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Keiko Fujimori jura como presidenta de Perú por cinco años, "ni un día más"

  • A la ceremonia han acudido el rey Felipe VI y líderes de ultraderecha de Latinoamérica como Milei, Noboa o Kast
  • La derechista fijó como objetivos principales la seguridad y la emergencia climática de 'El Niño'
Keiko Fujimori jura como presidenta de Perú por cinco años

Después de tres derrotas electorales y un recuento interminable, el sueño de la derechista Keiko Fujimori se ha hecho realidad. Este martes se ha celebrado su ceremonia de toma de posesión como presidenta electa de Perú para el período 2026-2031, tras haber ganado las elecciones presidenciales del 7 de junio. Esta victoria se produjo con una estrechísima ventaja de apenas 50.000 votos respecto al izquierdista Roberto Sánchez, con el voto extranjero como un actor indispensable para que la balanza se decantase por la hija del difunto expresidente Alberto Fujimori (1990-2000).

Durante su discurso tras recibir la banda presidencial, la nueva mandataria ha afirmado que se ceñirá a los cinco años para los que fue elegida , "ni un día más", algo que parece hacer alusión a los temores que suscita entre sus críticos un supuesto interés en perpetuarse en el poder, como trató de hacer su padre en un intento de golpe de Estado. Además, ha anunciado que solicitará poderes legislativos e implementará un plan de emergencia nacional para hacer frente a los efectos del fenómeno meteorológico de El Niño, que amenaza con peligro al país.

Su otro objetivo prioritario será la seguridad ciudadana, una de las principales preocupaciones de los peruanos a día de hoy. Ha asegurado que, las Fuerzas Armadas asumirán temporalmente las operaciones de seguridad y control interno en las zonas declaradas en emergencia para enfrentar el embate del crimen organizado y la delincuencia: "Durante los estados de emergencia, las Fuerzas Armadas asumirán temporalmente el liderazgo de las operaciones de seguridad y del control del orden interno, en estrecha coordinación con la Policía Nacional", ha afirmado. Asimismo, garantiza un proceso de modernización tecnológica para la lucha contra la criminalidad y una reforma penitenciaria, para que las cárceles sean "centros de reclusión y no centro de operaciones del crimen organizado".

Fujimori toma el poder de un país profundamente dividido, como ya se vio en los comicios, bajo la promesa de devolver estabilidad al país y acabar con la delincuencia y la corrupción. Se muestra como heredera política del fujimorismo de su padre, que despierta tanto detractores como defensores, a pesar de haber sido condenado por crímenes de lesa humanidad como responsable de dos históricas matanzas en el país.

El acto, que ha coincidido con el día nacional de Perú, se ha llevado a cabo en el Congreso de la República, donde la nueva mandataria ha realizado su juramento y toma de mando. Horas antes, en el Palacio de Torre Tagle, que funciona como sede del Ministerio de Asuntos Exteriores, Fujimori ha recibido diferentes condecoraciones y ha establecido conversaciones bilaterales con varios líderes internacionales que han acudido a una jornada clave para Perú.

Este nombramiento supone el noveno cambio de presidente en la última década en el país, que ha vivido un período de continuos terremotos políticos. Ahora, Keiko tiene que hacer frente al reto de frenar esta inconstancia. Lo tendrá más sencillo que sus predecesores, al contar con mayor representación asamblearia.

Entre las personalidades que han estado presentes en la toma de posesión, destacan el rey de España Felipe VI, que ya a asistido a 23 actos de este tipo desde su proclamación; el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo; además del numeroso listado de líderes derechistas y ultraderechistas de Sudamérica: el argentino Javier Milei, el chileno José Antonio Kast, el paraguayo Santiago Peña; el panameño José Raúl Mulino, el hondureño Nasry Asfura, el ecuatoriano Daniel Noboa o el dominicano Luis Abinader. Además, ha contado con la presencia de expresidentes de la época de Alberto Fujimori. Una alianza ideológica cuyos puntos en común son la "mano dura" contra la criminalidad y las buenas relaciones diplomáticas con Estados Unidos.

Han destacado las ausencias de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y el mandatario brasileño, Lula da Silva.

Instantes antes de iniciar su discurso, un grupo de parlamentarios de las agrupaciones izquierdistas Ahora Nación y Juntos por el Perú (de su rival en la segunda vuelta, Roberto Sánchez) han abandonado el Congreso al grito de "justicia para las victimas". Un cántico que hace referencia a las víctimas de represión a las protestas antigubernamentales de los últimos años y durante el Gobierno de Alberto Fujimori.

Noveno cambio de presidente en diez años

Este juramento ha sido llevado a cabo hasta en nueve ocasiones en la última década en Perú. Un periodo de absoluta inestabilidad política en el que hasta cuatro expresidentes diferentes han ingresado en prisión: Alejandro Toledo, (2001-2006), que cumple condena por colusión y lavado de activos; Ollanta Humala (2011-2016), condenado por haber recibido aportaciones ilícitas de Hugo Chávez para financiar sus campañas electorales; Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018), en arresto domiciliario entre 2019 y 2022 por sus vínculos con la constructora brasileña Odebrecht; y Pedro Castillo (2021-2022), condenado a 11 años de prisión por intentar un golpe de Estado en 2022.

Sin embargo, a diferencia de sus predecesores, Fujimori cuenta en principio con el suficiente respaldo en el Parlamento para poder completar todo su mandato, con el apoyo de los diputados y senadores del partido Renovación Popular, del ultraderechista exalcalde de Lima Rafael López-Aliaga, con 15 diputados y 8 senadores. Sin embargo, todo dependerá del papel que desempeñe el partido centrista Partido del Buen Gobierno, del exministro Jorge Nieto, con 18 diputados, que no se quiso mojar a favor de ninguno de los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta de las presidenciales.

La vuelta del fujimorismo

Keiko es una vieja conocida en la política peruana. Fue primera dama durante el mandato de su padre con apenas 19 años. A lo largo de su trayectoria, ha vivido bajo la pesada sombra del fallecido Alberto Fujimori, dimitió de su cargo por varios escándalos de corrupción y finalmente fue condenado a 25 años de prisión por crímenes de lesa humanidad.

Desde entonces, Keiko se ha mostrado como una ferviente defensora de su padre y su legado, catalogándose como su heredera política. Su apellido ha sido objeto de división dentro del país: fujimoristas y antifujimoristas.

Esto no impidió que la apodada como La china se presentara hasta cuatro veces como candidata a la Presidencia del Perú. En las tres primeras se quedó a las puertas, llegando siempre a la segunda vuelta. En 2011, se enfrentó al exmilitar Ollanta Humala; en 2016 al exministro conservador Pedro Pablo Kuczynski; y en 2021 al exlíder sindical Pedro Castillo. En todas las citas electorales, a pesar de que la diferencia de votos fue muy ajustada, Fujimori fue derrotada.

En esta ocasión, sin embargo, la recién electa dio la vuelta a la tostada, resultando vencedora en uno de los comicios más ajustados de la historia del país. Tanto fue así, que el socialista Roberto Sánchez fue el vencedor dentro del voto nacional, pero finalmente fue superado por Fujimori gracias al voto en el extranjero. De esta forma, Keiko ha convertido en la primera presidenta electa del país, sin contar a Dina Boluarte, que llegó al cargo por sucesión constitucional tras la destitución de Pedro Castillo.

Una pieza más en el puzzle derechista de Sudamérica

En materia de geopolítica, Keiko busca alinearse con el resto de líderes derechistas de Sudamérica, como Javier Milei, Daniel Noboa o José Antonio Kast, convirtiéndose en una pieza importante dentro del entramado de mandatarios conservadores que han emergido en la región, que ha vivido un cambio de tendencia política en una decena de países en los últimos años. Un cambio ideológico de unos países que, a partir de ahora, mostrarán un papel colaborativo y amigable con Estados Unidos, en asuntos como la lucha contra el narcotráfico.

Su campaña política se ha centrado, como gran parte de sus aliados conservadores, en prometer "mano dura" contra la criminalidad, para hacer frente al problema de inseguridad nacional del país, con más de 700 homicidios en lo que va de año. Asegura que va a crear "megacárceles de máxima seguridad".

Respecto a la economía, Fujimori es una liberal que busca disminuir el gasto estatal y que ha prometido la "autonomía e independencia" del Banco Central de Reserva.