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Opinión: apuntes de la semana

Golpe en el tablero de la derecha: gana Feijóo aunque vence Abascal

  • Sánchez asume responsabilidades por Adamuz: "Los protocolos no fueron suficiente para evitar el accidente"
  • Enésimo intento de unidad en la izquierda mientras Felipe González amenaza al PSOE con votar en blanco
Golpe en el tablero de la derecha: gana Feijóo aunque vence Abascal
A la derecha y desenfocado, Alberto Núñez Feijóo (PP) y, en el centro de la imagen, santiago Abascal (Vox). Eduardo Parra Eduardo Parra / Europa Press

Y ya van dos. Extremadura desde hace casi dos meses paralizada y Aragón camino de lo mismo. El PP ha ido ganando en ambas elecciones autonómicas y dejando en evidencia el desgaste del PSOE. Especialmente significativo el mal resultado de la ex portavoz del Gobierno Pilar Alegría. Primer objetivo conseguido. Más aún tras la polémica abierta dentro del PSOE a cuenta de unas declaraciones de Óscar Lopez. El ministro culpaba al fallecido Javier Lambán, expresidente de Aragón, del mal resultado de Alegría en la región. López desataba la tormenta dentro y fuera de su partido. Empezando por la candidata socialista, lo han desautorizado reiteradamente. Un muy desafortunado e innecesario comentario de López, sin duda.

Unas elecciones, las aragonesas, en las que, sin embargo, los populares no lograban su segundo, aunque no menos importante, plan: dejar de depender de Vox en esas dos comunidades. Peor aún, la ultraderecha se hacía con una importante subida en votos y escaños. La consecuencia ha sido un incremento en las exigencias de Vox para dejar gobernar al PP.

Y como no hay dos sin tres o puede que cuatro, Alberto Núñez Feijóo está con la vista puesta ante el peligro de que la situación se repita en Castilla y León e incluso en Andalucía, la joya de la corona arrebatada al PSOE.

Una situación en la que hay quien teme que Abascal mantenga el pulso bloqueando la formación de Gobierno en todas esas autonomías hasta que termine el ciclo electoral.

Mientras, el PP intenta blanquear posibles pactos con Vox para que los ciudadanos normalicen esos hipotéticos acuerdos con quienes siguen defendiendo la dictadura franquista. Es el caso, por ejemplo, de la portavoz del Grupo Popular en el Congreso. Ester Muñoz venía a decir que prefería que su partido llegara al Gobierno aunque fuera a costa de que el PP perdiera algunos escaños y Vox los subiera.

La ultraderecha no tiene reparos para conseguir tronchar al PP. De hecho, ya ha conseguido la rendición en el discurso de Feijóo. Desde su llegada a Génova, hemos ido viendo cómo la alabada moderación del político gallego se iba endureciendo hacia posiciones más propias de Abascal.

Feijóo se deja arrastrar por el discurso de Vox

Se veía claro en el debate del miércoles sobre el accidente ferroviario de Adamuz. Feijóo usaba las formas y el fondo de Abascal. Llegaba a decir, cuando la investigación técnica no ha terminado y la judicial ni ha empezado, que el Gobierno "terminará en el banquillo". Hasta el líder de Vox parecía sorprendido.

Feijóo ve que Abascal le va comiendo terreno y reacciona mimetizando a la ultraderecha. O eso parece. Puede que esa sea la peor noticia de los últimos años. La rendición de Feijóo.

Inciso: nada que ver con la actitud de Moreno Bonilla. El presidente de Andalucía y el PSOE, desde la oposición en esa comunidad, se han comprometido ante el pleno del Parlamento a colaborar en todo lo que tenga que ver con el trágico accidente de Adamuz. Siempre hay esperanza, afortunadamente.

De vuelta al debate del Congreso, el presidente del Gobierno venía a asumir responsabilidades políticas por el accidente en el que fallecieron 46 personas y hubo más de un centenar de heridos.

Pedro Sánchez defendía que se habían cumplido los protocolos español y europeo de mantenimiento y revisión de la red ferroviaria. Pero, al mismo tiempo, reconocía la evidencia de que no habían sido suficientes. Que esos protocolos tendrán que ser revisados a fondo, decía.

Por cierto, que la Comisión Investigadora ha pedido a sus homólogos de la UE que participen en el examen que se está haciendo del accidente. Pretenden garantizar que no haya dudas sobre los resultados. Los investigadores europeos han aceptado.

El dolor por las víctimas y sus familias es absolutamente irreparable. Nada ni nadie podrá consolarles. Pero, al menos, esperemos que en un futuro no vuelva a pasar. Que se encuentren respuestas, soluciones y responsabilidades, si las hay, por lo ocurrido.

La izquierda habla de unidad por enésima vez

Las derrotas electorales sin paliativos del PSOE y de las listas a su izquierda parece, únicamente parece, de momento, que han movilizado a ese sector, que se pone en marcha para sumar fuerzas con la mirada puesta en las elecciones generales.

Los partidos que forman parte de Sumar quieren reeditar, relanzar la coalición. Tarde, pero por fin, se han dado cuenta de que presentarse por separado, sus rencillas, perjudica no solo a ellos, especialmente a los ciudadanos de ese sector del electorado. Su división supone votos echados a la papelera y facilita el gobierno de la derecha y la ultraderecha.

Lo llevan intentando desde los años 80 del siglo pasado con la Izquierda Unida. Julio (Anguita), a ver si a la enésima va la vencida.

Aunque, la verdad, no es muy esperanzador que, antes de empezar a forjar un programa ilusionante para sus votantes y una organización con fundamento, ya se haya enredado en la cuestión del liderazgo. Que si Yolanda Díaz sí o no. O que si cabría o no Gabriel Rufián y su nuevo proyecto.

Veremos.

Parafraseando a Guerra: a Felipe "no lo conoce ni la madre que lo parió"

El expresidente Felipe González está en su derecho de votar en blanco si el candidato del PSOE es Pedro Sánchez e incluso tiene derecho a perjudicar a su partido —¿o ya no lo es tanto?— haciéndolo público.

Pero apoyar políticas de alianzas con la ultraderecha que se reconoce franquista, que defiende al dictador, es ir contra su propia trayectoria contra la dictadura. Si quienes dieron su vida por luchar contra el franquismo levantaran la cabeza, volverían a morirse al ver al nuevo Felipe. No reconocerían a aquel líder carismático que arriesgó su futuro desde la clandestinidad para luchar contra Franco. No reconocerían al único presidente que ha conseguido en la recuperada democracia 202 diputados. No reconocerían al presidente que modernizó de arriba a abajo a España.

Felipe González, el nuevo Felipe González, vino a decir que es preferible una alianza con Vox que con Bildu. Un Bildu que ni habla de independencia en el Congreso. Un Bildu después de 14 años sin asesinatos de ETA. ¿No era eso lo que se quería, que ETA dejara de matar y que los independentistas y cualquier otro proyecto político se defiendan en los parlamentos? Eso es la democracia.

Para preferir una alianza con Vox antes que con Bildu hay que ser muy desmemoriado, por ser suave y respetuosa con lo mucho de positivo que hicieron los gobiernos de González.

Pero, un gran pero, el expresidente omite que su Ejecutivo negoció con la durísima Herri Batasuna de los años 80, que a su lado Bildu son las hermanitas de la Caridad.

El Gobierno de Felipe González negoció con ETA en Argel, como era su obligación, para intentar que la banda terrorista dejara de matar. Todos los Gobiernos lo han hecho, lo han intentado, los del PSOE y los del PP. Lo consiguió Zapatero hace unos 15 años.

Lo que es más, y en contra del expresidente González —no sé si todavía socialista—, el único Gobierno en el que hubo personas condenadas por terrorismo de Estado fue el suyo, el de Felipe González. No es una opinión, es una sentencia judicial.

Tal vez el expresidente no recuerde que, por eso, por terrorismo de Estado, fueron a la cárcel su ministro del Interior, José Barrionuevo, y su secretario de Estado, Rafael Vera, además de algunos policías a sus órdenes como José Amedo. Y que, por ese terrorismo de Estado, además chapucero, por ejemplo, un hombre normal y corriente, Segundo Marey, fue secuestrado al confundirle con un etarra.

Tal vez Felipe González haya olvidado cómo él le levantó la silla a Rodolfo Llopis, al secretario general del PSOE del exilio durante la dictadura. Eran los años 70 y había que renovar al Partido Socialista, defendía González entonces. Y era verdad, tenía razón, por mucho que le doliera al exiliado.

Pues señor expresidente, ¿no le parece que su partido hace lo mismo que hizo usted en el siglo pasado? España, el mundo, ha cambiado incluso de siglo y toca renovar, como usted hizo, e hizo bien.

También es bueno recordar que los miembros de su Ejecutiva llamaban 'dios' a Felipe González y nunca les abroncó por eso. Sin embargo, el exlíder del PSOE reprochaba al ministro Puente que hubiera hablado de Pedro Sánchez como 'el puto amo'.

A ver, en Ferraz nadie se atrevía a levantar la voz a Felipe, a 'dios'. Bueno, por ser justos, Izquierda Socialista, pero dentro de un orden. Por ejemplo, para pasar del 'OTAN, no' al 'OTAN, sí', muchos tuvieron que bajar la cabeza ante la decisión de 'dios', de Felipe. Sí, Felipe, así, a secas, le llamaban propios y ajenos.

Un partido, cualquiera, por definición, o tiene un líder y tiene disciplina o no funciona. A mí, personalmente, no me gustaría someterme ni a lo uno ni a lo otro, por eso no me pillarán en esas. Pero el que milita tiene que atenerse a las normas o movilizarse dentro.

Por cierto, González puede hacerlo si está al día de las cuotas. Puede presentarse a unas primarias si quiere volver a ser el líder del PSOE, a ver si le votan los militantes. También tiene la alternativa de apoyar a otro candidato contrario a Sánchez en unas primarias en las que los que eligen son los afiliados. Ah, perdón, se me olvidaba; esa segunda opción ya la ejerció Felipe con Susana Díaz. Y González y Díaz perdieron. La militancia no les apoyó, eligió a Pedro Sánchez. Igual el exlíder del PSOE sigue prefiriendo que solo decidan los mandamases como en su época.

Felipe González apoyando a Susana Díaz cuando esta anunció su candidatura a las primarias del PSOE de 2017

Felipe González apoyando a Susana Díaz cuando esta anunció su candidatura a las primarias del PSOE de 2017 EFE

Decía Patxi López, el portavoz socialista en el Congreso, que le da pena que "Felipe González haya dejado de ser una referencia para los socialistas y que sea un referente para la derecha de este país". Puede que a otros muchos, muchísimos militantes socialistas, también les duela ver la caída del que era su 'dios'.

Más contundente, Ángel Víctor Torres lanzaba una dura reflexión al ex secretario general del PSOE. Parafraseando, nada más y nada menos que a Alfredo Pérez Rubalcaba, el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática decía abiertamente a Felipe González que "cuando quieres que pierda el líder de tu partido, piensa qué haces ahí".

Una clara invitación a que deje su carné del PSOE, si sabe dónde lo tiene.