Enlaces accesibilidad

Tierras raras, petróleo y de vuelta con los aranceles: las bazas económicas de Trump y Xi en su próxima cumbre

  • Los presidentes de Estados Unidos y China se reúnen en medio de cierta tregua en la escalada arancelaria
  • La industria tecnológica sigue atenta a las sanciones a la venta de microchips avanzados
Tierras raras, petróleo y de vuelta con los aranceles: las bazas económicas de Trump y Xi en su próxima cumbre
Donald Trump y Xi Jinping se dan la mano en su última reunión bilateral Andrew Harnik / GETTY

La primera vez que Donald Trump y Xi Jinping se encontraron como presidentes de Estados Unidos y China, respectivamente, el mandatario comunista viajó a la residencia privada del republicano en Mar-a-Lago, Florida. Fue en 2017 y Trump jugaba en casa, literalmente, y a pesar de las tensiones comerciales y geopolíticas, concluyó con satisfacción: "Muchos problemas potencialmente malos van a desaparecer". Menos de un año después, lanzó la primera ofensiva comercial, que Joe Biden no retiró por completo al llegar a la Casa Blanca.

Esta semana, los líderes de estos dos países se vuelven a encontrar, en Pekín, con los aranceles aún sobre la mesa, junto a otros problemas económicos nuevos y viejos: la guerra en Irán, con el petróleo bajo arresto, y el pulso tecnológico, entre sanciones, semiconductores y tierras raras.

Aquella primera experiencia ya nos dice que en el lapso de unos meses todo puede pasar, pero esta vez partimos de una tregua en el pulso arancelario. La última reunión, el pasado octubre en Corea del Sur, se cerró con algunos acuerdos:

  1. China se comprometió a comprarles soja. EE.UU. necesitaba esta prenda para calmar al sector agrícola nacional.
  2. Pekín reactivó la exportación de sus tierras raras, claves en la producción tecnológica mundial.
  3. Washington pausó la escalada de sanciones a empresas chinas y redujo algunos aranceles en recompensa por la ayuda en la crisis del fentanilo.
  4. Los respectivos gravámenes en general siguieron congelados y contenidos desde la cumbre del año pasado en Ginebra.

"Los dos bandos llegan sin ganas de escalar. A ninguno le interesa ser maximalista ahora", afirma a RTVE Noticias el investigador de la Universidad Camilo José Cela (UCJC), Juan Vázquez Rojo. "EE.UU. llega con una posición débil por lo que está pasando en Irán y tener que sentarse a negociar por las tierras raras y la soja, mientras China plantea un mensaje de que es la nueva potencia que genera estabilidad mundial".

Pero cada uno de estos asuntos tiene múltiples piezas a intercambiar en esta partida al más alto nivel, que se prepara desde este miércoles con una ronda de consultas económicas y comerciales, de nuevo en Seul. Las analizamos a continuación.

¿Se sostendrá la pausa tensa en la guerra arancelaria?

El déficit comercial de Estados Unidos con China es una de las grandes obsesiones de la Administración Trump. Aunque ha logrado que descienda en los últimos años, la cifra todavía siga por encima de los 200.000 millones de dólares. ¿Cuánto se sostendrá esta pausa tensa en la guerra arancelaria?

"Pekín debería tener cuidado de no subestimar la amenaza de nuevos aranceles simplemente porque el Tribunal Supremo de EE. UU. anuló en febrero los generales sobre los productos chinos. Desde entonces, la Casa Blanca ha puesto en marcha una serie de investigaciones de seguridad nacional que deberían permitirle improvisar nuevos aranceles según sea necesario", advirtió el columnista para Asia de Reuters, Hudson Lockett, la semana pasada, poco antes de que Tribunal de Comercio Internacional bloqueara el gravamen global del 10%.

Los vaivenes de los últimos años han herido al gigante asiático. La especialista en el mercado chino Alicia García-Herrero, del banco de inversión francés Natixis, apunta que sus exportaciones a EE.UU. se han reducido alrededor del 20%, lo que ha erosionado el crecimiento del producto interior bruto en un 0,5%-1% aproximadamente. 

Pero China tampoco se ha quedado de brazos cruzados mientras tanto. Ha intentado "mitigar el golpe" con estímulos fiscales, más exportaciones a Asia y Europa, y ayudas para fomentar el consumo y la inversión. A la defensa, se suma el ataque con, por ejemplo, las nuevas normas para sancionar a las empresas extranjeras que trasladen sus cadenas de suministro a otros lugares.

Bajo las gesticulaciones a un lado y otro, se revela una realidad: "Ambos países siguen estando integrados en las cadenas de suministro mundiales. Estados Unidos está expuesto principalmente a través del consumo y China a través de la producción, y cada uno depende del otro —directa e indirectamente— para obtener insumos clave y satisfacer la demanda final", concluye el Centro de Stanford sobre la Economía y las Instituciones de China (SCCEI), que subraya que parte del comercio acaba desviándose a través de intermediarios como Vietnam y México para evitar los aranceles. 

En todo caso, esta batalla es importante en la política interna en Estados Unidos y el investigador Vázquez Rojo apuesta a que Trump querrá exhibir un "gran acuerdo, probablemente vinculado a la compra de productos agrícolas". Necesita una "victoria" que vender a un sector que sigue siendo un caladero de votantes para las elecciones de medio mandato del próximo noviembre, las que determinarán la composición del Congreso estadounidense.

Chips por minerales críticos: las mutuas dependencias en tecnología

Otra de las bazas posibles en la reunión versará sobre tecnología, un vals ineludible en los últimos años. China necesita los semiconductores y microchips avanzados de Estados Unidos para sus desarrollos de inteligencia artificial. Y estos, a su vez, necesitan los minerales críticos y tierras raras bajo dominio chino para su industria tecnológica y de defensa.

Por eso, ambas partes han utilizado las restricciones a la exportación para entorpecerse. Hubo un ligero acercamiento en octubre de 2025, pero si hay avances o no dependerá de las nuevas concesiones mutuas, apunta García-Herrero, que recuerda que las tierras raras son una palanca clave en la estrategia de China.

Pero también hay movimientos fuera de la mesa de negociación. En marzo de este año, la compañía estadounidense Nvidia anunció que volvía a fabricar uno de sus chips avanzados con un diseño adecuado para cumplir con las restricciones de exportación a China. Y más recientemente, su director ejecutivo, Jensen Huang, mantuvo esta reveladora conversación en una conferencia del Milken Institute.

"¿Deberían tener el último y mejor chip?", le preguntó una periodista sobre las empresas chinas.

"No", respondío rápido Huang. "Estados Unidos tiene derecho a tener lo primero, lo más y lo mejor. Pero, al mismo tiempo, todas las empresas americanas deberían poder competir globalmente". Su posición en defensa de "maximizar" las exportaciones tendrá seguro un eco en la reunión entre Xi y Trump.

A pesar de esos límites a sus compras, China ha sido capaz de desarrollar el modelo de inteligencia artificial DeepSeek. En un podcast del Council on Foreign Relations, uno de los funcionarios del Consejo de Seguridad Nacional de Joe Biden que impulsó los controles en 2022, Chris McGuire, arroja dos claves para entender por qué no ha tenido tanto éxito el bloqueo a las ventas de semiconductores: uno, los controles eran menos severos al principio y, dos, ha habido "lagunas" en el plan por el contrabando.

El economista de la UCJC, Vázquez Rojo, explica también que China ha podido entrenar a su IA conectándose en la nube a países con acceso a los chips de Nvidia, como Singapur o Arabia Saudí, y recuerda que también los desarrolladores estadounidenses han acusado a DeepSeek de copiar sus modelos, aunque esto último todavía no se ha demostrado.

En cuanto a la gran baza de China, las tierras raras, la Agencia Internacional de la Energía ya alertó en octubre del "riesgo de la alta concentración de la oferta de minerales críticos". Y es que el gigante asiático acumuló el 60% de la producción minera de 2024 y alcanzó el 91% en lo que respecta a la separación y refinación de estos materiales.

Según explica Vázquez Rojo, esto supone que, aunque se compren minerales críticos a otros proveedores, se tenga que pasar siempre por China para procesarlos y luego usarlos en la industria. "Tiene un dominio enorme por la capacidad de refinamiento y la tecnología que utiliza", expone.

China bloquea las sanciones de EE.UU. por la compra de petróleo 

Finalmente, el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán el pasado 28 de febrero está afectando al suministro energético y los precios de China, que compra en torno al 90% del petróleo iraní exportado. Esta cantidad supone entre el 10 y el 12% de las importaciones totales de crudo del gigante asiático, según apunta también García-Herrero, jefe para Asia-Pacífico del banco de inversión francés Natixis en Hong Kong.

Recientemente, el Ejecutivo comunista ha bloqueado las sanciones estadounidenses contra sus refinerías "tetera", las instalaciones privadas, pequeñas e independientes acusadas de comprar petróleo iraní y ruso. Con este bloqueo, García-Herrero considera que Pekín "protege su suministro y rechaza" la intervención estadounidense, dentro de un plan legal más amplio contra los poderes extranjeros.

Pero el movimiento de la República Popular, lanzado solo una semana antes de la reunión de Xi con Trump, puede tener consecuencias, como que vuelva a aumentar la tensión entre los dos países, se le apliquen otras sanciones o se den nuevas disrupciones en el estrecho de Ormuz. Todo ello —recuerda la economista de Natixis— amenaza los "precios globales del petróleo", pero también los "costos para China", donde la inflación industrial ha crecido el 2,8% en abril, tras el mayor aumento desde julio de 2022.

El "escudo legal" de China contra las sanciones estadounidenses puede también "poner en un brete" a las multinacionales que operan en ambos mercados, según comenta Vázquez Rojo. El analista pone como ejemplo una empresa europea que se tenga que ver obligada a elegir entre cumplir con las reglas chinas o las estadounidenses para evitar el castigo de unos u otros.

"Es probable que sea también un arma de negociación", señala el economista de la UCJC, con vista a la reunión de este jueves, donde augura que Trump pueda pedir a su homólogo que medie "aunque sea por debajo de la mesa" para que Irán reabra el estrecho. La posición de China es "delicada", advierte el experto, puesto que tiene intereses en Irán, pero no los suficientes para "meterse de lleno" en el conflicto.