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El petróleo celebra con caídas la 'reapertura' de Ormuz, pero los expertos enfrían la euforia: "Debe consolidarse el acuerdo"

  • El barril de brent se acerca a los 80 dólares, lejos de los 126 que llegó a superar a finales de abril
  • Los especialistas recuerdan que deben cuantificarse los daños en las infraestructuras de extracción y exportación
El Estrecho de Ormuz
Una lancha pasa por delante de varios buques atracados en el Estrecho de Ormuz AP/Amirhosein Khorgooi
Sofía Soler / I. P. Chávarri

"¡Barcos del mundo, arranquen sus motores! ¡Que fluya el petróleo!". Con estas palabras, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este domingo el acuerdo de paz con Irán y la apertura "sin restricciones" del estrecho de Ormuz. El paso estratégico para el comercio mundial, especialmente el de energía, lleva más de tres meses cerrado, desde que Teherán, en represalia por los ataques de las fuerzas estadounidenses e israelíes, decidió impedir el tránsito de buques.

El bloqueo, de hecho, era doble por las dos partes del conflicto. "Autorizo el levantamiento inmediato del bloqueo naval de Estados Unidos", dijo Trump en el comunicado que publicó en Truth, su red social. Y este lunes, la perspectiva de un final para la guerra en Oriente Medio se ha recibido en los mercados con caídas en el precio del crudo y ganancias en las Bolsas de todo el mundo, si bien las idas y venidas de los últimos meses y la desconfianza instalada entre las partes seguirá marcando el devenir de las próximas semanas, como advierten los expertos.

El barril de brent, el de referencia en Europa, ronda este lunes los 80 dólares, lejos de los 126 que superó a finales de abril, pero todavía por encima de los 60 que marcaba a principios de año. Ahora, para que los mercados reflejen una bajada progresiva de los precios, "primero se tiene que consolidar el acuerdo", advierte Alfons Pérez, miembro del Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG), especializado en energía.

Pérez precisa que lo que suceda en los próximos días será clave, pero también recuerda que hay otros factores que pueden influir en el precio del crudo y el gas natural. El experto se refiere a "los daños en las infraestructuras de extracción y exportación, que no han sido suficientemente evaluadas". Irán ha bombardeado infraestructuras clave de gran parte de los países del Golfo y el régimen de Teherán también ha visto cómo Estados Unidos ha atacado, entre otros puntos, Jark, la isla con la mayor terminal petrolera del país. 

El experto además pone el foco en el rol que puede jugar Israel. "Él mismo ha comunicado que no va a desocupar el sur del Líbano. Por tanto, la reacción de Israel también tiene una influencia en los mercados, en la medida en que puede condicionar lo que suceda en el estrecho de Ormuz", resalta. La suma de todos estos factores hace que los analistas no se aventuren a vaticinar cuándo caerá el petróleo por debajo de los 70 dólares, el precio al que se situaba antes del comienzo de la guerra. 

"Se me antoja complicado en el corto plazo, hay quien apunta a un plazo de más de un mes o un mes y medio, pero con mucha inestabilidad. Todos estos acuerdos han sido frágiles y los mercados reaccionan directamente a esa inestabilidad", aclara Pérez.  

La caída de un tabú

"La voluntad y la capacidad de Irán para bloquear el estrecho durante meses han roto un tabú de décadas, lo que plantea la posibilidad de que pueda volver a hacerlo —o simplemente amenazar con ello— cuando busque ejercer influencia sobre sus vecinos o adversarios del Golfo", señala el columnista de energía de Reuters, Ron Bousso, en un texto publicado este lunes, y advierte de las posibles "consecuencias duraderas" de esta crisis: los buques "casi con toda seguridad" serán más cautelosos en adelante y el flujo por Ormuz podría no recuperar los niveles previos a la crisis en el corto plazo. 

Todo ello "si se confirma" el acuerdo y se reabre Ormuz, como ha advertido la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, en una entrevista en la emisora de radio France Culture este lunes. "Esta vez podría ser la definitiva", ha comentado Lagarde, que ha recordado que el regulador bancario ya había empezado a observar efectos indirectos de la inflación. Es decir, el encarecimiento ya no solo se nota en los combustibles, sino que se ha trasladado en cierta medida a otros bienes y servicios.

"La historia aún no ha terminado. En particular, queda por debatir, acordar y concluir toda la cuestión del enriquecimiento de uranio, que era uno de los, entre comillas, objetivos de esta extraña guerra", ha advertido cautelosa, dadas las "decepciones" anteriores y la fragilidad de las negociaciones.

¿Cuándo se notará la caída en los bolsillos de los consumidores?

En estos casos suele operar, como señalan los expertos, el efecto rocket-feather, o cohete-pluma, en español. Es la expresión que los analistas emplean para ilustrar cómo ante este tipo de crisis "los precios al alza se reflejan muy rápido", pero una vez encauzados los mercados, la caída tarda mucho más en llegar al consumidor. "Y ahora viene el verano, con lo que se pueden confundir las subidas que se suelen registrar en esta época", remarca Pérez.

A lo largo del conflicto, los precios de los combustibles se han comportado de forma desigual. Si la gasolina costaba 1,47 euros/litro la semana anterior al inicio del conflicto, ahora se paga a 1,52, lo que supone un encarecimiento del 3,4%, según los datos del último boletín petrolero de la Unión Europea. En su punto álgido, a finales de marzo, llegó a estar en 1,73 euros/litro. Pero la inflación del diésel está siendo más persistente. El precio se ha incrementado el 14% entre el 23 de febrero y el 8 de junio, hasta los 1,62 euros/litro, si bien la tendencia de las últimas semanas es a la baja.

"Los mercados energéticos no solo reaccionan a los problemas reales de suministro, sino también al riesgo de que vuelvan a producirse, y más teniendo en cuenta una zona como la que es el estrecho de Ormuz, donde pasa el 20% del petróleo y gas licuado mundial", explica a RTVE Noticias la responsable de prensa del comparador de servicios Roams, Beatriz Gallinas.

La Guerra además ha multiplicado el precio de los fletes, lo que ha repercutido en el comercio mundial. Las navieras, obligadas a rodear África, han aplicado recargos de hasta 1.200 euros por contenedor.

Buenas noticias para las aerolíneas

Las expectativas en el precio del petróleo tienen eco en otros rincones de la economía. Así, las compañías aéreas europeas se han disparado en Bolsa ante las perspectivas de un verano con precios de combustible más bajos.

International Airlines Group (IAG), que agrupa a Iberia, Vueling y British Airways, entre otras, se hundió en la primera semana de conflicto y este lunes se encuentra entre las compañías del Ibex 35 que más avanzan, con una subida del 2,77%. En Alemania, mientras tanto, el grupo Lufthansa ha escalado un 4,5%.

Por el contrario, las pérdidas bursátiles del día corresponden casi exclusivamente a empresas del sector energético, con Repsol a la cabeza, con un retroceso superior al 4%.

Fuera del Ibex, otras empresas del sector turístico han recibido con optimismo la noticia. Es el caso de Meliá Hoteles, que gana más del 2%.

Las industrias más afectadas por la crisis derivada de la Guerra en Irán han sido las industrias intensivas en energía, como "las químicas, el cemento, la metalurgia, el transporte o la logística", enumera Pérez. Junto a estos, hay otros sectores de la actividad económica a los que el cierre de Ormuz ha golpeado con especial dureza, porque aunque no sean electrointensivos dependen de otros que sí. 

Es el caso de la agricultura, en cuyos precios impacta el coste del petróleo para el transporte, pero también el de los fertilizantes, que usan como materia prima el gas natural. Y aunque ahora el foco esté puesto en cómo baja el precio del crudo, Pérez pone encima de la mesa un debate que ha pasado desapercibido, el de la emergencia climática

"Toda esta industria es precisamente la que tiene que hacer una transición hacia otro modelo. La dependencia energética del exterior viene porque hay una industria que consume mucha energía y se tiene que redimensionar, y una agricultura que debe apostar por modelos menos intensivos en fertilizantes. La resiliencia no se construye solamente por reabrir Ormuz, sino por ser menos dependientes de los fósiles de manera inicial", zanja el experto.