Estados Unidos, la piedra en el zapato de María Corina Machado en sus intentos frustrados de volver a Venezuela
- Machado llegó a coger un vuelo rumbo a Caracas que nunca llegó, según The Wall Street Journal
- La Administración Trump prioriza la estabilidad económica del país y no contempla su regreso
Al conocer la magnitud del desastre provocado por el doblete sísmico en Venezuela, la líder opositora María Corina Machado tuvo claro que tenía que volver al país del que salió a finales de 2025. "Ha llegado el momento", dijo en una entrevista a la cadena estadounidense Fox News. Pero la Casa Blanca, que lleva meses retrasando su regreso, cree que aún no se dan las condiciones e hizo lo posible para impedirlo.
Según una exclusiva de The Wall Street Journal, Machado despegó el viernes 26 de junio rumbo a Venezuela en un avión privado que salió desde Virginia (EE.UU.) con dirección a Curazao, una isla neerlandesa a pocos kilómetros de la costa venezolana. Sin embargo, una hora después del despegue, la compañía encargada del vuelo ordenó a los pilotos que dieran la vuelta.
El medio estadounidense, que cita diversas fuentes familiarizadas con el asunto, explica que las autoridades neerlandesas suspendieron el permiso de aterrizaje para Machado —cuyo pasaporte está caducado— al enterarse de que EE.UU. no respaldaba el viaje. De hecho, según una exclusiva del diario ABC, la Administración Trump comunicó a Machado que no contaría con protección estadounidense y que quedaba a merced del régimen de los Rodríguez.
Venezuela está inmersa en una crisis humanitaria causada por los seísmos que hicieron temblar el país la semana pasada. La catástrofe, que deja ya 2.595 muertes, según cifras oficiales, ha pillado al país en plena transición de poder, cuando se cumplen seis meses de la captura del expresidente Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, que maneja los hilos de un Gobierno interino cuya gestión de la tragedia está despertando las críticas de la población.
Más de seis meses fuera del país
María Corina Machado salió de Venezuela a finales de diciembre, siguiendo el mismo trayecto que planeaba utilizar esta vez para volver. Se trató de una operación secreta, diseñada y ejecutada por el grupo de rescatistas Grey Bull Rescue, para que la líder opositora acudiera a Oslo (pasando antes por Curazao) para recoger el Premio Nobel de la Paz con el que fue galardonada el año pasado. Antes, había pasado más de un año en la clandestinidad dentro del país caribeño.
Poco después, el 3 de enero, EE.UU. irrumpió en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro, que ahora permanece retenido en una prisión estadounidense a la espera de juicio. Machado pensó entonces que había llegado su momento de participar activamente en la transición que se abría paso, tras meses denunciando el fraude electoral de las últimas elecciones —en las que Maduro se autoproclamó vencedor sin publicar las actas— . Pero se equivocaba.
Washington, como otros países, reconoció a Edmundo González Urrutia —que sustituyó a Machado en la papeleta electoral tras su inhabilitación— como "presidente electo", pero tras su operación militar en Venezuela, la Casa Blanca, ya con Donald Trump al mando, tendió la mano a Delcy Rodríguez. Mientras la líder opositora se deshacía en halagos hacia el presidente estadounidense, el mandatario llegó a decir que ella no tenía el apoyo de su gente.
Machado intentó rebajar la tensión a mediados de enero, cuando le regaló a Trump (que llevaba meses reclamando ser merecedor del galardón) la medalla del Nobel. Días después, el presidente republicano abrió la puerta a "involucrar" de alguna manera a la líder opositora en el futuro de su país, pero seis meses más tarde su papel todavía no está claro.
Machado, fuera de los planes de Trump
"María Corina Machado, como cualquier venezolano, tiene el derecho de entrar a Venezuela", defendió el jueves González Urrutia en su cuenta de X, y dijo que un país "no puede reconstruirse" si sus ciudadanos dependen "del permiso del poder para volver a casa". El martes, Machado denunció desde Panamá, donde se trasladó para intentar entrar de nuevo en Venezuela, que Delcy Rodríguez estaba bloqueando su regreso.
Ninguno de los dos mencionó a Estados Unidos, que desde enero tutela el nuevo régimen de los Rodríguez y que, según medios estadounidenses, es quien está frustrando sus planes de volver al país. "Es oportunismo político y es grotesco", aseguró un funcionario de la Administración a Axios, que cita a otro alto funcionario que defiende que la opositora "quiere una sesión de fotos repartiendo" la ayuda brindada por la Casa Blanca.
La opositora ha insistido en que quiere volver para ayudar a su pueblo en las tareas de reconstrucción y ha prometido que lo hará. "Estaré en Venezuela para ayudar a coordinar y estimular los esfuerzos ciudadanos en la emergencia y la reconstrucción", dijo, tras denunciar que el régimen de los Rodríguez había cerrado el espacio aéreo para impedir su regreso, pese a que sí hay aviones operando en el cielo venezolano.
Un horizonte electoral en el aire y sin Machado
Desde su partida, Machado ha intentado varias veces volver, sin éxito. A principios de marzo, anunció que lo haría en "pocas semanas" y que prepararía "una nueva y gigantesca victoria electoral". Como es habitual, volvió a elogiar "la visión y el coraje" de Estados Unidos por poner a Maduro ante la justicia, pero no logró que la Administración Trump avalara su regreso.
Mientras tanto, EE.UU. avanza hacia un eventual horizonte electoral en Venezuela sin contar con la principal oposición. De hecho, días antes del terremoto, se supo que se había incluido en las conversaciones sobre la transición a la opositora y expresidenta de la Asamblea Nacional, Dinorah Figuera, que se reunió con el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, en un encuentro del que no se informó a Machado.
La profesora de la Universidad de Pelotas Dhayana Carolina Fernández Matos explica a RTVE Noticias que Washington la ha elegido por ser una figura que genera "menor resistencia" de cara a una eventual negociación y que se trata de un perfil "menos confrontacional". Sin embargo, esto aleja aún más de su objetivo a Machado, que se enfrenta "al dilema" de "perder cada vez más relevancia" si no regresa cuanto antes, como señala la historiadora venezolana Margarita López Maya.
Machado, añade la historiadora, "se apoyó en EE.UU. para tratar de encontrar una ruta democrática en Venezuela y ahora está entrampada ahí. Washington tiene su agenda y ella la suya". Aunque busca la democratización con más ahínco que la Administración Trump, "sabe que no puede hacerlo sin ellos" porque los "colectivos armados y la estructura de poder del Gobierno no se han desmantelado".
"Está claro que EE.UU. no quiere que Machado sea quien lidere la transición", argumenta la investigadora del CIDOB para América Latina, Anna Ayuso. Washington, explica, ha primado la situación económica de Venezuela, así como la recuperación y explotación de los recursos petrolíferos y el mensaje que trasladan es "ya volverás y tendrás tu papel, pero no queremos que llegues para desestabilizar la situación".