La guerra del ébola: conflictos armados, lucha por recursos y epidemias en uno de los países más pobres de mundo
- Una nueva epidemia de ébola en República Democrática del Congo amenaza con convertirse en la más letal
- Teresa Romero, la enfermera que se contagió atendiendo a un misionero repatriado, habla por primera vez en TVE
Teresa Romero trabajaba como auxiliar de enfermería en el Hospital Carlos III de Madrid cuando se anunció en agosto de 2014 que se iba a repatriar desde Liberia a un sacerdote español, un misionero, que se había contagiado de ébola. Teresa se presentó voluntaria para atenderlo, junto a otros compañeros y compañeras.
Un mes más tarde, está vez desde Sierra Leona, viaja un segundo sacerdote, también contagiado. Y de nuevo Teresa forma parte del equipo que le atiende.
La auxiliar de enfermería empezó a sentirse mal casi dos semanas después de atender a ese segundo misionero, que también falleció. Y a partir de ese momento, inició un camino de dudoso final, que la mantuvo aislada en la planta sexta del hospital Carlos III de Madrid treinta días.
Durante ese tiempo, consciente e inconsciente, su cuerpo luchó contra la enfermedad y consiguió vencerla, pese a que en algunos momentos se pensó que el virus ganaría. Mantiene recuerdos de aquello, aunque no de todo.
Por primera vez desde entonces, Teresa ha accedido a hablar con Televisión Española, con el programa Informe Semanal. “Para mi es difícil nombrar esa palabra: ébola. Muy difícil”, nos dice.
De la expectación a las preguntas
Cuando Teresa Romero abandonó por fin el hospital el 5 de noviembre, de la expectación se pasó a las preguntas: ¿cómo se contagió del misionero?, ¿en qué momento?, ¿eran suficientes y eficaces las medidas de protección?, ¿qué falló en los protocolos de actuación para estos casos?
A raíz de aquella experiencia, durante la hasta ahora mayor epidemia de ébola de la historia, entre los años 2014 y 2016, y en la que hubo algunos contagios fuera de África a los que hubo que tratar, se evidenció que las instalaciones de aislamiento estándar con las que se contaba no disminuían suficientemente el riesgo de contagio para los trabajadores sanitarios. Muchos países reforzaron sus sistemas de aislamiento. Después llegaron otras alertas, entre ellas la pandemia de la COVID-19; y hoy se puede decir que estamos mucho mejor preparados para este tipo de emergencias sanitarias.
Atención a enfermedades infecciosas de alto riesgo
En España funciona desde 2015 una red de hospitales para la atención de enfermedades infecciosas de alto riesgo, la red UATAN (Unidades de Aislamiento y Tratamiento de Alto Nivel). Actualmente forman parte de esa red siete centros hospitalarios, con un total de 16 habitaciones de características especiales.
Entre ellos se encuentra el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla de Madrid. Su unidad de aislamiento es la más grande de la red, con capacidad para siete enfermos. Es también una de las dos más grandes del mundo, y una de las dos únicas con laboratorio integrado.
Situada en la planta 22 del Hospital, esa Unidad fue la encargada de recibir y mantener en cuarentena el pasado mes de mayo a los catorce pasajeros españoles que viajaban en el crucero MV Hondius, después de que se declarara un brote de hantavirus en su travesía por el Atlántico sur, y en el que murieron varias personas.
Las últimas emergencias sanitarias nos han demostrado lo rápido que pueden viajar los virus, lo cerca que pueden llegar a estar, aunque se generen en países a veces muy lejanos a nosotros.
"Nadie está a salvo si no estamos todos a salvo"
La actual crisis que vive República Democrática del Congo, puede convertirse en la mayor epidemia de ébola de su historia. Y la mayoría de nosotros solemos mirar “con las gafas de lejos”. Pero, en nuestro mundo, ya no hay casi nada demasiado lejos. La experiencia de la COVID-19 lo dejó muy claro. Y además, nos obligó y nos obliga a repensar en un orden mundial que favorece siempre a los mismos y que empieza también a cuestionar nuestros modos de vida.
República Democrática del Congo, uno de los países más grandes y con más riqueza de recursos de África, es al mismo tiempo uno de los países más pobres y menos desarrollados del mundo. Y con esta nueva pandemia, llueve sobre mojado. Organizaciones como Médicos del Mundo lo saben muy bien. El ébola, que hoy avanza en número cada vez mayor de fallecidos y contagios, no es el único problema con el que se enfrenta aquel país.
“Nadie está a salvo si no estamos todos a salvo”. Nos lo recordaba Pedro Gullón, el director general de Salud Pública, hablando de emergencias sanitarias y de este nuevo brote de ébola en República Democrática del Congo.
Y es que, lamentablemente, mientras haya países tan pobres, con guerras, lucha por los recursos y, sobre todo, con intereses económicos de los países ricos en juego, será difícil erradicar ciertas enfermedades que, cada vez más, podrán acercarse a tocar en nuestra puerta.