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Luis Miguel Rojo, delegado episcopal de Cáritas Española: "Los pobres están en el corazón de la Iglesia"

  • El sacerdote paúl, Luis Miguel Rojo, analiza para RTVE Noticias la dimensión social y pastoral de la visita de León XIV
  • Vivienda, migración y precariedad laboral centran los desafíos de una Iglesia que busca ser puente hacia la integración
Luis Miguel Rojo, Delegado episcopal Cáritas Española: Lo que la Iglesia aporta
Santiago Riesco Pérez
Santiago Riesco Pérez
Juanma Cuéllar

Luis Miguel Rojo Septién nació en Burgos bajo el abrigo de una familia cristiana y madridista. Desde muy joven sintió la llamada, ingresó en el seminario de los Misioneros Paúles y hoy, tras años de estudio en Roma y labor social en las periferias de medio mundo, es el delegado episcopal de Cáritas Española. Y seguidor del Barcelona. Su trayectoria es un viaje vital que comenzó en el voluntariado con migrantes a los dieciocho años y que ahora le sitúa en la gestión espiritual de la mayor red de caridad del país. Es un hombre de fe profunda, mirada limpia y palabra clara.

La llegada del papa León XIV a España, prevista entre el 6 y el 12 de junio, marca un hito histórico y social de gran calado. Cáritas se sitúa como el puente necesario entre el mensaje del pontífice y la cruda realidad de quienes habitan los márgenes de nuestra sociedad. El santo padre recorrerá cinco diócesis con un lema que es, a la vez, una invitación y un reto, "alzad la mirada". En la sede central de Cáritas en Madrid, Rojo nos recibe para desgranar la esperanza y los desafíos que esta visita despierta en una España sedienta de sentido.

PREGUNTA: ¿Cuáles son las funciones y labores que desempeña un delegado episcopal de Cáritas Española?

RESPUESTA: El delegado lo que hace, sobre todo, es acompañar. Acompaña a Cáritas Española y a las diocesanas —en España hay 70 Cáritas diocesanas—. Es como ser la mano derecha y el apoyo del obispo acompañante de Cáritas, en este caso don Jesús Fernández, el obispo de Córdoba. Estoy aquí en su nombre, acompañando la labor y la acción que realiza la institución.

P: ¿Qué significado pastoral y social tiene la visita de León XIV en el contexto actual de nuestro país?

R: La visita ha despertado grandes expectativas en toda la sociedad, no solo en la Iglesia. Se pone de manifiesto ese deseo que tenemos de recibir al papa con alegría. Él nos invita en el lema a "alzar la mirada" y creo que nos va a ayudar a ver las cosas en profundidad, las cosas que verdaderamente importan. En una sociedad movida por la polarización y las guerras, hay un gran deseo de trascendencia.

P: Usted ha estudiado el legado del papa anterior, de Francisco. ¿En qué medida cree que este viaje redefine sus prioridades sociales?

R: Lo que hacen los papas es una discontinuidad en la continuidad, un crecimiento histórico. León XIV recoge el guante de un viaje que ya quiso el papa Francisco, pero lo hace con sus acentos propios. En su primer año de pontificado, estos han girado en torno a la paz desarmada y desarmante y a la unidad, poniendo a todos en diálogo para construir sociedad.

Los pobres, en el centro

P: ¿Qué mensajes clave espera sobre la pobreza, la exclusión y la desigualdad, realidades que no dejan de crecer en España?

R: Es significativo que el viaje empiece por un centro de personas sin hogar y termine en las Islas Canarias con la realidad de la migración. Es como poner un paréntesis: todo lo que hay en medio se hace bajo el paraguas de la atención a la pobreza. El mensaje será poner el foco en la dignidad de todas las personas; los pobres están en el centro de la misión de la Iglesia y debemos tratarlos con su dignidad innata.

P: A veces se cae en el peligro de romantizar la pobreza. ¿Cómo se puede evitar esa dulcificación de una realidad tan dura?

R: Nuestro fundador, San Vicente de Paúl, decía que hay que ser capaces de dar la vuelta a la medalla. Es verdad, la pobreza puede oler mal y es difícil trabajar con personas en situación de exclusión, donde das un paso adelante y dos para atrás. Para no caer en romanticismos hay que mirarse dentro, tocar nuestras propias fragilidades, porque desde la herida propia podemos empatizar con la herida de los demás. Cuando tienes contacto directo a través del voluntariado, el romanticismo se acaba y te das cuenta de que son personas como tú a las que les podría pasar cualquier cosa.

Vivienda y migración, principales heridas sociales

P: Desde la experiencia de Cáritas sobre el terreno, ¿cuáles son hoy las principales heridas sociales en España?

R: Si tuviera que decir dos, diría la vivienda y la migración. El problema del acceso a una vivienda digna afecta transversalmente a la sociedad, pero incide especialmente en los más pobres. Y respecto a la migración, ante el odio y el rechazo, hay que volver a decir que los migrantes tienen dignidad porque son hijos de Dios. Hay una desvinculación del ser humano con lo más esencial, que es el sentido de la vida.

P: El papa hablará por primera vez ante el Parlamento. ¿Cree que esto influirá en la agenda pública respecto a la vivienda o el empleo precario?

R: Debe tenerla. El papa se presenta como un referente ético y trascendente para toda la sociedad. Sobre la vivienda, puede hacernos caer en la cuenta de pasar de verla como un bien exclusivamente económico a un bien esencial para crear un hogar seguro. En el empleo, nos recordará la dimensión subjetiva: cómo la persona se realiza y construye sociedad con su trabajo, más allá de la mera producción.

P: España vive tasas de secularización récord. ¿Cómo puede impactar la visita del papa en la percepción del trabajo social de la Iglesia?

R: Es cierto que hay tasas de secularización importantes, pero también un crecimiento de jóvenes que se identifican con lo católico. Hay sed de trascendencia y preguntas fundamentales que no se sacian con lo material. La dimensión religiosa es parte fundamental de la persona y de la sociedad española. Somos un país aconfesional donde todos sumamos, y el cristianismo tiene mucho que aportar a los fundamentos de nuestra sociedad.

Una vida con sentido y alegría

P: ¿Qué legado le gustaría que dejara León XIV tras su paso por nuestro país, especialmente para los jóvenes?

R: Me gustaría que los jóvenes pudieran ver que Dios sigue queriéndolos. Que puedan abrirse a escuchar ese mensaje de amor en medio de tanta información, que no tengan miedo a vivir una vida con sentido y alegría, y que asuman un compromiso para construir juntos una sociedad mejor.

P: ¿Qué papel desempeña Cáritas como puente entre el mensaje papal y los más vulnerables?

R: Cáritas siempre ha tendido puentes desde la exclusión a la integración. Lo hacemos estando presentes en las periferias, como decía el papa Francisco, ofreciendo cauces de promoción a través de programas de empleo y vivienda, y creando vínculos desde la espiritualidad para reconocernos como hermanos.

Dignidad humana, Duolingo y un abrazo

P: La ruta atlántica migratoria es hoy una de las más mortíferas. ¿Qué enfoque espera del papa ante esta realidad?

R: El papa va a poner el foco de la opinión pública en una ruta muy difícil y olvidada. Los mensajes serán la acogida y la importancia de la cooperación internacional. Hay que trabajar en los países de origen; si dejamos de apoyar las realidades de exclusión allí, la gente seguirá saliendo. El papa nos da dos claves: la dignidad humana y el bien común, que es más que la suma de intereses individuales.

P: Si tuviera la oportunidad de dialogar en privado con él, ¿qué le diría?

R: Se me ocurren preguntas teológicas sobre la potestas o el sensus fidei, e incluso preguntas banales como si sigue yendo al gimnasio o cómo aprende alemán con Duolingo a altas horas de la noche. Pero lo que verdaderamente me gustaría es darle un abrazo. En un abrazo uno experimenta ese amor de padre que te dice: "estoy contigo, estamos juntos en la misión".

Al final, tras las palabras y los análisis técnicos, lo que queda es el latido humano de quien sabe que la caridad no es un despacho, sino un encuentro de corazón a corazón. Luis Miguel nos recuerda que para tocar el cielo hay que oler primero el barro de la calle, porque la fe, si no se mancha las manos, se queda en ritual vacío. Ese abrazo que él sueña darle al papa es el mismo que Cáritas ofrece cada día en cada parroquia: un abrazo que acoge, que sana y que reconoce la dignidad sagrada de cada hijo de Dios. Nos vamos con la sensación de que, si de verdad alzamos la mirada, quizás el mundo empiece a verse un poco mejor.