El peor julio en 30 años: los incendios arrasan una extensión del tamaño de Fuerteventura
Un verano marcado de nuevo por los incendios forestales deja en España un balance de cifras sin precedentes. Solo en el mes de julio, que concluye este viernes, han ardido más de 168.300 hectáreas, según las estimaciones del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS). Es el equivalente en extensión a la isla de Fuerteventura. Es también una superficie superior a la que ardió en todo un año en 38 de los últimos 55 años, desde 1961.
En este mes aciago se han sucedido uno de los incendios forestales con más víctimas, en Los Gallardos (Almería), en el que fallecieron 14 personas; el tercero más grande de la historia, en la Sierra Norte de Guadalajara (33.022 hectáreas), y el incendio más grande de la historia de España, el de Navaluenga, en Ávila (43.792 ha). Se inició el pasado 22 de julio, tardó una semana en estabilizarse y estuvo a punto de unirse con otro en la Sierra Oeste de Madrid, en un gran frente que unió sendos incendios en San Martín de Valdeiglesias y Villa del Prado.
En suma, ocho de los diez mayores incendios registrados en España han sucedido en los últimos cuatro años, y dos de los tres primeros han tenido lugar en este mes de julio.
Los grandes incendios de julio de 2026
Datos a 30 de julio
DatosRTVE Fuente: EFFIS
Navaluenga (Ávila), el mayor incendio de la historia. El incendio declarado el 22 de julio en Burgohondo se ha convertido en el mayor registrado en España desde que existen estadísticas oficiales. Las llamas han arrasado unas 44.000 hectáreas y han destruido buena parte de la Reserva Natural del Valle de Iruelas. Impulsado por vientos de más de 50 km/h, el fuego avanzó a toda velocidad y estuvo sometido a cambios de dirección del viento en una compleja orografía. Obligó a desplegar la UME y a declarar la emergencia de interés nacional ante el riesgo de unirse al incendio en Madrid.
Este incendio es el principal responsable de que Ávila sea la provincia que más hectáreas quemadas registra en lo que va de 2026 y de que, como el año pasado, Castilla y León sea a día de hoy la comunidad más afectada por los incendios forestales, con Zamora y León sufriendo de nuevo estos días grandes incendios forestales.
San Martín de Valdeiglesias (Madrid). Originado el 23 de julio por el incendio accidental de un vehículo en la M-501, el fuego terminó integrándose en el gran frente procedente de Ávila. En conjunto, ha afectado a unas 27.000 hectáreas en la Comunidad de Madrid, según el gobierno autonómico, provocando evacuaciones en el entorno del pantano de San Juan. Los trabajos se centran aún en consolidar el perímetro para evitar reactivaciones.
La Mierla (Guadalajara), récord en Castilla-La Mancha. Con unas 33.000 hectáreas calcinadas, el incendio de La Mierla es el mayor de la historia de Castilla-La Mancha. Las llamas afectaron al 95% del espacio protegido de la Sierra Norte de Guadalajara y obligaron a evacuar a cientos de personas de más de una docena de municipios. Con el incendio estabilizado, la investigación apunta a que el 16 de julio pudo originarse por una cosechadora durante las labores agrícolas.
Cinco Villas (Zaragoza), el mayor desastre ambiental reciente en Aragón. Más de 15.000 hectáreas ardieron en la comarca zaragozana de las Cinco Villas, especialmente en los términos de Orés, Luesia y Asín, en este fuego que se inició el 15 de julio. Los cambios constantes del viento dificultaron las labores de extinción y obligaron a evacuar seis localidades, convirtiendo este incendio en uno de los mayores desastres ecológicos recientes de Aragón.
Nules y La Vall d'Uixó (Castellón). El incendio originado en La Vall d'Uixó, que empezó el 25 de julio, ha calcinado unas 9.300 hectáreas en un perímetro de 82 kilómetros, y ya es uno de los más extensos de la última década en la Comunitat Valenciana. Cerca de 16.000 personas llegaron a abandonar sus hogares en 15 municipios de la Sierra de Espadán. Aún sin asegurar, la investigación no descarta un origen intencionado.
Los Gallardos (Almería), la mayor tragedia humana. Con 14 fallecidos y 5.200 hectáreas quemadas, el incendio de Los Gallardos es el más mortífero registrado en Andalucía y fue el que arrancó este aciago mes de julio. La extraordinaria velocidad de propagación dejó a varias víctimas atrapadas en sus vehículos mientras trataban de huir. Las investigaciones situaron el origen en la caída de un cable eléctrico.
En suma, y con el incendio de Fermoselle (Zamora), en los Arribes del Duero, como el último gran incendio en desatarse en un paraje natural en pocas horas, tan solo en julio se han producido 23 grandes incendios (aquellos con más de 500 hectáreas de superficie afectada) de los 43 registrados desde el 1 de enero, y suman por sí solos 159.000 hectáreas. El mes de junio ya había cerrado con un 90% más de superficie quemada de lo previsto para la fecha, según el análisis de los registros históricos.
Respecto al tipo de superficie quemada por los incendios, en este 2026 la mayor parte, el 58,3% (130.000 hectáreas) corresponde a bosque, mientras que el 15,9% de las hectáreas calcinadas (unas 35.000) tenían un uso agrario. Solo un 0,6% de las hectáreas que han sufrido el fuego corresponden a terreno urbano, según las estimaciones satelitales.
El peor julio de los últimos 30 años
Este mes de julio ha registrado el mayor número de hectáreas calcinadas por incendios en los últimos 30 años, desde 1997, según los datos consolidados por el Ministerio para la Transición Ecológica y los datos provisionales de EFFIS para los últimos cinco años. Las 168.315 hectáreas de este mes superan el registro de 2022, de 147.680 hectáreas, un verano en el que se produjeron los incendios en Losacio, Zamora (26.182 hectáreas), Carballeda de Valdeorras, en Ourense (12.607 ha) y Ateca, en Zaragoza (11.004 ha).
El gráfico anterior muestra que, hasta este año, la tendencia era a que en los meses de julio se registraran menos incendios. Sin embargo, al mismo tiempo, el número de hectáreas afectadas por los fuegos está repuntando, y los veranos de 2022, 2025 y lo que va de 2026 se han convertido en tres de los peores de la serie histórica.
Calor extremo, como en los años peores
Con independencia del origen fortuito o provocado de los incendios, los expertos vinculan la proliferación de incendios masivos a unos factores climáticos en los que confluyen episodios de altas temperaturas y la disposición de una gran cantidad de combustible vegetal. Circunstancias que se repiten en los últimos años de mayor virulencia de los incendios forestales en verano.
Así, el año 2022 fue extremadamente cálido y gravemente seco. España estuvo 41 días bajo ola de calor, el récord en ese momento desde que se tenían registros, en el año 1961. En consecuencia, ese verano fue uno de los más devastadores del siglo en cuanto a incendios forestales, superando las 300.000 hectáreas calcinadas.
Una cifra de superficie arrasada por las llamas que se rebasó con creces en 2025, que superó a su vez a 2022 como el más cálido de la historia, a pesar de tener menos días bajo ola de calor (33). El verano de 2025 mantuvo temperaturas medias nocturnas y diurnas tan elevadas de forma constante que terminó batiendo el récord absoluto de calor en el país.
El año 2026 está siendo de nuevo extremadamente cálido y muy irregular en lluvias, marcado por un arranque de año muy húmedo que dio paso a una primavera y un verano de calor histórico y sequedad acusada. Y, una vez más, está teniendo su correlato en la gravedad de los incendios forestales.
El calor sin apenas tregua, unido a la orografía del terreno y al viento, ha contribuido a avivar los incendios forestales de Ávila, Madrid, Guadalajara y Castellón hasta cobrar dimensiones colosales. La ola de calor de esta semana, la cuarta de este verano y la tercera en julio, multiplica las dificultades a la hora de abordar los incendios activos.
La magnitud de estos datos vuelve a poner de manifiesto que los grandes incendios han dejado de ser un fenómeno excepcional ligado al verano para convertirse en un desafío estructural. Por de pronto, demandan un esfuerzo ingente y sostenido para apagar unas llamas que superan en muchas ocasiones la capacidad de extinción, obligando a evacuar y confinar a un elevado número de poblaciones y personas.
Pero, más allá de la urgencia, el aumento de su frecuencia, extensión e intensidad, ligado al calentamiento global y al abandono del entorno rural, obliga a replantear las estrategias de prevención y gestión del territorio, una responsabilidad compartida entre las comunidades autónomas y el Estado.