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¿Qué pretendía Hamás con el atentado del 7 de octubre?

  • El atentado cambió las dinámicas en Oriente Medio
  • Fue el mayor ataque contra Israel desde la guerra del Yom Kippur
Miembros palestinos de las Brigadas Izz al-Din al-Qassam —el brazo armado de Hamás— incendian un vehículo militar blindado de las fuerzas israelíes cerca de la Franja de Gaza, en Gaza, el 7 de octubre de 2023
Miembros palestinos de las Brigadas Izz al-Din al-Qassam —el brazo armado de Hamás— incendian un vehículo militar blindado de las fuerzas israelíes cerca de la Franja de Gaza, en Gaza, el 7 de octubre de 2023 Getty Images

Tres años después sigue surgiendo la misma pregunta. ¿Por qué Hamás decidió lanzar un atentado tan grande? La historia nos dice que la organización podría esperar una reacción contundente por parte de Israel y tenía como experiencia todas las guerras ya libradas contra el Estado hebreo. Así pues, la única respuesta tiene que ser que era una operación de cálculo estratégico.

Y es que, en muchos aspectos, el atentado terrorista del 7 de octubre rompe con los paradigmas del conflicto. Fue el mayor ataque sufrido por Israel desde la guerra del Yom Kippur y pocos podrían imaginar una operación así. Pero, también, el atentado rompe con la propia historia de Hamás y de sus líderes, que se remonta a mucho antes de que surgiera la organización en 1987. Una historia que dice que los islamistas han buscado alcanzar un difícil equilibrio táctico: ser la vanguardia de la lucha armada contra Israel, pero sin desencadenar una reacción que destruya al movimiento.

La búsqueda del equilibrio táctico

Y es que los fundadores de Hamás nunca olvidaron su pasado o, mejor dicho, el de sus inspiradores: los Hermanos Musulmanes. En 1955, esa organización islamista egipcia estaba ya en confrontación directa con el gobierno de Gamal Abdel Nasser. La tensión entre el líder egipcio y la organización islamista era máxima. Pero todo subió de nivel tras un atentado fallido contra Nasser cometido por militantes de la Hermandad. El gobierno de El Cairo inició una gran campaña de represión contra la organización, encarcelando a muchos de sus miembros y obligando a otros a huir al exilio. La consigna era perseguir a los Hermanos Musulmanes y se aplicaba a todo territorio administrado por Egipto.

Eso incluía también Gaza, que tras la guerra de 1948 estaba gestionada por El Cairo. La rama de los Hermanos Musulmanes de la Franja sufrió la misma suerte que su matriz egipcia y quedó prácticamente desarticulada. Sus líderes huyeron y sólo unos pocos jóvenes militantes quedaron allí, escondiendo su militancia para sobrevivir. Entre ellos estaban Ahmed Yassín, Abdel Fatah Al Doukhan e Ibrahim Al Yazuri, que serían los fundadores de Hamás en 1987 y que habían aprendido una lección: nunca iniciar una acción que provoque una reacción tan grande como para destruir al movimiento.

Tras la guerra de los Seis Días de 1967, Gaza pasó a manos israelíes que, en ese momento, no consideraban a los islamistas palestinos un peligro. Así, esos jóvenes pudieron salir de la clandestinidad y reconstruir el movimiento islamista palestino, centrándose primero en la islamización social. Crearon muchas organizaciones que abarcaban escuelas, clínicas o sindicatos; todas gestionadas desde las mezquitas en las que difundían su interpretación del islam. En cuestión de años, su popularidad social creció, y con ella, el seguimiento en sus organizaciones.

Desde ese conglomerado, veinte años después, nació Hamás. Pero en todo ese proceso, sus líderes nunca olvidaron las lecciones del pasado. Durante décadas Hamás se había movido en ese escenario, pero con el atentado del 7 de octubre, a todas luces, se apartó de él.


¿Cuál era el objetivo?

Desde que nació en 1987, Hamás ha recurrido al terrorismo de forma sistemática y constante. Pero el 7 de octubre era algo diferente. "La dimensión de la operación, del ataque... fue un shock no sólo para los palestinos, sino para todo el mundo", explicaba en una entrevista a RTVE el decano de la Facultad de la Universidad de Gaza, Wasem Amer. Pero... ¿Qué buscaba Hamás?

La respuesta a esta pregunta quizás se encuentre en su propia historia. Concretamente, en la del 18 de octubre de 2011. Ese día, ocho autobuses entraron en la franja de Gaza cruzando desde Egipto el paso de Rafah. A bordo iban 293 presos palestinos, los primeros que Israel iba a liberar de un total de 1.027. Hamás organizó un gran acto para recibirlos como héroes y las calles de Gaza se llenaron. Entre esos liberados había presos considerados por Israel como de "alta seguridad". La mayoría eran militantes de Hamás, y entre ellos se encontraban líderes históricos como Yahya Sinwar o Rawhi al Mushtaha. Pronto estas figuras se incorporaron a las estructuras del movimiento, llegando a convertirse en el núcleo duro del liderazgo de la organización en Gaza. Nunca olvidaron cómo habían salido de las cárceles.

Y es aquí donde podrían encontrarse algunas de las claves que expliquen las pretensiones de Hamás con el atentado del 7 de octubre. Esos 1027 presos de 2011 fueron excarcelados como resultado de un acuerdo para liberar al soldado israelí Gillat Shalit. Hamás le había secuestrado en 2006 y tras años de negociaciones, acordó con Israel liberarle a cambio de los presos palestinos. El resultado de aquella historia había concluido con un triunfo para Hamás: no sólo habían vaciado las cárceles de presos, sino que habían conseguido que Israel liberase a líderes de alto nivel, concesiones que de ninguna otra manera había logrado. Todo a cambio de un único soldado.

El ‘efecto Shalit’

Esa experiencia marcó el proceso de cálculo y de toma de decisiones de Hamás el 7 de octubre. El analista Tareq Baconi lo denomina el 'efecto Shalit'. Es decir, la estrategia era conseguir muchos 'Gillat Shalit' para utilizarlos como monedas de cambio. Porque desde la perspectiva de alguno de los principales cerebros del ataque, como Yahya Sinwar, eso funcionaba. Él mismo era la prueba de ello, ya que era el líder más importante de la organización que fue liberado en el acuerdo de 2011.

En 2023, el liderazgo de Hamás parecía dispuesto a hacer algo. "El embargo de Israel sobre Gaza era mucho más estricto que antes, la población sufría muchos problemas económicos y necesidades. En los discursos anteriores al 7 de octubre, muchos líderes de Hamás parecían preparar a la población palestina para algo", recuerda Wasem Amer. "Había discursos de Yahya Sinwar y otros líderes que mencionaban esto constantemente".

Israelíes portan imágenes del soldado Shalit para pedir su liberación

Israelíes portan imágenes del soldado Shalit para pedir su liberación REUTERS/Nir Elias

Horas antes del atentado del 7 de octubre, el comandante de la Brigada de Gaza y miembro del consejo militar de las Brigadas Izzadine Al Qassam, el brazo armado de Hamás, Abu Saheeb al Hadad, convocó con urgencia a todos sus batallones. Al Hadad les explicó cuál iba a ser su misión, escrita en un documento con el sello oficial de la organización: "Capturar a un gran número de soldados en los primeros momentos y enviarlos a la Franja de Gaza".

Errores de cálculo

Si ese era el objetivo, no salió como esperaban. Uno de los líderes históricos más relevantes de la historia de Hamás, Musa Abu Marzouk, parecía expresar ciertas reservas sobre el atentado en una entrevista con The New York Times año y medio después. "Si se hubiera previsto que ocurriera lo que ocurrió, no habría habido el 7 de octubre", señaló. El propio Marzouk luego acusó a la publicación de haber distorsionado sus palabras, pero lo cierto es que Hamás cometió una cadena de errores de cálculo.

Israel mata a cuatro palestinos, incluidos dos menores, pese al alto el fuego en la Franja de Gaza

Una niña palestina desplazada en un edificio dañado donde vive con su familia en Ciudad de Gaza EFE/EPA/MOHAMMED SABER

En primer lugar, valoró mal la respuesta de Israel y la naturaleza política de la coalición de gobierno. No era, ni mucho menos, el de Ehud Olmert y la respuesta al ataque no sería la de 2011. Además, si el objetivo de Hamás era, principalmente, secuestrar, eso no fue lo único que pasó en territorio israelí. Tanto milicianos suyos como de otras organizaciones e individuos independientes entraron y se apartaron del objetivo, dando rienda suelta a muchas masacres. La Corte Penal Internacional ha acusado a los líderes de crímenes de guerra y lesa humanidad por lo que sucedió. Por último, el atentado desencadenó una reacción militar de Israel con la que Hamás, probablemente, no contaba y para la que no podía estar preparada: la invasión terrestre total y una guerra larga.


Los crímenes cometidos por Hamás y luego por Israel contra la población palestina durante esa guerra han dejado uno de los pasajes más terribles de la historia del conflicto. Pero, además, Hamás está hoy en la peor de sus versiones en décadas. Ha perdido casi toda su capacidad miliciana, así como la mayor parte de sus arsenales. Las brigadas Al Qassam han quedado reducidas a células sueltas sin gran capacidad de coordinación ni acceso a armamento pesado. Ha perdido el gobierno de la franja, la capacidad de recaudar fondos y casi todo su liderazgo experimentado ha muerto. Su estrategia ahora parece consistir en volar por debajo del radar, sobrevivir y confiar en que la presión internacional fuerce una retirada de Israel.