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Por qué los incendios son más difíciles de apagar: "Es importante que no se atribuyan solo al cambio climático"

El abandono rural y el cambio climático explican la virulencia de los incendios actuales
Bosque quemado junto al embalse de Burguilloz, en Ávila Anadolu/Getty Images/VerificaRTVE

Este mes de julio se han quemado más de 160.000 hectáreas en España y se han producido dos de los tres incendios más grandes de la historia del país: el de Navaluenga (Ávila) y el de La Mierla (Guadalajara). Esta situación no es puntual: los expertos confirman que los fuegos de los últimos años son más intensos y sus consecuencias, peores. En VerificaRTVE analizamos con agentes forestales, ambientólogos, ecologistas, ganaderos e ingenieros por qué estos incendios actuales son tan virulentos y cómo podemos adaptarnos a ellos. 

Narrativas enfrentadas para explicar el origen y la virulencia de los incendios

A raíz de los incendios de los últimos días, han regresado distintas narrativas engañosas y enfrentadas que tratan de explicar de manera simplista las causas de estos grandes fuegos y su virulencia.

  • "GANADERO de Burgohondo a Pedro Sánchez: «No se atreve a venir aquí y decirnos a la cara lo del cambio climático... ¿eso quién se lo cree? ¿quién se lo cree? Nadie. Estamos abandonados»", leemos en un mensaje en X compartido más de 8.000 veces desde el 28 de julio
  • "No fueron los ecologistas, ni la Agenda 2030. Fue un grupo de empresarios ganaderos y una empresa privada las que provocaron el gran incendio de Ávila (...) La propiedad privada mata", leemos en un mensaje en X compartido más de 3.000 veces desde el 29 de julio. 
  • "¿Pero no era el cambio climático?", se preguntan en un mensaje de X citando una noticia que informa sobre que el mal uso de una excavadora originó el incendio en Ávila. 
  • "España, 68 incendios activos. África 0 incendios activos. Qué "cambio climático" más listo", ironizan en un mensaje en X del 29 de julio. 

En VerificaRTVE analizamos con ayuda de expertos las causas que explican la virulencia de estos incendios y qué medidas se pueden implementar para adaptarnos a la situación actual.

Mensajes que desinforman sobre las causas y la virulencia de los últimos incendios

Mensajes que desinforman sobre las causas y la virulencia de los últimos incendios VerificaRTVE

Menos incendios, pero más virulentos

Con más de 168.000 hectáreas quemadas, este ha sido el peor mes de julio en tres décadas. Navaluenga se ha convertido en el incendio más grande de la historia de España y el de La Mierla (Guadalajara), en el tercero en extensión. Además, en Almería, el incendio de Los Gallardos causó 14 fallecidos. Estos fuegos que queman miles de hectáreas son frecuentes en los últimos años. Según WWF, en España, se producen menos incendios, pero son más virulentos y más difíciles de apagar. Y España no es un caso aislado: en los últimos años, hemos visto cómo ardían sin control miles de hectáreas en Australia (2009 y 2019), California (2018), Portugal (2017), Hawaii (2023) o Chile (2024), arrasando distintas infraestructuras y, en muchas ocasiones, causando víctimas mortales. 

Núria Prat, doctora en Ciencias Ambientales y Responsable Área de Conocimiento y Ciencia Aplicada de la Fundación Pau Costa, confirma a VerificaRTVE: "Lo que vemos, cada vez más, son incendios más virulentos". Una situación que "no va a parar porque no estamos atacando las causas". La ingeniera forestal y exalcaldesa de Orea (Guadalajara) Marta Corella resume los motivos: "En el peor momento de cambio climático tenemos el territorio más vulnerable de nuestra historia".  

El abandono del mundo rural y el cambio climático, detrás de la virulencia de los incendios

Existen varios factores que confluyen y explican la virulencia de los incendios de los últimos años. Núria Prat los agrupa en tres: "el cambio climático, los cambios de usos del suelo y los cambios sociales". El cambio climático, explica, "nos está llevando a más olas de calor, más sequías, sequías más extensas… lo que comporta masas forestales más estresadas". Para la profesora de la Universidad de Oviedo y coordinadora de la plataforma Juntos por los Bosques, Asunción Cámara, esto favorece "la propagación del fuego". 

Sin embargo, Prat defiende: "Para nosotros es muy importante que los incendios forestales no se atribuyan solo al cambio climático. Porque, si atribuyes solo al cambio climático parece que no podemos hacer nada". Y detrás hay otras causas, entre ellas, la gran cantidad de combustible que acumulan los bosques

Bosques llenos de "combustible"

"¿Por qué los incendios se comportan de una manera tan virulenta?", se pregunta el ingeniero forestal Marcos Ferreira, "porque tienen mucho combustible continuo por delante, sin discontinuidades, entonces los incendios van creciendo a medida que van avanzando". Una situación que se explica por "el abandono del mundo rural, de la economía agrícola y sobre todo la ganadera".

Comparte la misma visión Mariano, un ganadero de Liébana (Cantabria): "Los fuegos vienen de que no queda gente en el pueblo". Y se remonta cuatro décadas atrás: "Cuando yo era un chaval estaban todas las casas habitadas, todos tenían ovejas, cabras y vacas, y todas iban al monte. Y ahora quedamos pocos. Y no necesitas ir con las vacas al monte porque te arreglas en las fincas y el monte se va ensuciando y se va perdiendo".  

Políticas de fuego cero y una "desconexión" con el paisaje

Además de los cambios demográficos y económicos, en las últimas décadas también se han producido unas decisiones y una serie de cambios sociales que explican que la masa forestal haya crecido en España: "Venimos de años de políticas de fuego cero", explica Núria Prat, y estas políticas "tienen su contrapartida" ya que "propician que haya más bosque para quemar". "Una política de fuego cero requeriría una gestión (forestal)", concluye. 

Antes, explica Mariano, "los montes se quemaban cada cuatro o cinco años". Como no había "tanta carga de hoja", el fuego "pasaba muy deprisa" y enseguida "volvía a salir la hierba y los árboles no se quemaban".

También ha cambiado nuestra relación con el paisaje. "Consumimos mucho paisaje", afirma Núria Prat, sin embargo, hay una "desconexión". Se dice "‘Ay, qué bonito’, pero igual un experto no lo ve bonito, al contrario, lo ve sin gestionar y aprecia múltiples riesgos". 

Las urbanizaciones rodeadas de bosque entrañan riesgos

A todo esto se le suman los riesgos que implica habitar en lo que los expertos denominan "interfaz urbano-forestal", es decir, en "casas dentro del bosque". Estas urbanizaciones, cerca de los bosques, "tienen un riesgo". Este año "prácticamente todos los incendios que hemos tenido han supuesto un problema importante de protección civil" por este motivo. 

Han desaparecido también muchas de las zonas agrarias que antiguamente rodeaban los pueblos. Asunción Cámara explica que estas "zonas clásicas de cultivo y de pastos, vinculadas al sector primario, se han ido abandonando de forma progresiva, con lo cual esos cinturones preventivos de incendios, que había en muchas poblaciones de las áreas rurales, se han perdido". 

Ingrid Guerrero, presidenta de la Asociación Española de Agentes Forestales y Medioambientales señala otros dos problemas: "la orografía del terreno", muchas veces "complicada", y la falta de personal en el caso de los agentes forestales, claves en la lucha contra el fuego: "Somos unos 6.000 aproximadamente" y "la plantilla se ha reducido a la mitad debido a la falta de reposición y una jubilación masiva. Entonces la superficie no disminuye, pero nosotros sí". 

¿Cómo gestionar los grandes incendios forestales en España? 

Estos grandes incendios que estamos viendo últimamente muchas veces "superan la capacidad de extinción". Para Núria Prat, de la Fundación Pau Costa, no es un problema de medios de extinción: "España es uno de los países con más medios para hacer frente a los incendios". Sin embargo, estos medios "nunca van a ser suficientes para poder frenar un incendio extremo". Por eso, en estos casos, los operativos se centran en gestionar el incendio, en "desalojar, confinar y evitar que haya daños". Tratar de salvar las infraestructuras y "las vidas humanas es la clave".  

Entre la comunidad de incendios existe un amplio consenso sobre las medidas que hay que tomar para afrontar estos grandes incendios forestales que cada vez son más frecuentes. Un ejemplo son las propuestas de acción que salieron del foro de debate que organizó en 2023 la Fundación Pau Costa. Núria Prat lo resume: debemos cambiar "cómo nos relacionamos con el medio". 

Según Ignacio Pérez-Soba, portavoz del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes, hace falta, por ejemplo, una buena gestión forestal de "todo el territorio y no solo de los montes públicos": "No sirve de nada tener un monte magníficamente tratado si todos los de al lado no han sido objeto de ningún tratamiento en los últimos 30 años porque son montes privados pequeños y nadie tiene ningún interés". 

Apostar por la economía rural que frene la despoblación

Para que exista ese interés hace falta apostar por la economía rural. Prat señala: "podemos invertir mucho dinero en gestión, pero si no hay nadie que esté ahí para poder mantener estos bosques en diez años, tenemos el mismo reto". Por eso Asunción Cámara defiende que "hay que fomentar que la gente pueda volver a invertir en el monte" y que para eso "el tema de la gobernanza de la propiedad privada es clave".

Se trata de crear oportunidades reales en el mundo rural, en un territorio poco comprendido donde, según Marta Corella, existe mucho "malestar". Sienten "que no se les ha tenido en cuenta a la hora de la toma de decisiones". Y pone un ejemplo: "No se puede decir que la ganadería extensiva es necesaria por un lado y por otro lado que tenga que batirse con una legislación que la está matando. Cuando desaparece la ganadería, entonces ponemos ovejas, bomberas o burros bomberos. Esto es esperpéntico". 

Defiende, además, que hace falta "establecer una justicia territorial". Es decir, "si este territorio está ofreciendo algo de lo que nos beneficiamos toda la sociedad, como es el agua o el secuestro de carbono, hay que pagarlo". Una opinión que comparte Asunción Cámara: "Estás generando unos beneficios para la sociedad en forma de disminución de los riesgos de escorrentía, mejora de la calidad de agua, del aire, paisaje, uso recreativo... Estás aportando eso y no percibes nada por ese servicio que estás prestando". Por eso defiende que hay que "valorar (también económicamente) la aportación de estos intangibles que tiene el monte".

Fomentar una cultura del riesgo 

Otro aspecto clave para hacer frente a estos incendios es la "autoprotección". Miguel Ángel Soto, de Greenpeace critica: "no tenemos una cultura del riesgo" y "una de las condiciones de la adaptación al cambio climático es asumir que necesitamos protegernos de las olas de calor, de las inundaciones, de las riadas y también de esto". Sin embargo muchos ayuntamientos no tienen "planes de autoprotección en caso de incendios forestales", una carencia que también ha detectado Núria Prat: "Hay pocas comunidades (urbanizaciones o gente en entornos rurales) que estén plenamente preparadas". 

No se está haciendo lo suficiente: falta "sensibilización social" y "cintura" política

Luchar contra el cambio climático es difícil, sin embargo, lo que sí podemos es "gestionar la situación que tenemos en nuestro territorio", explica Núria Prat. Sin embargo, los expertos coinciden: no se está haciendo lo suficiente. "No se hace todo lo que se debería", afirma Núria Prat. "De incendios se habla dos meses al año". En una época que "coincide con vacaciones y a nivel político hay poco movimiento". Por eso hace falta "sensibilización social", es decir, concienciar a la población para que presione a los políticos. 

"Tenemos un tesoro", reflexiona Miguel Ángel Soto, sin embargo, "no nos hemos apropiado del orgullo de ser un país forestal", y "nos faltan políticas y presupuestos a la altura de ese orgullo". 

"La realidad es que se necesita actuar", coincide Marta Corella, "necesitamos que los políticos tengan cintura, tengan altura política y sean capaces de ponerse de acuerdo". "No tenemos tiempo para el debate, es que llegamos tarde para la acción. No hay que perder tiempo", concluye.