Un Danubio en mínimos por la sequía frena las centrales energéticas, el turismo y el transporte en Europa central
- El Ejército de Rumania ha recurrido a detonaciones controladas para desviar agua a las centrales
- La falta de caudal ha revelado barcos y otros materiales de la Segunda Guerra Mundial en el fondo del río
El río Danubio, una de las principales arterias fluviales de Europa, está bajo mínimos desde hace días. Una ola de calor, con temperaturas por encima de los 40º C, y una sequía extrema ante la reducción del agua procedente del deshielo alpino han dejado tierra árida en las costas, puertos vacíos y centrales nucleares al borde del cierre en buena parte de los diez países que atraviesa en el centro del continente.
Uno de los más afectados ha sido Rumanía, donde las previsiones son desalentadoras: el caudal podría bajar por debajo de los 1.350 metros cúbicos por segundo, es decir, por debajo del mínimo histórico registrado en 40 años. Es por ello que el Ejército está realizando detonaciones controladas para elevar el nivel del agua entre 10 y 12 centímetros y desviar así el caudal hacia la central atómica de Cernavoda, que aporta el 20% del consumo eléctrico.
El Ejército de Rumanía realizan una detonación en el Danubio para elevar su caudal. Daniel MIHAILESCU / AFP
El país mantiene de esta forma una carrera contra reloj para mantener activo uno de los dos reactores de su única planta nuclear; el otro quedaba parado a finales de mes ante el bajo nivel del agua necesario para refrigerarlos. Hasta ahora, los trabajos han conseguido en 24 horas "un aumento neto de al menos cuatro centímetros, lo que significa dos días más de funcionamiento", según el ministro de Defensa, Radu Miruta. Además, las autoridades han instado a la ciudadanía y las empresas a reducir el consumo, así como limitar el alumbrado público y las recargas de vehículos.
La preocupación se extiende también en Hungría, donde solo un reactor de los cuatro de su planta nuclear Paks está en funcionamiento tras una leve subida del caudal. Produce unos 240 megavatios frente a los 2.000 habituales de la planta, aunque ha estado "a pocos milímetros de (tener que) desconectar del todo", ha afirmado el primer ministro, Péter Magyar. A nivel general, la central suministra la mitad del consumo eléctrico del país, por lo que el jefe de Gobierno ha pedido a la población consumir menos energía entre las 17:00 y las 22:00. Y asegura que, de no mejorarse la situación, impondrá medidas obligatorias.
La caída del nivel ha dejado también otras imágenes, aunque de rango más curioso. Han quedado al descubierto restos arqueológicos e históricos, como huesos de mamut en Bulgaria o barcos y bombas de la II Guerra Mundial en Serbia y Hungría.
Restos de un barco alemán por la sequía en el Danubio en Serbia. Darko Vojinovic AP Photo/Darko Vojinovic
El transporte de mercancías y ferrys, paralizados
En cuanto a Bulgaria, la falta de agua ha hecho que varias decenas de embarcaciones, principalmente de mercancías, pero también de turistas, se hayan quedado varadas en distintos puntos de los 470 kilómetros del tramo que cruza el país.
En ciudades como Ruse, el nivel está 89 centímetros, es decir, por debajo de las cifras seguras para la navegación, mientras que en la localidad de Lom, el caudal ha alcanzado mínimos históricos. La caída sigue avanzando, por lo que, según recoge EFE, hay al menos diez puntos críticos, entre Vidin, cerca de la frontera con Serbia, hasta Silistra, unos 400 kilómetros río abajo hacia el este. Por el momento, la central nuclear de Kozloduy no se ha visto afectada, pero tiene un protocolo de seguridad en caso de necesidad.
Barcos en una de las orillas secas del Danubio en Bulgaria. Nikolay DOYCHINOV / AFP
En Eslovaquia, el caudal poco antes de llegar a Bratislava ha registrado un nivel de 725 metros cúbicos por segundo, ha indicado el Instituto Hidrometeorológico Eslovaco. Unos niveles que no se registraban hace más de siglo y medio, por lo que numerosos barcos permanecen atracados en la capital.
También Serbia ha resultado afectada: dos centrales hidroeléctricas en el Danubio están produciendo un 30% menos de lo habitual. Respecto a ello, el Gobierno de Serbia ha aseverado que el suministro está garantizado, pero pide que se consuma de forma "racional". Ha reducido también el transporte fluvial, ya que las barcazas solo pueden llevar una parte de la carga.
El Rin es otro de los ríos europeos que ha resultado afectado por la sequía y la evaporación por el calor. A su paso por Colonia y Bonn, se ha registrado su nivel más bajo desde que hay datos oficiales: 67 y 81 centímetros respectivamente, afectando a la circulación de barcos. Las empresas han tenido que repartir la carga en varios barcos, lo que aumenta los costes. También se ha paralizado el ferry, complicando el tráfico y tránsito de turistas.
Bruselas no ve problemas de seguridad en suministro eléctrico
La Comisión Europea ha asegurado que no ha detectado problemas en la seguridad del suministro, pero que "sigue de cerca y supervisa" los efectos de la sequía. "Por el momento no estamos viendo ningún problema de seguridad de suministro (...). Las centrales eléctricas ya tienen sistemas de contingencia en funcionamiento y también existe la venta e intercambio de electricidad entre los Estados miembros", ha indicado la portavoz comunitaria de Clima y Energía, Anna-Kaisa Itkonen, en rueda de prensa.
Además, afirma que tiene intención de "convocar un grupo de coordinación eléctrica tan pronto como sea necesario y surja esa necesidad", aunque primero necesita una visión global. "Tenemos muy buenos mecanismos e intercambios de solidaridad regional, así que obviamente todos estos entrarán en acción tan pronto como haya alguna situación que lo justifique", ha agregado la portavoz comunitaria.
Mientras la ola de calor sigue causando estragos. Las autoridades austríacas han emitido una alerta roja por calor extremo en el este y el noreste del país, con temperaturas que podrían superar la marca histórica de 40,5 grados medida en 2013. Por la noche, hay previstas temperaturas de 24 a 27 grados, en un territorio en el que en muchas de las residencias de ancianos y hospitales no tienen aire acondicionado.
A ello se suman los efectos de los incendios en países como Grecia, Italia y la propia España, que hace unos días marcaba su peor incendio desde que hay registros: el de Burgohondo, en Ávila, con más de 50.000 hectáreas arrasadas.