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Líbano e Israel retoman el diálogo con escasas expectativas y marcados por los intereses de actores externos

  • Beirut exige un calendario para la retirada israelí, mientras Tel Aviv quiere el desarme de Hizbulá
  • La muerte de dos personas en el sur del Líbano por ataques israelíes tensan el inicio de la ronda
La bandera israelí y la libanesa en la frontera de los Altos del Golán, zona ocupada por Israel desde 1967
La bandera israelí y la libanesa en la frontera de los Altos del Golán, zona ocupada por Israel desde 1967 Manfredo Pinzauti Manfredo Pinzauti

Las delegaciones de Líbano e Israel inician este martes la quinta ronda de conversaciones directas en Washington con el objetivo de avanzar hacia un alto el fuego duradero y una eventual estabilización de la frontera común, aunque las perspectivas de progreso siguen siendo limitadas tras cuatro encuentros sin resultados concluyentes.

Esta vez Beirut acudirá con un objetivo prioritario: obtener un calendario para la retirada de las tropas israelíes desplegadas en el sur del país. Israel, por el contrario, mantiene que cualquier acuerdo pasa por el desarme de Hizbulá y ha reiterado que conservará una zona de seguridad mientras considere que existen amenazas contra sus soldados y sus ciudadanos del norte del país.

Coincidiendo con el encuentro, el presidente libanés, Joseph Aoun, ha expresado su rechazo a la ocupación israelí en el sur de su país, así como a cualquier otra injerencia extranjera. Asimismo, se ha mostrado esperanzado con que las conversaciones conduzcan "al pleno restablecimiento de la soberanía del Líbano sobre cada parcela de su territorio", según un comunicado de su oficina recogido por Afp. Antes, un funcionario libanés había reconocido a Reuters que las posibilidades de lograr avances son reducidas debido a la falta de confianza entre las partes. "No podemos satisfacer sus demandas y ellos rechazan todas las nuestras", afirmó.

Por su parte, el vicepresidente estadounidense, JD Vance, ha asegurado que la primera fase de las negociaciones ha permitido sentar "unas bases muy sólidas para alcanzar un acuerdo final satisfactorio". "Nuestro objetivo común es poner fin al ciclo de violencia de una vez por todas. Estamos facilitando que Israel y el Líbano negocien como dos Estados soberanos y encuentren una vía para alcanzar la paz y la seguridad", ha declarado a Reuters un responsable del Departamento de Estado estadounidense.

Según mediadores pakistaníes y cataríes citados por Afp, las partes han acordado la creación de "una unidad de gestión de conflictos"

Sin embargo, las negociaciones de este martes se desarrollarán en un escenario muy distinto al de las rondas anteriores. La tregua más prolongada desde el inicio de la guerra no ha sido fruto del diálogo entre Beirut e Israel, sino del memorando de entendimiento alcanzado este fin de semana entre Estados Unidos e Irán, un acuerdo que ha cambiado el equilibrio diplomático en la región y ha reducido el margen de maniobra del Gobierno libanés, que sigue intentando erigirse como el único representante legítimo del país de los cedros.

El acuerdo Washington - Teherán cambia el contexto

En paralelo, parte del equipo técnico de las delegaciones de EE.UU e Irán, con la mediación de Catar y Pakistán, continúa en la estación alpina suiza de Bürgenstock para seguir perfilando la hoja de ruta de 60 días acordada entre las partes y que, idealmente, debería concluir con un acuerdo permanente.

Además de fijar un calendario para continuar el diálogo, las partes anunciaron la creación de un mecanismo para contener los combates entre Israel y Hizbulá y abrieron una línea de comunicación destinada a garantizar el tránsito seguro de los buques comerciales por el estrecho de Ormuz lo que, según ha confirmado el embajador iraní ante Naciones Unidas en Ginebra, Ali Bahreini, ya estaría sucediendo este martes.

Además, precisó que los barcos no tendrán que hacer ningún pago para utilizar esta vía marítima, al menos durante esos sesenta días. Pese al anuncio, Teherán insiste en que el estrecho seguirá siendo administrado por Irán y que la situación no volverá al modelo previo al conflicto.

Ese entendimiento ha desplazado parte de la negociación sobre el futuro del Líbano a la mesa entre Washington y Teherán. El presidente libanés, Joseph Aoun, había defendido durante meses que cualquier solución debía surgir de un diálogo directo entre Beirut e Israel y criticó que Teherán negociara sobre el conflicto libanés con EE.UU. "Están utilizando a Líbano como moneda de cambio en su negociación con Estados Unidos. Es inaceptable", dijo en una entrevista con CNN a principios de junio. Una preocupación que también ha sido expresada este martes por su ministro de Exteriores, quien ha pedido a los países árabes que defiendan la independencia de la vía negociadora entre Beirut e Israel. "Líbano debe ser un socio activo en cualquier marco regional destinado a debatir el futuro de Oriente Medio, en lugar de que su destino se decida en mesas a las que no está invitado", ha escrito en su cuenta de X.

Sin embargo, el alto el fuego más estable desde el comienzo de la guerra ha llegado precisamente a través de ese canal, reforzando el papel de Teherán como interlocutor imprescindible y dejando al Estado libanés en una posición negociadora más débil, según han señalado en las últimas horas fuentes libanesas a la agencia Reuters.

Optimismo en Washington, cautela en Teherán

Por su parte, Washington presentó las conversaciones celebradas en Suiza como un avance significativo. El vicepresidente estadounidense, JD Vance, aseguró que ambas partes habían sentado "unas bases muy sólidas para un acuerdo final exitoso" y afirmó que Irán había aceptado permitir el regreso de inspectores nucleares, además de establecer mecanismos para gestionar sus activos congelados.

Teherán, sin embargo, ofreció una interpretación diferente. El portavoz del Ministerio de Exteriores, Esmaeil Baghaei, negó que se hubiera negociado el programa nuclear o adquirido nuevos compromisos en esa materia, mientras que el ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, destacó que los principales resultados del encuentro fueron la suspensión temporal de las sanciones estadounidenses, la liberación parcial de fondos bloqueados y el inicio de un plan de reconstrucción y desarrollo para el país.

El cruce de anuncios - desmentidos también llegaba a la cuestión de las inspecciones de las instalaciones nucleares iraníes por parte del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Si el lunes Trump advertía a la parte iraní que debía acceder a ellas para garantizar su "honestidad" respecto del programa nuclear e Irán las rechazaba horas después, el presidente norteamericano, recién levantado, anunciaba en su red Truth Social: "Irán ha aceptado plena y completamente el máximo nivel de inspecciones nucleares durante muchísimo tiempo (¡para siempre!)".

Donald Trump firma un documento en una cena diplomática nocturna, flanqueado por Emmanuel Macron y Brigitte Macron, en un elegante salón con arreglos florales.

Donald Trump sella el acuerdo de paz con Irán en Versalles

Israel y Hezbolá mantienen sus líneas rojas

Pero el nuevo clima diplomático tampoco ha modificado las posiciones de los actores directamente implicados en el conflicto. Israel, que no forma parte del memorando de entendimiento entre Washington y Teherán, sostiene que el principal obstáculo para cualquier acuerdo sigue siendo la amenaza que para ese Estado representa la milicia libanesa chií, Hizbulá ("partido de Dios", en árabe).

En vísperas de la reunión, el portavoz del Gobierno israelí, David Mencer, afirmaba que el objetivo es "desarmar a Hezbolá y lograr un verdadero acuerdo de paz", al tiempo que ha reiterado que el Ejército mantendrá una presencia en el sur del Líbano mientras persistan riesgos para su seguridad.

Un mensaje que ha repetido varias veces tanto el primer ministro, Benjamín Netanyahu, como varios de sus ministros, en los últimos días.

Por su parte, Hizbulá mantiene su rechazo tanto al desarme como a las conversaciones directas entre Beirut e Israel. El diputado del grupo Ali Fayyad reiteró en abril que la organización se opone a cualquier negociación con Israel y sostuvo que el Gobierno libanés debe exigir antes de negociar nada con Israel un alto el fuego, la retirada de las tropas israelíes del sur del Líbano y el regreso del millón de libaneses desplazados que, a día de hoy, sigue fuera de sus hogares.

El alivio de las sanciones abre una vía económica

Como primer paso del acuerdo EE.UU - Irán, Estados Unidos suspendió durante 60 días las sanciones contra Irán mediante una licencia general que autoriza nuevamente la venta, el transporte, el aseguramiento y el pago en dólares del petróleo y los productos petroquímicos iraníes. La medida, vigente hasta el 21 de agosto, constituye el principal incentivo económico ofrecido por Washington mientras siguen las negociaciones para un acuerdo permanente.

No obstante, desde la Casa Blanca sostienen que vigilarán el destino de los fondos desbloqueados para evitar que financien actividades terroristas. Este martes Teherán ya respondió a la advertencia estadounidense: Irán será "el único" que decida el uso de esos activos, rechazando cualquier tutela impuesta desde el exterior.

Los efectos del alivio temporal de las sanciones ya se han dejado sentir en los mercados. La perspectiva de un aumento de las exportaciones iraníes y la reanudación progresiva del tráfico de petroleros por el estrecho de Ormuz han provocado una nueva caída de los precios del crudo, que amplían el descenso superior al 3 % registrado en la jornada anterior.

No obstante, diversos expertos consultados recientemente por RTVE advierten de que la normalización completa del tráfico marítimo dependerá del desminado de algunas zonas y de la reparación de infraestructuras portuarias dañadas durante el conflicto.

Una negociación con escaso margen para el optimismo

Aunque el acercamiento entre Estados Unidos e Irán ha reducido la intensidad de los combates y ha abierto una vía diplomática inédita en los últimos meses, el proceso sigue siendo frágil. La muerte este martes de dos personas por disparos israelíes en el sur del Líbano llevó al embajador iraní ante la ONU en Ginebra a advertir de que "cualquier violación del memorando de entendimiento en Líbano creará desafíos para el proceso de paz".

Fuentes implicadas en el proceso, y citadas en las últimas horas por distintas agencias internacionales, consideran por ello poco probable que esta quinta ronda produzca avances sustanciales.

Mientras las delegaciones libanesa e israelí vuelven a sentarse frente a frente en Washington, los equipos técnicos estadounidenses e iraníes ya preparan la siguiente fase de su propia negociación, articulada esta vez en grupos de trabajo sobre sanciones y cuestiones nucleares.

Ese doble proceso refleja el desplazamiento del centro de gravedad diplomático hacia el diálogo entre Washington y Teherán, del que dependerá en buena medida la consolidación de la tregua y el futuro del conflicto libanés.