Festivales de música 2026: entre el boicot al Viña Rock, el décimo Mad Cool y el pinchazo (o no) de la burbuja
- Las cancelaciones de algunos eventos abren el debate sobre la redimensión del modelo
- Frente a la masificación, los microfestivales reivindican una experiencia centrada en la música
Llega el verano y vuelve un año más la temporada de festivales (con sus 'festiguales', como dicen las sarcásticas lenguas), que ya ha empezado realmente, de hecho, y que este 2026 tiene alguna particularidad que merece la pena analizar. Los puntos calientes serían el Viña Rock, el supuesto pinchazo de la burbuja de festivales y el aniversario de un capitán general en la sala, el Mad Cool, de Madrid, que cumple diez años.
Como suele, el pistoletazo de salida festivalero a nivel 'macro' tuvo lugar con el Warm Festival murciano y el Viña Rock, en el primer fin de semana de mayo, y que este año en este segundo caso tuvo un morbo sin igual. En 2025, El Salto publicó que el fondo proisraelí KKR había adquirido una empresa llamada Superstruct Entertainment, que organizaba, entre otros, el Sónar, el Resurrection Fest, el Monegros… y el Viña Rock, que, por así decirlo, es la Meca del pañuelo palestino, del rock de izquierdas, etc.
Y este 2026, tras varios cambios en su cartel debido al boicot que ha sufrido, el resultado se ha notado. Ha pasado de 240.000 asistentes en la anterior edición, de ser el tercer festival con más espectadores de España, a tener 100.000 en una caída sin precedentes en uno de los macroeventos canónicos de la música en España. Y, sin embargo, quizá no hay que entrar en valoraciones porque: ¿no se podría decir a la vez que han salvado la papeleta? Por allí estuvieron los Sex Pistols (sin Johnny Rotten) o Mägo de Oz como cabezas de cartel.
"La han salvado y esa era la intención: superar la edición de 2026 como fuese, con menos público y bandas que ni siquiera encajan con el carácter del Viña Rock para pasar página y celebrar una edición 25 por todo lo alto. Lo pasado, evidentemente, no está pasado. Es cierto que el Viña Rock ahora se ha desligado de KKR, pero hay muchos otros festivales que siguen y no han tiritado lo más mínimo. La conclusión es que la presión popular puede ser muy efectiva en el caso del Viña Rock, pero solo en ese caso", analiza Nando Cruz, periodista musical desde finales de los 80 y profundo conocedor del sector de los festivales.
Y añade: "Intuyo que en el Viña Rock muchos de los grupos que en su día firmaron un documento diciendo que no querían tocar seguirán sin tocar, pero quizá otros sí que lo hagan, y va a quedar como una mancha en el expediente del festival. Pero no sé si les va a afectar demasiado de cara al futuro. Entiendo que cambiarán de línea, no será un festival tan politizado y punk y acabará dando cabida a otro tipo de bandas e irá desdibujándose. Pero son únicamente especulaciones".
El promotor del festival, Juan Carlos Gutiérrez, en declaraciones recogidas por EFE, valoró al término así la edición: «Se ha conseguido que el festival abra sus puertas, que funcionase en un tiempo récord», que reconoció que 100.000 asistentes es una cifra menor a la de otros años. También aseveró que el festival «ha superado tres crisis y esta ha sido la cuarta, una más». Y en 2027, el 30 aniversario, nada menos. Veremos si han superado, finalmente, esta cuarta crisis.
¿Pinchazo de la burbuja?
Aparte de esto, hace pocos días conocimos, a través de distintos medios pero adelantado por ‘El Mundo’, que el Reggaeton Beach Festival cancelaba sus siete festivales por falta de viabilidad. Entre los artistas que habían sido confirmados para los conciertos de este año estaban Anuel AA, Myke Towers, Omar Courtz o Clarent.
Este golpe para los aficionados llegaba unos días después de la cancelación de los festivales Solaris Nerja y Oh See!, que se unen a una lista en la que ya figuraban Fortaleza Sound, Big Sound Torrevieja, Arbo Rock, Wild Festival y otros eventos que no lograron salir debido a diferentes causas: dificultades económicas, falta de respaldo o una insuficiente venta de entradas en un contexto de quizá demasiada oferta y encarecimiento de costes.
"Es complicado hacer un diagnóstico general porque se tiende a englobar eventos tremendamente diferentes en todos los aspectos dentro de la etiqueta 'festival'", analizan desde el Primavera Sound a preguntas de RTVE. "Creo que la burbuja aún no ha explotado, pero parece evidente que sigue hinchándose peligrosamente. Las cancelaciones de este año se están produciendo en festivales de todo tipo, grandes y pequeños, públicos y privados, de rock y reguetón, lo cual indica que hay un problema de fondo. O mejor dicho, dos: el incremento del coste de la vida y el incremento de los costes de producción, que en realidad son lo mismo", detalla Nacho Serrano, veterano periodista musical de ABC que ha estado cubriendo de cerca estas cancelaciones... y que recuerda que solo estamos a junio.
"En septiembre sabremos si me estoy equivocando, pero en cualquier caso la pregunta sobre la redimensión me parece muy acertada y clave en este asunto. Un festival tan exitoso como Tsunami Xixón ha optado por parar y no celebrar su edición en este convulso año para ‘estudiar nuevos formatos’, una decisión tomada en enero y que, a la vista de lo que está ocurriendo, fue un aviso a navegantes que nadie escuchó", agrega Serrano al debate.
"Me cuesta hablar de pinchazo de momento, aunque se hayan cancelado ya 40 festivales este año. Es llamativo, pero no sabemos si son 1.100 o 1.300, no hay un censo fiable. ¿Qué pueden ser, un 3%? No sé si el futuro es la redimensión; para mí el futuro es que haya suficientes espacios musicales donde disfrutar la música durante todo el año. Hablo de salas, bares y un ecosistema robusto en toda la geografía. Que haya mil festivales no es signo de buena salud si va parejo a la desaparición de los espacios de música que teníamos concebidos hasta ahora”, opina Cruz, autor de dos libros clave sobre el tema: ‘Macrofestivales: el agujero negro de la música’ y ‘Microfestivales y otros escenarios posibles’.
Mad Cool, décimo aniversario
El Primavera Sound ha celebrado hace poco una nueva y exitosa edición en Barcelona a principios de junio, reuniendo a 287.000 personas para escuchar a The Cure, The xx o la actuación sorpresa de Olivia Rodrigo, solventando adversidades meteorológicas, y con su sede en Oporto también a pleno rendimiento. Además, este año regresan de nuevo a Argentina y Brasil, "un proyecto muy importante que nace de la ilusión por llevar el espíritu del festival a una zona del planeta donde ya hemos comprobado que se entiende, se valora y se admira". Hablamos de una empresa global y del segundo festival con más asistentes de España, detrás del Arenal, que ha comandado la lista los últimos años y que este año apuesta con JC Reyes, Myke Towers, María Becerra… y que suele rondar los 300.000 espectadores. Los amos del cotarro.
Y a la vez, cómo han cambiado los tiempos festivaleros cuando en Instagram te aparece hasta debajo de tu cama digital la hija de Vicky Martín Berrocal y El Cordobés, la influencer Alba Díaz Martín, que publicita comprar ropa en una tienda como su nuevo look pro-perreo para ir a ver a Bad Gyal al Primavera Sound. Cuesta pensar que Chaveli Iglesias o Rocío Carrasco, por ejemplo, pudieran ir a ver a Public Enemy, Bill Callahan y Cat Power al Primavera en su edición de 2008. Lo explica el fenómeno del Poptimismo, el auge de la música urbana o reguetón... ¿pero queda espíritu alternativo en aquellos festivales que hicieron en su día quizá hacían gala de ello?
Cruz, habla de "autodefensa musical" pero prefiere no utilizar el término ‘alternativo’ en el contexto concreto de los microfestivales, porque recuerda que existen desde tiempos inmemoriales y son los macrofestivales son los que llegaron después. "Creo que los microfestivales, precisamente porque tienen esa escala humana, porque no van a pasar muchas cosas a la vez, porque no es agotador y porque estás en un contexto en el que la gente que te rodea tiene los mismos intereses o la misma música está en el centro de la prioridad, hacen que el disfrute sea mucho mayor".
Y hace un observación sobre un retorno a unos 'básicos' que quizá hemos olvidado: "Me da pereza recomendar festivales, pero sí recomendaría intuir o detectar si te estás metiendo en un sitio del que vas a salir contento o vas a salir agotado. Sí recomendaría no meterse en un festival donde hay pantallas, eso es una ‘red flag’, como se dice ahora, y en festivales donde pasan varias cosas a la vez. Para mí eso es un síntoma clarísimo de que estás en un lugar estresante y con sobreoferta. Es decir, recomiendo ir a microfestivales que realzan la música y no la someten a dictados de hiperconsumismo”.
Al mismo tiempo de esta reivindicación, esta semana se está celebrando el Sónar, el Azkena, el O Son do Camiño con Katy Perry y pronto, según avance la canícula, irán llegando el Resurrection Fest con Iron Maiden, Limp Bizkit y Marilyn Manson en Galicia, el Sonorama o el Rototom, que fuera de los grandes medios de comunicación siempre tiene una envidiable asistencia, o el madrileño Mad Cool, que está de décimo aniversario y que viene con un cartel potente (según el día, más o menos) a la altura del cumpleaños: Nick Cave, Pixies, Pulp, Florence and the Machine, Lorde, Foo Fighters, Moby o The Black Crowes…
Y una propuesta final de Cruz, el autor de Pequeño circo. Historia oral del indie en España: “Invitaría a la gente a ser un poco curiosa y explorar en su propio territorio sin necesidad incluso de salirse de su provincia o de su comarca, porque seguramente descubran propuestas que no nos obligan ni a gastar muchísimo dinero ni a desplazarnos tantísimos kilómetros, sino a conectar un poco a través de la música con un territorio que tienes alrededor y que no queda devastado, porque los microfestivales no trituran el territorio, sino que lo celebran”.