Enlaces accesibilidad

Gómez Ulla, el búnker sanitario contra el hantavirus que comenzó con el ébola y combatió contra el covid

  • La planta 22 del Hospital Central de la Defensa activa el protocolo de máxima seguridad para hacer frente al virus
  • La Unidad de Aislamiento de Alto Nivel (UAAN) es un centro de referencia por su vanguardia tecnológica
Los 14 españoles que viajan en el crucero infectado de hantavirus pasarán su cuarentena en el Hospital Gómez Ulla de Madrid.
Los 14 españoles que viajan en el crucero infectado de hantavirus pasarán su cuarentena en el Hospital Gómez Ulla de Madrid. EFE / ZIPI

La crisis sanitaria desatada en el buque de lujo MV Hondius, que recorre el Atlántico con un brote de hantavirus que ya se ha cobrado la vida de tres personas, ha puesto de nuevo en el punto de mira a la joya de la corona de la Sanidad Militar española. El Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, en Madrid, se prepara para desplegar su Unidad de Aislamiento de Alto Nivel (UAAN), un espacio diseñado para enfrentar lo invisible y lo letal.

Este virus, identificado por la OMS como la variante Andes, presenta una letalidad de hasta el 50% y se manifiesta con cuadros cardiorrespiratorios y renales graves, lo que obliga a un despliegue técnico sin precedentes en suelo español.

El virus Andes en el Atlántico

El hantavirus no es un desconocido para los expertos, pero su aparición en un crucero con 147 personas de 23 nacionalidades ha encendido las alarmas. A diferencia de la variante europea, más leve, el virus Andes —originario de Argentina— es especialmente peligroso porque, aunque el riesgo es bajo, es de los pocos hantavirus que permiten la transmisión entre humanos por contacto estrecho.

El contagio habitual se produce por la aspiración de polvo contaminado por heces y orina de roedores, un vector que parece haber encontrado refugio en las bodegas del buque antes de su escala en Canarias.

Ante esta amenaza, el Gómez Ulla activa la misma maquinaria que funcionó durante la crisis del ébola en 2014 y la repatriación de ciudadanos desde Wuhan al inicio de la pandemia de COVID-19. La experiencia acumulada en estas crisis ha convertido a la planta 22 del hospital en un búnker inexpugnable.

La planta 22

La UAAN no es una planta de hospital convencional. Fue concebida por procedimiento de emergencia en 2014, tras la crisis del ébola, bajo la colaboración de los ministerios de Sanidad y Defensa. Ubicada en la planta más alta del edificio, esta unidad está diseñada para el ingreso de pacientes afectados por incidentes NRBQ (Nuclear, Radiológico, Biológico y Químico) o infecciones de alta contagiosidad como la gripe aviar o el ántrax.

El Hospital Gómez Ulla de Madrid tendrá una unidad de aislamiento infecciosos a la vanguardia de UE

El diseño arquitectónico es una proeza de la ingeniería médica, según Hospitecnia, la web de arquitectura sanitaria que describe al detalle la UAAN. La unidad cuenta con ocho habitaciones con doble esclusa, donde cada movimiento está monitorizado desde una "sala neurálgica" central. En este centro de control, cámaras de alta resolución capaces de analizar incluso la retina del paciente permiten a los facultativos supervisar a los enfermos sin necesidad de contacto físico constante.

Este aislamiento es vital, ya que el personal de enfermería tarda un mínimo de 15 minutos en colocarse los equipos de protección integral (EPI), lo que limita enormemente la movilidad y respuesta presencial inmediata.

Presión negativa y esclusas

El funcionamiento de la unidad se basa en el control absoluto del aire y los fluidos. Toda la planta está sometida a un régimen de presión negativa con varios escalones, asegurando que ningún patógeno pueda escapar al exterior. Las habitaciones funcionan como boxes de UCI de máxima seguridad, equipadas con paramentos resistentes al peróxido de hidrógeno, utilizado para la desinfección profunda.

Incluso el traslado de los pacientes está blindado. Los afectados por el hantavirus entrarán directamente desde el aparcamiento subterráneo y serán trasladados en un montacamas específico de uso exclusivo (AVE), que cuenta con su propio sistema de presión negativa y ventilación filtrada.

Para el tratamiento del hantavirus, que no posee un fármaco específico, este entorno es fundamental, pues el único remedio es el soporte vital en cuidados intensivos hasta que el organismo del paciente logre superar la infección.

Seguridad militar

A pesar de la expectación mediática, el Gómez Ulla mantiene su rigor castrense. El director de la unidad, Javier Membrillo, ha sido tajante a través de sus redes sociales, recordando la naturaleza del centro. En un tuit que ha circulado ampliamente entre la comunidad sanitaria, el mando militar señalaba que "al tratarse de un Hospital Militar, no se facilitará información detallada sobre protocolos operativos internos, capacidades logísticas o la evolución clínica de los pacientes por razones de seguridad nacional y confidencialidad estratégica".

Este silencio no es falta de transparencia, sino una característica intrínseca de una institución que combina la vocación médica con la disciplina militar. Como señala la historia del centro, el Gómez Ulla es el único hospital de avanzada tecnología que depende directamente del Estado, dispuesto a cumplir órdenes para el bien general en situaciones de crisis.

Del incendio de 1889 a la torre de Carabanchel

Para entender la robustez actual del hospital, hay que mirar hacia atrás. La historia del Gómez Ulla es una crónica de resiliencia que comenzó el 8 de febrero de 1889, tras el devastador incendio del Seminario de Nobles en la calle de la Princesa, que entonces servía como hospital militar. Aquel desastre obligó a proyectar un nuevo centro en los terrenos de Carabanchel Bajo, utilizando el Sistema Tollet, un modelo arquitectónico de vanguardia para la época basado en pabellones separados para evitar contagios.

El coronel médico retirado A. Herrera de la Rosa recuerda con nostalgia cómo aquel hospital de ladrillo rojo y edificios bajos, inaugurado parcialmente en 1896 para recibir a los repatriados de las guerras de Cuba y Filipinas afectados por el paludismo y la fiebre amarilla, fue el germen de la excelencia actual. "El Gómez Ulla no era una estructura vertical moderna, sino un recinto armónico que enlazaba con la tradición de la Sanidad Militar", relata en el artículo publicado en la Revista de Sanidad Militar con motivo de los 125 años del Hospital Gómez Ulla.

Cirujanos de leyenda y espíritu militar

El hospital no solo creció en ladrillos, sino en ciencia. Por sus salas pasaron figuras míticas como Mariano Gómez Ulla, quien aportó la logística de los hospitales de campaña, o Fidel Pagés, descubridor de la anestesia epidural. Durante la Guerra Civil, el hospital sufrió bombardeos y tuvo que trasladar su actividad al Hotel Palace, pero nunca perdió su espíritu de servicio.

La gran transformación hacia la actual estructura vertical comenzó en los años 70. La construcción de la actual torre fue un proceso complejo donde el hospital viejo convivía con el nuevo entre escombros y provisionalidad. En 1980, la entrega de la torre supuso un salto a la modernidad: sistemas de comunicación centralizados, tubos para transporte de informes y las primeras unidades de cuidados intensivos modernas. Aquellas habitaciones que los ingenieros rotulaban como "técnicas futuras" son hoy las que albergan la tecnología de aislamiento más avanzada de Europa.

Hantavirus, un enemigo sin tratamiento

Mientras el Gómez Ulla aguarda, la ciencia sigue analizando el brote del crucero Hondius. El hantavirus es "muy letal pero poco contagioso", insisten los expertos. El peligro reside en su largo periodo de incubación, que puede oscilar entre las dos y las ocho semanas, lo que dificulta el rastreo del origen del contagio. En el caso del brote actual, la confirmación del virus Andes eleva la preocupación debido a su capacidad de causar el síndrome pulmonar por hantavirus (HPS), una afección que colapsa los pulmones y el corazón.

Brote de hantavirus en un crucero : "La infección entre humanos es poco probable"

En España, el riesgo de una epidemia se considera "nulo" debido a la ausencia de las especies de roedores que actúan como reservorios naturales del virus. Sin embargo, la llegada de ciudadanos infectados requiere una respuesta de "nivel 4", la misma que ofrece el Gómez Ulla con su Laboratorio de Bioseguridad y su capacidad para realizar analíticas de alto riesgo sin sacar las muestras de la unidad.

Un hospital "de vida y esperanza"

Hoy, el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla ha sido rebautizado como "Centro Sanitario de Vida y Esperanza". Lo que nació como una necesidad tras un incendio en el siglo XIX es hoy la vanguardia de la bioseguridad mundial. Su integración en la Red Sanitaria Pública de Madrid en 2011 y su papel como hospital universitario no han mermado su carácter militar; al contrario, lo han reforzado como una herramienta estratégica del Estado ante crisis biológicas.

La UAAN de la planta 22 permanece en silencio, con sus sistemas de presión negativa zumbando y sus cámaras de alta resolución listas. El hantavirus es el nuevo reto en una larga lista que incluye el ébola, el COVID-19 y las enfermedades de ultramar de hace un siglo. En este búnker de Carabanchel, la nostalgia de su historia se funde con la esperanza de la tecnología más avanzada para proteger a la población de las amenazas que viajan, invisibles, por el océano.