Israel identifica el cuerpo del último rehén que quedaba en Gaza, paso previo para la reapertura del paso de Rafah
- Su hallazgo facilita la implantación de la segunda fase de las negociaciones de paz auspiciadas por Trump
- Es la primera vez en una década que no hay rehenes israelíes, vivos o muertos, en Gaza
El Ejército israelí ha confirmado la localización e identificación del cuerpo del sargento primero Ran Gvili, el último de los rehenes israelíes por recuperar tras el ataque del 7 de octubre de 2023, en un cementerio al este de la ciudad de Gaza, cerca de los barrios de Shujaiya, Daraj y Tuffa. La familia ha sido informada de que los restos serán trasladados a Israel para su entierro.
Gvili, de 24 años, formaba parte de la unidad 'Yasam' del distrito sur de la Policía israelí. El 7 de octubre se encontraba en su domicilio recuperándose de un accidente de motocicleta que le había causado una fractura de hombro. Al conocer la infiltración de combatientes de Hamás en el sur de Israel, se puso el uniforme y se dirigió al frente para enfrentar a los atacantes. Posteriores evaluaciones militares concluyeron que murió durante los combates y que su cuerpo fue trasladado después a Gaza. Vecinos del kibutz se refirieron a él como “el defensor de Alumim”.
La recuperación de sus restos pone fin al capítulo de los rehenes israelíes del 7 de octubre y cierra una de las cuestiones que han condicionado tanto la conducción militar de la guerra como las decisiones políticas sobre el futuro inmediato de Gaza.
"Después de varios meses, las evaluaciones concluyeron que tras una feroz batalla, y solo cuando se le acabaron las municiones, Ran cayó en combate y fue secuestrado y llevado a Gaza", ha aseverado el Foro de las Familias de los Rehenes, en un comunicado.
Encontrado el cuerpo, abrirá el paso de Rafah
La recuperación de su cuerpo ha estado directamente vinculada a una de las decisiones operativas y políticas más sensibles del conflicto: la reapertura del paso fronterizo de Rafah entre Gaza y Egipto.
La oficina del primer ministro Benjamín Netanyahu había anunciado que Israel reabriría el cruce una vez hubiera terminada la operación militar destinada a localizar y recuperar los restos de Gvili, una condición que el Ejecutivo hebreo, presionado por el Foro de las Familias de los Rehenes, había establecido para abrir el paso que conecta a a Gaza con Egipto en medio de una creciente presión internacional.
Aunque el comunicado oficial no fijó un calendario, un responsable estadounidense señaló que la operación se prolongaría varios días, lo que permitiría reabrir Rafah antes de que terminase la semana. Un anuncio ha llegado tras la última visita de los enviados de Trump, Jared Kushner y Steve Witkoff, a Israel. Procedentes de Abu Dabi, los norteamericanos se reunían con el primer ministro israelí después de haber participado en las primeras negociaciones tripartitas (EE.UU., Rusia y Ucrania) celebradas para alcanzar un plan de paz negociado para Kiev.
El paso de Rafah, el único que conecta Gaza con Egipto, está concebido principalmente para el tránsito de personas y llevaba prácticamente cerrado más de año y medio. Responsables del comité que supervisa la administración de Gaza ya habían anticipado que el cruce volvería a abrir esta semana, incluso antes de que Israel confirmara oficialmente la recuperación del cuerpo. Esa fue una exigencia de los negociadores palestinos y que, al parecer, le habrían trasladado a Netanyahu los enviados de Trump, citan medios israelíes.
La decisión ha generado fuertes tensiones dentro del Gobierno israelí. En una reunión del gabinete de seguridad, ministros de la extrema derecha criticaron la reapertura del paso mientras Hamás no haya sido completamente "derrotado". El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, advirtió de que abrir Rafah enviaría “un mensaje muy peligroso”. Otros miembros del Ejecutivo acusaron al Gobierno de allanar el camino para una implicación de la Autoridad Palestina en la gestión de la Franja, una posibilidad rechazada frontalmente por el Ejecutivo israelí.
Estados Unidos, por su parte, ha intensificado la presión sobre Israel para avanzar en la siguiente fase, la segunda, del plan de paz impulsado por la Casa Blanca, que incluye la reapertura de Rafah y el desarme de Hamás. Israel se había resistido a avanzar en esa fase mientras el cuerpo de Gvili no hubiera sido recuperado, un vínculo que no figuraba de forma explícita en el acuerdo inicial alcanzado el pasado mes de octubre.
Hamás denuncia que la agresión sobre Gaza continúa
El portavoz del movimiento islamista Hamás, Hazem Qassem, ha afirmado este lunes que la "ocupación sionista está intensificando su agresión mediante la intensificación de los bombardeos, la demolición de viviendas y la ampliación de las incursiones", lo que ha provocado la muerte y lesiones de civiles, además del desplazamiento continuo de la población gazatí, agotada tras más de dos años de conflicto armado. "La ocupación continúa con su guerra genocida contra nuestro pueblo", ha señalado Qassem.
En el comunicado difundido por la milicia, su portavoz ha enfatizado que Israel "continúa su asedio bajo el pretexto de reuniones y conversaciones sobre la Junta de Paz", "ninguna de las cuales ha detenido el derramamiento de sangre de nuestro pueblo en Gaza ni la destrucción de las viviendas restantes, en una campaña continua de limpieza étnica a la vista del mundo".
En este sentido, Qassem instaba a todas las partes que hablan de establecer la paz a poner fin a la guerra y a ejercer una "presión real sobre la ocupación" para que detenga su guerra contra la Franja, levante el asedio e implemente las obligaciones del acuerdo de alto el fuego de Sharm el-Sheikh.
Evan Vucci
El pasado mes de octubre negociadores israelíes y palestinos acordaron en la popular ciudad costera egipcia el borrador definitivo de la primera fase del pacto auspiciado por la administración Trump, y participado por mediadores egipcios, qataríes y turcos, entre otros.
El consenso final apuntó a que cualquier avance duradero pasaría por combinar presión política, garantías de seguridad y apoyo humanitario continuado, evitando que la crisis quede reducida a meras declaraciones, y cuya implementación no tuviera un seguimiento posterior.