiones que necesita la Unión
Europea.
Diez años después, el futuro de la
relación con Bruselas es hoy tan incierto y complejo como la propia
supervivencia de Starmer al frente del gobierno
británico. La Audiencia Nacional da la razón a
¿Por qué volver al debate del Brexit diez años después?
La respuesta está en la carta de dimisión de Streeting y en la reacción del primer ministro a la catástrofe electoral. El partido al alza en este momento es Reform UK, la derecha populista, nacionalista inglesa y xenófoba que lidera Nigel Farage. Él es Mister Brexit, porque abandonar la Unión Europea ha sido su única causa política hasta el momento, y se salió con la suya, pero, a diferencia de los Conservadores, encargados de gestionar esa salida, a Farage el Brexit no le ha pasado factura. Crece en votos, a pesar de que una mayoría de británicos hacen un balance negativo del Brexit.
Según varios sondeos de opinión, realizados entre marzo y abril de este año, diez años después del referéndum un 60% de los británicos considera que estarían mejor dentro que fuera de la Unión Europea. El porcentaje se dispara entre los votantes progresistas: el 80% de los laboristas y el 84% de quienes han votado a los Verdes, la otra opción que ha subido en las últimas elecciones.
Lo que intentan los laboristas ahora, para remontar, es que el electorado asocie ese balance negativo a Nigel Farage. Así lo expresó Keir Starmer: "Quiero recordaros lo que dijo Nigel Farage sobre el Brexit. Dijo que nos enriquecería. Se equivocó. Nos empobreció. Dijo que reduciría la inmigración. Se equivocó. La inmigración se disparó. Dijo que nos haría más seguros. Se equivocó otra vez, nos debilitó. Este gobierno laborista se definirá por reconstruir nuestra relación con Europa, pondrá al Reino Unido en el corazón de Europa".
¿Por qué es una jugada arriesgada?
De entrada, porque, a pesar de esos sondeos, no está claro que los británicos en su mayoría quieran revivir el debate. Si Boris Johnson ganó con mayoría absoluta en diciembre de 2019 fue en gran medida porque acertó con el lema de campaña: Get Brexit done. Acabar con el Brexit, terminar de hacerlo. No explicaba cómo iba a cerrar ese proceso, pero sintonizó con una mayoría de electores hartos de tanto debate sobre cómo negociar la salida del club al que pertenecieron durante más de 40 años. Muchos de esos votantes, y esto es importante, eran votantes tradicionalmente laboristas en la Inglaterra postindustrial.
Ese perfil de votante estuvo también detrás de la victoria del Brexit en Inglaterra, por ello, por no querer contrariarlos, y por su propia ideología, es por lo que el entonces líder laborista, Jeremy Corbyn, fue tan tímido a la hora de defender la permanencia en la Unión. Diez años después, sin embargo, parece que algunos laboristas han perdido ese miedo. No es el caso de Andy Burnham, favorito para suceder a Starmer, pero el camino que tiene que recorrer antes se le puede complicar mucho con el paso dado por Wes Streeting, rival en esas primarias oficiosas en las que ya están inmersos los laboristas.
Andy Burnham fue, como Streeting, ministro de Sanidad, en el último año del ciclo laborista que clausuró Gordon Brown como primer ministro. Dejó la política nacional por la municipal hace casi diez años y desde entonces es alcalde del área metropolitana de Manchester. Ahora se dispone a hacer el camino inverso, porque si quiere liderar el Partido Laborista y suceder a Keir Starmer como primer ministro, necesita ser parlamentario; es condición indispensable. Ya han desaparecido dos obstáculos, el partido lo ha autorizado y un diputado ha dimitido para que Burnham pueda optar a ese escaño. La jugada puede salirle bien o no.
La circunscripción por la que se presentará Burnham, Makersfield, en el noroeste de Inglaterra, entre Manchester y Liverpool, de clase trabajadora y votante tradicional laborista, se inclinó por salir de la Unión Europea ampliamente en el referéndum de junio de 2016, 65% a favor. En las elecciones del 7 de mayo el partido de Nigel Farage superó ahí el 50% de los votos. A ese electorado se enfrenta Andy Burnham el próximo 18 de junio para conseguir ese escaño imprescindible, y es evidente que los nacionalistas van a explotar el debate sobre la Unión Europea en contra de Burnham. Y, seguro, recuperarán una declaración del alcalde del año pasado en la que se expresaba de forma similar a Wes Streeting sobre el reingreso: "A largo plazo, seré sincero, me gustaría que volviéramos. Espero que antes de morirme vea a este país de nuevo en la Unión Europea".
En una entrevista en ITV le preguntaron al respecto y esta fue su respuesta: "Dije que a largo plazo se puede defender, pero no abogo por ello en esta elección. Ahora tenemos que concentrarnos en los asuntos nacionales, en las cuestiones que afectan a la gente aquí y ahora". Al muy conservador y eurófobo diario The Daily Telepgrah le faltó tiempo para sacar el titular, "Burnham cambia de opinión sobre el reingreso en la UE".
De aquí al 18 de junio, fecha de la elección por ese escaño, Andy Burnham tiene que hacer un ejercicio de funambulismo, desplegar todo su capacidad de conectar con el votante de clase trabajadora, sin pronunciarse abiertamente a favor de la Unión Europea, pero tampoco criticarla. Y los laboristas se juegan mucho: "El resultado de esta elección probablemente determinará, no ya el futuro inmediato de Keir Starmer, a quien Burnham desafiará si gana el escaño, sino también la viabilidad del Partido Laborista", escribía el editor político del progresista The Guardian esta semana.
Porque si Burnham fracasa y los laboristas pierden un escaño que tenían en favor frente a los populistas de Reform UK, eso reforzará la pujanza de los de Farage y debilitará aún más a los laboristas, que aún no han cumplido dos de los cinco años de legislatura y gobierno.
Ya no sería como antes
Abierto este debate sobre una potencial vuelta del Reino Unido a la Unión Europea, se plantea en qué condiciones lo haría. En el Reino Unido y en los estados miembros de la UE coinciden en que no serían condiciones tan favorables como las que tenía cuando se fue. Los sucesivos gobiernos británicos lograron durante su estancia en el seno de la Unión del resto de socios una serie de concesiones: una pertenencia a medida de Londres, a la carta. No estaban en el espacio Schengen, no entraron en la moneda única, el euro, y lograron el llamado "cheque británico", la compensación económica que el resto de socios daban al Reino Unido por las subvenciones agrarias que otorgaban a otros estados miembros. Lo logró en 1984 la entonces primera ministra británica Margaret Thatcher, que lo resumió con un ya legendario "I want my money back", quiero que me devuelvan mi dinero.
"Todo eso es más fácil de lograr si estás dentro", explicó esta semana el ex Secretario de Estado español para la UE Juan González-Barba en el Canal 24 horas, "negociando desde fuera el reingreso es difícil que consiguieran esos privilegios".
Con las gafas de Anna Bosch