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El calor excesivo tiene precio: menos productividad, más accidentes y pérdidas económicas

  • En 2020, la canícula provocó casi 23 millones de accidentes laborales en el mundo
  • Al alcanzar los 33 o 34º C, con una intensidad de trabajo moderada, se rinde hasta un 50% menos
Unas estatuas de hielo que representan a un granjero y un albañil se derriten frente al Coliseo (Roma) para denunciar los peligros del calor extremo.
Unas estatuas de hielo que representan a un granjero y un albañil se derriten frente al Coliseo (Roma) para denunciar los peligros del calor extremo. Simona Granati - Corbis GETTY IMAGES
Carmen Morales Puisegur

Ay, qué calor... si existiese un listado de palabras más escuchadas, a partir de finales de junio es probable que estas tres juntas ocupasen el número uno. Se oyen en la cola del súper, en el ascensor o en la sala de espera del médico. Y, cómo no, en el trabajo: uno de cada cinco empleados de la Unión Europea sufre altas temperaturas en el desempeño de sus quehaceres profesionales. De hecho, el calor extremo es uno de los riesgos laborales que más rápido aumenta con el cambio climático, apunta la Agencia para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EI-OSHA).

Algo que tiene implicaciones económicas. Un estudio de 2019 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ya preveía que las canículas permanentes causarían la pérdida del 2,2% de las horas de trabajo globales hasta 2030, lo que equivale a un impacto de 2,4 billones de dólares. También, que nos costaría más rendir en nuestro horario laboral. La pérdida de productividad equivaldría a 80 millones menos de empleos a tiempo completo.

Que las temperaturas extremas interfieren cada vez más en todas las facetas de nuestra vida es evidente. Sucede incluso en lugares en los que el verano era casi una anécdota, sobre todo, si se compara con un mes de julio de algunas ciudades españolas. Solo un par de ejemplos: en la última semana de junio, París adelantaba el cierre de la Torre Eiffel y el Museo del Louvre porque los termómetros ese día llegarían hasta los 40º C en algunos puntos de Francia. A mediados de julio, se repitió la medida. Más al norte, en Alemania, se superaron los 41 grados el 27 y 28 de junio: se contabilizaron 4.300 fallecimientos en la última semana de ese mes por el intenso calor.

El calor, un obstáculo para el rendimiento físico y mental

Nuestro organismo no congenia con las altas temperaturas. "Lo ponen en alerta", explica el presidente de la Asociación Española de Especialistas en Medicina del Trabajo, Juan Carlos Rueda. El facultativo retrata al calor como "un factor agresor (...) al que el cuerpo tiene que adaptarse". En ese proceso, el organismo emite señales: aumenta el pulso y el sudor; la sed es más recurrente y nos recuerda que debemos beber agua para hidratarnos. Con todo el arsenal fisiológico centrado en estas tareas, nuestra anergía toma otros derroteros por lo que "no podemos rendir igual ni a nivel físico ni mental". Aparece entonces el estrés térmico, concepto que se refiere al exceso de calor que el cuerpo puede tolerar sin menoscabo de sus capacidades fisiológicas.

Como consecuencia, se reduce el ritmo de trabajo, se necesitan más pausas y aparece una mayor fatiga que dificulta el rendimiento. La OIT señala que la productividad laboral disminuye cuando la temperatura se sitúa entre los 24 y los 26º C. Al alcanzar los 33 o 34º C, con una intensidad de trabajo moderada, se rinde hasta un 50% menos. La Organización Mundial de la Salud (OMS), por su parte, señala que 2.400 millones de trabajadores (70% del total mundial) pueden estar expuestos a temperaturas extremas durante sus ocupaciones.

En oficinas, la temperatura ha de oscilar entre los 17 y 27º C

En España, la una normativa que regula las condiciones ambientales en el lugar de trabajo se aprobó hace casi 30 años. Este decreto de 1997 exige que sitios como oficinas o despachos tengan "temperaturas de 17 a 27º C" mientras que lugares de "trabajo ligero" como comercios, laboratorios o algunos almacenes deben mantenerse entre "14 y 25º C".

La presidenta del Sindicato de Inspectores de Trabajo y Seguridad Social, Ana Ercoreca, advierte de la importancia de vigilar aquellos lugares donde los grados centígrados se disparan. En un taller de pintura, una cocina o un centro de planchado sobrecalentados es más fácil que se den "faltas de atención, distracciones o cansancio que pueden acabar en un accidente o en un golpe de calor.

En interiores, las altas temperaturas no solo afecta a los trabajadores, ya que también se incrementa el riesgo de que un fallo eléctrico, un equipo sobrecalentado o una mala práctica desencadenen un incendio.

El responsable de Seguridad y Salud de Lyreco Intersafe, Rafael Jaraba, precisa que "en la mayoría de los casos hablamos de situaciones evitables si las instalaciones se revisan de manera periódica, los equipos se mantienen en buen estado y las personas conocen cómo actuar ante una emergencia". Entre los consejos, evitar sobrecargar enchufes y regletas; no dejar baterías ni cargadores conectados mucho tiempo y alejar el cartón o el papel de equipos electrónicos.

Agricultores y albañiles, los más perjudicados

Si esto sucede bajo un techo, la situación se agrava cuando la jornada laboral transcurre a cielo abierto. El Instituto de Seguridad y Salud británico (IOSH) asegura que agricultores, albañiles, personal de emergencias, pescadores y transportistas serán las ocupaciones que más padecerán los efectos del calor intenso. En un informe que este organismo publicó en 2025, los autores simularon la jornada laboral de una agricultora sometida a diferentes temperaturas. A 18ºC, todo transcurría sin incidentes. A los 30ºC, ya necesitaba ingerir unos 4 litros de agua para mantener el ritmo normal. Con 40ºC, solo podía trabajar 35 minutos seguidos, se veía obligado a reducir la marcha así como a parar más y durante más tiempo.

Ya en 1995, la OIT señaló que el sector agrícola registró por sí solo el 83% de las horas de trabajo perdidas a nivel mundial por estrés térmico y, para 2030 prevé el organismo, será del 60%. En la construcción, la productividad descenderá hasta un 19%.

En España, las condiciones de trabajo en el exterior las regula la Ley de Prevención de Riesgos Laborales de 1995 y exige a los empresarios "una evaluación para ver cómo incide la temperatura y una medición de la misma", explica la inspectora de trabajo Ana Ercoreca. Además, en el campo y la construcción se exige que se elabore "un protocolo de calor". Se trata de una "evaluación específica" que incluye "una medición que analiza la temperatura a la que se exponen los trabajadores y si supone un riesgo para ellos". Una vez hecha, se toman medidas. "Ayer, en una salida al campo, nos decían que estaban empezando a las seis de la mañana y terminaban a las doce o una del mediodía para evitar las horas centrales del día", señala Ercoreca. Además, los agricultores reciben "un equipo de protección individual" que incluye "crema solar, agua o la habilitación de zonas de sombra".

La protección se complementa, añade Ercoreca, "con los cambios en el real decreto de 2023 por los que, en el caso de una alerta naranja o roja de la Aemet, si las medidas de prevención no fuesen suficientes, el trabajador podrá abandonar su puesto por riesgo grave o inminente".

Prevenir, detectar a tiempo e implicación

El especialistas en Medicina del Trabajo, Juan Carlos Rueda, defiende "la prevención y la detección precoz de síntomas" para evitar daños mayores para quienes se ganan la vida al aire libre. También cree que "jefes de obra, capataces y encargados deben organizar las medidas preventivas de descansos, hidratación o pausas". Además, puntualiza Rueda, "alguien que empieza en un puesto así necesita un periodo de aclimatación progresivo de dos o tres semanas".

José Antonio Torresano es mánager en Prevención de Riesgos Laborales de Idiliq Group, con casi 700 empleados y complejos vacacionales en la Costa del Sol, las Islas Canarias y el archipiélago balear. "Llevo casi 20 años trabajando aquí y lo de las olas de calor no es nuevo", reflexiona, "pero las alertas sí que son más numerosas". Torresano reconoce que con las altas temperaturas "hay un descenso mínimo de productividad, pero que a nivel operativo no es relevante" ya que "lo que importa es que el trabajador no tenga un accidente". No es solo una cuestión moral, es que "en el plano económico, para la empresa y el técnico de prevención, es mucho más complicado que un empleado tenga un golpe de calor porque conlleva una baja médica y una sustitución".

Una de las tareas de Torresano al empezar su jornada es "chequear la Aemet. Si hay alerta amarilla, por ejemplo, damos la orden a todos los jefes de departamento que corten las tareas al aire libre de una del mediodía a nueve de la noche. Si es naranja o roja, se prohíbe por completo el trabajo en exteriores". La orden se emite por igual, sin distinción de edad ni de género. Ese día, por ejemplo, los animadores pueden cambiar el partido de fútbol por las actividades en la piscina. "Y si un jardinero no hace algo hoy, ya se hará mañana", resume.