¿Quién es quién en la nueva era del chavismo sin Maduro?
- Unos pocos nombres dominan el aparato chavista, presidido ahora por Delcy Rodríguez
- María Corina Machado es la actual referente de una oposición siempre a la expectativa
- Venezuela, última hora en directo
El particular tablero de ajedrez que es Venezuela se ha quedado sin su rey, Nicolás Maduro, pero esto no quiere decir el chavismo haya perdido todas sus piezas. Enfrente tiene a una oposición que, aunque desdibujada, aún conserva algunos grandes nombres que aspiran a jugar algún papel en esta peculiar etapa que arrancó el 3 de enero con una intervención militar de Estados Unidos en pleno Caracas.
La Venezuela construida en su día por Hugo Chávez y heredada por Maduro en marzo de 2013, tras la muerte de su mentor político, se ha basado en un equilibrio entre lealtades y castigos. Así, quienes han querido o sabido seguir siendo leales durante estos últimos años al régimen han sido premiados con los principales puestos dentro de un sistema sin apenas renovación en la primera línea y del que han salido repudiadas figuras como el exministro de Petróleo Rafael Ramírez o la antigua fiscal general Luisa Ortega.
Delcy Rodríguez, al frente del aparato estatal
Maduro ascendió al poder tras el fallecimiento de Chávez desde la vicepresidencia, un puesto de máxima confianza en el que el mandatario depuesto mantenía desde junio de 2018 a Delcy Rodríguez, convertida desde hace años en la mujer con más peso dentro de un sistema dominado por los hombres y en el que la ahora presidenta 'de facto' no ha hecho más que ascender.
Esta hija de un guerrillero marxista lleva en la primera línea desde el año 2006, cuando ejerció de ministra para la Presidencia de Chávez, y en su currículum se incluyen también los ministerios de Información, de Exteriores y de Economía. Su poder se vio reforzado en agosto de 2024, cuando Maduro le encargó el Ministerio de Hidrocarburos, la joya económica de una corona caída en desgracia y que ahora aspira a conquistar el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a golpe de amenazas.
El pronunciamiento de Delcy Rodríguez era también el más esperado tras la captura de Maduro, habida cuenta de que el orden de sucesión la situaba a ella como nueva presidenta y en vista de que Trump optaba por no colocar a ninguna figura de la oposición como remplazo inmediato. Ella es ahora la "presidenta encargada" y exige respeto para la soberanía de Venezuela, al tiempo que reclama el fin del "secuestro" de Maduro, inmerso ya en un proceso judicial en Estados Unidos.
Al contrario de lo que ocurre con otros altos cargos chavistas, el nombre de Delcy Rodríguez no está en la lista de recompensas ofrecidas por la Administración de Control de Drogas (DEA) de Estados Unidos. Tampoco está el de su hermano, Jorge Rodríguez, otra de las figuras constantes en la Venezuela de estas últimas dos décadas, ahora como presidente de la Asamblea Nacional elegida en los comicios legislativos de mayo de 2025, cuestionados por la oposición interna y por la amplia mayoría de la comunidad internacional.
Jorge Rodríguez también fue vicepresidente de Venezuela, en 2007, y comparte el patrón de haber encadenado todo tipo de cargos de relevancia. Fue, además, la cara visible del régimen en el fallido proceso de negociaciones iniciado con la oposición, una etiqueta que técnicamente todavía conserva, aunque no exista desde hace ya tiempo ningún diálogo en marcha.
Una mesa como símbolo de poder
El presidente de la Asamblea Nacional estaba sentado a la derecha de su hermana en la conferencia de prensa que protagonizó Delcy Rodríguez tras hacerse con el bastón de mando y que dejó claro que el círculo estrecho de Maduro quería seguir al poder.
No estaban solos. El asiento inmediatamente a la izquierda de Delcy Rodríguez estaba ocupado por Diosdado Cabello, ministro del Interior y de Justicia y 'número dos' del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Este histórico aliado de Chávez —colaboró con él en el golpe de 1992— sí figura en la diana política y judicial de Washington. Está considerado uno de los principales representantes del ala más dura del chavismo.
Cabello ha ido cambiando de sillones, pero su relevancia política y pública ha permanecido inamovible y ha sobrevivido a Chávez. Tiene un programa propio en la televisión oficial, un altavoz desde el que no duda en ejercer de voz autorizada del Gobierno y que aprovecha además para lanzar todo tipo de amenazas a la oposición y a los gobiernos que cuestionan la deriva política venezolana, especialmente en estos últimos años.
Los tentáculos del chavismo en el Ejército y la justicia
Tal como han admitido en los últimos días altos cargos de la Administración estadounidense, incluido el propio Trump, una cosa es quitar a Maduro y otra bien distinta es apartar al chavismo de las primeras filas del poder. Washington apela al pragmatismo a la hora de asumir que descabezar el chavismo no implica el fin de un sistema que ha echado raíces a todas las instituciones y estamentos sociales, al margen del poder político y legislativo.
Las Fuerzas Armadas siempre han sido una de las columnas vertebrales del régimen y el pasado militar se entremezcla con la carrera política en no pocos casos, como ocurre con Diosdado Cabello. Otro es el de Vladimir Padrino López, que ha militado por y para el chavismo, primero como oficial de carrera y mando del Ejército y desde octubre de 2014 como ministro de Defensa.
Padrino López ha tratado de demostrar durante años que las Fuerzas Armadas son inmunes a las críticas externas y permanecen fieles al Gobierno, sin sombra por tanto de golpe de Estado. También él estaba a la mesa desde la que Delcy Rodríguez se dirigió por primera vez a la población tras la intervención militar norteamericana.
El aparato judicial ha servido como otra de las grandes herramientas al servicio de los intereses políticos del chavismo, bien desde el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) o desde la Fiscalía. Desde agosto de 2017, el cargo de fiscal general lo ostenta Tarek William Saab, que tras sustituir a la denostada Luisa Ortega Díaz se ha erigido en promotor de las sucesivas baterías de cargos lanzadas contra dirigentes opositores.
La oposición, abocada a cambiar de referentes
Y si el chavismo siempre ha tratado de mostrarse como un frente unido, la oposición ha tenido que luchar, en cambio, durante estas más de dos décadas por tapar sus grietas. Primero con Chávez y luego con Maduro, ha ido cambiando constantemente de liderazgos y referentes, en gran parte de las ocasiones obligada por una persecución judicial que ha abocado a varios de sus principales dirigentes a la cárcel o el exilio.
La última gran referente es María Corina Machado, líder del partido Vente Venezuela y premio Nobel de la Paz en 2025, precisamente por su lucha en favor de la democracia en el país sudamericano. No es una recién llegada y, de hecho, ya ejerció de diputada cuando en la Asamblea Nacional aún contaba con representantes de los grandes partidos opositores, pero su figura ha crecido en estos últimos años.
Su gran salto vino con las elecciones primarias para elegir al candidato unitario de la oposición en los comicios presidenciales de 2024. Aunque sobre ella ya pesaba una inhabilitación por razones políticas, decidió postularse y arrasó en la votación con el aparente respaldo de otros líderes, pero el chavismo denegó su candidatura y la disidencia se vio forzada a buscar a un candidato de última hora, Edmundo González.
Ambos hicieron campaña juntos y reclamaron también juntos la publicación de las actas que acreditarían supuestamente la victoria electoral de González. El Gobierno hizo oídos sordos y endureció la persecución, lo que obligó a Machado a pasar a la clandestinidad y a permanecer oculta dentro de Venezuela hasta diciembre de 2025, cuando viajó a Noruega para recoger el premio Nobel.
González ya había salido de Venezuela en septiembre de 2024, después de permanecer refugiado en la Embajada española. Este antiguo diplomático de 76 años se reivindica como "presidente electo", pero en la práctica ha cedido gran parte del protagonismo a Machado y ya en España ha optado por mantener un perfil discreto, sin grandes actos y a la expectativa de lo que pueda ocurrir en su país natal.
La oposición aspiraba a lograr en los últimos comicios presidenciales lo que ya acarició en 2012 y 2013 de la mano de Henrique Capriles, un antiguo gobernador regional que rivalizó con Chávez y Maduro en las urnas y se quedó a las puertas de la victoria, tal como evidenciaron entonces los datos difundidos entonces por el oficialismo.
Al contrario de lo que ha ocurrido con otros líderes opositores, Capriles ha logrado quedarse en Venezuela sin ser detenido. Sus mensajes siguen marcados por el antichavismo, pero en ocasiones también se ha desmarcado de la línea seguida por grandes partidos de la oposición para abogar, por ejemplo, por la participación en procesos electorales o el inicio de un mínimo acercamiento al chavismo.
Guaidó, el experimento fallido
Este tipo de posicionamientos ha llevado a Capriles a marcar distancias con otros disidentes que renuncian a hacer concesiones, como pueden ser Leopoldo López o Juan Guaidó. El primero de ellos fue una figura clave de las protestas de 2014, lo que le valió una condena de 13 años de cárcel que esquivó también con la ayuda de España, primero en la Embajada española en Caracas y luego exiliado al otro lado del Atlántico.
Guaidó, por su parte, simboliza una fórmula fracasada a la hora de rivalizar con el chavismo. En enero de 2019, hizo valer la jefatura de la Asamblea Nacional y la ilegitimidad de Maduro para reivindicarse como "presidente encargado", con el aval de decenas de gobiernos extranjeros, entre ellos el de Estados Unidos durante el primer mandato de Trump. En abril de 2023, cruzó de manera clandestina a Colombia y no ha regresado a Venezuela.
El exilio también ha visto desfilar a otros dirigentes opositores como Julio Borges, expresidente de la Asamblea Nacional y responsables de temas diplomáticos en el gabinete interino conformado por Guaidó y Antonio Ledezma, convertido en símbolo interno de resistencia durante su etapa como alcalde de la capital venezolana, Caracas. Ahora, desde España, conserva su activismo político y ha ejercido de coordinador internacional del Consejo Político integrado por Machado y González.