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Entrevista

Laura Cambra Rufino, arquitecta: "Las colas interminables en los baños de mujeres son un micromachismo de diseño"

  • La arquitecta Laura Cambra Rufino analiza cómo la mirada masculina ignora las necesidades de la mitad de la población
  • Por qué la igualdad de metros cuadrados entre géneros es, en la práctica, una fuente de discriminación real

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Colas interminables en baños de mujeres: falta de equidad en la arquitectura actual
Factores biológicos y roles de cuidado generan esperas que limitan la movilidad de las mujeres. GETTY / IVÁN RODRÍGUEZ ALBA

Durante décadas, las mujeres han asumido como una fatalidad inevitable y normalidad el hecho de tener que esperar largas colas para acceder a un aseo público, mientras los hombres entran y salen con fluidez. Esta situación, lejos de ser un fenómeno natural o puramente anecdótico, es una injusticia sistémica arraigada en la planificación urbana y arquitectónica.

El diseño de los aseos ha sido históricamente proyectado por arquitectos hombres que han aplicado una lógica de igualdad formal ―los mismos metros cuadrados para ambos― sin tener en cuenta las realidades biológicas, de vestimenta y de comportamiento de las mujeres. Al ignorar estas diferencias, la arquitectura se convierte en una herramienta que penaliza a la usuaria por el simple hecho de no ajustarse al "usuario promedio" masculino.

Laura Cambra Rufino en unas jornadas celebradas recientemente en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid

Laura Cambra Rufino en unas jornadas celebradas recientemente en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid. ARCHIVO PARTICULAR L.C.R.

Para profundizar en este problema y buscar soluciones, conversamos con Laura Cambra, arquitecta y profesora en la Universidad Politécnica de Madrid cuya labor se centra en cómo la arquitectura puede mejorar la salud y el bienestar de las personas.

Su enfoque, basado en la empatía y en el diseño para los "extremos", nos ayuda a entender que lo que hoy vemos como una molestia cotidiana es, en realidad, un fallo de diseño que requiere una revisión urgente de nuestros planteamientos y de nuestra mirada profesional.

P: ¿Es la igualdad de metros cuadrados en los baños una trampa?

El cálculo actual de los baños ignora factores biológicos y de vestimenta fundamentales

R: Absolutamente, porque la igualdad no es equidad. En el caso de las mujeres, que tenemos unas necesidades diferentes a las de los hombres, la respuesta de diseño no puede ser exactamente la misma; de lo contrario, estás fallando a una de las partes. En la actualidad, la dotación de aseos no está claramente regulada mediante criterios cuantitativos basados en el uso real, por lo que es frecuente encontrar el mismo número de aseos para cada género. Sin embargo, esta simplificación ignora factores biológicos y de vestimenta fundamentales. Por ejemplo, el simple hecho de tener que sentarse, frente a un hombre que puede orinar de pie, ya implica dedicar más tiempo al proceso. Además, situaciones como tener la regla, que requiere limpiarse o cambiarse con más detenimiento, o estar embarazada, que aumenta la frecuencia de las visitas al baño, son factores diversos que no se contemplan desde una perspectiva de diseño únicamente masculina.

Laura Cambra Rufino, profesora de la Universidad Politécnica de Madrid, impartiendo una conferencia.

Laura Cambra Rufino, profesora de la Universidad Politécnica de Madrid, impartiendo una conferencia. Eutropio Rodriguez EUTROPIO RODRÍGUEZ

P: ¿Cuánto tiempo más tardan realmente las mujeres?

R: Existen estudios que sugieren que las mujeres tardan de media entre 1,5 y 2 veces más que los hombres en el baño. Aunque es necesario profundizar en la búsqueda de estos datos específicos de modelización, es una realidad que se puede calcular. Yo misma trabajé anteriormente analizando flujos en ascensores, midiendo tiempos de espera aceptables, y ese mismo rigor matemático se puede aplicar a los aseos. Si conocemos cuánto dura el proceso y cuánta gente llega en un periodo determinado, podemos saber qué cola se formará y qué espacio ocupará. No calcular esto en el diseño de los baños es una omisión que no tiene sentido en la arquitectura moderna.

Diferencia entre igualdad y equidad

P: ¿Tiene alguna influencia el rol de cuidadora en el "colapso" de los baños?

Es común ver el cambiador solo en el baño de mujeres, imponiendo una obligación de género

R: Sin duda, y es un factor que suele ignorarse. Las mujeres asumimos mayoritariamente el cuidado de niños, niñas, personas mayores ancianos o personas con discapacidad, y a menudo debemos acompañarlos al baño. Esto colapsa infraestructuras que han sido diseñadas para un uso estrictamente individual. Si vas con un carrito de bebé y el cubículo es minúsculo, no puedes entrar con él ni dejarlo fuera. Es una falta de previsión sobre las necesidades de cuidado. Además, el diseño a veces impone roles: es común ver el cambiador de bebés solo en el baño de mujeres, como si los padres no pudieran cambiar a sus hijos. Esto marca una obligación de cuidado basada en el género desde el propio espacio físico.

La arquitecta Laura Cambra Rufino en un momento de la entrevista con RTVE Noticias

La arquitecta Laura Cambra Rufino en un momento de la entrevista con RTVE Noticias. ZOOM

P: ¿Falta equipamiento básico dentro de los cubículos?

R: Sí, y eso también afecta a la agilidad y a la dignidad del uso. Un baño de mujer necesita, por ejemplo, una papelera que en el de hombres no es tan crítica para el desecho de productos menstruales. O algo tan básico como un lavabo dentro del cubículo. Si una mujer utiliza la copa menstrual, necesita higiene y privacidad para limpiarla sin tener que salir al espacio común. En Suecia, por ejemplo, ya se ven diseños donde los cubículos incluyen su propio pequeño lavabo. Puede parecer un lujo, pero es una cuestión de salud personal y global que el diseño debería promover para fomentar prácticas más sostenibles.

Cuidado y diseño excluyente

P: ¿Son los baños mixtos la solución definitiva?

R: Es una opción que se está explorando mucho en países nórdicos y en entornos hospitalarios, pero presenta retos. Resolvería parte del problema de espacio, pero debe ir acompañada de una educación en el cuidado unisex. No se trata solo de compartir el espacio, sino de que ambos géneros lo utilicen con el mismo respeto. A muchas mujeres les preocupa entrar en un espacio que no preserve la higiene necesaria para alguien que debe sentarse, si la persona anterior no ha sido cuidadosa. Si no hay esa base educativa, el baño mixto podría acabar siendo percibido como un "baño de hombres" extendido, lo cual sería un fracaso absoluto.

La investigadora Laura Cambra Rufino participando en un congreso.

La investigadora Laura Cambra Rufino participando en un congreso. ARCHIVO PARTICULAR L.C.R.

P: ¿Cómo afecta que las mujeres tengan que hacer cola en los baños a su movilidad en la ciudad?

Si el diseño no responde a tus necesidades fisiológicas, se limita tu participación pública

R: Afecta directamente a cómo vivimos el espacio público. Hay casos, como el de mujeres que trabajan en el transporte, cuya movilidad depende de la accesibilidad al baño, por ejemplo, si el baño de la gasolinera está libre o en condiciones. También influye en la productividad de mujeres taxistas, comparada con la de los hombres, que pierden servicios por el tiempo dedicado a ir al servicio. En una entrevista para un estudio sobre personas mayores, una madre cuidadora me contó que para salir al parque le tenía que poner el pañal a su madre, aunque no lo necesitaba, ya que no había ningún aseo público al que acudir. También la movilidad cotidiana con niños y niñas se ve limitada si no hay aseos disponibles. Podríamos decir que los aseos en los espacios públicos son una infraestructura invisible que condiciona nuestro derecho a la ciudad.

Impacto en movilidad urbana

P: ¿Se puede diseñar con más empatía?

R: Totalmente, y el cambio es radical cuando se aplica esa mirada. A menudo no es machismo consciente, sino puro desconocimiento y falta de un diseño inclusivo que ponga en el centro necesidades diversas. Diseñar desde la diversidad genera espacios más inclusivos, porque incorpora desde el inicio necesidades que han sido sistemáticamente invisibilizadas por un sesgo tradicionalmente masculino. Se nota muchísimo cuando un espacio se produce desde la visión de una mujer o de alguien que comprende estas situaciones de vulnerabilidad, ya sea por embarazo, por cuidar a dependientes o por experiencia propia. El ejemplo más claro son los paritorios. Los tradicionales, diseñados por hombres, parecen quirófanos donde la mujer es un sujeto pasivo en un potro. Los nuevos diseños, liderados por arquitectas como Ángela Muller y Marta Parra, respetan el proceso fisiológico: hay espalderas, pelotas de pilates, bañeras y espacio para el acompañante. Cambia la mirada, cambia el diseño y, por tanto, cambia la manera de vivir el proceso.

Laura Cambra Rufino en unas jornadas sobre arquitectura sanitaria

Laura Cambra Rufino en unas jornadas sobre arquitectura sanitaria en el COAM. ARCHIVO PARTICULAR L.C.R.

P: ¿Por qué las mujeres han normalizado este trato injusto?

Debemos evolucionar hacia ratios de aseos que discriminen positivamente según el uso real

R: Porque no han tenido otra alternativa, las mujeres, como todas las personas, estamos condicionadas por el entorno físico. Es lo que yo llamo un "micromachismo de diseño". Es decir, decisiones aparentemente neutras que generar discriminación en su uso. Sin embargo, cuando las mujeres empezamos a participar en el diseño de los entornos y a investigar sobre ellos, salen a la luz fallos que antes permanecían invisibles. De la misma manera que hemos avanzado en normativas para la accesibilidad de personas con discapacidad porque era una demanda que no se podía ignorar, debemos evolucionar hacia dotaciones de aseos que discriminen positivamente según el género y el uso real. Diseñar aseos no es solo una cuestión técnica, sino una cuestión de equidad. Mientras no incorporemos el uso real en el diseño, seguiremos construyendo ciudades que funcionan mejor para unos que para otras.

Hacia un nuevo urbanismo

P: ¿Qué debe cambiar en la normativa de forma urgente?

R: Lo urgente es dejar de diseñar aseos como si todas las personas fueran iguales. No se trata de regular más, sino de diseñar mejor. La investigación es clave en este proceso: necesitamos que los diseños se basen en datos reales de flujo y tiempos de espera. En lugar de proyectar para un “usuario tipo” que no existe, la arquitectura debe pensar en los extremos; si una solución funciona para quienes tienen mayores necesidades, funcionará mejor para todas las personas. No se trata de privilegios, sino de adaptar el entorno para garantizar las mismas oportunidades de uso. Para ello, es imprescindible abrir los procesos de diseño e investigación a la participación y a la diversidad (mujeres, personas con discapacidad, diversidad de género y diversidad neurocognitiva) e incorporar estas miradas desde el inicio, de modo que el diseño responda a necesidades reales y deje de basarse en un usuario promedio que no representa a la sociedad.

La conversación con la doctora en arquitectura, Laura Cambra Rufino, deja claro que el diseño de los baños públicos no es un asunto menor, sino una cuestión de derechos fundamentales, salud y dignidad. Si las necesidades fisiológicas son básicas para todos los seres humanos, ¿por qué seguimos permitiendo que la arquitectura penalice sistemáticamente a las mujeres? ¿Hasta cuándo esos diseños van a seguir ignorando los datos científicos sobre tiempos de espera y necesidades de cuidado?

Laura Cambra Rufino impartiendo una charla en la biblioteca Ana María Matute de Madrid. ARCHIVO PARTICULAR L.C.R.

La responsabilidad recae ahora sobre los organismos reguladores, los colegios de arquitectos y los promotores públicos y privados, quienes deben entender que la equidad en el espacio no es una opción estética, sino una exigencia legal y social.

Es hora de que el diseño arquitectónico deje de ser un obstáculo y se convierta en el soporte que garantice que cualquier persona, independientemente de su género o condición, pueda habitar la ciudad con el mismo respeto y sin tener que pedir permiso para algo tan natural como ir al baño.