El 'Gran Israel' o lo que Netanyahu bautizó como "nuevo Oriente Medio"
- El concepto de un estado de Israel desde el Nilo hasta el Eúfrates es tan antiguo como el propio movimiento sionista
- La caída de Irán crearía el escenario adecuado para que Israel logre la hegemonía regional
- Sigue en directo la última hora del conflicto en Oriente Medio
No hay duda e Israel habla de ello sin tapujos. Tel Aviv tomará y controlará militarmente todo el sur de Líbano y su nueva frontera la marcará el río Litani, a unos a unos 30 kilómetros de la actual frontera con Líbano. Es decir, su objetivo es hacerse con el control de un 10% del territorio libanés, 850 kilómetros cuadrados. La razón (o la excusa) es, nuevamente, la seguridad y desactivar a la milicia de Hizbulá, que nació en 1982 para combatir otra ocupación de Israel.
La seguridad es el argumento oficial, pero hay poderosas voces dentro del Gobierno israelí que plantean una dimensión distinta. "El Litani debe ser nuestra nueva frontera con el Estado libanés, al igual que la 'Línea Amarilla' en Gaza y como la zona de amortiguación y la cima del Hermón en Siria", añadió el pasado martes el ministro de Finanzas. En otras palabras, que Israel debe anexionarse un 10% de Líbano.
Gaza, Cisjordania, ahora Líbano y, quizá, dentro un tiempo, Siria. Israel parece querer redibujar sus fronteras y las del resto de la región. Es aquello que Netanyahu definió como "nuevo Oriente Medio" y que coincide, curiosamente, con una doctrina histórica que está en el ADN del sionismo desde sus orígenes. El sueño de "el Gran Israel", que para generaciones de israelíes ha permanecido en el plano de la utopía sionista, ha adquirido un papel diferente en las últimas décadas, especialmente entre el Gobierno más radical de la historia del país.
Del Nilo al Eúfrates
No es un concepto moderno, ni resultado de las exageraciones ideológicas de políticos extremistas. El concepto del Gran Israel es tan antiguo como el propio movimiento sionista. Se basa en dos conceptos: su interpretación geográfica del Israel bíblico y la supremacía étnica judía en ese territorio. Es decir, en términos geográficos actuales, supondría que Gaza y Cisjordania, Egipto, Jordania, Siria , Líbano, Irak e, incluso, partes de Arabia Saudí formarían partes de Israel. Su instrumento, lo que historiadores como el israelí Ilan Pappé denominan 'colonización por asentamiento', sustituir una población local por una diferente mediante colonias. Un estado judío desde el Nilo hasta el Eúfrates.
En agosto de 2025, la periodista israelí Sharon Gal del canal de noticias i24 News entrevistaba a Netanyahu en directo. En esa entrevista, Gal le obsequió con un amuleto que representaba un mapa de la 'Tierra Prometida' o, como en el sionismo se conoce, Eretz Yisrael HaShlema, el Gran Israel. Gal preguntó al primer ministro si se sentía identificado con esa visión, y su respuesta no dio lugar a dudas: "Muchísimo", dijo Netanyahu.
El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu visita a los soldados israelíes en Rafah, al sur de Gaza Avi Ohayon/GPO
No es el único. El colono ultraderechista Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas del gobierno israelí, lo ha repetido en varias ocasiones. "Está escrito que el futuro de Jerusalén es expandirse hasta Damasco", decía en un discurso ante sus seguidores el año pasado. A su lado, el también ministro y también ultraderechista, Itamar Ben Gvir, jaleaba a los colonos que aplaudían la idea. Pero lo cierto es que la utopía del Gran Israel es tan antigua como el propio sionismo.
Utopía del movimiento sionista
Con mayor o menor intensidad, líderes sionistas de todas las etapas ha defendido la idea. Desde el principio, Israel nunca ha considerado sus fronteras como permanentes, ni siquiera el antiguo primer ministro David Ben-Gurión, líder del movimiento sionista y primer jefe de Gobierno del Israel recién nacido en 1948. "El establecimiento de un estado, aunque sea solo en una parte del territorio, constituye el máximo fortalecimiento de nuestra fuerza en la actualidad y un poderoso impulso para nuestros esfuerzos históricos por liberar a todo el país", escribía en 1937 a su hijo en una carta.
Los sectores más extremistas o derechistas, como los del sionismo revisionista (o de derecha ) de Zeev Jabotinsky partían de la idea del Gran Israel como el objetivo final porque creían que la convivencia con los árabes no era posible. Así lo plasmó Jabotinsky en su célebre artículo "el muro de hierro" de 1923: "La única forma de lograr un acuerdo es mediante un muro de hierro", escribía, "una potencia fuerte en Palestina que no ceda ante ninguna presión árabe".
Sus herederos políticos, ya sea en el partido Likud —con líderes como Menahem Beguin, Itzaak Shamir (ambos ex primeros ministros) y Benzior Netanyahu (el padre de Bibi)— o en el movimiento colono Gush Emunim de los años 70 y 80 también defendieron la idea.
El momento adecuado
Esta doctrina, que parece una utopía, no pretende alcanzarse de una sola vez, mediante una conquista. Sería una suerte de proyecto a largo plazo, aspiracional, para varias generaciones. Pero ahora el contexto parece propicio, según muchos ministros israelíes, para avanzar lo más posible en esa dirección. Anexionarse Gaza y Cisjordania y repoblarla sería un paso. Otro sería, por ejemplo, hacer lo mismo en el sur de Líbano, ampliar las fronteras del actual Israel y repoblar con colonos el sur del país de los cedros. Quizá, el siguiente sería repetir la operación en el sur de Siria, donde Israel ya cuenta con la complicidad de sus apoyos estratégicos, los drusos.
Un retrato de Netanyahu pegado en la pared de una guardería que fue dañada por un ataque con misiles iraníes en Dimona
Desde que se creó el estado de Israel, el país ha contado con distinto tipo de limitaciones para la construcción de ese sueño . Primero fueron las alianzas militares de países árabes, pero eso quedó desactivado tras las firmas de paz con Egipto, primero, y con Jordania, después. Luego el obstáculo fueron las guerrillas y grupos palestinos y el respaldo que tenían de otras potencias regionales. En los años 90, esa potencia fue el Irak de Sadam Husein, pero tras la descomposición del país por la invasión de 2003, Irak dejó de ser una amenaza. Los mayores antagonistas pasaron a ser Irán, Siria y el llamado "Eje de la resistencia".
La guerra civil siria convirtió al país en un estado fallido, incapaz siquiera de mantener su propia unidad territorial. Así, sólo quedaba Irán y las milicias y grupos que patrocinaba. Ahora, Siria e Irak no son rivales. Egipto y Jordania son aliados. Si Irán queda anulada como potencia y los países del golfo debilitados por su lucha contra Teherán, el escenario será el adecuado para que Israel logre la hegemonía regional. Y con ella, la capacidad de imponer, por la fuerza, el "nuevo Oriente Medio" de Netanyahu. Quizá un eufemismo que esconda el objetivo, la progresiva construcción (o el intento, al menos) de El Gran Israel.