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El Mad Cool asegura que ya reduce las colas en los baños de mujeres y el movimiento 'Derecho al Aseo' lo celebra

  • El festival asegura que su ratio de baños por sexos es de 7:1 superando una ley obsoleta de 1982
  • La arquitecta Laura Cambra Rufino califica de “victoria parcial” este avance y propone #cartasalaseo
Mad Cool y el reto de las colas en los baños de mujeres
El festival Mad Cool cumple diez años reuniendo en torno a la música a miles de personas en Villaverde, Madrid, entre el 8 y el 11 de julio. GETTY IMAGES

Imagine usted que ha pagado una entrada de tres cifras para ver a su banda favorita. El solo de guitarra está a punto de comenzar, pero su vejiga, esa implacable gestora de tiempos biológicos, ha decidido que es el momento. Se encamina a la zona de aseos y allí se encuentra con la Gran Muralla China, pero en versión humana y con purpurina: la cola del baño de mujeres.

Mientras tanto, en el reino de los caballeros, el flujo es tan dinámico que ríase usted de la logística de Amazon. Este no es un problema de beber demasiada cerveza, es un problema de matemáticas, diseño urbanístico y leyes que huelen a naftalina.

Desde la organización del evento que cumple una década —a través de un cuestionario escrito respondiendo las preguntas de RTVE Noticias—, son tajantes: “Mad Cool lleva años trabajando en esto, para tratar de generar espacios donde todo el mundo esté seguro, cómodo y tenga los mejores servicios para sus necesidades”. Sin embargo, la realidad a pie de pista sigue siendo, para muchas, una carrera de obstáculos contra el reloj del escenario principal.

Una ley de 1982

Para entender por qué una mujer puede pasar el 20% de su jornada de festival mirando la nuca de la persona de delante en una fila, hay que viajar a los años 80. La normativa que rige cuántos inodoros debe haber en un espectáculo público en Madrid es el Real Decreto 2816/1982, el Reglamento General de Policía de Espectáculos Públicos. Sí, una ley de cuando Naranjito era joven y los festivales de música eran poco más que cuatro altavoces en un descampado.

Este reglamento establece en su artículo 12 que se deben disponer “seis inodoros y dos lavabos para señoras por cada 500 espectadores o fracción”. Si aplicamos la aritmética básica (esa que a veces parece olvidarse en los despachos), para un festival de 80.000 personas, la ley apenas exigiría unas cifras que palidecen ante la necesidad real. El artículo 31, referente a recintos al aire libre, es aún más parco: “Por cada 500 espectadores habrá cuatro inodoros, de los que la mitad estarán destinados a señoras”.

Es decir, según la ley, la igualdad es un reparto 50/50 de tazas. Pero, como bien señala la arquitecta y urbanista Laura Cambra Rufino, la paridad numérica de cabinas es “falsamente equitativa debido a diferencias biológicas y de vestimenta”. Un hombre en un urinario tarda, de media, unos 35 segundos. Una mujer, por razones que van desde la ropa hasta la gestión de la menstruación, tarda entre 90 segundos y dos minutos. La ciencia es clara: si el tiempo de uso es el triple, la oferta debe ser mayor para que la cola sea igual.

La ratio del Mad Cool, una victoria por confirmar

En este escenario, el Mad Cool ha decidido ignorar la timorata paridad legal para abrazar una lógica más funcional. “Mad Cool nunca ha aplicado este baremo de 50/50 porque siempre hemos entendido que las diferencias biológicas y tiempos no son iguales a las de los hombres. Nuestra ratio es de siete cabinas para mujeres por cada una para hombres”.

Esta proporción de siete a uno busca equilibrar la balanza. Los responsables del festival explican que “los hombres también cuentan con un servicio de urinarios, donde los tiempos son más rápidos, y ahí es donde equilibramos para que las colas que se generen sean similares”. Ante estos datos, Laura Cambra Rufino, portavoz del movimiento "Derecho al Aseo", reconoce que “nuestra primera petición ha obtenido respuesta” —en referencia a la campaña "Mad Cool, los baños también cuentan"— y califica la situación como una “victoria parcial”.

Sin embargo, el optimismo de la arquitecta es cauteloso. Aunque la ratio está “claramente por encima de los mínimos establecidos”, Rufino advierte que esto “todavía no nos permite saber si las esperas son realmente justas”. Para el movimiento, faltan variables en la ecuación como, por ejemplo, conocer el número exacto de urinarios masculinos, la distribución real por zonas y el perfil de público por jornada. Sin esos números, la ratio 7:1 es un gran titular, pero no necesariamente una solución definitiva al teorema de la cola infinita.

Higiene, seguridad y el diseño de la dignidad

Un baño no es solo un lugar donde evacuar. En un gran evento, puede ser un oasis de calma o un "punto negro" de vulnerabilidad. Las colas mal iluminadas son, históricamente, lugares de riesgo. Cambra Rufino subraya que la higiene, la intimidad y la tranquilidad forman parte de “usar un aseo con dignidad”.

Desde Mad Cool aseguran haber tomado nota. “Las cinco zonas de WC del recinto están iluminadas exteriormente para que el público pueda acceder con total visibilidad y tranquilidad... Además de todo esto, todas estas zonas tienen un equipo de seguridad tanto en los accesos como en las zonas intermedias”. Incluso recalcan que las cabinas tienen “luz independiente dentro”, un detalle que el movimiento agradece explícitamente.

La controversia surge al hablar de innovación. Ante la propuesta de introducir urinarios femeninos exentos como el Lapee, que aceleran el flujo hasta seis veces, el festival se muestra conservador: “La normativa del Ayuntamiento de Madrid exige poner WC conectados a la red de saneamiento... apostamos por este sistema de cabinas... ya que permiten garantizar mayores niveles de higiene”. Una decisión que prioriza el estándar europeo de salubridad sobre la velocidad pura.

Las matemáticas de la previsión frente a la experiencia real

La gestión de un festival es un juego de grandes números. Mad Cool afirma que “esto está estudiado desde las primeras ediciones... cada año analizamos el tipo de cartel por día para contabilizar cuántas personas vienen de cada género... En muchas ocasiones hemos variado el número de WC de un día a otro por el perfil de cartel”.

Aquí es donde el movimiento 'Derecho al Aseo' pone el dedo en la llaga. Laura Cambra Rufino cuestiona si esas previsiones basadas en ventas de entradas realmente “se traducen en esperas comparables en la experiencia real”. Al finalizar el evento, el festival explica que realiza encuestas a “más de 25.000 asistentes” para identificar mejoras, pero el movimiento cree que la conversación apenas ha comenzado. El derecho al aseo es, al fin y al cabo, el derecho a no perderse el espectáculo por el que se ha pagado. Porque la cultura no debería costar una cistitis.

“Cartas al aseo”, de la anécdota a la evidencia científica

¿Quieres transformar tu experiencia en datos útiles? Participa en "Cartas al aseo" para visibilizar esperas y barreras reales. Solo tienes que entrar en su página web oficial y rellenar el formulario. Cuantos más testimonios reúnan, mejores serán las peticiones concretas para exigir cambios.

Si prefieres las redes sociales, comparte una story o reel en Instagram. Utiliza obligatoriamente el hashtag #cartasalaseo y etiqueta a la cuenta @derechoalaseo. Fotografía el diseño, cronometra tu tiempo de espera y describe la limpieza o iluminación del baño que estés usando ese día.

No importa si estás en el Mad Cool o en un hospital. Cualquier espacio público cuenta para esta base de datos ciudadana. Tu vivencia individual dejará de ser una anécdota para convertirse en evidencia científica. Ayúdanos a convertir la indignación en una conversación necesaria.