Acuerdo histórico entre la UE y Mercosur tras 26 años de negociación: claves de un pacto entre oportunidad y dudas
- Se crea la mayor zona de libre comercio del mundo que supone la reducción de aranceles
- El acuerdo sale adelante a pesar del voto en contra de Francia, Polonia, Austria , Irlanda y Hungría
No ha habido sorpresas. La Unión Europea (UE) ha dado luz verde al acuerdo con el Mercosur por mayoría. España es uno de los 21 países de la UE que lo ha respaldado, mientras que Francia, Polonia, Austria, Irlanda y Hungría se han opuesto. Bélgica, por su parte, es la única que se ha abstenido.
Hablemos de cifras importantes. El pacto histórico que sellan ambas partes afectará a más de 740 millones de ciudadanos, los que suman los 27 miembros de la UE (450 millones de personas) más las cuatro naciones fundadoras del organismo sudamericano -Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay- con otros 295 millones más. Venezuela también formó parte de ese club de América del Sur durante un tiempo, pero fue expulsado hace justo ahora diez años, entre acusaciones de "golpe de Estado".
A nadie se le escapa que, con esta enorme cantidad de consumidores potenciales, se abre un inmenso mercado de exportaciones e importaciones. Hasta ahora, el Mercosur era el único gran socio comercial de América Latina con el que la Unión Europea no tenía un acuerdo preferencial. Los 27, según los últimos datos disponibles, exportan anualmente al Mercosur 55.000 millones de euros en bienes y otros 29.000 millones de euros en servicios. La UE representa casi el 17% del comercio total del Mercosur.
Se crea la mayor zona de libre comercio del mundo
Tal y como ha apuntado el ministro de Exteriores José Manuel Albares, en 'La Hora de La 1' de TVE, con este acuerdo se crea "la mayor zona de libre comercio del mundo". Pero el camino no ha sido ni corto ni fácil. Las conversaciones entre ambas partes arrancaron en 1999 de forma oficial, pero no fue hasta veinte años después, en 2019, cuando se anunció un acuerdo político de alto nivel. Y ahí no terminó el asunto. Hizo falta otro lustro, hasta 2024, para concretar un texto entre Bruselas y los gobiernos argentino, brasileño, uruguayo y paraguayo. Pudo firmarse el pasado mes de diciembre, pero un nuevo retraso por los últimos flecos lo ha retrasado hasta ahora.
El entendimiento incluye la eliminación de los aranceles en exportaciones de la UE, así como la caída de los aranceles europeos en los bienes del Mercosur (más de un 90%). Estas reducciones se irán aplicando de forma gradual en un periodo de tiempo de hasta 15 años. Se calcula que la eliminación arancelaria puede hacer ahorrar a las empresas europeas cerca de 4.000 millones de euros al año.
La firma llega en un momento de reordenación de las alianzas globales, marcado por las guerras comerciales entre grandes potencias y la fragmentación de las cadenas de suministro que han generado la necesidad de lanzarse a diversificar socios estratégicos. Y con este contexto, Bruselas ha optado por mirar a Sudamérica como un socio con gran potencial que puede servir para aliviar la creciente dependencia de China y las incertidumbres al otro lado del Atlántico.
Para los consumidores europeos el acuerdo promete una mayor oferta de productos y potencialmente precios algo más competitivos. Los grandes defensores del pacto subrayan que más competencia beneficia al comprador final y defienden que los estándares europeos de calidad y seguridad alimentaria se van a mantener intactos. No obstante, el impacto real va a depender de la evolución de los mercados y de la capacidad de las autoridades europeas para hacer cumplir las normas a todos los actores involucrados.
La posición española en el acuerdo
España ha sido durante todo el proceso de negociación una defensora férrea del acercamiento a América Latina y, con esta base, ha jugado un papel muy activo para la consecución de un pacto. El Gobierno ve en este acuerdo una auténtica "palanca económica" y geopolítica, aunque es consciente de que exige hacer un acompañamiento minucioso -con salvaguardias y recursos públicos- para evitar impactos negativos en los sectores más sensibles.
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El Ejecutivo, como gran valedor de la mano tendida a Sudamérica, siempre ha defendido que la Unión Europea, a pesar ser una gran potencia, necesita esa diversificación de socios. "Necesitamos aliados", decía el presidente español, Pedro Sánchez, poco antes del acuerdo. Precisamente, Sánchez ha insistido en que el tratado "refuerza el papel de Europa en el mundo y abre oportunidades para nuestras empresas, sin renunciar a proteger a nuestros productores". Moncloa también ha destacado el potencial para diversos sectores como el automóvil o las energías renovables.
También el rey Felipe VI ha dado este viernes su "enhorabuena" al respaldo de la Unión Europea al acuerdo de asociación. Lo ha hecho antes de la clausura de la décima reunión anual de los embajadores españoles, en Madrid, donde el monarca ha coincidido con el ministro de Exteriores. José Manuel Albares ha señalado que es una "extraordinaria noticia" que "por fin la Unión Europea haya dicho sí a Mercosur".
Francia e Italia: dos reticentes con distinto resultado
Estaba previsto que a principios del pasado diciembre se sellara el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, pero quedó en el aire tras el bloqueo de dos de las principales economías de los 27. Francia e Italia obligaron a posponer la firma porque no les convencía por completo el texto.
En el caso italiano, finalmente han optado por apoyar el pacto. La primera ministra, Giorgia Meloni, ha asegurado este viernes que su posición no es que haya cambiado, sino que han esperado hasta mejorar las condiciones del acuerdo. En una rueda de prensa, ha explicado que Italia da su visto bueno tras obtener mayores garantías para el sector agrícola italiano.
Giorgia Meloni ha destacado como determinante "el mecanismo de salvaguardia para los productos sensibles y el fondo de compensación al que se puede recurrir para reconducir posibles desequilibrios". La posición de Italia era esencial en la negociación porque su voto favorable es lo que ha permitido que salga adelante el acuerdo.
Francia, por su parte, se ha mantenido en su negativa. En un primer momento, el presidente Emmanuel Macron pareció dudar sobre el acuerdo comercial del Mercosur y llegó a mostrarse abierto a apoyarlo si se mejoraban algunos aspectos. "Es inaceptable" decía Macron, pero apostillando que lo era "en su forma actual".
La presión del resto de partidos políticos franceses -con la amenaza de presentar mociones de censura- y de los grandes sindicatos del sector primario francés -que están totalmente movilizados- han hecho que Francia decida apuntarse en la lista de países que han rechazado el acuerdo.
Agricultores franceses bloquean con sus tractores una carretera de acceso a París, en protesta contra el acuerdo UE-Mercosur. CHRISTOPHE PETIT TESSON / EFE
El enfado de los agricultores europeos
La oposición del sector agrícola europeo ha sido frontal desde el primer momento. Las protestas de los agricultores se han intensificado conforme se acercaba el momento de la firma del acuerdo. Y las manifestaciones, con tractoradas incluidas, van a continuar según han anunciado los principales sindicatos agrarios.
Las movilizaciones se suceden y mantienen en grandes ciudades europeas como París, Bruselas o Atenas, entre otras muchas. También se están viviendo esas imágenes en nuestro país con cortes puntuales de carreteras, como la AP-7 en Girona, o el bloqueo de lugares estratégicos, como el puerto de Tarragona.
Entre sus principales preocupaciones, apuntan al riesgo que supone para ellos la importación de productos más baratos que pueden tirar a la baja sus precios. Denuncian que las normativas que los agricultores europeos deben cumplir les suponen unos gastos que no tienen que asumir en igual medida los productores de Argentina, Brasil, Uruguay o Paraguay. Hablan de requisitos que tienen que ver con pesticidas o normas medioambientales fitosanitarias o laborales más restrictivas para los países miembro de la UE.
Varios portavoces de los grandes sindicatos del sector ya advierten de que el pacto les puede "llevar a la ruina". El sector agrícola esperaba la imposición de las llamadas cláusulas espejo que colocaran al mismo nivel de exigencia todas las normativas que se les aplica para obligar así a las empresas agrícolas exportadoras de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.
Qué sectores ganan y cuáles pierden
Los efectos contantes y sonantes del acuerdo entre la UE y Mercosur todavía tardarán algo de tiempo en poder analizarse con detalle pero, a grandes rasgos, lo que los expertos intuyen es que la industria será el sector que se verá más beneficiado, mientras que parte del sector primario -agricultores y ganaderos- podría presentar las mayores complicaciones.
Vamos primero con los productos que más tienen las de perder. En esta lista se encuentran, principalmente, la carne de vacuno y de ave, el azúcar, los cereales y el arroz. Estos son productos que ahora van a tener más competencia procedente de las exportaciones de los cuatro países del Mercosur.
Está por ver si el efecto es o no limitado. Por ejemplo, la UE permitirá la entrada de 99.000 toneladas de carne bovina procedente de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, con aranceles reducidos en un plazo de cinco años, pero esa cantidad apenas supone un 1,2% del consumo total de carne de los ciudadanos de los Veintisiete. Y no todos los productos del sector primario pueden correr la misma suerte. Existen ventajas para los aceites de oliva o los vinos españoles que se pueden abrir camino en las cuatro naciones sudamericanas.
Dentro del sector secundario, quien más sale ganando con el acuerdo es la industria del automóvil. Accede así a un mercado de millones de consumidores y ahora lo hará sin los aranceles del 35%, que hasta el momento tenían que pagar por acceder a los países del Mercosur. Las primeras proyecciones apuntan a que las cifras de ventas de coches europeos en esos cuatro países sudamericanos pueden triplicarse de aquí al año 2040.
En qué consisten las salvaguardias de emergencia
En medio de las tensiones y los tira y afloja en la negociación, la Comisión Europea ha reforzado las cláusulas de salvaguardia que permiten echar una especie de freno de mano al acuerdo, en caso de que las cifras castiguen en demasía a los sectores europeos más sensibles.
El pacto final ha rebajado el umbral de reacción ante fluctuaciones de precio significativas. Las garantías funcionarán de esta forma: si algún producto sufre una caída de precio inusual superior al 5%, los Veintisiete se guardan el derecho a investigar si esa oscilación se debe al acuerdo entre la UE y el Mercosur. Y, de ser así, la Comisión Europea podría bloquear temporalmente el acuerdo con Mercosur y recuperar determinados aranceles.
Igualmente la UE estará pendiente, también, de las cifras de importaciones procedentes de los países del Mercosur. Si la media durante un plazo de tres años es superior al 5%, también se echaría ese freno para evitar una marea de productos del exterior que perjudique a las empresas europeas. Estas salvaguardias son bien vistas por la mayoría de los sectores, pero a algunos -sobre todo agricultores y ganaderos- les parecen insuficientes. Además, está por ver si funcionarían llegado el caso.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, tiene previsto viajar el 17 de enero hasta la ciudad de Asunción, capital de Paraguay, para sellar oficialmente el acuerdo con representantes del Mercosur. Esa próxima fotografía marcará el inicio de una relación comercial de un tamaño inmenso ya que supone casi una cuarta parte del PIB mundial. El presidente paraguayo, Santiago Peña, ha asegurado que están "expectantes" ante el hito histórico que se va a producir de forma inminente.