Escocia - Brasil: la reválida de Neymar y el todo o nada escocés
- Ancelotti busca sumar a Neymar a un equipo del que ahora tira Vinicius; Escocia necesita ganar
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Brasil y Escocia se enfrentan la próxima medianoche con objetivos bien diferentes. Para los sudamericanos, con el primer puesto casi en la mano, se trata de no fallar y de engrasar su combinado para lo que está por venir. Y eso pasa por comprobar si el estado físico y futbolístico de Neymar le convierten en un activo para los planes del seleccionador, Carlo Ancelotti.
Será la quinta vez que ambas selecciones se cruzan en un Mundial (la cuarta y última había sido en 1998). La primera vez terminó en empate sin goles. Fue en 1974; desde entonces, Brasil ganó todos sus duelos particulares con los británicos en este escenario.
Para los escoceses, el partido no es una probatura, es el ser o no ser. Pero Brasil es su particular Himalaya: es el equipo a que más veces se ha enfrentado sin lograr nunca una victoria (dos empates y ocho derrotas). No piensen en una pachanga: aquí hay partido.
Los números de este partido son los de la clasificación, sobre todo para Escocia, que depende de sí mismo pero se lo juega a todo o nada. A Brasil le basta un empate, mientras que Escocia necesita ganar para asegurar su pase directo.
¿Qué necesita Brasil para clasificarse? Si gana o empata: Pasa directamente a dieciseisavos de final en uno de los dos primeros puestos del grupo. Si gana y mantiene mejor diferencia que Marruecos, pasará como líder. Si pierde: Quedaría en la tercera posición si Marruecos suma ante Haití. Aun así, sus 4 puntos y su diferencia de goles facilitarían su clasificación como uno de los mejores terceros.
¿Qué necesita Escocia? Si gana: Se clasifica de forma matemática, alcanzando los 6 puntos y superando a Brasil en la tabla. Si empata: Llegará a 4 puntos con una diferencia de goles de 0. No alcanzará los dos primeros puestos (salvo una histórica e improbable goleada de Haití a Marruecos), pero podría bastar para avanzar entre los mejores terceros. Si pierde: Se quedará en 3 puntos y con diferencia de goles negativa. Su futuro quedará en el aire, pendiente de algo parecido a un milagro según qué pase en los otros 11 grupos.
Los que se clasifiquen en las dos primeras plazas en este grupo C se las verán en dieciseisavos frente a los dos primeros del grupo F, que ahora lideran Países Bajos y Japón. En caso de que alguno termine tercero, el rival dependerá de la combinación final de grupos (pudiendo ser el 1° del Grupo A, E o I).
Con la clasificación casi en el bolsillo, la incógnita de Brasil tiene nombre propio: Neymar. Recuperado de su lesión muscular en el gemelo, está oficialmente “disponible” para volver a jugar con Brasil, algo que no hace desde 2023. El cuerpo técnico aún debate si saldrá desde el once titular o si se le dosificarán los minutos en el segundo tiempo. La prioridad es asegurar el liderato del grupo sin arriesgar una recaída.
Neymar, 34 años, una estrella rutilante que ha vivido apagada en los últimos años. Recuperó cierta regularidad en el Santos, hasta que sufrió un desgarro en el gemelo derecho el 17 de mayo. Aun así, en toda la temporada solo ha disputado 15 partidos, con seis goles y cuatro asistencias para un total de 1.265 minutos. Poco rodaje, un cuerpo frágil, pero altas prestaciones potenciales. Lejos de sus mejores días, en el PSG sin ir más lejos, la inclusión de Neymar en la selección de Carlo Ancelotti puede leerse como una última batalla del héroe para inspirar a un equipo que necesita líderes e impresionar a los rivales.
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De ahí que su concurso en el Mundial sea una moneda al aire. En su participación en los mundiales, ha habido tantas caras como cruces. Neymar fue la estrella de Brasil cuando su país fue anfitrión en 2014 (cuatro goles en cinco partidos) antes de caer por una fractura de vértebra en cuartos de final ante Colombia. En 2018, marcó dos goles, pero destacó casi más por sus exageraciones en las faltas (fue el jugador que más faltas recibió). En 2022, otra lesión, en el tobillo, le tuvo ausente hasta cuartos, cuando marcó su gol número 77 con la canarinha, igualando el récord de Pelé. En ese partido ante Croacia, Brasil fue eliminada en los penaltis.
¿Podría ser este el Mundial de Vinicius Júnior? Él está trabajando para ello. En sus dos primeros partidos, ha participado en tres goles (dos goles y una asistencia), algo que en este siglo solo han hecho con su selección Elano en 2010 y Rivaldo en 2002.
El delantero del Real Madrid juega estos campeonatos con su motivación al 100%. En sus seis partidos disputados en la Copa del Mundo, ha participado en seis goles (marcando tres y dando tres asistencias). Contribuir de media a un gol por partido es algo que le pone en el olimpo de los cariocas, un registro solo al alcance de Pelé (11 en 8 partidos), Ronaldo (19 en 19 partidos) y Tostão (7 en 7 partidos). Y, sin embargo, estos registros no le ubican entre los delanteros que más están brillando en este Mundial, ni por métricas de elaboración del ataque ni por participación en goles. Yan Diomande (Costa de Marfil) y Leo Messi (Argentina), entre otros, lideran varios de los registros principales de los atacantes.
No solo por Vinícius, la principal fortaleza de la selección brasileña ha llegado por las bandas, como se ve en los siguientes gráficos. Al menos hasta la lesión de Raphinha en el último partido.
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De todos modos, el caudal ofensivo está siendo menos fructífero que antaño. En los dos partidos precedentes, Brasil ha rematado a puerta 20 veces (12 contra Marruecos, ocho contra Haití). Es decir, un promedio de 10 remates por partido, que es la menor cifra en el torneo desde hace seis décadas.
¿Y quién mueve el juego de Escocia? El timonel en ese sentido es Scott McTominay (Nápoles, 29 años), que lidera en la selección británica la distribución y el carácter del equipo. Desde 2023, McTominay participó en 15 goles con su selección en todas las competiciones (13 goles y dos asistencias). Se ha criticado que el seleccionador, Steve Clarke, le retrase demasiado para iniciar el juego con los tres centrales y se desaproveche su capacidad para ocupar posiciones de remate (mide 1,93 metros).
Él y John McGinn (Aston Villa, 31 años), autor del único gol escocés en el torneo hasta ahora, tras haber estado 13 partidos sin marcar con su selección, son los principales motores ofensivos de Escocia.
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Cuando Brasil llamó a Carlo Ancelotti en mayo de 2025, la Seleçao vivía sacudida por los resultados y por una sensación de provisionalidad permanente. Su receta fue ser Ancelotti: evitar el ruido, trabajar la táctica y una gestión del vestuario basada en la confianza. El plan funcionó como para reconducir unas eliminatorias que se habían complicado más de lo previsto y asegurar el billete mundialista, además de convencer a la Confederación Brasileña para prolongar su contrato hasta 2030.
El seleccionador de Brasil, Carlo Ancelotti, con su hijo y asistente, Davide Ancelotti. AFP
Aunque dirigir a Brasil nunca consiste solo en dirigir a Brasil. La gestión de Neymar se convirtió pronto en un debate nacional; sus palabras sobre la supuesta obligación de ganar siempre el Mundial levantaron ampollas, y cada experimento táctico fue examinado como una cuestión de identidad nacional. Entre el pragmatismo de Ancelotti y el imaginario del jogo bonito, el gran desafío sigue siendo devolver a la pentacampeona a la senda de la Copa, el lugar donde cree que pertenece.
Sobre el césped, el italiano ha intentado que Brasil dependa menos del chispazo y más del plan. Aprovechó su conocimiento de Vinícius y Rodrygo en el Real Madrid para acelerar automatismos y abrió la puerta a una nueva camada de atacantes, con Endrick y Matheus Cunha como principales apuestas para resolver una búsqueda que persigue a la selección desde hace años: encontrar un nueve capaz de adueñarse del área.
La tendencia de Ancelotti a apoyarse en sus pretorianos le llevó ante Haití a alinear al once más talludo de Brasil en un partido del Mundial en más de seis décadas, con un equipo que promediaba 30 años y 190 días de edad. Y, al mismo tiempo, el mismo entrenador puso sobre el césped en el tramo final a Rayan y Endrick, la segunda vez que juegan juntos con Brasil en un Mundial dos futbolistas de menos de 20 años, algo que no se veía desde Pelé y Altafini (1958, frente a Gales).
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La numerosa comunidad brasileña que vive en Estados Unidos, especialmente en la costa este y sur, está contribuyendo a animar los partidos del Mundial como pocas.
Como cuenta David Martínez, periodista de TVE enviado al Mundial norteamericano, los brasileños dominan los estadios cuando juega su selección, y crean un ambiente festivo con batucada, música y baile. Incluso en Miami, donde hay una gran comunidad hispana y donde juega Messi, se espera que los brasileños superen a los argentinos. La afición brasileña es muy conocida por vivir la fiesta, apoyando a su equipo con pasión, tanto en la victoria como en la derrota, e incluso se suman a tradiciones locales. La famosa estatua de Rocky en Filadelfia es testigo.